miércoles, 31 de enero de 2018

IRYNA IVANOVA, BRISA CALIENTE DESDE LA GÉLIDA RUSIA


 La modelo rusa Iryna Ivanova (Veronezh, 6 de abril de 1987) saltó a la fama después de haber sido seleccionada como Playmate en el concurso Playmate of the Mont de la revista Playboy pocos años antes de que dejara de publicarse. Sabemos de ella que estudió administración deportiva y mercadotecnia. Aunque originaria de Rusia, se trasladó a Tucson (Arizona) cuando era una adolescente, y tras ser nombrada Playmate en agosto de 2011, se fue a vivir durante una temporada a la Mansión Playboy, el palacete que Hugh Hefner regentaba en Los Ángeles.

     Se hace necesario contar también que fue portada de nuestra recientemente desaparecida y nunca lo suficientemente llorada revista Interviú en 2015, nada extraño en una publicación que sabía elegir muy bien las modelos para enganchar a los lectores. Esta morenaza tiene un cuerpo y unos atributos verdaderamente infartantes, una bomba que no pasa nunca desapercibida y provoca contracturas de cuello en todo el que se cruce con ella. Con treinta años cumplidos, Ivanova no ha dejado de trabajar desde que se instaló en América. Por lo que contó hace tiempo, está deseando conocer nuestro país y visitar Madrid, Barcelona e Ibiza para poner a todos los hombres a sus pies.     

  Además de modelo, nuestra musa de hoy es directora de marketing, y tiene una voz tan dulce que los empresarios que la contratan quedan tan hipnotizados que ni siquiera se fijan  en otras razones de peso. Bueno, esto lo dice con una sonrisa pícara. Tras posar como conejita Playboy, se disparó inmediatamente su popularidad en las redes sociales, en donde suele colgar fotos muy sensuales.     

   Iryna se crió en Feodosia (Crimea), pero a la edad de 16 años su madre se casó con un ciudadano norteamericano y se mudaron a Arizona, en donde Ivanova desarrolló una gran pasión por la profesión de modelo, aunque también ha trabajado como traductora del ruso al inglés. Sus primeros pasos fueron con fotos tradicionales en medios locales, fue a raíz de su aparición en la mítica revista del ya fallecido Hefner cuando su fama alcanzó un gran pico entre el público masculino, que la convirtió en musa inmarcesible y ya son más de cuatro millones sus seguidores en Instagram. Que sepamos, no está casada ni comprometida, pero no sé si esto quiere decir mucho para todos esos cazadores de sueños. 

domingo, 28 de enero de 2018

CRÍTICA: "EL PASAJERO" (Jaume Collet-Serra, 2018)


Un thriller a la vieja usanza
EL PASAJEROêêê
DIRECTOR: JAUME COLLET-SERRA.
INTÉRPRETES: LIAM NEESON, VERA FARMIGA, PATRICK WILSON, JONATHAN BANKS, SAM NEILL, ELIZABETH MCGOVERN, CLARA LAGO.
GÉNERO: THRILLER / EE.UU. / 2018 / DURACIÓN: 118 MINUTOS.


     
  Cuarta colaboración del director catalán Jaume Collet-Serra con el veterano actor irlandés Liam Neeson tras Sin identidad (2011), Non-Stop (Sin escalas) (2014) y Una noche para sobrevivir (2015), un thriller que sigue a Michael McCauley (Neeson), un hombre felizmente casado que cada día a la misma hora realiza su trayecto habitual de casa al trabajo en tren. Un día lo aborda una misteriosa desconocida (Vera Farmiga) que le ofrece cien mil dólares a cambio de localizar a cierto pasajero del tren. Sólo tiene dos pistas: el alias del sujeto y el detalle de llevar un bolso consigo. Pronto Michael se verá envuelto en una conspiración criminal que amenaza con poner en peligros su seguridad y la de sus seres queridos.  


