domingo, 30 de diciembre de 2012

CRÍTICA DE "ILL MANORS"

¿Quién dijo que en el rap no hay cerebro ni poesía?
ILL MANORS  ««««
DIRECTOR: BEN DREW.
INTÉRPRETES: RIZ AHMED, ED SKREIN, NATALIE PRESS, ANOUSKA MOND, MEM FERDA.                                      
GÉNERO: DRAMA / GRAN BRETAÑA / 2012 DURACIÓN: 121 MINUTOS.     
SIN FECHA DE ESTRENO EN ESPAÑA     

      Me ha convencido totalmente el debut detrás de la cámara del rapero británico Ben Drew, conocido artísticamente como Plan B. La cinta está ambientada en el conflictivo barrio de East London (cerca de la Ciudad Olímpica), un lugar donde el tráfico de drogas, la prostitución, el desempleo, el absentismo escolar y la violencia son el caldo de cultivo en un microcosmos degenerado de familias desestructuradas y sin esperanza.   



      ILL MANORS es un relato coral que surca la vida de varios personajes que luchan por sobrevivir en la calle y que entrecruzan sus destinos hilvanando cada episodio con tema de rap que sirve de introducción. Así, nos encontramos con un traficante de drogas que ha salido de la cárcel y quiere recuperar su territorio enfrentándose a otros delincuentes. Del mismo modo, seguimos a una pareja de amigos, Aaron (Riz Ahmed) y Ed (Ed Skrein), el uno vulnerable y sensible que no desea meterse en líos; y el otro impulsivo y violento que no se detendrá ante nada para recuperar su móvil, acusando a una prostituta drogadicta de haberselo robado. También tendremos oportunidad de seguir a una inmigrante ilegal de Europa del Este quien acompañada de su bebé está siendo prostituida por la mafia, a un adolescente que pagará un precio muy alto por unirse a una pandilla de traficantes y a un poderoso gángster de barrio que lo controla todo.

      El panorama resulta devastador dentro de ese círculo vicioso de violencia y desarraigo, Ben Drew realiza un certero análisis clínico de la delincuencia urbana, sus terribles tentáculos y oscuros dominios, los más bajos registros humanos y el camino de la autodestrucción. La representación de la autoridad (padres, tutores, policías) es en la función prácticamente inexistente, sin espacio ni acogida en un entorno infernal y descorazonador donde se espera cualquier tragedia para ser asimilada. Y conscientes de esa filosofía del no future y perro come a perro, los protagonistas se ven envueltos en una incontrolable espiral de crímenes y depravaciones que acabará fagocitando sus míseras vidas: un sucio poema urbano de crimen y castigo.

       Rodada con espeluznante realismo y una contundente, visceral energía, no reniega de la  influencia de clásicos como El Odio (Mathieu Kassovitz, 1995) o Los Chicos del Barrio (John Singleton,1991), sirviendo como homenaje a la magnífica Malas Calles (Martin Scorsese, 1973), aunque su principal protagonista, Aaron, tiene al Travis Bickle de Taxi Driver como uno de sus ídolos. 

      Hiriente, como la verdad desnuda, ILL MANORS hace sangre con todas las afiladas aristas que sobresalen de cada una de sus tremendas historias: el adolescente que golpea brutalmente a su amigo para ser aceptado en una banda, el lacerante itinerario que recorren Aaron y Ed prostituyendo a una chica para así recuperar el dinero del móvil que dicén ella le ha robado a Ed, la siniestra venta de un bebé por unas miles de libras, la salvaje venganza del gángster sobre el crío que ha matado accidentalmente a su hermana pequeña, y el acto de heroismo de los dos delincuentes –letal para uno de ellos- salvando a una madre y a su bebé de una muerte segura en un incendio, componen el sórdido fresco de de un paisaje desolado y de atmósfera irrespirable, donde la pérdida traumática de la inocencia y la destrucción de vidas son monedas corrientes.

