miércoles, 29 de mayo de 2013

CRÍTICA DE "DEAD MAN DOWN (LA VENGANZA DEL HOMBRE MUERTO)"

Thriller atmosférico y de guión plano
DEAD MAN DOWN (LA VENGANZA DEL HOMBRE MUERTO) êê
DIRECTOR: NIELS ARDEN OPLEV.
INTÉRPRETES: COLIN FARRELL, NOOMI RAPACE, TERRENCE HOWARD, ISABELLE HUPPERT, DOMINIC COOPER, ARMAND ASSANTE.
GÉNERO: THRILLER / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 110 MINUTOS.   


    El danés Niels Arden Oplev, director de Millenium 1: Los hombre que no amaban a las mujeres (2009) hace su debut cinematográfico en Hollywood contando con la que fue la actriz principal de aquel film, Noomi Rapace, para dar forma a un oscuro thriller en el que la venganza, ejecutada de forma atronadora, adquiere su propia lógica. Tengo entendido que el guionista del invento, J. H. Wyman, llevaba trabajando en el libreto desde hace seis años, mi impresión tras ver la peli es que debería haberle dedicado seis años más, porque lo cierto es que hay cosas que se me escapan –y esto es raro-, momentos en que el ritmo decae de forma alarmante y muchos de los personajes son meros esbozos.


      DEAD MAN DOWN (LA VENGANZA DEL HOMBRE MUERTO) está ambientada en Nueva York y sigue a Víctor (Colin Farrell) que es la mano derecha de Alphonse (Terrence Howard), un mafioso neoyorquino que vive bajo la amenaza de un asesino que está matando a todos los miembros de su banda. Víctor vive en el mismo edificio que Beatrice (Noomi Rapace), una misteriosa francesa a quien hace compañía su madre, Valentine (Isabelle Huppert) y por la que Víctor comienza a sentirse atraído.



      Víctor descubre que Beatrice, que tiene medio rostro desfigurado, fue atropellada impunemente por un tipo borracho sin que tuviera el menor castigo, y que en realidad lo que busca es venganza. Pero también ella descubre que Víctor lo que pretende es vengar la muerte de su mujer y de su hija, que ese es el motivo de que trabaje para Alphonse y que su verdadera identidad es otra. Dos seres obsesionados y heridos que llevarán a cabo una oscura y violenta venganza.


       No diré que la función es un monumental descalabro, pero me esperaba mucho más del director al que conocimos por la adaptación de la primera y aseadita entrega de la trilogía  de Stieg Larsson. Cierto que la cinta se sigue con interés por la química y el extraño magnetismo que desprenden Farrell y Rapace, pero Oplev se empeña en frecuentar los códigos más trillados del noir sin imprimir nunca un sello personal, la trama avanza encorsetada, carente de naturalidad y algunos villanos (ay, esos mafiosos albaneses de opereta) deslucen la marcada sordidez que esconde el drama.



      Un Colin Farrell hierático y una Noomi Rapace resultona y decidida nos muestran los desgarros de sus respectivas almas como pretexto razonable para ejecutar su particular venganza en la peligrosa jungla de asfalto, la catarsis purificadora y definitiva para liberarse de los demonios interiores. La función podría haber tenido otro resultado más lucido, pues el film crea atmósferas y contiene un estimulante tono esteticista, pero su arritmia narrativa penaliza en exceso esas escenas intimistas que nunca logran convencer.


      La película comienza con tremendo tiroteo, algo que puede resultar atractivo para los aficionados a la acción; que termine con otra terrible balasera va en detrimento de la verosimilitud y es algo demasiado chusco y facilón para una premisa que anuda la fractura emocional de la torturada pareja protagonista en la tensión de un fluir de sentimientos alterados por el pulso débil del director, que juega a una fusión multigenérica y se pierde en un batiburrillo de nacionalidades sin encontrar nunca la luz, la inspiración. Los cadáveres se amontonan sin que tengamos noticias de la policía (¡hay que ver, con lo cinematográfica que es!), una tara más de un guión desequilibrado, espeso, convencional.



