martes, 25 de febrero de 2014

DAISY LOWE, ENTRE LA MODA Y LA MÚSICA


      La modelo inglesa  DAISY LOWE (Londres, 27 de enero de 1989) ha posado para sesiones de editoriales, campañas publicitarias y como modelo de pasarela. Es hija de la cantautora convertida en diseñadora de moda Pearl Lowe y de Gavin Rossdale, vocalista de la banda Bush. Lowe creció en Primrose Hill, North London, y se quedó con sus abuelos para continuar su formación cuando su madre se trasladó a Hampshire.


      Lowe comenzó a posar a la edad de dos años, e hizo algunas sesiones cuando tenía 12 y 14 años de edad. A los 15 años fue descubierta por un cazatalentos en Camden Town, y como consecuencia de ello firmó un contrato con Select, una agencia de modelos de Londres. A partir de entonces, Lowe apareció en Vogue Italia y en la revista gráfica W. En septiembre de 2006 posó para el catálogo Urban Outfitters, y en 2007 apareció en una editorial de la revista Jane, un año en el que posó por segunda vez para  Vogue Italia. Fue en agosto de ese año cuando apareció desnuda en la revista I-D, con su entonces pareja Will Cameron, de la banda Blondelle, instantáneas que fueron realizadas por Tony Richardson.


       Daisy ha desfilado para un sinfín de marcas y diseñadores, entre los que se encuentran Karl Lagerfeld, Chanel y Agent Provocateur. También ha realizado sesiones para firmas como Converse, Dr. Martens, Ben Sherman, Diesel y Mango. Lowe ha trabajado como DJ y ha aparecido en los vídeos musicales de NYC Beat de Armand Van Helden y Bloodthirst Bastards de Dirty Pretty Things. En 2009 actuó en la película inspirada en The First Days of Spring, el segundo álbum de Noah and the Whale. En 2011, Daisy posó en topless para la revista Esquire y desnuda para Playboy, un año en el que apareció en el vídeo musical de Miles Kane Come Closer.


domingo, 23 de febrero de 2014

CRÍTICA DE: "MONUMENTS MEN"

Qué buenos samaritanos son los americanos
MONUMENTS MEN ê
DIRECTOR: GEORGE CLOONEY.
INTÉRPRETES: GEORGE CLOONEY, MATT DAMON, BILL MURRAY, JOHN GOODMAN, CATE BLANCHETT, BOB BALABAN, JEAN DUJARDIN.
GÉNERO: CIENCIA-FICCIÓN / EE. UU. / 2014  DURACIÓN: 118 MINUTOS.   

     Resulta interesante la carrera como director del actor George Clooney (Lexington, Kentucky, 1961), un periplo que se inició en 2002 con la mínimamente curiosa Confesiones de una mente peligrosa, film que mezclaba no siempre de manera eficaz el drama y la comedia y que nos narraba la historia real de Chuck Barris, un famoso empresario del mundo del espectáculo con una doble vida: productor de televisión de día, asesino de la CIA por la noche. En 2005 vio su estreno la que es para mí la mejor película de su corta filmografía hasta la fecha, Buenas noches y buena suerte, un film magnífico basado en hechos reales que nos cuenta el enfrentamiento que mantuvieron el famoso periodista de la CBS Edward R. Murrow y su productor Fred Friendly contra el senador Joseph McCarthy, acontecimiento que determinó  el fin de la llamada “caza de brujas”. No me gustó nada Ella es el partido (2008), romance y fútbol americano para una comedia insulsa que no aporta nada. Pero Clooney volvió a subir el listón con Los idus de marzo (2011), adaptación de la obra teatral de Beau Willimon que narra la historia de un joven idealista que al trabajar para un prometedor candidato se dará cuenta de hasta donde se puede llegar en el sucio juego político.


