sábado, 19 de septiembre de 2026

CRÍTICA: "RESIDENT EVIL" (Zach Cregger, 2026)


Un subidón proteico para la saga

“RESIDENT EVIL”  êêê

DIRECTOR: Zach Cregger.

INTÉRPRETES: Austin Abrams, Paul Walter Hauser, Kali Reis, Zach Cherry, Johnno Wilson, Devon Stewart.

GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 95 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026 

  Zach Cregger, el ingenioso director de Barbarian y Weapons, revitaliza la saga cinematográfica del videojuego de Capcom para situar su estimable apuesta por encima de las anteriores entregas. Lo hace contando la historia de Bryan (Austin Abrams) un joven repartidor de material médico que acepta, sólo porque le pagan el doble, realizar una entrega nocturna prioritaria en Raccoon City en plena tormenta de nieve. No sabe que el trayecto se convertirá en una caótica y sangrienta lucha por la supervivencia cuando se cruce un sinfín de extrañas y monstruosas criaturas mutantes infectadas por un virus que le pondrán muy difícil llegar a su destino.  

  Entendida como una historia que transcurre paralela a las situaciones de la segunda entrega de la saga de los videojuegos y con elementos de casi toda ellas, La principal virtud de Resident Evil reside en haber comprendido que adaptar un videojuego no consiste necesariamente en reproducir esquemáticamente su argumento, sino en trasladar al cine una experiencia. Cregger parece partir de esa premisa y construye un relato en el que el espacio (un paisaje nevado de las montañas), la luz (transcurre a lo largo de toda una noche) y la incertidumbre adquieren una importancia comparable a la acción propiamente dicha.

  El director vuelve a demostrar su interés por los espacios cerrados, los exteriores amenazantes y la capacidad de la arquitectura para generar tensión, zonas aparentemente inocuas funcionan como territorios inquietantes, lugares que el espectador recorre mentalmente antes de conocer qué sorpresa deparan. Es una concepción del terror particularmente próxima a la lógica del videojuego: avanzar significa exponerse, pero también descubrir; cada nueva estancia o lugar puede convertirse en un alivio o en una trampa.

  Cregger maneja con inteligencia la alternancia entre horror, humor, violencia y espectáculo del survival horror con horripilantes criaturas multiformes cuya amorfa presencia conforman una bola de extremidades o que vomitan ácido o desarrollan viscosos tentáculos. No intenta dignificar artificialmente el material ni convertir Resident Evil en un ejercicio de terror prestigioso. Acepta la naturaleza híbrida y explota el material casi pulp de sus criaturas y las situaciones sin perder el sentido de la atmósfera creada por la excelente fotografía de Dariusz Wolski, tanto en el gélido paisaje, como en interiores con pasillos, ascensores y cloacas que esconden mil horrores. Y aunque se puede entender su ambigua crítica sobre la cultura estadounidense de las armas (el protagonista no sabe cómo manejarlas, pero le ayudan para avanzar), su denuncia sobre sobre los trabajos precarios y los peligros de los experimentos en bases científicas estatales, está más interesado en que la función no se convierta en una sucesión indiferenciada de efectos especiales, sino que las criaturas y situaciones pertenezcan a un mismo universo tonal.

  Ahí está probablemente la diferencia con respecto a anteriores adaptaciones. La película no se avergüenza de proceder de un videojuego, pero tampoco se limita a ilustrarlo de manera canónica. El director transforma sus mecanismos en recursos cinematográficos: el suspense sustituye a la interactividad, el montaje ocupa el lugar de la exploración y la introducción del fuera de campo reproduce parcialmente aquella incertidumbre que en el videojuego dependía de nuestra propia decisión de avanzar.

   Por eso puede considerarse la adaptación que mejor ha entendido Resident Evil. No necesariamente porque sea la más fiel al videojuego, sino porque ha comprendido algo más difícil aunque elemental: el por qué nos gustaba tanto jugarlo. No estamos ante una reproducción servil ni Cregger transfiere una partida a la pantalla, traslada al cine la experiencia de sentirse dentro de ella. Resident Evil nos regala un desenlace tan magnífico como natural: el antídoto se pierde y el Mal se extenderá hasta el infinito. 

jueves, 17 de septiembre de 2026

PREESTRENO: "HOPE" (Na Hong-jin, 2026)

 

Un sugerente juguete en manos de un director talentoso

“HOPE”  êêê

DIRECTOR: Na Hong-jin.

