domingo, 14 de junio de 2026

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: “EL CONFORMISTA” (Bernardo Bertolucci, 1970)

 

    El conformista constituye una de las exploraciones cinematográficas más complejas sobre la relación entre subjetividad, poder y la violencia política en el contexto del fascismo europeo. Adaptando la novela homónima de Alberto Moravia, la película narra el itinerario de Marcello Clerici (Jean-Louis Trintingnant) un funcionario busca desesperadamente la normalidad social y cuya adhesión al régimen fascista surge menos de una convicción ideológica que de una profunda necesidad de integración social. Cuando apenas era un adolescente, Clerici disparó a un adulto homosexual que intentó seducirlo. Pasados los años, Clerici es un profesor respetable de filosofía que abraza la ideología fascista y va a casarse con Giulia (Stefania Sandrelli). Con contactos con el servicio secreto, se muestra dispuesto a combinar su luna de miel en París con un atentado contra un exiliado político italiano que había sido profesor suyo.

    Desde una perspectiva formal, la obra destaca por la extraordinaria fotografía de Vittorio Storaro, cuya utilización de la luz, las sombras y las composiciones geométricas traduce visualmente los conflictos internos del protagonista. Los espacios arquitectónicos y perspectivas monumentales, reflejan la opresión de un orden político que absorbe la individualidad. La puesta en escena convierte el entorno en una extensión de la psicología de Marcello, articulando una estética donde la belleza visual convive con una inquietante sensación de alienación.

    Bertolucci evita interpretar el fascismo como una anomalía histórica desligada de la experiencia cotidiana. Por el contrario, lo presenta como el resultado extremo de impulsos sociales reconocibles: el deseo de pertenencia, el miedo a la indiferencia y la renuncia a la autonomía moral. En este sentido, la figura del protagonista adquiere una dimensión alegórica. Su conformismo no expresa únicamente una patología individual, sino una disposición colectiva capaz de sostener estructuras autoritarias.

  La narrativa fragmentada, construida mediante saltos temporales y asociaciones subjetivas, refuerza la ambigüedad moral del relato. Lejos de ofrecer explicaciones psicológicas simplistas, la película expone las contradicciones que atraviesan a su personaje principal. El resultado es una obra de una notable densidad intelectual que combina análisis histórico, sofisticación estética y hondura psicológica. Mas que una denuncia del fascismo, El conformista constituye una reflexión magistral y por eso perdurable sobre los mecanismos mediante los cuales los individuos pueden llegar a colaborar con sistemas totalitarios. 

sábado, 13 de junio de 2026

CRÍTICA: "BACKROOMS" (Kane Parsons, 2026)

 

Un laberinto de pesadilla

“BACKROOMS”  êêê

DIRECTOR: Kane Parsons.

INTÉRPRETES: Renate Reinsve, Chiwetel Parsons, Finn Bennett, Lukita Maxwell, Mark Duplass, Krista Kosonen, Avan Jogia.

GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 110 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026

   Con Backrooms, Kane Parsons afronta uno de los desafíos más complejos del cine contemporáneo: convertir un fenómeno nacido en internet en una obra cinematográfica capaz de sostenerse por sí misma. El resultado es una película que, aunque imperfecta, demuestra una notable ambición artística y una comprensión muy precisa de los mecanismos del terror psicológico.

   La función nos presenta a la Dra. Mary Kline (Renate Reinsve), una terapeuta marcada por sus propios traumas, que se embarca en la búsqueda de un paciente desaparecido tras atravesar una extraña puerta aparecida en el sótano de una tienda de muebles. Al cruzarla, descubre las Backrooms: un laberinto infinito de oficinas vacías, pasillos amarillos y espacios imposibles donde las leyes de la realidad parecen haberse roto. Durante su viaje se cruza con Clark (Chiwetel Ejiofor), un investigador obsesionado con comprender el origen de ese mundo, y con Phil (Mark Duplass), un hombre que conoce más de lo que está dispuesto a revelar. Mientras la dimensión comienza a deformar sus recuerdos y emociones, Mary deberá enfrentarse tanto a las criaturas que habitan el lugar como a sus propios miedos.

   Kane Parsons demuestra con Backrooms que el salto desde el contenido digital al largometraje no tiene por qué implicar una pérdida de la identidad. La película conserva la esencia inquietante de los vídeos que hicieron famoso al director. Pero la amplía mediante una narrativa más ambiciosa y emocional. Su mayor virtud es la atmósfera, el joven director entiende que el terror más afectivo no proviene de los monstruos ni los sobresaltos, sino de la sensación de estar atrapado en un lugar que desafía toda lógica. Los interminables pasillos, las habitaciones vacías y la iluminación artificial generan una inquietud constante. El espectador nunca se siente seguro porque nunca llega a comprender realmente el espacio que observa.

