viernes, 26 de diciembre de 2014

CRÍTICA: "`71"

Salvar al soldado Hook
´71 êêêê   
DIRECTOR: YANN DEMANGE
INTÉRPRETES: JACK O´CONNELL, SEAN HARRIS, PAUL ANDERSON, CHARLY MURPHY, DAVID WILMOT, SEAN REID.
GÉNERO: THRILLER / REINO UNIDO / 2014 DURACIÓN: 100 MINUTOS.


     El debutante Yann Demange (sólo había trabajado para el medio televisivo) logra una magnífica ópera prima a costa de los conflictos vividos en Belfast en los sangrientos años 70. El film nos narra la historia de un joven y desorientado soldado británico, Gary Hook (Jack O´Connell) que se extravía y es abandonado accidentalmente por su unidad junto a otro compañero tras unos disturbios en las calles de Belfast. Tras ser brutalmente golpeado y ver cómo a su compañero le disparan un tiro en la cabeza, logra huir. Incapaz de comunicarse con nadie, el recluta debe sobrevivir solo en la noche y encontrar el camino de vuelta por un laberinto de callejones desconocidos y peligrosos en donde en cada paso se juega la vida.


     ´71 es una producción británica que combina la acción con los hechos históricos acaecidos en la incendiaria Irlanda del Norte de 1971. Sin obviar la ambientación hiperrealista sobre la crudeza de un conflicto bélico que se llevó por delante centenares de vidas (un paisaje sucio, de viviendas y edificios desconchados y ruinosos, calles oscuras, inquietantes y llenas de basura y cascotes) si hay algo que llama poderosamente la atención es el clima de desconfianza, la permanente y atemorizante sombra de la traición que acecha a los integrantes de los bandos enfrentados y la procacidad de una violencia absurda en donde el cuerpo reventado de un niño por la explosión de una bomba en un bar, queda como monumento a la infamia que deja sin argumentos a los contendientes ingleses e irlandeses, retratando con crudeza y emotividad su falta de humanidad y dejando vacías sus defensas exculpatorias y reivindicaciones. Rodada con energía, pálpito y vértigo, ´71 se olvida de las obscenas y bastardas cuestiones políticas y religiosas de un conflicto que duró cerca de 30 años para amplificar el dolor de las víctimas, la herida en carne viva de una violencia irracional en un paisaje dantesco.


Como habrán adivinado los lectores, ´71 es el año en que tiene lugar la acción, y por supuesto, una baza importante en este potente y oscuro thriller es la excelente interpretación llena de matices del joven actor Jack O´Connell, que proyecta su valentía, capacidad de sufrimiento y  ansias de vivir con tanta naturalidad que enseguida se gana la empatía del espectador. Él es la víctima acosada, perseguida, atrapada y abandonada a su suerte en un territorio hostil en el que no hay buenos ni malos; sólo policías, soldados, paramilitares, espías, agentes dobles, católicos, protestantes, ingleses e irlandeses que tratan de sobrevivir sin detenerse en justificar la sinrazón de un conflicto en el que ni siquiera el cansancio atenúa las ansias de matar y destruir, y en donde los niños son utilizados como simple carnaza (atención al niño mal encarado irlandés que intenta ayudar al protagonista). Nos encontramos, amigo lector, ante un angustioso y dramático thriller que alumbra el carácter destructor y desalmado del ser humano y su habilidad para crear infiernos de violencia y muerte en cualquier sitio, sea en esas degradadas y reconocibles barriadas de ladrillos rojos de un Belfast casi apocalíptico o en un hipermercado de Barcelona. El soldado Gary Hook beberá del veneno amargo de una sociedad en guerra y abominará de él, de ahí ese final congruente en la búsqueda de un nuevo horizonte en donde sus manos no estén manchadas de sangre. Yann Demange se impone como un nombre a tener en cuenta.


domingo, 21 de diciembre de 2014

CRÍTICA: "BIG HERO 6"

La mejor película de animación del año
BIG HERO 6  êêêê
DIRECTOR: CHRIS WILLIAMS, DON HALL.
INTÉRPRETES: ANIMACIÓN.
GÉNERO: ANIMACIÓN /EE. UU. / 2014. DURACIÓN: 108 MINUTOS


