domingo, 28 de abril de 2013

CRÍTICA DE "COMBUSTIÓN"

Buen cine comercial sin complejos
COMBUSTIÓN êêê
DIRECTOR: DANIEL CALPARSORO.
INTÉRPRETES: ÁLEX GONZÁLEZ, ADRIANA UGARTE, ALBERTO AMMANN, MARIA CASTRO, MARTA NIETO, LUIS ZAHERA.
GÉNERO: ACCIÓN / ESPAÑA / 2013  DURACIÓN: 104 MINUTOS.   
     
    El donostiarra Daniel Calparsoro parece encontrarse en una etapa efervescente de su carrera. Hace pocos meses asistimos al estreno de la irregular Invasor (2012) y ahora nos presenta la que hasta la fecha es la película número ocho de su filmografía aunque, eso sí, sin dejar de lado sus incursiones en el medio televisivo, para el que ha realizado la miniserie de dos capítulos producida por Antena 3 Tormenta, que pudimos ver el pasado mes de febrero. Amante del thriller, el cine de acción y las pasiones al límite (lo que le convierte en una rara avis dentro del panorama nacional), Calparsoro nos presenta esta especie de Fast & furious a la española que nos narra la historia de Mikel (Álex González) que está a punto de casarse con Julia (María Castro) dueña de una prestigiosa joyería heredada de sus padres. Durante su fiesta de compromiso, Mikel conoce a Ari (Adriana Ugarte), una de las camareras del catering.


      Automáticamente surge entre ellos una fuerte atracción, y por más que Mikel intenta controlar su deseo, acabará entre los brazos de ella y abandonando a Julia. Ari anda metida en el mundo de las carreras ilegales de coches, algo que despierta el lado salvaje de Mikel, pero lo que éste no sabe es que el encuentro con Ari no ha sido casual, pues forma parte de un plan ideado por ella y su novio, Navas (Alberto Amman) y que en realidad a lo que se dedican es a seducir a incautos para introducirse en sus casas y robarles. Las cosas se empezarán a torcer cuando Ari se dé cuenta de que se está enamorando realmente de su víctima, lo que desatará la furia de Navas haciendo que todo se vuelva imprevisible.   


      Si el cine español busca que el público juvenil regrese a las salas tendrá que ser con artefactos como éste. Calparsoro lo ha intentado desde siempre con desigual fortuna, aunque fue una lástima que su ópera prima y mejor película hasta la fecha, la sórdida Salto al vacío (1994) tuviera tan mala distribución y como consecuencia pasara tan desapercibida. Con estética de videoclip, COMBUSTIÓN es un buen ejemplo de cine mainstream que no desmerece de otros productos hollywoodienses rodados con presupuestos infinitamente mayores.


      
      Su pulcro aspecto visual, las adrenalínicas carreras de coches de alta gama, la impenitente música electrónica a cargo de Carlos Jean y las magníficas figuras que lucen su trío protagonista, son elementos suficientes para que la función resulte atractiva para ese público adolescente tan alejado de las propuestas que generalmente ofrece el cine patrio, y que sólo busca un entretenimiento pasajero con alicientes como la violencia, la velocidad a tope con coches de lujo, el sexo salvaje y la música dance cañera. El espectador se encontrará con un relato más maduro que 3 metros sobre el cielo, las escenas de acción están rodadas de manera más creíbles y la progresión dramática logra mantener la tensión sin dejar que la narración caiga nunca en el ridículo.


      
      Daniel Aranyó ambienta los escenarios con una climática luz para dibujar auténticas postales urbanas, una prueba del gusto de un todoterreno como Calparsoro para rodearse de competentes artesanos. Dejando de lado los aspectos técnicos, COMBUSTIÓN funciona por el buen pulso de su director y la labor de un trío protagonista envueltos por una química especial; contengan la respiración cuando el apasionado y visceral Álex González y la zorra seductora Adriana Ugarte fundan tórridamente sus cuerpos en una escena soft-core que provoca hormigueos… sin olvidarnos de un Alberto Ammann duro, cruel y camaleónico como pocos demostrar su talento en todos los registros.    


