miércoles, 31 de diciembre de 2014
martes, 30 de diciembre de 2014
viernes, 26 de diciembre de 2014
CRÍTICA: "`71"
Salvar al soldado Hook
´71 êêêê
DIRECTOR: YANN DEMANGE
INTÉRPRETES: JACK O´CONNELL, SEAN HARRIS,
PAUL ANDERSON, CHARLY MURPHY, DAVID WILMOT, SEAN REID.
GÉNERO: THRILLER / REINO UNIDO / 2014 DURACIÓN: 100 MINUTOS.
El debutante Yann Demange (sólo había trabajado para el medio televisivo) logra
una magnífica ópera prima a costa de los conflictos vividos en Belfast en los
sangrientos años 70. El film nos narra la historia de un joven y desorientado
soldado británico, Gary Hook (Jack O´Connell) que se extravía y
es abandonado accidentalmente por su unidad junto a otro compañero tras unos
disturbios en las calles de Belfast. Tras ser brutalmente golpeado y ver cómo a
su compañero le disparan un tiro en la cabeza, logra huir. Incapaz de
comunicarse con nadie, el recluta debe sobrevivir solo en la noche y encontrar
el camino de vuelta por un laberinto de callejones desconocidos y peligrosos en
donde en cada paso se juega la vida.
´71 es una
producción británica que combina la acción con los hechos históricos acaecidos
en la incendiaria Irlanda del Norte de 1971. Sin obviar la ambientación hiperrealista sobre la crudeza de un
conflicto bélico que se llevó por delante centenares de vidas (un paisaje
sucio, de viviendas y edificios desconchados y ruinosos, calles oscuras,
inquietantes y llenas de basura y cascotes) si hay algo que llama poderosamente
la atención es el clima de desconfianza, la permanente y atemorizante sombra de
la traición que acecha a los integrantes de los bandos enfrentados y la procacidad
de una violencia absurda en donde el cuerpo reventado de un niño por la
explosión de una bomba en un bar, queda como monumento a la infamia que deja
sin argumentos a los contendientes ingleses e irlandeses, retratando con
crudeza y emotividad su falta de humanidad y dejando vacías sus defensas
exculpatorias y reivindicaciones. Rodada con energía, pálpito y vértigo, ´71
se olvida de las obscenas y bastardas cuestiones políticas y religiosas de un
conflicto que duró cerca de 30 años para amplificar el dolor de las víctimas,
la herida en carne viva de una violencia irracional en un paisaje dantesco.
Como habrán adivinado los lectores, ´71 es el año en que tiene lugar la acción, y por supuesto, una baza importante en este potente y oscuro thriller es la excelente interpretación llena de matices del joven actor Jack O´Connell, que proyecta su valentía, capacidad de sufrimiento y ansias de vivir con tanta naturalidad que enseguida se gana la empatía del espectador. Él es la víctima acosada, perseguida, atrapada y abandonada a su suerte en un territorio hostil en el que no hay buenos ni malos; sólo policías, soldados, paramilitares, espías, agentes dobles, católicos, protestantes, ingleses e irlandeses que tratan de sobrevivir sin detenerse en justificar la sinrazón de un conflicto en el que ni siquiera el cansancio atenúa las ansias de matar y destruir, y en donde los niños son utilizados como simple carnaza (atención al niño mal encarado irlandés que intenta ayudar al protagonista). Nos encontramos, amigo lector, ante un angustioso y dramático thriller que alumbra el carácter destructor y desalmado del ser humano y su habilidad para crear infiernos de violencia y muerte en cualquier sitio, sea en esas degradadas y reconocibles barriadas de ladrillos rojos de un Belfast casi apocalíptico o en un hipermercado de Barcelona. El soldado Gary Hook beberá del veneno amargo de una sociedad en guerra y abominará de él, de ahí ese final congruente en la búsqueda de un nuevo horizonte en donde sus manos no estén manchadas de sangre. Yann Demange se impone como un nombre a tener en cuenta.
martes, 23 de diciembre de 2014
domingo, 21 de diciembre de 2014
CRÍTICA: "BIG HERO 6"
La mejor película de animación
del año
BIG HERO 6 êêêê
DIRECTOR: CHRIS WILLIAMS, DON HALL.
INTÉRPRETES: ANIMACIÓN.
