martes, 25 de septiembre de 2018

LIZA KEI, MODELO DE MELANCÓLICA BELLEZA



    Liza Kei es una modelo rusa que nació hace 28 años en Moscú, todo un bellezón de una belleza lánguida y melancólica, A temprana edad asistió a clases de ballet clásico y el baile sigue siendo muy importante en su carrera como modelo porque ha hecho de que desfile con más elegancia y para mostrarse con naturalidad ante las cámaras. Además, lo sigue practicando para mantenerse en forma y se siente más segura con la gracilidad que le otorga el entrenamiento para sus movimientos en la pasarela.

   
   Pero la formación de Liza no se queda sólo  en el baile y los desfiles y posados, pues se graduó en periodismo y lingüística. Está claro que su pasión es el mundo de la moda y le encantan los desfiles y sesiones fotográficas, así ha participado en campañas publicitarias para Estee Lauder, Victoria Beckham, Olay y Roberto Cavalli. Liza se convirtió en una de las modelos favoritas para publicaciones de moda, alta costura y tendencias como Vogue, L´officiel y Harper´s Bazaar, además de ser portada de Playboy como Playmate del mes de agosto de 2017.

  
  Ella piensa que el universo de la moda y las pasarelas no envejece, que las modelos se renuevan, que todas dejarán su huella y que siempre hay lugares nuevos que descubrir. Pero sus primeras experiencias con la moda le llegaron a través de su madre, que cosía ropa en un taller de confección privado. A Liza, que mide 1´75 cm, se la puede ver a veces con DJ Magnum en su cuenta de Instagram y publicó una foto con Oliver Stone cuando el estreno de la película Snowden. Con 74K seguidores en su red social, nuestra modelo siempre exhibe una fotogenia y simpatía desbordante. Aunque claro, como siempre, este artículo es sólo una excusa para admirar una vez más su belleza.  



domingo, 16 de septiembre de 2018

CRÍTICA: "LA MONJA" (Corin Hardy, 2018)


Fórmula clásica, ninguna novedad
LA MONJAêê
DIRECTOR: CORIN HARDY.
INTÉRPRETES: DEMIAN BICHIR, TAISSA FARMIGA, JONAS BLOQUET, BONNIE AARONS, CHARLOTTE HOPE.
GÉNERO: TERROR / EE.UU. / 2018 / DURACIÓN: 96 MINUTOS.


    El director irlandés Corin Hardy debutó con el largometraje The Hallow (2015), una coproducción con Reino Unido que es un aseado relato de terror sobrenatural sobre una pareja que se traslada a una zona rural con su hijo recién nacido y comienza a percibir pronto las advertencias de los malos espíritus que pueblan la zona. No he tenido la oportunidad de ver su mediometraje Butterfly (2003) film de animación de extraña temática.

  
   Hardy da el salto a Hollywood con esta supertaquillera La monja, que nos narra cómo una joven monja se suicida en un convento de clausura de Rumanía. Hasta allí son enviados por el Vaticano un sacerdote, el Padre Burke (Demian Bichir) y una novicia, Hermana Irene (Tissa Farmiga) para investigar el funesto suceso. Juntos descubren el profano secreto de la orden arriesgando no sólo sus vidas, también su fe y hasta sus almas. Así se enfrentarán a una fuerza maléfica en forma de monja demoníaca en una lúgubre abadía que se convierte en campo de batalla del horror entre los vivos y los condenados.


     Nuevo spin-off de Expediente Warren: The Conjuring (James Wan, 2013), todo un universo del que se irán extrayendo “perlas” hasta el hastío. Pero la pela es la pela, y tras las dos películas centradas en la muñeca Annabelle (hay una tercera en preproducción), los responsables del invento, con James Wan a la cabeza, abren otro cauce derivado de las inquietantes historias investigadas por la pareja de parapsicólogos Lorraine y Ed Warren. La monja no aporta ninguna novedad al género y su esquematismo puede resultar irritante si uno observa la pobre maquinaria que se esconde tras el cortinaje. Y es que los previsibles sustos acompañados de contundentes efectos de sonido no representan un aliciente como para dar entidad a lo que ocurre en esa fantasmagórica abadía rumana.  

     Tomando como base un libreto simplón y una narración tramposa, La monja sólo resulta sugerente por su aspecto visual y la espectral atmósfera creada en el ancestral convento. La aparición de la monja demoníaca se hace esperar y los clichés se acumulan en el alarmante microcosmos creado para la ocasión: camposantos con sepulturas de las que cuelgan unas campanitas, sótanos oscuros, la tenue luz de las velas y una puerta convertida en entrada al averno. Todo tan estereotipado, tan formulario.

  
  La monja es algo así como el pasaje del terror de una barraca de feria, con escenarios y decorados tenebrosos pero rebosantes de viejos trucos y cartón piedra. Es en esos elementos donde la función se acerca a la iconografía clásica del terror italiano y español de los años 70 y a las producciones Hammer, en donde lo gótico se fundía con lo sobrenatural. No es suficiente porque son lugares demasiado comunes muy explorados ya por el aficionado. Los efectos especiales son muy simplones, la figura del sacerdote perseguido por los fantasmas del pasado se impone como recurrente y eso sí, su propuesta de serie B con 22 millones de dólares de presupuesto verá multiplicado sus ingresos hasta el infinito.


martes, 4 de septiembre de 2018

BROOK POWER, MADRE, MODELO Y ARTISTA


   La modelo de glamour estadounidense Brook Power (14 de septiembre de 1989, Hawái) fue nombrada Playmate del mes de mayo de 2016, pero tal es su belleza y simpatía que en 2017 fue elegida Playmate del Año. Además de modelo, Brook es una artista visual que tiene su propio blog llamado Bushbaby Art. Una de las muchas razones que nos llevó a fijarnos en ella  es que es una de las pocas madres (tiene un hijo que se llama Ozzy con el modelo Zac Taylor) que ha sido elegida Playmate.


