Los estados de una herida colectiva
“LA BOLA NEGRA” êêê
DIRECTORES: Javier Calvo, Javier Ambrossi.
INTÉRPRETES: Guitarricadelafuente, Migel Bernardeau,
Carlos González, Milo Quifes, Penélope Cruz, Glenn Close, Antonio de la Torre.
GÉNERO: Drama / DURACIÓN: 158 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2026
La bola negra (2026) la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi que se ha convertido en un fenómeno cultural, es una obra de una ambición considerable que articula tres historias separadas temporalmente (1932, 1937 y 2017) para construir una suerte de genealogía del deseo homosexual en España a través de vidas sufrientes y, de una manera u otra, condenadas. No se trata de episodios autónomos, sino de relatos que establecen entre sí una relación de continuidad. Aquello que no pudo decirse, vivirse o reconocerse en una época reaparece, transformado en las siguientes.
El episodio de 1932 se sitúa en una época todavía republicana, donde la emancipación convive con la persistencia de códigos morales y sociales profundamente represivos. El de 1937 introduce la fractura decisiva de la Guerra civil: el deseo deja de enfrentarse solamente a la censura social para quedar convertido en estigma. Finalmente, 2017 representa una sociedad formalmente liberada, aunque la película sugiere que la conquista de derechos no implica necesariamente la desaparición de las heridas transmitidas por la historia.
Con remarcado barroquismo visual, una fotografía expresionista en 35 mm a cargo de Gris Jordana y una notable dimensión simbólica, la estructura episódica adquiere un significado que trasciende la mera reconstrucción de épocas y logra trasmutar la pulsión dramática lorquiana en un manifiesto visual de resistencia y catarsis colectiva. Cada segmento funciona como una capa de memoria sobre el anterior. La España contemporánea no aparece como una realidad desligada de aquellas otras Españas, sino como su consecuencia problemática. El pasado persiste en los gestos, en los silencios y, sobre todo, en la dificultad de asumir una identidad sin el lastre de la culpa heredada.
La historia de 1932 sigue a Carlos (Milo Quifes) un joven de la alta burguesía granadina al que se le deniega la entrada a un prestigioso casino debido a los rumores sobre su homosexualidad, sus miembros han votado en su contra utilizando una bola negra (sistema de votación secreto). Su padre le pide que lo niegue todo para salvar el honor familiar. Este episodio está inspirado en el texto inicial y dibujos del proyecto inacabado de García Lorca.
En el segundo episodio de 1937 en plena Guerra civil, Sebastían (Guitarricadelafuente) es un joven soldado del bando nacional encargado de custodiar a un prisionero republicano malherido, Rafael (Miguel Bernardeau). Entre ellos surge una íntima, silenciosa y trágica historia de amor marcada por el deseo y la inminencia de la muerte. En el episodio de 2017, inspirado en las vivencias del dramaturgo Alberto conejero y su obra “La piedra oscura”, nos encontramos con Alberto (Carlos González), a través del cual la película explora cómo el trauma heredado, la memoria histórica de las generaciones pasadas y las cicatrices de la homofobia siguen con su eco maldito en el actual colectivo queer.
Aunque las tres épocas parecen independientes inicialmente, la habilidad del montaje hace que las líneas temporales se borren y se entrecrucen de forma onírica. El recurso tiene gran fuerza conceptual, los paralelismos de las tres historias están tan cuidadosamente trazados que, en determinados momentos, la película parece querer imponer al espectador su interpretación. La emoción precede ocasionalmente a la ambigüedad.
El resultado es, con todo, una película
culturalmente significativa. Un melodrama que desborda la vocación histórica y
utiliza tres momentos de España no para narrar tres historias distintas, sino para
contar tres estados de una misma herida colectiva, y sitúa el deseo disidente
como eje vertebrador de la identidad en el devenir sociopolítico de un país.
Así, La bola negra es una obra más valiosa por la ambición de su
proyecto y la recuperación de la figura incandescente del grandioso poeta
Federico García Lorca -y su herencia inabarcable- que por la perfecta ejecución
de un conjunto saturado de símbolos que ha llevado al éxtasis a críticos y
espectadores, pero resulta interesante cómo logra convertir un trauma
generacional y la memoria queer española en materia de tragedia universal.















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