martes, 29 de abril de 2014

DEVIN JUSTINE, LA MUJER SOÑADA

   

   La modelo norteamericana DEVIN JUSTINE (Westlake Village, California, 12 de octubre de 1989) mide 1`70 metros de estatura y pesa 53 proporcionadísimos kg. Devin tiene unas serenos y profundos ojos azules grisáceos y dos tatuajes en su infartante cuerpo; uno en su nalga izquierda que es una oda a la alegría, “La Bella Vita”, y otro en el omoplato izquierdo en el que podemos leer la frase “Hasta que el cielo caiga en mis brazos”. Chica Cybergirl en Playboy, a esta extraordinaria bomba rubia le corre por las venas sangre sueca y cherokee, una mezcla brutal que da como resultado una perfección curvilínea, un bellísimo rostro que me recuerda a la actriz francesa Emmanuelle Béart y unos pulposos y sabrosos labios.


      La fantasía de cualquier hombre hetero hecha realidad que nos hipnotiza con su mirada cálida y que exige toda la atención sin pronunciar una sola palabra. Aunque tenía una mínima experiencia como modelo, esta es la primera vez que se desnuda, y suponemos que Playboy no se lo pensó a la hora de dar una oportunidad a esta mujer de sólo 25 años que creció muy deprisa, se casó joven, tuvo hijos y ahora es una madre soltera que trata de ser independiente y un buen ejemplo para su hija.



      Vive en Westlake Village, un suburbio que se extiende al oeste del condado de Los Ángeles porque, nos dice, es un lugar agradable y tranquilo para formar una familia. Trabaja duro de camarera y Chica Hooters, y en su tiempo libre le gusta dibujar, escuchar música e ir con sus hijos a la playa. Ella está sola y busca un hombre que le de confianza, que no sea arrogante y tenga humos y estilo. No le gustan las citas a ciegas y ni a través de la red, ella es más de relaciones cercanas, en las que se comparten hasta las pequeñas cosas de la vida. Por supuesto, a este cronista Devin le vuelve loco.  

domingo, 27 de abril de 2014

CRÍTICA DE: "POMPEYA"


Pastiche multirreferencial
POMPEYA êê
DIRECTOR: PAUL W.S. ANDERSON.
INTÉRPRETES: KIT HARINGTON, EMILY BROWNING, JARED HARRIS, KIEFER SUTHERLAND, CARRIE-ANNE MOSS, JESSICA LUCAS.
GÉNERO: DRAMA HISTÓRICO / EE. UU. / 2014  DURACIÓN: 102 MINUTOS.   

     En esta moda de trasladar a la pantalla grande hechos históricos le toca el turno a la catástrofe acaecida en la Antigua Roma sobre la ciudad de Pompeya -lugar de vicio y corrupción- que fue enterrada por la violenta erupción del volcán Vesubio el 24 de agosto del año 79 d.c., falleciendo sus habitantes debido al flujo piroclástico. Claro que, a uno le invade una pereza infinita cuando se tiene que enfrentar al visionado de una película dirigida por Paul W.S. Anderson, que con una filmografía de una decena de títulos que incluye las tres entregas de Resident Evil, y otras “joyas” como Mortal Kombat, Soldier, Alien vs. Predator, Death Race: la Carrera de la Muerte y Los Tres Mosqueteros, está muy lejos de pasar a la historia en este difícil arte de hacer cine. Sólo me resulto pasable aquel film de ciencia-ficción titulado Horizonte Final (1997), que con cierta resonancia a Alien se veía castigado por una artificiosa resolución final.


      POMPEYA, que como citaba unas líneas más arriba nos  traslada al año 79 d. c., nos presenta al joven celta Milo (Kit Harington), un esclavo convertido en gladiador dispuesto a vengarse de las huestes de Julio César que mataron a su familia y que ve como a su amor, la joven Cassia (Emily Browning), la obligan a prometerse con un corrupto senador, Corvus (Kiefer Sutherland). Cuando el Vesubio entra en erupción  amenazando con destruirlo todo, Milo intentará salvar a su amada en medio de la catástrofe y la destrucción.
     

      Con un impostado tufillo a producto de serie B, POMPEYA se impone como un espectáculo visual pirotécnico en donde nada tiene interés hasta el final. Con su mezcla de cine de aventuras y catástrofes, péplum, epopeya histórica y drama romántico, Paul W.S. Anderson tira por elevación para buscar portentosas influencias que van desde el Conan de John Milius, el Titanic de James Cameron, el Ben-Hur de William Wyler y el Gladiator de Ridley Scott, cuatro películas que podíamos decir han orquestado el guión dando como resultado un pastiche multirreferencial que en determinado momento produce vergüenza ajena. Y no se trata solamente de eso, porque si cogiendo retales de de muchas y variadas películas se confecciona un tapiz lustroso (lo hace casi siempre Tarantino con enorme descaro pero también con envidiable pericia), podemos hasta perdonar el engaño, pero es que el artefacto que nos presenta el director británico no ofrece nada que no hayamos visto antes mil veces pero peor realizado, y sólo es un pasatiempo convencional, desaliñado y simplón saturado de efectos CGI y actuaciones poco convincentes.