      Así, el atónito espectador se encuentra surcando los negros meandros del sufrimiento humano como hábitat natural de unos personajes que dan vueltas en círculos concéntricos hasta que en una súbita estación terminal les aguarda la muerte. Otro eficaz escupitajo en la faz de ese espejismo al que llaman “sociedad del bienestar”, otra flamígera mirada sobre los abismos de la existencia que nos demuestra que en el rap, como en toda forma de expresión artística surgida de los volcanes del alma, sí hay cerebro y poesía, que la modernidad, en sus variadas formas de expresión, no está reñida con las inquietudes sociales, y que, por el contrario, debe convertirse en el grito atronador que denuncie las injusticias y males endémicos de un mundo cada vez más indiferente y mezquino.  




miércoles, 26 de diciembre de 2012

LOS MEJORES AMETRALLAMIENTOS DE LA HISTORIA DEL CINE

LA HISTORIA DEL CINE ES TAMBIÉN UNA HISTORIA DE VIOLENCIA, DE IMÁGENES BRUTALES E IMPACTANTES QUE HAN QUEDADO GRABADAS EN LA RETINA DEL ESPECTADOR. AL FIN Y AL CABO, COMO DIJO JEAN-LUC GODARD, "EL CINE ES UNA CHICA Y UNA PISTOLA". AQUÍ LES DEJO LAS QUE PARA ESTE CRONISTA SON LAS TRES MEJORES SECUENCIAS DE AMETRALLAMIENTOS DE LA HISTORIA DEL CINE. TODAS SON DE PELÍCULAS MÍTICAS DE GÁNGSTERES AMBIENTADAS EN UNA ÉPOCA IRREPETIBLE, TODAS FORMAN PARTE DE LA MEMORIA CINÉFILA COLECTIVA POR SU MAGISTRAL PLANIFICACIÓN Y LA PERICIA DE UNOS DIRECTORES CUYOS NOMBRES ESTÁN GRABADOS CON LETRAS DE ORO EN LA HISTORIA DEL SÉPTIMO ARTE.

1º/ BONNIE AND CLYDE (ARTHUR PENN,1967)


2º/ MUERTE ENTRE LAS FLORES (MILLER'S CROSSING, JOEL COHEN, 1990)



3º/ EL PADRINO (THE GODFATHER, FRANCIS FORD COPPOLA, 1972)





domingo, 23 de diciembre de 2012

CRÍTICA DE "EL CUERPO"

La fría venganza del perdedor
EL CUERPO êêê
DIRECTOR: ORIOL PAULO.
INTÉRPRETES: JOSÉ CORONADO, HUGO SILVA, BELÉN RUEDA, AURA GARRIDO, JUAN PABLO SHUK.
GÉNERO: THRILLER / ESPAÑA / 2012  DURACIÓN: 109 MINUTOS.   
   
    El barcelonés Oriol Paulo escribió junto a su director, Guillem Morales, el guión de Los ojos de Julia (2010), resultón psychothriller que tenía a Alfred Hichcock como mayor inspiración. Fogueado en el campo de la televisión, Paulo presentó en el pasado Festival de Sitges la que supone su ópera prima detrás de la cámara, EL CUERPO, que coescrita junto a Lara Sendim está enmarcada en el terreno donde se siente más cómodo, el thriller, y en donde se encuadran algunos telefilms que se han servido de sus libretos: Pathagorobi, Codi 60 y Ecos.

      La cinta arranca cuando el vigilante nocturno de un depósito de cadáveres es atropellado tras abandonar su trabajo en estado de pánico. Cuando la policía, comandada por el inspector Jaime Peña (José Coronado) se presenta para investigar el caso, descubren que la puerta de una de las neveras  está abierta y el cadáver de Mayka Villaverde (Belén Rueda), una rica empresaria del sector farmacéutico recientemente fallecida, ha desaparecido. Sin apenas pistas que aclaren el extraño suceso, Peña decide interrogar a Álex Ulloa (Hugo Silva), el joven y atractivo viudo de Mayka, para ver si puede arrojar alguna luz sobre el caso. Juntos, durante el transcurso de una noche intensa, intentarán descubrir la verdad sobre las misteriosas causas de la muerte de su mujer y la desaparición de su cuerpo, en la que quizás Ulloa tiene mucho más que ver de lo que quiere reconocer.
  
     Lo cierto es que Oriol Paulo ha realizado un film muy aseado partiendo de una premisa nada original, pues la acción se sigue con cierto interés y el trabajo del reparto resulta bastante aceptable. El director catalán consigue crear una atmósfera inquietante  utilizando la incesante lluvia, los relámpagos y algunos ruidos contundentes como  elementos catalizadores derivados de un guión con demasiadas trampas y falsas pistas que toma como escenario, casi único, una tétrica morgue durante una larga y gélida noche. Un  escenario que actúa como un laberinto de espejos deformantes donde nada es lo que parece, un juego de cluedo o el gato y el ratón en donde todas las pistas diseminadas surgen para guiar al peculiar inspector a la resolución de un caso que aparentemente tiene un móvil claro: un tipo ha liquidado a su ricachona esposa harto de su carácter amenazador, manipulador y humor corrosivo, para así poder escapar con su joven amante, Carla Miller (Aura Garrido). 

