miércoles, 29 de febrero de 2012

REVISTA DE HISTORIA DE LAS VEGAS ALTAS



La publicación Revista de Historia de las Vegas Altas es un proyecto del Grupo de Estudios de las Vegas Altas (GEVA) para difundir el conocimiento científico e histórico sobre la comarca extremeña de las Vegas Altas del Guadiana.
Constituye un foro abierto a la publicación de artículos que versen sobre la economía, sociedad, cultura, demografía, etcétera, de esta comarca, escritos en castellano. No obstante, la publicación también está abierta a trabajos de Historia Local e Historia Regional que, sin tener una vinculación directa con esta comarca, tienen un interés científico notorio, cuentan con una metodología útil y novedosa o ponen en valor nuevas fuentes para el estudio de la historia local.
Se invita a todos los interesados a presentar propuestas de artículos al Número 2 de la Revista de Historia de las Vegas Altas, revista de la Asociación “Torre Isunza” editada por el Grupo de Estudios de las Vegas Altas.
La Revista de Historia de las Vegas Altas es una publicación de ámbito regional que incluye trabajos de investigación sobre historia y cultura local, preferentemente relativos a Don Benito y la comarca de las Vegas Altas del Guadiana. En general, se aceptan artículos que, siendo inéditos, traten sobre cualquiera de las cuestiones propias de la Historia Local, siendo bien recibidas versiones preliminares de artículos que posteriormente vayan a enviarse a alguna revista de mayor notoriedad, estados de la cuestión, textos para el debate, crítica de fuentes y series estadísticas.
Las propuestas de artículos, que deben ajustarse en lo posible a las normas de edición publicadas en la web http://revistadehistoriadelasvegasaltas.wordpress.com/, deberán enviarse antes del 30 de Marzo de 2012 a la dirección de correo electrónico abajo indicada.
Los artículos sufrirán un proceso de evaluación, recogido en la web arriba indicada, por parte de los miembros del consejo asesor de la Revista, y su publicación estará condicionada a la aceptación del mismo por parte del consejo de redacción de la misma. En caso de aceptación, se supedita su publicación al posterior número de la Revista en que tenga cabida.
Las propuestas de artículos deben enviarse por vía electrónica a:
Grupo de Estudios de las Vegas Altas: geva.rhvvaa@gmail.com

lunes, 27 de febrero de 2012

EL SUICIDIO DEL CINE ESPAÑOL


     De pequeño aprendí que no se debe morder la mano que te da de comer. Es uno de esos sabios y sencillos adagios populares que hasta el ser más inconsciente o ignorante debería tener en cuenta. Esencialmente son tres los argumentos que se esgrimen para explicar el anunciado suicidio del cine español: el exceso y la baja calidad de las producciones, las descargas ilegales y la manida crisis económica, que lo mismo vale para un roto que para un descosido. No dudo de que algunos de estos factores tengan algo que ver con la inmolación, sin embargo, de manera sibilina e interesada se trata de ocultar la que para el abajo firmante es una de las causas principales de esa dramática diáspora: la desafección de un importante sector de la sociedad que se niega a pagar por ver unas películas financiadas en menor o mayor medida por el erario público (si les pagamos las subvenciones ¿para qué les vamos a pagar otra vez en taquilla?, se preguntan) y cuyos responsables (cómicos, faranduleros y demás hierbas) han insultado sistemáticamente a la mitad de España por el simple hecho de ser votantes de una opción política legítima y democrática distinta a la de ellos. Valgan estos ejemplos: Pedro Almodóvar:El PP está preparando un golpe de estado”. José Luis Cuerda:Que no vuelva esa turba mentirosa y humillante que piensa, desde su imbecilidad, que todos somos más imbéciles que ellos”. Federico Luppi:Hay que ponerle un cordón sanitario a esa derecha cerril y gótica”. Sin olvidar a Almudena Grandes o Maruja Torres, la cual se despachó con la siguiente lindeza: “Los votantes del PP son unos hijos de puta”. Brutal, ¿Verdad? Pero ya saben que todos estos infames comentarios sólo se pueden explicar desde la insultante superioridad moral de la izquierda y su impoluto pedigrí demócrata.
      
      El cine español ha recibido en 2010 la cantidad de 93 millones de euros en subvenciones y ha recaudado tan sólo 70 millones en taquilla. La pérdida de casi 7 millones de espectadores poco tiene que ver con la crisis económica porque mientras en 2009 se recaudó 556´6 millones de euros, en 2010 subió hasta 575´1 millones, por lo que la responsabilidad de que nuestras salas hayan dejado de ganar 20 millones recae exclusivamente en el escaso éxito del cine español. Como el primer socio-económico de nuestro cine es el Ministerio de Cultura, tan nefasta cuenta de resultados sólo se puede admitir con la dimisión automática de la exigua ministra González Sinde. Con sus leyes censoras, la peor ministra de cultura de la historia, está ahora empeñada en luchar contra la piratería porque en su inopia cree que las descargas ilegales tienen una incidencia cardinal en esos resultados negativos, cuando todos sabemos que las películas españolas tardan siglos en aparecer colgadas y representan un porcentaje ínfimo de las descargas.
      
