sábado, 13 de junio de 2026

CRÍTICA: "BACKROOMS" (Kane Parsons, 2026)

 

Un laberinto de pesadilla

“BACKROOMS”  êêê

DIRECTOR: Kane Parsons.

INTÉRPRETES: Renate Reinsve, Chiwetel Parsons, Finn Bennett, Lukita Maxwell, Mark Duplass, Krista Kosonen, Avan Jogia.

GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 110 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026

   Con Backrooms, Kane Parsons afronta uno de los desafíos más complejos del cine contemporáneo: convertir un fenómeno nacido en internet en una obra cinematográfica capaz de sostenerse por sí misma. El resultado es una película que, aunque imperfecta, demuestra una notable ambición artística y una comprensión muy precisa de los mecanismos del terror psicológico.

   La función nos presenta a la Dra. Mary Kline (Renate Reinsve), una terapeuta marcada por sus propios traumas, que se embarca en la búsqueda de un paciente desaparecido tras atravesar una extraña surgida en el sótano de una tienda de muebles. Al cruzarla. Descubre los Backrooms: un laberinto infinito de oficinas vacías, pasillos amarillos y espacios imposibles donde las leyes de la realidad parecen haberse roto. Durante su viaje se cruza con Clark (Chiwetel Ejiofor), un investigador obsesionado con comprender el origen de ese mundo, y con Phil (Mark Duplass), un hombre que conoce más de lo que está dispuesto a revelar. Mientras la dimensión comienza a deformar sus recuerdos y emociones, Mary deberá enfrentarse tanto a las criaturas que habitan el lugar como a sus propios miedos.

   Kane Parsons demuestra con Backrooms que el salto desde el contenido digital al largometraje no tiene por qué implicar una pérdida de la identidad. La película conserva la esencia inquietante de los vídeos que hicieron famoso al director. Pero la amplía mediante una narrativa más ambiciosa y emocional. Su mayor virtud es la atmósfera, el joven director entiende que el terror más afectivo no proviene de los monstruos ni los sobresaltos, sino de la sensación de estar atrapado en un lugar que desafía toda lógica. Los interminables pasillos, las habitaciones vacías y la iluminación artificial generan una inquietud constante. El espectador nunca se siente seguro porque nunca llega a comprender realmente el espacio que observa.

     La película resulta visualmente impresionante. Cada encuadre parece diseñado para transmitir aislamiento y desorientación. Los escenarios poseen una cualidad onírica que convierte las Backrooms en algo más que un simple escenario y se convierten en un personaje más. La dirección consigue que los espacios vacíos parezcan cargados de amenazas invisibles. Las interpretaciones también contribuyen al éxito de la propuesta. Renate Reinsve aporta humanidad y vulnerabilidad a Mry Kline, convirtiéndola en el ancla emocional del relato. Chiwetel Ejiofor erige un Clark complejo, obsesivo y progresivamente perturbado por aquello que intenta comprender. Ambos sostienen una historia que, en ocasiones, corre el riesgo de perderse en sus propios enigmas.

    No obstante, Backrooms presenta algunas debilidades. El libreto dedica tanto esfuerzo a desarrollar la mitología de las Backrooms que ciertos personajes secundarios apenas están perfilados con cuatro brochazos. Además, algunas explicaciones sobre la naturaleza del lugar reducen parte del misterio que hacía tan fascinante el concepto original.  En algunos momentos, la película parece más interesada en explorar su universo visual que en construir conflictos humanos verdaderamente memorables: busca reafirmarse en la idea de que lo desconocido suele ser más aterrador que cualquier respuesta.

     Aun así, Backrooms sobresale como una de las respuestas de terror más originales de los últimos años y nos invita a una experiencia inmersiva, inquietante y visualmente imponente que confirma a Kane Parsons como una de las voces más prometedoras del género con una sensibilidad excepcional para la ambientación. La película, más que una película de monstruos, es una turbadora pesadilla sobre la soledad, la pérdida y el miedo a quedar atrapado para siempre en nuestros propios recuerdos. Nunca busca ser una experiencia cómoda ni convencional, lo que pretende es sumergir al espectador en una dimensión abstracta donde la lógica deja de existir.

sábado, 6 de junio de 2026

CRÍTICA: "LA DESCONOCIDA" (Gabe Ibáñez, 2026)

 

Un thriller anodino

“LA DESCONOCIDA”  êê

DIRECTOR: Gabe Ibáñez.

INTÉRPRETES: Candela Peña, Pol López, Ana Rujas, Manolo Solo, Kira Miró, Estér Noya.

GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 105 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2026

   Hay películas de suspense que consiguen enganchar porque esconden información. Otras porque saben dosificarla. La desconocida pertenece a una tercera categoría menos agradecida: la de las películas que retienen información durante buena parte del metraje para dar profundidad, aunque lo que esconden no siempre esté a la altura de lo que se espera.

    Gabe Ibáñez parte de una premisa prometedora: una mujer (Ana Rujas) sin memoria ni documentos es hallada amordazada y maniatada y con señales de haber sido torturada dentro de un contenedor en el puerto de Barcelona. Incapaz de recordar su identidad, es trasladada a un hospital donde su vida vuelve a correr peligro tras un intento de asesinato. La detective Anna Ripoll (Candela Peña) es asignada a investigar este enigmático caso junto a Quique Zárate (Pol López). Juntos se embarcarán en una carrera contrarreloj por descubrir la carrera de esta misteriosa mujer y los secretos ocultos en su memoria.