INTÉRPRETES: Hwang Jung-min, Jung Ho-yeon, Jo In-sun, Michael Fassbender, Alicia Vikander, Taylor Russell, Cameron Britton.

GÉNERO: Acción-Ciencia ficción / DURACIÓN: 160 minutos / PAÍS: Corea del Sur / AÑO: 2026

   Na Hong-jin parece haberse divertido enormemente rodando Hope. Hay en la película algo de juguete cinematográfico gigantesco, de cineasta entregado a una montaña rusa en la que caben extraterrestres, cazadores, policías, ancianos sitiados en un pueblo y una buena dosis de destrucción. El resultado es una mezcla singular de efectos digitales y vieja escuela que evita que el espectáculo termine sólo en una exhibición tecnológica impersonal.

    Hope es un pequeño pueblo habitado por ancianos que súbitamente se ve asediado por un enorme extraterrestre de gran capacidad destructiva. Su presencia provoca una auténtica carnicería y deja un rastro de cadáveres y edificios destruidos. Nadie sabe que busca desesperadamente a su bebé. El jefe del puesto policial Bun-seok (Hwang Jung-min) se ve sorprendido por la rabia de la bestia, pero alcanza a ver que tiene sentimientos cuando contempla atónito cómo al alienígena le caen las lágrimas.

  El drama adquiere una dimensión dramática cuando el jefe de policía encuentra al pequeño extraterrestre congelado debido al miedo y la ignorancia de un habitante del pueblo. La tragedia convierte al supuesto invasor en una figura paterna con motivos poderosos para desatar su furia, incapaz de comprender la estupidez humana que ha provocado su pérdida.

    Bum-seok y la agente Sung-ki (Jung Ho-yeon) son prácticamente la primera línea de defensa de Hope. Los refuerzos son mínimos y, a lo lejos, pueden contemplarse los incendios forestales que mantienen ocupados otros efectivos. Mientras tanto, un grupo de conocidos cazadores del pueblo persigue a otros extraterrestres por el bosque hasta descubrir la nave que los ha llevado allí. Michael Fassbender y Alicia Vikander (matrimonio en la vida real) mediante la captura de movimiento, consiguen que sus criaturas tengan una presencia física y emocional sorprendentemente convincente.

    Hope no está a la altura de The Chaser (2008), la obra maestra de Na Hong-jin, ni de The Yellow Sea (2010) o The Wailing (2016), pero contiene secuencias absolutamente espídicas, disparatadas y divertidas como las  persecuciones en el bosque y la secuencia final por una carretera, en una mezcla explosiva de recursos tecnológicos digitales y artesanales: acción, ciencia ficción, terror, humor, suspense, una violencia sin demasiadas contemplaciones y, paradójicamente, la emergencia de una humanidad inesperada. Lo hace con el entusiasmo de un niño subido a un frenético y dislocado carrusel. Hope puede ser excesiva y extenuante, pero esa desmesura forma parte de su encanto. Auténtico taquillazo en Corea del Sur.

viernes, 11 de septiembre de 2026

"DEMRING", TAL VEZ LA MEJOR PELÍCULA DE TERROR DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

 

Y de repente… la oscuridad

“DEMRING”  êêêê

(DAWNING)

DIRECTOR: Patrik Syversen.

INTÉRPRETES: Kathrine Thorborg Johansen, Silje Storstein, Marte Magnusdotter Solem, Sigurd Myhre, Thorbjorn Harr, Steinar Klouman Hallet.

GÉNERO: Drama-terror / DURACIÓN: 100 minutos / PAÍS: Noruega / AÑO: 2025

  Del director noruego Patrik Syversen, especialista en el género de terror que nos presentó hace ya tiempo un par de películas tan mediocres como convencionales que pasaron por los diferentes circuitos sin pena ni gloria, El placer de la caza (2008) y Almas oscuras (2010), logra su canto del cisne con Demring o Dawning (en español: Amanecer), un ejercicio de cine independiente ahora sí con personalidad y firma de autor, que pasa por ser una de las mejores películas de terror de los últimos años. Cima a la que inesperadamente ha llegado con el apoyo de la productora de Elijah Wood tras dirigir aquella bobada titulada Dragon Heart 4: Corazón de fuego (2017).

