lunes, 20 de febrero de 2017

ANNE HATHAWAY EN “CAOS” (2HAVOC", Barbara Kopple, 2005)



    Aunque no es de las películas más conocidas de la bella Anne Hathaway (Brooklyn, Nueva York, 12 de noviembre de 1982) sí es uno de sus más atrevidos trabajos  y en los que luce más sensual. Dirigida en el año 2005 por Barbara Kopple (Wild Man Blues), el film nos presenta a dos chicas adolescentes de clase alta, Allison y Emily (Anne Hathaway y Bijou Phillips) que abandonan la seguridad de sus hogares en una zona residencial de la ciudad para explorar el peligroso territorio de Los Ángeles Este, una zona conflictiva en donde las acciones más inocentes pueden tener consecuencias.


      Con la estimulante presencia de una Anne Hathaway calentorra y golfa (lo mejor de la película y que se lanza valientemente desde lo más alto del trampolín para dejar claro que con este trabajo deja atrás su imagen de inocente chica Disney), Caos parte de una trillada premisa argumental que nos presenta a dos aburridas adolescentes de clase acomodada que para huir de la rutina no se les ocurre mejor cosa que darse un paseo por uno de los distritos marginales más peligrosos de Los Ángeles, en donde la violencia, las drogas y la prostitución forman parte inexcusable del paisaje urbano. Y como van de “heeeyyy, somos unas bad girls y buscamos nuevas experiencias”, se fijan en un par de hermanos latinos tatuados –cómo no- que trafican con drogas y que por sus aspecto de macarras lo que menos inspiran es confianza. La sempiterna historia de dos niñas pijas a las que les atraen los malotes y acaban como acaban por creer que todo el monte es orgasmo.

    
    Havoc nos ofrece la posibilidad de conocer a Joseph Gordon-Levitt, Channing Tatum y Freddy Rodríguez en uno de sus primeros trabajos, pero es la presencia de Anne Hathaway la que resulta absolutamente hipnótica y magnética dando vida a una adolescente de comportamiento alocado y actuando siempre sin medir las consecuencias de sus actos. La función pone énfasis en las diferencias de clases y sociales y el vacío afectivo que sienten los niños pijos por parte de sus siempre ausentes progenitores, pero el mensaje queda muy diluido por el proceder irracional de los chicos (que consumen drogas, alcohol y practican el sexo compulsivo) y que no encuentran otra forma menos arriesgada (sobre todo para su propia integridad) que hacer una atrevida incursión por uno de los barrios más chungos de Los Ángeles, explorando el lado salvaje de la vida al que se lanzan sin red inconscientemente.

     
     Del relato queda, eso sí, la advertencia de que quien juega con fuego puede quemarse. Sin embargo, es una llamada de alerta que parece tener poco eco porque situaciones similares a las que el film retrata siguen sucediendo todos los días, de ahí las malas experiencias, los asesinatos y las desapariciones que un día sí y otro también,  ocupan las páginas de sucesos. Havoc es un film irregular, de una factura técnica correcta pero con unos perfiles de los personajes apenas esbozados, lo que resta interés a la trama, y los problemas que padecen los pijos nos parecen irrisorios como servir de pretexto para las malas decisiones que toman y de las que se acabarán arrepintiendo. Actos a los que, tal vez debido a su desorientación y la etapa difícil de la adolescencia con personalidades poco definidas, se les busque la justificación muy discutible de ¡qué difícil es ser joven, guapo y rico en L.A.! Tampoco parece muy acertado contar con actores que sobrepasan los 25 años para encarnar a estúpidos adolescentes. En fin, el post está dedicado a Anne Hathaway, y a ello me he consagrado con la mano izquierda mientras con la derecha juntaba estas letras. 

domingo, 19 de febrero de 2017

CRÍTICA."MOONLIGHT" (Barry Jenkins, 2016)


Mi película favorita para el Oscar

    
MOONLIGHT” êêêê
   
   
     Fogueado en el campo del cortometraje, el director afroamericano Barry Jenkins (Miami, Florida, 1979) firma su segundo largometraje tras Medicine for Melancholy (2008), un drama romántico que obtuvo un gran éxito crítico. Pero es Moonlight (con ocho nominaciones a los Oscar incluido el de Mejor Película) el film que lanza definitivamente la carrera del realizador afincado en Los Ángeles. La trama sigue a Little/Chiron/Black (Alex R. Hibbert, Ashton Sanders, Trevante Rhodes, en sus diferentes etapas de la infancia, adolescencia y juventud) un chico afroamericano con una infancia y adolescencia  complicada que crece en un conflictivo arrabal de Miami. A medida que pasan los años, el joven se descubre a sí mismo intentando sobrevivir en diferentes situaciones. Durante todo ese tiempo, tendrá que soportar la drogadicción de su madre y el acoso que sufre en el colegio.


      Bajo el paraguas de la productora de Brad Pitt y con un guión del propio Jenkins sobre una historia de Tarell Alvin McCraney, Moonlight nos invita a un emotivo y dramático paseo por un lugar que aunque ya transitado por el cine, la televisión y la literatura (barrios marginales plagados de drogas, violencia, amenazas, machismo, acoso y sufrimientos) pocas veces ha sido recreado con la visión poética y estremecedora de Jenkins sobre un microcosmos tan asfixiante como homófobo. Una mirada flamígera, dura y a la vez sensible sobre la condición humana, sus irracionales actos y sus tormentos. Un sentido relato en el que el protagonismo lo tiene un afroamericano gay que tiene que hacer frente a las humillaciones, el acoso escolar, el maltrato en un barrio en donde los machos alfa imponen su ley.