      Personalmente, mientras que la película sea buena no me importa el género ni la temática, y me es fácil demostrar que en un plano comercial la calidad de la película no suele tener una trascendencia relevante sobre su rentabilidad en las salas, ahí tenemos el caso de la infumable saga Torrente o el ejemplo de ese truño titulado 3 metros sobre el cielo, convertido en el film más taquillero del año con 10 millones recaudados. Aun así, sigue existiendo un número elevado de producciones con más caspa que la bufanda de Massiel, y el espectador español está harto de comedias bufas cargadas de tacos gruesos y sexo sin control, de historias guerracivilistas narradas siempre desde la misma óptica maniquea y sectaria, de dramas que nos presentan a una mujer alcohólica medio desnuda en la cocina de su casa mientras su hijo drogadicto le hace una felación a un travesti en el portal. El cine no es una ONG, es arte, pero también una industria necesitada de buenos gestores y artistas que sepan aunar con acierto la calidad de una obra con su buen rendimiento económico. Si los responsables del pesebre siguen con su taimada ideologización esto no será nunca posible.

lunes, 20 de febrero de 2012

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: LA LLAVE SECRETA



      Tras haberse iniciado como ayudante de genios como Federico Fellini y Roberto Rossellini, el director italiano Tinto Brass desarrolló en los años 70 un estilo personal y vanguardista que fue evolucionando en los 80 hacia un cine provocador entre la pornografía y el esteticismo. Voyeur obsesionado con el erotismo, filmó obras fundamentales del género como Salon Kitty (1975), Calígula (1980), o el film que nos ocupa, LA LLAVE SECRETA (1983): drama erótico impregnado de todas sus constantes y obsesiones que nos remonta a la Italia fascista de los años 40 y que nos presenta a un matrimonio compuesto por una atractiva mujer madura (Stefanía Sandrelli) y su marido, un hombre insatisfecho sexualmente.

      Al cumplirse el vigésimo aniversario de boda y en el transcurso de una conversación, descubren sus respectivos diarios íntimos en donde especifican sus inconfesables fantasías sexuales. Inician entonces un perverso juego sexual donde tendrán cabida otras personas.


       
      En Italia el film produjo un gran escándalo, no sólo por la crudeza erótica del film, también porque una actriz del prestigio de Stefania Sandrelli, ya con 37 años, decidió desnudarse y participar en varias cintas subidas de tono. Nacida en 1946 y poseedora de una belleza apetitosa y rotunda, pocos mitos carnales han estimulado la libido del espectador como la Sandrelli en esta película, porque lejos de análisis intelectuales, lo que queda es la lubricidad de unos recuerdos que todavía producen en mí agradables cosquilleos. Y es que, como alguien dijo, la provocación es una ganzúa para violentar la caja fuerte de esta cultura herrumbrosa.


martes, 14 de febrero de 2012

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: SECRETARY


   
  En el año 2002 el director Steven Shainberg  sorprendió con una ácida y original película de corte independiente que tenía como objetivo la provocación y satisfacer el lado oscuro del espectador: SECRETARY es una sátira social que nos narra la historia de la torpe y emocionalmente sensible Lee Holloway (Maggie Gyllenhaal), que sale del hospital psiquiátrico tras un grave incidente de automutilación. Hija menor de una familia disfuncional y a pesar de su pésimo currículum, encuentra trabajo de secretaria en el bufete del excéntrico abogado Edward Grey (James Spader). Al obsesivamente enfermizo Grey le irrita profundamente los errores y la falta de profesionalidad de su nueva secretaria, no obstante, comienza a excitarse por su comportamiento sumiso. Tras pedirle que deje de autolesionarse, ambos entablan una relación sadomasoquista, una relación apasionante que haría sonrojar a cualquier jefe de personal.     


       Ganadora del Premio Espacial del Jurado en el prestigioso Festival de Sundance, en el póster reza la leyenda “Asume tu posición”, y sin ser demasiado explícita –salvo en un par de escenas -¡ay, esos azotes!- el espectador siente curiosidad por la evolución de esta comedia de humor negro con tintes eróticos que se desarrolla en una oficina con  más pinta de burdel o baño turco, durante la cual asistimos a una sucesión de jueguecitos perversos dentro de una relación de posesión-sumisión con un tratamiento romántico hasta límites insospechados. En SECRETARY los protagonistas encuentran en ellos mismos la horma de su zapato (irresistible Maggie Gyllenhaal en su papel de seductora, inocente y mártir) y abren puntos de luz hacia fantasías fetichistas y pasiones inconfesables. “En la cama me gusta que me azoten y me aten”, acaba de confesar la cantante Rihanna a la revista Rolling Stone, y yo me pregunto, nena,  ¿quién no se ofrecería para saciar tu insana sed de flagelación?