    Exhibida en el pasado Festival de Sitges, el guionista y director narra la historia de tres hermanas, Kristine (Kathrine Thorborg Johansen), Cecilie (Silje Storstein) y Esther (Marte Magnusdotter Solem) que pasan unos días en la casa familiar en un paraje de la Noruega rural tras el segundo intento de suicidio de Kristine. Discuten entre sí por nimiedades, mientras el marido de Esther, Even (Sigurd Myhre), hace lo posible por mantener la paz.

   La situación se enrarece cuando les llega la noticia de la muerte de su madre (con la que no tenían relación porque las manipulaba y maltrataba) y no saben si contárselo o no a Kristine. Y se complica todavía más cuando, tras marchar Even y quedarse las tres solas, un misterioso desconocido (Thorbjorn Harr) aparece por el patio de la casa alegando una avería en su camioneta. Las hermanas, aunque recelosas, deciden finalmente acompañarlo hasta el lugar donde está situada la camioneta. Una decisión fatal en donde se verán sumergidas en una espiral de horror luchando por sus vidas.  

  Demring es una película de terror existencial que comienza como un drama familiar sobre el dolor, los recuerdos lacerantes, la culpa y la fragilidad psicológica para terminar internándose en un territorio mucho más sombrío: el del slasher desprovisto de cualquier estilización complaciente. Syversen construye una película compleja sobre una concepción del terror de un existencialismo esencialmente pesimista. Antes de que aparezca una amenaza física, ya existe otra íntima verdaderamente alarmante: la imposibilidad de afrontar el pasado y decir aquello que resulta insoportable.

    Las interacciones entre las hermanas no es un simple recurso argumental para rellenar metraje hacia el escalofriante desenlace; constituye el núcleo moral del relato. Quieren proteger y cuidar de la hermana menor, Kristine, pero también están intentando protegerse a ellas mismas de unos dolorosos recuerdos de infancia y una verdad que las desborda. La escalada tiene una doble lectura dolorosa, afilada y penetrante desde lo psicológico hasta lo físico.

   La estructura temporal encuentra una traducción visual particularmente eficaz con la utilización del blanco y negro para las escenas del presente y del color para los episodios del pasado. No estamos ante un adorno formal: el pasado aparece paradójicamente más vivo, con más luz y calidez, mientras que el presente, despojado de color parece atrapado en una realidad emocionalmente muerta que sirve como anuncio de un destino fúnebre. La memoria conserva una intensidad vivaz que el presente ha perdido. 

  En la función encontramos ecos referenciales de Bergman, Bresson y Haneke. Del primero procede esa atención a la angustia, la amargura y las relaciones familiares como territorio metafísico; del segundo, la austeridad de una puesta en escena, el ascetismo visual y el sonido parco casi ambiental; del tercero, una mirada fría sobre la violencia irracional y la inescrutable conducta humana. Syversen utiliza estas referencias sin convertirlas en exhibición cinéfila.

  Lo más sorprendente es la deriva hacia un slasher extraordinariamente realista. La película no necesita convertir la violencia en espectáculo (atención a esa escena del primer ataque del asesino junto a la camioneta vista de tres perspectivas distintas): precisamente su carácter físico, seco y desprovisto de glamour la hace más sucia y perturbadora. El terror deja de ser una abstracción psicológica para adquirir una dimensión tangible y corporal.

  Demring es, en última instancia, una película desesperanzadora. No ofrece la confortable y sólida desconfianza que aparentemente existe entre víctimas y psicópatas. La amenaza exterior termina revelando algo siniestro que ya estaba desde el principio en la atmósfera: la vulnerabilidad absoluta del individuo ante el dolor, la violencia y la imposibilidad de comprender todo lo que sucede. Aquí, la mayor virtud consiste precisamente en no conceder demasiadas certezas. Cuando termina, lo que deja es un estado de ánimo: una inquietud fría y persistente, profundamente turbadora. Una sensación de un terror primitivo que nos deja sin refugio.   


