sábado, 27 de julio de 2013

VIKKI BLOWS Y EL FUEGO FATUO


      Nacida en Essex en 1987, la británica VIKKI BLOWS es una glamour model y “actriz” de gran éxito en Estados Unidos y Gran Bretaña. Aclararé a mis lectores que una glamour model es una modelo joven que posa para revistas en top-less, bikini o desnuda y que tiene unas características especiales: cuerpo delgado, pechos grandes (a veces falsos) y un precioso rostro aniñado. Insisto, este tipo de modelos son muy apreciadas en los países anglosajones.  


     Vikki abandonó la escuela a los 13 años y hasta los 15 estuvo trabajando en una peluquería. A esa edad dejó el trabajo y contactó con una agencia de modelos que enseguida la consiguió una portada para la revista “The Daily Star”. Un dato a retener es que apenas mide 1´55 metros de estatura, por lo que tenía muy difícil acceder al mundo de las pasarelas.


      Su carácter desinhibido a la hora de posar desnuda, le ha proporcionado una inmensa legión de fans en todo el mundo. Personalmente, me ha fastidiado mucho que decidiera aumentar su talla de pecho, y tampoco me gusta el exceso de piercings y tatuajes, una moda criminal que está convirtiendo pieles de seda en lienzos agujereados y con olor a tinta. Bellísima, de labios carnosos y un cuerpo que no llega a la extrema delgadez, Vikki obtuvo un papelito en el drama televisivo Footballer´s Wives, que al parecer es una serie sobre los enredos y amoríos de un grupo de futbolistas y sus esposas.


      También ha participado en la miniserie de horror When Evil Calls (2006), que centra su trama en la aparición de un misterioso mensaje de texto que otorga a los estudiantes de una escuela secundaria sus deseos más salvajes. Me cuentan que también tuvo una fugaz aparición en Street Fighter: La leyenda, no lo sé, me niego a ver semejante pestiño.


      Ven conmigo, Vikki, déjame abrazar tu piel blanca, sentémonos entre los juncos a escuchar los versos que emanan desde el lecho del río. Sintamos la paz lejos de tanta caricatura humana. Verás, no te he contado que tuve una novia a la que le sobreexcitaba practicar sexo en lugares públicos, de modo que nos poníamos a faenar en la playa, en el cine, en recintos musicales abarrotados, en portales de edificios y hasta en el confesionario de una iglesia abandonada en un pueblo fantasma cerca de Teruel. Nuestras almas estaban condenadas y aquello ya no era un lugar sagrado, más bien el símbolo de una supina decadencia sobre una alfombra de misales y cancioneros carcomidos y llenos de polvo. Nuestro amor se desnaturalizó a medida que el mundo se nos fue haciendo pequeño. Porque el mundo se convierte pronto en una cárcel que te obliga a hacer recuento de las estúpidas ceremonias cotidianas, y ves como emerge una borrosa figura en la que ya no te reconoces. Y te abraza el miedo, el hastío, y sabes que el amor no te ha hecho diferente, que el tiempo todo lo destruye dejando en la superficie pálidas llamas de fuego fatuo.  


                                                         

lunes, 22 de julio de 2013

ASÍ APARECE ROSARIO DAWSON EN "TRANCE"


      El director británico Danny Boyle (Manchester, 1956), tras formarse en la televisión, dio el salto al cine con la interesante Tumba abierta (1994), un film de suspense con toques de comedia que sirvió de trampolín a actores como Ewan McGregor. Fue en 1996 cuando dirigió la que sigue siendo su mejor película hasta la fecha, Trainspotting, un film de culto instantáneo basado en la novela de Irvine Welsh sobre las correrías de un grupo de jóvenes heroinómanos de Edimburgo. Salvo 28 días después (2002), magnífica película de zombies rodada con un ajustado presupuesto y protagonizada por Cillian Murphy, casi nada de su cine posterior –tal vez 27 horas- ha logrado interesarme, ni siquiera la muy oscarizada Slumdog millonaire (2008).


     Boyle nos presenta ahora Trance, un thriller psicológico que sigue a Simon (James McAvoy), un empleado de una casa de subastas que se asocia con una banda criminal liderada por Franck (Vincent Cassel), para robar un valiosísimo cuadro de Goya. Pero, tras recibir un fuerte golpe en la cabeza durante el atraco y quedar inconsciente, descubre que no recuerda dónde ha escondido el cuadro. Cuando ni la tortura física logran arrancarle una respuesta, Franck contrata a una hipnotista, Elizabeth (Rosario Dawson), para que le ayude a recordar.