sábado, 11 de febrero de 2012

LAS FOTOS HIPNÓTICAS: VERÓNICA ECHEGUI


     
      La actriz española VERÓNICA ECHEGUI nació en Madrid el 16 de junio de 1983, y desde muy pequeña se disfrazaba junto a sus amigas interpretando historias que ella misma inventaba. El gusanillo por la escena le llevó a realizar un curso de interpretación con 17 años, aunque sus estudios en la RESAD no pudo terminarlos porque le era imposible compaginarlos con el trabajo. Tras interpretar algunos papeles en el teatro y algunos cortos, su gran oportunidad le llega de la mano de Bigas Luna, que le ofrece el papel protagonista en el drama juvenil Yo soy la Juani (2006), cinta bastante mediocre en la que da vida a una adolescente del extrarradio que tiene problemas en casa, siempre está discutiendo con su novio y quiere largarse para ser actriz. Por el film que le dio la fama fue gratificada también con una candidatura a los Premios Goya como Mejor Actriz Revelación. Verónica ha participado en una docena de películas y no tiene ningún reparo en desnudarse si el papel lo requiere, así lo demostró en El menor de los males (Antonio Hernández, 2006), producción totalmente gallega en la que encarna a la joven amante de un político casado y con hijos que está interpretado por Roberto Álvarez, y El patio de mi cárcel (Belén Macías, 2008)


       Chica de extrarradio, amante, puta, amapola… Al final, Verónica, siempre hay un cruce de caminos que te obliga a decidir. Te encuentro sentada sobre un mojón y te invito a subir a mi moto para recorrer un desierto en donde tú serás la única tentación. Me gusta el modo en que descapullas las boquillas de los cigarrillos escupiendo hebras de tabaco en cada calada, me gusta cuando blasfemas contra este mundo que odio, la ruina en tus ojos y las luces tiritando en el silencio de la noche. Quiero poseerte sucia, hacerte el amor como quien comete un asesinato (la petite mort), dar sepultura a mi semen en tu cueva sagrada, flujo venenoso, babas del diablo, y morir en el cálido nido de tus nalgas: la cólera contra la única utilidad del cuerpo. 


jueves, 9 de febrero de 2012

POEMA


                                    AMOR EN MAL ESTADO
                                                                         
                                           I
                            Y Pensaste que podías cambiarme,
                                         y trataste de ahuyentar las sombras,
                                         y dormías como la gata en la chimenea
                                         soñando con sendas pintadas de negro
                                         y desiertas como hojas de olvido.



                         



                                                        II
                                         Y  te masturbabas con plumas de pavo real
                                        bajo la mortecina luz
                                        de un quinqué oscilante,
                                        creyéndote diva frustrada,
                                        adornando tus pechos con cristal barato,
                                        mordiendo manzanas,
                                        esbozando una sonrisa esponjosa
                                        que no me creía.



                                      III
                                          Estaba predestinado
                                          y secabas con tu pelo mis lágrimas.
                                          Cayó el sufrimiento en forma de cruz,
                                          emergieron los terrores
                                         de un lago de sectas
                                         primitivas y delirantes.



                                        IV
                                        Hay tinieblas que me persiguen a cuatro patas,
                                        a lomos de una yegua vieja y lastimera.
                                       Pudridero fétido  de los recuerdos,
                                       roto mi corazón,                              
                                       tengo que digerir tanta nostalgia
                                       que puede que la amargura
                                       sea sólo cansancio.





                                          V
                                            Ah, esplendor del olvido,
                                            allí quedó definitiva la alcoba
                                            como paso sigiloso de besos
                                            que volaron para siempre…
                                            Y yo escribo el poema
                                            como el viejo escupe
                                             su último diente.
                                            