      Basada en los cómics de acción y aventuras de Steven T. Seagle y Duncan Rouleau, Big Hero 6 se nos presenta como la combinación perfecta y estimulante de los universos Disney y Marvel, amalgama absolutamente fascinante que da como resultado la película perfecta para estas navidades y la mejor cinta de animación del año. Tras la compra de Pixar y Marvel por parte de Disney (su voracidad no tiene límites) hemos podido comprobar unos resultados sorprendentes en la calidad de la animación digital, que tuvo su mejor ejemplo en Frozen: el reino del hielo (Chris Buck, Jennifer Lee), que se alzó merecidamente con los Oscar a la Mejor Película de Animación y Mejor Canción. No creo que Big Hero 6 tenga problemas para repetir el éxito si nos atenemos a la multitud de nominaciones con que ya cuenta.


     En la metrópolis de San Fransokyo (cruce entre San Francisco y Tokyo), vive Hiro Hamada, un chico prodigio de 14 años que se dedica a crear robots para hacer apuestas en torneos de robocombat pero a quien la muerte de su hermano Tadashi en un incendio deja con un vacío enorme. Tadashi había creado un enorme robot hinchable llamado Baymax que había programado con conocimientos médicos para ayudar a la humanidad. Hiro descubrirá que la muerte de su hermano no fue accidental y con la ayuda de Baymax emprenderá la peligrosa misión  de destruir una red criminal liderada por un misterioso enmascarado que esconde su rostro tras una máscara Kabuki. Pero el criminal es demasiado poderoso y para enfrentarse a él Hiro crea “Big Hero 6”, un equipo de eficaces superhéroes del que forman parte Wasabi-No-Ginger, Honey Lemon, GoGo Tomago, Fred y Baymax.


     Además de esa excitante fusión entre Disney, Pixar y Marvel existe otra proyectada en el film igual de sugerente; la de la civilización occidental y oriental reflejada en la arquitectura y en la obsesión nipona  por la tecnología absorbida con deleite por la occidental) conviviendo en magnético equilibrio con la bohemia arquitectónica, orográfica, cultural y romántica de la fastuosa ciudad de San Francisco. Un placer para la vista y los sentidos. Big Hero 6 es un brillante espectáculo de animación rebosante de imaginería digital en el que se ha cuidado con mimo los detalles sin descuidar la sinergia entre los personajes, de entre los que sobresale Baymax, un enorme, orondo y globoso robot que se gana al público hasta tal punto que su encanto conseguirá  que cada niño presente en las salas suspire por tener su réplica estas navidades. Algo lastrada por una premisa nada original, con un primer tramo en el que se nota el sello Disney (y que hemos visto en otras producciones como Wall-E) en el estado afligido del protagonista por la pérdida de su hermano, una inquietud que hará reaccionar a Hiro y crear un fuerte lazo de unión con Baymax, crucial para el desarrollo del segundo tramo del film que bebe del cómic y la fenomenología anime en perfecta conjunción.



      Big Hero 6 cuenta con todos los elementos narrativos para interesar al público de cualquier edad: épica, emotividad, ternura, dramatismo, acción y humor. La diversión está diseñada para colmar las expectativas de los más pequeños en una aventura de acción que no desprecia el toque sentimental, pero es un producto que, englobado en el género de Superhéroes, resulta también muy atractivo para el público más adulto, con ese mensaje sobre la inutilidad de la venganza y la violencia que siempre genera más violencia. Detalles como las texturas, el realismo cromático y del metal, la fisicidad de los personajes y los movimientos, la iluminación, los planos generales de la metrópolis dejan a los espectadores hipnotizados y ojipláticos. Algo perceptible desde el magnífico prólogo que sirve de introducción para atrapar a la platea y no soltarla hasta el final, con el dibujo de ese carismático protagonista con el que automáticamente empatizamos, la relación especial con su hermano, la cuadrilla del “laboratorio de pardillos” y su ingeniosa creación de los microrobots. Big Hero 6 es cine hecho con inteligencia y una sensibilidad nada relamida, un entretenimiento de altura que no desprecia la reflexión en favor de la deriva pirotécnica, aunque ésta sea ineludible en la explosiva batalla final. Todo un hallazgo, sin duda, la película de estas navidades.

viernes, 19 de diciembre de 2014

SYLVIA HOEKS EN “LA MEJOR OFERTA”

  

     A muchos cinéfilos el nombre de Sylvia Hoeks sólo les sonará por su participación en la magnífica película italiana La mejor oferta (Giuseppe Tornatore, 2013) lógico, si nos atenemos a las memorables secuencias que ella protagoniza. La cierto es que no sabemos mucho de esta hermosa actriz holandesa nacida el 01 de junio de 1983, pero me he preocupado de buscar algunos datos que nos acercan un poco a su vida y carrera profesional. Por ejemplo que dio el salto al cine desde su profesión de modelo y que con su 1´75 metros de estatura y su belleza fue fichada por la prestigiosa agencia Elite Models, que la dio a conocer a los medios.