GÉNERO: ANIMACIÓN /EE. UU. / 2014. DURACIÓN: 108 MINUTOS
Basada en los cómics de acción y aventuras
de Steven T. Seagle y Duncan Rouleau, Big Hero 6 se nos presenta como la
combinación perfecta y estimulante de los universos Disney y Marvel, amalgama
absolutamente fascinante que da como resultado la película perfecta para estas
navidades y la mejor cinta de animación del año. Tras la compra de Pixar y
Marvel por parte de Disney (su voracidad no tiene límites) hemos podido
comprobar unos resultados sorprendentes en la calidad de la animación digital,
que tuvo su mejor ejemplo en Frozen: el reino del hielo (Chris
Buck, Jennifer Lee), que se alzó merecidamente con los Oscar a la Mejor
Película de Animación y Mejor Canción. No creo que Big Hero 6 tenga
problemas para repetir el éxito si nos atenemos a la multitud de nominaciones con
que ya cuenta.
En la metrópolis de San
Fransokyo (cruce entre San Francisco y Tokyo), vive Hiro Hamada,
un chico prodigio de 14 años que se dedica a crear robots para hacer apuestas
en torneos de robocombat pero a quien la muerte de su hermano Tadashi en
un incendio deja con un vacío enorme. Tadashi había creado un enorme robot
hinchable llamado Baymax que había programado con conocimientos médicos
para ayudar a la humanidad. Hiro descubrirá que la muerte de su hermano no fue
accidental y con la ayuda de Baymax emprenderá la peligrosa misión de destruir una red criminal liderada por un
misterioso enmascarado que esconde su rostro tras una máscara Kabuki. Pero el
criminal es demasiado poderoso y para enfrentarse a él Hiro crea “Big Hero 6”,
un equipo de eficaces superhéroes del que forman parte Wasabi-No-Ginger, Honey
Lemon, GoGo Tomago, Fred y Baymax.
Además de esa excitante fusión entre Disney, Pixar y
Marvel existe otra proyectada en el film igual de sugerente; la de la
civilización occidental y oriental reflejada en la arquitectura y en la
obsesión nipona por la tecnología
absorbida con deleite por la occidental) conviviendo en magnético equilibrio
con la bohemia arquitectónica, orográfica, cultural y romántica de la fastuosa
ciudad de San Francisco. Un placer para la vista y los sentidos. Big Hero 6
es un brillante espectáculo de animación rebosante de imaginería digital en el
que se ha cuidado con mimo los detalles sin descuidar la sinergia entre los
personajes, de entre los que sobresale Baymax, un enorme, orondo y globoso
robot que se gana al público hasta tal punto que su encanto conseguirá que cada niño presente en las salas suspire
por tener su réplica estas navidades. Algo lastrada por una premisa nada
original, con un primer tramo en el que se nota el sello Disney (y que hemos
visto en otras producciones como Wall-E)
en el estado afligido del protagonista por la pérdida de su hermano, una
inquietud que hará reaccionar a Hiro y crear un fuerte lazo de unión con Baymax,
crucial para el desarrollo del segundo tramo del film que bebe del cómic y la
fenomenología anime en perfecta conjunción.
Big Hero 6 cuenta con todos los
elementos narrativos para interesar al público de cualquier edad: épica,
emotividad, ternura, dramatismo, acción y humor. La diversión está diseñada
para colmar las expectativas de los más pequeños en una aventura de acción que
no desprecia el toque sentimental, pero es un producto que, englobado en el
género de Superhéroes, resulta también muy atractivo para el público más
adulto, con ese mensaje sobre la inutilidad de la venganza y la violencia que
siempre genera más violencia. Detalles como
las texturas, el realismo cromático y del metal, la fisicidad de los personajes
y los movimientos, la iluminación, los planos generales de la metrópolis dejan
a los espectadores hipnotizados y ojipláticos. Algo perceptible desde el
magnífico prólogo que sirve de introducción para atrapar a la platea y no
soltarla hasta el final, con el dibujo de ese carismático protagonista con el
que automáticamente empatizamos, la relación especial con su hermano, la
cuadrilla del “laboratorio de pardillos” y su ingeniosa creación de los
microrobots. Big Hero 6 es cine hecho con inteligencia y una sensibilidad
nada relamida, un entretenimiento de altura que no desprecia la reflexión en
favor de la deriva pirotécnica, aunque ésta sea ineludible en la explosiva
batalla final. Todo un hallazgo, sin duda, la película de estas navidades.
viernes, 19 de diciembre de 2014
SYLVIA HOEKS EN “LA MEJOR OFERTA”
A muchos
cinéfilos el nombre de Sylvia Hoeks
sólo les sonará por su participación en la magnífica película italiana La
mejor oferta (Giuseppe Tornatore, 2013) lógico, si nos atenemos a las
memorables secuencias que ella protagoniza. La cierto es que no sabemos mucho
de esta hermosa actriz holandesa nacida el 01 de junio de 1983, pero me he
preocupado de buscar algunos datos que nos acercan un poco a su vida y carrera
profesional. Por ejemplo que dio el salto al cine desde su profesión de modelo
y que con su 1´75 metros de estatura y su belleza fue fichada por la
prestigiosa agencia Elite Models, que la dio a conocer a los medios.