     Con una correcta banda sonora a cargo de Roque Baños y un libreto resultón escrito por Byron Willinger y Philip de Blasi, el director español afincado en Los Ángeles marca otra muesca en su idilio con el thriller, un género en el que se ha especializado en los últimos años formando tándem con Liam Neeson, hasta el punto que hay quien dice que forman ya un género en sí mismo. Y la verdad es que la unión funciona tanto a nivel artístico como de taquilla, porque El pasajero vuelve a demostrar la pericia técnica del director con un prólogo fantástico que es un prodigio de planificación y montaje, y la sobriedad interpretativa del altísimo actor irlandés que es presentado en su rutina doméstica diaria como padre de familia y empleado de una agencia de seguros, que incluye ese trayecto en tren desde su casa hasta su trabajo. La monótona cotidianeidad no varía nunca, encontrándose con las mismas caras conocidas en el tren que ya se han hecho familiares.


     En este punto, la película me recordó en su arranque a aquel irregular film de Mikael Hafström titulado Sin control (2005) protagonizado por Clive Owen y Jennifer Aniston. En El pasajero la monotonía se rompe cuando el padre de familia al que da oxígeno Neeson se queda sin trabajo y los nubarrones se ciernen sobre su futuro laboral en una edad (cercana a la jubilación) en la que ya no existe un punto de retorno. Un drama, si se piensa en la imposibilidad de poder sufragar ahora los gastos universitarios de su hijo.


      Si en Non-Stop (Sin escalas), Collet-Serra encerraba a sus personajes en un avión, aquí lo hace en un tren para desarrollar una trama en la que tras la efímera y crucial aparición de una espléndida Vera Farmiga, al protagonista se le va a presentar la oportunidad de poder solventar sus problemas económicos. Comienza así la impactante transformación del personaje, la verdadera intriga, el vértigo, y la fiebre de un juego que puede resultar letal.



    Como siempre, el director de La casa de cera no necesita saturar la acción de efectos digitales para crear el armazón de un thriller robusto, sin ornamentos ni coartadas y entretenido. Aprovecha como nadie el tiempo (se supone que la acción transcurre en 24 horas) y el espacio reducido del tren para crear potentes set-pieces y elevar la tensión con los ritos artesanales de la vieja usanza. Con las magníficas participaciones de Sam Neill y Patrick Wilson y un papelito de nuestra Clara Lago, El pasajero es una buena apuesta para los amantes del cine descarnado y de evasión, que quedarán satisfechos con esa pelea que Neeson mantiene con el enigmático hombre de la guitarra. Un ejemplo de cine sin anestesia que tanto se echa de menos en tiempos de tanta infantilización del Séptimo Arte. 

jueves, 25 de enero de 2018

RACHEL COOK, SERENA COMO UN CIELO DE VERANO


   La preciosa modelo norteamericana Rachel Cook (Seattle, 8 de enero de 1995) es uno de los rostros más atractivos en el actual universo de las modelos. Auspiciada por las agencias Elite Model Management, SMG, Pulse Management y Star Model, mide 1´75 m, y sus medidas son 84-56-85. Como mujer y modelo, uno de sus puntos fuertes son sus ojos, serenos y azules como las aguas caribeñas, en perfecta armonía con el color castaño claro de sus cabello.

  
   Rachel es muy activa en las redes sociales, tiene un gran carisma y son muchos los prestigiosos fotógrafos que han capturado su hermoso rostro y grácil figura.


   Es muy poquita la información que disponemos sobre ella, pero se impone seguir su itinerario en redes como Instagram para seguir su evolución ya que cuenta con sólo 23 años recién cumplidos. Cierto que para los que no nos gusta la excesiva delgadez, creemos que está necesitada de unos kilitos, pero ya sabemos que las modelos tienen una verdadera obsesión con la báscula.  

     
   En fin, Rachel es una belleza distinta, casi exótica, chispeante, con un potencial que amplifica su mirada. Nuestra musa ha servido como modelo para emporios como Amazon en una sesión que tuvo lugar el verano de 2015, para marcas como Nordstrom en el otoño de 2014, y para Dolce Vita en la misma época. Dejemos que Rachel siga creciendo tanto personal como profesionalmente y alimentando los sueños de sus millones de seguidores en las redes y su canal de YouTube. Desde aquí le deseamos toda la suerte en una profesión para la que es necesaria una gran fortaleza mental.



lunes, 22 de enero de 2018

CRÍTICA: "LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO" (Steven Spielberg, 2017)

Todos los presidentes malos
LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONOêêê
DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG.
INTÉRPRETES: TOM HANKS, MERYL STREEP, BRUCE GREENWOOD, JESSE PLEMONS, BOB ODENKIRK, MATTHEW RHYS.
GÉNERO: DRAMA / EE.UU. / 2017 / DURACIÓN: 116 MINUTOS.

