miércoles, 29 de febrero de 2012

REVISTA DE HISTORIA DE LAS VEGAS ALTAS



La publicación Revista de Historia de las Vegas Altas es un proyecto del Grupo de Estudios de las Vegas Altas (GEVA) para difundir el conocimiento científico e histórico sobre la comarca extremeña de las Vegas Altas del Guadiana.
Constituye un foro abierto a la publicación de artículos que versen sobre la economía, sociedad, cultura, demografía, etcétera, de esta comarca, escritos en castellano. No obstante, la publicación también está abierta a trabajos de Historia Local e Historia Regional que, sin tener una vinculación directa con esta comarca, tienen un interés científico notorio, cuentan con una metodología útil y novedosa o ponen en valor nuevas fuentes para el estudio de la historia local.
Se invita a todos los interesados a presentar propuestas de artículos al Número 2 de la Revista de Historia de las Vegas Altas, revista de la Asociación “Torre Isunza” editada por el Grupo de Estudios de las Vegas Altas.
La Revista de Historia de las Vegas Altas es una publicación de ámbito regional que incluye trabajos de investigación sobre historia y cultura local, preferentemente relativos a Don Benito y la comarca de las Vegas Altas del Guadiana. En general, se aceptan artículos que, siendo inéditos, traten sobre cualquiera de las cuestiones propias de la Historia Local, siendo bien recibidas versiones preliminares de artículos que posteriormente vayan a enviarse a alguna revista de mayor notoriedad, estados de la cuestión, textos para el debate, crítica de fuentes y series estadísticas.
Las propuestas de artículos, que deben ajustarse en lo posible a las normas de edición publicadas en la web http://revistadehistoriadelasvegasaltas.wordpress.com/, deberán enviarse antes del 30 de Marzo de 2012 a la dirección de correo electrónico abajo indicada.
Los artículos sufrirán un proceso de evaluación, recogido en la web arriba indicada, por parte de los miembros del consejo asesor de la Revista, y su publicación estará condicionada a la aceptación del mismo por parte del consejo de redacción de la misma. En caso de aceptación, se supedita su publicación al posterior número de la Revista en que tenga cabida.
Las propuestas de artículos deben enviarse por vía electrónica a:
Grupo de Estudios de las Vegas Altas: geva.rhvvaa@gmail.com

lunes, 27 de febrero de 2012

EL SUICIDIO DEL CINE ESPAÑOL


     De pequeño aprendí que no se debe morder la mano que te da de comer. Es uno de esos sabios y sencillos adagios populares que hasta el ser más inconsciente o ignorante debería tener en cuenta. Esencialmente son tres los argumentos que se esgrimen para explicar el anunciado suicidio del cine español: el exceso y la baja calidad de las producciones, las descargas ilegales y la manida crisis económica, que lo mismo vale para un roto que para un descosido. No dudo de que algunos de estos factores tengan algo que ver con la inmolación, sin embargo, de manera sibilina e interesada se trata de ocultar la que para el abajo firmante es una de las causas principales de esa dramática diáspora: la desafección de un importante sector de la sociedad que se niega a pagar por ver unas películas financiadas en menor o mayor medida por el erario público (si les pagamos las subvenciones ¿para qué les vamos a pagar otra vez en taquilla?, se preguntan) y cuyos responsables (cómicos, faranduleros y demás hierbas) han insultado sistemáticamente a la mitad de España por el simple hecho de ser votantes de una opción política legítima y democrática distinta a la de ellos. Valgan estos ejemplos: Pedro Almodóvar: “El PP está preparando un golpe de estado”. José Luis Cuerda: “Que no vuelva esa turba mentirosa y humillante que piensa, desde su imbecilidad, que todos somos más imbéciles que ellos”. Federico Luppi: “Hay que ponerle un cordón sanitario a esa derecha cerril y gótica”. Sin olvidar a Almudena Grandes o Maruja Torres, la cual se despachó con la siguiente lindeza: “Los votantes del PP son unos hijos de puta”. Brutal, ¿Verdad? Pero ya saben que todos estos infames comentarios sólo se pueden explicar desde la insultante superioridad moral de la izquierda y su impoluto pedigrí demócrata.
      
      El cine español ha recibido en 2010 la cantidad de 93 millones de euros en subvenciones y ha recaudado tan sólo 70 millones en taquilla. La pérdida de casi 7 millones de espectadores poco tiene que ver con la crisis económica porque mientras en 2009 se recaudó 556´6 millones de euros, en 2010 subió hasta 575´1 millones, por lo que la responsabilidad de que nuestras salas hayan dejado de ganar 20 millones recae exclusivamente en el escaso éxito del cine español. Como el primer socio-económico de nuestro cine es el Ministerio de Cultura, tan nefasta cuenta de resultados sólo se puede admitir con la dimisión automática de la exigua ministra González Sinde. Con sus leyes censoras, la peor ministra de cultura de la historia, está ahora empeñada en luchar contra la piratería porque en su inopia cree que las descargas ilegales tienen una incidencia cardinal en esos resultados negativos, cuando todos sabemos que las películas españolas tardan siglos en aparecer colgadas y representan un porcentaje ínfimo de las descargas.
      