miércoles, 8 de febrero de 2012

LAS FOTOS HIPNÓTICAS: ANGELINA JOLIE



ANGELINA JOLIE (Los Ángeles, 4 de junio de 1975), es hija del actor John Voight (con el que guarda un gran parecido) y de la desconocida actriz canadiense la Marcheline Bertrand. Su debut cinematográfico oficial se produjo en 1993 en el subproducto de ciencia-ficción Cyborg 2 (Michael Schroeder), aunque se da a conocer internacionalmente con la película Hackers (Ian Soltley, 1995), un thriller informático rutinario protagonizado por un grupo de expertos alucinados con la tecnología. Film donde conoció a su primer marido, el actor británico Johnny Lee Miller, lo mismo que ocurrió con su segundo esposo, el actor Billy Bob Thorton, tras coincidir ambos en aquella mediocre película sobre controladores aéreos titulada Fuera de control (Mike Newell, 1999), y lo mismo que sucedió con su actual pareja, el deseado Brad Pitt, con el que protagonizó la insufrible Sr. Y Sra. Smith (Doug Liman, 2005), y que casado con la actriz Jennifer Aniston lo dejó todo para unirse a la diva de labios pulposos y convertirse en un todo que la prensa rosa chicle bautizo con el apelativo de “Brangelina”. Tras participar en el mediocre thriller El coleccionista de huesos (Phillip Noice, 1999), consigue el Globo de Oro y el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por Inocencia interrumpida (James Mangold, 1999), un drama protagonizado por Winona Ryder sobre una mujer que durante los años 60 vivió cerca de dos años en un hospital psiquiátrico porque a sus padres no les gustaba su peculiar personalidad. Con la adaptación del vídeo-juego Lara Croft: Tom Raider (Simon West, 2001) y su secuela en 2003, se convierte en una de las actrices mejor pagadas de Hollywood. Recordemos que junto a nuestro Antonio Banderas protagonizó aquel bodrio titulado Pecado original (Michael Cristofer, 2001), remake del clásico La sirena del Mississippi y en el que la pareja aparecía en una secuencias muy tórridas que fueron muy comentadas. La mejor interpretación de su carrera la logra con El intercambio (Clint Eastwood, 2008), magistral y sombrío relato del maestro en el que Angelina hace de una madre soltera cuyo hijo desaparece sin dejar rastro. Actualmente,  Angelina es embajadora de buena voluntad de ACNUR USA.       


        Buena voluntad que también tuviste conmigo, que me acogiste sin preguntarme nada. Yo era como un peluche sucio y maloliente abandonado en la basura, un títere en la agonía recitando el estribillo de una canción fúnebre. Fuiste mi salvación, Angelina, estabas tan delgada que oía chirriar tus huesos, tan pálida como una flor agostada, como el espectro de una virgen sin pintura. Cuando hacíamos el amor salía el imbécil que llevo dentro, adornando los movimientos con una torpe impostura deportiva, hasta que te enfadabas, fruncías tus labios caníbales y apagando el cigarrillo en el vaso de whisky me gritabas: ¡Fóllame de una puta vez! Sentencia heavy, irreverente y nada furtiva que me conminaba a desflorar tu alma preñándola de primavera. Sin ningún respeto, como si se tratara de un Brad “Pitto” cualquiera.     

LA PIEL QUE HABITO


Un truño con ínfulas de auteur

LA PIEL QUE HABITO ê
DIRECTOR: PEDRO ALMODÓVAR.
INTÉRPRETES: ANTONIO BANDERAS, ELENA ANAYA, MARISA PAREDES, BLANCA SUÁREZ, FERNANDO CAYO, JEAN CORNET.
GÉNERO: DRAMA / ESPAÑA / 2011  DURACIÓN: 117 MINUTOS.    
            
      Definitivamente, la deriva de Almodóvar no parece tener fin. Tras su último fiasco, Los abrazos rotos (2009), irrumpe furtivo por varios géneros en un patético ejercicio de cinefilia ante el que es imposible contener la risa y el sonrojo, un grotesco híbrido que pretende navegar por el melodrama, el terror a lo giallo y las pautas del suspense hitchcockiano. El cineasta manchego se inspira tibiamente en la novela “Tarantula” de Tierry Jonquet para romper –cosa que no logra- su monotonía folletinesca acoplando la premisa del texto a su universo y estilo. Tal vez ese presunto cambio de registro le haya supuesto una liberación, una experiencia innovadora, un bautismo de fuego que le aleja del encasillamiento, pero para este cronista sólo es otra historia aburrida, enfática en sus ínfulas de auteur, mediocremente interpretada e inane y dispersa en sus reflexiones sobre la pérdida, el dolor, la identidad y la venganza.

       Vayamos con el argumento: LA PIEL QUE HABITO nos narra la historia del  cirujano plástico Robert Ledgard (Antonio Banderas), obsesionado con crear una nueva piel que haga sentir al ser humano la sensibilidad de las caricias y al mismo tiempo sea una fuerte coraza que le defienda de las agresiones internas y externas. Su enfermiza fijación se debe a que su mujer murió a causa de las graves quemaduras que sufrió en un fatal accidente de coche. Para lograrlo hace uso de las ilimitadas posibilidades que le ofrece la terapia celular, la transgénesis, con la que lleva  experimentando muchos años en su laboratorio y que está absolutamente prohibida por la ley. En realidad, Robert sólo necesitaba una cobaya, un cómplice  y ningún escrúpulo. Los escrúpulos nunca fueron un problema para el galeno, como cómplice tiene a Marilia (Marisa Paredes), la mujer que se ocupó de él desde que nació, y en cuanto a la cobaya humana, son muchas las jóvenes que desaparecen de sus casas, en algunos casos por voluntad propia. Una de estas jóvenes, Vera (Elena Anaya), acabará atrapada en El Cigarral, la espléndida mansión que comparten Robert y Marilia. 
      
