sábado, 25 de julio de 2026

LAS MEJORES PELÍCULAS ESPAÑOLAS DE CULTO: “SALTO AL VACÍO” (Daniel Calparsoro, 1995)

 

    Con Salto al vacío (1995), Daniel Calparsoro irrumpió en el cine español con una obra enérgica, más interesada en transmitir un estado de ánimo que en desarrollar un relato convencional. La película convierte el paisaje del extrarradio industrial del País Vasco en una extensión del conflicto interior de sus personajes: fábricas abandonadas, carreteras, descampados, calles sórdidas y feos edificios de hormigón forman un cosmos donde el futuro parece haber sido cancelado.

    La película sigue a Álex (Najwa Nimri) una joven de 20 años que mantiene a toda su familia gracias al trapicheo con las drogas. Forma parte de un grupo en el que es la única chica y está secretamente enamorada de Javi (Roberto Chalu), pero él la ignora. El conflicto diario sobre su necesidad de amor, de supervivencia y una vida basada en la violencia que resulta asfixiante.

  Álex, a quien da oxígeno una deslumbrante Najwa Nimri en su debut cinematográfico, es uno de los personajes más singulares y magnéticos del cine español de los 90. Su carácter duro no responde a un deseo de rebeldía romántica, sino a una necesidad de supervivencia. Calparsoro evita convertirla en heroína o víctima; la observa como a alguien que ha aprendido que la violencia es el único lenguaje eficaz en un entorno de yonquis y delincuencia donde cualquier muestra de fragilidad se toma como una derrota.

    El director se inclina por una puesta en escena de una fisicidad estremecedora, casi tangible. La cámara se mueve al ritmo de los cuerpos y los persigue. La fragmentación del montaje y el ritmo nervioso generan una sensación de inestabilidad permanente, como si toda la película estuviera al borde del colapso. Esa estética, heredera tanto del videoclip como de un realismo sucio eminentemente europeo, dota a la función de una identidad propia que marca una época y aún hoy conserva una notable fuerza.

   Sin embargo, lo más sugerente de Salto al vacío reside en la contradicción que atraviesa a Álex, su protagonista. Bajo su apariencia agresiva late un deseo casi desesperado de amar y ser amada. La película dialoga con una generación que ha crecido durante la reconversión industrial, sin referentes ni horizontes, donde el amor aparece como la posibilidad de una lejana isla en el más triste de los naufragios, tan necesaria como, tal vez, inaccesible.

    Vista hoy, he de reconocer que ninguna película posterior de Calparsoro me ha gustado tanto como su personalísimo debut. Con el concurso de Karra Elejalde, Alfredo Villa, Marivi Bilbao y Saturnino García, Salto al vacío es una película de una inteligente frescura. Rodada con un presupuesto de guerrilla no glorifica la violencia porque la enmarca como el resultado inevitable de la convivencia en un paisaje social devastado. Su estilo realista, brutal y nervioso nos enfrenta a una verdad emocional. No ofrece redención ni moralejas, sólo el retrato de unos personajes que siguen avanzando incluso cuando saben que el vacío les espera al final del camino.


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