      Como modelo se ganó la confianza del público y visitó las más distinguidas pasarelas europeas, experiencia que le sirvió también para moverse con soltura cuando realizó sus estudios en la Academia de Teatro de Maastricht. Con una filmografía compuesta por siete títulos y algunos papeles para la televisión, debutó en la pantalla grande  con la comedia Duska (Jos Stelling, 2007), sobre un tipo que consigue hacer sus sueños realidad cuando logra llevarse a su casa a la preciosa taquillera del cine. Dos años después protagonizó el film de catástrofes De Storm (Ben Sombogaart, 2009), que relata una terrible tormenta acontecida en 1953 en Zelanda que rompe los diques que protegen a estas tierras de las acometidas del mar. Su siguiente film Tirza (Rudolf van den Berg, 2010) fue preseleccionado  por Holanda como Mejor Película de habla no inglesa, y nos cuenta la historia de un hombre que busca a su hija. Sus siguientes trabajos fueron en el drama criminal Gangs of OSS (Andre van Duren, 2011), el drama romántico The Girl and Death (Jos Stelling, 2012) y la comedia Bro´s Before Ho´s (Steffen Haars, Flip van der Kuil, 2013).

       Poca cosa si lo comparamos con La mejor oferta, uno de los mejores films de los últimos años que nos narra la vida de Virgil (Geoffrey Rush) un hombre solitario y excéntrico que se gana la vida como agente de subastas y experto en arte. Su vida transcurre  al margen de cualquier sentimiento o emoción hasta que conoce a una hermosa y misteriosa joven (Sylvia Hoeks), que le encarga tasar y vender las obras de arte heredadas de sus padres. Esta joven sufre agorafobia, cuestión que hace que viva recluida y aislada del mundo. Lo que no sabe Virgil es que su relación con ella transformará su vida para siempre.
             
                             
    Se podría decir que el film cuenta con un momento clave o de inflexión en la trama: el instante en que Rush ve el bellísimo rostro de Hoeks. Tornatore nos había hurtado hasta entonces ese estimulante aspecto y es a partir de ahí cuando la burbuja aséptica en que vive Rush, su misantropía y su mundo de aristocrática decadencia se viene abajo. Es el giro más importante de un excelente film (además de ese final que muchos intuimos) que tras desarrollar un primer tramo dentro del cine de autor intimista se bifurca por el sendero del thriller para acercarnos emocionalmente a la fisicidad de una falsa seducción, en donde el pobre Rush, absolutamente arrebatado por un hechizo que le lleva a desactivar todas las alarmas, será la víctima perfecta de un timo colosal, de un amor evanescente del que sólo quedará el perfume para sobrevivir en el más doloroso ocaso.

martes, 16 de diciembre de 2014

NANCY ALLEN EN “VESTIDA PARA MATAR”

     
    Hay un puñado de películas de Brian De Palma que sin duda me gustan mucho y que he visto montones de veces, aunque mi favorita es El precio del poder (1983), pero no es menos cierto que hubo una época en que los éxitos taquilleros de este director hechizado por Hitchcock hasta el delirio, fueron una constante muy sugerente en las carteleras. Es el caso de Vestida para matar (1980), que se impone como un guiño exacerbado al clásico del maestro del suspense Psicosis, una historia que nos presenta a Kate Miller (Angie Dickinson todavía muy potable), una mujer con problemas que acude a la consulta del psiquiatra Robert Elliott (Michael Caine) para recibir consejo profesional, y que más tarde tendrá un fortuita y emocionante encuentro en un taxi con un desconocido, con quien ya había coincidido en otro lugar.


