jueves, 14 de junio de 2012

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: CORAZONES DE HIERRO


CORAZONES DE HIERRO
(CASUALTIES OF WAR)
Drama bélico -USA, 1989 - 110 Minutos - Color.
DIRECTOR: BRIAN DE PALMA.
INTÉRPRETES: MICHAEL J. FOX, SEAN PENN, DON HARVEY, KEVIN DILLON, JOHN LEGUIZAMO.
EDITADA EN DVD POR: COLUMBIA

       Perteneciente a la misma generación que tantos ilustres colegas -Scorsese, Bogdanovich, Pollack, Spielberg- Brian De Palma es un original cineasta que aunque ha reconocido la influencia ejercida en su cine por autores tan dispares como el siempre recurrente maestro Hitchcock y el ideólogo e intelectual Godard (referentes, por otra parte, tan extendidos como comprensibles en miembros de dicha generación) esto no debe ser motivo ni justificación para que, a veces, de manera tan frívola como poco profesional, nos induzca a analizar su obra desde ópticas a menudo perezosas y simplistas, siempre encauzadas hacia conclusiones peregrinas y en demasiados ocasiones falsas, hirientes y arbitrarias. La personalidad de este carismático autor se manifiesta de manera expresa y elocuente en toda su filmografía, modulada por una constante exploración de temas, técnicas y recursos, un espléndido currículum vertebrado en función de su calidad, originalidad y entretenimiento -¡Hola mamá! (1970), El fantasma de la ópera (1981), Los Intocables de Elliot Ness (1987)- que convierten su mirada en una de las más interesantes de la industria, siendo especialmente refrescante su constante vocación renovadora. Su último film -a la espera del estreno de la adaptación que ha hecho de la obra maestra del gran James Ellroy, La Dalia Negra- fue Femme Fatale (2002) un film apreciable en forma de thriller sexual excesivo, en el que da rienda suelta a su libertad creativa y que, de nuevo, dividió a crítica y público. A diferencia de lo que mucha gente cree, fue De Palma y no Scorsese el descubridor de Robert De Niro para esto del cine, le hizo debutar en Wedding party (1966), un largometraje que tardó dos años en rodar, más tarde en Greetings (1968) y en ¡Hola mamá!, adaptando débiles guiones suyos. 

     
      CORAZONES DE HIERRO nos traslada a la guerra de Vietnam, en el corazón de ese infierno  el soldado Eriksson (Michael J. Fox) es un novato recién llegado, una noche su pelotón sufre un enfrentamiento con el enemigo durante el cual cae en una trampa preparada por el viet-cong, de la que es salvado por el sargento Meserve (Sean Penn) cuando está a punto de ser atacado. El sargento es un auténtico témpano de hielo al que la guerra ha endurecido hasta extremos peligrosos. Un día, el operador de radio del escuadrón es abatido por los disparos de un francotirador, un hecho que provoca una reacción de rabia y sentimientos de venganza entre sus compañeros. A raíz del incidente, se planea una arriesgada incursión exploratoria en la aldea desde donde el técnico fue disparado, el sargento Meserve es el encargado de llevarla a cabo, y para ello elige a los hombres que le acompañarán, entre ellos está Eriksson. Pero en el pueblo sólo encuentran a mujeres, ancianos y niños, y lleno de ira ante tal frustración, el sargento ordena raptar a una joven e indefensa vietnamita con la intención de que sea violada por todos los miembros del pelotón. Sólo Eriksson se opone a tan execrable acción, se ha dado cuenta de que Meserve, quien anteriormente le ha salvado la vida, es sólo un psicópata criminal al que sus hombres secundan porque le temen. La chica, después de pasar por un auténtico calvario, es brutalmente asesinada. El novato Eriksson denuncia lo sucedido con la certeza de que, aun en la guerra, un crimen es un crimen.
     
