miércoles, 9 de septiembre de 2026

CRÍTICA: "CRONOS" (Fernando González Molina, 2026)

 

Una absoluta loa al trabajo de los Mossos

“CRONOS”  êê

DIRECTOR: Fernando González Molina.

INTÉRPRETES: Enric Auquer, Diana Gómez, Xavi Sáez, Mónica López, Pablo Derqui, Israel Elejalde. José Pérez Ocaña.

GÉNERO: Thriller-terrorismo / DURACIÓN: 118 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2026

   Preguntándome qué necesidad había de rodar esta película entré en el cine y cuando salí de la sala ya tenía la respuesta para esa intrigante pregunta: aunque la película está dedicada a las víctimas del atentado yihadista del 17 de agosto de 2017 en las Ramblas de Barcelona, pronto me convencí de que eso era sólo una mínima coartada moral para realizar un ejercicio de exaltación suprema a la impagable y sufrida labor a los Mossos d’Escuadra, los héroes encargados de dar caza a los terroristas y resolver el caso. ¿Quiénes iban a hacerlo, si allí el resto cuerpos policiales de ámbito estatal pintan muy poco? Tan poco como pintan en la película los perfiles de los terroristas y la llamativa carencia de un enfático y solemne homenaje a las víctimas. Asunto que puedo valorar, que me resulta cuestionable, pero que me importa un carajo en función de la calidad de la película. 

  En Cronos, Fernando González Molina aborda aquellos atentados de Barcelona, Cambrils y la explosión de una casa en Alcanar con una perspectiva alejada deliberadamente del grotesco espectáculo. El propio título alude a la operación policial (que duró 124 horas) desplegada para localizar a los responsables, y es precisamente la investigación la que ocupa el centro de la película. Habrá quien encuentre pertinente esta decisión: en lugar de recrearse en la violencia explícita, González Molina convierte la persecución de los terroristas -por cierto, de origen marroquí- y el trabajo de ese cuerpo de seguridad en el eje de un relato coral.

     La película articula varias tramas paralelas, cambios de escenario (las Ramblas, Ciutat Vella, Cambrils) y numerosos personajes, aunque quien tiene el protagonismo es el jefe de los Mossos, Jaume, un Enric Auquer sobreactuado, excesivamente histriónico. Se trata de ofrecer una visión amplia de aquellos días de desconcierto, miedo y tensión. Esta estructura contribuye a transmitir la dimensión colectiva de la tragedia, aunque también constituye una de sus principales debilidades. La narración se dispersa con frecuencia y algunos personajes quedan esbozados de manera superflua. El conjunto adquiere un cierto tono de telefilm, especialmente por una puesta en escena funcional que raramente encuentra un sello propio.

    Con todo, Cronos posee una virtud que merece ser subrayada: la contención. González Molina comprende que no necesita convertir las Ramblas en un escenario de acción ni explotar de forma evidente y morbosa el sufrimiento de las víctimas para generar tensión. El drama surge de la incertidumbre, el caos, la exigencia y la persecución. Lo que se echa de menos es un mayor y sentido tributo a aquellas almas inocentes que vieron segadas sus vidas simplemente por estar paseando por el lugar y el instante del atentado.

     Cronos está lejos de ser una película conseguida, tampoco es un bodrio. Estamos ante una reconstrucción sobria, irregular, realizada con pudor y ritmo, de una tragedia que habría sido muy fácil convertir en mercancía emocional y que seguramente se apoya en los testimonios de las personas implicadas. Insisto, el director parece más interesado en que esa reconstrucción resulte más clara y verosímil que en imprimirle una mirada propia. Aunque tampoco creo que, con esta película sobre el origen de un trauma colectivo y una herida que todavía supura, que está contemplada exclusivamente desde una óptica policial y que carece de un eficaz arco dramático, aspire a dejar una huella cinematográfica indeleble.

lunes, 7 de septiembre de 2026

PREESTRENO: “ANIQUILACIÓN”, EL REGRESO A LA SERIE B DE ADAM WINGARD

 

“ANIQUILACIÓN”  êêê

(ONSLAUGHT)

DIRECTOR: Adam Wingard.

INTÉRPRETES: Adria Arjona, Dan Stevens, Eric Wareheim, Drew Starkey, Rebecca Hall, Reginald VelJhonson, Michael Biehn, Alex Pereira.

GÉNERO: Acción-ciencia ficción / DURACIÓN: 92 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026

   Aniquilación se nos presenta como un intento de Adam Wingard por regresar al terreno de bajo presupuesto y libertad genérica que funcionó tan bien con Tú eres el siguiente y The Guest (el film que nos ocupa ha sido ideado como un spin off de esta última), después de su larga incursión en el cine de franquicia. Un regreso a sus añoradas raíces, aunque la mezcla de acción, terror y ciencia ficción no termina de alcanzar toda la ferocidad que promete.