      Película laberíntica rebosante de trucos, giros y subterfugios que resulta tan fascinante como agotadora, lo mejor de Trance es el desnudo integral con el pubis completamente depilado de Rosario Dawson, a quien ya habíamos visto desnudarse en films como Alejandro Magno (Oliver Stone, 2004). Eso sí, nunca tan bella y absolutamente desbordante como en este complicado puzzle que la sitúa como eje central de la trama.


       Lejano ya su debut adolescente en Kids (Larry Clark, 1995), la sensual y deliciosa actriz de 34 años se convirtió en una de mis musas sagradas a raíz de su intervención en la excelente La última noche (Spike Lee, 2002), y en la no menos espléndida Sin City (Robert Rodríguez, Quentin Tarantino, Frank Miller,  2005), una de las mejores adaptaciones de un cómic a la pantalla grande, y en donde aparecía con un look genuinamente bizarro. Actual pareja de Danny Boyle, si le preguntan cómo se siente en las escenas de sexo contesta: “Muy natural, el sexo es parte de nuestras vidas, una bendición para los seres humanos. Me gusta mi cuerpo y mostrarlo no significa prostituirlo. Si te desnudas, perteneces a una categoría más “ligera”, entonces nunca podrás ganar un Oscar”. Mierda para los académicos, una ralea de puretas trasnochados ¿A quién le importa? Tú, Rosario, sí que eres una bendición para mi libido. 


domingo, 21 de julio de 2013

CRÍTICA DE "EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING"

Clasicismo y maestría
EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING êêêêê
DIRECTOR: JAMES WAN.
INTÉRPRETES: PATRICK WILSON, VERA FARMIGA, LILI TAYLOR, RON LIVINGSTON, JOEY KING.
GÉNERO: TERROR / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 112 MINUTOS.   


    Siento una conexión total con James Wan, el director australiano de origen malayo, desde su recordado debut con Saw (2004), se ha convertido en un icono del cine de terror para el aficionado que convierte cada estreno suyo en todo un acontecimiento. Aunque siempre nos encontraremos con una legión de críticos trasnochados y catetos que babean vapuleando un cierto tipo de cine basándose en prejuicios cavernícolas e intelectualoides que les lleva a creerse muy especiales.


      Que se jodan, yo supe apreciar la inventiva de aquel cuento macabro titulado Silencio desde el mal (2007), me pareció un film de justicieros más que digno Sentencia de muerte (2007), y me lo pasé bien sumergiéndome en la atmósfera perturbadora de aquella casa encantada de Insidious (2010). Wan logra la que es su mejor película hasta la fecha con EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING, y tal vez esa babosa crítica pequeñoburguesa se rinda ahora al talento de un hombre que ha evolucionado desde el terror más visceral hasta la fábula hiperrealista.


      Basada en la historia real de la familia Perron, el film nos sitúa en el año 1971 para presentarnos al matrimonio de investigadores paranormales Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga), él demonólogo y ella médium, que tienen una especial reputación en el mundo de los fenómenos sobrenaturales. Un día son llamados por una familia formada por Roger y Caroline Perron (Ron Livingston y Lili Taylor), que con sus cinco hijas se han mudado a un caserón en una granja aislada de Harrisville, en Rhode Island, que está siendo acosada por una entidad supuestamente diabólica. Obligados a enfrentarse a la oscura presencia demoníaca, los Warren se encuentran con el caso más terrorífico de sus vidas.


      Si este crítico fuera actor confiaría a ciegas en James Wan, el director más ingenioso y original –junto con Rob Zombie- dentro del panorama del cine fantástico actual. Lo haría al menos para que  mi filmografía incluyera una película firmada por un cineasta que se convertirá en una leyenda del género, pero también porque debe resultar fascinante formar parte de un universo creativo que busca celebrar nuevas formas escénicas, narrativas y plásticas del terror: la ilusión de un territorio fértil donde se deconstruyen las fórmulas y códigos clásicos para potenciar sus elementos más eficaces y significativos, eliminando lo puramente anecdótico y/o superfluo. Wan regresa a la temática de las casas encantadas que ya visitara en Insidious, una premisa en apariencia nada original que con el latiguillo “basada en una historia real” conforma un relato que integra elementos novedosos en un paraje de lugares comunes y reconocibles.


       EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING abre dos vías narrativas que van a confluir de forma electrizante: por un lado la relación existente entre el matrimonio de investigadores de lo paranormal; y por otro la familia que se ve asaltada por un ente demoníaco. Fusión de almas que se verán envueltas en una espiral aterradora que marcará las pautas de un suspense insoportable en el epicentro de una atmósfera muy elaborada y asfixiante. Filmada a la vieja usanza con sofisticación y un depurado estilo, la función nunca abusa de los trucos y sustos fáciles, desarrollando una trama mínima que encuentra el cóctel perfecto en los fenómenos poltergeist, las posesiones y las casas encantadas, el halo visible de una intensa y desgarradora dramaturgia, y a través de esos ingredientes redefinir los acontecimientos violentos de origen sobrenatural que amenazan y acaban dinamitando la paz de una familia de manera progresiva y escalofriante.



      Wan hace tiempo que abandonó la violenta y descarnada explicitud de su primera obra para explorar el magma psicológico donde fermenta el miedo como detonante del sometimiento y la devastación emocional, y el espectador más cinéfilo quedará extasiado con los magnéticos y elegantes planos secuencia sobre un espacio que es más psíquico que físico, apreciando cada encuadre en su amenazante dimensión, quedará atrapado desde el minuto uno con ese magnífico prólogo que nos presenta a los Warren con otro espeluznante caso, el de la muñeca Annabelle. Con un equilibrio perfecto entre cine mainstream y película de autor, la función triunfa en su deliciosa ambientación setentera, tamizada por una textura y un tono naturalista, en la elección de un impecable elenco del que sobresalen un sobrio Patrick Wilson y unas soberbias Vera Farmiga y Lili Taylor. Y, por supuesto, triunfa en su misión de erizar el vello del espectador, a quien arrastra a un clímax final terrorífico y purificador, como catarsis definitiva de los miedos más ancestrales. Wan se dio a conocer ante el público con Saw cuando sólo tenía 27 años, nueve años después ha firmado su primera obra maestra.

martes, 16 de julio de 2013

PARIS HILTON, DE CHORRADA EN CHORRADA

  
    La osada y polifacética PARIS HILTON (Nueva York, 17 de febrero de 1981), que además de modelo es cantante, diseñadora y actriz, es la hija mayor de los cuatro hijos del propietario de la cadena de hoteles Hilton. Nuestra diva se hizo popularmente conocida por su participación en la serie The simple life y, sobre todo, por un vídeo pornográfico casero con su ex novio Richard Salomon que se difundió profusamente por Internet, siendo comercializado con el metraje íntegro bajo el título One nigth in Paris.


      Los Hilton denunciaron a Salomon, que figuraba como director del vídeo, ganando la demanda. La chica ha sacado pingues beneficios de sus apariciones en anuncios, cine y televisión, y la revista Forbes la clasificó como una de las mayores “celebridades” del mundo.


      Uno de los objetivos profesionales de Paris era convertirse en actriz, y después de sus experiencias como modelo y en el mundo de la televisión ha podido dar el salto a la gran pantalla con pequeñas apariciones en algunos títulos como Zoolander, Wonderland, Mamá a la fuerza  y La casa de cera, del catalán Jaume Collet Serra. Pero lo que en realidad le gusta a Paris (y a su hermana Nicky) son las fiestas, en donde se producen sonoros escándalos y lucen camisetas con eslóganes muy marranos. Nuestra alocada estrella nunca ha ocultado su bisexualidad, una condición que parece formar parte de su faceta díscola y transgresora.
    


      Oh, Paris, vi como te metías el periscopio del tipo ese dentro de tu sinuosa boca ¡atragantándote!, perforando de manera mecánica, indiferente pero meticulosa, tu ansia y tu sonrisa burlona. Yo iré a buscarte a tu tierra crispado de ilusión y poesía para grabar mis besos en tu piel, de mí sólo quedarán ya retazos, trozos sin identidad, un rompecabezas incompleto. 

sábado, 13 de julio de 2013

CRÍTICA DE "EL HIPNOTISTA"

Los turbios posos de una sociedad en apariencia modélica
EL HIPNOTISTA êêê
DIRECTOR: LASSE HALLSTRÖM.
INTÉRPRETES: TOBIAS ZILLIACUS, MIKAEL PERSBRANDT, LENA OLIN, JONATAN BOKMAN, OSCAR PETTERSSON.
GÉNERO: THRILLER / SUECIA / 2013  DURACIÓN: 120 MINUTOS.   
    
