domingo, 29 de octubre de 2023

CRÍTICA: "CUANDO ACECHA LA MALDAD" (Demián Rugna, 2023)

 

Mejor Película en Sitges 2023

CUANDO ACECHA LA MALDAD(2023) êêê

DIRECTOR: Demián Rugna.

INTÉRPRETES: Ezequiel Rodríguez, Demián Solomón, Luis Ziembrovski, Federico Liss.

GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 99 minutos / PAÍS: Argentina / AÑO: 2023

      De la filmografía del director argentino Demián Rugna sólo había tenido la oportunidad de ver una película, Aterrados (2017), un thriller de terror sobrenatural centrado en descubrir la entidad maléfica que está detrás de una sucesión de hechos inexplicables y aterradores. Causó buena impresión en la edición de Sitges 2018, todavía mejor ha sido la acogida de Cuando acecha la maldad, que guarda cierta relación con la cinta comentada y que ha ganado el premio a la Mejor Película en la reciente edición del Festival de Sitges.

      La acción tiene lugar en un pueblo perdido de alguna región de Argentina. Allí, dos hermanos, Pedro (Ezequiel Rodríguez) y Jimi (Demián Solomón) descubren en una casa cercana a un hombre infectado en un estado purulento (“un embichado”) que parece estar poseído por una fuerza maléfica y a punto de dar a luz un demonio. Desesperados por evitar la entrada del Mal en su pacífico mundo, los hermanos descubrirán la escalofriante verdad: será demasiado tarde.

     Demián Rugna sigue empeñado en convencernos de que el Mal es contagioso, y si el espectador se sumerge en su pútrido universo acabará persuadido. En su nueva propuesta, el director argentino no se corta y va un poco más allá en cuanto a la crudeza y violencia de algunas escenas rebosantes de hemoglobina, vísceras y toda clase de casquería. Pero Cuando acecha la maldad no es una simple tabla de carnicero, también se impone como una oscura metáfora sobre la propagación del Mal como una enfermedad infecciosa e invisible que se extiende hasta el último confín del mundo superando todas las barreras. Lo mejor de la función lo encontramos en el primer tramo, con los dos esforzados pero torpes hermanos entrando en la casa del “embichado”, una mole hinchada, llena de pústulas y supurante que ruega que le maten para que el demonio que le posee se propague hasta el infinito. Sin embargo, en el intento de deshacerse de la repugnante presencia demoníaca sólo conseguirán diseminar el Mal contagiando a todos los seres humanos y animales sin discriminación.    

      Cuando acecha la maldad se aleja de la fórmula convencional de las posesiones demoníacas adquiriendo una apariencia más brutal y espeluznante que se muestra especialmente incisiva y feroz en algunas escenas con niños y animales como contenedores de la más pura inocencia. Con influencias del gran Chicho Ibáñez Serrador, de maestros del giallo como Lucio Fulci y del terror extremo francés, Rugna nos invita a un terrorífico viaje de perdición durante el cual Pedro tratará de evitar que sus hijos sean “encarnados” por las entidades maléficas. No será fácil porque su presencia es ya omnipresente y su mujer, de la que está separado, intentará impedírselo. 

      Desde ese momento hasta el descalabrante final, se nos revelarán una serie de tenebrosas leyendas mitológicas que forman parte de la cultura popular y la aparición de otros personajes, que irrumpen de forma un tanto atropellada que pueden dotar de cierta inconsistencia al relato, si no atendemos a la dudosa coherencia de la trama, que puede contar a favor del espectador incapaz de adivinar sus giros y bifurcaciones. Estamos ante una película repleta de imágenes y situaciones repulsivas, y de personajes que toman decisiones impulsivas, tan viscerales como erráticas, inmersos en una atmósfera malsana y enfermiza que no saben que la lucha contra el Mal, que nunca descansa, sólo conduce a la más cruel derrota.

sábado, 21 de octubre de 2023

CRÍTICA: "ANATOMÍA DE UNA CAÍDA" (Justine Triet, 2023)

 

Una Palma de Oro merecidísima

ANATOMÍA DE UNA CAÍDAêêêê

DIRECTORA: Justine Triet

INTÉRPRETES: Sandra Hüller, Samuel Theis, Milo Machado Graner, Swann Arlaud.

GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 150 minutos / PAÍS: Francia / AÑO: 2023

     Ha sido una gran sorpresa que la directora francesa Justine Triet, que no había logrado emocionarme con ninguna de sus tres anteriores películas: La batalla de Solférino (2012), Los casos de Victoria (2016), El reflejo de Sibyl (2019), haya conseguido conmoverme y mantenerme concentrado en la pantalla casi sin pestañear durante los 150 minutos que dura la que sin duda es la más merecida Palma de Oro del Festival de Cannes desde que se alzara con el premio Parásitos en 2019.

     Anatomía de una caída nos relata la historia de Sandra (Sandra Hüller), una escritora alemana que vive con su marido, Samuel (Samuel Theis), también escritor, y con su hijo ciego, Daniel (Milo Machado Graner), en una casa situada en un paraje nevado de los Alpes franceses. Cuando Samuel fallece en extrañas circunstancias, la investigación no puede determinar si se trata de un accidente, un suicidio o un homicidio. Sandra es arrestada, puesta en libertad condicional y posteriormente juzgada por asesinato. Durante el proceso seremos testigos de su tumultuosa relación de la pareja y su ambigua personalidad, pero lo realmente importante es poner luz en la oscuridad para determinar si es culpable o inocente.

     Comienza la función y la cámara nos sitúa en el chalé donde el hijo invidente de la pareja trata de bañar a su perro Snoop (que tendrá un papel esencial en la trama). La madre, Sandra, está siendo entrevistada en el salón de la vivienda por una estudiante que prepara su tesis. El padre, Samuel, se encuentra en la buhardilla poniendo ininterrumpidamente una canción a todo volumen, la conversación entre las dos mujeres no puede continuar. La estudiante se marcha y Daniel sale a dar un paseo con Snoop. Al volver encuentra el cuerpo de su padre cerca de la casa con la cabeza reposando en un charco de sangre que contrasta con la blanca pureza de la nieve. Enseguida la casa se llena de policías, pronto se darán cuenta de que será un caso difícil porque no hay testigos directos. La acusación sólo puede sostenerse en indicios y conjeturas sin ninguna evidencia. Aún así, Sandra es juzgada por asesinato y durante el juicio sufrirá al comprobar cómo su intimidad es violada y salen a la luz los aspectos más sórdidos de su vida privada, sobre los que la acusación insiste de forma impenitente y despiadada. Anatomía de una caída es un musculoso thriller procedimental que hace que el espectador se sitúe en la desesperada situación de la enigmática Sandra, temiendo que el proceloso juicio, que se desarrolla con jurado y con su hijo invidente como único testigo indirecto, sólo arroje una verdad procesal, que no siempre se ajusta a la verdad de los hechos, imposible de probar con evidencias.

      En Anatomía de una caída también tendrá un papel importante Vincent, el abogado de Sandra a quien da oxígeno el atractivo Swann Arlaud, un personaje perspicaz y tranquilo que prepara el juicio minuciosamente advirtiendo a su defendida las punzantes aristas que utilizará el fiscal para explorar las zonas oscuras de su relación con Samuel, y que seguramente cruzarán todos los límites de la ética y la moral sembrando una duda que no desaparecerá nunca. En un Estado de Derecho no se debe condenar a nadie sin pruebas contundentes, y preferimos un culpable libre que un inocente en la cárcel. Aún recordamos el caso de la pobre y masacrada Dolores Vázquez. Con una soberbia actuación de Sandra Hüller, afligida y firme en su inocencia, y dulce y transparente en el amor inabarcable a su hijo, la directora Justine Triet edifica una admirable arquitectura narrativa siguiendo todas las pautas de los métodos legales, y que no es otra cosa que una disección a corazón abierto de los abismos de una pareja, de las infidelidades y reproches mutuos, de la lúgubre sombra de la culpa por el accidente del hijo, de la realidad manifiesta e hiriente de Samuel, que carece del talento para escribir que posee su mujer, de la inestabilidad, el bloqueo y la sensación de sentirse infravalorado, de la masculinidad asfixiante y tóxica que se impone para ocultar el fracaso de un proyecto personal y que casi siempre explota en un acto de cobardía.

domingo, 15 de octubre de 2023

CRÍTICA: "MEGALOMANIAC" (Karim Ouelhaj, 2022)

 

La herencia del Mal

“MEGALOMANIAC” êêê

DIRECTOR: Karim Ouelhaj.

