jueves, 1 de enero de 2026

LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2025

 1- VALOR SENTIMENTAL (Joachim Trier)


    Valor sentimental es una obra de madurez, el director noruego nos muestra su capacidad para articular emociones contenidas, densidad psicológica y una hiriente reflexión sobre la autorrepresentación que convierte la película en un estudio conmovedor de aquello que persiste y se rompe… y se reconfigura en el seno de una familia. La aproximación que hace el cineasta a la condición humana, marcada por la ambigüedad afectiva y la fragilidad de la memoria, convierte la función en una pieza resonante, capaz de dialogar tanto con la tradición como con las inquietudes emocionales de nuestro presente. De lo mejor del año cinematográfico.

2- UNA BATALLA TRAS OTRA (Paul Thomas Anderson)


    Una batalla tras otra es, al fin, un fresco analítico sobre la extenuante moral de nuestro tiempo. No hay consuelo ni catarsis: la cámara registra los restos del naufragio de un idealismo que se resiste a morir, sin saber ya por qué se lucha. El film, más que un amargo manifiesto, es un epitafio escrito con obstinación por alguien que aún espera algo de la vida en sociedad. En su contención formal y su densidad ética, Anderson demuestra que el cine político puede seguir siendo una forma de profunda reflexión. La batalla, parece decirnos, continúa incluso cuando ya nadie cree que pueda ganarse.

3- MISERICORDIA (Alain Guiraudie)

   Tal vez debería advertir que Misericordia es una película incómoda que enojará a mucha gente y que el espectador acabará encadenado a una historia tan intrigante como morbosa que le puede deparar sensaciones desagradables de las que no podrá escapar porque se alojarán permanentemente en su cabeza. Es lo que Guiraudie busca. Desde la llegada al pueblo del protagonista y la presentación de los personajes, uno intuye que la enrarecida y enfermiza atmósfera del pueblo oculta secretos inconfesables y misterios oscuros. Así, durante el increscendo dramático del relato todo saldrá a la luz con momentos de humor bizarro y situaciones que oscilan entre lo macabro y lo absurdo. Me gusta Alain Guiraudie, un cineasta de moral desvencijada que huye de las reglas éticas y los convencionalismos sobre el sexo, la muerte, las relaciones sociales y la religión. 

4- OUR GIRLS (Mike Van Diem)

    Para quien esto escribe, la última campanada del año la ha dado esta cinta holandesa titulada Our Girls (Voor de Meisjes) dirigida por Mike Van Diem que nos sitúa en los Alpes austriacos durante las vacaciones de dos parejas de padres holandeses que ven cómo su antigua amistad se agrieta cuando afloran las frustraciones y desconfianzas latentes al sufrir sus hijas adolescentes un accidente que deja a una de ellas en coma. Lejos de efectismos, el relato se despliega como un mecanismo de precisión que va apretando al espectador escena a escena, hasta colocarlo ante un abismo ético del que resulta imposible salir indemne.

5- AÚN ESTOY AQUÍ (Walter Salles)

  Dirigida por Walter Salles y basada en las memorias de Marcelo Rubens Paiva, Aún estoy aquí nos sitúa en el Brasil de 1971 durante la dictadura militar, cuando su padre Rubens Paiva (Selton Mello), diputado izquierdista, fue secuestrado por el régimen totalitario, y su madre Eunice (Fernanda Torres), se vio obligada al activismo político y a sacar adelante a una familia destrozada. Con la historia y desventuras de Eunice Paiva, esposa del diputado Rubens Paiva, desaparecido durante la dictadura militar brasileña, la película pinta un oleo poderoso de una mujer que, incluso en el ocaso de su existencia y bajo la espesa nebulosa del Alzheimer, se niega a olvidar. 

6- THE BRUTALIST (Brady Corbet)

    En su tercer largo, The Brutalist, (título que proviene del estilo arquitectónico llamado Brutalismo), nos traslada a la Europa de la posguerra para presentarnos al visionario arquitecto Lászlo Tóth (Adrien Brody), que emigra a los Estados Unidos acogido por su primo para tratar de reconstruir su vida, su obra y su matrimonio con su esposa Erzsébet (Felicity Jones), tras haberse visto separados durante la guerra a causa de los cambios de fronteras y regímenes. Sólo y en un país desconocido, Lászlo se establece en Pensilvania, donde el potentado empresario Harrison Lee Van Buren (Guy Pearce), recurre a su talento para la arquitectura. Conocerá entonces las dificultades y el precio de abrirte camino en un sistema capitalista sin conciencia.  Lászlo, separado de su mujer y con el currículum de una obra original en su país de origen y abrumado por los traumas de su pasado reciente, comienza a trabajar para hacerse un nombre y obtener un reconocimiento artístico, pero pronto se convertirá en víctima de las dinámicas de poder en una sociedad sumida en un hipercapitalismo salvaje. 

