sábado, 6 de junio de 2026

CRÍTICA: "LA DESCONOCIDA" (Gabe Ibáñez, 2026)

 

Un thriller anodino

“LA DESCONOCIDA”  êê

DIRECTOR: Gabe Ibáñez.

INTÉRPRETES: Candela Peña, Pol López, Ana Rujas, Manolo Solo, Kira Miró, Estér Noya.

GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 105 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2026

   Hay películas de suspense que consiguen enganchar porque esconden información. Otras porque saben dosificarla. La desconocida pertenece a una tercera categoría menos agradecida: la de las películas que retienen información durante buena parte del metraje para dar profundidad, aunque lo que esconden no siempre esté a la altura de lo que se espera.

    Gabe Ibáñez parte de una premisa prometedora: una mujer (Ana Rujas) sin memoria ni documentos es hallada amordazada y maniatada y con señales de haber sido torturada dentro de un contenedor en el puerto de Barcelona. Incapaz de recordar su identidad, es trasladada a un hospital donde su vida vuelve a correr peligro tras un intento de asesinato. La detective Anna Ripoll (Candela Peña) es asignada a investigar este enigmático caso junto a Quique Zárate (Pol López). Juntos se embarcarán en una carrera contrarreloj por descubrir la carrera de esta misteriosa mujer y los secretos ocultos en su memoria.

   Basada en la novela de Rosa Montero y Olivier Truc, la situación invita a pensar en un thriller psicológico tenso rebosante de capas y revelaciones. Sin embargo, la película tarda demasiado en encontrar un itinerario claro. Durante gran parte del recorrido, el espectador avanza más por inercia que por auténtica fascinación. El principal problema es que el misterio nunca resulta tan intrigante como la película cree. Cada nueva pista parece diseñada para retrasar la explicación en lugar de enriquecerla.

   La narración se mueve a base de sospechas, conversaciones insinuantes y personajes que tal vez saben más de lo que cuentan. Un recurso eficaz cuando existe una verdadera sensación de peligro, pero aquí acaba generando pereza y distancia. El espectador nunca encuentra motivos para implicarse totalmente en el enigma. Cierto que las interpretaciones cumplen medianamente. Una Candela Peña depresiva debido a una tragedia familiar, aporta un toque de profesionalidad a un personaje que, no obstante, está escrito de una forma bastante funcional. Lo mismo ocurre con el resto del reparto: nadie desentona, pero ninguno dejará huella.

  A Gabe Ibáñez se le nota oficio. Visualmente La desconocida está construida por atmósferas sombrías y espacios que generan cierta inquietud. El problema es que la forma acaba resultando más interesante que el contenido. Hay secuencias que parecen anunciar una complejidad que luego el guión no desarrolla. Es como contemplar la fachada de un edificio elegante para descubrir después que las estancias se encuentran prácticamente vacías. Quizá la mayor decepción sea que la función parece estar convencida de estar contando algo muy original y sofisticado cuando, en realidad, su resolución remite a mecanismos bastante convencionales del género. El desenlace explica muchas cosas, pero no las vuelve más interesantes.

  No quiero afirmar con esto que La desconocida sea una película despreciable. El reparto cumple sin más, la fotografía resulta estimulante, la violencia siempre fuera de campo y el conjunto se deja ver con facilidad sin que deje ningún poso. Pero no posee la intensidad, la originalidad ni la capacidad de sorpresa que su planteamiento prometía. Al final deja una sensación extraña: la de haber asistido a un misterio que se toma demasiado en serio a sí mismo, aunque nunca termine de convencer de que merecía tanto interés y secreto. Una película que confunde opacidad con profundidad y misterio con interés dramático.

sábado, 30 de mayo de 2026

CRÍTICA: "OBSSESSION" (Curry Barker, 2025)

 

 Piensa bien en lo que deseas

“OBSSESSION”  êêêê

DIRECTOR: Curry Barker.

INTÉRPRETES: Michael Jhonston, Inde Navarrete, Cooper Tominson, Megan Lawless, Andy Richter, Haley Fitgerald, Chloe Breen.

GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 100 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2025

   Obssession es una película de terror que toma como premisa una idea tan antigua como universal (el deseo de ser amado por alguien que no nos corresponde) y la transforma en una experiencia inquietante y sorprendentemente reflexiva. Ópera prima de Curry Barker, la función se mueve entre el horror sobrenatural y el thriller psicológico para examinar los límites entre el amor, la dependencia y la posesión.

    La historia gira en torno a Bear (Michael Jhonston) un chico tímido y emocionalmente dependiente que desea desesperadamente conquistar a Nikki (Inde Navarrete), pero incapaz de aceptar que sus sentimientos no son compartidos, utiliza un objeto mágico que altera la realidad y su deseo se cumple de forma literal. Sin embargo, lo que comienza como una fantasía romántica, pronto se transformará en una espiral de enfermiza, de posesión, violencia y pérdida de identidad. Así, el afecto deja de ser una elección y se convierte en una prisión. A partir de este planteamiento, la película explora cómo los deseos más íntimos pueden esconder impulsos egoístas que terminan destruyendo aquello que se desea proteger.

