¡Qué necesidad, Ben, qué necesidad!
“ANIMALES” ê
DIRECTOR: Ben Affleck.
INTÉRPRETES: Ben Affleck,
Kerry Washington, Gillian Anderson, Steven Yeun, Adriana Paz, Luis Gerardo
Méndez, Ray Fisher.
GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 100 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026
Ben Affleck ha demostrado sobradamente ser un director competente y con gran dominio del medio en obras como Adiós pequeña, adiós (2007), The Town (2010) y Argo (2012), es por eso que me ha resultado tan indigesto el visionado de su última película para Netflix, la peor de su carrera como coguionista, protagonista y director. La historia sigue a Mark Kimball (Ben Affleck), un candidato a la alcaldía de Los Ángeles que una noche recibe una llamada de alguien que le dice que ha secuestrado a su hijo, viéndose arrastrado junto a su mujer, Abigail (Kerry Washington) a una peligrosa red de engaños. Mientras luchan contrarreloj para reunir los siete millones del rescate, ambos se verán obligados a tomar decisiones capaces de poner en riesgo aquello que desean proteger.
Resulta verdaderamente decepcionante que Ben Affleck se dedique a ilustrar un ya de por sí un flojo guión en lugar de construir una verdadera puesta en escena. La cámara se limita a registrar las situaciones, los intérpretes se comportan de forma profesional, la trama avanza, pero falta una mínima mirada autoral que transforme ese material en cine con una cierta personalidad. Y eso resulta especialmente llamativo en un thriller criminal, un género que exige administrar la información, modular la tensión y trabajar con precisión los espacios y las líneas de diálogos. Cuando la dirección es tan plana, el suspense se convierte en una mera sucesión de acontecimientos.
El principal problema reside en la incapacidad del relato de trascender sus propios mecanismos argumentales. Los giros se suceden sin provocar una tensión sostenida, mientras las distintas líneas dramáticas (la confusión con el niño secuestrado, la llegada de la conseguidora, la irrupción del jardinero marido de la asistenta, el conflicto por una infidelidad) parecen obedecer más a la necesidad de complicar la trama que a una verdadera exigencia narrativa. La vertiente política, potencialmente interesante, termina subordinada a un ejercicio de suspense simplón, tan convencional que apenas profundiza en los dilemas que plantea.
Ni siquiera el reparto que incluye, además del propio Affleck, a Gillian Anderson, Kerry Washington. Steven Yeun y Adriana Paz, logra rescatar una propuesta que parece confiar demasiado en la gravedad de sus circunstancias y demasiado poco en la calidad y elaboración cinematográfica, además, se echa en falta una aspereza moral que podría haber dado hondura a la historia. Todos los elementos argumentales quedan expuestos, pero nunca adquieren una verdadera densidad dramática. Como ejemplo, ese desenlace tan inverosímil y atropellado en un canal de agua que parece copiar la magistral secuencia de A quemarropa (John Boorman, 1967). En el caso de Ben Affleck el problema no parece ser una falta de oficio, sino algo aún más decepcionante: la ausencia de una necesidad expresiva, de una mirada singular capaz de justificar la película más allá de su argumento. En definitiva, un relato anodino, irrelevante, rutinario, deslavazado… y mediocre, que es lo peor que se puede decir de una película.



































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