      El film, basado en acontecimientos reales, es un proyecto que el director llevaba cerca de veinte años intentando sacar adelante, pero no se hace con la confianza de los estudios hasta que tras el gran éxito de Los Intocables consigue convencerlos, reuniendo el dinero necesario y apoyándose para tal empresa en un estupendo guión de David Rabe sacado del libro de Daniel Lang, con la garantía de contar además con un magnífico plantel de jóvenes actores. El título original, que podemos traducir como “ Víctimas de la guerra”, es mucho más acertado con el mensaje que la película proyecta, que no es otro que hacer reflexionar, a través de un hecho concreto, sobre la tragedia colectiva que suponen las víctimas inocentes de toda confrontación bélica, la población civil, por la que  no se tiene ninguna consideración y que, en su indefensión y con asidua frecuencia, se convierten en  el mejor blanco para poner en práctica las mayores atrocidades, violándose así, sistemáticamente, las reglas, los derechos y los principios humanitarios pactados entre los Estados. De Palma nos ofrece esta visión estremecedora sin centrarse de forma primordial en el conflicto puramente militarista -porque su denuncia es global y extensiva- sino que, con un relato claramente de personajes, ahonda en la dramática realidad de la mano de un grupo de jovencísimos soldados arrojados a la guerra, cuya estancia por la barbarie y la sinrazón únicamente sirve para despojarlos de toda humanidad y luchar desposeídos sin espíritu. Soldados a los que a su regreso -si sobreviven- les espera una traumática, en muchos casos imposible reinserción, entre la indiferencia y el abandono de quienes allí les enviaron.

      Brian De Palma, realizador de innegable fuerza visual, se nos presenta también como un perfeccionista y un gran amante del realismo, cualidad que le llevó a someter a sus actores a una estricta preparación militar, un entrenamiento que tuvo lugar en Thailandia -país donde se desarrolló el rodaje- y que fue coordinado por un oficial del ejército ya retirado, lo que proporciono una mayor autenticidad a las interpretaciones. De cualquier forma, lo más atractivo e impactante de este particular descenso a los infiernos es, a mi modo de ver, el acierto del cineasta por apartarse de la convencional hazaña u odisea bélica -las vicisitudes de un grupo de soldados en lucha por la supervivencia en una guerra sin sentido- y centrarse en el estudio psicológico de los protagonistas; el megalómano psicópata sargento Meserve y el novato Eriksson, un joven soldado asustado pero decidido, idealista y benevolente. Planteando así un paralelismo entre dos guerras, la meramente militar y la que se libra entre las conciencias. Es esa afilada descripción, el análisis minucioso del enfrentamiento entre las dos personalidades, la diferencia esencial que hace que CASUALTIES OF WAR no sea un film más sobre el tan trillado tema del Vietnam, y se nos presente como una lúcida introspección subjetiva acerca de los peores registros morales y las más oscuras emociones humanas.

lunes, 11 de junio de 2012

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: LA CONVERSACIÓN


LA CONVERSACIÓN
(THE CONVERSATION)
Thriller - USA, 1974 - 109 Minutos - Color.
DIRECTOR: FRANCIS FORD COPPOLA.
INTÉRPRETES: GENE HACKMAN, JOHN CAZALE, ALLEN GARFIELD, FREDERIC FORREST.
     
     Sexta película de Francis Ford Coppola y de la que a tenor de sus declaraciones más orgulloso se siente. Y es que no siempre el autor italoamericano ha gozado de tanta libertad para producir, escribir y dirigir como en este film de espionaje, es por eso que en diversas ocasiones ha reconocido su admiración por Woody Allen, que hace sus propias películas sin aceptar encargos de nadie, rodando sus propios guiones y creándose una carrera muy personal. Con la esperanza de poder permitirse ese lujo, es por lo que Coppola se ha visto a veces obligado a aceptar trabajos alimenticios que seguro han reportado más beneficios que satisfacciones, o se refugia en sus inmensos viñedos y bodegas  a la espera de mejores tiempos para la lírica.
     
