Existen tres películas que se basan en un mismo y espeluznante hecho real, el protagonizado por el asesino y falso médico francés Jean-Claude Romand, que durante 18 años vivió una vida rebosante de mentiras y que asesinó a su mujer, sus dos hijos y a sus padres cuando vio que la falsa vida que se había inventado, en la que se hizo pasar por un alto funcionario de la OMS, iba a quedar al descubierto.
Una auténtica matanza que estremeció a toda Francia. Como las tres películas: El empleo del tiempo (Laurent Cantet, 2001) El adversario (Nicole García, 2002) y La vida de nadie (Eduard Cortés, 2002) son magníficas, aunque la primera de ellas es para mí la mejor, me centraré en algunos puntos de interés y divergencias contrastando las tres adaptaciones cinematográficas, que no son otra cosa que aproximaciones al magistral libro de Emmanuel Carrère.
Punto de partida
El empleo del tiempo de Cantet no adapta el crimen directamente -de hecho, no existe tal crimen- le interesa el tiempo vacío, la rutina de la mentira. Aquí lo que interesa es el antes, los preámbulos que pueden llevar al crimen. La película se centra en cómo se sostiene una vida falsa.
El adversario de García, es más fiel al caso real. Se centra en la psicología de Jean- Claude Romand. Intenta entender el “por qué”. Es una película sobre la mente del impostor.
La vida de nadie de Cortés traslada el caso a España y se enfoca en el impacto familiar y social. Es más emocional, más accesible. Es una película sobre las consecuencias humanas de la mentira.
El protagonista: tres formas de mirar el abismo
Laurent Cantet nos presenta en El empleo del tiempo un personaje opaco. No lo explica. Lo observa desde fuera. Es casi un enigma existencial
Nicole García en El adversario apuesta por la literalidad e intenta penetrar en su psicología. Hay más introspección y más explicación. El espectador sabe más, pero no lo sabe todo, se decanta por la ambigüedad psicológica.
Eduard Cortés en La vida
de nadie
humaniza más al personaje, lo acerca al espectador. Es más reconocible como
persona normal. Te acercas a él con una empatía incómoda.
El tiempo y la mentira como elementos clave en el tríptico
En El empleo del tiempo, el tiempo es el tema central. Planos largos, repetición, vacío: carreteras, párkings, esperas. Sientes físicamente la mentira.
En El adversario el tiempo es narrativo. Va transitando hacia el desenlace trágico. Tiene una estructura más clásica. El tiempo pesa como una losa cuando acompaña los pensamientos y la mentira que crece como una bola de nieve.
En la vida de nadie el tiempo es emocional. Tiene un ritmo más directo. Enfocado en relaciones. El tiempo se nota menos pesado, pero la mentira sirve el drama.
El tono moral y el montaje como ideología
Laurent Cantet no juzga, apenas explica,
no cierra. La identidad es una construcción frágil y vacía.
Nicole García busca comprender. Hay una mirada moral, pero compleja. El mal puede ser banal, pero tiene raíces psicológicas.
Eduard Cortés nos presenta un relato emocional más transparente y más cercano al espectador. La mentira destruye todo lo cotidiano.
El fuera de campo: un recurso clave
En El empleo del tiempo lo importante está fuera de campo. El vacío es el sentido, y el desperdicio del tiempo la innegable voluntad.
En El adversario, la adaptación más literal del libro de Emmanuel Carrèrre, se nos muestra más, pero se oculta lo esencial. El crimen tiene el peso del destino.
En La vida de nadie se reduce el fuera de campo, hace más explícitas las consecuencias. Encontramos mayor simplicidad narrativa.
Conclusión
El
mismo hecho real no existe como tal para los tres cineastas. Existe lo que cada
director decide montar, mostrar y ocultar.
Tres miradas, tres tonos, tres ideas sobre Jean-Claude Romand
El empleo del tiempo es un retrato frío y casi hipnótico del vacío: la mentira se aleja del drama para convertirse en rutina. Cantet elimina el morbo del escalofriante crimen y se centra en el tiempo muerto, en la deriva silenciosa de alguien que ya no tiene identidad. Resulta muy interesante e inquietante porque no pierde tiempo en explicaciones.
El adversario es una traslación más cercana al hecho real, busca entender, no justificar. Penetra en la psicología de un impostor y construye una ambigüedad irritante, convirtiéndose en un estudio de la patología de la mentira llevada al límite, y tal vez del autoengaño.
La vida de nadie es la adaptación más emocional y accesible. Traslada el caso a lo cotidiano y pone el foco en el daño causado. Aquí la mentira es tangible: rompe familias y amistades, destruye vínculos y deja un rastro reconocible y doloroso en su itinerario.
Tres películas, un mismo origen… y tres formas de
enfrentarse a algo profundamente perturbador: vivir una vida que no existe.

















