      Como el ciclotímico autor nos viene entregando una de cal y una de arena, no sé por qué intuía que ahora tocaba aburrirse. A Clooney le gusta llevar al cine historias basadas, aunque sea muy libremente, en hechos reales, en esta ocasión ha elegido un asunto que nos sitúa a finales de la II Guerra Mundial, cuando un selecto grupo de historiadores, directores de museos y expertos en arte, tanto británicos cono norteamericanos, se les encomienda la importante y peligrosa misión de recuperar las obras de arte robadas por los nazis durante la segunda gran guerra para devolvérselas a sus legítimos propietarios. Era una misión imposible: las obras estaban muy bien custodiadas y el ejército alemán tenía órdenes de destruirlas en cuanto el Reich cayera. Pero aquellos hombres, los Monuments Men, comandados por el director de museo George Stout (George Clooney), el restaurador de murales James Granger (Matt Damon), el arquitecto Richard Campbell (Bill Murray), el escultor Walter Garfield (John Goodman), el oficial francés Clermont (Jean Djardin) y el director de teatro Preston Savitz (Bob Balaban), arriesgarán sus vidas en una carrera contrarreloj para evitar la destrucción de miles de años de cultura de la humanidad. En que la misión tenga éxito va tener mucho que ver la información que les facilite Claire Simone (Cate Blanchett), una secretaria francesa de los jerarcas nazis.


      En la onda de aquellas películas bélicas de los años 60, Clooney ha pergeñado MONUMENTS MEN como un entretenimiento banal, con escasos momentos de tensión, sin apenas elementos para el análisis y secuencias para la galería poco creíbles. La cinta cuenta con un buen diseño de producción, pero el montaje se me antoja torpe, dejando algunas situaciones colgando del limbo. Es de agradecer su carácter coral, pues vemos desfilar a un puñado de competentes actores que sin apenas esfuerzo mantienen en el espectador un mínimo interés por la odisea bélica de aquellos encargados de rescatar, catalogar y preservar las obras de arte robadas por los nazis en los diversos países ocupados. Un tesoro que, se hace necesario recordar, los nazis hacían desaparecer en su retirada con su política de tierra quemada. La idea puede resultar simpática, tanto como su interés por transitar los territorios que ya surcaron films como Un puente lejano, Doce del patíbulo o Ha llegado el Águila. El problema es que todos esos films, u otros como Los violentos de Kelly, resultan más conseguidos en su vertiente de puro entretenimiento.


        George Clooney, el demócrata, el actor y director comprometido, busca casi siempre un resquicio para situar al artista como elemento fundamental en el devenir de los acontecimientos sociopolíticos, así, en su nueva apuesta, no se conforma con poner énfasis en el valor y la camaradería, también en el carácter casi mesiánico de una misión providencial para la historia.


        Todas las buenas intenciones del director se ven penalizadas por un guión flojo, sin garra, en el que hasta los toques irónicos (el escultor y el francés acosados por un francotirador, el restaurador que pisa una mina) se nos aparecen como sueltos ridículos de una película de Marty Feldman. MONUMENTS MEN es una película ligera, jamás logra tomar altura, lo que resulta doloroso teniendo en cuenta el nivel del reparto y el manejo de un presupuesto nada desdeñable, nunca logra definir su meta y Clooney parece empeñado en que su último invento pueda ser disfrutado por un amplio espectro del público. Presunción errática e imposible. Lo peor es que el film cae en lo que más odia su director: la pretenciosidad, pues queda claro que algunas de sus anteriores obras nos ofrecieron mucho más con menos pompa.



         Seamos serios, todos sabemos que muchos grandes museos –no digamos ya particulares- están erigidos sobre la terrible certeza de que muchas de sus obras han sido expoliadas aprovechando el caos de las dos grandes guerras y otras de carácter civil, faltan muchas del denominado por los nazis “arte degenerado” (ya saben, Picasso, Klee, Munch, Chagall) que los nazis quemaron en su retirada, pero ¿cuál es la procedencia real de muchas de las obras que cuelgan o se exponen en los más prestigiosos museos del mundo? Clooney ha realizado una película muy diplomática por no decir hipócrita, que no funciona en ninguno de los géneros por donde transita y a la que pone el punto final una impoluta bandera norteamericana que siempre es una buena excusa para tapar todas las vergüenzas. 

