sábado, 30 de abril de 2016

TRES RAZONES PARA NO PERDERSE “TRIPLE 9”


     El próximo 6 de mayo se estrena en nuestro país Triple 9 (2016), la última película de John Hillcoat (La carretera, Sin Ley), un magnífico thriller que disfrutarán los amantes de la literatura noir de James Ellroy y de series magistrales como The Wire. Su título original “Triple 9” (Triple Nine) se debe al código policial que significa ayuda inmediata, que se activa cuando hay un oficial de la policía caído. La trama sigue a un grupo de criminales y policías corruptos de Los Ángeles que planean activar esa alerta para así desviar la acción de la policía  hacia la otra parte de la ciudad del lugar en el que se está perpetrando un gran robo. Aquí expongo algunas de las razones por las que el aficionado no debe perderse este thriller de acción que se estrenó en Los Estados Unidos el pasado mes de febrero.


1-El reparto: un potentísimo reparto coral compuesto por excelentes intérpretes como Casey Affleck, Chiwetel Ejiofor, Anthony Mackie, Aaron Paul, Woody Harrelson, Kate Winslet, Teresa Palmer, Norman Reedus, Gal Gadot y Clifton Collins Jr. Una oportunidad de ver a Kate Winslet haciendo de villana como la glamourosa y brutal jefa de la mafia rusa Irina Vlaslov.



     2-El culo de Teresa Palmer: nueva ocasión para admirar el hermoso culo de la preciosa, apetitosa, exquisita y, finalmente, inaccesible actriz australiana Teresa Palmer (Adelaida, 1986). La intérprete, a la que tengo dedicado un post en este blog titulado “Juegos perversos con Teresa Palmer”, actúa en un papel muy secundario como mujer del detective de la policía al que da vida Casey Affleck, y aunque la secuencia en donde exhibe el culo es muy fugaz, resulta al mismo tiempo muy sugerente. Aquí les dejo estas imágenes que ilustran de manera gráfica lo que les comento.

   
      3-El escenario y la acción: una vez más una película sobre policías corruptos tiene como escenario Los Ángeles, algo que viene siendo habitual en los últimas décadas. Una urbe absolutamente deshumanizada y amenazadora fotografiada con una luz alarmante y espectral que otorga a la historia una atmósfera desangelada, cruda y peligrosa. La acción en el film es flamígera y contundente, con adrenalínicas persecuciones y atracos sangrientos. Su tono de serie B, conjuga a la perfección secuencias de tiroteos y explosiones con el retrato más intimista.

   
    
   Razones para los que los aficionados al género no se pierdan el estreno de este atractivo film cuyo inminente estreno será el próximo viernes 6 de mayo. Están avisados. 

viernes, 29 de abril de 2016

GIGI HADID, DE TAL PALO, TAL ASTILLA

     

     Hija de la ex modelo holandesa Yolanda Foster, actual estrella del reality show Real Housewives of Beverly Hills, donde también ella participa, la modelo estadounidense Gigi Hadid (Los Ángeles, 23 de abril de 1995) fue nombrada una de las 12 mejores principiantes en el número anual de 2014 de la famosa revista Sports Illustrated. Tras el divorcio de su madre del promotor palestino Mohamed Hadid, la ex modelo se casó con el músico David Foster, convirtiéndose así en su padrastro. Gigi se graduó en el Malibu High School a los 17 años en 2012, en donde era la capitana del equipo de voleybol  escolar y una buena jinete. Tras su graduación se mudó a Nueva York para centrarse en sus estudios y su carrera como modelo. Desde 2013 estudia psicología criminal.


      Mantiene contrato con la agencia de modelos IMG Models desde 2011. Su carrera comenzó a la tempranísima edad de 2 años cuando fue descubierta por Paul Marciano para Guess. Empezó con Baby Guess pero tuvo que dejarlo por un tiempo para concentrarse en el colegio, aunque volvió y continuó trabajando con ellos y fue nombrada la imagen de la campaña de Guess de 2012. Con la firma ha realizado 3 campañas desde que es adulta. En febrero de 2014, hizo su debut en el New York Fashion Week, desfilando en la pasarela de Desigual. También debutó en el desfile de Jeremy Scott.

