miércoles, 8 de abril de 2026

CRÍTICA: "PSYCHO KILLER" (Gavin Polone, 2026)

 

Nada nuevo bajo el sol

“PSYCHO KILLER”  êê

DIRECTOR: Gavin Polone.

INTÉRPRETES: Georgina Campbell, James Preston Rogers, Grace Dove. Malcolm McDowell, Logan Miller, David Tomlison.

GÉNERO: Thriller-Terror / DURACIÓN: 92 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026

   Psycho killer, ópera prima de Gavin Polone, es un thriller de terror bastante curioso, sobre todo por su larga gestación y la expectativa generada al estar escrito por el guionista de Se7en. La historia sigue a una policía de la patrulla de carreteras Jane Archer (Georgina Campbell), cuyo marido, perteneciente al mismo cuerpo policial, es asesinado en su presencia tras parar a un vehículo cuando se encontraba en un control. A partir de ahí, inicia una obsesiva persecución para capturarlo y descubre que el criminal, Psycho Killer (James Preston Rogers) no es un asesino cualquiera, que está vinculado a rituales y símbolos satánicos dejando a su paso un reguero de cadáveres y tiene un plan mucho más grande (y destructivo) que simplemente matar.

   Esencialmente estamos ante un duelo psicológico (también físico) entre el asesino y la mujer policía deseosa de vengar el asesinato de su marido, con una historia que juega con elementos de la road movie, el thriller criminal y el terror satánico. Psycho Killer es un proyecto maldito: el guión se escribió alrededor de 2007. Estuvo casi 20 años en desarrollo. Pasó por varios directores y versiones antes de rodarse. Sabemos que este tipo de proyectos largos y suspendidos en el tiempo suelen generar muchas expectativas, pero acaban generando problemas creativos.

  La función está muy influenciada por thrillers siniestros como Se7en: historia de asesino serial, thriller de persecuciones, y el intento de aportar una lectura psicológica, pero con elementos del slasher. El resultado no es convincente pero tampoco tan desdeñable, aunque se entiende la decepción por tratarse de un guionista de culto, ser un proyecto largamente esperado, contar con una premisa potente (asesino ritualista más venganza), y una estética oscura. Estamos de acuerdo en que el resultado es el de un thriller genérico, con perfiles de personajes poco desarrollados y sin la fuerza psicológica de otras obras míticas del género.

  Lo mejor lo encontramos en la sugerente premisa, un punto de partida que debería haber dado mucho más juego. Además, el toque de rituales y simbolismo satánico sugiere algo más ambicioso que el típico slasher. Sobre el papel, existía un potencial para crear un thriller siniestro con identidad, Si la película se sostiene con cierta dignidad es gracias a Georgina Campbell, que aporta gravedad, hace creíble la obsesión del personaje herido íntimamente y eleva algunas escenas que en el guión son bastante flojas. Sin ella, el film se habría derrumbado casi por completo.

   También encontramos destellos de atmósfera. La película crea cierta inquietud, insinúa algo perturbador y juega acertadamente con el fuera de campo. Que Andrew Kevin Walker haya firmado el libreto resulta chocante, tiene talento para mucho más: los personajes son arquetípicos, los diálogos son funcionales, sin filo ni personalidad, sin apenas profundidad psicológica. Un thriller de estas características triunfa o pierde por el carisma de su villano… y aquí falla: motivaciones difusas o poco interesantes, presencia convencional sin aristas y nada icónico con el uso trillado de una máscara. Nunca llega a dar miedo ni transmitir fascinación.

   También el tono resulta inconsistente sin saber a qué atenerse: ¿thriller psicológico? ¿Slasher? ¿Terror ocultista? Una mezcla de todo sin una integración consistente con el componente satánico que actúa más como una ocurrencia que como algo plenamente pensado. No hay complejidad moral y abundan los clichés. Centrándonos en el ritmo, hay tramos largos sin tensión, la investigación avanza con poco dinamismo y escenas que apenas sugieren. Es decir, para un metraje de 91 minutos, la acción se siente un poco pesada.

   Dirigiendo la mirada a la dirección de Gavin Polone, observamos una puesta en escena bastante genérica (tanto como el título), sin un estilo visual identificable y sin momentos realmente memorables. Coincidiremos en que no existe nada que esté mal ejecutado, pero tampoco hay nada destacable. Psycho Killer es el clásico tipo de película que debería haber sido mucho mejor de lo que finalmente es porque contaba con una buena base, una sólida actriz protagonista y un gran escritor detrás.