      El caso es que si uno lee la sinopsis puede soñar con un thriller sugerente tanto en su vertiente romántica como en la netamente criminal; el gran problema es que en el primer apartado todo se desarrolla con una languidez glacial; en el segundo capítulo la acción explosiva anula cualquier sutileza o ejercicio de estilo. Hay una escena impactante en donde Farrell libera a unas ratas hambrientas para que devoren a un tipo atado a una silla, secuencia que se produce cuando el espectador todavía estaba oliendo las galletas caseras que hace Isabelle Huppert. ¡Qué exquisitez!   

lunes, 27 de mayo de 2013

EL MEJOR TRÍO SEXUAL DE LA HISTORIA DEL CINE

   
     Ha llegado el momento de que celebremos una de las mejores secuencias sexuales de la historia del cine en general y latino en particular. La filmó el mexicano Alfonso Cuarón en su aclamada película de 2001 Y TU MAMÁ TAMBIÉN. Vamos con una pequeña sinopsis: dos jóvenes de 18 años de México D. F., Tenoch Iturbide (Diego Luna), hijo político de un alto cargo, y Julio Zapata (Gael García Bernal), perteneciente a una familia liberal de clase media, pasan juntos las vacaciones. Les une una gran amistad, de modo que se divierten fumando marihuana y se masturban mutuamente.

                         
                       

      En una boda familiar conocen a una deprimida mujer española, Luisa Cortés (Maribel Verdú), esposa de un primo de Tenoch diez años mayor que ellos. Para superar la crisis de su tormentoso y asfixiante matrimonio, Luisa decide acompañar a los dos chicos en un viaje a la playa de “Boca del Cielo”, en el estado mexicano de Oxaca. En una de las etapas del viaje, Luisa mantiene relaciones sexuales con Tenoch, lo que pone celoso a Julio. Para ser justa, Luisa decide tener sexo con Julio, lo que desata una pelea entre los tres. Harta de los niñatos, Luisa decide dejarlos, pero la convencen para que se quede. Una vez en la paradisíaca playa, Luisa y Tenoch se marcan un baile erótico regado con alcohol. Tras el cual, los tres se van a una habitación y comienzan a besarse y a acariciarse. La escena termina con un beso entre Tenoch y Julio, en un estado febril que hace saltar el mercurio.


   
      Por respeto a quien todavía no ha visto la peli, aunque tiempo ha tenido, no contaré nada de su triste, lacerante y magistral final. Sí diré que Y tu mamá también tuvo una buena acogida crítica, fue nominada al Oscar al Mejor Guión Original y proclamada Mejor Película Extranjera para los críticos de Nueva York y Los Ángeles. En formato road movie, el film no sólo es interesante por su alto contenido sexual, también por su amarga reflexión sobre la fugacidad de toda existencia y lo efímero de la amistad. Alfonso Cuarón filma el mejor trío sexual de la historia elevando a rito iniciático, salvaje y primitivo una fusión que les sirve a los personajes para romper cualquier límite y tabú, y a Luisa en particular (objeto sexual y a la vez directora de orquesta), para liberarse de las pesadas cadenas de un astroso pasado. Una lección de vida que va a marcar, de una forma u otra, a cada uno de ellos.   


domingo, 26 de mayo de 2013

CRÍTICA DE "FAST & FURIOUS 6"

Espectáculo de lujo para horteras poligoneros
FAST & FURIOUS 6 ê
DIRECTOR: JUSTIN LIN.
INTÉRPRETES: VIN DIESEL, PAUL WALKER, DWAYNE JOHNSON, GINA CARANO, MICHELLE RODRÍGUEZ, LUKE EVANS.
GÉNERO: ACCIÓN / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 130 MINUTOS.   


     Mentiría a mis lectores si afirmo que soy fan de la saga Fast & Furious, ninguna de sus entregas me ha dejado ningún poso y las tomo siempre como un pasatiempo olvidable que nunca ocupará el mínimo espacio en los laberínticos meandros de mi saturada memoria. A mí me gustaban las persecuciones automovilísticas en películas magníficas como Bullit, The french conection, Un trabajo en Italia (la de 1969), Mad Max, El diablo sobre ruedas… porque también me interesaban sus historias, estaban protagonizadas por buenos actores y la velocidad era uno de los variados ingredientes que uno podía degustar. También he podido disfrutar de algunas de persecución de coches espléndidas en algunas entregas de los indestructibles James Bond y Jason Bourne.