      Personalmente, mientras que la película sea buena no me importa el género ni la temática, y me es fácil demostrar que en un plano comercial la calidad de la película no suele tener una trascendencia relevante sobre su rentabilidad en las salas, ahí tenemos el caso de la infumable saga Torrente o el ejemplo de ese truño titulado 3 metros sobre el cielo, convertido en el film más taquillero del año con 10 millones recaudados. Aun así, sigue existiendo un número elevado de producciones con más caspa que la bufanda de Massiel, y el espectador español está harto de comedias bufas cargadas de tacos gruesos y sexo sin control, de historias guerracivilistas narradas siempre desde la misma óptica maniquea y sectaria, de dramas que nos presentan a una mujer alcohólica medio desnuda en la cocina de su casa mientras su hijo drogadicto le hace una felación a un travesti en el portal. El cine no es una ONG, es arte, pero también una industria necesitada de buenos gestores y artistas que sepan aunar con acierto la calidad de una obra con su buen rendimiento económico. Si los responsables del pesebre siguen con su taimada ideologización esto no será nunca posible.

jueves, 9 de febrero de 2012

POEMA


                                    AMOR EN MAL ESTADO
                                                                         
                                           I
                            Y Pensaste que podías cambiarme,
                                         y trataste de ahuyentar las sombras,
                                         y dormías como la gata en la chimenea
                                         soñando con sendas pintadas de negro
                                         y desiertas como hojas de olvido.



                         



                                                        II
                                         Y  te masturbabas con plumas de pavo real
                                        bajo la mortecina luz
                                        de un quinqué oscilante,
                                        creyéndote diva frustrada,
                                        adornando tus pechos con cristal barato,
                                        mordiendo manzanas,
                                        esbozando una sonrisa esponjosa
                                        que no me creía.



                                      III
                                          Estaba predestinado
                                          y secabas con tu pelo mis lágrimas.
                                          Cayó el sufrimiento en forma de cruz,
                                          emergieron los terrores
                                         de un lago de sectas
                                         primitivas y delirantes.



                                        IV
                                        Hay tinieblas que me persiguen a cuatro patas,
                                        a lomos de una yegua vieja y lastimera.
                                       Pudridero fétido  de los recuerdos,
                                       roto mi corazón,                              
                                       tengo que digerir tanta nostalgia
                                       que puede que la amargura
                                       sea sólo cansancio.





                                          V
                                            Ah, esplendor del olvido,
                                            allí quedó definitiva la alcoba
                                            como paso sigiloso de besos
                                            que volaron para siempre…
                                            Y yo escribo el poema
                                            como el viejo escupe
                                             su último diente.
                                            

miércoles, 8 de febrero de 2012

LA PIEL QUE HABITO


Un truño con ínfulas de auteur

LA PIEL QUE HABITO ê
DIRECTOR: PEDRO ALMODÓVAR.
INTÉRPRETES: ANTONIO BANDERAS, ELENA ANAYA, MARISA PAREDES, BLANCA SUÁREZ, FERNANDO CAYO, JEAN CORNET.
GÉNERO: DRAMA / ESPAÑA / 2011  DURACIÓN: 117 MINUTOS.    
            
      Definitivamente, la deriva de Almodóvar no parece tener fin. Tras su último fiasco, Los abrazos rotos (2009), irrumpe furtivo por varios géneros en un patético ejercicio de cinefilia ante el que es imposible contener la risa y el sonrojo, un grotesco híbrido que pretende navegar por el melodrama, el terror a lo giallo y las pautas del suspense hitchcockiano. El cineasta manchego se inspira tibiamente en la novela “Tarantula” de Tierry Jonquet para romper –cosa que no logra- su monotonía folletinesca acoplando la premisa del texto a su universo y estilo. Tal vez ese presunto cambio de registro le haya supuesto una liberación, una experiencia innovadora, un bautismo de fuego que le aleja del encasillamiento, pero para este cronista sólo es otra historia aburrida, enfática en sus ínfulas de auteur, mediocremente interpretada e inane y dispersa en sus reflexiones sobre la pérdida, el dolor, la identidad y la venganza.