      Después de casi tres décadas de ausencia, el director sueco Lasse Hallström vuelve a rodar en su tierra natal para explorar el fecundo territorio del policíaco nórdico adaptando a la pantalla grande el best seller homónimo de Lars Kepler. Un paisaje donde el frío se eleva siempre como un elemento totalizador que afecta de manera triste, grave, a unos personajes que deambulan entre la oscuridad y la bruma con una carga existencial que parece esconder mil secretos. Mucho antes de la seminal trilogía Millennium, algunos thrillers suecos supieron aprovechar esos escenarios glaciales para dotar a sus relatos de un peculiar tono, recuerdo ahora la espléndida El visitante nocturno (Lászlo Benedek, 1971) con un excepcional Max Von Sydow.  


      La película arranca con el salvaje asesinato de una familia en su casa de Estocolmo en pleno mes de diciembre, y solamente el hijo, Josef (Jonatan Bokman) ha sobrevivido en un estado muy traumatizado. El caso tiene totalmente desconcertada a la policía y desesperado por obtener alguna pista al comisario Joona Linna (Tobias Zilliacus), por sugerencia de una joven doctora, Daniella (Helena af Sandeberg), decide contactar con un psiquiatra especializado en hipnosis, Erik Maria Bark (Mikael Persbrandt) para que le ayude a acceder a la memoria de Josef.


      Bark dejó hace tiempo la hipnosis y se prometió a sí mismo que jamás la retomaría, sólo su sentido de la responsabilidad y la insistencia de la doctora acaban por persuadirle para ayudar a la policía. No obstante, su implicación en el caso acaba teniendo  dramáticas consecuencias para su familia: en plena noche, en su presencia y la de su mujer, Simone (Lena Olin), alguien rapta a su hijo, Benjamín (Oscar Pettersson) y le amenaza con que no siga ayudando a las autoridades.


       Frío, soledad y brutalidad, señas de identidad del nuevo noir nórdico que en EL HIPNOTISTA toman forma para decapar, una vez más, el barniz que da brillo a una sociedad en apariencia impoluta, casi perfecta. Y Hallström, que sabe que el material que tiene entre manos puede ser etiquetado de manera simplista dentro de esa moda tanto literaria como cinematográfica, trata cuidar con sumo detalle a los personajes otorgándoles una severa introspección para indagar en su reverso intimista; el sufrimiento y la desesperación de la familia a la que han secuestrado a su hijo, y un policía creíble, humano, sin mucha vida fuera de su oficio. La trama, como su clima, se desarrolla de forma gélida y pausada, el guión flojea dejando lagunas perceptibles hasta para el espectador menos avispado y es evidente que algunas explicaciones y la línea de diálogos deberían estar mejor estudiadas.    


      Es cierto que a EL HIPNOTISTA le falta garra, pulso, y que la función se hace previsible hasta en sus pistas falsas, pero no estamos ni mucho menos ante una película despreciable; una fotografía envolvente y atmosférica cortesía de Mattias Montero, unas interpretaciones más que correctas (Tobias Zilliacus logra una encarnación veraz muy alejada de los clichés sobre detectives que el policíaco actual viene desarrollando) y el acercamiento psicológico a la vida personal de los protagonistas, hace que el film brille a una altura superior de la media coetánea.



      Hallström lo logra manteniendo siempre un medido equilibrio éntrela vía del drama familiar  y la de la investigación criminal, insistiendo más en las trágicas circunstancias de la primera vertiente que en el suspense y la tensión que genera el proceso de resolución de un caso en el que los giros narrativos resultan estériles (las pistas claves son demasiado obvias) y nada ingeniosos. Estamos ante un film digno, contenido, de flemática elegancia, con momentos realmente conseguidos (la escalofriante inspección del policía sobre el escenario de la masacre) y que te hace reflexionar sobre los turbios posos de una sociedad tan superficialmente modélica.