INTÉRPRETES: Eline Schumacher, Benjamin Ramon, Pierre Nisse, Win Willaert, Olivier Picard, Raphaëlle Lubansu, Catherine Jandrain.

GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 118 minutos / PAÍS: Bélgica / AÑO: 2022

    Proyectada en el Festival de Sitges de 2022, Megalomaniac se inspira en los pavorosos crímenes del conocido como el Carnicero de Mons, que aterrorizó Bélgica en los años 90. Las víctimas del asesino en serie fueron cinco mujeres que frecuentaban los alrededores de la estación de Mons, y sus restos aparecieron desmembrados en bolsas de basura bien visibles en los arcenes de carreteras. Aunque se barajaron varios sospechosos, el serial killer nunca fue detenido y desapareció sin dejar rastro.

    Dirigida por Karim Ouelhaj, la película toma ese hecho real como punto de partida para narrarnos que el apodado Carnicero de Mons tuvo descendencia, dos vástagos. Un hijo llamado Felix (Benjamin Ramon) que sigue los pasos de su padre y así mantener vivo el legado recreando miméticamente sus horribles crímenes en la misma zona; y una hija, Martha (Eline Schumacher), que probablemente sufra esquizofrenia y que trabaja de limpiadora en un taller donde es constantemente abusada por los trabajadores. Intenta llevar una vida normal, pero finalmente cae en el abismo sangriento de la tradición familiar.

    Tras una escena introductoria en la que asistimos a un doloroso y sanguinolento parto en el que el Carnicero y su hijo mayor dan la bienvenida a un nuevo miembro de la familia, un salto temporal nos sitúa en el presente para presentarnos a los hermanos Felix y Martha, que viven en un sucio y herrumbroso caserón gótico. Vemos al elegante, cadavérico e impenetrable Felix reproducir los asesinatos de su padre, y a su hermana Martha trabajando de limpiadora en una fábrica donde es vejada y violada continuamente por los empleados. Megalomaniac es una película que no gustará a los aficionados al terror mainstream, pero sí a los amantes de las historias extremas con un trasfondo psicológico y nihilista, con firma de autor y un tono de arte y ensayo. Martha se nos muestra introspectiva, sin apenas autoestima, subordinada a su hermano. Sufre terribles pesadillas y un tormento absoluto por los abusos a los que se ve sometida en el trabajo. Necesitada de afecto, de nada le sirven las visitas que recibe de una asistenta social. Su débil equilibrio se resiente cada vez más.

     Karim Ouelhaj nos muestra una exhibición de atrocidades definiendo con trazos bien marcados el perfil de unos personajes abominables, capturando con expresivos primeros planos los rostros de los agresores de Martha, que actúan de forma silente con desprecio a la víctima y total impunidad, y los bestiales crímenes de Felix, perpetrados con una violencia visceral, sin dejar testigos. La afilada y amenazante música compuesta por Gary Momboots y la atmósfera gótica creada por el iluminador François Schmitt dotan a la función de carácter onírico malsano, de fantasía pesadillesca, donde los demonios interiores de Martha están a la altura de una dinastía maldita, que parece existir para explorar nuestros miedos más primarios.

    Megalomaniac es ante todo una película esteticista tan sugerente como repugnante, una sucesión de lienzos del averno donde están representados la degradación y depredación humana, la locura y las más crudas aberraciones. Ouelhaj no se detiene mucho en las sangrientas hazañas de Felix, siempre parece interesarle más Martha, que de víctima pasará a fría vengadora, cansada de las burlas por su sobrepeso y la cosificación y abusos a los que es sometida por unos tipos sin escrúpulos, sentimientos ni alma. Una clara denuncia al patriarcado y el machismo salvaje. Finalmente, Martha, embarazada y acompañada de su hermano Felix, planea la venganza de sus violadores, incluido el cómplice que sólo observa, pero no hace nada para evitar las agresiones, haciéndoles llegar una invitación especial. Y es en ese final con aire de gran guignol, tan desmesurado e irreal cuando percibimos claramente el mensaje de que el Mal nace, se reproduce y jamás muere.


lunes, 9 de octubre de 2023

CRÍTICA: "FATUM" (Juan Galiñanes, 2023)


Víctimas del azar

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DIRECTOR: Juan Galiñanes.