       Vayamos con el argumento: LA PIEL QUE HABITO nos narra la historia del  cirujano plástico Robert Ledgard (Antonio Banderas), obsesionado con crear una nueva piel que haga sentir al ser humano la sensibilidad de las caricias y al mismo tiempo sea una fuerte coraza que le defienda de las agresiones internas y externas. Su enfermiza fijación se debe a que su mujer murió a causa de las graves quemaduras que sufrió en un fatal accidente de coche. Para lograrlo hace uso de las ilimitadas posibilidades que le ofrece la terapia celular, la transgénesis, con la que lleva  experimentando muchos años en su laboratorio y que está absolutamente prohibida por la ley. En realidad, Robert sólo necesitaba una cobaya, un cómplice  y ningún escrúpulo. Los escrúpulos nunca fueron un problema para el galeno, como cómplice tiene a Marilia (Marisa Paredes), la mujer que se ocupó de él desde que nació, y en cuanto a la cobaya humana, son muchas las jóvenes que desaparecen de sus casas, en algunos casos por voluntad propia. Una de estas jóvenes, Vera (Elena Anaya), acabará atrapada en El Cigarral, la espléndida mansión que comparten Robert y Marilia. 
      
      Sinceramente, este Almodóvar es un fenómeno. El tipo tuvo el arrojo de confesar en Cannes que la mayor influencia de LA PIEL QUE HABITO fue la atmósfera sombría y asfixiante de aquella obra maestra firmada por Georges Franju en 1960 titulada Los ojos sin rostro. Y se quedó como es, más ancho que largo. Ole tus cojones, Pedro. El autor altivo y adorado, contento con su carácter subversivo, sigue sin darse cuenta de que citar a Franju, Fritz Lang, Douglas Sirk o Mary Shelley sólo le hace parecer más insignificante y ridículo. La nueva cagada de nuestro director más internacional es una de las películas menos originales, más huecas y pretenciosas de su irregular carrera: nos presenta una historia en formato de thriller, pero no encuentro clave alguna de este género por ninguna parte (malditismo, acción, misterio, suspense, amour fou); quiere adoptar caracteres, signos, recursos propios del giallo, pero no hay nada perturbador, gótico, salvaje ni amarillista en la forzada teatralidad de su propuesta; pretende que su principal protagonista, Antonio Banderas, adopte el hieratismo típico de los personajes del polar francés, y tan imposible sobriedad le hace parecer un muñeco de cera. Así, las secuencias que se suponen trágicas resultan irrisorias y el espanto gélido deviene en comedia bufa donde nada resulta creíble, salvo la inmarcesible belleza de Elena Anaya.     

      Es curioso que Banderas sea requerido por el director después de tantos años para encarnar un papel con ciertas conexiones con el de Átame, que a la vez estaba inspirado por el protagonista de la novela de John Fowles  y la película homónima de William Wiyler El Coleccionista (1965), al igual que el novelista Tierry Jonquet se vio influenciado por la novela de Jean Redon que dio pie a la magistral Los ojos sin rostro, una obra de culto del terror poético y surrealista. Laberinto referencial que ha llevado a nuestro oscarizado realizador a rehacer mil veces un guión mediocre, con aroma a déjà vu que deja en casi nada su fantasmal cambio de registro. La película número 18 de su filmografía no produce el vértigo ni la alarmante visión del abismo prometida por la maquinaria publicitaria del cineasta y sus críticos de cámara, sólo logra mantener una mínima expectación en el primer tramo, en esa presentación del “mad doctor” con sus tubos de ensayo y que mantiene cautivo al monstruo que está creando. Todo se viene abajo cuando la pesada narrativa (taimadas reflexiones sobre la identidad, las máscaras, el dominio), que nos trata de explicar el incendio emocional que ha incitado al elegante y severo doctor a llevar a cabo tan despiadada venganza contra quien causó su miseria familiar, moral y emocional. Con una atmósfera tan aséptica como bizarra, enjundiosos diálogos, dilatados flash-backs que revelan secretos familiares terribles y una estructura que juega con el espacio y el tiempo, se desarrolla este impostado engendro que nadie puede tomarse en serio, su compleja y trágica comicidad es una de las mayores tomaduras de pelo que este crítico ha sufrido en una sala de cine.  

martes, 7 de febrero de 2012


HOMENAJE A BERLANGA: INFINITAS GRACIAS, VIEJO VERDE.
     
