jueves, 16 de abril de 2026

CRÍTICA: "LA GRAZIA" (Paolo Sorrentino, 2025)

 

“LA GRAZIA”  êê

DIRECTOR: Paolo Sorrentino.

INTÉRPRETES: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani.

GÉNERO: Drama / DURACIÓN: 133 minutos / PAÍS: Italia / AÑO: 2024

    No me considero un fan del cine del director napolitano Paolo Sorrentino. De hecho, sólo dos películas de su filmografía han dejado poso en mi saturada memoria cinéfila: Las consecuencias del amor y La gran belleza. Su última obra, La Grazia, se presenta como una prolongación de sus inquietudes estéticas y temáticas habituales, pero acaba revelándose como un ejercicio de estilo que se aproxima más a la reiteración que a la innovación. La película insiste en los motivos recurrentes del realizador: la decadencia moral, la contemplación del vacío existencial en las élites y la estetización de la melancolía, aunque sin lograr fusionarlos en una propuesta dramática verdaderamente significativa.

    La Grazia nos presenta a Mariano De Santis (Toni Servillo) presidente -ficticio- de la República italiana y veterano político demócrata, humanista y católico, que de repente comienza a dudar sobre varias e importantes decisiones que tiene que tomar, en particular sobre si aprueba o no una ley de la eutanasia, planteándose un gran dilema moral.

    Desde un prisma formal, La Grazia mantiene la sofisticación visual característica de Sorrentino: encuadres calculados, movimientos de cámara coreografiados con precisión y una puesta en escena que privilegia lo ornamental.  Sin embargo, esta cuidada superficie visual termina operando como un envoltorio que encubre la fragilidad del desarrollo narrativo. La estructura dramática se percibe como dispersa, con episodios que parecen acumularse sin una progresión clara, lo que diluye el impacto emocional y reduce la capacidad de la función para sostener el interés del espectador.

     El eje dramático -la decisión sobre la aprobación de una ley sobre la eutanasia- es, en teoría un punto de partida de gran densidad ética y política. No obstante, el film opta por un tratamiento que optimiza lo atmosférico y lo introspectivo en detrimento de un auténtico desarrollo del conflicto. Podríamos decir, que la película desplaza el dilema de la eutanasia del terreno deliberativo hacia una dimensión casi abstracta, donde la decisión se convierte en un pretexto para explorar el estado anímico del protagonista. Así, el conflicto pierde concreción y se diluye en una serie de escenas contemplativas que apenas articulan las implicaciones reales de la ley.                        

      Por ello, el dilema se presenta como una carga existencial casi privada, desconectada de sus consecuencias colectivas. Es precisamente en este vacío donde la interpretación de Toni Servillo -al parecer no hay más actores para este director- adquiere relevancia. Su encarnación del presidente logra sugerir, a través de gestos mínimos, silencios y meditaciones, el peso de una decisión que el guión no intenta dramatizar plenamente. Servillo introduce una tensión interna -una lucha entre deber institucional y conciencia personal- que apenas está esbozada en la escritura, elevando así la densidad del personaje por encima del material que lo sustenta.

    La Grazia constituye un caso paradigmático de oportunidad desaprovechada: un conflicto potencialmente trágico que queda subordinado a la lógica estilística de Sorrentino. Tal vez lo que yo me esperaba era un incisivo estudio sobre el poder, la responsabilidad y los límites de la acción política, y lo que me he encontrado es una meditación estética que, aunque sugerente en lo formal, resulta insuficiente en su dimensión ética y narrativa.   

sábado, 11 de abril de 2026

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "REPULSIÓN" (Roman Polanski, 1965)

 

REPULSIÓN”

DIRECTOR: Roman Polanski.

INTÉRPRETES: Catherine Deneuve, Yvonne Furneaux, Ian Hendry, Patrick Wymark, John Fraser, Valerie Taylor.

GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 105 minutos / PAÍS: Reino Unido / AÑO: 1965

   Roman Polanski nos presentó en Repulsión (1965) una de las instrospecciones más brillantes de la psicología humana en el cine europeo de los años 60. Protagonizada por Catherine Deneuve dando oxígeno a Carol Ledoux, una joven y bella mujer belga que vive con su hermana Helen (Yvonne Furneaux) en un apartamento en Londres. Carol experimenta sentimientos de atracción y repulsión hacia los hombres; por eso para ella resulta tan incómoda la relación que mantiene su hermana con un hombre casado. Cuando la pareja se marcha de vacaciones, Carol sufre una progresiva desconexión de la realidad, sufre alucinaciones, su mente se desquicia y esto se convierte en el verdadero núcleo del relato.

   Desde sus primeros compases, Polanski construye una atmósfera opresiva a través de la repetición de los gestos cotidianos y una puesta en escena aparentemente sencilla, pero profundamente calculada. El apartamento donde transcurre gran parte de la acción deja de ser un espacio físico para transformarse en una extensión del deterioro mental de la protagonista. Grietas en las paredes, manos que emergen de la nada y sonidos amplificados convierten lo cotidiano en una pesadilla sensorial. Esta fusión entre espacio y psique anticipa elementos que el propio Polanski desarrollaría más tarde en su llamada “trilogía del apartamento”, junto con La semilla del diablo y El quimérico inquilino.

  Más allá del terror psicológico, Repulsión puede leerse como una reflexión sobre la represión sexual, la alienación urbana y la vulnerabilidad femenina en un entorno hostil. Polanski evita explicaciones claras sobre el pasado de Carol, lo que intensifica la ambigüedad de la función y obliga al espectador a enfrentarse a una experiencia inquietante, casi claustrofóbica.

   Aunque su ritmo pueda parecer pausado para el público actual, la película lo compensa con una tensión creciente que culmina con un desenlace tan perturbador como inevitable. Repulsión no busca asustar de manera convencional, sino proyectar una profunda desestabilización. El conflicto de Carol con los hombres (atracción/repulsión: ambivalencia afectiva hacia el objeto del deseo) puede tener su origen en la infancia. El elemento clave que suele señalarse es la famosa fotografía familiar que aparece en el final: mientras el resto posa con normalidad, la joven Carol mira fijamente a un hombre adulto (presumiblemente una figura paterna) con una expresión grave.

  Ese detalle ha llevado a muchos analistas a interpretar que pudo haber existido una experiencia traumática temprana, posiblemente relacionada con abusos o, al menos, con una vivencia turbadora de la sexualidad masculina. Pero Polanski refuerza esa ambigüedad evitando mostrar cualquier explicación directa. Y en este sentido, sigue siendo una obra maestra del horror psicológico, tan relevante hoy como en el momento de su estreno.


miércoles, 8 de abril de 2026

CRÍTICA: "PSYCHO KILLER" (Gavin Polone, 2026)

 

Nada nuevo bajo el sol

“PSYCHO KILLER”  êê

DIRECTOR: Gavin Polone.

INTÉRPRETES: Georgina Campbell, James Preston Rogers, Grace Dove. Malcolm McDowell, Logan Miller, David Tomlison.

GÉNERO: Thriller-Terror / DURACIÓN: 92 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026

   Psycho killer, ópera prima de Gavin Polone, es un thriller de terror bastante curioso, sobre todo por su larga gestación y la expectativa generada al estar escrito por el guionista de Se7en. La historia sigue a una policía de la patrulla de carreteras Jane Archer (Georgina Campbell), cuyo marido, perteneciente al mismo cuerpo policial, es asesinado en su presencia tras parar a un vehículo cuando se encontraba en un control. A partir de ahí, inicia una obsesiva persecución para capturarlo y descubre que el criminal, Psycho Killer (James Preston Rogers) no es un asesino cualquiera, que está vinculado a rituales y símbolos satánicos dejando a su paso un reguero de cadáveres y tiene un plan mucho más grande (y destructivo) que simplemente matar.