    Power nació y se crió en Hawái, pero más tarde fijó su residencia en Los Ángeles para seguir su carrera de modelo. Tan sólo cinco meses después de haber dado a luz y tras su irrupción en la portada de mayo de 2016, la modelo fue nuevamente portada de la revista masculina, para lo que sometió a su cuerpo a un duro entrenamiento de recuperación. Chris Deacon, director creativo de Playboy, dijo estar emocionado: “Ella es el epítome de un espíritu libre, chispeante y creativo, un equilibrio perfecto para una belleza única”.


    Criada en la isla hawaiana de Oahu, creció deleitándose con el esplendor del océano y la jungla. Ahora pasa sus días en la soleada Inglewood (California) donde además trabaja como artista visual en un collage que intrincadamente va formando capas que inspiran sentimientos de euforia surrealista. Sus aficiones favoritas son montar a caballo a pelo y surfear en Malibú, ciudad al oeste del condado de Los Ángeles. Pero como más libre se siente es navegando en su Hawái natal.



CRÍTICA: "YUCATÁN" (Daniel Monzón, 2018)


Ni pizca de gracia
YUCATÁNê
DIRECTOR: DANIEL MOONZÓN.
INTÉRPRETES: LUIS TOSAR, RODRIGO DE LA SERNA, STEPHANIE CAYO, JOAN PERA, TONI ACOSTA, ADRIÁN NÚÑEZ.
GÉNERO: COMEDIA / ESPAÑA / 2018 / DURACIÓN: 130 MINUTOS.

    El cine de Daniel Monzón, que anteriormente se dedicaba a la crítica cinematográfica, me empezó a interesar a raíz de la excelente Celda 211 (2009) merecidísimo Goya a la Mejor Película aquel año y tal vez el mejor thriller carcelario de nuestro cine. Y es que a mí ni su ópera prima El corazón del guerrero (2000), ni El robo más grande jamás contado (2002), ni La caja Kovak (2006) me aportaron suficientes elementos como para perdurar en mi memoria. Su penúltima película El niño (2014) sí me resultó un film entretenido con el tema del narcotráfico en la raya de Gibraltar como tema central.


    Con Yucatán Monzón idea una comedia coral con un guión firmado por el propio director y el prestigioso Jorge Guerricaechevarría. Su trama sigue a Lucas (Luis Tosar) y Clayderman (Rodrigo de la Serna) dos estafadores y profesionales del engaño que viven de engañar a turistas ingenuos en cruceros de lujo. Hace años trabajaban juntos, pero la rivalidad por Verónica (Stephanie Cayo) la bellísima bailarina del barco, les hico perder la cabeza y dio al traste con su sociedad. Ahora trabajan por separado, Lucas en el Mediterráeo y Clayderman en el Atlántico. Ese fue el acuerdo, pero un inesperado botín impulsa a Lucas a irrumpir en el barco de su exsocio, lo que convierte la exótica travesía de Barcelona a Cancún, pasando por Casablanca, Tenerife, Brasil y la selva de Yucatán en un encarnizado duelo de tramposos sin ninguna regla, pero muchos golpes bajos.


     Uno no entiende bien este empeño por la comedia de Daniel Monzón. Sí, está en todo su derecho de hacer lo que le plazca, pero es que, demostrado está, sólo acierta con el thriller, género en donde demuestra una gran pericia. Nada funciona en Yucatán si exceptuamos los fugaces paseos por paisajes exóticos y la bella bailarina de la función. Partiendo de un libreto fallido, los momentos de pretendido humor resultan rancios y provocan un cierto rubor, por no hablar de los desnortados personajes, tan estereotipados como cansinos con sus tonterías y memeces… o de las subtramas, que se imponen como simple relleno y que carecen del más mínimo interés. Errática fusión de comedia, drama, musical, romance y película de timadores, la plomiza trama no tiene chispa en ninguno de estos ingredientes, mucho menos si un tiempo excesivo se va en números musicales que bien se los podían haber ahorrado y así acortar el larguísimo metraje de un relato que se bifurca por el terreno de la comedia romanticona con mensaje.


     No creo que los responsables de esta inanidad pensaran que con estos mimbres aportarían alguna novedad a un género ya de por sí muy castigado. No, por supuesto, con gags como el de las pedorretas o esa bochornosa escena de la estafa en Casablanca. Sólo la belleza de la cantante y actriz peruana Stephanie Cayo (¡qué cuerpo!) merece ser resaltada, y sólo cuando ella aparece en la pantalla capta la acción mi interés, por razones de puro embeleso, puesto que las situaciones pensadas para hacernos sonreír son sólo un banal despropósito. Poca cosa más se puede extraer de un libreto flojísimo que alcanza la cumbre del disparate cuando en el giro final se intenta dar coherencia con un mensaje escrito a todo lo sucedido, a tantos bandazos y giros estériles. Todo el reparto está muy desaprovechado y sólo Joan Pera aporta empatía a la platea, aburrida de estas olvidables vacaciones en el mar.