El origen de una mente fracturada
“UNABOMBER”
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DIRECTOR: Janus Metz.
INTÉRPRETES: Russell Crowe,
Jacob Tremblay, Shailene Woodley, Annabelle Wallis, Alexander Ludwig, Marc
Menchaca.
GÉNERO: Thriller-terrorismo / DURACIÓN: 97 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026
En principio, Unabomber me resultaba muy interesante porque la película transita por un terreno que da bastante juego alejándose de la pregunta: ¿quién fue Unabomber?, sobre quien ya tenemos mucha información, y acercándonos a cuestiones más desconocidas: ¿qué convierte a un joven prodigio de Harvard en el terrorista que acabará siendo Ted Kaczynski? Janus Metz (Una cita con el pasado, Borg McEnroe. La película) articula la función en dos tiempos: el joven Ted (Jacob Tremblay) en Harvard, sometido a los experimentos psicológicos del profesor Henry Murray (Russell Crowe), y la investigación del FBI que terminará conduciendo hasta él. La agente Joanne Miller (Shailene Woodley), es un personaje ficticio creado como un elemento de acceso a esa investigación.
En esta película distribuida por Netflix, Janus Metz se acerca a Ted Kaczynski evitando, al menos en principio, la tentación de convertirlo en una figura monstruosa de manual. Unabomber pretende encontrar al hombre que existía anterior al terrorista: el adolescente brillante, introvertido y cada vez más aislado que entra en Harvard con dieciséis años y acaba participando en los inquietantes experimentos psicológicos dirigidos por Henry Murray, al que da vida de manera aseada Russell Crowe.
La idea, como comentaba, resulta interesante, pero la ejecución y estructura deja bastante que desear. Metz alterna constantemente una narración que transcurre entre los años cincuenta y la persecución del terrorista Unabomber en los años noventa (sus atentados con bombas mataron a tres personas e hirieron a veintitrés), construyendo dos películas que casi nunca encuentran una verdadera necesidad de convivir. La investigación contrarreloj del FBI posee los ingredientes del thriller, mientras que el episodio de Harvard aspira a una dimensión psicológica mucho más compleja y profunda. El resultado oscila a medio gas entre el procedimiento policial convencional y la reconstrucción biográfica, sin que ninguna de las dos vertientes narrativas resulten totalmente convincentes, resultando más fascinante la etapa de estudiante superdotado.
Jacob Tremblay, dando oxígeno a al joven Kaczynski, sí convence y sostiene buena parte del interés. Su personaje no aparece inicialmente como un futuro terrorista, sino como un joven intelectualmente extraordinario cuya relación con los demás se va deteriorando. Russell Crowe, por su parte, aporta una ambigüedad inquietante al profesor Murray. Shailene Woodley encarna a la agente ficticia e intuitiva Joanna Miller, de la que dudan sus superiores y concebida por los guionistas como el personaje que intenta comprender qué hay detrás de la figura de Unabomber y de dónde surgen sus motivaciones para cometer las acciones terroristas, que sólo en parte quedan fundamentadas en su manifiesto “La sociedad industrial y su futuro”.
Lo más
sugerente de Unabomber está, por tanto, en esa zona intangible pero
alarmante desde la que se pueda comprender que las circunstancias vitales y
traumáticas de un criminal no significan justificar sus actos. Lo menos convincente
es que la película parece necesitar explicar demasiado a un personaje cuya
fascinación cinematográfica procede precisamente de aquello que permanece
inexplicable. Y seguro que habrá quien se preguntará hasta qué punto Metz consigue
reconstruir al hombre y su ideología sin convertir esa reconstrucción en una
mitificación del terrorista. Cuestión que, sinceramente, a mí me importa un
carajo. Lo cierto es que Metz tenía ante sí una historia formidable, el
problema quizá fue ser demasiado consciente de ello.














































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