martes, 27 de junio de 2017

NITA KUZMINA Y LOS MILAGROS DE LA CIRUGÍA

    

   La modelo de internet Nita Kuzmina es uno de los muchos ejemplos de los milagros de la cirugía plástica. Ella tiene más de un millón de seguidores en Instagram y su transformación de chica del montón (feo) a explosiva modelo es uno de los casos más ilustrativos aunque tal vez no tan sorprendente.


     Nacida el 10 de noviembre de 1990 en Moscú, su madre es original de la India, algo que se percibe en los rasgos exóticos de la modelo. Nita saltó a la fama a raíz de un reality de la televisión rusa al estilo de Jersey Shore, y ha seguido en el candelero gracias a su éxito en las redes sociales y a que tiene un cuerpo verdaderamente estilizado y un rostro llamativo. Lo que sí cabe señalar es que proyecta una elegancia natural impecable, y en su figura resaltan sus pechos como consecuencia de su excesiva delgadez. Tampoco conviene hacer mucho caso porque todas estas modelos tienen en el Photoshop su más amada herramienta.


       Al parecer, de natural es rubia y mide 1´65 m, cuida extremadamente su manicura, siempre va perfectamente depilada y no es amante de llevar encima demasiados accesorios. Conoce a la perfección todos los resortes para hacer que una mujer corriente luzca como una exquisita modelo. A lo que vamos: Nita presenta esta imagen hoy debido a los milagros de la cirugía estética, sólo hay que echar un vistazo a cómo aparecía en el citado reality para darse cuenta de la alucinante transformación que ha sufrido desde su natural y vulgar anatomía hasta lo que hoy muestran las imágenes en este blog o en su Instagram. La certeza es que se ha retocado casi entera y que el cirujano es un maestro en la técnica de esculpir cuerpos femeninos.

  
   El cambio, seguramente, ha sido paulatino, pues debido a éxito de las primeras operaciones, la cosa ya no tuvo freno: rinoplastia, mentón, etc. A esto hay que añadir la pérdida de peso y una dieta estricta sin productos procesados. Nita Kuzmina nos ofrece actualmente una imagen de voluptuosidad, pero esta es la sensación neumática que ofrecen las modelos muy delgadas que se han puesto tetas muy voluminosas. Ella sabe cómo ponderarse con toneladas de maquillaje, pestañas postizas y el uso de filtros y Photoshop. Está claro que lo nos vende Nita es una belleza puramente artificial y que despojada de la divina cirugía y demás ornamentos pasaría desapercibida en todas partes… pero así está montado el circo.


sábado, 24 de junio de 2017

CRÍTICA. "WONDER WOMAN" (Patty Jenkins, 2017)

     


  WONDER WOMANêêê
   

   La directora Patty Jenkins no debería ser una desconocida para el aficionado más cinéfilo, ella fue la que otorgó a Charlize Theron la oportunidad de alzarse con su primer y único Oscar hasta la fecha por su desgarradora interpretación de Aileen Wuornos en el aceptable drama criminal Monster (2003) un film sobre las andanzas de aquella asesina en serie de los años 80 en una historia que tenía como fondo la marginalidad, la homosexualidad y la prostitución. Dedicada desde entonces al medio televisivo, Jenkins prepara ya la secuela de Wonder Woman que se estrenará en 2019 y que contará de nuevo con Gal Gadot dando oxígeno a la heroína.

     
    La trama de Wonder Woman es bien conocida para los aficionados al 9º Arte: Antes de ser Wonder Woman (Gal Gadot) era Diana, princesa del Amazonas entrenada para ser una guerrera invencible. Diana ha sido criada en el reino de Temiscira, una isla afrodisiaca protegida. Un día un piloto norteamericano, Steve Trevor (Chris Pine) tiene un accidente y acaba en sus costas. Será él quien le hable del gran conflicto bélico que está teniendo lugar en el mundo, la Primera Guerra Mundial. Diana decide entonces dejar la isla convencida de que puede detener la temible amenaza. Mientras lucha junto a los hombres en la guerra que acabará con todas las guerras, Diana descubre todos sus superpoderes divinos (superfuerza y supervelocidad) y de paso, su verdadero destino.  