      
     De ascendencia palestina y holandesa, lo que confiere un cierto exotismo a sus rostro, con una estatura de 1´78 m y 65 kg de peso, Gigi ha aparecido en un videoclip del cantante australiano Cody Simpson, y en vídeos musicales de Calvin Harris, Taylor Swift y Zayn Malik. Con el citado cantante australiano tuvo una relación que duró un año, pero en 2014 rompieron. Volvieron a unirse después de que la revista People publicara que él deseaba reconciliarse y se les vio de la mano en Nueva York. Del mismo modo, fue comentado su corto romance con el actor Logan Lerman y otro con el cantante Joe Jonas. Actualmente mantiene una relación estable con Zayn Malik, quien junto a Calvin Harris y Taylor Swift han sorprendido a la modelo con un pastel de cumpleaños en un vuelo privado rumbo a Coachella el pasado mes de abril, celebrando su mayoría de edad que en los Estados Unidos es de 21 años. Les dejo este post en el que podemos admirar la hipnótica belleza de Gigi, camino de convertirse en una de las más demandadas supermodelos.



miércoles, 27 de abril de 2016

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “LAZOS ARDIENTES” (1996)

BOUND” (Andy y Lana Wachowski, 1996)


     Ópera prima de los hermanos Wachowski que aún hoy me sigue pareciendo su mejor película junto a Matrix (1999) pero que sigue siendo uno de sus títulos más desconocidos para el gran público. Una lástima porque a pesar de que pasó desapercibida en la época de su estreno, es un film con grandes atractivos (comenzando por los dos bellezones que encabezan el reparto) y la historia, desde el primer plano, desprende un aroma a neo-noir que te hace sentir que hay talento a raudales detrás de la cámara. Lazos Ardientes (Bound) nos cuenta la historia de Violet (Jennifer Tilly), que es la novia de Cesar (Joe Pantoliano) un blanqueador de la mafia. Un día conoce a Corky (Gina Gershon), una ladrona profesional que acaba de salir de la cárcel y que vive en el apartamento de al lado. Unidas por una extraña y mutua atracción, Violet le propone robar los dos millones que Cesar guarda en una caja fuerte.


        Andy y Larry/Lana Wachowski, que habían firmado el año anterior el guión de Asesinos (Richard Donner, 1995) aquel fallido film de acción que juntó en la pantalla grande a Sylvester Stallone y Antonio Banderas, decidieron a debutar con este thriller absolutamente  magnético que les auguraba una carrera prometedora. Lo fue hasta el éxito de Matrix y sus secuelas, pero poco a poco se han ido diluyendo con artefactos de gran espectacularidad visual pero tan insustanciales como Speed Racer, El atlas de las nubes y El destino de Júpiter. Me gusta Jennifer Tilly, me quedé prendado de ella en Los Fabulosos Baker Boys (1989) y en el remake de La Huida (1994), aunque fue en Lazos Ardientes cuando robó mi corazón para siempre; sus vertiginosas curvas, su voz melosa, sus pechos perfectos y unas manos de dedos largos y sensuales que uno siempre se imagina besando y haciendo guarrerías. El film sigue las constantes del cine negro: una pasión sexual entre una chica dura y una femme fatale, el robo de un dinero que pertenece a la mafia y que guarda el novio de una de ellas, traiciones, venganzas y huida. Sin duda es el componente lésbico de la función lo que eleva el tono erótico gracias a las creíbles actuaciones  de Tilly y Gershon. Así, la infidelidad, el deseo incontenible y las represalias son las claves en las que se apoya este nada pretencioso relato que bien podía haber salido de la mente de maestros de la literatura pulp como Jim Thompson o Elmore Leonard.


       Con una fotografía deslumbrante y un guión de hierro, la película forma parte, junto a otras como Fuego en el cuerpo, de la actualización de los clásicos del género que durante los años 80 y 90 realizaron muchos cineastas en lo que se dio en llamar “nuevo cine negro”. Por supuesto, la tensión, el suspense va in crescendo a medida que avanza el metraje, así como el voltaje de algunas escenas sexuales: el polvo portentoso que se marcan las dos protagonistas y que está rodado con increíble pericia, con la cámara acercándose en la semioscuridad al lecho donde retozan entre gemidos las hermosas Corky Violet. Y me gusta especialmente la secuencia en la que, las dos amantes, separadas solamente por el tabique de escayola del apartamento, ponen la mano en la pared en el punto en el que se encuentran una y otra. Una escena rodada con un fastuoso travelling cenital. Un truco que pone una nota de romanticismo al juego de seducción. O esa otra en la que Corky le hace un trabajo de fontanería a Violet y vemos la tubería gotear con las piernas de Violet al fondo. Lazos Ardientes, además de un guión inteligente en donde los giros y vueltas de tuercas están muy medidos, cuenta con un reparto hábilmente seleccionado y un excelente dominio de la técnica cinematográfica (atención a la muerte de Cesar en medio de una mancha de pintura). Si esta película, injustamente minusvalorada, la hubiera dirigido los hermanos Coen gozaría de mucho más prestigio. Caprichos de la crítica oficialista. Hora es de recuperarla.


lunes, 25 de abril de 2016

CRÍTICA: “TORO” (Kike Maíllo, 2016)

Los ojos de la virgen
TORO êêê
DIRECTOR: KIKE MAÍLLO.
INTÉRPRETES: MARIO CASAS, LUIS TOSAR, JOSÉ SACRISTÁN, CLAUDIA CANAL, INGRID GARCÍA JOHNSON, JOSÉ MANUEL POGA
GÉNERO: THRILLER / ESPAÑA / 2016  DURACIÓN: 100 MINUTOS.        