jueves, 20 de febrero de 2014

CHARLOTTE HERBERT, REDHEAD AND TATTOOED

      
      La exuberante modelo de glamour británica CHARLOTTE HERBERT (Hungerford, Berkshire, 7 de enero de 1989) no necesita más presentación que esta impactante galería de fotos para convertirse en una de nuestras musas más recurrentes, anheladas e inalcanzables más allá del deseo. La estatura de esta bella pelirroja es de 1´73 metros, sus ojos son de color avellana y pesa 57 kilos. A ella le gustaría ser Megan Fox, su banda favorita es Misfits y odia Gran Hermano. Todavía recuerdo cuando me enamoré de ella observando como se bebía un espeso batido de leche (slup, slup, slup). Por cierto, Charlotte es una de las grandes presencias de la web Suicide Girl.



domingo, 16 de febrero de 2014

CRÍTICA DE: "ROBOCOP" (2014)

Obsesión por la seguridad
ROBOCOP êê
DIRECTOR: JOSÉ PADILHA.
INTÉRPRETES: JOEL KINNAMAN, GARY OLDMAN, MICHAEL KEATON, ABBIE CORNISH, SAMUEL L. JACKSON, JACKIE EARLE HALEY.
GÉNERO: CIENCIA-FICCIÓN / EE. UU. / 2014  DURACIÓN: 118 MINUTOS.   


      A decir verdad, no es que RoboCop (Paul Verhoeven, 1987), un clásico del cine de ciencia-ficción, una fantasía distópica en donde el cuerpo de un policía gravemente herido en acto de servicio es utilizado para fabricar una máquina letal mitad hombre-mitad robot, y crear así un arma eficaz en la lucha contra la delincuencia, haya dejado en la memoria de este cronista una huella indeleble. Sí lo consiguió con un amplio sector del público que siempre la reivindicaron como un buen producto para el entretenimiento desprejuiciado. Si yo la recuerdo con cierta simpatía es porque la asocio con una época irrepetible de mi vida, también por ese tono de película de justicieros en que derivaba finalmente la función cuando la memoria recuperada del agente le empuja a ejecutar una venganza sobre los que le masacraron, y al humor de su protagonista, el hoy olvidado Peter Weller.


      Alarmados los fans por lo que el director brasileño José Padilha (Tropa de Élite, Tropa de élite 2) hubiera pergeñado con un remake que ha tenido muchos problemas de producción, es hora de comprobar si el resultado está a la altura de las expectativas creadas por los tráilers que anunciaban el inminente estreno de un film del que estuvo a punto de hacerse cargo Darren Aranofsky: La acción nos sitúa en el año 2028, una época en donde la compañía multinacional OmniCorp domina la tecnología robótica para fines militares. Durante años, sus drones han ganado todo tipo de guerras en el extranjero y ahora quieren probarlo dentro de Estados Unidos. Ese es el objetivo de su director Raymond Sellars (Michael Keaton), pero su mayor obstáculo es que si se produce una baja colateral, la responsabilidad será de la compañía. La solución está en manos del científico Dennet Norton (Gary Oldman): crear un cyborg mitad hombre y mitad máquina, pues así será él quien asuma la responsabilidad de sus errores. La oportunidad se presenta cuando un policía honesto, Alex Murphy (Joel Kinnaman), empeñado en combatir la ola de crímenes que asola Detroit, cae gravemente herido en acto de servicio, y OmniCorp utiliza sus servicios para salvar lo que queda de él y dotarlo de extraordinarios poderes. Convertido en RoboCop, Murphy logra bajar los porcentajes de crímenes a  mínimos históricos. Pero dentro de la máquina habita un hombre que no sólo busca justicia, también venganza y su propia identidad.  


      Se podría decir, y estoy cansado de repetirlo, que esta nueva versión de RoboCop se nos presenta como absolutamente innecesaria, una muestra más de la sequía creativa hollywoodiense. También que unos efectos especiales de última generación no resulta una coartada meritoria cuando se trata de actualizar un producto que desde el estreno del original han transcurrido ya casi tres décadas. Todo eso era previsible, de modo que el gran objetivo de este remake no puede ser otro que rascar unos milloncejos a la taquilla. ¿Estamos pues ante una película despreciable? Tal vez no, aunque sí ante una película prescindible. Padilha apenas asume riesgos, flirtea con la denuncia política que lleva implícita la pérdida de libertades y derechos civiles para tratar de interesar a un público más maduro, y por otro lado de desliza por el terreno del divertimento banal y comercial con la intención de captar al público adolescente más palomitero.  