     El cine cuenta ya con una larga tradición de películas que tocan de manera sustancial o marginal el tema del periodismo. Desde las más recientes El desafío: Frost contra Nixon, Buenas noches, y buena suerte, Spotlihgt o Matar al mensajero hasta las clásicas Ciudadano Kane, El cuarto poder, Primera plana y Todos los hombres del presidente. Una larga y sugerente lista a la que Steven Spielberg ha querido aportar su granito de arena, pues no había incursionado nunca en una materia que ha regalado espléndidos films al Séptimo Arte.

   
    Como si de una secuela del film Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976) se tratara, Spielberg nos presenta ahora Los archivos del Pentágono, película que sitúa su acción en junio de 1971, cuando los principales periódicos de los Estados Unidos tomaron una valiente posición a favor de la libertad de expresión, informando sobre los documentos del Pentágono y el encubrimiento masivo de secretos por parte del gobierno, que había durado cuatro décadas con cuatro presidentes norteamericanos. En ese momento Katherine Graham (Meryl Streep), propietaria del Post, y el editor Ben Bradlee (Tom Hanks), intentaban relanzar un periódico en decadencia y decidieron apoyar al New York Times y luchar contra el intento de la administración Nixon de restringir la Primera Enmienda. Los documentos contenían información clasificada sobre la Guerra de Vietnam, y su publicación generó un encendido debate sobre la libertad de prensa que acabó en una batalla legal en el Tribunal Supremo.


     Centrada más en la línea de investigación periodística del film de Pakula que en la azarosa y peligrosa labor de los reporteros de guerra de películas como Los gritos del silencio, Salvador o El año que vivimos peligrosamente, Spielberg se apoya en un buen libreto y un reparto solvente para narrar uno de los affaires más terribles e infames de la historia, unos informes secretos que negro sobre blanco y con todo lujo de detalles se filtraron a la prensa y fueron conocidos como “El informe McNamara”, el Secretario de Defensa interpretado en el film por un magnífico Bruce Greenwood. Estos papeles revelaban con meridiana claridad que la Guerra de Vietnam estaba perdida desde el inicio, y que aun siendo conscientes de ello, se siguió enviando soldados al matadero y provocando carnicerías pavorosas, incluso entre la población civil. Todo para tratar de evitar la expansión del comunismo en aquella zona del hervidero asiático y que la maquinaria de guerra continuara siendo un negocio muy rentable.
  
  
   Se confirmó así lo que ya se sabíamos, que la primera víctima de la guerra es la verdad. Con su demostrado oficio para narrar con ritmo y claridad las historias más laberínticas, el director de Tiburón rinde tributo a aquellos periodistas que se enfrentaron al poder omnímodo del Estado (políticos y jueces) para dejar claro que no puede existir democracia sin periodismo, y que luchando contra las presiones políticas decidieron preservar  la libertad de expresión y de prensa aunque su periódico, The Washington Post, se hundiera en la miseria.

    
   La duda entre publicar o no esos informes clasificados la tenía que despejar la directora del periódico (una soberbia Meryl Streep) que en realidad tenía más que perder  que el editor del mismo (un correcto Tom Hanks dando oxígeno al mítico Ben Bradlee) que cierto es se encontraba igual de agobiado que ella ante el dilema y las horas bajas que estaba viviendo el periódico. Aquella decisión de Katherine Graham dio brillo a uno de los momentos más épicos y esperanzadores de la historia del periodismo, y sobre todo, representó un punto de inflexión en las relaciones entre política y prensa.

    
   Todo ocurrió antes del todavía más famoso escándalo Watergate que tuvo lugar en junio de 1972 y que acabó con la carrera presidencial de Richard Nixon (Dick “el Tramposo”) en 1974. Así, Spielberg clausura su film conectando con el momento en que cinco hombres fueron descubiertos intentando robar documentos en la sede del Partido Demócrata en el complejo Watergate. Como demócrata liberal convencido, la mirada de Spielberg no es tan cáustica, amarga y pesimista como la de Pakula, y la función parece aceptar que la corrupción es una tara asumible por el sistema. Personalmente, me gusta más Todos los hombres del presidente, pero estaremos de acuerdo en que el antaño apodado rey Midas de Hollywood nos entrega un film muy digno.