INTÉRPRETES: Luis Tosar, Álex García, Aaron Piper, Elena Anaya, María Luisa Mayol.

GÉNERO: Thriller / PAÍS: España / DURACIÓN: 91 minutos

  Debut en la dirección de largometrajes del director gallego Juan Galiñanes tras haber realizado una serie de cortos. Fatum sitúa la acción en A coruña en la época actual. Sergio (Luis Tosar), es un ludópata compulsivo. Tras jurar a su mujer que lo va a dejar, ruega que le de una segunda oportunidad. Pero el soplo sobre un partido de fútbol amañado hace que incumpla su promesa y entra en una casa de apuestas para recuperar todo el dinero que había perdido anteriormente. El soplo es cierto y parece que su suerte va a cambiar. No será así porque Alejo (Aaron Piper), un joven también con adicción a las apuestas, irrumpe armado en el local para vaciar las máquinas cuando los niños de Sergio se encuentran con él dentro. Pablo (Álex García), un francotirador del GEO, es llamado por la comisaria Costa (Elena Anaya), para que preste su servicio en el atraco. Pero los pensamientos del policía están en un hospital donde se encuentra ingresado su hijo con la vida en un hilo pendiente de un trasplante. Los destinos de Sergio y Pablo se cruzarán ese aciago día en una casa de apuestas que cambiará sus vidas para siempre.

    Con dos únicas localizaciones como escenarios, una casa de apuestas y un hospital, y el azar como núcleo narrativo del relato, Galiñanes nos presenta a dos padres de familia muy diferentes (un hombre de orden y un bala perdida), que acabarán cruzando sus vidas de forma dramática, poniendo énfasis en la carga emocional del intenso amor que sienten por sus hijos. El asalto a la casa de apuestas por parte de la policía acaba en tragedia cuando una bala impacta en el hijo de Sergio quedando en estado vegetativo. Tras ese primer tramo de acción y tensión en el local de apuestas, la función se traslada a un hospital, donde es ingresado el niño herido que mantiene las constantes vitales porque está enchufado a una máquina. Es el mismo hospital donde está ingresado el atracador y el hijo del GEO, que necesita urgentemente un trasplante. La inquietud aumenta no sólo por la extrema gravedad de la situación, también porque Sergio le propone a Pablo un trato para salvar la vida de su hijo que poco a poco se apaga. Los acontecimientos se desarrollan velozmente involucrando a las dos familias y a la comisaria, que ordena un control férreo sobre Serio y Pablo. 

  Fatum, que dista mucho de ser una película redonda, nos habla de la complejidad de la existencia, de casualidades duales que pueden ser a la vez trágicas y luminosas, de la (auto)destrucción que conlleva toda adicción, de la sed de venganza que nunca sirve para purificar el alma, del sentido más profundo de la humanidad, de la culpa, el perdón y la redención. Con un ajustado metraje, en Fatum se mastica la tensión desde el comienzo hasta el previsible desenlace, que sirve de bálsamo para el dolor y se impone como un inventario de malas y buenas acciones sobre las que todo el mundo debería reflexionar.

jueves, 5 de octubre de 2023

CRÍTICA: "ELS ENCANTATS" (Elena Trapé, 2023)

El desencanto del amor

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(LOS ENCANTADOS)

DIRECTORA: Elena Trapé.

INTÉRPRETES: Laia Costa, Daniel Pérez Prada, Pep Cruz, Aina Clotet, Ainara Elejalde, Delia Brufau.

GÉNERO: Drama / DURACIÓN: 108 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2023

    He de reconocer que hasta la fecha no me ha interesado mucho la carrera de la directora barcelonesa Elena Trapé, que dirigió algunos capítulos de series como Élite y Rapa, pero que debutó en la gran pantalla con Blog (2010), una irregular película de tono generacional que sigue a un grupo de quinceañeras de familias acomodadas que sienten la necesidad de vivir emociones fuertes. Me convenció algo más Las distancias (2018), otro retrato generacional que nos cuenta el viaje a Berlín de un grupo de amigos para visitar a un amigo común que cumple 35 años. El recibimiento no será el esperado porque el tiempo y la distancia pueden cambiar mucho las cosas.