Como modelo se
ganó la confianza del público y visitó las más distinguidas pasarelas europeas,
experiencia que le sirvió también para moverse con soltura cuando realizó sus
estudios en la Academia de Teatro de Maastricht. Con una filmografía compuesta
por siete títulos y algunos papeles para la televisión, debutó en la pantalla grande con la comedia Duska (Jos Stelling,
2007), sobre un tipo que consigue hacer sus sueños realidad cuando logra llevarse a su casa a la preciosa taquillera del cine. Dos años después
protagonizó el film de catástrofes De Storm (Ben Sombogaart, 2009), que
relata una terrible tormenta acontecida en 1953 en Zelanda que rompe los diques
que protegen a estas tierras de las acometidas del mar. Su siguiente film Tirza
(Rudolf van den Berg, 2010) fue preseleccionado
por Holanda como Mejor Película de habla no inglesa, y nos cuenta la
historia de un hombre que busca a su hija. Sus siguientes trabajos fueron en el
drama criminal Gangs of OSS (Andre van Duren, 2011), el drama romántico The
Girl and Death (Jos Stelling, 2012) y la comedia Bro´s Before Ho´s
(Steffen Haars, Flip van der Kuil, 2013).
Poca cosa si lo comparamos con La
mejor oferta, uno de los mejores films de los últimos años que nos
narra la vida de Virgil (Geoffrey Rush) un hombre solitario y excéntrico que se
gana la vida como agente de subastas y experto en arte. Su vida transcurre al margen de cualquier sentimiento o emoción
hasta que conoce a una hermosa y misteriosa joven (Sylvia Hoeks), que le
encarga tasar y vender las obras de arte heredadas de sus padres. Esta joven sufre
agorafobia, cuestión que hace que viva recluida y aislada del mundo. Lo que no
sabe Virgil es que su relación con ella transformará su vida para siempre.
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Se
podría decir que el film cuenta con un momento clave o de inflexión en la
trama: el instante en que Rush ve el bellísimo rostro de Hoeks. Tornatore nos
había hurtado hasta entonces ese estimulante aspecto y es a partir de ahí
cuando la burbuja aséptica en que vive Rush, su misantropía y su mundo de
aristocrática decadencia se viene abajo. Es el giro más importante de un
excelente film (además de ese final que muchos intuimos) que tras desarrollar
un primer tramo dentro del cine de autor intimista se bifurca por el sendero
del thriller para acercarnos emocionalmente a la fisicidad de una falsa seducción, en donde el pobre Rush, absolutamente arrebatado por un hechizo que le lleva a desactivar todas las alarmas, será la víctima perfecta de un timo colosal, de un amor
evanescente del que sólo quedará el perfume para sobrevivir en el más doloroso
ocaso.
martes, 16 de diciembre de 2014
NANCY ALLEN EN “VESTIDA PARA MATAR”
Hay un puñado de películas de Brian De Palma que sin duda me gustan mucho y que he visto montones
de veces, aunque mi favorita es El precio del poder (1983), pero no
es menos cierto que hubo una época en que los éxitos taquilleros de este
director hechizado por Hitchcock
hasta el delirio, fueron una constante muy sugerente en las carteleras. Es el
caso de Vestida para matar (1980), que se impone como un guiño exacerbado al
clásico del maestro del suspense Psicosis, una historia que nos presenta a Kate Miller (Angie Dickinson todavía
muy potable), una mujer con problemas que acude a la consulta del psiquiatra Robert Elliott (Michael Caine) para recibir
consejo profesional, y que más tarde tendrá un fortuita y emocionante encuentro
en un taxi con un desconocido, con quien ya había coincidido en otro lugar.