 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

CRÍTICA: "CRONOS" (Fernando González Molina, 2026)

 

Una absoluta loa al trabajo de los Mossos

“CRONOS”  êê

DIRECTOR: Fernando González Molina.

INTÉRPRETES: Enric Auquer, Diana Gómez, Xavi Sáez, Mónica López, Pablo Derqui, Israel Elejalde. José Pérez Ocaña.

GÉNERO: Thriller-terrorismo / DURACIÓN: 118 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2026

   Preguntándome qué necesidad había de rodar esta película entré en el cine y cuando salí de la sala ya tenía la respuesta para esa intrigante pregunta: aunque la película está dedicada a las víctimas del atentado yihadista del 17 de agosto de 2017 en las Ramblas de Barcelona, pronto me convencí de que eso era sólo una mínima coartada moral para realizar un ejercicio de exaltación suprema a la impagable y sufrida labor a los Mossos d’Escuadra, los héroes encargados de dar caza a los terroristas y resolver el caso. ¿Quiénes iban a hacerlo, si allí el resto de cuerpos policiales de ámbito estatal pintan nada o muy poco? Tan poco como pintan en la película los perfiles de los terroristas y la llamativa carencia de un enfático y solemne homenaje a las víctimas. Asunto que puedo valorar, que me resulta cuestionable, pero que me importa un carajo en función de la calidad de la película. 

  En Cronos, Fernando González Molina aborda aquellos atentados de Barcelona, Cambrils y la explosión de una casa en Alcanar con una perspectiva alejada deliberadamente del grotesco espectáculo. El propio título alude a la operación policial (que duró 124 horas) desplegada para localizar a los responsables, y es precisamente la investigación la que ocupa el centro de la película. Habrá quien encuentre pertinente esta decisión: en lugar de recrearse en la violencia explícita, González Molina convierte la persecución de los terroristas -por cierto, de origen marroquí- y el trabajo de ese cuerpo de seguridad en el eje de un relato coral.

     La película articula varias tramas paralelas, cambios de escenario (las Ramblas, Ciutat Vella, Cambrils) y numerosos personajes, aunque quien tiene el protagonismo es el jefe de los Mossos, Jaume, un Enric Auquer sobreactuado, excesivamente histriónico. Se trata de ofrecer una visión amplia de aquellos días de desconcierto, miedo y tensión. Esta estructura contribuye a transmitir la dimensión colectiva de la tragedia, aunque también constituye una de sus principales debilidades. La narración se dispersa con frecuencia y algunos personajes quedan esbozados de manera superflua. El conjunto adquiere un cierto tono de telefilm, especialmente por una puesta en escena funcional que raramente encuentra un sello propio.

    Con todo, Cronos posee una virtud que merece ser subrayada: la contención. González Molina comprende que no necesita convertir las Ramblas en un escenario de acción ni explotar de forma evidente y morbosa el sufrimiento de las víctimas para generar tensión. El drama surge de la incertidumbre, el caos, la exigencia y la persecución. Lo que se echa de menos es un mayor y sentido tributo a aquellas almas inocentes que vieron segadas sus vidas simplemente por estar paseando por el lugar y el instante del atentado.

     Cronos está lejos de ser una película conseguida, tampoco es un bodrio. Estamos ante una reconstrucción sobria, irregular, realizada con pudor y ritmo, de una tragedia que habría sido muy fácil convertir en mercancía emocional y que seguramente se apoya en los testimonios de las personas implicadas. Insisto, el director parece más interesado en que esa reconstrucción resulte más clara y verosímil que en imprimirle una mirada propia. Aunque tampoco creo que, con esta película sobre el origen de un trauma colectivo y una herida que todavía supura, que está contemplada exclusivamente desde una óptica policial y que carece de un eficaz arco dramático, aspire a dejar una huella cinematográfica indeleble.

lunes, 7 de septiembre de 2026

PREESTRENO: “ANIQUILACIÓN”, EL REGRESO A LA SERIE B DE ADAM WINGARD

 

“ANIQUILACIÓN”  êêê

(ONSLAUGHT)

DIRECTOR: Adam Wingard.