    La historia sigue a una francotiradora del ejército, Celeste (Adria Arjona), que vive en un parque de casas rodantes en el desierto de Nuevo México y tiene que utilizar todas sus habilidades para proteger a su hija cuando un escuadrón de “supersoldados” modificados genéticamente y convertidos en máquinas asesinas se escapan de una base militar secreta.  

   Lo más interesante de Aniquilación es que carece de pretensiones: estamos ante un entretenimiento de serie B de 92 minutos de duración, con unos supersoldados aparentemente indestructibles debido a los experimentos del doctor Hans Kammler (Dan Stevens) en los laboratorios de una base secreta situada en el desierto, una madre convertida en improbable heroína de acción y un tono y una atmósfera que nos remite deliberadamente al cine de John Carpenter.

   Y ahí reside quizá su mayor virtud: Wingard vuelve a divertirse. Existe una cierta desfachatez en la propuesta, humor negro, violencia estilizada y personajes intencionadamente excesivos. Adria Arjona sostiene bastante bien la función dando oxígeno a una veterana militar que debe proteger a su hija, mientras que Dan Stevens -que vuelve a colaborar con Wingard- aporta una presencia particularmente extravagante. Rebecca Hall aparece en un pequeño papel como la mujer, musa y alma guía de Stevens.

  Y es que Dan Stevens interpreta al “mad doctor” Hans Kammler, un científico obsesionado con crear una nueva generación de supersoldados mediante experimentos con seres humanos. Es un personaje que Wingard aborda con bastante gusto por lo excéntrico y excesivo del personaje, casi como una caricatura muy comiquera de los científicos desquiciados del fantaterror de serie B. Y está Drew Starkey encarnando a Cyrus, un representante oficial del gobierno, que intenta controlar las consecuencias de los experimentos. Un tipo que aporta una ambigüedad que contrasta muy bien con el histrionismo de Stevens, un dúo que introduce dos registros distintos dentro de los mismos experimentos secretos: el científico que quiere jugar a ser Dios y el representante del sistema que pretende administrar las consecuencias de haberlo permitido.

   Así, el artefacto funciona mejor como serie B desinhibida que como ciencia ficción seria, pues no importa tanto la viabilidad del programa de supersoldados como el placer de contemplar a estos personajes cada vez más atrapados en las consecuencias de sus propios experimentos.

    La acción transcurre en el paisaje árido y casi marciano de Nuevo México, un entorno que refuerza su condición de ciencia ficción militar de bajo presupuesto. Con carreteras solitarias, instalaciones aisladas y grandes extensiones desérticas que hacen que los personajes parezcan completamente alejados de la población. El paraje contribuye a dotar a la función de un aire de western futurista: una pequeña comunidad perdida en mitad de ninguna parte, una amenaza que llega desde fuera y un grupo de personajes obligados a enfrentarse a ella sin ayuda exterior.

    Tal vez lo que falte sea algo más de aquello que hacía tan atractiva a The Guest: algo más de estilo y alma. Aquella película convertía sus referencias ochenteras en una identidad propia, mientras que en Aniquilación se conforma con acumular referencias reconocibles. Aún no puedo decir si estamos ante la resurrección de Adam Wingard, pero progresa adecuadamente con esta película honesta, simpática, modesta y bastante entretenida. Y eso ya es un pequeño motivo de celebración.  


domingo, 6 de septiembre de 2026

PREESTRENO: “POR TODOS LOS MEDIOS”, BASADA EN HECHOS REALES


"POR TODOS LOS MEDIOS”  êêê

(BY ANY MEANS)

DIRECTOR: Elegance Bratton.

INTÉRPRETES: Yahya Abdul-Mateen II, Mark Wahlberg, Nicole Beharie, Josh Lucas, David Strathain, Giancarlo Exposito, Lisa Gay Hamilton, LaChanze, Ethan Embry.

GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 107 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026

    Elegance Bratton (La inspección), en su segundo largometraje tras dirigir episodios de series y documentales, nos presenta una película basada libremente en hechos reales que nos sitúa en el Misisipi de 1966, cuando un joven agente afroamericano del FBI, Wayne Strider (Yahya Abdul-Mateen II) es enviado a investigar una oleada de brutales asesinatos de activistas y líderes de los derechos civiles y obligado por sus superiores a trabajar junto al famoso sicario de la Mafia Greg Scarpa (Mark Wahlberg), viéndose así arrastrado a una caza mortal en donde la justicia y la venganza comienzan a confundirse.

    Con Por todos los medios, Bratton se adentra en uno de los episodios más espinosos de la joven historia estadounidense para construir un thriller que encuentra su principal fuerza en la paradoja que le da sentido: un agente del FBI y un asesino a sueldo de la Mafia unen sus fuerzas para combatir la violencia racista del Ku Klux Klan. La historia sobre el asesinato del líder de los derechos civiles Vernon Dahmer (Giancarlo Exposito), que fue atacado y asesinado con cócteles explosivos en su domicilio, lo que dota al relato de un escenario donde la legalidad y la criminalidad terminan intercambiando sus papeles.