      Paulo maneja con soltura los códigos del thriller psicológico manteniendo la tensión hasta el final, y a través de unos flashbacks bien diseñados abre dos líneas temporales que nos introducen en las convulsas relaciones de los protagonistas, y por ende, en la intriga que nos lleva a preguntarnos ¿por qué se ha hecho desaparecer el cadáver? ¿Tal vez para evitar la autopsia y con ella a las respuestas a un montón de interrogantes? Demasiado fácil, pronto intuimos que la retorcida imaginación de sus guionistas nos deparará finalmente un giro brutal e inesperado.
  
      Tomando como influencia a la magistral Pura formalidad (Guseppe Tornatore, 1994), film en el que un inspector encarnado por un Roman Polanski pluscuamperfecto someterá durante una noche tormentosa a un duro interrogatorio a un escritor sospechoso de asesinato e interpretado de manera excelente por Gerard Depardieu, la alambicada trama de EL CUERPO contiene excesivos subrayados, algunos agujeros y situaciones poco creíbles, la calidad de la edición de sonido es bastante mediocre, lo que conlleva que algunas líneas de diálogo se pierdan, y ciertos elementos estéticos se nos antojan chirriantes, como el ridículo peinado de José Coronado  o el atuendo de esa mujer policía que parece ataviada para un festival heavy. Aún así, la propuesta se nos muestra como un ejercicio de género entretenido y solvente, técnicamente impecable y elegante en su puesta en escena. 

   Al clima lúgubre y glacial no le falta el toque gore ni los típicos recursos estilísticos y claustrofóbicos del gótico (esas luces que se apagan, la aparición fantasmagórica del cadáver de Mayka, la lluvia azotando las ventanas, las  frías camillas de disección forense, los cadáveres que cambian de identidad), para arrastrar al espectador a un clímax insospechado, que ataca más a la vía emocional que al súbito impacto, la venganza del perdedor sobre esa clase social alta que se cree tan inteligente como intocable. 

martes, 18 de diciembre de 2012

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: "AMANTES"



      El director barcelonés Vicente Aranda cuenta en su filmografía con dos películas que ocupan un lugar prominente entre mis favoritas del cine español: la primera de ellas lleva por título Fanny “Pelopaja” (1984), un bestial y potente policíaco basado en la nóvela “Prótesis” de Andreu Martín; la segunda es, por supuesto, AMANTES (1991), un sólido drama que se inspira en un terrible suceso real conocido como “El crimen de Tetuán” o “El crimen de la Canal”. Surgida a raíz de la magistral serie de televisión La huella del crimen (en la que Aranda colaboró dirigiendo uno de sus mejores episodios, Los crímenes del capitán Sánchez), fue entonces cuando el productor del serial, Pedro Costa, le propuso situarse detrás de las cámaras para narrar esta desventurada historia que sitúa su acción  en las navidades de la gris y sórdida España de 1955.
                                                        
      Un magnífico libreto de Álvaro del Amo, Carlos Pérez Merinero y el propio Aranda nos traslada a la posguerra para contarnos las vicisitudes de Paco (Jorge Sanz), un joven pueblerino que termina el servicio militar en Madrid y decide quedarse en la capital, pues tiene pensado casarse con Trini (Maribel Verdú), la joven criada del comandante del que ha sido asistente. Entre ambos se interpone la pícara timadora Luisa (Victoria Abril), que no sólo le alquila una habitación, también, con febril ardor, le enseñará los misterios del sexo. Convertidos en amantes, la criada trata de recuperar a su Paco  entregándose a él en cuerpo y alma, pero lo único que consigue es que le roben y acaba dejándose matar por su novio al carecer ya de sentido su vida.