      Como en casi todas las historias, hay una víctima, que en este caso un tipo que se ve enredado en la tela de araña que le tiende una mujer fatal, el camino a la perdición parece estar marcado para él que creía haber encontrado la estabilidad económica y emocional tras un pasado borrascoso que actúa de intrahistoria. El film, tamizado por una pátina cool y una estética sofisticada, en ningún momento tiene proyección de trascender camuflando la simpleza de su guión, actuando sólo como una muestra equidistante de buen cine comercial que se presenta ante el espectador si ningún complejo.  

lunes, 22 de abril de 2013

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: "HABITACIÓN EN ROMA"




      Hay muchos directores españoles cuya filmografía se puede contar en bodrios por km2 de celuloide: Julio Medem se lleva la palma. Películas como Vacas, La ardilla roja, Tierra, Los amantes del círculo polar, Lucía y el sexo, Caótica Ana y su último pestiño, HABITACIÓN EN ROMA, son ejemplos lo suficientemente representativos de la trayectoria artística de un cineasta que no tiene nada que contar y su incesante, baldía,  búsqueda de un universo propio, un director con ínfulas de auteur que en ocasiones hace gala de una cursilería tan patética como ridícula. 

      Para Habitación en Roma (2010) se inspira en el film En la cama (Matías Bize, 2005) y nos sitúa en el verano de 2008. En un hotel del centro de Roma se conocen dos hermosas mujeres; una rusa, Natasha (Natasha Yarovenko), y otra española, Alba (Elena Anaya). En la habitación del hotel se respira un ambiente cargado de erotismo y sensualidad, durante toda una noche y las primeras horas de la mañana surgen sentimientos nuevos que Alba y Natasha asumen con naturalidad, dejándose llevar por emociones erógenas y sensitivas, desvelando sus vidas y, a pesar de su mutua atracción física, el amor sincero hacia sus respectivas parejas. Una aventura física que les tocará el alma antes de que por la tarde cada una de ellas siga su destino.

 
     No hay duda de que el donostiarra Medem se considera un artista de pies a cabeza, pero resulta extraño que pueda engañar a alguien intentando camuflar el goce físico de  dos bellísimas mujeres (que se acarician, se masturban y practican sexo oral), con el lirismo de un discurso que pretende abrir en canal el corazón. 

      Todo es mentira, hasta las situaciones que se suponen trágicas resultan risibles, teniendo en cuenta que lo mejor de la función es la visión de los dos cuerpos desnudos de sus bellas protagonistas y su entrega profesional en la convicción de que estaban creando una obra de arte. Lo peor es que esta impostura falsamente poética parece iniciar una escalada dramática insufrible, cuando en realidad concentra de forma ampulosa el vacío y la banalidad de un cine sin alma, sin sustancia.  

domingo, 21 de abril de 2013

CRÍTICA DE "MEMORIAS DE UN ZOMBIE ADOLESCENTE"

Aquí huele a muerto
MEMORIAS DE UN ZOMBIE ADOLESCENTE êê
DIRECTOR: JONATHAN LEVINE.
INTÉRPRETES: NICHOLAS HOULT, TERESA PALMER, JOHN MALKOVICH, ROB CORDDRY, DAVE FRANCO.
GÉNERO: COMEDIA / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 97 MINUTOS.
     
     En el año 2011 Jonathan Levine nos sorprendió con 50/50 una maravillosa película que basculaba entre el drama y la comedia y que protagonizada por Joseph Gordon-Levitt nos contaba la historia de un chico al que le diagnostican un cáncer y que con la ayuda de su madre, su mejor amigo y una terapeuta irá descubriendo las cosas que verdaderamente importan en la vida. El joven cineasta neoyorquino nos presenta ahora MEMORIAS DE UN ZOMBIE ADOLESCENTE, un film que adapta la novela de Isaac Marion, quien a su vez basó la novela en un corto escrito por el mismo.  