      FAST & FURIOUS 6 nos cuenta cómo desde que Dom (Vin Diesel, acertado nombre que huele a combustible) y Brian (Paul Walker) robaron 100 millones de dólares a un capo en la entrega número 5 de la saga, los muchachos se dispersaron por el mundo gozando de una envidiable situación económica. Claro que sus antecedentes criminales les impiden pisar territorio norteamericano: un paso y darán con sus huesos, perdón, con sus músculos en la cárcel. Mientras el agente de la DDS Hobbs (Dwayne Johnson) lleva tiempo tras la pista de un grupo de mercenarios y expertos conductores liderados por Owen Shaw (Luke Evans) que al parecer tiene como mano derecha a Letty Ortíz (Michelle Rodríguez), la antigua novia de Dom y a quien daban por muerta en una de las acciones del grupo en el cuarto capítulo de la saga. Ante las dificultades de detener a la banda de mercenarios, Hobbs le pide ayuda a Dom a cambio del perdón para todos ellos. Pero lo que en realidad quiere Dom es saber qué se esconde tras la sorprendente resurrección de Letty.



      Lo repito, tengo asumido que ninguna entrega de Fast & Furious, así llegue la saga hasta el infinito, va a cambiar mi vida. De modo que esta última entrega, al igual que todas las anteriores, asienta sus pilares en un terreno tan trillado como baldío a la hora de extraer de él algo precioso. Lo reiterativo y simple de la propuesta: tipos con pocas neuronas, exceso de testosterona, atiborrados de anabolizantes e incapaces de proferir una frase mínimamente remarcable, pibones exuberantes y bien apretaditas con más curvas que la pista de un Scalextric y coches deportivos zumbando a toda hostia, no son, precisamente, premisas como para dar palmas con las orejas.


       FAST & FURIOUS 6 asaltará la taquilla porque la saga cuenta con un público fiel muy aficionado a estas insustanciales virguerías, y en mi opinión no deberían perderse esta última porque es de las mejores condensando las toneladas de estupideces que han hecho tan popular la franquicia, ya que puestos a subliminar el absurdo, supera cualquier expectativa. Con un rodaje que tuvo una parada en Tenerife, es aún más disparatada, frenética y autoparódica que cualquier entrega anterior: un parque de atracciones para disfrute de horteras poligoneros con los coches tuneados con colores chillones.


     
       Pero como lo hortera está de moda (ahí tenemos el ejemplo de el triunfo en la música de engañifas como el pastelazo de Pablo Alborán o los insufribles One Direction) nada mejor que apuntarse a una corriente que dejará secuelas en unas generaciones ya de por sí taradas por un sistema educativo lamentable. Justin Lin engendra un artefacto estrambótico partiendo de un guión demencial al servicio de la mitología cani de los personajes y las set pieces de acción sin límites, en donde a las carreras y persecuciones típicas pone la guinda un tanque que genera un caos brutal en una autopista del archipiélago canario. Tampoco encuentro ninguna química en las relaciones interpersonales de los personajes, en todo caso una cierta tensión homoerótica entre el musculitos calvorota Vin Diesel y el purito anglosajón Paul Walker, algo que se puede hacer extensible a sus respectivas relaciones con sus potentes coches, y eso sí que es una auténtica parafilia.



       FAST & FURIOUS 6, sin excesiva violencia, diálogos vacuos, humor rústico y al ritmo de hip hop, ofrece sus minutos de gloria a cada uno de los miembros importantes del reparto (en ese cupo no entra, claro está, la insulsa Elsa Pataky, utilizada como un hermoso florero) dotando al invento de una impostada familiaridad. Y me lo paso bien con el bestial enfrentamiento entre esas dos machotas malencaradas que responden por los nombres de Gina Carano y Michelle Rodríguez, pero el descojone total llega durante el clímax final, con la superposición de peleas y ese avión que despega desafiando todas las leyes de la física. Lo dicho, lo hortera elevado a categoría de arte. Pero eso ya es viejo ¿no? Ay, Dios, tantas curvas y yo sin freno.

jueves, 23 de mayo de 2013

SARA CORRALES, EJERCICIOS SOBRE BARRA FIJA


      


      Tal vez mis lectores no conozcan a SARA CORRALES (Medellín, Colombia, 27 de diciembre de 1985), yo tampoco la conocía hasta que me la presentaron, y desde entonces, no he dejado de pensar en ella. La colombiana es una reconocida actriz de telenovelas que se hizo famosa al aparecer en Todos quieren con Marilyn, serial de 2004 que le valió el premio a la revelación del año.  