     Elena Trapé firma la que supone su tercera película contando con el protagonismo casi absoluto de Laia Costa, que da vida a Irene, una mujer que, tras su reciente separación, tiene que acostumbrarse a la ausencia de su hija de cuatro años, que le toca pasar unos días con su padre. Tras la despedida y en su nuevo piso, nada resulta fácil para ella, por lo que decide viajar a una pequeña aldea del Pirineo catalán, Antist, donde tiene una casa, en un intento por recuperar la estabilidad y ordenar sus pensamientos.

    No sé si incluir a Trapé dentro de la nueva generación de directoras españolas en tanto que tiene 47 años y su debut queda ya lejos, pero sí será interesante seguir sus pasos en el panorama actual en el que se ha producido una efervescencia de mujeres que se sitúan detrás de las cámaras para narrarnos historias. Para ser sincero, comienzo a estar un poco hastiado de esa corriente que tiene como eje central narrativo la ruptura de una pareja y sus consecuencias, una temática social/familiar muy trillada desde Kramen contra Kramen (Robert Benton, 1979), y que aporta poca luz a un mundo cambiante que discurre a mucha velocidad, que vive de espaldas a los pequeños dramas y donde la felicidad suele ser tan efímera. 

    Trapé se esfuerza en captar con realismo el doloroso duelo de la separación y la sensación de inseguridad de Irene, incapaz de hacerse con las riendas de la situación a pesar de que fue ella la que dio el paso. En su búsqueda de la armonía no ayuda la ausencia en esos días de su hija, con la que mantiene un fuerte lazo maternofilial y que está pasando unos días con su padre. El viaje a su casa de la aldea pirenaica, donde antes solía ir más a menudo, tampoco parece contribuir a calmar su marejada interior. El reencuentro con algunos vecinos de Antist, la visita de un amigo al que ha invitado para un desahogo fruto del resentimiento cuando se entera de que su ex ha estado allí con otra mujer, solo consigue profundizar en su vacío existencial ensanchando la herida emocional.

     El problema de Els Encantats es que la historia, que transcurre de forma lenta y contemplativa, ya nos la han contado otras veces mucho mejor, la vivimos cotidianamente y sabemos de los trastornos, de la sensación de inabarcable soledad y el poso amargo que deja una ruptura sentimental... aunque lo neguemos. Irene pasea acompañada de su amigo Eric por los senderos de los bellos parajes de la cordillera, y le enseña una grieta entre las rocas donde se esconden “Els encantats”, Los Encantados del título de la película, que forman parte de una leyenda sobre unas criaturas mágicas que salen de noche y si te atrapan te encantan provocando que te quedes allí para siempre. Una fábula infantil que actúa como metáfora del amor a los orígenes, a las raíces y el sentido de pertenencia. 

     Así, la escapada de Irene se va convirtiendo en un viaje espiritual, el kilómetro cero de una nueva etapa que tendrá que afrontar mientras la erosión íntima se restaura lentamente. Lo mejor de la función lo encontramos en el final, con la llamada de Irene a Gillem, su ex, una confesión purificadora, que es a la vez una toma de conciencia y una lacerante aceptación de la culpa, un desahogo visceral y desgarrador que pone el punto y final al itinerario que ha compartido con otra persona, y que, con sus momentos felices y amargos, ha dejado una huella indeleble en su memoria y existencia vital. Ahora, con su regreso a casa, debe encauzar su vida con una nueva perspectiva. 

martes, 3 de octubre de 2023

RECORDANDO A CARMEN SEVILLA EN SU MEJOR PELÍCULA


    Si cualquier aficionado cinéfilo echa un vistazo a la extensa filmografía de Carmen Sevilla (1930-2023), que Dios la tenga en su gloria junto a sus ovejitas, se dará cuenta de que está conformada mayormente por películas irrelevantes o directamente zarrapastrosas. Pero esto es así no porque la actriz, tonadillera y presentadora sevillana (de ahí su nombre artístico), careciera de dotes interpretativas, sino porque casi todas las producciones en las que participó eran, tanto en el apartado técnico como narrativo, de una calidad cuestionable.