7- SIRÂT. TRANCE EL EL DESIERTO (Oliver Laxe)

    Con su tercera película de ficción, que se mueve entre el drama, la road movie y la intriga titulada Sirât. Trance en el desierto, una historia que sigue a Luis (Sergi López) un hombre acompañado de su hijo Esteban (Bruno Núñez) que buscan en una rave que se celebra en un remoto lugar de las montañas del sur de Marruecos a su hija y hermana Mar, desaparecida hace meses en una de esas eternas fiestas. Reparten su foto en el lugar envueltos en un frenesí de música electrónica y un tipo de libertad que desconocen. Allí conocen a un grupo de raveros y deciden seguirlos a una última fiesta que se celebrará en el desierto, donde esperan encontrar a la joven desaparecida. Lejos de ser un simple fondo exótico, el desierto en Sirât es un umbral, una vía de paso (significado de esa palabra árabe) entre lo humano y lo trascendente. Allí no se transita por carreteras, sino por la naturaleza del alma. Una vasta geografía que exige la rendición del cuerpo, del ego, del tiempo.

8- NOUVELLE VAGUE (Richard Linklater)

   En Nouvelle VagueRichard Linklater no solo mira (y nos hace mirar) hacía una época específica de la historia cinematográfica: la habita. Su película no es tanto un homenaje general al movimiento francés como una inmersión emocional y creativa en el tumultuoso proceso de producción y creación a finales de los años 50 de Al final de la escapada (1960), la obra con la que Jean-Luc Godard, hasta entonces conocido crítico de la revista Cahiers Du Cinemá, redefinió el lenguaje cinematográfico tras ver cómo triunfaba en el Festival de Cannes su amigo François Truffaut.  En conjunto, Nouvelle Vague más que un ejercicio metacinematográfico o una película sobre un rodaje es una carta de amor al cine y un estudio sobre cómo nace una idea y cómo el cine, a veces, surge del caos más fértil.

9- LOS PECADORES (Ryan Coogler)

    Ryan Coogler, que ya me atrapó con su ópera prima Fruitvale Station (2013), un drama social de denuncia racista basado en hechos reales, se muestra más original que nunca narrando las vicisitudes de dos hermanos gemelos Smoke y Stack, interpretados ambos por Michael B. Jordan, que dejan atrás sus problemáticas vidas como gánsteres en Chicago para regresar a su pueblo natal de Clarksdale, situado en el Delta del Misisipi, y comenzar una nueva vida transformando un granero en un club nocturno musical, pero lo que se encuentran es un mal mayor que les da la bienvenida. Los pecadores no es sólo una película de terror gótico sureño, también una inmersión en el legado del pecado colectivo del racismo que permea todo el relato, explorando como una comunidad temerosa de Dios, envuelta en una atmósfera enrarecida, puede ser abducida por un Mal pretérito enraizado en la comunidad, en la tierra… en la sangre.    

10- BALA PERDIDA (Darren Aronofsky)

   La nueva película de Darren Aronofsky tras La ballena (2022) nos sitúa en la Nueva York de finales de los 90. Hank (Justin Butler) era una gran promesa del beisbol en el instituto, pero como consecuencia de un accidente ya no pudo seguir jugando. La cosa ahora no le va mal, tiene una novia estupenda Yvonne (Zöe Kravitz), trabaja de camarero en un garito de la ciudad y su equipo favorito está sorprendentemente luchando para ganar el campeonato. Cuando su vecino punki Russ (Matt Smith), le pide que cuide de su gato durante unos días, Hank se ve atrapado entre un variopinto grupo de gángsteres amenazantes. Todos quieren algo de él; el problema es que él no sabe por qué. En términos filosóficos, Hank es un personaje arrojado al mundo en un sentido heideggeriano: no elige las circunstancias, sino que está obligado a vivir en medio de fuerzas que lo superan. El encargo banal de cuidar un gato se convierte en el detonante de una espiral de violencia y crímenes, recordándonos cómo el azar mínimo puede alterar radicalmente la existencia.