Ni mucho menos
estamos ante un film excepcional, sí ante un thriller resultón que incluso
permite a Brian De Palma autoplagiarse. Muy dado a los toques sensuales y con
gran pericia para las escenas de persecuciones a las que siempre ha sabido
dotar de una tensión especial gracias a su habilidad para el montaje (escena
del ascensor), así como un planteamiento visceral de la violencia y una gran
creación de atmósferas. Lo mejor del film son sus primeros cuarenta minutos de
metraje, en donde logra una intriga y un ritmo espectacular sin apenas conceder
tregua al espectador (escena del museo). No diremos que el guión es una obra
compleja de arquitectura narrativa porque el espectador más avispado intuye pronto
la identidad del asesino, pero está claro que el pulso del director, penalizado
tantas veces por sus ecos referenciales, es suficiente para firmar un giallo
elegante y con estilo.
Además de Angie Dickinson que con cincuenta años
nos regala nada más comenzar el film un glorioso desnudo integral y nos pone
verracos con sus ansias de follar, en el film también aparece una Nancy Allen con treinta años y, por aquel
entonces, esposa del director, al que conoció durante el rodaje de Carrie
(1976) cuando Allen era una de las muchas jóvenes que se presentaron al casting
del film y quedó prendado a De Palma con su belleza. Con él acabaría rodando
cuatro películas pero el estrés del realizador durante el rodaje de Scarface influyó de manera negativa en
su matrimonio con la que fue una de las reinas del grito. Nacida en Nueva York en 1950, Nancy tuvo su época dorada en los
años 80 en donde rodó películas como Robocop Impacto o Extraños
Invasores. Se casó con De Palma en 1979 y se divorció en 1984. Yo siempre
la recordaré como una de mis musas sagradas de aquel delicioso tiempo, y he
visto a pocas mujeres en el cine desfilar con tanta elegancia, sensualidad y
estilo en lencería fina. Para ella este homenaje de uno de sus más rendidos
onanistas.
sábado, 13 de diciembre de 2014
CRÍTICA: "FRÍO EN JULIO" (COLD IN JULY)
Un thriller tenso, sórdido y con personalidad
propia
FRÍO EN JULIO êêê
DIRECTOR: JIM MICKLE.
INTÉRPRETES: MICHAEL C. HALL, SAM SHEPARD, DON JOHNSON, VINESSA
SHAW, NICK DAMICI.
GÉNERO: THRILLER /EE. UU. / 2014. DURACIÓN: 109 MINUTOS.
Puede que Jim Mickle sea un desconocido para el público de multisalas tan
estandarizado por los blockbusters y artefactos de calidad cuestionable que se
ven alzados a la cima de la taquilla por una machacona y agresiva campaña
publicitaria, pero ni mucho menos lo es para el cinéfilo impenitente y voraz
siempre atento a lo que se mueve en todo el mercado con una insaciable rapiña,
y en donde siempre es posible encontrar alguna perla realizada con un presupuesto
de guerrilla. Fue el caso de Mulberry Street (2006) el debut de
Mickle en la dirección, un film de serie B apañadito realizado con un
presupuesto mísero que narra una terrible infección desatada en Manhattan que
convierte a los humanos en una especie de criaturas similares a ratas sedientas
de sangre. Sintiéndose cómodo en el género de terror, que suele dar mucho
juego, el director nacido en Pennsylvania presentó en 2010 una pieza superior a
la anterior que lleva por título Stake Land, que en una América postapocalíptica
nos cuenta cómo una plaga convierte a la gente en vampiros. El pasado año
Mickle realizó el remake de la exitosa película mexicana Somos lo que hay (Jorge
Michel Grau, 2013), y que con el título Somos lo que somos (We
Are What We Are) supera al original con un argumento que nos presenta a
una peculiar familia de caníbales, y que sin apenas sangre hace que se te
revuelva el estómago.
Confieso que tenía ganas
de ver lo que nos podía ofrecer Mickle en un género como el thriller tras haber
dejado huella con tan terrorífica trilogía. Frío en julio nos
sitúa en 1989 en Texas. Richard Dane (Michael C. Dane) mata
accidentalmente a un intruso que ha entrado en su casa a robar, lo que hace que
la gente del pueblo le mire como un héroe local. El problema es que el ladrón
es hijo de Ben Russell (Sam Shepard), un criminal recién salido de la
cárcel que, en venganza, se dedica a asustar a la familia de Dane. Éste,
descubre casualmente que el hombre que mató no es hijo de Russell, y con la
ayuda del detective privado Jim Bob (Don Johnson) y del propio Ben,
parten en busca del hijo de Russell para averiguar a quién mató Richard
realmente. Cuando descubren que Freddy Russell está metido en un negocio de
snuff movies, comprenden el peligroso entramado en que están metidos y la
dificultad de salir ilesos de él.
