jueves, 30 de julio de 2015

KAYLIA CASSANDRA, DE ÉBANO Y MARFIL

     
   
      La modelo erótica norteamericana Kaylia Cassandra (Grand Forks, Dakota del Norte, 23 de marzo de 1990) llevó una vida nómada en su infancia cambiando continuamente de Estado ya que su madre pertenecía al ejército. Viviendo en pequeños pueblos, Kaylia trabajó para poder hacerse un nombre como modelo y realizar así sus sueños. Soltera y sin compromisos, cuenta que tiene debilidad por los tipos duros, musculosos, tatuados y que proyectan una bonita sonrisa. Ella mide 1´68 cm de estatura, pesa 51 kg, tiene el pelo negro y los ojos marrones, y aunque ya había realizado algunos trabajos publicitarios, nunca había posado desnuda hasta la sesión en Playboy a la que accedió a través de la convocatoria de un casting.


     A Kaylia lo mismo la vemos en un cartel del Festival Bang, en un calendario Bud Light Fantasy o en la web Cybergirl de Playboy. Preciosa en una sesión fotográfica retro a cargo de Sasha Eisenman, ella pasó de Cybergirl en 2012 a Playmate del mes de junio de 2015, una serie de sugerentes fotos en las que aparece con un kimono suelto y zapatos de tacón. Kaylia tiene duende, una simpatía natural que fusiona con la excitante sensaciones que despierta su cuerpo en forma de reloj de arena, su tez morena, delgada pero con unas curvas muy bien perfiladas, de suaves y calientes caderas y unos ojos de mirada serena que proyectan cercanía y paz.


     Kaylia y su familia se establecieron eventualmente en Hershey (Pensilvania) y como una chica de pueblo peleona nos dice que “la única persona con la que no competirá jamás es consigo misma”. Entre sus aficciones se encuentra el fútbol, el snowboard, el senderismo y pasar las noches tranquilas en su casa jugando con su cachorro de perro labrador. También nos dice que no es una mujer que necesite mucho lujo para pasarlo bien, le basta con una copa de vino y estar cómodamente sentada en el sofá… sin descartar que esa armonía se rompa por algo atractivo y sexy. Cuida mucho de su cuerpo porque, dice, sólo tenemos uno para trabajar, divertirnos y, en definitiva, vivir vida intensamente. 


lunes, 27 de julio de 2015

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER” (1987)


         Primera incursión del director norteamericano Philip Kaufman en un film de temática erótica a la que seguirán Henry & June (1990) sobre el triángulo formado por el novelista Henry Miller, su mujer June y su amante Anaïs Nin en el bohemio París de los años 30; e el biopic sobre el Marqués de Sade Quills (2000). Adaptación de la novela homónima del escritor checo Milan Kundera, La insoportable levedad del ser nos sitúa en la Praga inmediatamente anterior a la invasión soviética de 1968. Tomás (Daniel Day-Lewis) además de cirujano es un hombre mujeriego que sólo tiene como aspiración encontrar una felicidad que no se vea alterada por cuestiones como la libertad, el compromiso, el consumismo… lo que le provoca conflictos existenciales, sentimentales y sexuales. Su vida se debate entre su esposa, Teresa (Juliette Binoche) que sufre las infidelidades de su marido pero se resigna a aceptarlas por temor a perderle; y Sabina (Lena Olin) su eterna amante, que es quien verdaderamente siente la levedad, la ligereza de las cosas, sin otorgar importancia a la infidelidad y a casi ninguna cosa, consecuencia de su actitud amoral y anodina.  


       Ni mucho menos me decepcionó esta traslación a la pantalla grande que realizó Kaufman de uno de los libros más comentados y populares de la década de los 80, una empresa ciertamente arriesgada. Rodeado de un potente elenco (no muy conocido en aquel tiempo), una soberbia ambientación, sugerentes cambios cromáticos y dotando a la acción de ciertos matices históricos-políticos que nos sumergen en un tiempo y un lugar tan apasionantes como convulsos, logra una obra perdurable de la que aún se recuerdan escenas y detalles jugosos. Tomás se erige en el km 0, el tótem de un triángulo en donde convergen las vidas de dos mujeres antitéticas: Teresa, su mujer, soñadora, introvertida, romántica y poseedora de una belleza pura provinciana; y Sabina, su amante, desinhibida, despreocupada, sofisticada, estereotipo de la mujer sexy y urbana.