     Uno de los aspectos más sugerentes e interesantes de Obssession es su capacidad para generar inquietud sin depender de los recursos más habituales del género. Aunque nos encontramos con momentos de verdadera tensión y secuencias altamente impactantes, el verdadero terror nace de la evolución de sus personajes y de la manera en que la relación central se degrada progresivamente. Barker comprende que la pérdida de libertad emocional puede resultar más aterradora que cualquier criatura o amenaza sobrenatural.

   En un plano visual, la película apuesta por una atmósfera oscura y opresiva que refuerza la sensación de que algo está profundamente fuera de lugar. La puesta en escena evita el exceso y prefiere construir un malestar constante que se amplifica a medida que se desarrolla la trama. Esta contención beneficia especialmente a los momentos más perturbadores, que adquieren una fuerza mayor precisamente porque no están rodeados de artificios innecesarios. Las interpretaciones contribuyen de forma decisiva a que la premisa funcione. Los protagonistas consiguen transmitir la vulnerabilidad, el deseo y el miedo que exige la historia, permitiendo que el espectador se implique emocionalmente incluso cuando los acontecimientos se vuelven cada vez más extremos.

 Si bien algunos desarrollos narrativos podrían haberse explorado con mayor profundidad, Obssessión destaca por su ambición temática y por su voluntad de utilizar el terror para acercarnos a cierto tipo de problemas muy humanos. No estamos únicamente ante una historia sobre un deseo que sale mal; es ante todo una reflexión sobre la necesidad de aceptar los límites de los demás y de los peligros de confundir amor con control. El resultado es una película inteligente, rebosante de humor negro y lo bastante inquietante como para permanecer en la memoria mucho más allá de los créditos finales, una pesadilla romántica sobre las dinámicas tóxicas de las obsesiones amorosas que acaba convirtiéndose en una de las sorpresas más aplaudidas del cine te terror reciente.

sábado, 23 de mayo de 2026

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: “A PLENO SOL” (René Clément, 1960)

 


PLEIN SOLEIL (1960)

  A pleno sol, adaptación libre de The Talented Mr. Ripley de Patricia Highsmith, constituye una cumbre del thriller psicológico europeo de la década de los 60. René Clément construye una película elegante y perturbadora donde el crimen no surge de un simple arrebato pasional, sino de una ambición fría y calculada. Desde el comienzo, la función establece una atmósfera de belleza mediterránea en contraste con la oscura moral del protagonista.

   Tom Ripley (Alain Delon) es enviado a Europa por el señor Greenleaf para buscar a su hijo Philip (Maurice Ronet), un playboy mimado, y llevarlo de vuelta a Estados Unidos. A cambio recibirá 5000 dólares. Philip engaña a Tom fingiendo que está decidido a volver, pero no tiene ninguna intención de dejar a su prometida, Marge (Marie Laforêt), ni de cumplir los deseos de su padre.

   La potente energía de la película reside en la superlativa interpretación de un Alain Delon con 25 años dando oxígeno a Tom Ripley. Delon convierte al personaje en una figura magnética: bellísimo, sereno y aparentemente inofensivo, pero atravesado por un vacío existencial y moral absoluto. Su rostro impasible funciona como una máscara perfecta detrás de la cual se oculta la envidia, los celos, el resentimiento y el deseo de una alta posición social. La película entiende que el verdadero peligro de Ripley no es su violencia, sino su capacidad para adaptarse y mimetizarse con el entorno. El recordado actor francés logra que el espectador sienta por él la misma fascinación que rechazo, lo cual es esencial para que el relato funcione.

  Clément aprovecha los paisajes italianos de Roma, Nápoles y la costa mediterránea no sólo como decorado turístico, sino como parte fundamental de la narración. El sol, omnipresente, el mar de un azul cegador y los espacios abiertos generan una sensación paradójica: cuánto más luminosa es la imagen, más turbia se vuelve la historia. La fotografía de Henri Decaë refuerza esta dualidad con una composición refinada y precisa, cercana por momentos al cine negro, aunque bañada por la armonía de unos colores cálidos y veraniegos.

  Frente al tono más introspectivo y melancólico de versiones posteriores, A pleno sol apuesta por una sequedad narrativa admirable. Clément desprecia los sentimentalismos y se concentra en la tensión derivada de la impostura y el engaño. Cada gesto de Ripley parece cuidadosamente medido, y el suspense nace de observar hasta dónde puede sostener su fatal mentira.

   Sé que algunos críticos tildaron en su día el desenlace de moralizante, y que de esa manera traiciona parcialmente el espíritu ambiguo de Highsmith, pero la película no es la novela y conserva intacta su capacidad de seducción. Vista hoy, A plano sol sigue siendo un thriller sofisticado, retorcido y cruel, donde el crimen aparece ligado al deseo de ocupar el lugar y la identidad de otro. Bajo la luz deslumbrante del Mediterráneo, Clément revela un universo donde la identidad es una máscara y la belleza puede esconder una amenaza letal.