Frío
en julio supone
uno de los primeros trabajos destacados para el cine de Michael C. Hall
(protagonista de la serie televisiva Dexter),
un trabajo sobrio y esperanzador por lo que este prometedor actor puede aportar
a la pantalla grande. Si hay algo que marca el desarrollo de un film que rinde
pleitesía al cine de los años 80 y concretamente al inicíatico de Walter Hill,
John Carpenter, John Dahl y los Coen, es la brusquedad de un giro que bifurca
su trama hasta el punto de que el
espectador puede tener la sensación de haber visto dos películas: un primer
tramo que parece evaporarse con la detención del peligroso Russell; y un
segundo tramo con el descubrimiento de que el hijo de Russell vive y la llegada
del detective cowboy al que da vida Johnson. Esa fragmentación aporta un nuevo
color y sirve para diluir una historia sórdida en donde podemos observar una
multiplicidad de atmósferas, ritmos disímiles y los ánimos cambiantes propios
de la condición humana. Nos encontramos, probablemente, ante el mejor
thriller indie del presente año, algo
a lo que ayuda las potentes interpretaciones de los veteranos Sam Shepard
(taciturno e inquietante) y un socarrón Don Johnson, pero también el pulso
firme de un director que lejos de convencionalismos sabe mantener la tensión
hasta el final, a través de un desarrollo que hace fluir una sinergia que
subraya las constantes vitales y fatalistas del trío protagonista en un
itinerario lleno de trampas y un cierto aire
de western crepuscular.
La culpa, el remordimiento, la inseguridad,
el eco de la venganza purificadora, los inquebrantables lazos de amistad, el
miedo, los inimaginables límites del salvajismo, las complejas relaciones
paternofiliales y el extremo concepto de la justicia, planean sobre una trama
de vocación claramente revisionista y de la que emerge una violencia seca.
Adaptación libre de la novela de John R. Lansdale, en donde los estereotipos
masculinos están marcados en origen por un extenso territorio en el que uno
tiene que aprender muy pronto a sobrevivir y del subconsciente colectivo fluye
una retorcida visión bíblica del bien y el mal. Frío en julio avanza como
un tren brujo por un túnel de espejos deformantes en donde nada de lo
representado parece tener una correspondencia real, y si esas oscuras mafias
abonadas al negocio de las snuff movies nos puede hacer evocar films como
Hardcore: un mundo oculto o Asesinato en 8 mm, el esfuerzo de Mickle
porque su película tenga personalidad propia se ve recompensado en la dolorosa
transición hacia el bestial clímax final, una matanza redentora que en la línea
de Taxi Driver o El expreso de Corea, queda lejos de escenificar una simple masacre harboiled, y pone énfasis en la herida
espiritual y mortal de ese padre que, en la deriva trágica de su fracaso, abandonó hace tiempo toda responsabilidad.
jueves, 11 de diciembre de 2014
MIS PELÍCULAS ESPAÑOLAS FAVORITAS: "EL VERDUGO"
EL VERDUGO
Comedia ácida - España, 1963 - 85
Minutos.
DIRECTOR: LUIS GARCÍA BERLANGA.
INTÉRPRETES: NINO MANFREDI, EMMA PENELLA,
JOSÉ ISBERT, ÁNGEL ÁLVAREZ, MARUJA ISBERT.
Monstruo sagrado del cine español, genio
universal por su inteligencia y sentido del humor, Luis García Berlanga
(Valencia, 1921) poeta, pintor y crítico de cine, se inició dos años después de
graduarse en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas
co-dirigiendo junto a Juan Antonio Bardem la comedia Esa pareja feliz
(1951), y sólo un año después firma su primera obra maestra ¡Bienvenido
Mister Marshall!, película sobre nuestra posguerra que representa una
crítica ácida al plan de ayuda norteamericano. Su cine, deudor del neorrealismo
italiano, está marcado, no obstante, por un genuino acento sarcástico español,
que irá aumentando con el paso del tiempo. Los jueves milagro (1957)
cierra una etapa que va a dar paso a otra que quedará determinada por su
colaboración con el guionista Rafael Azcona, la influencia de este original
guionista dotará a los próximos films de un sentido del humor más negro y su
crítica se hará más amarga. Plácido (1961), El verdugo (1963) y
La boutique (1967) son buenos ejemplos de ello. En 1973 rueda la
coproducción francesa Tamaño natural, fallida cinta que tiene como
protagonista al francés Michel Piccoli. Con la llegada de la democracia compone
su corrosiva trilogía: La escopeta nacional (1977), Patrimonio
nacional (1980) y Nacional III (1982) que narran las desventuras de
una familia burguesa española desde la transición hasta la llegada del
socialismo al poder. Sus últimas obras: La vaquilla (1985), Moros y
cristianos (1987), Todos a la cárcel (1993), París-Tombuctú
(1999) sin dejar de ser interesantes y conservando algunos de los rasgos
característicos de su autor, están muy alejadas del nivel alcanzado con sus
primeras obras. Recientemente el autor ha hecho unas declaraciones en las que
afirma haber abandonado definitivamente su carrera cinematográfica.