       La insoportable levedad del ser no está exenta de lirismo, de tristeza y fracaso (la invasión soviética de un país, Checoslovaquia, que estaba dando los pasos adecuados para situarse en los parámetros de la socialdemocracia europea) y la naturaleza liberadora, catártica, del sexo, o, probablemente, la más dulce forma de la esclavitud. Tal vez, en el film las escenas de sexo se nos muestren excesivamente contextualizadas por el componente dramático derivado por la esencia opresora del comunismo y el carácter sórdido de la existencia que inflige. El elemento más sensual y dinámico lo aporta la bella actriz sueca Lena Olin, dueña de una exuberancia sideral sin caer nunca en la vulgaridad. Despojada de la complejidad intelectual del texto de Kundera, en la cinta (que incluye secuencias sugerentes como la de Sabina y el sombrero) quedan bien definidas las vías en litigio del dilema existencial: la levedad (la vida hedonista o disipada, la falta de compromiso y responsabilidad, el desenfreno sexual, el extravío, la inmoralidad); y el peso de la existencia (las ataduras del matrimonio, el orden, la angustia vital, la responsabilidad, los celos, el estado de las cosas). Pero por encima de todo está el miedo a perder la libertad, de ahí que el desfile de tanques soviéticos ponga fin los sueños evanescentes, a la levedad, obligando a los protagonistas a guardar sus vidas en una maleta y emigrar a otros lugares, amanecer bajo otro cielo donde vivir no sea un martirio perpetuo.


domingo, 26 de julio de 2015

STAR 80: SANGRE TRAS EL BIOMBO

    
     
       Como rezaba el lema de una excelente serie de televisión española, la historia de Hollywood es también la historia de sus crímenes. Dororhy Stratten nació en Vancouver (Canadá) el 28 de febrero de 1960 en el seno de una familia humilde. Su vida quedó marcada por el encuentro en 1978 con un chuloputas que se movía por los alrededores de Beverly Hills, Paul Snider, en una cafetería de Vancouver, en donde ella trabajaba por horas de camarera. El vulgar y apuesto proxeneta vio enseguida el potencial de la chica y en sus kilométricas piernas dos torres petrolíferas que le podían proporcionar dinero a paladas. Nada extraño, todos los hombres que se acercaban a Dorothy, que entonces tenía 18 años, quedaban hipnotizados por su belleza. Snider comenzó a agasajarla con golosos regalos, pero su mente no dejaba de pensar en el dinero que podía ganar explotando a aquella voluptuosa rubia de 1´75 cm de estatura.


      Un día, Paul Snider contrató a un fotógrafo para que retratara su rostro y su cuerpo desnudo y envió una serie de fotografías a Playboy. Hugh Hefner, el dueño del imperio Playboy, la citó enseguida para una prueba cuyos resultados fueron fantásticos debido a la excelente fotogenia de la joven canadiense. Así, Dorothy comenzó a trabajar como conejita en el club Playboy de Los Ángeles hasta su celebrada aparición en las páginas del ejemplar de agosto de 1979 de la popular revista. Su belleza no pasó desapercibida para nadie en la ciudad de los oropeles y las bambalinas. Snider y Dorothy se fueron a vivir a una casita de estilo español situada en el Boulevard Santa Mónica, próxima a Bel Air, lugar de residencia de artistas, productores y directores de cine. Entre ellos, Peter Bogdanovich, con debilidad por las chicas rubias, altas y hermosas, y al que conoció en el programa “Roller disco and pijama party”, una fiesta televisiva celebrada en casa de Hug Hefner que resultó una bacanal visual. Sin importar sus dotes interpretativas, bastaba con su presencia para encandilar los ojos de millones de espectadores en series como La isla misteriosa, Buck Rogers en el siglo XXV o en películas como Galaxina (William Sachs, 1980) o Todos rieron (Peter Bogdanovich, 1981).


         Snider intentaba mantener a Dorothy al margen de su sórdida vida como promotor de toda clase de putiferios, pero la mantenía a raya con unas normas estrictas: no la dejaba fumar ni tomar café para que no se mancharan sus dientes, le controlaba el alcohol que bebía y le enseñaba como deshacerse de los moscones que zumbaban a su alrededor en el club o la mansión Playboy. Se habían casado por lo civil en 1979 en Las Vegas en contra de los deseos de Playboy poco antes de que apareciera el número de agosto de 1979 con Dorothy como principal reclamo. Snider decoró la casa con fotografías de su musa y se compró un lujoso Mercedes con una matrícula en la que se leía “STAR80”. Snider, un tipo narcisista, celoso y machista recalcitrante, comenzó a tener celos de las atenciones de Hugh Hefner hacia su mujer en forma de carísimos regalos y sentía que ya no controlaba su carrera. Lo peor es que Snider se tenía que preocupar también de Bogdanovich que se había encoñado con Dorothy a quien veía como la mujer perfecta. Durante el rodaje de Todos rieron en Nueva York, nadie se enteró de que Dorothy se había trasladado a la suite que el director ocupaba en el Hotel Plaza.


