martes, 3 de octubre de 2023

RECORDANDO A CARMEN SEVILLA EN SU MEJOR PELÍCULA


    Si cualquier aficionado cinéfilo echa un vistazo a la extensa filmografía de Carmen Sevilla (1930-2023), que Dios la tenga en su gloria junto a sus ovejitas, se dará cuenta de que está conformada mayormente por películas irrelevantes o directamente zarrapastrosas. Pero esto es así no porque la actriz, tonadillera y presentadora sevillana (de ahí su nombre artístico), careciera de dotes interpretativas, sino porque casi todas las producciones en las que participó eran, tanto en el apartado técnico como narrativo, de una calidad cuestionable.

     Vehículos creados para el entretenimiento de un público que necesitaba evadirse de los traumas y penurias de una inacabable posguerra, y que buscaban en la comedia, el folclore y la copla mejores estímulos. De los más de sesenta títulos que componen su carrera en la gran pantalla, destacan La Venganza (Juan Antonio Bardem, 1958), Rey de reyes (Nicholas Ray, 1961), El secreto de Mónica (José María Forqué, 1962), El techo de cristal (Eloy de la Iglesia, 1971) y Nadie oyó gritar (Eloy de la Iglesia, 1973). Lo cual demuestra que, cuando trabajaba con directores solventes y guiones aseados, la actriz mostraba cumplidamente su talento dramático. No era Katharine Hepburn ni Meryl Streep, pero la queríamos más y era más guapa. Vamos con una reseña de la que es, con diferencia, su mejor película.

“LA VENGANZA” (1958)

Director Juan Antonio Bardem.

Intérpretes: Carmen Sevilla, Jorge Mistral, Raf Vallone.

     La Venganza, Premio de la Crítica Internacional en El Festival de Cannes, fue la primera película española nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera y la acción nos sitúa en el año 1931. En un pueblo de la sierra andaluza, Juan Díaz (Jorge Mistral), vuelve a casa tras haber pasado diez años en la cárcel por un crimen que no cometió. Junto a su hermana Andrea (Carmen Sevilla), deciden vengarse de quien creen que es el culpable de su desgracia, Luis “el Torcido” (Raf Vallone). Para ello, los dos hermanos se unirán a una cuadrilla de segadores que buscan trabajo por las tierras de Castilla y en la que oficia como caporal su mayor enemigo.

 


     La censura de la época (ahora tenemos otras), prohibió el título original, Los segadores, ya que coincidía con el himno catalán Els segadors, y exigió además que la historia no ocurriera en la época en que se rodó, sugiriendo el año 1935 durante la Segunda República. El gran Juan Antonio Bardem hizo caso a la primera exigencia, pero situó la acción en 1931, se supone que durante la dictadura del General Primo de Rivera. La venganza es un excelente drama rural con un tono de western a la española que con una virtuosa fotografía de Mario Pacheco confiere una pátina quemada a los campos amarillos de Castilla y nos narra la historia de una cuadrilla de segadores a la que se unen los hermanos Juan y Andrea para ganar algún dinero, pero, sobre todo, para tratar de averiguar si el capataz, Luis “el Torcido”, fue quien acusó a Juan, un hombre inocente, de haber matado a su hermano mayor, Salvador, y si es así, vengarse.

 


     Filmada en escenarios naturales de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Jaén, Madrid y Toledo, la función transita por diversos géneros como el western, pero sustituyendo las pistolas y rifles por hoces y navajas; el drama social, con denuncias sobre el abuso laboral y sexual; y la road movie o película de viajes. Y es en ese fatigoso itinerario por tierras castellanas bajo un sol abrasador en el que se embarcan los segadores donde Bardem va construyendo una cruda metáfora de las dos Españas, irreconciliables, cainitas, de rencillas y odios enconados y eternamente desafiantes, representadas por Luis “el Torcido” y Juan Díaz. Como buen comunista, al director siempre le preocupó la lucha de clases. Un comunista, eso sí, optimista, es por eso, que finalmente alumbra un lugar para la conciliación y la esperanza.

      Contando con la participación de secundarios de lujo como José Prada, Conchita Bautista, Vicente Alexandre y Fernando Rey, estamos ante una película que es a la vez la historia de un amor imposible (se masca la tensión sexual entre Luis “el Torcido”, al que da vida el actor italiano Raf Vallone, y Andrea, una Carmen Sevilla con gran intensidad dramática y guapísima con 28 años), y un viaje por las entrañas de la España profunda, una España de miedos, luto, hambre, harapos y penas. Así, un intento de violación, el encuentro con unos titiriteros errantes que, tras un incendio, nos hace recordar aquello de “a perro flaco todos son pulgas”, la solidaridad de la cuadrilla con los jornaleros en huelga de un pueblo por las deplorables condiciones laborales y la competencia con las máquinas segadoras que comienzan a poblar los campos, conforman el universo de una cinta que se impone como una señal de alerta ante el odio y el fanatismo ciego, que como el sueño de la razón, produce monstruos.

3 comentarios:

  1. Una buena película que, a mi modo de ver, funciona mejor en el plano general, en su retrato de una forma de vida atávica y destinada a desaparecer, y no tanto en el plano corto, en el drama del triángulo protagonista (rostros en contrapicado, al estilo soviético).

    Un abrazo (te echábamos de menos).

    ResponderEliminar
  2. Concuerdo, Ricard. En realidad, el comunismo militante de Bardem, está más interesado en retratar el caciquismo y las deplorables condiciones laborales de los segadores jornaleros.

    Espero que sí, porque también yo he encontrado a faltar estos ratos en los que compartimos impresiones los aficionados cinéfilos y amigos blogueros... pero mi mujer cayó enferma hace unos meses y he tenido que cuidarla y encargarme de casi todo. Ya está mejor.

    ResponderEliminar