“SICKO” êêê
DIRECTOR: Aitore Zholdaskali.
INTÉRPRETES: Ayan Utepbergenov, Dinaz Kurmangali, Azat
Zhumadil, Aida Kurmangaliyeva.
GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 101 minutos / PAÍS: Kazajistán / AÑO: 2025
Sicko, ópera prima del director kazajo Aitore Zholdaskali, es la película más salvaje exhibida en el pasado Festival de Sitges. Una historia que sigue a Azamat (Ayan Utepbergenov) y Tansholpan (Dinaz Kurmangali), una joven pareja de la ciudad de Almaty ahogada por las deudas financieras. Para solucionarlo deciden fingir que ella padece una enfermedad terminal y lanzan una campaña de crowdfunding. Con la ayuda de un técnico de laboratorio corrupto amigo de Azamat, la mentira se convierte en viral y consiguen una gran cantidad de dinero y fama mediática. Sin embargo, la situación se descontrola rápidamente cuando atraen la atención de criminales de los bajos fondos y se ven envueltos en una espiral de avaricia y violencia.
Sicko es una de esas películas concebidas para arrastrar al público hacia un territorio que sólo puede ser transitado por estómagos fuertes. Esta producción kazaja arranca como una comedia negra de considerable mala uva, pues lo que inicialmente comienza como una sátira sobre la precariedad económica, la codicia y la instrumentalización de las desgracias humanas y la compasión colectiva pronto adquiere una dimensión mucho más perturbadora.
La película nos presenta dos partes muy bien diferenciadas. La primera dominada por el humor negro y el absurdo, constituye una mirada corrosiva sobre una sociedad en la que incluso la desgracia puede convertirse en mercancía. La segunda parte abandona progresivamente la contención satírica para internarse en una espiral de violencia brutal, con un exhibicionismo de carnicería visceral en la que Zholdaskali parece disfrutar llevando hasta sus últimas consecuencias.
Esta ruptura tonal constituye su principal singularidad y a la vez, su mayor controversia. La violencia acaba desplazando buena parte de la inteligencia de la propuesta inicial y transforma la sátira en un espectáculo de provocación extrema que, a mí, particularmente acostumbrado a todo tipo de extremismo cinematográfico, no me molesta. Y no me incomoda porque sería injusto reducir Sicko a su voluntad de escandalizar.
Su personalidad también reside en una puesta en escena singularmente estilizada. La cinematografía de Badgat Argynov y su expresivo manejo de la cámara imprimen dinamismo, sofisticación visual, unos magníficos planos secuencia, un montaje impecable y una considerable fuerza atmosférica al relato. La música electrónica, la incorporación de un tema de Gorillaz y el original Sicko From Score refuerzan esa identidad sonora contemporánea, estableciendo un contrapunto especialmente sugerente entre el absurdo, la ironía y la ultraviolencia.
Zholdaskali, un cineasta a seguir por todos
los aficionados al género, demuestra pulso, desparpajo narrativo y una notable
disposición para dinamitar las convenciones acomodaticias del relato criminal siguiendo
la caótica dinámica de la pareja protagonista. Sicko es un thriller sádico, una
propuesta solvente, aunque irregular, salvaje e intencionadamente provocadora
y excesiva, que encuentra en su propia desmesura su atractivo y sus
limitaciones.












.jpg)






