       Hasta hoy ha intervenido en cerca de una docena de telenovelas para cadenas como RCN Televisión, Caracol Televisión y Telemundo. Su labor de actriz la compagina con el modelaje y el baile, aunque también ha hecho sus pinitos como cantante interpretando la canción Acaríciame en versión discotequera, un tema que hizo famoso María Conchita Alonso hace 25 años. Actualmente es modelo de ropa interior para la marca Chamela y participa en la telenovela El señor de los cielos, que desde el pasado mes de abril emite la cadena Telemundo.


       Para el cine sólo ha realizado la película, Mi gente linda, mi gente bella (Harold Trompetero, 2012) en la que actúa de protagonista y que narra el trato diferente que reciben los colombianos en el extranjero y los extranjeros en Colombia, que descubren que, sin lugar a dudas, lo mejor de Colombia son las colombianas.
    
 

      Se acabó el pastel, Sara, ya sólo queda el poema. Llega la oscuridad y toca adorar a la Bestia, sedienta de sangre de los caídos y que el demonio ha mandado con ira (Iron Maiden dixit). Lameré tus costras y buscaré para ti un mañana donde el resplandor nos guíe errantes lejos del naufragio vivido, atravesando las llamas del último tramo del infierno. La expiación nos abordará con los estertores de un mundo que ya se adivina remoto. Acariciarte en silencio es el plan que tengo para el resto de mis días. Y es que ahora me ha dado por despreciar las palabras, que desnudo utilicé como balas, y sólo dejo que hablen mis manos, mis labios, mi lengua muda, mi sexo como prolongación salvaje de la ternura de nuestros corazones. Vivamos nuestro tiempo como en aquel inolvidable vídeoclip de Chris Isaak (Wicked Game) donde en un playa paradisíaca, las nubes pasaban muy deprisa como triste metáfora de la fugacidad del amor.


lunes, 20 de mayo de 2013

BROOKLYN DECKER Y LAS PELOTAS DEL TENISTA


     
     La modelo y actriz BROOKLYN DECKER (12 de abril de 1987, Kettering, Ohio), es una de las modelos de lencería de la firma Victoria´s Secret, y tras aparecer en los años 2006 y 2007 en la revista Sports Illustrated, fue elegida chica de portada para la edición 2010 de la citada publicación.

      Casada con el tenista Andy Roddick, ganó el pasado año el premio “Esquire” a la “Mujer Viva más Sexy”, y ni que decir tiene que sus profusos reportajes para revistas como FHM, sus especiales apariciones en shows y series televisivas y su triunfal salto al cine en esa tontorrona comedia titulada Sígueme el rollo (Dennis Dugan, 2011), han hecho subir muchos enteros su caché. 

    Fue considerada para cubrir la baja dejada por Megan Fox para la tercera entrega de la saga Transformers que tiene previsto su estreno en julio de este año, papel que finalmente fue adjudicado a esa lolita de nombre tan poco comercial llamada Rosie Huntington-Whiteley, de la que mis lectores tendrán noticias próximamente.

                                        

     Mírame a los ojos y miénteme, Brooklyn, dime que tengo posibilidades, que romperás los espejos y, cansada de jugar con las pelotas del tenista, buscarás en mí la decadente simetría del espanto. Seré el alimento de tu famélica soledad, el guía en tu ciega acaricia, el vertedero sin fondo de tu memoria, la hoguera que convierta en cenizas la última floración de tu boca. 

domingo, 19 de mayo de 2013

CRÍTICA DE "EL GRAN GATSBY"


Lujo y oquedad
EL GRAN GATSBY ê
DIRECTOR: BAZ LUHRMANN.
INTÉRPRETES: LEONARDO DICAPRIO, TOBEY MAGUIRE, CAREY MULLIGAN, JOEL EDGERTON, ISLA FISHER.
GÉNERO: DRAMA / AUSTRALIA / 2013  DURACIÓN: 143 MINUTOS.   