      Ni mucho menos estamos ante un film excepcional, sí ante un thriller resultón que incluso permite a Brian De Palma autoplagiarse. Muy dado a los toques sensuales y con gran pericia para las escenas de persecuciones a las que siempre ha sabido dotar de una tensión especial gracias a su habilidad para el montaje (escena del ascensor), así como un planteamiento visceral de la violencia y una gran creación de atmósferas. Lo mejor del film son sus primeros cuarenta minutos de metraje, en donde logra una intriga y un ritmo espectacular sin apenas conceder tregua al espectador (escena del museo). No diremos que el guión es una obra compleja de arquitectura narrativa porque el espectador más avispado intuye pronto la identidad del asesino, pero está claro que el pulso del director, penalizado tantas veces por sus ecos referenciales, es suficiente para firmar un giallo elegante y con estilo.



       Además de Angie Dickinson que con cincuenta años nos regala nada más comenzar el film un glorioso desnudo integral y nos pone verracos con sus ansias de follar, en el film también aparece una Nancy Allen con treinta años y, por aquel entonces, esposa del director, al que conoció durante el rodaje de Carrie (1976) cuando Allen era una de las muchas jóvenes que se presentaron al casting del film y quedó prendado a De Palma con su belleza. Con él acabaría rodando cuatro películas pero el estrés del realizador durante el rodaje de Scarface influyó de manera negativa en su matrimonio con la que fue una de las reinas del grito. Nacida en Nueva York en 1950, Nancy tuvo su época dorada en los años 80 en donde rodó películas como Robocop Impacto o Extraños Invasores. Se casó con De Palma en 1979 y se divorció en 1984. Yo siempre la recordaré como una de mis musas sagradas de aquel delicioso tiempo, y he visto a pocas mujeres en el cine desfilar con tanta elegancia, sensualidad y estilo en lencería fina. Para ella este homenaje de uno de sus más rendidos onanistas.

sábado, 13 de diciembre de 2014

CRÍTICA: "FRÍO EN JULIO" (COLD IN JULY)

Un thriller tenso, sórdido y con personalidad propia
FRÍO EN JULIO  êêê
DIRECTOR: JIM MICKLE.
INTÉRPRETES: MICHAEL C. HALL, SAM SHEPARD, DON JOHNSON, VINESSA SHAW, NICK DAMICI.
GÉNERO: THRILLER /EE. UU. / 2014. DURACIÓN: 109 MINUTOS.

      Puede que Jim Mickle sea un desconocido para el público de multisalas tan estandarizado por los blockbusters y artefactos de calidad cuestionable que se ven alzados a la cima de la taquilla por una machacona y agresiva campaña publicitaria, pero ni mucho menos lo es para el cinéfilo impenitente y voraz siempre atento a lo que se mueve en todo el mercado con una insaciable rapiña, y en donde siempre es posible encontrar alguna perla realizada con un presupuesto de guerrilla. Fue el caso de Mulberry Street (2006) el debut de Mickle en la dirección, un film de serie B apañadito realizado con un presupuesto mísero que narra una terrible infección desatada en Manhattan que convierte a los humanos en una especie de criaturas similares a ratas sedientas de sangre. Sintiéndose cómodo en el género de terror, que suele dar mucho juego, el director nacido en Pennsylvania presentó en 2010 una pieza superior a la anterior que lleva por título Stake Land, que en una América postapocalíptica nos cuenta cómo una plaga convierte a la gente en vampiros. El pasado año Mickle realizó el remake de la exitosa película mexicana Somos lo que hay (Jorge Michel Grau, 2013), y que con el título Somos lo que somos (We Are What We Are) supera al original con un argumento que nos presenta a una peculiar familia de caníbales, y que sin apenas sangre hace que se te revuelva el estómago.


     Confieso que tenía ganas de ver lo que nos podía ofrecer Mickle en un género como el thriller tras haber dejado huella con tan terrorífica trilogía. Frío en julio nos sitúa en 1989 en Texas. Richard Dane (Michael C. Dane) mata accidentalmente a un intruso que ha entrado en su casa a robar, lo que hace que la gente del pueblo le mire como un héroe local. El problema es que el ladrón es hijo de Ben Russell (Sam Shepard), un criminal recién salido de la cárcel que, en venganza, se dedica a asustar a la familia de Dane. Éste, descubre casualmente que el hombre que mató no es hijo de Russell, y con la ayuda del detective privado Jim Bob (Don Johnson) y del propio Ben, parten en busca del hijo de Russell para averiguar a quién mató Richard realmente. Cuando descubren que Freddy Russell está metido en un negocio de snuff movies, comprenden el peligroso entramado en que están metidos y la dificultad de salir ilesos de él.


