El conformista constituye una de las exploraciones cinematográficas más complejas sobre la relación entre subjetividad, poder y la violencia política en el contexto del fascismo europeo. Adaptando la novela homónima de Alberto Moravia, la película narra el itinerario de Marcello Clerici (Jean-Louis Trintingnant) un funcionario busca desesperadamente la normalidad social y cuya adhesión al régimen fascista surge menos de una convicción ideológica que de una profunda necesidad de integración social. Cuando apenas era un adolescente, Clerici disparó a un adulto homosexual que intentó seducirlo. Pasados los años, Clerici es un profesor respetable de filosofía que abraza la ideología fascista y va a casarse con Giulia (Stefania Sandrelli). Con contactos con el servicio secreto, se muestra dispuesto a combinar su luna de miel en París con un atentado contra un exiliado político italiano que había sido profesor suyo.
Desde una perspectiva formal, la obra destaca por la extraordinaria fotografía de Vittorio Storaro, cuya utilización de la luz, las sombras y las composiciones geométricas traduce visualmente los conflictos internos del protagonista. Los espacios arquitectónicos y perspectivas monumentales, reflejan la opresión de un orden político que absorbe la individualidad. La puesta en escena convierte el entorno en una extensión de la psicología de Marcello, articulando una estética donde la belleza visual convive con una inquietante sensación de alienación.
Bertolucci evita interpretar el fascismo como una anomalía histórica desligada de la experiencia cotidiana. Por el contrario, lo presenta como el resultado extremo de impulsos sociales reconocibles: el deseo de pertenencia, el miedo a la indiferencia y la renuncia a la autonomía moral. En este sentido, la figura del protagonista adquiere una dimensión alegórica. Su conformismo no expresa únicamente una patología individual, sino una disposición colectiva capaz de sostener estructuras autoritarias.
La narrativa fragmentada, construida
mediante saltos temporales y asociaciones subjetivas, refuerza la ambigüedad
moral del relato. Lejos de ofrecer explicaciones psicológicas simplistas, la
película expone las contradicciones que atraviesan a su personaje principal. El
resultado es una obra de una notable densidad intelectual que combina análisis
histórico, sofisticación estética y hondura psicológica. Mas que una
denuncia del fascismo, El conformista constituye una reflexión magistral
y por eso perdurable sobre los mecanismos mediante los cuales los individuos
pueden llegar a colaborar con sistemas totalitarios.



