     Con la muerte el pasado día 13 de Luis García Berlanga se va uno de los más grandes monstruos sagrados del cine español, genio universal por su inteligencia y sentido del humor. Nacido en Valencia en 1921, poeta, pintor y crítico de cine, se inició dos años después de graduarse en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas codirigiendo junto a Juan Antonio Bardem la comedia Esa pareja feliz (1951), y sólo un año después firma su primera obra maestra, ¡Bienvenido Mr. Marshall!, película sobre nuestra posguerra que representa una ácida crítica al plan de ayuda norteamericano. Su cine, deudor del neorrealismo italiano, está marcado, no obstante, por un genuino acento sarcástico español, que irá aumentando con el paso del tiempo. Calabuch (1956) y Los Jueves milagro (1957) cierran una etapa que dará paso a otra que va a quedar determinada por su colaboración con el guionista Rafael Azcona, la influencia de este original guionista –el mejor, sin duda, de la historia del cine patrio- dotará a los próximos films de Berlanga de un sentido del humor más negro y su crítica político-social se hará si cabe más amarga: Plácido (1961) película magistral de tono costumbrista y rebosante de veneno crítico, El Verdugo (1961) y La Boutique (1967), son buenos ejemplos de ello. En 1973 rueda la coproducción francesa Tamaño Natural, fallida cinta que tiene como protagonista al actor francés Michel Piccoli. Con la llegada de la democracia compone la corrosiva trilogía Nacional compuesta por La escopeta nacional (1977), Patrimonio nacional (1980) y Nacional III (1982), que narran las desventuras de una familia burguesa española desde la transición hasta la llegada del socialismo al poder. Sus últimas obras: La Vaquilla (1985), Moros y cristianos (1987), Todos a la cárcel (1993) y París-Tombuctú (1999), película protagonizada por Concha Velasco que cierra su carrera cinematográfica, sin dejar de ser interesantes están muy alejadas del nivel alcanzado con sus primeras obras.

       Hasta siempre Mr. Berlanga, nadie como tú para arrancar una sonrisa de las situaciones más sórdidas con esa mezcla de sarcasmo, ternura y crueldad (ya lo decía mamá: “comer no comeremos, pero lo que reímos”). Así, hace tiempo que acepté utilizar el adjetivo “berlanguiano” para definir las historias más absurdas que nacidas de la miseria moral y material que derivan en la carcajada sangrienta. Puede, amigo, que contra Franco no viviéramos mejor, pero lo seguro es que contra Franco hacíamos mejor cine. 

NOTAS SOBRE “EL VERDUGO”  (Luis García Berlanga, 1963)
          
El Verdugo nos presenta la historia de José Luis (Nino Manfredi), empleado de una funeraria que sueña con irse a Alemania para trabajar de mecánico. Mantiene una relación sentimental con Carmen (Emma Penella), hija de Don Amadeo (José Isbert) de profesión: verdugo. José Luis se ve forzado a casarse con Carmen y tener un hijo, algo que no deseaba, y lo que es peor, a heredar el oficio de su suegro, pues de esta manera puede acceder a un piso de protección oficial.
     
     En clave de comedia negra, esta magistral pieza del disparate consigue dos objetivos primordiales: en primer lugar convertir en proscrito a su autor situándole en el punto de mira del régimen imperante, cuyo entonces embajador en Italia, Alfredo Sánchez Bella, hace lo posible por evitar su estreno en el Festival de Venecia, claro está, sin conseguirlo. También, tras su exhibición, que se produjo con la cinta bastante mutilada, se adjudica a Franco la siguiente frase: “Berlanga no es un comunista, es algo peor, es un mal español”; en segundo lugar, El Verdugo se presenta como uno de los más terribles manifiestos contra la pena de muerte, donde la mirada cáustica y flamígera de sus creadores más que atenuar acentúa el tono de denuncia, logrando que muchas escenas de un tono agridulce se puedan ver como un retrato peripatético y oscurantista de la época.

      En España, coincidiendo con su estreno en Venecia, eran los días en que se iba a ejecutar al comunista Julián Grimau, la película estuvo sólo dos semanas en cartelera, el exhibidor, ante las presiones que venía sufriendo, decidió, en último término, retirarla. Rodada con largos planos-secuencia, desarrolla los asuntos que al director más le interesan: hombres encerrados entre horizontes muy estrechos de los que son incapaces de salir, el reflejo del miedo y la ignorancia humana que lleva al individuo a no rebelarse, el retrato –siempre con un matiz satírico- de la realidad que rodea a éste y las vanas ilusiones por las que suspira. Con un libreto en el que además del director y de Azcona también interviene el escritor italiano Ennio Flaianno, una fenomenal interpretación del inconmensurable Pepe Isbert y una estupenda fotografía de Tonino Delli Colli, el film contiene secuencias geniales que son un canto a la imaginación y un modelo de estructura narrativa: como aquella que, preparados para la ejecución del reo, se ve al condenado agarrado por varias personas que le conducen al patíbulo, y otro grupo más numeroso al anterior arrastrando al abatido verdugo. Obra maestra de la cinematografía mundial. 

