viernes, 7 de diciembre de 2018

"SUPERLÓPEZ" (Javier Ruiz Caldera, 2018)


El Superman tan ibérico
SUPERLÓPEZêê
(Javier Ruiz Caldera, 2018)
     

   Javier Ruiz Caldera, firmante de otra adaptación de un personaje del tebeo español a la pantalla grande, Anacleto: Agente secreto (2015), que recuerdo olvidé tan pronto como salí de la sala, y de la comedia juvenil Promoción fantasma (2012), película generacional nada convincente y rebosante de ñoñerías, se atreve ahora con la adaptación cinematográfica del superhéroe patrio del cómic creado por Jan, que no es otra cosa que una parodia de Superman: Llegado a la Tierra desde el planeta Chitón, la vida de Juan López (Dani Rovira) no ha sido fácil, pues su superpoderes hace que se distinga de todos: puede volar, leer la mente, tiene supervisión, evitar que un vagón de metro descarrile y volver luego a la oficina como si tal cosa. Juan no necesita nada más que su cruasán matinal para ser feliz. Sin embargo, algo está a punto de cambiar cuando en su vida aparece Luisa (Alexandra Jiménez), un antiguo amor del instituto que causará estragos. Ya no es momento de pasar desapercibido, a pesar de que ello puede llamar la atención de Skorba y su sibilina hija Ágatha (Maribel Verdú), y poner en peligro la supervivencia de su planeta de origen.

   


  Superlópez nunca alcanzó la popularidad de otros personajes del cómic español, pero siempre encontró hueco entre una legión de seguidores que veían reflejadas en sus aventuras muchas de las miserias que asolan a nuestro país. Superlópez es tal vez el superhéroe que mejor representa nuestra innata mediocridad, y es por eso que esta hiriente y a la vez luminosa parodia, que se desarrolla con un aceptable trabajo a nivel técnico y artístico, resulta tan eficaz en su cosmogonía costumbrista y social, aunque menos certera a nivel humorístico. Las esperpénticas aventuras de este Superman de extrarradio que ya tenía bigote cuando sólo era un bebé, sirven al menos para que los espectadores se sacudan la caspa de los hombros al ver lo que sucede en la pantalla. Pero no nos engañemos, el cutrerío que envuelve las relaciones de Juan López con las personas de su entorno nos devuelve una estampa reconocible. Incluso cuando hay que hacer frente a las fuerzas del mal, nuestro vuelo es muy raso.

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