                                                                               
      Al menos una vez al año me veo empujado a hacer un viaje en el tiempo a través de este retrato negrísimo de la España mísera y gris de la posguerra, una nueva crónica de un fracaso donde los amores desgraciados y los arrebatos sexuales arden hasta las cenizas de la tragedia, y lejos de falsos sentimentalismos, lo que veo trasciende la premisa del film para convertirse en un fiel y excelente documento de esa época oscura: la fría y brillante fotografía del gran José Luis Alcaine iluminando un Madrid desangelado, la química existente  entre un trío de protagonistas que jamás volverían a rayar a tanta altura, el erotismo obsesivo de esa pareja de amantes con Victoria Abril dando oxígeno a una mantis manipuladora y devorahombres, la aflicción de la pobre y martirizada criada, el pulso firme de Aranda dejando de lado todo barroquismo y la crudeza dramática de esa gélida y devastadora escena final, rodada durante una imponente nevada frente a la catedral de Burgos, hacen de AMANTES una de las cumbres más brillantes del cine español, que siempre acaba inundándome de tristeza y helándome el corazón.
                                                                                 

viernes, 14 de diciembre de 2012

CRÍTICA DE: "EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO"

Un ejercicio de senderismo que me deja tan frío como la teta de una bruja
EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO êê
DIRECTOR: PETER JACKSON.
INTÉRPRETES: MARTIN FREEMAN, IAN MCKELLEN, RICHARD ARMITAGE, JAMES NESBITT, AIDAN TURNER, ANDY SERKIS.
GÉNERO: THRILLER / EE. UU. / 2012  DURACIÓN: 169 MINUTOS  
          
     He de confesar que nunca he sido fan del universo Tolkien, siempre me aburrió tanta fantasía épica y barroquismo. No me cuesta nada reconocer su influencia en la literatura y el arte, y respeto, cómo no, a sus inmensas legiones de fans en todo el mundo. Pero algo se me escapa, lo siento, porque a mí toda esa imaginería me satura y agota, jamás he logrado entrar en las aventuras creadas por ese profesor de lengua inglesa de la universidad de Oxford que creó fantasías al parecer tan adictivas, mundos fácilmente reconocibles y un lenguaje propio. Asistimos ahora a esta precuela de la saga de los Anillos que lleva por título EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO, que con una duración bestial e indefendible pone los cimientos a una nueva trilogía llamada a reventar las taquillas.  

      Esta primera entrega de la trilogía, que al igual que la ya mencionada de los Anillos está dirigida por el neozelandés Peter Jackson, nos cuenta el espectacular viaje de Bilbo Bolsón (Martin Freeman) con la intención de recuperar el tesoro y el reino enano de Erebor al terrible dragón Smaug. A propuesta del mago Gandalf el Gris (Ian McKellen), Bilbo se verá acompañado por trece enanos liderados por el legendario guerrero Thorin Escudo de Roble ( (Richard Armitage) y secundado por, entre otros, los hermanos Dori (Mark Hadlow), Nori (Jed Brophy) y Ori (Adam Brown). El viaje les hace adentrarse en el bosque cruzando tierras peligrosas, donde se toparán con trasgos, orcos, trolls y demás criaturas extrañas. Aunque su objetivo era la Montaña Solitaria de Oriente, primero tuvieron que escapar de los túneles de los trasgos donde Bilbo se encuentra con la criatura que cambiará su vida para siempre, Gollum (Andy Serkis). A solas con Gollum a la orilla del lago subterráneo, el simplón Bilbo Bolsón descubrirá lo astuto y valiente que puede llegar a ser, haciéndose con el tesoro de Gollum, un anillo que posee unas cualidades asombrosas. En realidad es un sencillo anillo de oro ligado al destino de la Tierra Media hasta un punto que Bilbo ni siquiera puede imaginar.
     
      Como me temía, la película tarda mucho en arrancar, tiene un comienzo lento y desesperante, cerca de una hora de metraje tedioso en donde la espectacularidad de las imágenes y la pericia técnica no minimizan el aburrimiento. La cuestión nunca queda resuelta del todo, pues la función carece de garra y vitalidad, Jackson gasta toda su energía en definir un aspecto visual pulcro y preciosista con la intención de poner los ojos como platos a sus fans (con la friolera de 300 millones de dólares ya puede), olvidándose, tal vez, que el larguísimo prólogo, de una narrativa muy pueril y poco estimulante, sólo resulta mínimamente excitante en sus secuencias musicales. A pesar de la literalidad del texto de Tolkien, la cinta contiene mucho relleno, escenas innecesariamente alargadas (la presentación de los enanos, el rollo de las adivinanzas) y persiste en ella una sensación de déjà vu (en cuanto a personajes, escenarios, banda sonora) que me descoloca como espectador y nunca acaba de situarme.  
     