     Frío en julio supone uno de los primeros trabajos destacados para el cine de Michael C. Hall (protagonista de la serie televisiva Dexter), un trabajo sobrio y esperanzador por lo que este prometedor actor puede aportar a la pantalla grande. Si hay algo que marca el desarrollo de un film que rinde pleitesía al cine de los años 80 y concretamente al inicíatico de Walter Hill, John Carpenter, John Dahl y los Coen, es la brusquedad de un giro que bifurca su trama  hasta el punto de que el espectador puede tener la sensación de haber visto dos películas: un primer tramo que parece evaporarse con la detención del peligroso Russell; y un segundo tramo con el descubrimiento de que el hijo de Russell vive y la llegada del detective cowboy al que da vida Johnson. Esa fragmentación aporta un nuevo color y sirve para diluir una historia sórdida en donde podemos observar una multiplicidad de atmósferas, ritmos disímiles y los ánimos cambiantes propios de la condición humana. Nos encontramos, probablemente, ante el mejor thriller indie del presente año, algo a lo que ayuda las potentes interpretaciones de los veteranos Sam Shepard (taciturno e inquietante) y un socarrón Don Johnson, pero también el pulso firme de un director que lejos de convencionalismos sabe mantener la tensión hasta el final, a través de un desarrollo que hace fluir una sinergia que subraya las constantes vitales y fatalistas del trío protagonista en un itinerario lleno de trampas  y un cierto aire de western crepuscular.



      La culpa, el remordimiento, la inseguridad, el eco de la venganza purificadora, los inquebrantables lazos de amistad, el miedo, los inimaginables límites del salvajismo, las complejas relaciones paternofiliales y el extremo concepto de la justicia, planean sobre una trama de vocación claramente revisionista y de la que emerge una violencia seca. Adaptación libre de la novela de John R. Lansdale, en donde los estereotipos masculinos están marcados en origen por un extenso territorio en el que uno tiene que aprender muy pronto a sobrevivir y del subconsciente colectivo fluye una retorcida visión bíblica del bien y el mal. Frío en julio avanza como un tren brujo por un túnel de espejos deformantes en donde nada de lo representado parece tener una correspondencia real, y si esas oscuras mafias abonadas al negocio de las snuff movies nos puede hacer evocar films como Hardcore: un mundo oculto o Asesinato en 8 mm, el esfuerzo de Mickle porque su película tenga personalidad propia se ve recompensado en la dolorosa transición hacia el bestial clímax final, una matanza redentora que en la línea de Taxi Driver o El expreso de Corea, queda lejos de escenificar una simple masacre harboiled, y pone énfasis en la herida espiritual y mortal de ese padre que, en la deriva trágica de su fracaso,  abandonó hace tiempo toda responsabilidad. 

jueves, 11 de diciembre de 2014

MIS PELÍCULAS ESPAÑOLAS FAVORITAS: "EL VERDUGO"

EL VERDUGO
Comedia ácida - España, 1963 - 85 Minutos.
DIRECTOR: LUIS GARCÍA BERLANGA.
INTÉRPRETES: NINO MANFREDI, EMMA PENELLA, JOSÉ ISBERT, ÁNGEL ÁLVAREZ, MARUJA ISBERT.

    Monstruo sagrado del cine español, genio universal por su inteligencia y sentido del humor, Luis García Berlanga (Valencia, 1921) poeta, pintor y crítico de cine, se inició dos años después de graduarse en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas co-dirigiendo junto a Juan Antonio Bardem la comedia Esa pareja feliz (1951), y sólo un año después firma su primera obra maestra ¡Bienvenido Mister Marshall!, película sobre nuestra posguerra que representa una crítica ácida al plan de ayuda norteamericano. Su cine, deudor del neorrealismo italiano, está marcado, no obstante, por un genuino acento sarcástico español, que irá aumentando con el paso del tiempo. Los jueves milagro (1957) cierra una etapa que va a dar paso a otra que quedará determinada por su colaboración con el guionista Rafael Azcona, la influencia de este original guionista dotará a los próximos films de un sentido del humor más negro y su crítica se hará más amarga. Plácido (1961), El verdugo (1963) y La boutique (1967) son buenos ejemplos de ello. En 1973 rueda la coproducción francesa Tamaño natural, fallida cinta que tiene como protagonista al francés Michel Piccoli. Con la llegada de la democracia compone su corrosiva trilogía: La escopeta nacional (1977), Patrimonio nacional (1980) y Nacional III (1982) que narran las desventuras de una familia burguesa española desde la transición hasta la llegada del socialismo al poder. Sus últimas obras: La vaquilla (1985), Moros y cristianos (1987), Todos a la cárcel (1993), París-Tombuctú (1999) sin dejar de ser interesantes y conservando algunos de los rasgos característicos de su autor, están muy alejadas del nivel alcanzado con sus primeras obras. Recientemente el autor ha hecho unas declaraciones en las que afirma haber abandonado definitivamente su carrera cinematográfica.
    
