lunes, 24 de agosto de 2015

LAS MEJORES PELÍCULAS DE CULTO: "CRASH" (1999)

CRASH
Fantástico - USA - 1999 - 96 Minutos.
DIRECTOR: DAVID CRONENBERG.
INTÉRPRETES: JAMES SPADER, HOLLY HUNTER, ELÍAS KOTEAS, DEBORA UNGER, ROSANNA ARQUETTE.

    El director canadiense David Cronenberg (Toronto, 1943) debutó en la realización de largos con Stereo (1968), y hasta el momento más de una docena de obras reflejan las inquietudes de este autor por el cine fantástico-científico. Títulos como Cromosoma 3 (1979), Scanner (1980), Videodrome (1982), La mosca (1986) o Inseparables (1988) son un claro exponente de las preocupaciones y temas que centran su interés, aunque últimamente sus films se acercan más a la tragedia distanciándose progresivamente del puro terror. eXistenZ (1999) sigue la moda de películas que juegan con el intercambio de ideas y sensaciones entre la realidad y la ficción. Creador, además, del concepto “la nueva carne”, noción, estética y tendencia derivada de las palabras que James Woods pronuncia en el inquietante final de Videodrome. Un culto que practican desde H. R. Giger hasta Clive Barker, y habitado por extraños parásitos, manipulaciones genéticas, enfermedades que transmutan en el cuerpo, invasiones víricas y la presencia obsesiva, constante, de la carne rebelde en continua mutación, como expresión de los terrores más cercanos y primitivos.
    
     
     En Crash, Cronenberg adapta una novela de culto del escritor británico James G. Ballard, que supuso un escándalo en el Festival de Cannes y su estreno comercial provocó que algunas personas abandonaran las salas, supongo que debido a esa hipócrita tendencia de sentirse horrorizados cuando los desafíos artísticos o culturales rompen algún esquema y van más allá de lo establecido. El argumento se desarrolla a partir de que James Ballard (James Spader) sufre un accidente de coches en el que muere el conductor del otro vehículo que viaja con su esposa (Holly Hunter). A raíz del accidente ambos supervivientes descubren que les excita el dolor tanto propio como ajeno, una sensación que experimentan al quedarse mirando mutuamente.  Los dos son ingresados en un hospital en el que trabaja Vaughn (Elías Koteas) un científico que les irá introduciendo en un extraño mundo de perversiones sexuales y fetichismo del automóvil, en el que también se involucrará Catherine (Deborah Unger) esposa de Ballard. El grupo asiste a reuniones en las que se hacen representaciones reales de accidentes que costaron la vida a ilustres famosos como James Dean o Jayne Mansfield, y en donde James Ballard conoce a Gabrielle (Rosanna Arquette) que a causa de otro accidente tiene enorme cicatrices y se ve obligada a utilizar espectaculares aparatos ortopédicos. Ballard, que después de estrellar su coche ha entrado en una nueva y peligrosa fase de su dimensión sexual, se siente atraído por ella, manteniendo de esa manera relaciones con tres mujeres a la vez, también con Vaughn, el científico.



    Crash es ante todo una película valiente, que nos introduce sin ambigüedades en las vertientes más oscuras de ciertas patologías sexuales: sadomasoquismo, fetichismo, necrofilia... Humano, demasiado humano el impulso que nos obliga a buscar en los márgenes un escape hacia nuevas emociones, una evasión que ahoga por momentos la plúmbea realidad, la abúlica monotonía. El coche como metáfora sexual, instrumento simbólico de poder, progreso y libertad, un móvil perfecto para desatar violencia en la impunidad. Crash es también una película admonitoria, donde la ciudad es una composición de trazos impersonales sin marea humana, una visión periférica de autopistas y bifurcaciones donde el hombre no camina, viaja velozmente acoplado a la máquina. 


     Sexo y tecnología sobre bocetos del escenario urbano, choques de vehículos que provocan fracturas, lesiones, cicatrices -la muerte- pero también el clímax, en unos personajes dibujados por Cronenberg con precisión, logrando una obra de situaciones menos extremas y más cercanas -en lo físico y en lo temporal- de lo que parece. A destacar la belleza lánguida de la rubia Debora Kara Unger y los subjetivos planos de detalles corporales (el del culo de ésta melancólica y curvilínea rubia es de una poesía visual tan hiriente como placentera). La película se alzó con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes. 




2 comentarios:

  1. Es una película fascinante, aunque la radical apuesta de estructurarla en base a los encuentros sexuales entre los distintos personajes, como si fuera una película pornográfica al uso, puede provocar cierto distanciamiento y sin duda es la causa de la deserción de muchos espectadores (como pasó cuando yo fui a verla en un cine de Barcelona -porque eso, en Igualada, ni olerlo-). En cualquier caso, un título efectivamente de culto, cien por cien Cronenberg pese a partir de material ajeno.

    Un abrazo.

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  2. De material ajeno pero de un escritor por el que director canadiense siente debilidad, el británico J. G. Ballard. Bueno él, yo y mucha gente, como por ejemplo el desgraciado vocalista de Joy Division, Ian Curtis.

    El film incluye todas las constantes obsesivas de Cronenberg, otro esteta de las nuevas formas de representación de la violencia y las más turbias parafilias, un voyeur caminando por el borde de un abismo decadente, excitante y morboso, un creador de secuencias e imágenes indelebles en la memoria del aficionado (recuerda a James Wood y esa pistola que le salía de su muñeca y se adhería a su mano en "Videodrome").

    Un abrazo.

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