      En un esfuerzo de mentalización me digo que es sólo un cuento creado para el disfrute de los órganos sensoriales en donde, como siempre, existe un pulso entre la luz y las tinieblas, pero pronto me convenzo de que el artefacto actúa únicamente como preámbulo de una trilogía imposible basada en un libro de no más de 300 páginas y que, por lo tanto, no nos llevará a ninguna parte. Si lo que se esperaba es que la nueva apuesta volara haciendo piruetas por encima de la altura lograda (para mí también escasa) por la trilogía de los Anillos, EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO no cumple ese objetivo, balanceándose en un tono ligero infantil y trivial destinado a un público poco reflexivo que quedará extasiado por la pomposa lírica visual del invento. 

      En el film no encontramos bifurcaciones dramáticas ni tormentos, en un vive la bagatelle vemos a muchos personajes nada carismáticos que caminan y caminan en un inacabable ejercicio de senderismo, hablan y rugen pero no avanzan. Para ellos el viaje es la ilusión, para mí el hastío y el martirio, y nada de lo que sucede en la pantalla me engancha o sorprende, ni los pormenores de la epopeya rumbo a Erebor ni los enfrentamientos del mago Gandalf y los suyos con los orcos, trasgos, trolls y otras criaturas repugnantes que emergen de parajes tan bellos como oníricos, el humor es tan liviano como la épica de la aventura, aunque vale la pena salvar al trágico Gollum y esa chispeante huída de las minas del Rey Trasgo… Todo lo demás me deja tan frío como la teta de una bruja.

domingo, 9 de diciembre de 2012

LOS MEJORES CARTELES DE CINE: "EL ATAQUE DE LA MUJER DE LOS 50 PIES"

        Elegido por la revista “Premiere” el Mejor Octavo Cartel de Cine de Todos los Tiempos, en él queda representado todo el encanto de las películas de cine fantástico de serie B que tanto abundaron en los años 50, “la década atómica”, la verdadera edad de oro del cine de ciencia-ficción. Fue la época de la imparable televisión, del baby-boom, de los autocines, de las innovaciones técnicas como el 3-D y el scope, de las compañías independientes que con mucha imaginación y poco dinero se volcaron en el género. Años en los que la conspiranoia por la guerra fría y las pruebas nucleares (terror postapocalíptico), los experimentos científicos (insectos mutantes y criaturas gigantes), la invasiones extraterrestres y los viajes en el tiempo nutrieron de riqueza temática a un género hasta entonces casi anecdótico, sentando sus bases con más de 160 películas estrenadas, todo un impacto social.
     
      Attack of the 50 Ft. Woman/El ataque de la mujer de los 50 pies, dirigida en 1958 por Nathan Hertz, es un curioso film que pasa por ser uno de los primeros con marcado carácter feminista: Nancy (Allison Sanders) es la rica heredera de un potente imperio financiero. Con problemas con la bebida y recién salida de un sanatorio mental, su matrimonio hace aguas porque su marido, Harry (William Hudson) es un tipejo inmundo que le pone los cuernos a la vista de todos y sólo está con ella por su dinero. Tras enfadarse en un bar porque Harry no para de coquetear con una explosiva pelirroja, Nancy deambula en su coche por una zona desértica de California, es entonces cuando tropieza con una nave esférica de la que sale un extraño y gigantesco tipo. De nuevo en el pueblo, nadie cree su historia y se burlan de ella por su historial mental y su afición a la bebida. Si bien, se las apaña para llevar a su marido al lugar y otra vez se topan con la asombrosa nave, es ahora cuando el gigante atrapa con una enorme mano a la mujer mientras el marido huye despavorido sin atender los gritos de su esposa que solicita su ayuda. De pronto vemos a Nancy convaleciente en su casa tras ser encontrada inconsciente en el desierto, mientras Harry y la pelirroja conspiran para acabar con ella, cosa que no lograrán al convertirse Nancy en una gigantona de 50 pies dispuesta a llevar a cabo su particular venganza. En fin, modelo de póster que vende la película, un clásico imperecedero en el que vemos a la deliciosa Allison Anders con faldita y top convertida en icono sexy y cultural de una época irrepetible. Del vulgar remake estrenado en 1993 con Daryl Hannah, mejor no hablar.

viernes, 7 de diciembre de 2012

CRÍTICA DE "SIN TREGUA" (END OF WATCH)

Lírica sobre el valor y el sacrificio
SIN TREGUA êêêêê
DIRECTOR: DAVID AYER.
INTÉRPRETES: JAKE GYLLENHAAL, MICHAEL PEÑA, ANNA KENDRICK, FRANK GRILLO, AMÉRICA FERRARA, NATALIE MARTÍNEZ.
GÉNERO: THRILLER / EE. UU. / 2012  DURACIÓN: 109 MINUTOS.   
         