    Sinopsis: José Luis (Nino Manfredi) es un empleado de una funeraria que sueña con irse a Alemania para trabajar de mecánico. Mantiene una relación sentimental con Carmen (Emma Penella) hija de Don Amadeo (Pepe Isbert) de profesión: verdugo. José Luis se ve forzado a casarse con Carmen y tener un hijo, algo que no deseaba, y, lo que es peor, a heredar el oficio de su suegro, que de esta manera puede acceder a un piso de protección oficial.


    En clave de comedia negra, esta magistral pieza del disparate consigue dos objetivos primordiales: en primer lugar convertir en proscrito a su autor para los ojos del régimen imperante, cuyo entonces embajador en Italia, Alfredo Sánchez Bella, hace lo posible para evitar su estreno en el Festival de Venecia, aunque claro está sin conseguirlo. También, tras su exhibición, que se produjo con la cinta bastante mutilada, se adjudica a Franco la siguiente frase: “Berlanga no es un comunista, es algo peor, es un mal español”. En segundo lugar, El verdugo se presenta como uno de los más terribles manifiestos contra la pena de muerte, donde la mirada cáustica de sus creadores, más que atenuar acentúa el tono de denuncia, logrando que muchas escenas de un sabor agridulce se puedan ver como un retrato peripatético y oscurantista de la época.

     En España, coincidiendo con su estreno en Venecia, eran los días en que se iba a ejecutar al comunista Julián Grimau, la película duró en nuestro país dos semanas en cartelera, el exhibidor, ante las presiones que venía sufriendo, decidió en último término retirarla. Rodada con planos largos, desarrolla los asuntos que al director más le interesan: hombres encerrados entre horizontes muy estrechos de los que son incapaces de salir, el reflejo de la ignorancia humana que lleva al individuo a no rebelarse, el retrato -siempre con un matiz satírico- de la realidad que rodea a éste y las vanas ilusiones por las que suspira. Con un guión en el que además del director y de Rafael Azcona también interviene el escritor italiano Ennio Flaianno, una fenomenal interpretación del inconmensurable Pepe Isbert y una estupenda fotografía de Tonino Delli Colli, el film contiene secuencias geniales que son un auténtico modelo de imaginación y estructura narrativa; aquella que preparados para la ejecución, se ve al condenado agarrado por varias personas que le conducen al patíbulo, y otro grupo que duplica al anterior arrastrando al verdugo. Obra maestra de la cinematografía mundial.   

domingo, 7 de diciembre de 2014

CRÍTICA: "EXODUS: DIOSES Y REYES"

El profeta y la mano de hierro de Dios
EXODUS: DIOSES Y REYES êê
DIRECTOR: RIDLEY SCOTT.
INTÉRPRETES: CHRISTIAN BALE, JOEL EDGERTON, AARON PAUL, SIGOURNEY WEAVER, BEN KINGSLEY, JOHN TURTURRO, MARÍA VALVERDE.
GÉNERO: DRAMA ÉPICO /EE. UU. / 2014. DURACIÓN: 151 MINUTOS
  

      El relato sobre el segundo libro de la biblia, El Éxodo, que tiene como protagonista al profeta Moisés ha sido adaptado al cine y la televisión con desigual fortuna. Fue Cecil B. DeMille quien en 1923 y de manera seminal adaptó la historia en la época del cine mudo con el título Los Diez Mandamientos y un argumento compuesto por dos relatos: la huida de Egipto del pueblo hebreo capitaneado por Moisés, y una historia que sucedía en la América de los años 20. DeMille superaría ampliamente este primer acercamiento realizando el remake de 1956 con el mismo título y Charlton Heston dando vida a Moisés y Yul Brynner encarnando a Ramsés, en la que ha quedado para la historia como una de las piezas excelsas del cine épico-histórico. Tras la incomprendida e infravalorada El Consejero (2013), Ridley Scott se pone de nuevo el traje de artesano para desarrollar una historia de sobras conocida en la que pese a ser una película de encargo, como casi todas los que viene realizando últimamente, queda patente su sello personal.