      Sinceramente, este Almodóvar es un fenómeno. El tipo tuvo el arrojo de confesar en Cannes que la mayor influencia de LA PIEL QUE HABITO fue la atmósfera sombría y asfixiante de aquella obra maestra firmada por Georges Franju en 1960 titulada Los ojos sin rostro. Y se quedó como es, más ancho que largo. Ole tus cojones, Pedro. El autor altivo y adorado, contento con su carácter subversivo, sigue sin darse cuenta de que citar a Franju, Fritz Lang, Douglas Sirk o Mary Shelley sólo le hace parecer más insignificante y ridículo. La nueva cagada de nuestro director más internacional es una de las películas menos originales, más huecas y pretenciosas de su irregular carrera: nos presenta una historia en formato de thriller, pero no encuentro clave alguna de este género por ninguna parte (malditismo, acción, misterio, suspense, amour fou); quiere adoptar caracteres, signos, recursos propios del giallo, pero no hay nada perturbador, gótico, salvaje ni amarillista en la forzada teatralidad de su propuesta; pretende que su principal protagonista, Antonio Banderas, adopte el hieratismo típico de los personajes del polar francés, y tan imposible sobriedad le hace parecer un muñeco de cera. Así, las secuencias que se suponen trágicas resultan irrisorias y el espanto gélido deviene en comedia bufa donde nada resulta creíble, salvo la inmarcesible belleza de Elena Anaya.     

      Es curioso que Banderas sea requerido por el director después de tantos años para encarnar un papel con ciertas conexiones con el de Átame, que a la vez estaba inspirado por el protagonista de la novela de John Fowles  y la película homónima de William Wiyler El Coleccionista (1965), al igual que el novelista Tierry Jonquet se vio influenciado por la novela de Jean Redon que dio pie a la magistral Los ojos sin rostro, una obra de culto del terror poético y surrealista. Laberinto referencial que ha llevado a nuestro oscarizado realizador a rehacer mil veces un guión mediocre, con aroma a déjà vu que deja en casi nada su fantasmal cambio de registro. La película número 18 de su filmografía no produce el vértigo ni la alarmante visión del abismo prometida por la maquinaria publicitaria del cineasta y sus críticos de cámara, sólo logra mantener una mínima expectación en el primer tramo, en esa presentación del “mad doctor” con sus tubos de ensayo y que mantiene cautivo al monstruo que está creando. Todo se viene abajo cuando la pesada narrativa (taimadas reflexiones sobre la identidad, las máscaras, el dominio), que nos trata de explicar el incendio emocional que ha incitado al elegante y severo doctor a llevar a cabo tan despiadada venganza contra quien causó su miseria familiar, moral y emocional. Con una atmósfera tan aséptica como bizarra, enjundiosos diálogos, dilatados flash-backs que revelan secretos familiares terribles y una estructura que juega con el espacio y el tiempo, se desarrolla este impostado engendro que nadie puede tomarse en serio, su compleja y trágica comicidad es una de las mayores tomaduras de pelo que este crítico ha sufrido en una sala de cine.  

martes, 7 de febrero de 2012


HOMENAJE A BERLANGA: INFINITAS GRACIAS, VIEJO VERDE.
     
     Con la muerte el pasado día 13 de Luis García Berlanga se va uno de los más grandes monstruos sagrados del cine español, genio universal por su inteligencia y sentido del humor. Nacido en Valencia en 1921, poeta, pintor y crítico de cine, se inició dos años después de graduarse en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas codirigiendo junto a Juan Antonio Bardem la comedia Esa pareja feliz (1951), y sólo un año después firma su primera obra maestra, ¡Bienvenido Mr. Marshall!, película sobre nuestra posguerra que representa una ácida crítica al plan de ayuda norteamericano. Su cine, deudor del neorrealismo italiano, está marcado, no obstante, por un genuino acento sarcástico español, que irá aumentando con el paso del tiempo. Calabuch (1956) y Los Jueves milagro (1957) cierran una etapa que dará paso a otra que va a quedar determinada por su colaboración con el guionista Rafael Azcona, la influencia de este original guionista –el mejor, sin duda, de la historia del cine patrio- dotará a los próximos films de Berlanga de un sentido del humor más negro y su crítica político-social se hará si cabe más amarga: Plácido (1961) película magistral de tono costumbrista y rebosante de veneno crítico, El Verdugo (1961) y La Boutique (1967), son buenos ejemplos de ello. En 1973 rueda la coproducción francesa Tamaño Natural, fallida cinta que tiene como protagonista al actor francés Michel Piccoli. Con la llegada de la democracia compone la corrosiva trilogía Nacional compuesta por La escopeta nacional (1977), Patrimonio nacional (1980) y Nacional III (1982), que narran las desventuras de una familia burguesa española desde la transición hasta la llegada del socialismo al poder. Sus últimas obras: La Vaquilla (1985), Moros y cristianos (1987), Todos a la cárcel (1993) y París-Tombuctú (1999), película protagonizada por Concha Velasco que cierra su carrera cinematográfica, sin dejar de ser interesantes están muy alejadas del nivel alcanzado con sus primeras obras.