     LA CONVERSACIÓN cuenta cómo unos hombres han sido contratados para grabar la conversación que se produce entre una pareja en una plaza de San Francisco. La operación está coordinada por el técnico experto en sonido Harry Caul (Gene Hackman), un hombre solitario amante del jazz y aficionado al saxo que ni siquiera sabe para quien trabaja. Como socio Harry tiene a Stan (John Cazale), los dos desarrollan su labor en una vieja nave donde tienen montado su laboratorio de sonido, es allí donde limpian y reconstruyen las grabaciones. Harry se dispone a entregar el material grabado en las oficinas de un lujoso edificio,  aunque no llega a un acuerdo con el precio se sorprende al cruzarse con el hombre al que grabaron en la plaza, se encamina de nuevo hacia la nave donde se encuentra su centro de operaciones y escucha otra vez detenidamente las cintas, es ahora cuando escucha con nitidez  “nos mataría si tuviera ocasión”. Poco después, a la vuelta de una exposición de aparatos de sonido y vigilancia, Harry invita a unos amigos a tomar unas copas en su estudio de sonido, una chica intenta seducirle y éste, enfadado porque le han gastado una broma, echa a todo el mundo menos a la chica, con la que se acuesta para luego quedarse dormido. Cuando despierta la chica no está y las cintas han desaparecido, a partir de entonces se ve envuelto en una misteriosa trama de suspense y asesinato.
     
      La película Blow up (1966) del italiano Michelangelo Antonioni, en la que un fotógrafo de modelos en el Londres del ácido y la psicodelia descubre un asesinato al ampliar unas fotos que previamente había tomado en un parque, ejerce un curioso y extraño magnetismo sobre algunos cineastas norteamericanos, lo que da lugar a varios films, entre los mejores se encuentran Impacto (1981) de Brian De Palma, y éste de Coppola, en el que el director de El Padrino cambia el fotógrafo por un técnico de sonido, y la cámara y las películas por micrófonos y cintas magnéticas, todo para profundizar en uno de los temas que más le preocupan: el poder y sus secuelas de autodestrucción, la corrupción y la deshumanización del individuo.

     
      A través de una historia kafkiana que deja entrever cierta influencia de Hermann Hesse y su famosa novela El lobo estepario -sobre todo en algunos rasgos del protagonista, que también se llama Harry- el realizador nos muestra el peligro que supone la utilización de sofisticados aparatos tecnológicos para  desnudar la privacidad de las acciones más comunes e íntimas, el poder que eso otorga y las ventajas que puede reportar en el control fascistoide de cierto orden social. Desde la larga escena inicial, sobre la que se desarrolla todo el film, nos sentimos horrorizados al contemplar lo vulnerables que podemos ser ante ciertos mecanismos de espionaje, lo cual produce un estado de impotencia, angustia, soledad y desesperación. La perfecta descripción de Harry el solitario, un hombre taciturno y escrupuloso al que su trabajo acaba afectando y su conciencia no le deja vivir, viéndose abocado a los inevitables límites de la cordura y refugiándose en su saxo para no caer definitivamente en el abismo.
     
     La sensación de que más allá de uno mismo no se pude confiar en nadie, la forma en que a veces queda anulada la línea entre lo real y lo imaginario, el demoledor final en el hilo perturbador de todo el film, son elementos que enmarcan esta obra como una de las más ambiguas y personales de su autor, que la dota de un sentido tan caótico y desorientador como apasionante y atractivo. La película obtuvo tres nominaciones a los Oscars y ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes`74.

sábado, 9 de junio de 2012

BLANCANIEVES Y LA LEYENDA DEL CAZADOR


Espejo mágico ¿quién es en este reino la más hermosa? Tú, Charlize, tú
BLANCANIEVES Y LA LEYENDA DEL CAZADOR
DIRECTOR: RUPERT SANDERS.
INTÉRPRETES: KRISTEN STEWART, CHARLIZE THERON, CHRIS HENSWORTH, SAM CLAFLIN, RAY WINSTONE.
GÉNERO: FANTÁSTICO / EE. UU. / 2012  DURACIÓN: 127 MINUTOS.   
   