      R (Nicholas Hoult) un zombie resultado de un apocalipsis mundial que deambula como alma en pena por el aeropuerto con otros zombies como M (Rob Corddry). Los dos, junto con otros de su especie, sobreviven gracias a las masas encefálicas de los humanos que aún están vivos y que, además, les permite apropiarse de sus recuerdos. En una de las cacerías se topan con un grupo de humanos del que sobresale Julie (Teresa Palmer) quien ha sido enviada por su padre, el coronel Grigio (John Malkovich) con el fin de que localice medicamentos y otros productos de primera necesidad en alguno de los edificios. R, inmediatamente se siente atraído por ella.


      En un enfrentamiento entre los dos bandos, el novio de Julie, Perry (Dave Franco) cae en las fauces hambrientas de R, alimentándose así de sus sesos y absorbiendo los recuerdos de su vida con Julie. El combate entre humanos y zombies provoca que R se vea obligado a rescatar a Julie y llevársela a su hogar, un avión del aeropuerto, donde su amistad se incrementa. Aunque la atracción es mutua, ella le convence para que le deje regresar con los suyos.


      Sin haber visto la película, mucha gente pensará –para bien o para mal- que MEMORIAS DE UN ZOMBIE ADOLESCENTE es algo así como la versión zombie de la saga Crepúsculo. Craso error porque aun compartiendo el mismo público teen y las bases temáticas del subgénero, la propuesta de Levine se eleva como una narración singular sobre los cruces del destino, la posibilidad de sentir el amor más allá de la muerte y cómo alcanzar la salvación a través de los sentimientos. Aunque su título invita a ello, es cierto que resulta un poco cansino que este tipo de películas utilicen la voz en off como recurso básico, no molesta en exceso pero resta dinamismo a la acción haciéndola más distante.


      Romper el mito de la imposibilidad del amor entre un zombie y una humana parece ser el leit motiv esencial y original de este relato de reminiscencias shakesperianas (R, Romeo, y Julie, Julietta) que ambienta la acción en un escenario postapocaliptico, pero el mayor acierto de sus responsables es no tomarse la cosa demasiado en serio, pues su nula capacidad de trascendencia ayuda a digerir una función que se mueve entre las spoof movie y el cine exploit, entre la comedia romántica y el terror de aquí huele a muerto.  


      Lejos del estilo ñoño y relamidamente kitch de Crepúsculo, Levine nos presenta un film que se ve con simpatía. La historia es simple y sin segundas lecturas más allá de la crítica –no tan soterrada- sobre la incomunicación/zombificación de una sociedad a causa de la adicción a las nuevas tecnologías, que nos convierten en seres catatónicos incapaces de apreciar en su verdadera dimensión las cosas más cercanas, simples y bellas. Con aceptables interpretaciones, sin apenas escenas de acción, mediocres efectos especiales y una buscada indefinición de géneros, el invento pierde fuelle con la melosa historia de amor entre los protas, que se le podía haber sacado un jugo más ácido y gamberro, en la línea de estrambótica parodia que sus responsables intentan construir. Si bien a la película le costará encontrar un público entregado, el mejor consejo es adentrarse en ella con cierto distanciamiento, no puede ser de otro modo con un relato que desmitifica la clásica figura del zombie dotándola de unas emociones hasta ahora imposibles.

lunes, 15 de abril de 2013

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "EL FOTÓGRAFO DEL PÁNICO"


EL FOTÓGRAFO DEL PÁNICO êêêêê
(PEEPING TOM)
Terror - Gran Bretaña, 1960 - 109 Minutos - Color.
DIRECTOR: MICHAEL POWELL.
INTÉRPRETES: KARL HEINZ BOEHM, MOIRA SHEARER, ANNA MASSEY, MAXINE AUDLEY.
   