       Hasta siempre Mr. Berlanga, nadie como tú para arrancar una sonrisa de las situaciones más sórdidas con esa mezcla de sarcasmo, ternura y crueldad (ya lo decía mamá: “comer no comeremos, pero lo que reímos”). Así, hace tiempo que acepté utilizar el adjetivo “berlanguiano” para definir las historias más absurdas que nacidas de la miseria moral y material que derivan en la carcajada sangrienta. Puede, amigo, que contra Franco no viviéramos mejor, pero lo seguro es que contra Franco hacíamos mejor cine. 

NOTAS SOBRE “EL VERDUGO”  (Luis García Berlanga, 1963)
          
El Verdugo nos presenta la historia de José Luis (Nino Manfredi), empleado de una funeraria que sueña con irse a Alemania para trabajar de mecánico. Mantiene una relación sentimental con Carmen (Emma Penella), hija de Don Amadeo (José Isbert) de profesión: verdugo. José Luis se ve forzado a casarse con Carmen y tener un hijo, algo que no deseaba, y lo que es peor, a heredar el oficio de su suegro, pues de esta manera puede acceder a un piso de protección oficial.
     
     En clave de comedia negra, esta magistral pieza del disparate consigue dos objetivos primordiales: en primer lugar convertir en proscrito a su autor situándole en el punto de mira del régimen imperante, cuyo entonces embajador en Italia, Alfredo Sánchez Bella, hace lo posible por evitar su estreno en el Festival de Venecia, claro está, sin conseguirlo. También, tras su exhibición, que se produjo con la cinta bastante mutilada, se adjudica a Franco la siguiente frase: “Berlanga no es un comunista, es algo peor, es un mal español”; en segundo lugar, El Verdugo se presenta como uno de los más terribles manifiestos contra la pena de muerte, donde la mirada cáustica y flamígera de sus creadores más que atenuar acentúa el tono de denuncia, logrando que muchas escenas de un tono agridulce se puedan ver como un retrato peripatético y oscurantista de la época.

      En España, coincidiendo con su estreno en Venecia, eran los días en que se iba a ejecutar al comunista Julián Grimau, la película estuvo sólo dos semanas en cartelera, el exhibidor, ante las presiones que venía sufriendo, decidió, en último término, retirarla. Rodada con largos planos-secuencia, desarrolla los asuntos que al director más le interesan: hombres encerrados entre horizontes muy estrechos de los que son incapaces de salir, el reflejo del miedo y la ignorancia humana que lleva al individuo a no rebelarse, el retrato –siempre con un matiz satírico- de la realidad que rodea a éste y las vanas ilusiones por las que suspira. Con un libreto en el que además del director y de Azcona también interviene el escritor italiano Ennio Flaianno, una fenomenal interpretación del inconmensurable Pepe Isbert y una estupenda fotografía de Tonino Delli Colli, el film contiene secuencias geniales que son un canto a la imaginación y un modelo de estructura narrativa: como aquella que, preparados para la ejecución del reo, se ve al condenado agarrado por varias personas que le conducen al patíbulo, y otro grupo más numeroso al anterior arrastrando al abatido verdugo. Obra maestra de la cinematografía mundial. 

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: CARRETERA PERDIDA


     En mi lista de 100 películas que me llevaría a una isla desierta siempre habrá un hueco para CARRETERA PERDIDA, la obra maestra filmada por David Lynch en 1996 que, junto con Terciopelo Azul, son mis películas favoritas de este interesante director de culto. Hace unos días un lector me comentaba que no se explicaba el misterio de por qué esta película tenía a tanta gente flipada (las mismas preguntas surgieron con corrientes pictóricas como el cubismo o el surrealismo), supongo que las historias poco accesibles son las más fascinantes para una parte de la audiencia. Carretera Perdida nos presenta al músico de jazz Fred Madison (Bill Pullman), que vive con su esposa Reneé (Patricia Arquette) en un lugar apartado y solitario, al tipo le invade una angustiosa desconfianza, pues sospecha que ella tiene un amante. Cada día alguien llama a la puerta y deja un sobre que contiene una cinta de vídeo con grabaciones del interior y exterior de su vivienda, en la última hay grabado un brutal asesinato. La policía detiene a Fred y es encarcelado, pero cuando se encuentra encerrado desaparece, siendo reemplazado por Pete Dayton (Balthazar Gety), un mecánico que entabla una peligrosa relación con la exuberante novia de un gángster (Robert Loggia). Ella es rubia y se llama Alice (Patricia Arquette de nuevo).