      Dividida en tres segmentos que surcan la tres etapas cruciales de la vida del protagonista –infancia, adolescencia y juventud en las que pone énfasis el director para remarcar su importancia- que nace en el seno de una familia desestructurada y que tempranamente comienza a hacerse preguntas sobre su identidad o condición sexual. En su niñez, resulta muy positiva para Little la ayuda de un dealer (primorosamente interpretado por Mahershala Ali) que controla la droga en el barrio, y de su novia (encarnada por la cantante Janelle Monae) que ofrecen protección al pequeño y le dan cobijo cuando su madre le pide que se vaya de casa con la excusa de una cita. Little se comporta casi como un autista, apenas habla pero resulta transparente en su íntimo dolor con sus gestos y sus miradas. 


     El título del film cobra sentido con una historia que le cuenta el traficante y que hace referencia al color azul de la piel de los chicos negros cuando es bañada por la luz de la luna, tras una jornada en la playa en la que por primera vez Little se siente protegido. Jenkins narra con emoción y sensibilidad el discurrir de una vida marcada por las laceraciones psíquicas y físicas, por el sufrimiento y el “estigma” de la identidad sexual que finalmente hará crecer en él una coraza con la que hacer frente a los peligros de la jungla de asfalto, creándose una imagen a semejanza de aquel dealer que le ayudó en su niñez.

    
     Aun así, y lejos del lugar de la infancia (afincado en Georgia con el apelativo de Black), unas llamadas telefónicas le hacen evocar un tiempo y un lugar. Su regreso al barrio en el que creció nos depara un momento absolutamente desgarrador que tiene lugar con el encuentro con su madre, internada en un centro de rehabilitación. Un encuentro en el que la madre se muestra sinceramente arrepentida ante el hijo y que como ejercicio de expiación romperá el alma compasiva de Black. Queda, eso sí, el recuerdo de las primeras caricias frente al mar, del primer y único contacto íntimo que como una rosa floreció en un estercolero, el único instante de plenitud guardado secretamente en los humedales de la memoria. Es sin lugar a dudas mi favorita para los Oscar, un film excelente cuya carga emocional nunca busca la lágrima fácil.

jueves, 16 de febrero de 2017

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “TOKYO DECADENCE” (1992)



"TOKYO DECADENCE" (Ryu Murakami, 1992)
     

     Para ser un director japonés, Ryu Murakami no es un autor prolífico. Debutó en el año 1979 con el drama Almost Transparent Blue, y desde entonces sólo ha realizado cinco largometrajes, el último en 1996, Kyoko. En 1992 estrenó su película más conocida en Occidente, Tokyo Decadence, un drama erótico que nos presenta a Ai (Miho Nikaido) una bella y tímida universitaria de 22 años que ejerce de prostituta especializada en BSDM (Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo) y se dedica a satisfacer cualquier fantasía de sus ricos y poderosos clientes. Por muy perversa que ésta sea.

     
    A pesar de su oficio, ella conserva cierta inocencia y no deja de sorprenderse ante las cosas que le obligan a hacer para ganarse su salario, y por ello se siente infeliz y sabe que debe encontrar otra vía para conseguir ingresos y de paso poder centrarse en Sudoh, el hombre que ama.


   Tokyo Decadence nos presenta en sus dos primeros tercios cuatro secuencias sexuales en las que se emplean dildos, espejos y se practica la asfixia erótica, en acciones que alternan a la mujer y el hombre en el papel de dominante o sumiso. No obstante, la historia gira sobre el amor no correspondido de Ai con un artista casado que rompió la relación con ella. En el comienzo de la función, Ai visita a una adivina que le da varios consejos. Uno de ellos es que encuentre una piedra rosa y forme con ella un anillo. Más tarde. Ai pierde el anillo y arriesga su vida para recuperarlo. En el último tercio vemos a la protagonista bajo la influencia de una droga dirigiéndose a la casa del artista por el que suspira, pero no revelaré como se resuelve el tema de la bella e ingenua prostituta y el artista.

          
    Película al mismo tiempo erótica y enfermiza, Tokyo Decadence basa todo su efecto en explotar la inocencia de Ai, su búsqueda de la pureza del amor y el contraste con la visión perversa del Tokyo nocturno, rebosante de vicios y tentaciones. Un Tokyo tan moderno como inquietante, atravesado por chillonas luces de neón, consumista y sin alma. Murakami combina lo bizarro y obsceno  con un impactante look visual, para otorgar vida y atmósfera a una historia ceremoniosa; el ritualismo de la cultura japonesa y las secretas perversiones nocturnas. Estamos, amigo lector, ante un film de indudable tono voyeurista (observen las imágenes), un artefacto ideado para fetichistas redomados que ven en Ai y su proyección como animal sexual irresistible su sueño más codiciado… Sin dibujos profundos de personajes, pero con una mirada lasciva, enfermiza y, tal vez debido a ello, sugerentemente frívola.