    El británico Michael Powell nació en Bakesbourne en 1905 y falleció en febrero de 1990 en California. Interesado desde muy joven por el cine debutó como actor en una película del irlandés Rex Ingram (El jardín de Alá, 1927). Trabajó como ayudante de dirección del propio Ingram y de Jaques Feyder; y como fotógrafo de plató de Alfred Hitchcock. Su estreno como director se produce con las denominadas quotas quickis (películas de bajo presupuesto y corta duración concebidas por la industria cinematográfica británica para hacer frente a la invasión del cine norteamericano), Powell realiza veintitrés de estas películas. Su primer film de cierta importancia es The edge of the world (1937), de esta primera etapa son también conocidas El espía negro (1939) -que es su primera colaboración con el productor húngaro Alexander Korda-, El ladrón de Bagdad (1940) y Los invasores (1941). En 1942 funda con el escritor austro-húngaro Emeric Pressburger la productora The Archers, esta unión va a durar cerca de veinte años y da lugar a más de una docena de films entre los que destacan: Coronel Blimp (1943), Narciso negro (1947), Las zapatillas rojas (1948), Los cuentos de Hoffman (1951) y Luna de miel (1959) film rodado en España protagonizado por Antonio “el bailarín”.
   

     Peeping Tom narra la historia de Mark Lewis (Mark Heinz Boehm) un joven trastornado que padece escoptofilia (perversión en la cual el placer se obtiene de mirar el acto sexual) es decir, algo así como un voyeur al que le gusta mirar morbosamente.  Lo que le ocurre es debido a las experiencias que su padre le sometió de pequeño, filmándole a todas horas. Mark ahora se dedica a asesinar muchachas con un estilete simulado en una de las patas del trípode de su cámara. Con ella filma la agonía de sus víctimas, las cuales contemplan a la vez su propia muerte al verse reflejadas en un espejo colocado encima del objetivo.



    El fotógrafo del pánico es una auténtica joya del cine de terror. Con una ambientación tan extraña como magnética, Powell trasciende con esta película el simple juego cinematográfico para enfrentarnos con la obsesión, la que se traduce de llevar límite cualquier afición -en este caso la de filmar- interpretada como un impulso irrefrenable que no es posible controlar, una perversión que tiene de hecho un diagnóstico evidente y un origen traumático -el padre de Mark era un científico que le utilizó cuando niño como un conejillo de indias para de forma experimental estudiar su evolución y sus reacciones-, sin embargo, sin el estímulo de esa adicción se hace ya complicado vivir.


      No estamos ante un thriller de psicópata al uso, el director de Narciso negro no fragmenta la personalidad de Mark Lewis, joven enfermizo y atractivo que trabaja en unos estudios cinematográficos y también haciendo fotos pornográficas, los ojos han sido sustituidos por la cámara, su mirada está permanentemente tamizada por la misma, y lo que ésta no recoge pierde su embrujo diabólico y excitante. Relato de auténtico entramado psicológico, cierta resonancia biográfica y calculada depravación por parte de sus creadores, el film es un alegato contra las múltiples formas de obtener satisfacción sin que importe los medios para conseguirlo.


    El cineasta, junto a Leo Marks -guionista del film- crea un personaje de maneras elegantes y rostro sereno, si bien en sus ojos se adivinan algunos signos alarmantes de su viciosa inmoralidad, arquetipo que se eleva en su locura donde es feliz, retrato perfecto para que Powell haga un ejercicio de auto-recriminación y una pérfida meditación sobre la imantación visual y el extraño efecto que genera en determinados mecanismos cerebrales. El hecho cinematográfico, la cinefilia, el voyeurismo, todo un complejo juego de espejos que el “malvado” cineasta recrea distorsionando el verdadero objetivo del artista. El film incluye secuencias de un mórbido/decadente erotismo y un sofisticado diseño donde el color -elemento importante en la obra del realizador- intensifica la peculiar atmósfera del film.
   