     La premisa argumental de esta pesadilla tan genuinamente lynchiana fue fagocitada por el austriaco Michael Haneke para su excelente Caché (2005). Estamos ante un film tan original como su ópera prima, Cabeza Borradora (1976), con la que tiene en común el estilo y el sentido medular del relato. La cinta se abre con vertiginoso travelling de una carretera en la noche, la voz de David Bowie ayuda a proyectar una misteriosa ensoñación, sinuosos pensamientos que nos alejan de cualquier punto real rompiendo anclajes, para introducirnos de forma cadenciosa en los dominios de la mente, donde sus profundidades ocultan las deformaciones del alma, perfiles oscuros, lamentos y tinieblas. Atención a la belleza insoslayable de Patricia Arquette; su perturbadora mirada, desnuda y relamida o vestida de escurridiza raso, su arrebatador erotismo, su doloroso striptease mientras suena la salvaje “I Put Spell on You” de Marilyn Manson, me incita a bendecir los pilares de la creación. 

lunes, 6 de febrero de 2012


EN DEFENSA DE ÁNGEL SALA: ¡¡A LA BASURA CON LA CENSURA!! 
      
        Buenos días, Tristeza.
       En este país de panderetas donde todo es posible, desde el crimen más abominable hasta la patochada más absurda, seguimos dando pasos de gigante hacia una involución degradante que nos sitúa fuera de tiempo y de toda lógica: ahora recuperamos los pelotones de linchamiento para asesinar la libertad creativa. La noticia que me hace plantearme vivir en un futuro lejos de este país -antes llamado España y a partir de ahora Atapuerca- es la siguiente: la Fiscalía de Barcelona apoyándose en el artículo 189.7 del Código Penal imputa al director del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, Ángel Sala, un presunto delito de exhibición de pornografía infantil, al proyectar durante el pasado mes de octubre en una de las jornadas del festival la película de ficción A SERBIAN FILM. Exhibición que se realizó poniendo en práctica todas las medidas informativas y de control de necesarias: pases de madrugada, advirtiendo a los espectadores lo que iban a visionar y pidiendo el DNI para que no se colasen menores. El artículo, de clara inspiración fascista, dice lo siguiente: “Se castigará con tres meses a un año de prisión o multa a quien produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o su imagen adulterada o modificada”. Son dos las escenas que han causado el escándalo: “la violación de un bebé recién nacido y otra de sexo con un niño de cinco años”.

         Además de representar un hecho sin precedentes en la historia de los festivales de cine en la España democrática y un atentado contra la libertad de expresión, de creación y de la labor del director del festival, A SERBIAN FILM se proyectó en los dos mercados más prestigiosos del mundo, Cannes y el American Film Market de California, y ha sido exhibida en los festivales de Bruselas, Montreal, San Francisco, Toronto, Austin, Sofia, Hamburgo, Helsinki, Puchon, Ravenna, Estocolmo, Oporto… sin que se hayan elevado denuncias contra el film, sus responsables o programadores. Por el contrario, en el Festival de Cine de Montreal ganó los premios a la Mejor Película, a la Mejor Película Europea y a la Película Más Innovadora, y hace sólo  unas semanas el Premio Especial del Jurado en el Fantasporto portugués. En España, la cinta no sólo ha tenido problemas en Sitges, también una juez prohibió en noviembre su exhibición en la XXI Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián.

         Narrados los hechos, cualquier persona medianamente inteligente se debe preguntar: ¿Por qué tenemos leyes que censuran lo que en otros países se exhibe con normalidad? ¿Vamos a dar nosotros lecciones de democracia a países como Francia, Inglaterra, Alemania o Estados Unidos? ¿Qué hace la Fiscalía de Barcelona violando la creación artística y perdiendo el tiempo en algo tan absurdo teniendo tantos delitos reales y corruptelas que perseguir ahí fuera? ¿De qué coño van la CONCAPA y las asociaciones de defensa del menor instituyéndose en guardianes bienpensantes de la moral? No escuché sus manifestaciones de repulsa cuando legiones de monjas y sacerdotes católicos abusaron realmente de miles de niños y enfermos mentales en Irlanda y otros países. Los que dan miedo son ellos, que los quiero ver a cien mil kilómetros de distancia de mis hijos. Vi A SERBIAN FILM (2010), el pasado verano, dirigida por Srdjan Spasojevic nos narra la pesadilla en que se ve envuelto un actor porno retirado que recibe un cheque en blanco por participar en la obra definitiva, que incluye escenas de violencia y sexo extremo. Un film de terror de ficción bastante mediocre y estéticamente cuestionable pero que ni mucho menos es pornográfico, con nula capacidad para trastornar al espectador ni  provocar empatía, y en el supuesto de que la propuesta sobrepase los muy discutibles cánones establecidos de la moral, en ningún momento se persigue infringir un delito, ni se ha maltratado la integridad física o psíquica de los actores o menores que participan en la película: para la escena más polémica, que sólo se deja entrever, se utilizó un muñeco de látex. Acordemos que la cinta puede resultar inmoral ¿por ello incumple la ley? ¿Eso hace que el delito no se pueda representar en el cine? Los delitos se deben perseguir por su realidad, nunca por su escenificación, porque como dejó escrito Immanuel KantEl arte debe mostrar cualquier asunto y promover cualquier sentimiento, siempre independiente de su moralidad y el horror que pueda despertar”.