   Basada en la novela de Rosa Montero y Olivier Truc, la situación invita a pensar en un thriller psicológico tenso rebosante de capas y revelaciones. Sin embargo, la película tarda demasiado en encontrar un itinerario claro. Durante gran parte del recorrido, el espectador avanza más por inercia que por auténtica fascinación. El principal problema es que el misterio nunca resulta tan intrigante como la película cree. Cada nueva pista parece diseñada para retrasar la explicación en lugar de enriquecerla.

   La narración se mueve a base de sospechas, conversaciones insinuantes y personajes que tal vez saben más de lo que cuentan. Un recurso eficaz cuando existe una verdadera sensación de peligro, pero aquí acaba generando pereza y distancia. El espectador nunca encuentra motivos para implicarse totalmente en el enigma. Cierto que las interpretaciones cumplen medianamente. Una Candela Peña depresiva debido a una tragedia familiar, aporta un toque de profesionalidad a un personaje que, no obstante, está escrito de una forma bastante funcional. Lo mismo ocurre con el resto del reparto: nadie desentona, pero ninguno dejará huella.

  A Gabe Ibáñez se le nota oficio. Visualmente La desconocida está construida por atmósferas sombrías y espacios que generan cierta inquietud. El problema es que la forma acaba resultando más interesante que el contenido. Hay secuencias que parecen anunciar una complejidad que luego el guión no desarrolla. Es como contemplar la fachada de un edificio elegante para descubrir después que las estancias se encuentran prácticamente vacías. Quizá la mayor decepción sea que la función parece estar convencida de estar contando algo muy original y sofisticado cuando, en realidad, su resolución remite a mecanismos bastante convencionales del género. El desenlace explica muchas cosas, pero no las vuelve más interesantes.

  No quiero afirmar con esto que La desconocida sea una película despreciable. El reparto cumple sin más, la fotografía resulta estimulante, la violencia siempre fuera de campo y el conjunto se deja ver con facilidad sin que deje ningún poso. Pero no posee la intensidad, la originalidad ni la capacidad de sorpresa que su planteamiento prometía. Al final deja una sensación extraña: la de haber asistido a un misterio que se toma demasiado en serio a sí mismo, aunque nunca termine de convencer de que merecía tanto interés y secreto. Una película que confunde opacidad con profundidad y misterio con interés dramático.

sábado, 30 de mayo de 2026

CRÍTICA: "OBSSESSION" (Curry Barker, 2025)

 

 Piensa bien en lo que deseas

“OBSSESSION”  êêêê

DIRECTOR: Curry Barker.

INTÉRPRETES: Michael Jhonston, Inde Navarrete, Cooper Tominson, Megan Lawless, Andy Richter, Haley Fitgerald, Chloe Breen.

GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 100 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2025

   Obssession es una película de terror que toma como premisa una idea tan antigua como universal (el deseo de ser amado por alguien que no nos corresponde) y la transforma en una experiencia inquietante y sorprendentemente reflexiva. Ópera prima de Curry Barker, la función se mueve entre el horror sobrenatural y el thriller psicológico para examinar los límites entre el amor, la dependencia y la posesión.

    La historia gira en torno a Bear (Michael Jhonston) un chico tímido y emocionalmente dependiente que desea desesperadamente conquistar a Nikki (Inde Navarrete), pero incapaz de aceptar que sus sentimientos no son compartidos, utiliza un objeto mágico que altera la realidad y su deseo se cumple de forma literal. Sin embargo, lo que comienza como una fantasía romántica, pronto se transformará en una espiral de enfermiza, de posesión, violencia y pérdida de identidad. Así, el afecto deja de ser una elección y se convierte en una prisión. A partir de este planteamiento, la película explora cómo los deseos más íntimos pueden esconder impulsos egoístas que terminan destruyendo aquello que se desea proteger.

     Uno de los aspectos más sugerentes e interesantes de Obssession es su capacidad para generar inquietud sin depender de los recursos más habituales del género. Aunque nos encontramos con momentos de verdadera tensión y secuencias altamente impactantes, el verdadero terror nace de la evolución de sus personajes y de la manera en que la relación central se degrada progresivamente. Barker comprende que la pérdida de libertad emocional puede resultar más aterradora que cualquier criatura o amenaza sobrenatural.

   En un plano visual, la película apuesta por una atmósfera oscura y opresiva que refuerza la sensación de que algo está profundamente fuera de lugar. La puesta en escena evita el exceso y prefiere construir un malestar constante que se amplifica a medida que se desarrolla la trama. Esta contención beneficia especialmente a los momentos más perturbadores, que adquieren una fuerza mayor precisamente porque no están rodeados de artificios innecesarios. Las interpretaciones contribuyen de forma decisiva a que la premisa funcione. Los protagonistas consiguen transmitir la vulnerabilidad, el deseo y el miedo que exige la historia, permitiendo que el espectador se implique emocionalmente incluso cuando los acontecimientos se vuelven cada vez más extremos.

 Si bien algunos desarrollos narrativos podrían haberse explorado con mayor profundidad, Obssessión destaca por su ambición temática y por su voluntad de utilizar el terror para acercarnos a cierto tipo de problemas muy humanos. No estamos únicamente ante una historia sobre un deseo que sale mal; es ante todo una reflexión sobre la necesidad de aceptar los límites de los demás y de los peligros de confundir amor con control. El resultado es una película inteligente, rebosante de humor negro y lo bastante inquietante como para permanecer en la memoria mucho más allá de los créditos finales, una pesadilla romántica sobre las dinámicas tóxicas de las obsesiones amorosas que acaba convirtiéndose en una de las sorpresas más aplaudidas del cine te terror reciente.