viernes, 11 de marzo de 2016

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “MALIZIA” (1973)

Malizia (Salvatore Samperi, 1973)
En memoria de Laura Antonelli
(Pola, 1941- Ladispoli, 2015)
     
     
    Laura Antonelli murió el pasado 22 de junio de 2015 de un infarto. La actriz, que comenzó realizando anuncios italianos de Coca-Cola, hizo su primera aparición en la pantalla grande en un papelito sin acreditar en Le sedicenni, un film romántico de 1965 dirigido por Luigi Petrini, pero fue su papel de Ángela en Malizia (Salvatore Samperi, 1973) el que marcó un punto de inflexión en su carrera, un título clave que convirtió a la exuberante diva de rostro angelical y cuerpo moldeado para el pecado en uno de los principales iconos sexuales del cine europeo de la década de los 70. Encasillamiento que no impidió  que demostrara sus dotes interpretativas en películas como El inocente (Luchino Visconti, 1976), un magnífico drama de época en el que compartió protagonismo con Giancarlo Giannini.


      Malizia nos narra cómo después de la muerte de su esposa, Ignacio La Brocca (Turi Ferro) cuenta con una nueva y hermosa empleada de hogar llamada Ángela (Laura Antonelli) quien atraerá sexualmente tanto a Ignacio como a sus hijos mayores, sobre todo a Nino (Alessandro Momo). El film, de exquisita fotografía a cargo del maestro Vitorio Storaro, fue presentado en la sección oficial de largometrajes del Festival de Berlín. 


    Con un guión muy simple y fusionando géneros como la comedia, el drama y el erotismo, Malizia supuso un auténtico boom cuando se estrenó en la plomiza y retrógrada España de los años 70. No era para menos, al igual que otros títulos clásicos del erotismo como Emmanuelle, Historia de O y El portero de noche (El último tango en París está a otro nivel), la película ayudó a desencorsetar la rancia y castrante doctrina en materia de educación sexual de nuestro país y rompió las cancelas de tantos traumas y tabúes que actuaban de rémora para una conciencia colectiva corroída por la culpa. Aun así, la historia de la lozana y carnal criada a la que da vida Antonelli poniendo verriondos a todos los miembros de la familia y a la que un muchacho acosa hasta que consigue llevársela al huerto, se estrenó censurada el 18 de junio de 1974. Pero dio igual, porque la tremenda sensualidad de la musa italiana, resultó más eficaz por lo que dejaba intuir que por lo que mostraba, algo consustancial al cine erótico.


    Malizia es, además, una aproximación bastante realista a las costumbres de la clase media alta italiana de la época, y el dibujo entrañable de una serie de personajes cuyas correrías surcarían hoy los mares de lo políticamente incorrecto. Sobre todo por cómo el dichoso y procaz muchacho (un Alessandro Momo con 17 años que coincidiría de nuevo con Antonelli en otra película de Samperi titulada Me gusta mi cuñada, de 1974, muriendo poco después en un accidente de motocicleta) trata a la empleada, a la que somete a sus caprichosos e hirientes juegos tras haber hecho bueno el refrán “quien la sigue la consigue”. Estamos, amigo lector, ante un título mítico que marcó a toda una generación, una comedia pícara y picante de nostálgico recuerdo que concluye con una antológica secuencia final de una persecución con una linterna que sigue siendo evocada por muchos aficionados.


     Laura Antonelli murió sola, abandonada y al borde de la indigencia cobrando una pensión mensual de 510 euros. Amada y atormentada, su vida comenzó a torcerse tras el fracaso de la secuela de Malizia 2000 (S. Samperi, 1991), pues habiéndose sometido a una operación de cirugía que le deformó el rostro, cayó en una profunda depresión y hasta pasó una temporada en un centro psiquiátrico. En ese mismo año fue acusada de tráfico de estupefacientes y absuelta por un tribunal de apelación nueve años después. Sólo el actor Lino Banfi estuvo con ella hasta el final intentando rescatar su sonrisa y el aura mágica de su eterno recuerdo. Ella lo agradeció, pero se negó a surgir de la sombra. Nada terrenal le interesaba ya. Pedía al mundo que la borrara de su mente y la olvidara. Un deseo imposible de cumplir para mí, que la recordaré siempre.



2 comentarios:

  1. Será porque mi niñez sigue jugando entre las butacas de esos cines de reestreno con programa doble: yo me quedo con Laura Antonelli antes que con las tres parisinas de la reseña anterior. Un abrazo Pedro.

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  2. Pfff, pues me pones ante un dilema, Pascasio, porque Joséphine de la Baume y Lea Seydoux me gustan mucho. Es verdad que la lúbrica y lozana carnalidad de Antonelli me sirvió de inspiración constante en los devaneos onanistas de mi adolescencia. Y aunque siempre he tenido debilidad por las grandes y voluptuosas musas del cine italiano, no es menos cierto que la misma debilidad he sentido también por la lánguida sofisticación de las divas francesas. Además, Francia es mi país favorito y el que más visitas aporta a este blog junto con el nuestro y Estados Unidos. Quiero decir... las amo a todas.

    Un abrazo.

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