      Cuando supe que la peli estaba protagonizada por esa niña con cara de estreñida que responde por el nombre de Kristen Stewart se esfumaron las pocas ganas que tenía de ver esta nueva versión del cuento pergeñado por los hermanos Grimm. Y es que la crepuscular novia de Robert Pattinson (alias “cara corner”, otra medianía que tengo ganas de ver cómo está en la adaptación que David Cronenberg ha hecho de la excelente novela de Don DeLillo Cosmópolis), una actriz que parece tener perpetuamente la regla, con su languidez, sus mohines y su hociquito de peluche abandonado. Pero había que verla, porque además de un elenco de secundarios verdaderamente atractivo (Ray Winstone, Bob Hoskins…), en ella también aparece en el papel estelar de reina malvada una de las mujeres más hermosas sobre la faz de la tierra, Charlize Theron, con quien la Stewart no tiene nada que hacer en un plano interpretativo ni mucho menos en belleza. De modo que, Charlize, no pierdas el tiempo preguntándole al espejo.  

      Nueva vuelta de tuerca al trillado cuento, en BLANCANIEVES Y LA LEYENDA DEL CAZADOR nos encontramos a la tal Kristen Stewart como Blancanieves, la única  mujer que supera en belleza (ni ella se lo cree) a la pérfida Reina (Charlize Theron), tanto es así que la envidia le consume y está dispuesta a acabar con ella. Lo que ignora esta villana reina es que el Cazador (Chris Hensworth), que debía haberla matado, no sólo le ha salvado la vida, pues convertido en su mentor le ha enseñado cómo defenderse. Pronto aparecerá el Príncipe Azul (Sam Claflin), que quedará hechizado por la belleza y el poder de Blancanieves. 

      Enciendo un pitillo al salir de la sala y pienso me han dado más de lo que esperaba, por lo que resulta preceptivo seguir los pasos de Rupert Sanders, antiguo director publicitario, tras este prometedor debut. Porque lo cierto es que ha creado un film atmosférico, en cierto modo sensorial y de sugerente aspecto visual, barnizando de una densa negritud el mítico relato, luz sombría en consonancia con los detalles mitológicos diseminados a lo largo de todo el metraje. No era una empresa fácil dotar de frescura al invento (recordemos ahora la reciente y más floja versión de Tarsem Singh con Julia Roberts) sin caer en la redundancia o el ridículo. Así lo celebramos y aplaudimos al trío de guionistas con Evan Daugherty a la cabeza, que sin obviar al público potencial al que va dirigida la peli, logra un acertado equilibrio entre la fábula infantil y la narración tétrica.
 
      Suntuoso diseño de producción, vistosa puesta en escena y unos escenarios naturales que ponen cierto énfasis realista a una ficción de por sí excesivamente fantástica. El pero está otra vez en la sosaina de Kristen Stewart, a quien incapaz de desprenderse de la pose Crepúsculo, Charlize Theron se come con papas en una espléndida interpretación llena de matices e, insisto, destacando por su enorme atractivo. Me gusta el giro siniestro y terrorífico que Sanders otorga a la historia, una vuelta de tuerca en donde los personajes, las batallas, el bosque oscuro y sus criaturas, las fortalezas y castillos de la campiña británica están dotados siempre de un tono amenazador. Ya es bastante original convertir a Blancanieves en una heroína de acción que roba muchos planos acrobáticos al guapo musculitos Hensworth, optar por la aventura épica medieval es sólo un aliciente espectacular más de esta reinvención delirante no exenta de dramatismo, romance, sensualidad y misterio.  

viernes, 8 de junio de 2012

MIS PELICULAS FAVORITAS: TERCIOPELO AZUL


"TERCIOPELO AZUL" 
(BLUE VELVET)
(BLUE VELVET)
Thriller - EE. UU. - 1986 - 120 Minutos.
DIRECTOR: DAVID LYNCH.
INTÉRPRETES: KILE MACLACHLAN, ISABELA ROSSELLINI, DENNIS HOPPER, LAURA DERN, DEAN STOCKWELL.

