domingo, 18 de octubre de 2026

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: “LA HORA DEL LOBO” (Ingmar Bergman, 1968)

 

   Con La hora del lobo (1968), Ingmar Bergman logró una de las exploraciones más perturbadoras sobre la subjetividad y la disolución de la identidad de toda la filmografía del realizador sueco. Situada en un territorio fronterizo entre el sueño, la alucinación y la experiencia tangible, la película convierte el aislamiento de un artista en una indagación radical sobre los mecanismos de la angustia.

    Johan Borg (Max von Sydow, pintor atormentado, y su esposa Alma (Liv Ullmann) habitan en una isla cuya quietud se transforma progresivamente en un escenario de pesadilla psicológica. La presencia de unos personajes aristocrático, grotescos y amenazadores introduce una dimensión fantástica que desestabiliza las fronteras entre realidad y delirio. Sin embargo, reducir el relato a una representación de la enfermedad mental supondría limitar su complejidad. Bergman construye una alegoría sobre la creación artística, la culpa, los impulsos destructivos que anidan en la conciencia y la degradación de la vida en pareja.

   Con elementos del horror gótico, la fotografía en blanco y negro a cargo de Sven Nykvist, de una austeridad expresiva extraordinaria, convierte los rostros, las sombras y los espacios insulares en proyecciones de un universo interior fracturado. La puesta en escena prescinde de explicaciones tranquilizadoras y subrayados innecesarios, obligando al espectador a participar de la incertidumbre.

    El título alude a ese intervalo nocturno en que los temores adquieren consistencia y los límites racionales se desvanecen. El cineasta situó ese lapso, entre la medianoche y el alba, como el momento en el que más gente muere, nacen más niños y las pesadillas parecen más reales que la propia vigilia. En su radical ambigüedad, La hora del lobo representa una de las aproximaciones más sombrías de Bergman a los insondables abismos de la conciencia humana.

1 comentario:

  1. Es una película de horror quizás en la medida en que puede resultar terrorífico asomarse a las profundidades del alma.

    Un abrazo.

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