lunes, 16 de octubre de 2017

CRÍTICA: "ANABELLE: CREATION" (David F. Sanberg, 2017)


"ANABELLE: CREATIONêêê


James Wan es un cineasta muy listo y con una gran visión comercial, lo demuestra el hecho del tremendo jugo que le está sacando a este spin off surgido del universo de Expediente Warren: The Conjuring (2013). Tras la muy irregular Annabelle (John R. Lonetti, 2014) que sólo nos regaló algunos sustos bien planificados, asistimos ahora a esta precuela titulado Anabelle: Creation que nos sitúa en la década de los 50, doce años después de que el matrimonio formado por Samuel Mullins (Anthony LaPaglia) un fabricante de muñecas y su mujer, Esther (Miranda Otto) perdieran a su hija de siete años en un absurdo accidente de coche. El matrimonio ha decidido convertir su enorme casa, situada en medio del campo, en un orfanato. Su hogar acogerá a la hermana Charlotte (Stephanie Stigman) y a varias niñas huérfanas procedentes de un orfanato que acaba de ser cerrado. Muy pronto, una de las niñas se ve poseída por la fuerza maligna de una muñeca convirtiéndose en el blanco de esta diabólica criatura llamada Anabelle.

   
   La función sitúa la acción en la América profunda, entorno y atmósfera recreada con gran elegancia y pericia para fusionar el gótico sureño americano y la temática sobrenatural, construyendo así el aparataje de un relato sobre los miedos de unas niñas huérfanas atrapadas en un ambiente de imaginería siniestra. El director de Nunca apagues la luz apela a los miedos atávicos (la oscuridad, el aislamiento, la ortodoxia religiosa, las estancias misteriosas de una casa) para dotar de una pátina lúgubre a elementos tan vulgares como un viejo retrato, un espantapájaros, un pozo, un armario y una enigmática habitación que debe permanecer siempre cerrada y en donde languidece el dolor. En Anabelle: Creation la muñeca diabólica es la invitada de lujo a un pasaje del terror en donde el juego de luces y sombras, los efectos de sonido y los trucos utilizados para crear sustos clásicos encuentran un hábitat natural en ese viejo caserón bañado por la tristeza.

   
  Con la argamasa de un potente diseño de producción e intérpretes tan eficaces como Anthony LaPaglia y Miranda Otto, la función recorre los lugares tradicionales del género para realizar un ejercicio de terror básico; casas que esconden algún secreto paranormal, posesiones, espectros, voces del más allá… temática sobre la que la campana del cine de terror comercial repica una y otra vez mostrando un universo tan familiar como reconocible. 


   Annabelle: Creation está rodada con exquisita profesionalidad y gran formalismo, aunque sin aportar grandes novedades a un género por el que su director demuestra un enorme respeto. Sandberg incluso se atreve a asustarnos a plena luz del día, y eleva de manera medida la tensión para abocarnos a un clímax en forma de frenético aquelarre, que dejará marcada la aislada y sombría casa de los Mullins como un lugar de peregrinación para todos los amantes de las más infernales pesadillas.

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