     
      Considerado un director de culto, David Lynch nace en Montana en 1946, cursa estudios de Bellas Artes y realiza varios cortos, para ganarse la vida trabaja, entre otras cosas, como repartidor de periódicos. En el año1972 comienza el rodaje de su ópera prima, Cabeza Borradora, estrenada finalmente en 1976 es un sorprendente, extraño e inclasificable film que impresiona a Mel Brooks y le lleva a producirle su segundo largometraje, El hombre Elefante (1980) que consigue siete nominaciones a los Oscars. Su siguiente trabajo es Dune (1984) un cuento futurista que resulta un fracaso comercial. La que para mi es su más grande obra maestra, TERCIOPELO AZUL, funciona mejor en Europa que en América, desde donde se tacha a este singular autor de morboso y oscurantista. Con Corazón Salvaje (1990) ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

     
      Jefrey (Kile Maclachlan) regresa a su casa tras visitar a su padre, ingresado en un hospital como consecuencia de in infarto, en su camino encuentra una oreja humana cubierta de insectos entre unos matorrales, la envuelve en un papel y la entrega en la comisaría. Una noche, cuando sale a dar un paseo conoce a Sandy (Laura Dern) la hija del detective que le atendió en la comisaría, ésta le cuenta que las pistas sobre el caso de la oreja cercenada conducen hasta una cantante, Dorothy (Isabela Rossellini). Un día, Jefrey consigue introducirse en el apartamento de la cantante y ésta le descubre escondido en el armario, amenazandole con un cuchillo le tumba en el sofá, le besa, le acaricia y de prono llaman a la puerta, Jefrey vuelve a meterse en el armario, quien entra es Frank Booth (Dennis Hopper) un siniestro personaje que continuamente inhala oxígeno, éste golpea a Dorothy y la viola. El muchacho observa toda la escena desde el armario hasta que Frank se marcha, ayuda a la cantante y se da cuenta por una fotografía que está casada y tiene un hijo, comienza a sospechar que los tienen secuestrados y que la oreja que encontró en la maleza pertenece al marido. Ayudado por Sandy, el muchacho metido a detective irá descubriendo el horror de un mundo lleno de personajes siniestros y perversos, en el que hay implicado además algún agente de policía. .

     
      No exagero al escribir que TERCIOPELO AZUL es una de las mejores películas de las últimas tres décadas, además de ser en la que mejor queda reflejado el inquietante universo visual y narrativo de su autor. En la aburrida monotonía de Lumberton, pequeña comunidad donde nunca pasa nada, el terror anida y toma forma hasta hacer palidecer a quienes creen vivir su existencia en un remanso de paz. El sentido de lo malsano magistralmente representado por el psicópata asmático Frank Booth, la noche que abre caminos por donde deambulan almas perversas, en tremendo contraste con el día, de mañanas radiantes y luminosa armonía, como una balanza oscilante entre la luz y las tinieblas. Más allá del crepúsculo despierta todo un cosmos subterráneo de turbios manejos, de violencia desatada, dotando de intensidad dramática los actos heroicos, desnudando las pasiones más sádicas.


     
      Pero, BLUE VELVET es también una película de amor, el tierno y juvenil de Jefrey y Sandy; el extraño magnetismo que Dorothy ejerce sobre Jefrey, aumentando su caudal de excitación, encendiendo una llama de deseo entre las brumas; la relación enfermiza y viciosa del sádico Frank, que le hace comportarse como un niño diabólico, buscando el clímax prohibido de fantasías incestuosas (“papaíto entra en casa, papaíto entra en casa”, susurra el jodido salvaje cuando está encima de una asustada Dorothy), delirios de una mente enferma que nacen de la vejación y el dolor infringido a la cantante de belleza cautiva. Lynch nos hace navegar por las dos orillas del río, por la superficie y lo subterráneo, luz y sombras del averno, espacios paralelos de expresiones diversas, sensaciones múltiples y misterios ocultos. Con una magnífica puesta en escena, una admirable descripción de ambientes y personajes, creando un estilo propio de gran atractivo plástico y desbordante imaginación, regalando para la posteridad, a todos esos filósofos de las emociones y las pesadillas, la frase más sórdida, inquietante y lapidaria de la historia del cine pronunciada por la cantante sufriente: “Ahora llevo dentro tu enfermedad”. La película ganó el Premio al Mejor Film en el Festival de Sitges´86.