    Segunda película de Kike Maillo tras la aseada Eva (2011) uno de los pocos y más aceptables ejemplos de ciencia ficción española. Toro es un thriller de acción con un guión de Rafael Cobos (Grupo 7) y Fernando Navarro (Anacleto, agente secreto) en donde Mario Casas y Luis Tosar, protagonistas absolutos de la cinta, se ven acompañados por José Sacristán, Ingrid García Johnson, José Manuel Poga y la niña Claudia Canal. Distribuida por Universal Pictures y producida por Apaches Entertainment, Atresmedia Cine, Escándalo Films y ZircoZine.

      
     Si el pasado te persigue, de nada vale que trates de huir de él. Un trágico suceso provoca que Toro (Mario Casas) vaya a la cárcel. Allí pasará aislado cinco años de su vida. Pero, a pesar de su rebeldía, Toro intenta dejar atrás su oscuro pasado, ya que es la única manera de reinsertarse tratando, además, de no meterse en líos y tener una vida normal con su novia Estrella (Ingrid García Johnson). No obstante, con su familia las cosas se complican, y Toro se ve envuelto en una serie de sucesos provocados por viejas heridas sin cicatrizar. Al salir de la cárcel, Toro se encuentra con su desastroso hermano, López (Luis Tosar) que le meterá en un lío gordo. Y es que, López ha robado a un peligroso perista, Rafael Romano (José Sacristán) y ahora huye junto a Diana (Claudia Canal) su pequeña hija. Es entonces cuando los tres se ven inmersos en  un peligroso viaje, durante 48 horas frenéticas, por una Andalucía violenta, mítica y salvaje. Un viaje en el que los dos hermanos se verán obligados a reconciliarse para salvar sus días.


       Con clara influencia del cine norteamericano de los 70 y los cercanos ecos referenciales de Drive (Nicolas Winding Refn, 2011), Toro está lejos de ser una película redonda, pero Maíllo arriesga construyendo un thriller atípico dentro de la cinematografía patria para dibujar a un héroe prototípico trasplantado a la región más luminosa, peculiar y agreste del sur de Europa: Andalucía, territorio místico y mitológico fotografiado para que luzcan con insultante desfase las huellas de un desarrollismo descontrolado y hortera que acabó convirtiendo sus hermosas playas en un laberinto impersonal de ladrillo y cemento. Por ella se mueve Toro/Mario Casas, un delincuente en busca de redención a quien la cámara quiere y cada día que pasa es mejor actor a pesar de que progresa poco en su torpe dicción, pero si hay algo que se ajusta a su personalidad explosiva es un relato en donde tenga que demostrar su fuerte temperamento y sus dotes para la acción. Como en este thriller en donde las circunstancias le harán caer en una espiral de violencia cuando su deseo es llevar una vida anodina y tranquila junto a su novia, una Ingrid García Johnson con un papel poco sustancial. Pronto comprobará lo difícil que es dejar atrás su pasado delictivo como lugarteniente del jefe mafioso Romano, su mentor, un enorme José Sacristán que representa el horror sin el más mínimo pestañeo, y cuya codicia sólo es superada por su sed de sangre y venganza.


      Con una intro que fusiona el opening de True Detective y los title sequence de la saga James Bond, en Toro flojea el guión de una historia cosida por mil hilvanes narrativos, visuales y escénicos, con un Maíllo intentando atrapar las esencias neo-retro de films magistrales como el citado Drive, e incluso de la indonesia The Raid en el clímax final, pero que no encuentra el tono emocional y le falta valentía para hacer creíbles algunas situaciones y personajes perfilados de manera apresurada, y que en ocasiones resultan más artificiosos que las patillas postizas de Mario Casas. Aun así, el artefacto funciona aceptablemente a pesar de la sensación déjà vu y el final previsible.