lunes, 6 de febrero de 2012

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: VENGANZA (REVENGE)



    Este cronista no tiene ninguna duda de que REVENGE (1990) se encuentra entre las mejores películas de Tony Scott junto con Amor a quemarropa (1993) y su obra maestra El fuego de la venganza (2004). No me voy a parar demasiado a destripar una trama conocida por todos: Michael Cochran (Kevin Costner), antiguo piloto veterano de la guerra de Vietnam, viaja a México para encontrarse con su viejo amigo “Tiburón” Méndez (Anthony Quinn), al que salvó la vida en el pasado y que ahora es un potentado mafioso que vive en una palacete rodeado de pistoleros y acompañado de su joven y bellísima esposa, Miryea (Madeleine Stowe). Cochran enseguida se siente atraído por ella e inician un apasionado idilio. Pero Méndez descubre lo que está pasando, a partir de entonces empieza su brutal venganza. 

   Revenge supone una experiencia peculiar dentro del cine de la época, a Scott no le importa tanto el efectismo de las escenas de acción pura como el conflicto que las genera, las pulsiones humanas que desencadenan la tragedia en un relato épico sobre la venganza que aúna de forma excepcional acción, drama y romanticismo.
  

       
   Nunca Madeleine Stowe, una de las grandes musas de los aficionados en las décadas de los 80 y 90, estuvo tan hermosa como aquí. La siempre desaprovechada actriz angelina, famosa por su frágil y sensual belleza de mirada melancólica, nos regala una secuencia espléndida junto a Kevin Costner cuando ambos llevan a cabo una escapada en un Jeep que termina con la pareja dándose un tórrido baño en el río. 


      Ese momento abrasador en que tras un variado surtido de caricias íntimas vemos las nalgas tersas y jugosas de Madeleine cercar el inflado paquete del bueno de Kevin, preparado para la interacción carnal. Una electrizante y calórica escena que fue plagiada en otros films como La cosecha (David Marconi, 1993).



MIS PELÍCULAS FAVORITAS: ASESINATO EN 8 MM


ASESINATO EN 8 MM 
DIRECTOR: JOEL SCHUMACHER
INTÉRPRETES: NICOLAS CAGE, JOAQUIN PHOENIX, CATHERINE KEENER, JAMES GALDONFINI PETER STORMARE.
GÉNERO: THRILLER / EE. UU. / 1999  DURACIÓN: 116.    
     
    Cuando se estrenó ASESINATO EN 8 MM (8 mm, Joel Schumacher, 1999), muchos críticos erráticos la infravaloraron y emparentaron con la ópera prima de Alejandro Amenábar Tesis (1996), sólo por el simple hecho de que ambas trataban el tema de las películas snuff (grabaciones de violaciones, torturas y asesinatos reales que sin ayuda de ningún efecto especial registran ese horror para posteriormente distribuirlas comercialmente). Algo tan simplista y extravagante como comparar Boinas Verdes (John Wayne, 1968), festiva y delirante apología de la intervención norteamericana en Vietnam, con Apocalipse Now (Francis Ford Coppola, 1979), película que definió todo un paradigma visual sobre el infierno vivido en esa guerra. Siempre he defendido que Tesis es la única película que salvaría de la quema de la escueta filmografía del ínclito Amenábar, pero aunque el argumento de las snuff movies ya fue tratado antes de que se inventara el término en la magistral película de Michael Powell El fotógrafo del pánico (1960), inteligente variante del cine de psicópatas en donde la cámara sustituye al ojo para filmar la angustia y muerte de unas chicas jóvenes, el antecedente más claro del film de Schumacher tal vez sea Hardcore, un mundo oculto (Paul Schrader, 1978), excelente cinta en donde su protagonista, un acertadísimo George C. Scott, emprende un tortuoso periplo para encontrar a su hija desaparecida y atrapada en las redes del turbio negocio de las películas pornográficas.    

       ASESINATO EN 8 MM, junto con Un día de furia (1992), las dos únicas películas que rayan a gran altura en la muy irregular carrera del director neoyorquino, nos narra la escalofriante historia en que se ve envuelto el detective privado Tom Welles (Nicolas Cage), contratado por una anciana viuda cuyo millonario marido ha fallecido recientemente. La afligida viuda ha encontrado en la caja fuerte  del difunto una película en Súper 8 en la que está grabado el brutal asesinato de una adolescente y que debido a su extraordinario realismo lleva a Welles a pensar que se trata de una película snuff. Cuando descubre la identidad de la joven víctima y contacta con su madre, una pista le hace viajar hasta Hollywood, en donde Max California (Joaquin Phoenix), un dependiente de una tienda de objetos, películas y libros para adultos, le servirá de guía por los tugurios más infectos del sexo bizarro. Las posteriores pesquisas le llevarán hasta la oficina de un inquietante productor de películas pornográficas y dominación extrema, Eddie (James Galdonfini), a quien comienza a espiar por su sospechosa actitud.
      