INTÉRPRETES: Adria Arjona, Dan Stevens, Eric Wareheim, Drew Starkey, Rebecca Hall, Reginald VelJhonson, Michael Biehn, Alex Pereira.

GÉNERO: Acción-ciencia ficción / DURACIÓN: 92 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026

   Aniquilación se nos presenta como un intento de Adam Wingard por regresar al terreno de bajo presupuesto y libertad genérica que funcionó tan bien con Tú eres el siguiente y The Guest (el film que nos ocupa ha sido ideado como un spin off de esta última), después de su larga incursión en el cine de franquicia. Un regreso a sus añoradas raíces, aunque la mezcla de acción, terror y ciencia ficción no termina de alcanzar toda la ferocidad que promete.

    La historia sigue a una francotiradora del ejército, Celeste (Adria Arjona), que vive en un parque de casas rodantes en el desierto de Nuevo México y tiene que utilizar todas sus habilidades para proteger a su hija cuando un escuadrón de “supersoldados” modificados genéticamente y convertidos en máquinas asesinas se escapan de una base militar secreta.  

   Lo más interesante de Aniquilación es que carece de pretensiones: estamos ante un entretenimiento de serie B de 92 minutos de duración, con unos supersoldados aparentemente indestructibles debido a los experimentos del doctor Hans Kammler (Dan Stevens) en los laboratorios de una base secreta situada en el desierto, una madre convertida en improbable heroína de acción y un tono y una atmósfera que nos remite deliberadamente al cine de John Carpenter.

   Y ahí reside quizá su mayor virtud: Wingard vuelve a divertirse. Existe una cierta desfachatez en la propuesta, humor negro, violencia estilizada y personajes intencionadamente excesivos. Adria Arjona sostiene bastante bien la función dando oxígeno a una veterana militar que debe proteger a su hija, mientras que Dan Stevens -que vuelve a colaborar con Wingard- aporta una presencia particularmente extravagante. Rebecca Hall aparece en un pequeño papel como la mujer, musa y alma guía de Stevens.

  Y es que Dan Stevens interpreta al “mad doctor” Hans Kammler, un científico obsesionado con crear una nueva generación de supersoldados mediante experimentos con seres humanos. Es un personaje que Wingard aborda con bastante gusto por lo excéntrico y excesivo del personaje, casi como una caricatura muy comiquera de los científicos desquiciados del fantaterror de serie B. Y está Drew Starkey encarnando a Cyrus, un representante oficial del gobierno, que intenta controlar las consecuencias de los experimentos. Un tipo que aporta una ambigüedad que contrasta muy bien con el histrionismo de Stevens, un dúo que introduce dos registros distintos dentro de los mismos experimentos secretos: el científico que quiere jugar a ser Dios y el representante del sistema que pretende administrar las consecuencias de haberlo permitido.

   Así, el artefacto funciona mejor como serie B desinhibida que como ciencia ficción seria, pues no importa tanto la viabilidad del programa de supersoldados como el placer de contemplar a estos personajes cada vez más atrapados en las consecuencias de sus propios experimentos.

    La acción transcurre en el paisaje árido y casi marciano de Nuevo México, un entorno que refuerza su condición de ciencia ficción militar de bajo presupuesto. Con carreteras solitarias, instalaciones aisladas y grandes extensiones desérticas que hacen que los personajes parezcan completamente alejados de la población. El paraje contribuye a dotar a la función de un aire de western futurista: una pequeña comunidad perdida en mitad de ninguna parte, una amenaza que llega desde fuera y un grupo de personajes obligados a enfrentarse a ella sin ayuda exterior.

    Tal vez lo que falte sea algo más de aquello que hacía tan atractiva a The Guest: algo más de estilo y alma. Aquella película convertía sus referencias ochenteras en una identidad propia, mientras que en Aniquilación se conforma con acumular referencias reconocibles. Aún no puedo decir si estamos ante la resurrección de Adam Wingard, pero progresa adecuadamente con esta película honesta, simpática, modesta y bastante entretenida. Y eso ya es un pequeño motivo de celebración.