 

miércoles, 6 de junio de 2012

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: ZODIAC


Fincher, el mesías
ZODIAC
DIRECTOR: DAVID FINCHER.
INTÉRPRETES: JAKE GYLLENHAAL, ROBERT DOWNEY Jr, MARK RUFFALO, ANTHONY EDWARDS, BRIAN COX.
GÉNERO: THRILLER/ EE.UU/ 2007  DURACIÓN: 158 MINUTOS.                 
     
      Decididamente, si en términos culturales España es el culo del mundo, Extremadura sigue siendo tratada como su almorrana ¿Cómo es posible que un acontecimiento como ZODIAC no fuera distribuida para su estreno en ningún cine de la región? Si busco explicaciones más o menos comprensibles me voy a cabrear mucho, así es que es mejor que saquen ustedes sus propias conclusiones. No obstante, este cronista tuvo la oportunidad de ver una copia -ventajas y secretos de este oficio de tinieblas- con una más que aceptable calidad de imagen y sonido para poder hacer llegar a mis lectores las impresiones que me dejó esta obra magistral de David Fincher, el director nacido en Denver pero que residía cuando niño en San Francisco en la época (finales de los sesenta y principio de los setenta) en que el asesino del zodiaco actuaba a sus anchas por la zona norte de la ciudad. Siempre me ha fascinado el modo de asumir riesgos, de explorar nuevos caminos y crear atmósferas perturbadoras del firmante de la filmografía más enfermiza de la historia del cine (Alien 3, Se7en, The Game, El Club de la Lucha, La habitación del pánico...) y resultar innovador en cada una de sus creaciones. ZODIAC  no es sólo un thriller o una excelente película policíaca, el realizador utiliza el MacGuffin del asesino en serie para realizar una rigurosa introspección sobre la convulsa sociedad norteamericana de aquel tiempo, tarada por los ritos de la contracultura, la guerra de Vietnam, los escándalos políticos... y los serial killlers.
     
      Teniendo siempre presente esa cuestión, la historia abarca la investigación real y obsesiva llevada a cabo por policías y periodistas sobre las andanzas de un asesino en serie desde que se inició a finales de los sesenta y hasta los postreros ochenta. Tras su segundo asesinato confeso, Zodiac comienza a enviar cartas a los más importantes periódicos de California, esas misivas contienen datos de sus anteriores crímenes y mensajes cifrados que tienen como único objetivo poner en evidencia la perspicacia de la policía. Cuando una de esas cartas llega a la redacción del San Francisco Chronicle, el periodista de sucesos Paul Avery (Robert Downey Jr.), y el ilustrador Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal) comienzan a obcecarse con el caso hasta el punto de descuidar sus vidas profesionales y personales. Paralelamente el film sigue la pesquisas policiales a cargo de dos inspectores del departamento de San Francisco, David Toschi (Mark Ruffalo) y William Armstrong (Anthony Edwards) a quienes se le hace muy cuesta arriba realizar con eficacia su trabajo ante la falta de medios, el exceso de burocracia y el enfrentamiento entre las distintas jurisdicciones policiales. Aun así, ponen todo su empeño por encontrar una cierta lógica a los crímenes cometidos por el Asesino del Zodiaco.