      Como su autor, denostada e incomprendida en su tiempo, Peeping Tom es hoy en día un clásico del terror psicológico, favorita de directores como Coppola o Scorsese, siendo motivo de estudios y revisiones continuas. 
   

domingo, 14 de abril de 2013

CRÍTICA DE "OBLIVION"


Distopía y realidad
OBLIVION êêê
DIRECTOR: JOSEPH KOSINSKI.
INTÉRPRETES: TOM CRUISE, OLGA KURYLENKO, ANDREA RISERBOROUGH, MORGAN FREEMAN, NICOLAJ COSTER-WALDAU.
GÉNERO: CIENCA FICCIÓN / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 126 MINUTOS.   

     Tengo la certeza de haber visto todas las películas de ciencia ficción más relevantes de la historia, por lo que uno está siempre abierto a la sorpresa. Poco me sorprendió Joseph Kosinski con su ópera prima Tron: Legacy (2010), psicodélica secuela del clásico Tron cuya mayor virtud residía en su estilizado aspecto visual y la eficaz banda sonora a cargo de Daft Punk, ningún poso dejó en mí su narrativa carente de todo elemento novedoso.


      En su nueva apuesta, Kosinski parte de una novela gráfica propia para situarnos en el año 2077, seis décadas después de una feroz invasión extraterrestre. Jack Harper (Tom Cruise) es un experto en reparaciones de drones destinados a la vigilancia de la Tierra, que fue evacuada hace mucho tiempo, y forma parte de un equipo que intenta extraer los mayores recursos vitales del subsuelo y el medio ambiente, tras décadas de guerra con los temibles Scavengers (Carroñeros), una guerra que ganaron los humanos utilizando armas nucleares pero que dejó la Tierra como un erial inhabitable.


      Los Carroñeros sobreviven rebuscando entre las ruinas del planeta, pero la misión de Jack toca a su fin. Dentro de dos semanas se unirá a una colonia de supervivientes en una colonia lunar lejos de un mundo devastado por la guerra y al que sigue considerando su hogar. El hallazgo de una nave derribada de donde rescata a una preciosa desconocida, Julia Rusakova (Olga Kurylenko) altera considerablemente sus planes, pues ésta ha viajado a través del espacio con una misión muy específica. Unida a Jack de una forma que va más allá de toda lógica, su llegada obliga a Jack a plantearse todo lo que sabe, descubriendo verdades asombrosas que le conectan con el pasado de la guerra y deberá demostrar un heroísmo del que no se veía capaz. El destino de la raza humana queda en manos de un hombre convencido de que el mundo está a punto de desaparecer para siempre.


      Tras el visionado del film uno tiene la impresión de que OBLIVION es Tom Cruise. Kosinski vuelve a demostrar su pericia como potenciador de imágenes que cuida hasta el mínimo detalles estético y su buen tino para seleccionar grupos que compongan las bandas sonoras para sus inventos, en este caso la magnífica banda de música electrónica M83, que fusiona clasicismo y vanguardia de manera fastuosa. Insisto, sin la presencia de un sobrio Tom Cruise está claro que esta fusión entre el relato apocalíptico y la space-opera sería mucho menos en taquilla, y suponemos que su mirada, su tono y su influencia queda a la misma altura que la del creador para inyectar a la función las dosis justas de entretenimiento y confusa introspección, tratando de dotar de solidez a una película que mantiene algún nexo narrativo con Gattaca (Andrew Niccol, 1997) una de mis pelis favoritas del género. Aun con la sensación déjà vu y la asumida familiaridad con que uno se adentra en un film Sci-Fi en los últimos tiempos, nos encontramos con una función nada despreciable que eleva la estela del sentimentalismo sobre un paisaje arrasado.   


