PLEIN SOLEIL (1960)
A pleno sol, adaptación libre de The Talented Mr. Ripley de Patricia Highsmith, constituye una cumbre del thriller psicológico europeo de la década de los 60. René Clément construye una película elegante y perturbadora donde el crimen no surge de un simple arrebato pasional, sino de una ambición fría y calculada. Desde el comienzo, la función establece una atmósfera de belleza mediterránea en contraste con la oscura moral del protagonista.
Tom Ripley (Alain Delon) es enviado a Europa por el señor Greenleaf para buscar a su hijo Philip (Maurice Ronet), un playboy mimado, y llevarlo de vuelta a Estados Unidos. A cambio recibirá 5000 dólares. Philip engaña a Tom fingiendo que está decidido a volver, pero no tiene ninguna intención de dejar a su prometida, Marge (Marie Laforêt), ni de cumplir los deseos de su padre.
La potente energía de la película reside en la superlativa interpretación de un Alain Delon con 25 años dando oxígeno a Tom Ripley. Delon convierte al personaje en una figura magnética: bellísimo, sereno y aparentemente inofensivo, pero atravesado por un vacío existencial y moral absoluto. Su rostro impasible funciona como una máscara perfecta detrás de la cual se oculta la envidia, los celos, el resentimiento y el deseo de una alta posición social. La película entiende que el verdadero peligro de Ripley no es su violencia, sino su capacidad para adaptarse y mimetizarse con el entorno. El recordado actor francés logra que el espectador sienta por él la misma fascinación que rechazo, lo cual es esencial para que el relato funcione.
Clément aprovecha los paisajes italianos de Roma, Nápoles y la costa mediterránea no sólo como decorado turístico, sino como parte fundamental de la narración. El sol, omnipresente, el mar de un azul cegador y los espacios abiertos generan una sensación paradójica: cuánto más luminosa es la imagen, más turbia se vuelve la historia. La fotografía de Henri Decaë refuerza esta dualidad con una composición refinada y precisa, cercana por momentos al cine negro, aunque bañada por la armonía de unos colores cálidos y veraniegos.
Frente al tono más introspectivo y melancólico de versiones posteriores, A pleno sol apuesta por una sequedad narrativa admirable. Clément desprecia los sentimentalismos y se concentra en la tensión derivada de la impostura y el engaño. Cada gesto de Ripley parece cuidadosamente medido, y el suspense nace de observar hasta dónde puede sostener su fatal mentira.
Sé que algunos críticos tildaron en su día el
desenlace de moralizante, y que de esa manera traiciona parcialmente el
espíritu ambiguo de Highsmith, pero la película no es la novela y conserva
intacta su capacidad de seducción. Vista hoy, A plano sol sigue
siendo un thriller sofisticado, retorcido y cruel, donde el crimen aparece
ligado al deseo de ocupar el lugar y la identidad de otro. Bajo la luz deslumbrante
del Mediterráneo, Clément revela un universo donde la identidad es una máscara
y la belleza puede esconder una amenaza letal.













































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