   Braton evita convertir la función en una esquemática reconstrucción histórica y lo fía todo a una puesta en escena áspera, violenta y moralmente inquietante. El Misisipi de 1966 aparece como un territorio dominado por el miedo, donde las instituciones encargadas de velar por la seguridad de los ciudadanos negros se muestran poco dispuestas a enfrentarse al entramado racista que las rodea, y a veces incluso colaborando con ellos. De ahí que la alianza entre el agente interpretado por Yahya Abdul-Mateen II y Greg Scarpa (que según se dice también resolvió el caso del asesinato en 1964 de los tres activistas por los derechos civiles que se relata en Arde Mississippi de Alan Parker) resulte tan perturbadora como cinematográficamente eficaz.

  Mark Wahlberg compone un Scarpa brutal, casi animal, pero también extrañamente pragmático: un hombre que carece de escrúpulos precisamente porque trabaja al margen de cualquier prejuicio institucional. Frente a él, Abdul-Mateen II (que a diferencia de Scarpa no da vida a un personaje real), aporta al personaje del agente una progresiva erosión moral que constituye probablemente el aspecto más interesante de la película. La cuestión ya no es solamente descubrir a los culpables, sino determinar cuánto puede contaminarse alguien que pretende combatir el mal utilizando los mismos procedimientos.

  El mayor problema de Por todos los medios reside en que el potencial de su premisa termina siendo más estimulante que la simpleza de su desarrollo. La película posee momentos de enorme contundencia, pero en ocasiones sacrifica matices históricos y psicológicos en beneficio de la acción y la violencia. También resulta discutible el poco peso que tiene en la narración Vernon Dahmer en favor del sicario de la familia mafiosa Scarpa, aunque suponemos que su asesinato no se habría resuelto sin su especial colaboración.

   Con todo, Bratton consigue algo nada desdeñable: convertir un episodio de la lucha por los derechos civiles en un relato sombrío sobre los límites de la justicia y la necesidad de la venganza. No estamos ante una película sobre héroes, es, sobre todo, un film sobre un sistema profundamente corrompido a todos los niveles que, para enfrentarse a sus monstruos, necesitó recurrir a otro monstruo. Como dejó escrito Nietzsche: “Quien con monstruos lucha, que se cuide de convertirse a su vez en otro monstruo”.

viernes, 4 de septiembre de 2026

“LA ESCALERA DE JACOB” (1990), LA MEJOR PELÍCULA DE ADRIAN LYNE

   

  La escalera de Jacob (1990) ocupa un lugar singular dentro de la filmografía de Adrian Lyne. Conocido principalmente por sus incursiones en el thriller erótico y el melodrama de alto voltaje emocional, el director británico encontró aquí un territorio inesperadamente fértil: el del horror psicológico convertido en interrogación metafísica sobre la memoria, la culpa y la muerte.

    La película construye su perturbadora eficacia a partir de la experiencia subjetiva del cartero neoyorquino Jacob Singer (Tim Robbins), veterano de Vietnam atormentado por visiones cada vez más insoportables debido a su participación en esa guerra. Lyne renuncia progresivamente a cualquier frontera estable entre realidad, recuerdo, sueño y alucinación. El espectador no contempla simplemente el deterioro psicológico de un personaje, sino que queda atrapado en su misma percepción fragmentada. De ahí que la célebre imaginería demoníaca -rostros deformados, cuerpos convulsos, hospitales infernales- resulte más inquietante por su ambigüedad que por su explicitud.

    Sin embargo, reducir La escalera de Jacob a un ejercicio de terror sería desconocer su extraordinaria densidad. Bajo su apariencia de pesadilla paranoica late una reflexión profundamente espiritual. La escalera bíblica del título funciona como una metáfora del tránsito entre dos mundos, pero también de la dificultad humana para desprenderse de aquello que nos retiene: el dolor, los recuerdos, el miedo y la conciencia de lo perdido.

    Lyne demuestra aquí una notable inteligencia formal. Su puesta en escena convierte la distorsión visual en expresión dramática y utiliza el montaje y el sonido para erosionar sistemáticamente la confianza del espectador. La violencia no procede tanto de lo que se ve como de la imposibilidad de saber qué puede considerarse real.

  Tim Robbins sostiene admirablemente esta arquitectura de incertidumbre con una interpretación vulnerable y física, alejada de cualquier heroísmo convencional. El desenlace, lejos de reducir la película a un simple juego narrativo, reordena retrospectivamente su sentido y transforma el horror en una forma sorprendente de compasión. La escalera de Jacob permanece así como una de las grandes películas estadounidenses sobre la muerte: una pesadilla terrible cuya última revelación es, paradójicamente, la posibilidad de la paz.