Los monstruos que nos habitan
“LA PLAGA” êêê
DIRECTOR: Charlie Polinger.
INTÉRPRETES: Everett Blunck,
Joel Edgerton, Kayo Martin, Elliot Haffeman, Kenny Rasmussen, Lucas Adler.
GÉNERO: Drama-intriga / DURACIÓN: 109 minutos / PAÍS: Australia / AÑO: 2025
En su debut en el largometraje, el cineasta australiano Charlie Polinger nos sitúa en un campamento de verano de waterpolo, en donde un preadolescente de doce años con ansiedad social se ve arrastrado a formar parte de una cruel tradición que consiste en atacar a los que no se integran con una enfermedad llamada “La Plaga”, pero a medida que se difuminan los límites entre el macabro juego y la realidad, el chico teme que la broma esté ocultando algo real.
La propuesta de La Plaga destaca por su capacidad para hibridar dos terrenos que, en principio, parecen transitar por parajes distintos: el drama social de una lacra terrible como el acoso escolar y una inquietante atmósfera de terror de tintes casi sobrenaturales. El resultado es una película que, sin ser redonda, consigue dejar una huella sólida y persistente. Uno de sus mayores aciertos reside en el trabajo de jovencísimo elenco y la figura casi paternal de Joel Edgerton en el papel de entrenador.
Lejos de caer en interpretaciones impostadas o excesivamente enfáticas, los actores construyen personajes creíbles, vulnerables, y en algunos casos, dolorosamente reconocibles. La naturalidad con la que se desenvuelven delante de la cámara permite que el espectador conecte rápidamente con sus conflictos, haciendo que cada gesto, cada palabra o acción hiriente resulte especialmente incisiva.
Polinger articula el relato con una inteligencia visual notable. La cámara se mueve entre pasillos, duchas, literas, vestuarios y piscina con una sensación progresiva de asfixia, como si el entorno estuviera contaminado por una violencia latente. Es ahí donde la película alcanza su tono más interesante: el bullying (una repugnante lacra social que, como sabemos, la ejecutan siempre los alumnos más miedosos y cobardes) no se presenta como una conducta cruel y reprobable, sino como una especie de “infección” emocional que se propaga, distorsiona la realidad y termina adquiriendo una cualidad espectral.
La dimensión sobrenatural -o al menos ambigua- está manejada con contención, sin que la historia derrape. No hay sobreexplicación, lo cual juega a favor del conjunto: el horror emerge más de la sugestión que de lo explicito (erupciones en la piel como señal física). Esta decisión refuerza la lectura simbólica de la historia, donde el miedo no proviene únicamente de lo desconocido, sino de la crueldad cotidiana amplificada hasta lo monstruoso.
Presentada en los pasados festivales de Cannes y Sitges, la película no está exenta de
irregularidades. En su tramo final, parece debatirse entre mantener su ambigüedad
o decantarse por una resolución más convencional, lo que diluye parte de la
fuerza creada anteriormente. Algunos elementos narrativos quedan esbozados sin
terminar de integrarse del todo, como si el guión no confiara plenamente en su
propio planteamiento. Aún así, La Plaga es una obra sugerente, que
utiliza el lenguaje del terror para hablar de heridas y traumas muy reales. Su mayor
mérito es convertir una tragedia social reconocible en una experiencia
sensorial muy perturbadora, apoyándose en un reparto muy joven que sostiene con
talento el peso dramático y emocional del relato.









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