     Vehículos creados para el entretenimiento de un público que necesitaba evadirse de los traumas y penurias de una inacabable posguerra, y que buscaban en la comedia, el folclore y la copla mejores estímulos. De los más de sesenta títulos que componen su carrera en la gran pantalla, destacan La Venganza (Juan Antonio Bardem, 1958), Rey de reyes (Nicholas Ray, 1961), El secreto de Mónica (José María Forqué, 1962), El techo de cristal (Eloy de la Iglesia, 1971) y Nadie oyó gritar (Eloy de la Iglesia, 1973). Lo cual demuestra que, cuando trabajaba con directores solventes y guiones aseados, la actriz mostraba cumplidamente su talento dramático. No era Katharine Hepburn ni Meryl Streep, pero la queríamos más y era más guapa. Vamos con una reseña de la que es, con diferencia, su mejor película.

“LA VENGANZA” (1958)

Director Juan Antonio Bardem.

Intérpretes: Carmen Sevilla, Jorge Mistral, Raf Vallone.

     La Venganza, Premio de la Crítica Internacional en El Festival de Cannes, fue la primera película española nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera y la acción nos sitúa en el año 1931. En un pueblo de la sierra andaluza, Juan Díaz (Jorge Mistral), vuelve a casa tras haber pasado diez años en la cárcel por un crimen que no cometió. Junto a su hermana Andrea (Carmen Sevilla), deciden vengarse de quien creen que es el culpable de su desgracia, Luis “el Torcido” (Raf Vallone). Para ello, los dos hermanos se unirán a una cuadrilla de segadores que buscan trabajo por las tierras de Castilla y en la que oficia como caporal su mayor enemigo.

 


     La censura de la época (ahora tenemos otras), prohibió el título original, Los segadores, ya que coincidía con el himno catalán Els segadors, y exigió además que la historia no ocurriera en la época en que se rodó, sugiriendo el año 1935 durante la Segunda República. El gran Juan Antonio Bardem hizo caso a la primera exigencia, pero situó la acción en 1931, se supone que durante la dictadura del General Primo de Rivera. La venganza es un excelente drama rural con un tono de western a la española que con una virtuosa fotografía de Mario Pacheco confiere una pátina quemada a los campos amarillos de Castilla y nos narra la historia de una cuadrilla de segadores a la que se unen los hermanos Juan y Andrea para ganar algún dinero, pero, sobre todo, para tratar de averiguar si el capataz, Luis “el Torcido”, fue quien acusó a Juan, un hombre inocente, de haber matado a su hermano mayor, Salvador, y si es así, vengarse.

 


     Filmada en escenarios naturales de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Jaén, Madrid y Toledo, la función transita por diversos géneros como el western, pero sustituyendo las pistolas y rifles por hoces y navajas; el drama social, con denuncias sobre el abuso laboral y sexual; y la road movie o película de viajes. Y es en ese fatigoso itinerario por tierras castellanas bajo un sol abrasador en el que se embarcan los segadores donde Bardem va construyendo una cruda metáfora de las dos Españas, irreconciliables, cainitas, de rencillas y odios enconados y eternamente desafiantes, representadas por Luis “el Torcido” y Juan Díaz. Como buen comunista, al director siempre le preocupó la lucha de clases. Un comunista, eso sí, optimista, es por eso, que finalmente alumbra un lugar para la conciliación y la esperanza.

      Contando con la participación de secundarios de lujo como José Prada, Conchita Bautista, Vicente Alexandre y Fernando Rey, estamos ante una película que es a la vez la historia de un amor imposible (se masca la tensión sexual entre Luis “el Torcido”, al que da vida el actor italiano Raf Vallone, y Andrea, una Carmen Sevilla con gran intensidad dramática y guapísima con 28 años), y un viaje por las entrañas de la España profunda, una España de miedos, luto, hambre, harapos y penas. Así, un intento de violación, el encuentro con unos titiriteros errantes que, tras un incendio, nos hace recordar aquello de “a perro flaco todos son pulgas”, la solidaridad de la cuadrilla con los jornaleros en huelga de un pueblo por las deplorables condiciones laborales y la competencia con las máquinas segadoras que comienzan a poblar los campos, conforman el universo de una cinta que se impone como una señal de alerta ante el odio y el fanatismo ciego, que como el sueño de la razón, produce monstruos.