Sinopsis: José Luis (Nino Manfredi) es un
empleado de una funeraria que sueña con irse a Alemania para trabajar de
mecánico. Mantiene una relación sentimental con Carmen (Emma Penella) hija de
Don Amadeo (Pepe Isbert) de profesión: verdugo. José Luis se ve forzado a
casarse con Carmen y tener un hijo, algo que no deseaba, y, lo que es peor, a
heredar el oficio de su suegro, que de esta manera puede acceder a un piso de
protección oficial.
En clave de comedia negra, esta magistral
pieza del disparate consigue dos objetivos primordiales: en primer lugar
convertir en proscrito a su autor para los ojos del régimen imperante, cuyo
entonces embajador en Italia, Alfredo Sánchez Bella, hace lo posible para
evitar su estreno en el Festival de Venecia, aunque claro está sin conseguirlo.
También, tras su exhibición, que se produjo con la cinta bastante mutilada, se
adjudica a Franco la siguiente frase: “Berlanga no es un comunista, es algo
peor, es un mal español”. En segundo lugar, El verdugo se presenta como uno
de los más terribles manifiestos contra la pena de muerte, donde la mirada
cáustica de sus creadores, más que atenuar acentúa el tono de denuncia,
logrando que muchas escenas de un sabor agridulce se puedan ver como un retrato
peripatético y oscurantista de la época.
En España, coincidiendo con su estreno
en Venecia, eran los días en que se iba a ejecutar al comunista Julián Grimau,
la película duró en nuestro país dos semanas en cartelera, el exhibidor, ante
las presiones que venía sufriendo, decidió en último término retirarla. Rodada
con planos largos, desarrolla los asuntos que al director más le interesan:
hombres encerrados entre horizontes muy estrechos de los que son incapaces de
salir, el reflejo de la ignorancia humana que lleva al individuo a no
rebelarse, el retrato -siempre con un matiz satírico- de la realidad que rodea
a éste y las vanas ilusiones por las que suspira. Con un guión en el que además
del director y de Rafael Azcona también interviene el escritor italiano Ennio
Flaianno, una fenomenal interpretación del inconmensurable Pepe Isbert y una
estupenda fotografía de Tonino Delli Colli, el film contiene secuencias
geniales que son un auténtico modelo de imaginación y estructura narrativa;
aquella que preparados para la ejecución, se ve al condenado agarrado por
varias personas que le conducen al patíbulo, y otro grupo que duplica al
anterior arrastrando al verdugo. Obra maestra de la cinematografía
mundial.
domingo, 7 de diciembre de 2014
CRÍTICA: "EXODUS: DIOSES Y REYES"
El profeta y la mano de hierro de
Dios
EXODUS: DIOSES Y REYES êê
DIRECTOR: RIDLEY SCOTT.
INTÉRPRETES: CHRISTIAN BALE, JOEL EDGERTON, AARON PAUL, SIGOURNEY
WEAVER, BEN KINGSLEY, JOHN TURTURRO, MARÍA VALVERDE.
GÉNERO: DRAMA ÉPICO /EE. UU. / 2014. DURACIÓN: 151 MINUTOS
El relato sobre el segundo libro de la
biblia, El Éxodo, que tiene como protagonista al profeta Moisés ha sido
adaptado al cine y la televisión con desigual fortuna. Fue Cecil B. DeMille
quien en 1923 y de manera seminal adaptó la historia en la época del cine mudo
con el título Los Diez Mandamientos y un argumento compuesto por dos relatos:
la huida de Egipto del pueblo hebreo capitaneado por Moisés, y una historia que
sucedía en la América de los años 20. DeMille superaría ampliamente este primer
acercamiento realizando el remake de 1956 con el mismo título y Charlton Heston
dando vida a Moisés y Yul Brynner encarnando a Ramsés, en la que ha quedado
para la historia como una de las piezas excelsas del cine épico-histórico. Tras
la incomprendida e infravalorada El Consejero (2013), Ridley Scott se pone de nuevo el traje
de artesano para desarrollar una historia de sobras conocida en la que pese a
ser una película de encargo, como casi todas los que viene realizando
últimamente, queda patente su sello personal.
