jueves, 8 de agosto de 2013

CRÍTICA DE "PACIFIC RIM"

Nacida para la nostalgia
PACIFIC RIM êêê
DIRECTOR: GUILLERMO DEL TORO.
INTÉRPRETES: CHARLIE HUNNAM, RINKO KIKUCHI, DIEGO KLETTENHOFF, IDRIS ELBA.
GÉNERO: FANTÁSTICO / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 131 MINUTOS.   

    No negaré que soy mucho más fan de la tradición y el estilo occidental del cómic que del manga japonés. No puedo decir lo mismo de la animación, pues el anime nipón me ha convencido desde aquella magistral aventura ciberpunk titulada Akira (Katsuhiro Otomo, 1988). Guillermo del Toro cocina un sabroso menú para los aficionados a esas dos expresiones artísticas fusionando el Kaiju eiga (película de monstruos) y el Suppa robotto (robots gigantes) en su variedad mecha, es decir, robots gigantes conducidos por pilotos. Todo para dar forma a un armatoste que inundará de nostalgia a generaciones de espectadores obligados a realizar un ejercicio de regresión que les situará delante del televisor viendo los dibujos animados favoritos de su infancia. 


      El director mexicano (un niño grande, muy grande) logra su propósito de entretener al público palomitero creando un artefacto que no está muy lejos en sus intenciones de la saga Transformers: Cuando una legión de monstruosas criaturas denominadas Kaiju comienzan a salir del mar, se inicia una guerra que acabará con millones de vidas y que consumirá todos los recursos de la humanidad durante interminables años. Para combatir a los gigantes kaiju se diseña un tipo especial de arma: enormes robots llamados Jaegers que son controlados por dos pilotos cuyas mentes están bloqueadas en un puente neuronal.


     Pero incluso los Jaegers ofrecen pocas defensas ante los incansables Kaiju. A punto de ser derrotadas, las fuerzas que defienden a la humanidad no tienen más remedio que recurrir a dos insólitos héroes: un ex piloto acabado, el americano Raleigh Becket (Charlie Hunnam) y un aprendiz que todavía no se ha puesto a prueba, Mako Mori (Rinko Kikuchi). Ambos se unen para traer a un tan legendario como obsoleto Jaeger del pasado. Juntos, son la última esperanza de la humanidad frente al apocalipsis que se avecina.


      No nos engañemos, esta especie de batalla épica entre “Mazinger Z” y “Godzilla” no tiene mucho recorrido, pero Del Toro es único para trasladar ciertas sensaciones a la platea y grabar en las retinas imágenes potentes. PACIFIC RIM es un artilugio en donde los aspectos técnicos y visuales están cuidados al detalle, lo que deja sin muchas costuras al componente humano, elemento casi siempre prescindible en un guión en exceso tópico y previsible. En primer lugar se hace necesario resaltar el trabajo del director de fotografía Guillermo Navarro, de nuevo, deslumbrante, otorgando a la función un tono retro que luce muy bien dentro de la gran variedad de hallazgos y detalles visuales.


       Cierto que estamos ante una película que nace de la nostalgia (reminiscencias a Evangelion, Astroboy, Mazinger Z, Tetsujin 28-go) como celebración u homenaje a una época en que la animación nipona marcó la niñez de varias generaciones. Tal vez por eso el director de Cronos toma a los pilotos protagonistas como espejos para rememorar los recuerdos de la infancia al mismo tiempo que desarrolla una ingenua introspección sobre su desgraciado pasado (el conflicto de los personajes que han perdido a familiares en manos de los Kaijus, la relación paternal entre Stacker Pentecost y Mako), y en donde el apoyo sincero del otro sirve de base para la superación personal.


      No me parece suficiente en relación con el derroche de imaginería que termina opacando el atractivo de la trama. Insisto, como blockbuster el artefacto resulta decididamente musculoso, un regalo para ese público adolescente para el que el cine es sólo evasión, que podrán saborear el trabajo de inmersión digital y la recreación de unos escenarios que rayan con lo delirante. PACIFIC RIM no engaña a nadie (se habla del mayor espectáculo friki engendrado por la industria, pero ese galardón se lo merece Sucker punch, aunque no costó 200 millones de dólares), y este crítico tampoco esperaba encontrar un sello autoral en una historia de narrativa minimalista en donde la pirotecnia, las peleas y batallas tenderían a soterrar cualquier atisbo de irrelevante lectura filosófica o socio-política.



      Todo queda ahogado por las contundentes escenas de acción y destrucción con una batería de fabulosos efectos especiales, al fin una serie B lujosa que aúna dos de las grandes debilidades del director: los engendros mecánicos y las criaturas viscosas, siempre con el punto gamberro con que suele perfilar a sus héroes. Falta el componente mágico que siempre ha imprimido a sus relatos, dedicado más al producto fast-food, su efervescente inventiva se vulgariza, de ahí ese final happy ending blando, decididamente frustrante.

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