      El amor como único asidero para la esperanza y un futuro mejor en la incandescente luz de la memoria colectiva. La película no aburre aunque su ritmo es por momentos pausado, podemos pensar en mil referencias (2001, una odisea del espacio, El Planeta de los Simios, Star Wars, Matrix, Soy Leyenda, El libro de Eli, Walle-E, …) y sólo destacar los abundantes tópicos, pero no negaré que el sugerente prólogo con la voz en off del protagonista sumerge instantáneamente al espectador en una aventura con un pulcro look visual y una trama distópica que contiene algunos giros inesperados y que presumimos interesante dentro del pesimismo instalado en nuestra agónica sociedad. 

      Entre la realidad y la memoria manipulada, en OBLIVION se ha cuidado mucho el diseño de las naves, los interiores y el vestuario, detalles que imponen su brillo impoluto en un paisaje calcinado. Todo se vuelve más sucio cuando Olga Kurylenko aparezca para iluminar los recuerdos nebulosos de nuestro héroe, una lacerante verdad que dará sentido a su existencia. Un final happy que gustará o no, nos invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad en el mundo que construimos.

martes, 9 de abril de 2013

PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS


      
      Nunca ha vuelto a estar tan bien Andy García como en OCHO MILLONES DE MANERAS DE MORIR, fue la última película que dirigió Hal Ashby en 1986 pues moriría tres años más tarde con sólo 49 años. Con guión de Oliver Stone y Robert Towne –que no aparece en los títulos de crédito- el film gana muchos enteros con la aparición del actor cubano, auténtica revelación en su papel de sibarita gángster hispano amante de la arquitectura gaudiana, excéntrico y amenazador, contemporizador y letal, amplia gama de registros y matices que hacen que cada vez que aparece en pantalla se cargue el ambiente de electricidad y la tensión se puede cortar con un cuchillo. Una actuación exquisita, sumamente realista con la que se come con papas al verdadero protagonista de la función, el tantas veces magnífico Jeff Bridges. Película injustamente denostada en su época que merece ser revisionada.


      Me gusta John Boorman y me gusta  A QUEMARROPA (1967) y Defensa (1972) -leer la crítica de esta última en este mismo blog en la sección Mis películas Favoritas porque no me gusta repetirme-. En la primera, la amistad del cineasta con Lee Marvin lleva al sobrio actor neoyorquino a protagonizar un policíaco muy de su tiempo, nacido de la paranoia de los sesenta, corroído por esa difusa amenaza en la sombra que en la tradición del mejor cine negro en fusión con la moderna narrativa europea sigue la estela de un criminal que escapa de Alcatraz para vengarse de sus enemigos. La pareja Marvin/Dickinson otra vez en plena forma, la violencia en estallidos febriles y espeluznantes, magistral formalismo, pulso enérgico, excepcional captación de atmósferas; ya sea en una discoteca de ambiente lisérgico o en una vulgar oficina. Un hombre frente a una ciudad podrida, el eslabón roto del sistema que advierte tarde su manipulación y la imposible redención. Un film magistral.


      
      Lo mismo que comentaba anteriormente de Andy García ocurre con Richard Gere, un actor procedente del mundo del teatro que debutó en el año 1975 en el mundo del cine. Su éxito con Días del cielo (1978), un fascinante poema visual de Terrence Malick que nos ofrece una visión de la Norteamérica más primitiva y paradisíaca, le hizo abandonar las tablas para dedicarse exclusivamente al Séptimo Arte. No obstante su papel fundamental es para mí el de maníaco  en uno de los mejores títulos de Richard Brooks, BUSCANDO AL SEÑOR GOODBAR (1977). Cómo me gusta esta película, ese enfoque descorazonador, pesimista de Brooks de un mundo que se abre como una apestosa cloaca. La historia de una joven (Diane Keaton) que trastornada por una educación castrante, represiva y moralista, se lanza a descubrir las nuevas sensaciones que ofrece la gran urbe, siendo finalmente brutalmente asesinada por un psicópata (en este caso Tom Berenger). Gere está perfecto encarnando al chuloputas barriobajero, narcisista, egocéntrico, machista, esquinado, despechado y vengativo parásito, una especie de borrador demoníaco del papel que tres años más tarde le convertiría en un ídolo de la pantalla grande por su protagonismo en American Gigolo de Paul Schrader.