Aunque no enfrentamos a
una temática muy trillada, bastará con apuntar que el film nos sitúa en el año
1.300 a. c., en donde una antigua profecía pronostica la caída del imperio
egipcio. El faraón Seti I (John Turturro) manda sacrificar a todos los
hijos primogénitos varones de los esclavos israelíes. Uno de ellos, siendo
apenas un bebé, es entregado a las aguas del Nilo para que su vida sea salvada
y es recogido por la familia real del faraón que lo criará como si fuera un
hijo. Con el paso de los años, Moisés (Christian Bale), aceptado
plenamente como un egipcio, desarrolla una amistad inquebrantable con el
heredero del trono, Ramsés (Joel Edgerton). Moisés es un general del
ejército respetado por todos y que trata de ser justo en sus decisiones. Movido
por la envidia y el odio y con la inestimable ayuda de la reina Tuya (Sigourney
Weaver), Ramsés se entera del origen hebreo de Moisés, le destierra lejos de
Egipto y ordena su asesinato. Pero Moisés descubrirá su vocación de líder y salvador
liberando a 600. 000 esclavos judíos en una épica huida a través de Egipto,
llena de peligros letales y en busca de la Tierra Prometida.
Scott arriesga poco en esta megaproducción de guión
algo plomizo y errática selección de casting. No es que el film se pueda tildar
de fallido –que se puede- , pero hay algo en ella de epopeya vulgar, de
aventura espectacular técnicamente irreprochable que, sin embargo, carece de
énfasis emocional aunque sí político derivado de las férreas y revolucionarias
directrices de Dios, deidad que guía y
alienta con mano de hierro a Moisés (un convincente Christian Bale al que da
réplica un macarril Joel Edgerton), una determinación que deja atrás los lazos
filiales y que en su empeño por impartir justicia roza peligrosamente la
venganza purificadora tras siglos de subyugación del pueblo hebreo. Con la
actriz española María Valverde en el papel de Séfora, la esposa de Moisés,
mucho se ha criticado a Scott por elegir a actores blancos para dar oxígeno a
ciertos personajes del antiguo Egipto, pero esas licencias forman parte del
tono irreflexivo, algo alocado, de las incursiones del director en el cine
épico-legendario, en donde apenas existen transiciones entre escenas íntimas y
el volcánico fragor de la batalla, y en donde no es extraño percibir sonoros
fallos de raccord y gazapos. Ridley Scott le ha cogido el gusto al cine
faraónico y elefantisíaco dotando a sus artefactos de una armadura de acero que
dice mucho de su tendencia megalomaníaca pero también, en demasiadas ocasiones,
jugando en detrimento del realismo y la naturalidad, y aún peor, dejando sin
efecto el factor dramático.
Esto es algo que podemos observar en
secuencias claves cuando visualmente se nos hurta el itinerario del bebé Moisés
en un canasto a través del río Nilo, con la representación de ese tsunami a
modo de división de las aguas del Mar Rojo, el casi insignificante apunte del
episodio sobre las Tablas de la Ley o en su peculiar visión icónica de Dios. Eso
sí, no ahorra efectismo a la hora de mostrar con descarnada explicitud el
efecto de las plagas bíblicas sobre Egipto o ese viaje de penurias de Moisés y
su pueblo hacía la tierra soñada que acaba convirtiéndose en un viaje hacia el
interior del líder espiritual. En este punto, echamos en falta el sentimiento profundo
derivado de la fe y la pureza insobornable de la creencia y sus ritos de fervor
y pasión. Una vez más Scott atiende más a la literalidad que a la magia y la
poesía. No nos engañemos, Exodus: Dioses y Reyes es un film
corpulento con un fastuoso diseño de producción, una impactante puesta en
escena y una prodigiosa labor de ambientación y vestuarios; técnica, detalles y
efectos digitales puestos al servicio del público de hoy, aparatajes que
amplifican las sensaciones visuales (el ataque de los cocodrilos, la caída por
el barranco de las tropas egipcias) de una historia muy manida. El film trata de humanizar a ese Moisés
anclado en las retinas con el rostro y el porte de Charlton Heston, el problema
es que existe un notable desequilibrio en su ciclotímico desarrollo, oscilante
entre la innovación y puntualmente academicista, deslavazada y acartonada en su
narrativa, musculosa en su aspecto visual. Cuestión de sensibilidad,
probablemente.