        A Snider le llegó el mazazo cuando ella canceló las cuentas bancarias que tenían en común y llegó la notificación legal de divorcio. Deslumbrado por Dorothy, Bogdanovich pasó 15 días inolvidables con ella en Londres y luego se trasladaron a la lujosa residencia del director en Bel Air. El viernes 8 de agosto de 1980 se citó con su marido para recoger algunos vestidos y trató de convencerla para que volviera con él. Ante la negativa, Snider quedó abrumado y se obsesionó con conseguir un arma, una escopeta Mossberg que decía era para su protección. El jueves siguiente se produjo una nueva cita para llegar a un acuerdo financiero definitivo. Dorothy llegó a la casa de Snider al mediodía en su viejo Ford Mercury. Una modelo amiga de Paul, Patty, pasó por la casa sin encontrar a nadie y halló extraño que el dormitorio de Snider estuviera cerrado. Más tarde telefoneó insistentemente sin obtener respuesta, por lo que decidió llamar a la policía.


      Cuando llegó la policía, una hilera de hormigas les condujo hasta el dormitorio donde se encontraban sus ocupantes, desnudos y muertos. La Chica del Año Playboy 1980 (Playmate of the Year 1980, número de junio de ese año) estaba en completo rigor mortis tendida sobre la alfombra y tenía el rostro destrozado por un disparo. Paul Snider se encontraba sentado con la espalda apoyada sobre la pared, con la mejilla derecha abrasada por un disparo a bocajarro y los sesos desparramados. Sobre sus piernas descansaba la escopeta Mossberg y en una de sus manos conservaba todavía un mechón de pelo rubio, una señal de que el asesinato-suicidio se había producido tras una pelea salvaje. El trágico suceso hizo que se tambaleara el imperio Playboy, no sólo porque Dorothy era la actual Playmate, también porque de entre todas ellas era la que más prometía convertirse en una fulgurante estrella de Hollywood, uno de los sueños más anhelados de Hugh Hefner.

     
      El sueño acabó convirtiéndose en pesadilla y un desquiciado Bogdanovich culpó a Hefner por la explotadora destreza de su maquinaria sexual. Sin embargo, está claro que fueron los celos de Snider el motor que generó la tragedia, pues viendo que perdía su fábrica de dinero pensó que si Dorothy no era para él no sería para nadie, y en todo caso, sería Bogdánovich una pieza importante de ese puzzle maldito al convertirse en amante encoñadísimo de la exuberante Dorothy. Una chica hermosa y una muerte fea. Como publicó la revista People: Tan hermosa que parecía resplandeciente; como si la luz surgiera de su interior”. Una belleza sólo indestructible en el recuerdo indeleble de los que un día la conocieron. En el año 1983 Bob Fosse llevó al cine esta nueva crónica de un fracaso, un relato nada inocente del cruel e inmoral mundo del estrellato con el título Star 80 y el protagonismo de Mariel Hemingway y Eric Roberts, fue el último film dirigido por Fosse e inspirado en un artículo que ganó el premio Pulitzer.        
              

viernes, 24 de julio de 2015

RITA ORA, MÁS CURVAS PARA LA MÚSICA POP

      
    
     Puedo pasar perfectamente de su música y todavía es pronto para juzgar sus trabajillos como actriz… pero  me gusta Rita Ora (Pristina, Kósovo, 26 de noviembre de 1990), la cantante británica de origen kosovar es una éxito internacional, y mujer muy sensual que comenzó a tener un cierto reconocimiento artístico en 2011 en países como Reino Unido y posteriormente en Irlanda, Nueva Zelanda y Australia. Tras colaboraciones con DJ Fresh y Tinie Tempah, en 2012 lanzó su disco debut, ORA, que no alcanzó un gran  éxito, y sólo algunos sencillos extraídos del álbum obtuvieron cierta repercusión en los países anteriormente citados.


        Rita Ora aparece en la película Cincuenta sombras de Grey (Sam Taylor-Wood, 2015) en el papel de Mia Grey, hermana adoptiva del protagonista Christian Grey, y aparecerá también en las secuelas previstas para los años 2017 y 2018. La cantante y actriz aún no tiene listo se segundo disco, por lo que ha continuado promocionando el de su debut con el lanzamiento de otro sencillo titulado “Radiactive”. Rita ha seguido desarrollando también su rol de actriz en series de televisión como 90210 y en una aparición en la película Fast & Furious 6 (Justin Lin, 2013). La cantante es también el rostro de la línea de ropa “Material girl”, perteneciente a Madonna y su hija.


      Como apuntaba, su estilo musical entre el pop, el R&B y el soul no me dice gran cosa (yo soy más de rock y música electrónica), una expresión que tiene una influencia clara de divas musicales como Beyonce y Rihanna aunque luce una estética con resonancias a Gwen Stefani. Rita nos gusta por su atrevida forma de vestir, con transparencias, faldas y tops que son una golosina para erotómanos. Su extravagancia y cambios de look acaparan todas las miradas en cualquier fiesta o evento. Además de contar con su propia línea de cosméticos con Rimmel London y una colección de ropa y zapatillas Adidas, ha posado de manera muy sugerente para el célebre fotógrafo Terry Richardson, una sesión en donde aparece en unas poses muy sexys y provocativas aunque nosotros siempre le pediremos más. Te queremos, Rita.