     La película resulta visualmente impresionante. Cada encuadre parece diseñado para transmitir aislamiento y desorientación. Los escenarios poseen una cualidad onírica que convierte las Backrooms en algo más que un simple escenario y se convierten en un personaje más. La dirección consigue que los espacios vacíos parezcan cargados de amenazas invisibles. Las interpretaciones también contribuyen al éxito de la propuesta. Renate Reinsve aporta humanidad y vulnerabilidad a Mry Kline, convirtiéndola en el ancla emocional del relato. Chiwetel Ejiofor erige un Clark complejo, obsesivo y progresivamente perturbado por aquello que intenta comprender. Ambos sostienen una historia que, en ocasiones, corre el riesgo de perderse en sus propios enigmas.

    No obstante, Backrooms presenta algunas debilidades. El libreto dedica tanto esfuerzo a desarrollar la mitología de las Backrooms que ciertos personajes secundarios apenas están perfilados con cuatro brochazos. Además, algunas explicaciones sobre la naturaleza del lugar reducen parte del misterio que hacía tan fascinante el concepto original.  En algunos momentos, la película parece más interesada en explorar su universo visual que en construir conflictos humanos verdaderamente memorables: busca reafirmarse en la idea de que lo desconocido suele ser más aterrador que cualquier respuesta.

     Aun así, Backrooms sobresale como una de las respuestas de terror más originales de los últimos años y nos invita a una experiencia inmersiva, inquietante y visualmente imponente que confirma a Kane Parsons como una de las voces más prometedoras del género con una sensibilidad excepcional para la ambientación. La película, más que una película de monstruos, es una turbadora pesadilla sobre la soledad, la pérdida y el miedo a quedar atrapado para siempre en nuestros propios recuerdos. Nunca busca ser una experiencia cómoda ni convencional, lo que pretende es sumergir al espectador en una dimensión abstracta donde la lógica deja de existir.

sábado, 6 de junio de 2026

CRÍTICA: "LA DESCONOCIDA" (Gabe Ibáñez, 2026)

 

Un thriller anodino

“LA DESCONOCIDA”  êê

DIRECTOR: Gabe Ibáñez.

INTÉRPRETES: Candela Peña, Pol López, Ana Rujas, Manolo Solo, Kira Miró, Estér Noya.

GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 105 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2026

   Hay películas de suspense que consiguen enganchar porque esconden información. Otras porque saben dosificarla. La desconocida pertenece a una tercera categoría menos agradecida: la de las películas que retienen información durante buena parte del metraje para dar profundidad, aunque lo que esconden no siempre esté a la altura de lo que se espera.

    Gabe Ibáñez parte de una premisa prometedora: una mujer (Ana Rujas) sin memoria ni documentos es hallada amordazada y maniatada y con señales de haber sido torturada dentro de un contenedor en el puerto de Barcelona. Incapaz de recordar su identidad, es trasladada a un hospital donde su vida vuelve a correr peligro tras un intento de asesinato. La detective Anna Ripoll (Candela Peña) es asignada a investigar este enigmático caso junto a Quique Zárate (Pol López). Juntos se embarcarán en una carrera contrarreloj por descubrir la carrera de esta misteriosa mujer y los secretos ocultos en su memoria.

   Basada en la novela de Rosa Montero y Olivier Truc, la situación invita a pensar en un thriller psicológico tenso rebosante de capas y revelaciones. Sin embargo, la película tarda demasiado en encontrar un itinerario claro. Durante gran parte del recorrido, el espectador avanza más por inercia que por auténtica fascinación. El principal problema es que el misterio nunca resulta tan intrigante como la película cree. Cada nueva pista parece diseñada para retrasar la explicación en lugar de enriquecerla.

   La narración se mueve a base de sospechas, conversaciones insinuantes y personajes que tal vez saben más de lo que cuentan. Un recurso eficaz cuando existe una verdadera sensación de peligro, pero aquí acaba generando pereza y distancia. El espectador nunca encuentra motivos para implicarse totalmente en el enigma. Cierto que las interpretaciones cumplen medianamente. Una Candela Peña depresiva debido a una tragedia familiar, aporta un toque de profesionalidad a un personaje que, no obstante, está escrito de una forma bastante funcional. Lo mismo ocurre con el resto del reparto: nadie desentona, pero ninguno dejará huella.

  A Gabe Ibáñez se le nota oficio. Visualmente La desconocida está construida por atmósferas sombrías y espacios que generan cierta inquietud. El problema es que la forma acaba resultando más interesante que el contenido. Hay secuencias que parecen anunciar una complejidad que luego el guión no desarrolla. Es como contemplar la fachada de un edificio elegante para descubrir después que las estancias se encuentran prácticamente vacías. Quizá la mayor decepción sea que la función parece estar convencida de estar contando algo muy original y sofisticado cuando, en realidad, su resolución remite a mecanismos bastante convencionales del género. El desenlace explica muchas cosas, pero no las vuelve más interesantes.

  No quiero afirmar con esto que La desconocida sea una película despreciable. El reparto cumple sin más, la fotografía resulta estimulante, la violencia siempre fuera de campo y el conjunto se deja ver con facilidad sin que deje ningún poso. Pero no posee la intensidad, la originalidad ni la capacidad de sorpresa que su planteamiento prometía. Al final deja una sensación extraña: la de haber asistido a un misterio que se toma demasiado en serio a sí mismo, aunque nunca termine de convencer de que merecía tanto interés y secreto. Una película que confunde opacidad con profundidad y misterio con interés dramático.