      Incomprendida en el momento de su estreno, pocos supimos ver que esta obra maestra rodada con respeto, eficaz realismo y unos actores en estado de gracia,   transformó la leyenda de las snuff movies en un intrigante thriller en el que el casi siempre excesivo Nicolas Cage logra la mejor actuación de su carrera, superior a la que le proporcionó el Oscar por Leaving Las Vegas. La interpretación sobria en gestos y expresiones de un hombre serio, sencillo, inteligente y abatido que proveniente de un hogar feliz, un matrimonio estable con un bebé maravilloso, se ve inmerso en un submundo sórdido de violencia y depravaciones que le hará cruzar todas las líneas rojas. Su premisa argumental es bien conocida: la típica adolescente de carácter díscolo que encuentra asfixiante el ambiente de su pequeña población y que un buen día se larga para tratar de triunfar en el mundo del cine, un estereotipo tan recurrente como auténtico que llena a rebosar los archivos policiales de adolescentes desaparecidas. De modo que si la trama no resulta especialmente original, sí lo es la manera en que Schumacher retrata de forma tenebrosa el itinerario que el detective tiene que seguir remarcando metódicamente las pautas de su investigación, cómo se va involucrando cada vez más en un caso que le está afectando personalmente, destruyendo su matrimonio y hundiéndole en la desolación más absoluta.

      Con cierta atmósfera de terror telúrico, personajes muy bien  elaborados y el típico esquema de las películas de detectives; una parte tranquila que hace evolucionar la investigación a base de pistas; y otra parte más dinámica en la que la acción y el riesgo convierten a nuestro héroe en un justiciero que suplica a la desconsolada madre de la infeliz víctima que le diga si en verdad quería su hija, porque si es así él se encargará de vengar su muerte y atroz martirio. Welles no puede explicarse por qué un anciano misógino y millonario pagaba enormes sumas de dinero para visionar la tortura y el sádico asesinato de una desgraciada chiquilla, la respuesta se la da el siniestro productor antes de morir: porque podía. Porque, apunto yo, en el cordero de Dios habitan el bien y el mal de forma melodiosa y hay un abismo que separa el ser interior del ser exterior. En su viaje al corazón de las tinieblas, un sucio, marginal y aberrante clima que hostiga al espectador, el ya embrutecido investigador también le pregunta al productor por qué hace eso, y sin nada que perder, el tipo contesta con una lógica tan aplastante como espeluznante: por dinero. Así llegamos al críptico final, cuando el detective a punta de pistola obliga al enmascarado verdugo, conocido como Máquina, a quitarse la máscara, y le sorprende su aspecto vulgar, un tipo gordo, calvo y con gafas que mata sólo por placer y se excita cuando hunde el cuchillo en el cuerpo de sus víctimas. No es un monstruo, pero está despojado de toda humanidad. Ha pasado más de una década desde su estreno, pero como tantas veces lo obvio es también lo más acertado, ASESINATO EN 8 MM está considerada hoy, para disgusto de indoctos, una película de culto.

domingo, 5 de febrero de 2012

LA SAGA CREPÚSCULO: AMANECER 1ª PARTE


LA SAGA CREPÚSCULO: AMANECER 1ª PARTE ê
DIRECTOR: BILL CONDON.
INTÉRPRETES: KRISTEN STEWART, ROBERT PATTINSON, TAYLOR LAUTNER, ASHLEY GREENE, ANA KENDRICK, PETER FACINELLI.
GÉNERO: FANTÁSTICO / EE. UU. / 2011  DURACIÓN: 117 MINUTOS.   
SALA DE EXHIBICIÓN: CINES VICTORIA (Don Benito).    
     
   El éxito de esta infumable saga titulada Crepúsculo es algo que se escapa a las entendederas del responsable de esta sección. El aficionado purista del fantaterror se sonrojará ante este ejercicio rosa e inane de unos mitos domeñados para el consumo fast-food de un público adolescente ávido de banalidades románticas que encuentra en los templos de la moda y en esa basura de la MTV el oasis perfecto para el eco de sus profundos suspiros. Tal vez se trate del supuesto atractivo de sus protagonistas, pero Kristen Stewart no sería seleccionada por este cronista en una lista de mil actrices (contando con las del cine porno) con las que me apetecería darme un revolcón. Y aunque no me fijo especialmente en la belleza masculina, el tal Robert Pattinson (alias “Cara aplastada”), queda abismalmente lejos del arrebatador atractivo de clásicos como Alain Delon, Paul Newman o los contemporáneos Brad Pitt, Hugh Jackman o George Clooney. Pattinson es un tipo feo, lo cual no sería ni bueno ni malo si sus dotes interpretativas fueran un aliciente para pasar por taquilla, pero resulta evidente que tampoco es el caso.
      