    
     Así que pasen los siglos será imposible imaginar una Wonder Woman sin el perfecto rostro de Gal Gadot (Miss Israel 2004), una actriz conocida por los fans de la saga Fast & Furious y que en 2016 ya vimos interpretando al personaje en Batman v. Superman: El amanecer de la justicia (Zack Snyder). Ella será nuestra Wonder Woman eterna. El personaje de cómic creado por William Moulton Marston para DC Comics en 1941 y que Lynda Carter dio vida en la serie emitida desde 1975 hasta 1979, no podía haber tenido una adaptación cinematográfica más lucida que la pergeñada por el guionista Allan Heinberg y la batuta de Patty Jenkins, una apuesta por el lado más lúdico de la aventura como glorificación de su medio seminal: el tebeo. De tal modo que una vez que comienza la función, uno estira las piernas todo lo que puede y se deja llevar por un espectáculo tan rabiosamente entretenido como deliciosamente intrascendente. 


   Dejando de lado –por pereza y hartazgo- el tema del empoderamiento femenino y las agotadoras lecturas la superheroína como icono universal de la liberación de la mujer, cuestión tan pueril como irrelevante cuando es ella, otra vez ella, el objeto del deseo y la seducción, lo que realmente importa es seguir la cometa de la aventura desde la arcana y paradisiaca isla amazónica  hasta la cruenta realidad de la Primera Guerra Mundial, y el empeño de Diana de acabar con la guerra. No se lo pondrán fácil el megalómano  y malvado general alemán Ludendorf (Danny Huston muy gracioso cuando aspira el gas de la fuerza) y la taimada y siniestra científica Dra. Veneno (Elena Anaya con el rostro desfigurado) experta en gases venenosos.

   
   Por supuesto, la bondad y el amor todo lo puede y siempre acaban imponiéndose a todas las representaciones grotescas del Mal. Cosa rara, la relación romántica de la Mujer Maravilla con el estereotipado espía encarnado por Chris Pine funciona dotando a la acción de un esmalte tan natural como cautivador. Simplemente, tienen química. Educada en los valores y principios igualitarios, en la generosidad y la cultura del esfuerzo, Diana acepta su destino como algo natural y pondrá todo su empeño en destruir para siempre a Ares, dios de la guerra. Wonder Woman tiene ese toque naíf, psicodélico, candoroso y colorista, pero su inmersión en la crueldad humana nos regalará las mejores secuencias del film, con la bella y e invencible guerrera desechando las dudas y el miedo en el fragor de la guerra. Wonder Woman reelabora todo un universo multigenérico desde la mirada del eterno femenino… porque Diana sabe que la mujer no necesita un hombre para obtener placer... pero podemos ayudar mucho.


jueves, 22 de junio de 2017

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: "FUEGO EN EL CUERPO" (Lawrence Kasdan, 1981)


"BODY HEATêêêê


    Lawrence Kasdan (Miami Beach, 1949) estudia literatura en la universidad de Michigan, escribe guiones que no coloca en ninguna parte, no obstante, es llamado por George Lucas para que colabore con él en el guión de El imperio contraataca (1980) de la que Lucas es productor y dirigida por Irvin Kershner. Firma también el libreto de En busca del arca perdida (1981) de Steven Spielberg, y El retorno del Jedi (1983) de Richard Marquand. Debido al éxito y al prestigio de algunas de estas producciones lleva a cabo su gran sueño, que consiste en dirigir sus propios guiones. Así, debuta en el año 1981 con Fuego en el cuerpo, y un par de años más tarde rueda Reencuentro, un relato intimista que narra cómo un grupo de universitarios se reúne tras quince años de separación con motivo de la muerte de uno de ellos. Silverado (1985) es un western con un reparto magnífico, que resulta atractivo por lo que tiene de homenaje a los clásicos del género. En 1983 realiza también uno de sus mejores films, El turista accidental, a medio camino entre la comedia y el drama cuenta la historia de un hombre que a causa de la pérdida de su hijo siente como se derrumba toda su existencia.  Te amaré hasta que te mate (1990) es una floja película basada en un caso verídico pero realizada con tal torpeza y desgana que es con mucho su peor película. Sin embargo, al año siguiente demuestra que sigue estando en forma con Grand Canyon (El alma de la ciudad), una reflexión sobre la violencia que genera el sistema de vida americano y que desarrolla su acción en Los Ángeles. Wyatt Earp (1994) un western tradicional, French kiss (1995), y el fallido film coral Munford (1999) son algunas de sus últimas películas.

    
    Fuego en el cuerpo es una tórrida historia policíaca en la más pura esencia de la literatura y el cine negro. En ella seguimos a la ambiciosa y hermosa Matty Walker (Kathleen Turner) que contacta con el joven abogado Ned Racine (William Hurt) y calculadamente, tras seducirle, le convence para que asesine a su marido, Edmund Walker (Richard Crenna) un rico industrial de los negocios  inmobiliarios, y así poder heredar la mitad de sus bienes. Con la ayuda de Ted Lewis (Mickey Rourke) un delincuente que debe un favor al picapleitos y se encuentra en la cárcel cumpliendo condena, planearán el crimen perfecto, pero no todo saldrá como Ned había planeado.