      
      Mis películas favoritas de Francis Ford Coppola no son ni El Padrino ni Apocalypse Now. Cosa extraña ¿verdad? Reconozco estas dos obras maestras que he visto decenas de veces, pero el cine es conexión, multienlace, correspondencia plena y personal, y todo esto me ocurre con dos obras redondas del genial autor. La primera de ella es La Conversación  (podéis leer mi crítica en este mismo blog también en la sección Mis películas favoritas); y la segunda es LA LEY DE LA CALLE (1983), rodada en el mismo año que Rebeldes, en las mismas localizaciones, con el mismo protagonista (Matt Dillon) y basada en una novela de la misma autora, S.E. Hinton, que la anterior. El film es una crónica callejera sobre la problemática juvenil en  donde un joven (Dillon) anda siempre buscando pelea con otros chicos, añora a su hermano a quien todo el mundo conoce como “El chico de la moto” (Mickey Rourke) que hace tiempo que se marchó de la ciudad y al que su hermano pequeño idolatra hasta tal punto que sueña con ser algún día como él.


      Es una de las obras más filosóficas del director italoamericano, rodada en blanco y negro con sólo algunos detalles simbólicos en color, de un enfático academicismo que Coppola se encarga de subrayar con mensajes claramente doctrinales. La brillante fotografía de Stephen H. Burum, la excelente música de S. Copeland, se sobreponen a la historia y dominan todo el film. Un relato sorprendente que nos hace evocar referencias visuales y narrativas  que basculan entre el expresionismo de Welles y el romanticismo autodestructivo de Godard o Ray. Un peliculón.


      De la media docena de películas rodadas sobre la Guerra de Vietnam mi favorita es CORAZONES DE HIERRO (1989) y siempre tengo que explicar por qué, pues mucha gente se extraña. Brian De Palma se basó en acontecimientos reales narrados en su libro por Daniel Lang, y lo más interesante de este particular descenso a los infiernos de esta guerra inútil y suicida, en donde una joven e indefensa vietnamita es violada por casi todos los miembros de un pelotón y más tarde cruelmente asesinada, es que el cineasta se centra en el estudio psicológico de los dos protagonistas: el sargento Meserve (Sean Penn) y el novato Eriksson (Michael J. Fox), un joven soldado asustado pero decidido, idealista y benevolente, planteando así cierto paralelismo entre dos guerras; la meramente militar y la que se libra entre las conciencias. Es esa afilada descripción, el análisis minucioso entre dos personalidades, lo que diferencia y hace que Corazones de hierro no sea otro film más sobre la Guerra de Vietnam, y se nos presente como un relato que es una lúcida introspección acerca de los peores registros morales y las más oscuras emociones humanas.


         
      Se agotaron los Pensamientos Automáticos, cualquier otro día continuará.


sábado, 6 de abril de 2013

CRÍTICA DE "TESIS SOBRE UN HOMICIDIO"

Los límites de la justicia
TESIS SOBRE UN HOMICIDIO êêê
DIRECTOR: HERNÁN GOLDFRID.
INTÉRPRETES: RICARDO DARÍN, ALBERTO AMMAN, ARTURO PUIG, CALU RIVERO, FABIÁN ARENILLAS, MARA BESTELLI.
GÉNERO: INTRIGA / ARGENTINA / 2013  DURACIÓN: 106 MINUTOS.   
ESTRENO EN ESPAÑA: 5 DE ABRIL DE 2013

       El actor y director argentino Hernán Goldfrid (Buenos Aires, 1979) ha obtenido con su segundo largometraje un enorme éxito en su país. Cierto que me pasó bastante desapercibida (y con esto quiero decir que no me dejó ningún poso) su debut con la comedia romántica todavía inédita en España Música en espera (2009), algo que no ha ocurrido con esta producción hispano-argentina titulada TESIS SOBRE UN HOMICIDIO, un thriller psicológico que exige un cierto nivel de implicación intelectual del espectador. 