      POMPEYA es una película afectada, excesivamente superficial y artificiosa que peca de reiterativa y rocambolesca. Insisto, los actores están desaprovechados a pesar de que Kit Harington (el John Nieve de la serie “Juego de Tronos”) hace lo que puede, no digamos Kiefer Sutherland que en algunos momentos, que suponemos decisivos, roza el ridículo, aun así, me arrancó una gran carcajada que el joven Milo enamorará a la bella Cassia (que a mí no me lo parece en absoluto) quebrándole el cuello a un caballo. Como película épica, de esas en donde la lucha por la libertad se acaba convirtiendo en una lucha por la supervivencia, la función carece de la emoción y espectacularidad de otras películas memorables del género. Los problemas de un guión deslavazado lo impiden, actuando de rémora para la evolución psicológica de los personajes. El invento sólo puede ser mínimamente disfrutable en algunos aspectos técnicos (el diseño de producción, la iluminación y el proteico montaje que nos regala algunas escenas de lucha y acción aseadas), sobresaliendo el clímax brutal de la erupción del volcán como el momento más atractivo de la película, y que queda registrado como un documento dramático aislado que se podría visionar ahorrándose el resto de la película. 

jueves, 24 de abril de 2014

"SHAME", LA ESCLAVITUD DEL SEXO


      Tras su magnífico debut con Hunger (2008), una emotiva crónica sobre los acontecimientos que tuvieron lugar en 1981 con motivo de la huelga de hambre que llevaron a cabo algunos miembros del IRA liderados por Bobby Sands, el director británico Steve McQueen nos presentó SHAME (2011), en donde cuenta de nuevo con su actor fetiche Michael Fassbender para dar vida a Brandon Sullivan, un joven y apuesto treintañero neoyorquino con problemas para controlar y disfrutar de su agitada vida sexual. Obsesionado con el sexo, se pasa el día hojeando revistas pornográficas, contratando prostitutas y manteniendo relaciones esporádicas con solteronas de Manhattan. Un día se presenta su hermana, Sissy (Carey Mulligan) en su casa sin previo aviso, con la intención de quedarse unos días.


     Con la llegada de su hermana la vida de Brandon toma otro cariz, ya que si el espectador se siente al principio fascinado e incluso tentado por la envidia hacia ese playboy de presencia física imponente, que se folla a quien le da la gana, que goza de un trabajo exitoso y un apartamento de lujo, poco a poco irá descubriendo que tras esa tentadora fachada sólo existe un profundo vacío existencial, y que el sexo actúa como un punto de fuga  para huir de la asfixiante soledad de una vida desierta de sentimientos y emociones.


      Y si Michael Fassbender da oxígeno de manera pluscuamperfecta a ese ser solitario y alienado, que se deja llevar por instintos primarios y deseos compulsivos, una magnífica Carey Mulligan aparecerá como el elemento distorsionador de su conciencia para obligarle a reflexionar y replantarse su vida, hasta el punto de hacerle sentir la vergüenza que alude el título. Ella, su hermana, con evidente falta de cariño, que no tiene claro su destino, inestable y sensible, va a generar en Brandon un dilema moral sobre su forma de manejarse, de ahí que cuando se siente atraído por una chica, en una relación que le va a exigir una mayor implicación, toda su aparente seguridad se derrumba en abisal y descorazonadora frustración. No estamos ante una fábula moral, Steve McQueen nos acerca a esta cruda y demoledora historia de manera valiente y sin concesiones, narrada con largos planos y una fisicidad nada epidérmica. Me costó reconocerlo tras el primer visionado; en la relación de los hermanos se adivina un pasado tenebroso, pero está claro que la inalcanzable ensoñación, la mujer ideal que persigue Brandon, está representada por su hermana, algo que tal vez sólo  es posible captar en algunas sinuosas miradas. Shame actúa como un espejo de nuestra sociedad hedonista, del placer instantáneo, y acongoja esa visión de un Nueva York desangelado donde cada día naufragan miles de corazones solitarios.

martes, 22 de abril de 2014

SHELBY CHESNES, SE TE CAERÁ LA BABA


                             
     La bellísima modelo SHELBY CHESNES (Júpiter, Florida, 14 de febrero de 1991) luce un cuerpo absolutamente natural, mide 1`60 metros de estatura y pesa 45 kg. Sólo por eso, por su espectacular belleza natural, sus dulces ojos de color caramelo y su cándido y perfecto rostro, merece estar en este blog, y ya no sé si de tanto mirarla es real o existe sólo en mis sueños. Apareció en la revista Playboy como Playmate del mes de julio de 2012, y en su página central fue fotografiada por Stephen Wayde. Sin lugar a dudas, es una de las mujeres más hermosas que han aparecido en esta mítica revista en toda su historia. Dejo a mis lectores con una impactante y selecta galería de esta preciosa supermodelo, tengan cerca sus pañuelos porque no tardarán en babear.