    Rodada en las playas de Miami Beach, ciudad natal del director, situada en la costa sudoriental de Florida, nos encontramos ante uno de los más elegantes y frecuentados centros balnearios de Estados Unidos. La exuberante vegetación y el calor pegajoso que se desprende de su clima tropical húmedo, nos hace evocar perfiles como el de la carnal “vampiresa” Matty Walker. Tomando como referencias ilustres dos films míticos del cine negro, como son Perdición (Billy Wilder, 1944) y El cartero siempre llama dos veces (Tay Garnett, 1946) el mayor acierto del film reside precisamente en mostrar de forma más o menos explícita lo que aquellas películas escamoteaban, debido claro está a la censura, y que no es otra cosa que el factor gráfico del erotismo, sin cuya plástica estoy convencido que Fuego en el cuerpo perdería muchos enteros. Reconociendo pues, que Kasdan sabe extraer todo el atractivo erótico a las escenas de sexo y a la debutante Kathleen Turner, potente en su retrato al más puro y tradicional estilo de femme fatal, un sentido, el de la fatalidad, que no logra imprimir un carácter definitivo al relato, tal vez porque el realizador confiere una excesiva importancia a la relación casi animal, salvajemente lujuriosa que se trae entre manos la pareja protagonista, y que diluye de forma gradual-a pesar de la noche, el calor y la compleja historia- la trama policial, que seguimos a partir de un determinado momento con cierta desgana. Con todo, Body Heat es en su conjunto un thriller interesante, al que perdonamos algunas burdas líneas de diálogo como la siguiente:
    Ned - ¿Estás bien?
    Matty - Admirable, aunque con el ajetreo me sube la temperatura a cien.
    Ned - Precisarás una puesta a punto.
    Matty - y naturalmente tu tienes la herramienta justa.

   
    Escribo interesante porque resulta un buen intento por revitalizar el cine negro que en la época era prácticamente inexistente, y que al no contar ya con el corsé moralizante de la censura nos hace observar como el sudor, consecuencia del sofocante y húmedo calor, puede ser un estupendo lubricante para unos cuerpos que arden en deseo en un clima tropical que enciende la llama de la pasión. Resulta relativamente obvio para Matty sospechar -una vez que ha fisgoneado en la chaqueta que Ned ha dejado apoyada en la barandilla- que ese abogado de tres al cuarto, tan impulsivo y ardiente -Kasdan lo dibuja como un adicto al sexo, al que le ponen las tías con uniforme: camareras, enfermeras-, puede ser la víctima ideal para llevar a cabo el trabajo.

  

      Del mismo modo que creemos totalmente factible que Ned, cegado por la bella y lasciva mujer, se vuelva manejable y acabe encoñado con ella, todo esto sin hacer caso de las advertencias de los colegas que le previenen de los peligros que le puede acarrear seguir con esas relación, aconsejándole que lo más racional sería escapar cuanto antes de sus redes. Ned Racine no sólo no hace caso, sino que está convencido que la pasión que ella le demuestra no puede ser falsa, nadie es capaz de fingir tan bien encima de unas sábanas, quizás si hubiera leído antes el anuario correspondiente al año 1968 del Instituto Wheaton Cougars sus huesos no se pudrirían en la cárcel, porque debajo de la fotografía de una sonriente colegial Matty reza:

  Mary Ann Simpson “la vampiresa”. Sus aspiraciones: ser rica y vivir en un país exótico. Ella acaba cumpliendo su sueño en algún lejano e insólito país, y un tipo, que se encuentra tumbado a su lado, le comenta el calor que hace, ella asiente sin tan siquiera mirarlo, dando a entender que una vez que ha conseguido lo que deseaba nada humano le importa.


    En fin, muy aceptable muestra de cine negro de los ochenta, que incluye elementos sugerentes como la codicia, la humedad, la pasión, el sexo y el asesinato. También resulta determinante, para redondear el magma atmosférico, la melancólica música de saxo a cargo de John Barry, que eleva el clima libidinoso entre una maraña de ventiladores. Algunas lagunas de guión no desmerecen el buen libreto de Kasdan... y ¡ah!, Kathleen Turner, con problemas siempre para guardar la línea, reconoció haberse puesto verrionda durante el rodaje de algunas escenas, ¿extraño? No, todos nos pusimos como burros en primavera sólo mirándola.