  Sin embargo, el guión de Andrew Kevin Walker carece de alma, el villano es poco carismático y cuenta con una dirección muy convencional. Si te gusta el género, seguro que tendrás curiosidad y tampoco te quedará la sensación de haber perdido el tiempo, de que te han estafado. Psycho Killer se deja ver, pero se olvida al instante. No nos extrañemos de que dentro de varias décadas sea reivindicada como una auténtica cult movie. Pero yo no lo veré.

lunes, 6 de abril de 2026

VISIONES: TRES MIRADAS SOBRE UN ESCALOFRIANTE CASO REAL

 

  Existen tres películas que se basan en un mismo y espeluznante hecho real, el protagonizado por el asesino y falso médico francés Jean-Claude Romand, que durante 18 años vivió una vida rebosante de mentiras y que asesinó a su mujer, sus dos hijos y a sus padres cuando vio que la falsa vida que se había inventado, en la que se hizo pasar por un alto funcionario de la OMS, iba a quedar al descubierto. 

    Una auténtica matanza que estremeció a toda Francia. Como las tres películas: El empleo del tiempo (Laurent Cantet, 2001) El adversario (Nicole García, 2002) y La vida de nadie (Eduard Cortés, 2002) son magníficas, aunque la primera de ellas es para mí la mejor, me centraré en algunos puntos de interés y divergencias contrastando las tres adaptaciones cinematográficas, que no son otra cosa que aproximaciones al magistral libro de Emmanuel Carrère.

Punto de partida

    El empleo del tiempo de Cantet no adapta el crimen directamente -de hecho, no existe tal crimen- le interesa el tiempo vacío, la rutina de la mentira. Aquí lo que interesa es el antes, los preámbulos que pueden llevar al crimen. La película se centra en cómo se sostiene una vida falsa.

   El adversario de García, es más fiel al caso real. Se centra en la psicología de Jean- Claude Romand. Intenta entender el “por qué”. Es una película sobre la mente del impostor.

   La vida de nadie de Cortés traslada el caso a España y se enfoca en el impacto familiar y social. Es más emocional, más accesible. Es una película sobre las consecuencias humanas de la mentira.

El protagonista: tres formas de mirar el abismo

  Laurent Cantet nos presenta en El empleo del tiempo un personaje opaco. No lo explica. Lo observa desde fuera. Es casi un enigma existencial

  Nicole García en El adversario apuesta por la literalidad e intenta penetrar en su psicología. Hay más introspección y más explicación. El espectador sabe más, pero no lo sabe todo, se decanta por la ambigüedad psicológica.

   Eduard Cortés en La vida de nadie humaniza más al personaje, lo acerca al espectador. Es más reconocible como persona normal. Te acercas a él con una empatía incómoda.

El tiempo y la mentira como elementos clave en el tríptico

     En El empleo del tiempo, el tiempo es el tema central. Planos largos, repetición, vacío: carreteras, párkings, esperas. Sientes físicamente la mentira.

   En El adversario el tiempo es narrativo. Va transitando hacia el desenlace trágico. Tiene una estructura más clásica. El tiempo pesa como una losa cuando acompaña los pensamientos y la mentira que crece como una bola de nieve.

     En la vida de nadie el tiempo es emocional. Tiene un ritmo más directo. Enfocado en relaciones. El tiempo se nota menos pesado, pero la mentira sirve el drama.

El tono moral y el montaje como ideología

      Laurent Cantet no juzga, apenas explica, no cierra. La identidad es una construcción frágil y vacía.

     Nicole García busca comprender. Hay una mirada moral, pero compleja. El mal puede ser banal, pero tiene raíces psicológicas.

   Eduard Cortés nos presenta un relato emocional más transparente y más cercano al espectador. La mentira destruye todo lo cotidiano.

El fuera de campo: un recurso clave

    En El empleo del tiempo lo importante está fuera de campo. El vacío es el sentido, y el desperdicio del tiempo la innegable voluntad.

   En El adversario, la adaptación más literal del libro de Emmanuel Carrèrre, se nos muestra más, pero se oculta lo esencial. El crimen tiene el peso del destino.

  En La vida de nadie se reduce el fuera de campo, hace más explícitas las consecuencias. Encontramos mayor simplicidad narrativa.

Conclusión

   El mismo hecho real no existe como tal para los tres cineastas. Existe lo que cada director decide montar, mostrar y ocultar.