       Como bien apunta el director Nacho Vigalondo “las dos escenas polémicas son aterradoras, no provocan empatía, de hecho la película es moralista, las condena”. Ni que decir tiene que el asunto ha armado una gran algarabía, todos los directores de festivales españoles han firmado un manifiesto a favor de su compañero en el que afirman que el insensato procesamiento “nos retrotrae a épocas de cortapisas censoras contra la libertad de expresión y programación”, y conocidos cineastas extranjeros como John Landis, Joe Dante y Eli Roth han firmado la iniciativa contra este deplorable acto contra la libertad de creación. El director de Hostel ha comentado que “Sitges es un festival increíble para artistas del mundo entero, y si ellos sienten que pueden ser encarcelados por su trabajo, no irán a España por miedo a las consecuencias, lo que representa una mancha progresiva contra la imagen de vuestro país”. Cuando escribo estas líneas, la denuncia contra Ángel Sala estaba en trámite de ser repartida y de que se abriesen las oportunas diligencias, mientras tanto, las redes sociales echan humo con miles de ciudadanos anónimos solidarizándose con el escritor, crítico cinematográfico y director del festival, en la convicción de que la censura es antitética al arte.

       La censura es un hecho anómalo, puro fascismo sociológico, pero qué podemos esperar en esta época siniestra que nos ha tocado vivir, rebosante de políticos y juristas mediocres, con un gobierno prohibicionista al que la palabra libertad le huele a queso podrido, unas leyes regresivas e inquisitoriales, una sociedad civil narcotizada y unas asociaciones compuestas de ciudadanos cobardes que hacen uso de la delación y la vigilancia mutua para obligar al artista a la  autocensura. El Tribunal de Estrasburgo no pone límites a la libertad de expresión (ahí tenemos el caso de la sentencia favorable a Arnaldo Otegui que llamó “jefe de los torturadores” al rey) ni de creación (siempre que se proteja la indemnidad de los menores y la integridad física y psíquica de las personas y los animales), y el mismo artículo habla de material pornográfico, no de imágenes simuladas o de una película de ficción. Como dice el escritor Roman Gubern, experto en historia del cine “la ley tendría que diferenciar entre traficar con este tipo de material y sencillamente incluirlo en una película, sea como documento o simple provocación”. Hoy, Vladimir Nabokov tendría muchos problemas para publicar “Lolita”, sería impensable que se pudieran estrenar películas como Spermula o Maladolescenza con la mítica ninfa Eva Ionesco como principal atractivo. Este cronista creció leyendo las obras de El Marqués de Sade, “Los Siete Minutos” de Irving Wallace, viendo películas como La Pequeña de Louis Malle y Saló o los 120 Días de Sodoma de Pasolini, admirando pinturas como “Saturno devorando a un hijo de Goya, y cada día se me hace más deprimente y doloroso formar parte de esta sociedad retrograda que impone sus propios criterios morales para ajustar de forma vergonzosa y hermética los límites del decoro y la ética. Jamás he sentido tanto bochorno por el estigma de formar parte de esta nación, donde tanta gente encuentra confortable vivir bajo el sometimiento y la esclavitud.

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: VENGANZA (REVENGE)



    Este cronista no tiene ninguna duda de que REVENGE (1990) se encuentra entre las mejores películas de Tony Scott junto con Amor a quemarropa (1993) y su obra maestra El fuego de la venganza (2004). No me voy a parar demasiado a destripar una trama conocida por todos: Michael Cochran (Kevin Costner), antiguo piloto veterano de la guerra de Vietnam, viaja a México para encontrarse con su viejo amigo “Tiburón” Méndez (Anthony Quinn), al que salvó la vida en el pasado y que ahora es un potentado mafioso que vive en una palacete rodeado de pistoleros y acompañado de su joven y bellísima esposa, Miryea (Madeleine Stowe). Cochran enseguida se siente atraído por ella e inician un apasionado idilio. Pero Méndez descubre lo que está pasando, a partir de entonces empieza su brutal venganza. 

   Revenge supone una experiencia peculiar dentro del cine de la época, a Scott no le importa tanto el efectismo de las escenas de acción pura como el conflicto que las genera, las pulsiones humanas que desencadenan la tragedia en un relato épico sobre la venganza que aúna de forma excepcional acción, drama y romanticismo.
  

       
   Nunca Madeleine Stowe, una de las grandes musas de los aficionados en las décadas de los 80 y 90, estuvo tan hermosa como aquí. La siempre desaprovechada actriz angelina, famosa por su frágil y sensual belleza de mirada melancólica, nos regala una secuencia espléndida junto a Kevin Costner cuando ambos llevan a cabo una escapada en un Jeep que termina con la pareja dándose un tórrido baño en el río. 


      Ese momento abrasador en que tras un variado surtido de caricias íntimas vemos las nalgas tersas y jugosas de Madeleine cercar el inflado paquete del bueno de Kevin, preparado para la interacción carnal. Una electrizante y calórica escena que fue plagiada en otros films como La cosecha (David Marconi, 1993).