       
     Y es que Kike Maíllo logra imprimir ritmo a un relato recargado de simbología católica (siempre teñida de sangre) al que le falta personalidad, consistencia para ir un poco más allá en secuencias que o bien resultan inverosímiles o carecen de fuerza. Si bien Luis Tosar (a quien también le agradeceríamos que vocalizase mejor) cumple con su rol de hermano pardillo de Toro para quien es un auténtico dolor de muelas, y cuyos oscuros trapicheos acabarán condenando los sueños del delincuente en vías de reinserción, la dirección está necesitada de una dinámica más potente e imaginativa, de una mayor frescura para que en determinados momentos los personajes sean conscientes de dónde está el límite de lo caricaturesco. Con una banda sonora atractiva que incluye canciones de India Martínez y Bambino y una espectacular iluminación, Toro, que acaba derivando en una frenética road movie con secuencias de persecuciones bien rodadas, guarda un tesoro dentro de su infernal itinerario: la niña de ojos grandes Claudia Canal dando oxígeno a la hija de López/Luis Tosar, un personaje en el que no es preciso profundizar porque todo en ella es transparente a través de sus bellos y dulces gestos y su serena mirada. 


      Puede que Toro sea una apuesta demasiado convencional en su género, puede, incluso que todo esté milimétricamente calculado para que así resulte, que como todo (anti)héroe existencialista, al desdichado protagonista sólo le quede el refugio del sueño y el amor entre el vacío y la nada, pero entre los ritos extravagantes de la Semana Santa y el filo de una navaja se encuentra nuestro destino, la desgracia de un país de malos hermanos. Y puede que la sangre derramada y las ansias de venganza ciega, seca y bestial (los ojos de la virgen) sean los signos identitarios más reconocibles de un país en donde la avaricia es la gangrena que pudre los sentimientos... y entre rezos y puñaladas vamos forjando nuestro futuro.

viernes, 22 de abril de 2016

"LIE WITH ME" (2005), LA RUTINA DEL SEXO

      
      El director canadiense Clement Virgo, mayormente dedicado al campo de las series y películas televisivas en donde consta acreditado como director de algunos episodios de la magistral The Wire (2002) y firmante de aquel aceptable drama titulado Último Asalto (2007) con Danny Glover de protagonista, estrenó en el año 2005 esta película de alto contenido erótico titulada Lie With Me, a la que en España se añadió la muletilla “El diario íntimo de Leila”. La película sigue a Leila (Lauren Lee Smith) una chica sexualmente voraz que se relaciona con los hombres mediante breves encuentros íntimos. Una noche, durante una concurrida fiesta en una casa, conoce a David (Eric Balfour) y la lujuria surge a primera vista. Poco después, mientras Leila practica sexo con un desconocido en la parte trasera de la casa, David y su novia hacen lo propio pero en su coche. Leila y David se miran fijamente mientras hacen el amor con otras personas, iniciando así un ritual de cortejo que dará paso a una intensa aventura sexual entre ambos.

     
    Extraña película entre un artista y una ninfómana que además de llevar la voz cantante en las más sugerentes escenas sexuales también es la protagonista de las reflexiones que ocupan la mayor parte de los diálogos, parece una experta en las artes amatorias y lo que demuestran las secuencias de alto voltaje sensual entran en colusión con lo que proyecta, una escenas que alternan lo explícito con la sutilidad evanescente y pretendidamente poética. Puede ser, eso sí, un relato atractivo para un voyeurista que busque un ligero deleite visual y lo encuentre en momentos puntuales como  el de la masturbación de Leila, una apetitosa Lauren Lee Smith, sus provocativos juegos de seducción al aire libre (la felación al desconocido), o su insinuante exhibición en un parque. Lo más llamativo de Lie With Me  es su tono costumbrista, la chispeante naturalidad con que discurre la historia, intentando atrapar la cotidianidad y espontaneidad del impulso sexual latiendo al mismo tiempo que la vida, ajena a los dramas y los deseos. Una simplicidad que reducida a su esencia resulta en cierto modo excitante.

   
    La voz en off de Leila, de su conciencia, actúa como una forma válida de atrapar la perspectiva del relato a través de la mirada femenina sobre el sexo en su vertiente compulsiva y obsesiva, y al mismo tiempo confiere al relato un tono de obra infinita e inacabada en donde el sexo ocupa siempre el centro del cuadro. En realidad, Leila y David sienten un gran vacío emocional; ella porque jamás ha sido capaz de sacar algo sublime de sus continuas y fugaces aventuras sexuales hasta que se topa con David; y él porque a pesar de tener novia, siente el mismo vacío cuando no está con Leila. Lie With Me falla en la fatua verborrea psicológica con la que se trata de explorar la compleja psicología de la protagonista, pretensión que resulta vana  cuando la deriva de la acción tiene más que ver con el incontenible, puede que descontrolado poder de la pasión animal, del sexo sin compromiso del que surge una historia de amor tan esteticista como elemental: chica encuentra a chico, chica se pelea con chico, chica se queda con chico. Con una vaporosa fotografía que dota a la función de un tono softcore naïf, Lie With Me puede ser una buena apuesta para una noche de lluvia en pareja.