    Lo fascinante es que, si Cantet te deja en el vacío, García te acerca al horror y Cortés te sumerge en el drama, son tres experiencias morales completamente distintas a partir del mismo protagonista: un Jean-Claude Romand que en 2019 abandonó la prisión.

Tres miradas, tres tonos, tres ideas sobre Jean-Claude Romand

    El empleo del tiempo es un retrato frío y casi hipnótico del vacío: la mentira se aleja del drama para convertirse en rutina. Cantet elimina el morbo del escalofriante crimen y se centra en el tiempo muerto, en la deriva silenciosa de alguien que ya no tiene identidad. Resulta muy interesante e inquietante porque no pierde tiempo en explicaciones.

    El adversario es una traslación más cercana al hecho real, busca entender, no justificar. Penetra en la psicología de un impostor y construye una ambigüedad irritante, convirtiéndose en un estudio de la patología de la mentira llevada al límite, y tal vez del autoengaño.

    La vida de nadie es la adaptación más emocional y accesible. Traslada el caso a lo cotidiano y pone el foco en el daño causado. Aquí la mentira es tangible: rompe familias y amistades, destruye vínculos y deja un rastro reconocible y doloroso en su itinerario.

 Tres películas, un mismo origen… y tres formas de enfrentarse a algo profundamente perturbador: vivir una vida que no existe.

sábado, 4 de abril de 2026

DOS DE PETER MEDAK: “AL FINAL DE LA ESCALERA” Y “DOBLE JUEGO”


    Las películas Al final de la escalera (The Changeling, 1980) y Doble juego (Romeo is Bleeding, 1993) muestran dos facetas muy distintas del talento del director de origen húngaro Peter Medak, pero ambas comparten una atmósfera inquietante y un enfoque muy personal de la tensión y el suspense cinematográfico. 

ALFINAL DE LA ESCALERA

   Al final de la escalera es, para muchos aficionados entre los que me encuentro, una de las grandes joyas del cine de casas encantadas. La historia sigue a un compositor, John Russell (George C. Scott) que, tras una tragedia en la que ha perdido a su familia, se muda de Nueva York a una mansión solitaria en Seattle donde comienzan a ocurrir fenómenos inexplicables. Hasta que un día descubre una habitación secreta ubicada al final de la escalera.

   Medak construye el terror de forma clásica tomando como escenario un impresionante caserón y sus múltiples estancias vacías y una sensación constante de duelo. Lo más destacable es el carácter evocador del relato que evita el gore y el susto fácil: aquí el duelo nace de lo emocional, de la pérdida y del pasado que se niega a desaparecer.

    La interpretación de George C. Scott aporta una gravedad poco habitual en el género, elevando la historia hacia un drama sobrenatural profundamente humano. La utilización sugerente del escenario, largas panorámicas, la cámara auscultando cada rincón y el uso del sonido -golpes lejanos, ecos de una pelota rebotando- se convierten en elementos narrativos clave que siguen resultando escalofriantes y perturbadores en cada nuevo visionado. Estamos ante una obra elegante, contenida y muy influyente en el cine posterior.

DOBLE JUEGO

    En Doble juego nos encontramos con el reverso estilístico de la anterior: una película caótica, estilizada, contaminada por la época en que se rodó y cargada de cinismo. Aquí seguimos a un sargento corrupto de la policía, Jack Grimaldi (Gary Oldman) que informa a la mafia sobre sobre la ubicación de los testigos protegidos y que está atrapado en una espiral de traiciones, violencia y deseo. La función destaca por su tono neo-noir enfático, con una narrativa fragmentada y una estética que roza lo alucinatorio.

   Gary Oldman ofrece una actuación intensa e histriónica (muy parecida a la que nos regala en El profesional de Besson) perfectamente alineada con el carácter autodestructivo del protagonista. Pero quien realmente se hace dueña de la película es Lena Olin en el papel de Mona, mujer vinculada a la mafia y acusada de matar a varios agentes federales, y cuya presencia magnética y muy peligrosa convierte cada escena en algo imprevisible.

   Medak apuesta aquí por un estilo visual agresivo, una preciosa fotografía de Dariusz Wolski con colores saturados y una violencia casi operística y fascinante, tanto como el toque erótico que aportan la inocente Juliette Lewis como amante de Grimaldi o la misma actriz sueca Lena Olin, tan bella y venenosa como una serpiente Coral Azul.