      La serie de apestosas novelas engendradas por la mormona Stephenie Meyer han resultado un filón ilimitado para la industria del cine, en esta primera parte de AMANECER nos encontramos a Bella Swan (Kristen Stewart), en los preparativos de su boda con Edward Cullen (Robert Pattinson), una boda que, por cierto, ocupa el momento estelar del primer acto de la cinta, con Jacob Black (Taylor Lautner), que sólo se pasa por allí porque está dolido al no ser él quien se casa con ella. Una luna de miel exótica en Brasil sirve para que los enamorados consumen el amor y Bella pierda así su virginidad. Fruto de ese apasionado momento nacerá Renesmee, que por el cruce pseudohumano de sus dos progenitores (mitad humano, mitad vampiro), hace insoportable el embarazo de Bella, llevándola casi a las puertas de la muerte. Es entonces cuando Edward decide intervenir para salvar su vida.
      
      Como pueden suponer mis avispados lectores, la calidad del producto es nula, algo que para su público exponencial carece de importancia; todas esas quinceañeras de ojos brillantes y braguitas húmedas babeando ante la pírrica y almibarada ceremonia nupcial y las miradas de corderitos degollados de la pareja protagonista, en una de las películas más cursis y grimosamente románticas que este crítico recuerda. Un auténtico pastelazo que nos ofrece más de lo mismo, por lo que huelga decir que el autor de estas líneas no siente ninguna empatía hacia esa riada núbil que acude en tropel para gozar de lo lindo ante semejante estupidez, entre otras cosas porque mi formación cinéfila  se consolidó cuando tenía su edad viendo títulos como Deliverance, La Naranja Mecánica, Taxi Driver, Chinatown, El último tango en París o El Padrino. Al en otro tiempo reputado Bill Condon (Dioses y Monstruos), poco le importa el resultado final de un film que no le va a aportar un ápice de prestigio pero que tiene el éxito de taquilla más que asegurado. Así, se vale del astroso libreto firmado por Melissa Rosenberg para filmar un artefacto que incluye una boda hortera y una luna de miel ñoña con el acto anticlimático de fundir los deseos de los atormentados tortolitos (jamás un polvo supuestamente salvaje ha resultado tan soso).

      Ante la falta de precauciones, la cándida Bella queda preñada (Oh, ¡Qué sorpresa!), y la delirante narración se convierte en un paseo por el vacío y la nada, un relato totalmente carente de emoción y tensión dramática. Por si fuera poco, los tres tristes que  se asoman al póster nos ofrecen las interpretaciones más cochambrosas de todas las entregas de la franquicia, con la estreñida y demacrada Kristen Stewart y su nauseabundo muestrario de mohines, el pétreo Robert Pattinson, con la cara maquillada con polvo de arroz, en su acostumbrado rol de columna de parking, y  un enfurruñado Taylor Lautner que en su primera aparición no tarda ni cinco segundos en quitarse la camiseta, enredado en ese proceso homoerótico de hacerle guiños al entrecot y la sardina. Si a esto le unimos los birriosos efectos especiales que cualquier niño de 12 años mejoraría con un programa Autodesk en su ordenador personal, secundarios que no pintan nada y cuyo perfil está cada vez más desdibujado, lo que nos queda es un culebrón de argumento aburrido, insufrible, sin apenas escenas de acción y muy pobre en su aspecto técnico. Esa demencial premisa que nos muestra esa comunión entre los heavys hombres-lobos y los góticos dandys chupasangre (con esa ridícula escena en que se pone nombre al bebé no nato), siempre la consideré una paja mental de la reaccionaria Meyer, y que esto sea lo que hace suspirar a nuestras hormonadas adolescentes sólo demuestra que pertenecen a la generación más rancia y retrógrada que jamás ha existido.    

NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS


Desde las cloacas a la redención
NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS êêêê
DIRECTOR: ENRIQUE URBIZU.
INTÉRPRETES: JOSÉ CORONADO, HELENA MIQUEL, JUANJO ARTERO, RODOLFO SANCHO, PEDRO MARÍA SÁNCHEZ.
GÉNERO: THRILLER / ESPAÑA / 2011  DURACIÓN: 96 MINUTOS.    

