martes, 17 de enero de 2017

CRÍTICA: “IRRÉPROCHABLE” (Sébastien Marnier, 2016)


“IRRÈPROCHABLE” êêê
     

    El debut del director francés Sébastien Marnier centra su trama en Constance (Marina Foïs) una mujer de mediana edad que tras ser despedida de su trabajo en París, regresa a su ciudad y a la casa familiar con la excusa de cuidar a su madre que se encuentra enferma y hospitalizada. En realidad, no tiene a dónde ir ni a quién acudir, por lo que intenta trabajar de nuevo en la pequeña agencia inmobiliaria donde comenzó su carrera. Cuando se presenta en la agencia, su antiguo jefe le dice que su lugar lo ocupa ahora Audrey Pailleron (Joséphine Japy) una joven hermosa y competente, pero ella está convencida de que recuperará su antiguo trabajo debido a su experiencia y comienza a obsesionarse con Audrey.


      La ópera prima de Marnier se sostiene gracias al gran trabajo de Marina Foïs, dando oxígeno a una mujer perturbada que tras tener diversas aventuras sexuales, acosa a los hombres con los que se acuesta e intenta chantajearlos cuando sólo obtiene de ellos la indiferencia o el desprecio. Constance cree que regresando a su ciudad natal puede recuperar su vida, que las cosas no han cambiado y que allí todo sigue igual porque el tiempo pasa más lentamente. De ahí que intente recomponer las relaciones que abandonó hace más de un lustro e incluso se viste con la ropa que dejó en el hogar familiar cuando se marchó. Se equivoca, ya nada es como antes y pronto lo comprobará en carne propia con su naufragio sentimental y profesional.


      Constance regresa en tren y tras la primera mirada que cruza con uno de los pasajeros, un asesor fiscal llamado Gilles Lenquin (Benjamin Biolay, un tipo que se parece mucho a Benicio del Toro) se ve enredada en un volcánico encuentro sexual, pero cuando él no quiere saber nada de ella, le acosa amenazándole con contarle a su mujer su aventura con ella. El espectador detecta enseguida que algo no funciona en la cabeza de Constance en su manía de espiar a la gente, en su disciplina casi militar para mantenerse en forma, en su manera de tratar a su madre que se encuentra en un aparente estado vegetativo y en su retahíla de mentiras. Es entonces cuando nos damos cuenta de que no se va a detener ante nada, ni siquiera ante una acción criminal, con tal de conseguir su objetivo. Con la influencia de Escalofrío en la noche (Clint Eastwood, 1971) y Atracción fatal (Adrian Lyne, 1982), Marnier sostiene bien el interés de la trama que irá transitando por el terreno del cine social para llegar hasta los más oscuros páramos del drama criminal, y aunque su argumento pueda resultar previsible esto no resta ningún interés a la acción. Puede que la ansiedad de Constance acabe traicionándola… o tal vez no.  


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