     Aunque no enfrentamos a una temática muy trillada, bastará con apuntar que el film nos sitúa en el año 1.300 a. c., en donde una antigua profecía pronostica la caída del imperio egipcio. El faraón Seti I (John Turturro) manda sacrificar a todos los hijos primogénitos varones de los esclavos israelíes. Uno de ellos, siendo apenas un bebé, es entregado a las aguas del Nilo para que su vida sea salvada y es recogido por la familia real del faraón que lo criará como si fuera un hijo. Con el paso de los años, Moisés (Christian Bale), aceptado plenamente como un egipcio, desarrolla una amistad inquebrantable con el heredero del trono, Ramsés (Joel Edgerton). Moisés es un general del ejército respetado por todos y que trata de ser justo en sus decisiones. Movido por la envidia y el odio y con la inestimable ayuda de la reina Tuya (Sigourney Weaver), Ramsés se entera del origen hebreo de Moisés, le destierra lejos de Egipto y ordena su asesinato. Pero Moisés descubrirá su vocación de líder y salvador liberando a 600. 000 esclavos judíos en una épica huida a través de Egipto, llena de peligros letales y en busca de la Tierra Prometida.



     Scott arriesga poco en esta megaproducción de guión algo plomizo y errática selección de casting. No es que el film se pueda tildar de fallido –que se puede- , pero hay algo en ella de epopeya vulgar, de aventura espectacular técnicamente irreprochable que, sin embargo, carece de énfasis emocional aunque sí político derivado de las férreas y revolucionarias directrices de Dios, deidad que guía  y alienta con mano de hierro a Moisés (un convincente Christian Bale al que da réplica un macarril Joel Edgerton), una determinación que deja atrás los lazos filiales y que en su empeño por impartir justicia roza peligrosamente la venganza purificadora tras siglos de subyugación del pueblo hebreo. Con la actriz española María Valverde en el papel de Séfora, la esposa de Moisés, mucho se ha criticado a Scott por elegir a actores blancos para dar oxígeno a ciertos personajes del antiguo Egipto, pero esas licencias forman parte del tono irreflexivo, algo alocado, de las incursiones del director en el cine épico-legendario, en donde apenas existen transiciones entre escenas íntimas y el volcánico fragor de la batalla, y en donde no es extraño percibir sonoros fallos de raccord y gazapos. Ridley Scott le ha cogido el gusto al cine faraónico y elefantisíaco dotando a sus artefactos de una armadura de acero que dice mucho de su tendencia megalomaníaca pero también, en demasiadas ocasiones, jugando en detrimento del realismo y la naturalidad, y aún peor, dejando sin efecto el factor dramático.



      Esto es algo que podemos observar en secuencias claves cuando visualmente se nos hurta el itinerario del bebé Moisés en un canasto a través del río Nilo, con la representación de ese tsunami a modo de división de las aguas del Mar Rojo, el casi insignificante apunte del episodio sobre las Tablas de la Ley o en su peculiar visión icónica de Dios. Eso sí, no ahorra efectismo a la hora de mostrar con descarnada explicitud el efecto de las plagas bíblicas sobre Egipto o ese viaje de penurias de Moisés y su pueblo hacía la tierra soñada que acaba convirtiéndose en un viaje hacia el interior del líder espiritual. En este punto, echamos en falta el sentimiento profundo derivado de la fe y la pureza insobornable de la creencia y sus ritos de fervor y pasión. Una vez más Scott atiende más a la literalidad que a la magia y la poesía. No nos engañemos, Exodus: Dioses y Reyes es un film corpulento con un fastuoso diseño de producción, una impactante puesta en escena y una prodigiosa labor de ambientación y vestuarios; técnica, detalles y efectos digitales puestos al servicio del público de hoy, aparatajes que amplifican las sensaciones visuales (el ataque de los cocodrilos, la caída por el barranco de las tropas egipcias) de una historia muy manida. El film trata de humanizar a ese Moisés anclado en las retinas con el rostro y el porte de Charlton Heston, el problema es que existe un notable desequilibrio en su ciclotímico desarrollo, oscilante entre la innovación y puntualmente academicista, deslavazada y acartonada en su narrativa, musculosa en su aspecto visual. Cuestión de sensibilidad, probablemente.