   
   El último trabajo del director bilbaíno  Enrique Urbizu eleva el listón de excelencia en el que se situaron las anteriores La caja 507 (2001) y La vida mancha (2002), y de nuevo con su actor fetiche, un espléndido José Coronado en plena madurez, nos plantea un policíaco negrísimo que supera incluso el nivel medio de calidad de los thrillers hollywoodienses. Este es el camino que debe seguir el cine español para competir con otras cinematografías y alejarse de todas esas mierdas de comedias absurdas, irreales, sin la más mínima gracia y que producen vergüenza ajena.


       NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS es cine negro apegado a la realidad social y política que nos presenta a un inspector de policía, Santos Trinidad (José Coronado), un hombre cincuentón que a altas horas de la madrugada y con bastantes copas de más entra en un local de alterne de Madrid cuando están cerrando. Sólo quiere tomar una última copa que le niegan porque, aducen, el local ya está cerrado. Es entonces cuando surge la violencia y comienza un tiroteo que da como resultado tres cadáveres: los del dueño del local y dos empleados, si bien un cuarto se escapa. Asignado a la división de personas desaparecidas, Santos Trinidad borra meticulosamente sus huellas y se lleva las grabaciones de la cámara de seguridad, iniciando así la caza del cuarto hombre, un colombiano que como sus compañeros muertos parece implicado en el tráfico de drogas. Mientras tanto la juez Chacón (Helena Miquel), avanza en la investigación del triple crimen del puticlub con la ayuda del policía judicial Leiva (Juanjo Artero). En una tupida maraña de de policías corruptos, traficantes de drogas y células de terroristas islámicos, Santos Trinidad y la juez Chacón no tardarán en darse cuenta de que es algo mucho más peligroso que un simple caso de drogas lo que tienen entre manos, y solo el veterano inspector de policía parece capaz de impedirlo, siempre que la juez Chacón no consiga detenerle a él antes.
      
      La mejor película de Urbizu hasta la fecha goza de una sombría luz creada por Unax Mendía para retratar con amenazador realismo las entrañas del Madrid del extrarradio, ese microcosmos sórdido está reflejado en el poderoso libreto de Michel Gaztambide para tejer una trama alambicada, magnética y de una espesa negrura. NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS (sugerente título tomado de un versículo del profeta Isaías), narra una descarnada, turbia, mugrienta historia con dos líneas narrativas paralelas que acabarán desembocando en un clímax desasosegante y devastador, y el espectador se sumerge vivamente en sus profundidades para, guiados por la empatía que desprende ese antihéroe contemporáneo, cruzar todas las líneas rojas dentro de un paisaje urbano laberíntico donde la corrupción, la desidia, la incompetencia y los distintos conceptos de la ley anticipan una tragedia de dimensiones shakesperianas. Auténtica joya del neo-noir, Urbizu, con pulso enérgico, trenza con habilidad el encaje de bolillos que propone el guión y sitúa la cámara con mano maestra para conseguir unos encuadres prodigiosos, recoger el latido del lumpen, la vida suburbial y crear una tensión que emana de la densa e inquietante atmósfera que envuelve a los personajes. Acomodados en la butaca asistimos a un cuarto de hora inicial que va a marcar el pálpito del relato, siguiendo el devenir cotidiano de un inspector alcohólico y asqueado, que con su amiga del calibre 38 provocará una masacre imprevisible en la quietud de la noche.     


      Y clavados en la butaca, quedamos absolutamente hipnotizados por la magistral interpretación de José Coronado dando oxígeno a un atractivo y vicioso perdedor, incapaz de detenerse ante el lento itinerario de la burocracia para imponer por su cuenta y riesgo la justicia natural. Putero, alcohólico, nihilista, insubordinado, camorrista… que mantiene contra viento y marea una moral intacta para cumplir con lo que él entiende que es su deber. El idilio con su arma y el ron, su inabarcable soledad, su deambular por los bajos fondos con la firmeza de un loco para abrazar una catarsis purificadora, la ansiada expiación que como pago por los abusos y pecados cometidos hacen de él una figura singular entre los suyos y la fauna urbana. Pero que el espectador no se equivoque, pues aunque la película comienza y termina don dos impactantes balaseras, no estamos ante una película de acción, la trama, que se bifurca en dos direcciones tiene mucha más profundidad filosófica que la simple pirotecnia, desarrollando una tensión in crescendo  en ambos flancos que, insisto, confluirán en un final amargo y desolador, en donde como un puzzle imantado acabarán encajando todas las piezas. Estamos, junto con Secuestrados (Miguel Ángel Vivas, 2010), ante la mejor película española del año, un film visceral repleto de sensaciones que perduran, de una violencia seca y contundente, con nuestro protagonista perdiendo vida a borbotones en su implacable objetivo de dar caza a los malvados. El azar, su desprecio por la vida, por un mundo degradado y repugnante, le exigirá un último aliento para levantar las sucias enaguas de una justicia podrida e ineficaz.