     No me gusta nada el cine del australiano Baz Luhrmann. Un cine manierista, estrambótico y estomagante rebosante de tics provenientes del campo publicitario y los videoclips. Todavía recuerdo con hastío su versión de Romeo y Julieta (1996) con una escenografía y unas coreografías que parecían diseñadas por algún hortera en nómina de la MTV. Por no hablar de aquella tontería titulada Moulin Rouge (2001) una nube de serpentina sobre un relato vacío de contenido y una retahíla de números musicales tan cansinos como mal ejecutados. Ahora nos asalta con una nueva adaptación de EL GRAN GATSBY, pero si ya me resultó aburrida en su controlado academicismo e insoportablemente esteticista aquella versión de 1973 dirigida por Jack Clayton (un cineasta infinitamente superior a Luhrmann) que estaba protagonizada por un desubicado Robert Redford, qué les voy a contar de ésta.


      El film sigue los pasos del aspirante a escritor de Nick Carraway (Tobey Maguire) en su viaje desde el Medio Oeste estadounidense hasta Nueva York, allá por el año 1922. Son los locos años veinte con su moral ligera, música de jazz, el auge del contrabando y la Bolsa en vertiginoso ascenso. Nick, que busca su propio sueño americano, vive al lado de un misterioso y vividor millonario, Jay Gatsby (Leonardo DiCaprio), justo al otro lado de la bahía donde viven su prima Daisy (Carey Mulligan) y  su aristocrático y mujeriego marido, Tom Buchanan (Joel Edgerton). Así, Nick, se ve  envuelto en un mundo de lujo y millonarios con sus ilusiones, amores y desengaños. A la vez Nick, que es testigo de ese mundo como partícipe y observador, escribe una historia de amor imposible, de sueños incorruptibles y una gran tragedia.  


      Todavía no entiendo qué es lo que ha pretendido hacer el inefable Luhrmann con esta adaptación de una de las obras fundamentales de la literatura del pasado siglo. EL GRAN GATSBY tiene pinta de ser un artefacto carísimo, un insultante derroche de recursos a disposición de un tipo estrafalario y de muy mal gusto que sirve para enmascarar una soberana estupidez. Un relato de tono kitch extravagante, recargado y en donde la estética ornamental, anacrónica y vintage  se combina con moderneces insustanciales (el formato 3D al servicio de la nada, el hip hop entroncado con el jazz en una fusión imposible y movimientos de cámara tan milimétricos como intrascendentes), una superficialidad absoluta que se traduce en un soso triángulo amoroso.


       Hay muchas formas de violar  un texto literario, ésta es de las que desgarran el esfínter. Un film excéntrico atiborrado de accesorios técnicos que en ningún momento logra captar la hiriente poética y los oscuros conflictos emocionales de la novela, apostando por una puesta en escena artificiosa y una exuberante recreación del Nueva York de los años veinte y sintiéndose incapaz de dotar de intensidad los atormentados avatares de unos personajes abocados a la tragedia.


      Lo que nos queda es una visión anfetamínica de un clásico sobre la que es difícil encontrar un cierto aroma de la inmanente elegancia de Fitgerald. Luhrmann se inclina siempre por la floritura, el barroquismo sintético y las sobreimpresiones para dar cobijo a una galería de personajes cuyo flujo sensual se ve opacado por el obsesivo e irritante gusto por el adorno. DiCaprio y Mulligan hacen lo que pueden para mantener vigorosa la flor de un romance en medio de una catarata de engaños, ambiciones, corruptelas, adicciones, bagatelas y excesos. Lo que parecía una juerga interminable se vio truncada  por el crack del 29, cuando algunos todavía saboreaban los últimos sorbos del champán y las migajas del pastel.


       Pero al director de Australia no le interesa profundizar en los procelosos caminos que culminaron en aquel desastre para mostrar paralelismos con los tiempos actuales; su opción es siempre la de los subrayados inútiles sobre la banalidad de la existencia, vivir el momento en la vorágine y el fulgor de una época irrepetible, donde las emociones y los verdaderos sentimientos, como invariablemente sucede en todos sus films, quedan aplastados por un despliegue de piruetas técnicas, colores y texturas, un envoltorio retórico y empalagoso que no esconde ningún misterio.