        Insisto, sin considerarme un fan de la película de culto dirigida por Verhoeven en la década de los ochenta, uno podía adivinar la frescura y desinhibición a la hora de afrontar la sátira sobre el carácter voraz de los sistemas capitalistas y las corporaciones, y al mismo tiempo disfrutar de una aventura sci-fi de serie B en formato de thriller futurista que no desdeñaba la violencia descarnada y el humor negro más corrosivo. Padilha se olvida de todo eso para conectar a su héroe con los fulgores tecnológicos y el miedo por los traumas recientes, en la visión de un mundo que en su deprimente deambular carece de energía para la rebelión.


        Sin embargo, el Detroit de hoy es más parecido al que describió Verhoeven en su exitoso y recordado film (una ciudad cochambrosa y espectral con índices apocalíptico de paro y crímenes), una ciudad donde, en definitiva, la acción ejecutiva sobre el control de los Servicios de Seguridad del Estado tiene visos reales de quedar en manos de corporaciones privadas: de la era Reagan a la era Obama sólo ha cambiado el color de la piel del inquilino de la Casa Blanca. En ROBOCOP padilha ha dado vigencia a un híbrido más cerebral y emocional, dotando a la trama de un carácter melodramático que apunta a los dilemas sobre la traumática creación del cyborg que se convertirá en RoboCop, en la vida que deja detrás el agente Murphy y en su presente como servidor indestructible, una nueva existencia en donde el componente humano propulsa el elemento mecánico como coraza para la protección de los inocentes y también de su sufrida familia.



         Con las estimulantes presencias de Gary Oldman, Samuel L. Jackson y Michael Keaton, ROBOCOP es un producto de acción bien facturado, aunque sorprende el énfasis que los guionistas ponen en el drama familiar que no aporta nada a la trama y en determinados momentos se nos antoja ridículo, pero lo que en realidad estimula al realizador es proyectar la fijación estadounidense sobre la seguridad y las presiones de los lobbys para privatizar todos los servicios públicos. Y los servicios de seguridad representan la joya de la corona en ese conglomerado empresarial que muchos llaman eufemísticamente patria.

viernes, 14 de febrero de 2014

SOPHIE HOWARD, NATURAL BODY


      SOPHIE HOWARD (Southport, 24 de febrero de 1983) es una modelo inglesa de pechos naturales que aparece regularmente en la Página Tres y en revistas masculinas como Nuts, Maxim, Zoo Weekly y Loaded. Junto con Lucy Pinder y Michelle Marsh forman una exquisita trinidad de modelos con el busto grande. Pero, aun así, Sophie sobresale, habiendo sido votada en la revista Loaded como “La Modelo con los Senos más Hermosos”.
 

      Por supuesto, también se encuentra entre las más deseadas, pues la revista FHM realizó un sondeo en el que fue elegida en el puesto 73 de las Mujeres más Atractivas del Mundo, situándose en el puesto 68 en el año 2006. Su biografía, antes de dar el salto al mundo del modelaje se reduce a sus estudios primarios en una escuela católica de Southport y su estancia en el ejército de Salvación, de donde salió a los 16 años. A los 17, y para variar, se hizo striper.
 

      Sin embargo, es justo señalar que estudió lengua inglesa y escritura creativa en la universidad, para al final decidirse en Sistemas de Información de Mercado.. fue durante ese tiempo cuando firmó con la agencia de modelos IMM y apareció en Loaded, medio que oficialmente se apuntó su descubrimiento tras aparecer Sophie en su popular sección “Sauna Girls”, aunque fue Sophie quien para ello mandó unas fotos amateurs en donde aparecía con un traje de PVC.



     La popularidad de Howard subió tras asociarse con el fotógrafo de glamour del Daily Star Jeany Savage, firmando un contrato con Loaded y encargándose de una columna de la revista. A partir de entonces, los contratos con diferentes revistas masculinas han ido sucediéndose. En cuanto a su vida personal poco sabemos, que es una fanática del equipo de fútbol del Liverpool, lleva una dieta de verduras y pescado, también que padece de lupus eritematoso sistémico, que como sabemos es una enfermedad crónica que afecta al tejido conjuntivo. Sus medidas son 97-61-92, mide 1´73 metros de estatura y pesa 52 kg.