     
      Manejando influencias fácilmente reconocibles (Todos los hombres del presidente y Klute, las dos de Alan J. Pakula, La Conversación de Francis F. Coppola y J. F. K. de Oliver Stone) y basándose en los libros “Zodiac” y “Zodiac Unmasked” escritos por el caricaturista Robert Graysmith -a quien da oxígeno magistralmente Jake Gyllenhaal en el film- el director de El Club de la Lucha desarrolla una obra muy alejada de los parámetros estéticos y narrativos de Se7en, para alumbrar un artefacto de tintes psicológicos, filosóficos y sociológicos que aun teniendo ambas como eje las correrías de un asesino en serie y la investigación incansable para darle caza, la pulsión dramática, la estructura y el aroma son diametralmente opuestos. Pausada, elegante, meticulosa, asfixiante, tan densa, sobrecogedora y sobresaturada de datos que es posible que algunos se nos escapen y nos sintamos extenuados. Si uno de los mayores logros de la función es no caer en el autoplagio y saber medir inteligentemente los tiempos de un relato pensado para ser saboreado en toda su dilatada amplitud (como la historia de la investigación, que se prolonga a lo largo de dos décadas) otro de sus grandes aciertos es la elección de un reparto en el que nadie brilla por encima de nadie, tal vez Jake Gyllenhaal por su mayor peso, porque la historia se nos sirve narrada a través de su mirada panorámica y obsesiva. A pesar de todos los esfuerzos, Zodiac nunca fue capturado, Graysmith apuntó como conclusión de sus investigaciones a Arthur Leigh Allen (interpretado por John Carroll Lynch) un tipo gris y anodino que estuvo en la cárcel acusado de pedofilia a mediados de los setenta, justamente en la época en que dejaron de ser enviadas las crípticas misivas por el zodiaco.
        
      Puede que el ilustrador tuviera razón, pero pruebas en su mayoría circunstanciales (un reloj Zodiac con el mismo logo utilizado por el asesino para firmar las cartas, cierta referencia a El malvado Zaroff de la que era un fan declarado, un zapato suyo encontrado en la zona de uno de los asesinatos) no fueron evaluadas con el peso suficiente como para evitar que siguiera en libertad, muriendo de un ataque al corazón en agosto de 1992.  Lo que si consiguió el enigmático psicópata es poner patas arriba las vidas de los implicados en la investigación, siendo absorbidos por ella. Es el caso del periodista Paul Avery, que dejó el San Francisco Chronicle para convertirse en alcohólico y drogadicto, aunque no le fue mucho mejor a Graysmith, que también dejo su labor en el periódico para dedicarse en exclusiva a la resolución del caso, lo que afectó de forma corrosiva a su matrimonio. 

      Todavía hoy sigue siendo uno de los sucesos más famosos de la criminología estadounidense, e infinidad de películas y personajes han surcado referencialmente aquel famoso caso que seccionó la yugular del paisaje humano de una ciudad abierta, bohemia y señorial cuando todavía se estaban deshojando las margaritas del mítico verano del amor. Fincher capta todo ese ambiente, el pánico y el bullicio de las redacciones y las comisarías con una puesta en escena sosegada y prodigiosa, nos atrapa en un subyugante laberinto aunque sepamos de antemano que no hay salida, entre otras razones porque los asesinatos no seguían ninguna pauta o ritual y los mensajes cifrados jamás condujeron a ninguna pista sólida. Hay momentos en que uno siente miedo, pese a que la finalidad sea indagar en las líneas de la justicia y cómo si no se pone límite a las obsesiónes te acaban destruyendo. El miedo aparece en terribles fogonazos descubriendo la impunidad de unos asesinatos aterradores (la pareja tiroteada frente al campo de golf de Vallejo, la muerte del taxista, el apuñalamiento de los amantes en el lago Barryessa) cometidos seguramente con el único objetivo de poner en jaque a la policía y buscar un lugar privilegiado en el Olimpo de la crónica negra. Fincher alcanza la plenitud, la madurez de un autor insólito y superdotado para cualquier desafío, demostrando a todos aquellos que simplifican y relativizan la labor del cineasta que, se necesita más cerebro para hacer buen cine que para extirpar un tumor cancerígeno en el útero. Obra maestra.