miércoles, 6 de febrero de 2013

LAS MEJORES PELÍCULAS PORNO DE LA HISTORIA


      El virus porno afectó de forma inexorable los comportamientos sexuales de generaciones como la mía. Hay afirmaciones que por repetidas parecen constituir incuestionables verdades absolutas: “Todas las películas porno son iguales” “Las pelis porno no tienen argumento”, “El cine pornográfico carece de calidad”, e incluso hay quien llega a decir que “estas películas sólo tienen sentido como refugio para onanistas solitarios y parejas necesitadas de estímulos”. Si vinieran precedidas de un mínimo razonamiento se podrían rebatir, pero sólo son asertos, simples coletillas que se repiten de forma mecánica.

       Lo peor de todo es que el retrato-robot de quien lanza tales aseveraciones suele ser el de una persona acomplejada, de sexualidad patética y/o reprimida, con una obscena tendencia al pavoneo y consumidora de una ingente cantidad de basura televisiva. A la pregunta ¿te gustan las pelis porno? Con dos huevos contesto: no sólo me gustan, si puedo, también las imito. Me apoyo con desgana en las estadísticas para afirmar que la pornografía es el material más demandado en internet y su público mayoritario es el compuesto por parejas y matrimonios.

        De modo que como crítico especializado y como aficionado que ha visionado miles de películas de todos los géneros, si tuviera que elegir tres pelis porno para integrar en el “XRCO Hall of Mame”, una especie de antología a la que acceden sólo aquellos clásicos que deberían ser salvados en caso de un holocausto nuclear o invasión extraterrestre, mis títulos seleccionados serían los siguientes. Lo siento, me puede la nostalgia. Así, por higiene mental, como testimonio de que en el sexo, más que en ninguna otra parte, está la alegría y la vida, estas son mis propuestas:

GARGANTA PROFUNDA (Deep Throat, EE. UU., 1972)
DIRECTOR: GERARD DAMIANO.
INTÉRPRETES: LINDA LOVELACE, HARRY REEMS, DOLLY SHARP, CAROL CONNORS, GERARD DAMIANO

         El gran clásico de Gerard Damiano es para quien esto firma el Mejor Porno de toda la historia. Supuso, además, toda una revolución en un género todavía en pañales y una conmoción en su país de origen, tanto por sus impactantes secuencias como por su fuerza narrativa y lo original de su argumento. Veamos: Linda (Linda Lovelace) es una mujer insatisfecha sexualmente, no por falta de ímpetu, pues se entrega a los más poderosos sementales sin alcanzar por ello el orgasmo, una necesidad que, como es lógico, se acaba convirtiendo en una obsesión. Un día decide, como última solución, acudir a la consulta del Dr. Young (Harry Reems), un estrambótico psiquiatra que tras un exhaustivo chequeo detecta dónde se encuentra la causa de los problemas de la joven: linda sufre una anormalidad pues tiene el clítoris en la garganta y no en la vagina como el resto de las mujeres. El doctor le ofrece un trabajo de fisioterapeuta en su consulta que ella, agradecida, acepta, vislumbrando así la oportunidad de entrenarse con las jugosas prácticas orales que tanto le excitan. Tan exquisita terapia sólo puede terminar con una feroz eyaculación sobre su rostro al compás de repiques de campanas y fuegos de artificio.

      GARGANTA PROFUNDA es de esas películas que marcan un punto de inflexión en la historia del cine X. rodada en diez días con apenas 25.000 dólares de presupuesto acumuló más de medio centenar de denuncias de organizaciones religiosas y ultraconservadoras, que contribuyeron con su publicidad a elevar a Linda Lovelace a la categoría de primera star system del porno (fue portada de la revista “Time”) y eso que la experta y lenguaraz jovencita, protagonista absoluta del film, sólo acudió para actuar como extra acompañando a su novio que había sido contratado como operador de cámara del film.

      Chispeante, amoral y sumamente lujuriosa, la Lovelace se come la cámara con una naturalidad doméstica y despliega a su antojo todos los métodos de exorcismo: coito anal, oral y vaginal, afeitado púbico y lo más extraordinario, una profundidad de abismo en su cavidad bucal, en la que ella centra todo su interés, para mandar a la mierda, de una puñetera vez, aquella ridícula máxima para acomplejados que dice “chiquita pero juguetona”. Para finalizar y hacernos una idea del acontecimiento social que supuso esta película, basta señalar que uno de los chivatos del caso Watergate era conocido con el sobrenombre de “garganta profunda”.

TRAS LA PUERTA VERDE (Behind the green door, EE. UU., 1973)
DIRECTOR: MITCHELL BROTHERS.
INTÉRPRETES: MARILYN CHAMBERS, JOHNNIE KEYES, GEORGE MACDONALD, LISA GRANT, YANK LEVINE.