viernes, 5 de diciembre de 2014

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: MANHATTAN SUR (1985)

MANHATTAN SUR
(YEAR OF THE DRAGON)
Thriller - USA, 1985 - 128 Minutos.
DIRECTOR: MICHAEL CIMINO.
INTÉRPRETES: MICKEY ROURKE, JOHN LONE, ARIANE, LEONARD TERMO

    
 El hombre que ganó cinco Oscars de Hollywood  -incluido en el de mejor director-  por su segunda película, El cazador (1978), se vio obligado a soportar las acusaciones de quienes le señalaron como el único responsable del hundimiento de la United Artists, debido al fracaso de La puerta del cielo (1980), pero Michael Cimino siempre se ha defendido contestando que cuando realizó dicha película la compañía ya estaba prácticamente arruinada. Personalmente, le creo, aunque sólo sea por el respeto que me merece y la huella que dejó la obra de este cineasta en mi adolescencia y tierna juventud, además no logro entender como un film tan majestuoso  y desmitificador como La puerta del cielo puede arruinar a nadie, lo cierto es que tanto el director como la película arrastran ese lastre maldito desde entonces. Tras cinco años de penitencia rueda este impresionante thriller, uno de los mejores de la década, con guión de Oliver Stone y gracias a la confianza de Dino De Laurentiis, otra vez con Mickey Rourke, pero esta vez de protagonista absoluto.

    
  La sinopsis del film muy sintetizada es la siguiente: Stanley White (Mickey Rourke) veterano del Vietnam con problemas psíquicos, el policía más condecorado de la ciudad, es trasladado al legendario barrio de Chinatown. Dispuesto a acabar con las mafias chinas y las bandas de jóvenes violentos que dominan el barrio, White irá profundizando en un mundo desconocido y exótico, en el que pronto comprenderá que los jóvenes son simplemente los sicarios de una organización a más alto nivel, dirigida por un traficante de drogas llamado Joe Tai (John Lone).
  
    Al contrario que la mayoría de los cineastas, Michael Cimino logra sus películas más personales cuando cuenta con amplios presupuestos. Preocupado por mostrar en todas sus películas una suerte de confrontación admonitoria entre las razas y comunidades históricas, realizó con El año del dragón, título original de la película, una obra de impacto que si no renovó completamente el género, aportó bastantes elementos frescos y orientativos. A pesar de la carga explosiva, visceral y violenta que el film contiene, Cimino, del mismo modo que indaga en las complicadas tensiones interraciales, profundiza también en las relaciones interpersonales, de ahí la escena en que White y la joven periodista china se encuentran en el lujoso apartamento de ésta, y el duro policía curtido en mil batallas se va desmoronando tras soltar una corrosiva soflama sobre la cultura oriental, para acabar totalmente derrumbado llorando entre las caricias de ella, exhibiendo la soledad que le oprime, un estímulo que le sirve de desahogo purificador para su deprimente lucha interior: “...me siento tan mierda”, termina por confesar White. 


    Una prueba esta memorable escena, teñida de un cáustico sentimentalismo, de que este director, tan injustamente castigado, es capaz de retratar como pocos las debilidades humanas lejos de convencionalismos irritantes y describir con precisión, más allá de las fronteras raciales, la confusión emocional, cruel y piadosa del individuo. El film, entendido como una epopeya en clave de serie negra, no fue comprendido así por las comunidades asiáticas y las asociaciones feministas, despertando sus iras porque el discurso, algo ambiguo e impreciso, parece ensalzar en algunos momentos lo que en otros condena. La música de David Mansfield es perfecta, sobre todo cuando acompaña esas escenas que te ponen un nudo en la garganta. Mickey Rourke borda aquí su papel en la que puede ser considerada la mejor interpretación de su carrera, el libreto de Oliver Stone sigue siendo, entre los suyos, el más compacto y el mejor estructurado.