      Inspirada en la novela de Diego Paszkowski, el film gira en torno a Roberto Bermúdez (Ricardo Darín), abogado y profesor de Derecho Penal que está convencido de que Gonzalo (Alberto Amman) uno de los alumnos que asiste a su seminario, ha sido el autor de un brutal asesinato acaecido justo frente a la entrada del edificio de la Facultad de Derecho. Decidido a demostrar la verdad sobre el crimen, emprende una investigación personal que deriva en lo obsesivo e inevitablemente le arrastrará hacia sus zonas más oscuras, sin saber realmente cómo de cerca está la verdad.


      Con ciertas resonancias a los clásicos hitchcockianos Crimen Perfecto (1954) y La Soga (1948), TESIS SOBRE UN HOMICIDIO es una muestra más de la comunión existente entre Ricardo Darín y el policíaco (El secreto de sus ojos, Nueve Reinas, El Aura) regalándonos otra magnífica interpretación para el recuerdo. El carismático actor  bonaerense encarna con pulcritud el arquetipo de profesor inteligente con un punto de vanidad que le incita a iniciar una investigación que haga patente ante todos las razones de su lugar en el sol, el por qué de su merecido prestigio. La investigación apunta más allá de la búsqueda de justicia, en Gonzalo (superlativo también Alberto Amman) el experimentado penalista ha encontrado la horma de su zapato, dando comienzo una excitante partida de ajedrez en donde los análisis e hipótesis de de Roberto serán refutados por el alumno con cara de chico bueno.



Un duelo de intelectos que acaba por exasperar al profesor y le hace enfrentarse con sus propios dilemas. La película, de una impecable factura técnica, mantiene el suspense, dosificando la tensión en un medido in crescendo, para lo que Goldfrid cuenta con la inestimable ayuda de una exquisita y envolvente fotografía cortesía de Rodrigo Pulpeiro y una climática banda sonora a cargo de Sergio Moura.   
     

  
  Los indicios en los que basa sus conclusiones Roberto resultan muy peregrinos (el colgante de la mariposa, el ticket de una farmacia, recortes de otros crímenes con el mismo modus operandi, la pequeña daga de la justicia) da igual porque lo que verdaderamente interesa a los responsables de la función es el debate sobre lo legal y lo justo, los eternos circunloquios sobre la arbitrariedad de una justicia en la que el azar es un elemento determinante. Queda señalado, Darín nos regala de nuevo una actuación magnética y deslumbrante en un relato servido para su lucimiento, el retrato de un tipo cincuentón con debilidad por el Whisky, aficionado al boxeo, divorciado, sin demasiado apego sentimental por nada ni nadie y con un estatus valioso dentro de su profesión académica. 


      Como espectador llego a entender que Roberto es consciente de que existe el crimen perfecto (el final abierto, que no gustará a todo el mundo pero que a mí no me desilusiona, así lo confirma) de ahí la rabia que le corroe ante su propia impotencia, incapaz de descubrir pruebas concluyentes que demuestren sus sospechas y perdiéndose en un marasmo de teoría paranoicas que le hacen mascar la tragedia. Con algún  personaje intrascendente como el de preciosa Calu Rivero, el guión, no exento de agujeros, incide en esa impotencia subliminando pequeños detalles, detalles que como piezas de un laberinto de dominó se irán derrumbando hasta llegar a un clímax no por predecible menos eficiente. Me gusta especialmente la secuencia que transcurre en el museo donde se exhibe una muestra itinerante de la obra de Picasso, en la que Gonzalo descifra a Roberto el cuadro “La Crucifixión”, donde el genial artista malagueño plasmó muchas de sus obsesiones: la muerte, la religión, el sufrimiento y el sacrificio de víctimas inocentes.