      Los hermanos Mitchells lograron con TRAS LA PUERTA VERDE una de las cintas más aplaudidas por la crítica especializada y por un público para el que no ha perdido interés a pesar de los cuarenta años transcurridos. Basada en un relato anónimo que circulaba clandestinamente en los años 40, nos narra la historia que un camionero le cuenta al dueño de un bar de carreteras sobre una chica (Marilyn Chambers) que es secuestrada en las cercanías de un hotel para que se convierta en la principal atracción de un espectáculo erótico. La joven, bajo hipnosis, sale al escenario por una puerta verde vestida de blanco inmaculado, para su lasciva representación la acompañan seis mujeres vestidas de negro, vemos los ojos expectantes de un público burgués que ocultan sus rostros con una máscara.

      En primer lugar es un hombre negro adornado con pinturas de guerra quien la posee, pero el plato fuerte, ya con la chica un poco más consciente de su situación, será el que enfrente a la dinámica Chambers con cuatro hombres, un número espectacular plagado de acrobacias circenses con anillos y trapecios. El público, algo apagado hasta entonces, despierta con furiosa incontinencia y se entrega a una desenfrenada orgía. El momento crucial del film llega con una aparatosa y psicodélica explosión seminal que se repite en diferentes colores y trucos visuales a lo largo de cinco minutos. Al final, la joven acompañada por un hombre, desaparece por la puerta verde.

      La legendaria sala barcelonesa “Bagdad” de sexo en vivo es una de las pioneras en nuestro país en este tipo de prácticas contemplativas para voyeurs pajilleros. Los hermanos Mitchells nos introducen en el teatro dentro del cine a través de una burda narración oral que deviene en la eterna metáfora burguesa en la que una joven, sometida a la voraz observación del público, se transforma en oscuro objeto del deseo y en símbolo sexual de los nuevos tiempos. Además de la transgresión que supone que la blanca protagonista sea penetrada por un negro –algo no muy bien visto en aquella época- el film contiene la eyaculación más famosa de la historia del cine X, una larga y extraña secuencia lisérgica tan memorable como irrepetible. La protagonista, Marilyn Chambers, tiene mucho que ver con que este film se haya convertido en todo un clásico, su ardiente y deportiva actuación la catapultó a una fama que ni en sueños le hubiera reportado su antigua profesión de modelo publicitario anunciando jabón.

EL DIABLO EN LA SEÑORITA JONES (Devil in Miss Jones, EE. UU., 1973)
DIRECTOR: GERARD DAMIANO.
INTÉRPRETES: GEORGINA SPELVIN, HARRY REEMS, JOHN CLEMENS, MARC STEVENS, SUE FLAKEN.
 
      Un año después del estreno de Garganta profunda, su director, Gerard Damiano, realizó una de las películas porno más hondas y pesimistas de la historia, y sin lugar a dudas, una de las más interesantes. Una mujer, Justine Jones (Georgina Spelvin) se suicida en la bañera con una hoja de afeitar. En la antesala del Juicio Supremo, un tipo le dice que no tiene nada que temer, pues su vida ha sido ejemplar y su destino es el cielo. Sin embargo, esto se presenta imposible ya que al suicidarse ha incurrido en pecado mortal, por lo tanto, su acceso a tan paradisíaco lugar le está totalmente prohibido.

        Sin más salida que el infierno, la chica hace un trato para volver a la Tierra y arrojarse en brazos de la lujuria para hacer méritos y entrar por la puerta grande del averno. Peo como murió virgen se le asigna un profesor que, a través de un completo y acelerado curso, le enseña las más avanzadas prácticas sexuales (onanismo, coito anal, lesbo, enema, sexo oral, tríos) toda una excelsa tabla de entrenamientos que hará de ella una experta. Cuando por fin se enfrenta al diablo, es llevada a un apestoso cuchitril en el que hay un tipo chiflado e inapetente sexual ocupado en sacudirse las moscas. La cruel condena de Justine, presa ya de un irresistible furor uterino, será pasar la eternidad con semejante e inútil memo.

EL DIABLO EN LA SEÑORITA JONES es un título emblemático del hard-core (porno duro) y basa gran parte de su éxito en la soberbia actuación de la madurita Georgina Spelvin (tenía 37 años cuando protagonizó el film). No obstante, hay más elementos que hacen de esta cinta un ejercicio sugerente: el planteamiento existencialista de una solterona que antes de ingresar en el infierno se desmadra recuperando el tiempo perdido; tu tamiz sórdido y algo patético; el atracón de sexo que le hace encontrar la felicidad y la condenación de su alma (todo pecado lleva consigo su penitencia) al tener que compartir su existencia con un loco desposeído de todo apetito sexual, y a quien desesperada pide ayuda pues “no puede hacerlo sola”.  Un film que por sus reflexiones sartrianas fue objeto de sesudos e hiperbólicos estudios de los intelectuales españoles de la época, sacó el porno de la marginación e instauró un nuevo rito: la asistencia masiva a las salas X.

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