viernes, 5 de diciembre de 2014
MIS PELÍCULAS FAVORITAS: MANHATTAN SUR (1985)
MANHATTAN SUR
(YEAR OF THE DRAGON)
Thriller - USA, 1985 - 128
Minutos.
DIRECTOR: MICHAEL CIMINO.
INTÉRPRETES: MICKEY ROURKE, JOHN LONE, ARIANE, LEONARD TERMO
El hombre que ganó cinco Oscars de
Hollywood -incluido en el de mejor
director- por su segunda película, El
cazador (1978), se vio obligado a soportar las acusaciones de quienes le
señalaron como el único responsable del hundimiento de la United Artists,
debido al fracaso de La puerta del cielo (1980), pero Michael Cimino
siempre se ha defendido contestando que cuando realizó dicha película la
compañía ya estaba prácticamente arruinada. Personalmente, le creo, aunque sólo
sea por el respeto que me merece y la huella que dejó la obra de este cineasta
en mi adolescencia y tierna juventud, además no logro entender como un film tan
majestuoso y desmitificador como La
puerta del cielo puede arruinar a nadie, lo cierto es que tanto el director
como la película arrastran ese lastre maldito desde entonces. Tras cinco años
de penitencia rueda este impresionante thriller, uno de los mejores de
la década, con guión de Oliver Stone y gracias a la confianza de Dino De
Laurentiis, otra vez con Mickey Rourke, pero esta vez de protagonista absoluto.
La sinopsis del film muy sintetizada es la
siguiente: Stanley White (Mickey Rourke) veterano del Vietnam con problemas
psíquicos, el policía más condecorado de la ciudad, es trasladado al legendario
barrio de Chinatown. Dispuesto a acabar con las mafias chinas y las bandas de
jóvenes violentos que dominan el barrio, White irá profundizando en un mundo
desconocido y exótico, en el que pronto comprenderá que los jóvenes son
simplemente los sicarios de una organización a más alto nivel, dirigida por un
traficante de drogas llamado Joe Tai (John Lone).
Al contrario que la mayoría de los
cineastas, Michael Cimino logra sus películas más personales cuando cuenta con
amplios presupuestos. Preocupado por mostrar en todas sus películas una suerte
de confrontación admonitoria entre las razas y comunidades históricas, realizó
con El año del dragón, título original de la película, una obra de impacto
que si no renovó completamente el género, aportó bastantes elementos frescos y
orientativos. A pesar de la carga explosiva, visceral y violenta que el film
contiene, Cimino, del mismo modo que indaga en las complicadas tensiones
interraciales, profundiza también en las relaciones interpersonales, de ahí la
escena en que White y la joven periodista china se encuentran en el lujoso
apartamento de ésta, y el duro policía curtido en mil batallas se va
desmoronando tras soltar una corrosiva soflama sobre la cultura oriental, para
acabar totalmente derrumbado llorando entre las caricias de ella, exhibiendo la
soledad que le oprime, un estímulo que le sirve de desahogo purificador para su
deprimente lucha interior: “...me siento tan mierda”, termina por
confesar White.
Una prueba esta memorable escena, teñida de un cáustico
sentimentalismo, de que este director, tan injustamente castigado, es capaz de
retratar como pocos las debilidades humanas lejos de convencionalismos
irritantes y describir con precisión, más allá de las fronteras raciales, la
confusión emocional, cruel y piadosa del individuo. El film, entendido como una
epopeya en clave de serie negra, no fue comprendido así por las comunidades
asiáticas y las asociaciones feministas, despertando sus iras porque el
discurso, algo ambiguo e impreciso, parece ensalzar en algunos momentos lo que
en otros condena. La música de David Mansfield es perfecta, sobre todo cuando
acompaña esas escenas que te ponen un nudo en la garganta. Mickey Rourke borda
aquí su papel en la que puede ser considerada la mejor interpretación de su
carrera, el libreto de Oliver Stone sigue siendo, entre los suyos, el más
compacto y el mejor estructurado.
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