   Esencialmente estamos ante un duelo psicológico (también físico) entre el asesino y la mujer policía deseosa de vengar el asesinato de su marido, con una historia que juega con elementos de la road movie, el thriller criminal y el terror satánico. Psycho Killer es un proyecto maldito: el guión se escribió alrededor de 2007. Estuvo casi 20 años en desarrollo. Pasó por varios directores y versiones antes de rodarse. Sabemos que este tipo de proyectos largos y suspendidos en el tiempo suelen generar muchas expectativas, pero acaban generando problemas creativos.

  La función está muy influenciada por thrillers siniestros como Se7en: historia de asesino serial, thriller de persecuciones, y el intento de aportar una lectura psicológica, pero con elementos del slasher. El resultado no es convincente pero tampoco tan desdeñable, aunque se entiende la decepción por tratarse de un guionista de culto, ser un proyecto largamente esperado, contar con una premisa potente (asesino ritualista más venganza), y una estética oscura. Estamos de acuerdo en que el resultado es el de un thriller genérico, con perfiles de personajes poco desarrollados y sin la fuerza psicológica de otras obras míticas del género.

  Lo mejor lo encontramos en la sugerente premisa, un punto de partida que debería haber dado mucho más juego. Además, el toque de rituales y simbolismo satánico sugiere algo más ambicioso que el típico slasher. Sobre el papel, existía un potencial para crear un thriller siniestro con identidad, Si la película se sostiene con cierta dignidad es gracias a Georgina Campbell, que aporta gravedad, hace creíble la obsesión del personaje herido íntimamente y eleva algunas escenas que en el guión son bastante flojas. Sin ella, el film se habría derrumbado casi por completo.

   También encontramos destellos de atmósfera. La película crea cierta inquietud, insinúa algo perturbador y juega acertadamente con el fuera de campo. Que Andrew Kevin Walker haya firmado el libreto resulta chocante, tiene talento para mucho más: los personajes son arquetípicos, los diálogos son funcionales, sin filo ni personalidad, sin apenas profundidad psicológica. Un thriller de estas características triunfa o pierde por el carisma de su villano… y aquí falla: motivaciones difusas o poco interesantes, presencia convencional sin aristas y nada icónico con el uso trillado de una máscara. Nunca llega a dar miedo ni transmitir fascinación.

   También el tono resulta inconsistente sin saber a qué atenerse: ¿thriller psicológico? ¿Slasher? ¿Terror ocultista? Una mezcla de todo sin una integración consistente con el componente satánico que actúa más como una ocurrencia que como algo plenamente pensado. No hay complejidad moral y abundan los clichés. Centrándonos en el ritmo, hay tramos largos sin tensión, la investigación avanza con poco dinamismo y escenas que apenas sugieren. Es decir, para un metraje de 91 minutos, la acción se siente un poco pesada.

   Dirigiendo la mirada a la dirección de Gavin Polone, observamos una puesta en escena bastante genérica (tanto como el título), sin un estilo visual identificable y sin momentos realmente memorables. Coincidiremos en que no existe nada que esté mal ejecutado, pero tampoco hay nada destacable. Psycho Killer es el clásico tipo de película que debería haber sido mucho mejor de lo que finalmente es porque contaba con una buena base, una sólida actriz protagonista y un gran escritor detrás.

  Sin embargo, el guión de Andrew Kevin Walker carece de alma, el villano es poco carismático y cuenta con una dirección muy convencional. Si te gusta el género, seguro que tendrás curiosidad y tampoco te quedará la sensación de haber perdido el tiempo, de que te han estafado. Psycho Killer se deja ver, pero se olvida al instante. No nos extrañemos de que dentro de varias décadas sea reivindicada como una auténtica cult movie. Pero yo no lo veré.