           David Ayer (1968) nació en Illinois pero llevó una vida nómada junto a sus padres hasta su adolescencia, etapa en la que fue expulsado de su casa por sus padres. Fue a partir de entonces que fijó su residencia en el South Central de Los Ángeles, en donde un primo suyo le dio acogida. Fueron sus experiencias en este conflictivo barrio las que les sirvieron de inspiración para sus películas, casi todas como guionista (Día de entrenamiento, Dark Blue, S.W.A.T.) y todas como director (Hars Times, Dueños de la calle, Sin Tregua) dentro del género policíaco, una temática que domina a la perfección y que le ha convertido en el mejor especialista. Hasta ahora, cuando alguien me preguntaba mi película favorita sobre policías, invariablemente siempre contestaba: Los nuevos centuriones, magnífico film de 1972 dirigido por Richard Fleisher basado en la novela del especialista Joseph Wambaugh (Campo de cebollas), y que contando con el protagonismo de George C. Scott y Stacey Keach sigue el día a día de una pareja de policías, uno veterano a punto de jubilarse y otro joven que lleva su profesión en las venas y arriesga continuamente su vida. Una película que contiene uno de los finales más tristes que este crítico ha visto a lo largo de su vida.

      Si la pregunta me la hicieran ahora no dudaría en contestar: SIN TREGUA, esta es la mejor película sobre la labor policial que he visto hasta la fecha, un film donde se saborea el peligro, la sangre y la muerte. Esto es así porque David Ayer ha conseguido su obra maestra narrando las experiencias de dos jóvenes policías de Los Ángeles, Brian Taylor (Jake Gyllenhaal) y Mike Zavala (Michael Peña), que tras haberse formado juntos en la Academia han forjado una sólida amistad. Ambos trabajan como patrulleros en los barrios más conflictivos de Los Ángeles bajo la atenta mirada de su sargento, un trabajo policial que les obliga a enfrentarse a bandas y criminales de todo tipo. Zavala está casado con su novia de toda la vida, Gabi (Natalie Martínez), que está a punto de dar a luz su primer hijo, y Taylor ha comenzado a salir con Janet (Anna Kendrick). La relación entre ambos es muy íntima y sana, se confiesan mutuamente conectando así su vida  personal con la profesional. El día en que sus investigaciones comienzan a molestar a un importante cártel de la droga, sus vidas son situadas en el centro de una diana.
     
      Rodada en formato found footage (rodaje cámara en mano narrado en primera persona y realizado con los personajes principales actuando delante de la cámara o a menudo fuera de la pantalla, con movimientos rápidos e inestables para darle un mayor realismo), SIN TREGUA es un épico y emocionante relato que nos invita a seguir la rutina policial de dos jóvenes agentes en su lucha contra el crimen por la peligrosa y amenazadora jungla de asfalto. Esto, que puede servir como escueta sinopsis para un sinfín de películas policiales, Ayer lo dinamita y subvierte en su estructura escénica, estética y estilística para convertir la función en un ejercicio hiperrealista tan doloroso en su crudeza como conmovedor en su tratamiento de la amistad y la camaradería. 

      De ahí que, sin tregua, el espectador sienta una enorme empatía al comprobar la exquisita química existente entre la pareja de guardianes que ponen en riesgo sus vidas con acciones al límite, y son capaces de recuperar el aliento para regalarnos escenas íntimas donde la familiaridad y la cercanía sirven de bálsamo para la tensión acumulada. Visceral, musculosa, adranalínica y salvaje, en la película no importa tanto la originalidad de la propuesta (opción buddy movie) como el tratamiento de una historia que lejos de resultar maniquea o panfletaria sirve de alerta sobre uno de los trabajos más peligrosos que existen: la originalidad está en su escalofriante narrativa, en la tremenda fisicidad de la acción sin una trama definida, los objetivos surgen de forma espontánea y la muerte acecha en cualquier esquina.    
     
      Así, refutaré cada comentario sobre la originalidad o manierismo en la dirección y armadura de un film que encuentra su mayor virtud en su carácter de documento y el nulo interés por sentar cátedra. De nuevo existe una línea muy nítida que separa a los buenos y a los malos, el registro documental áspero de la cinta pone énfasis en esa frontera en un intento por humanizar a los Hombres de Azul desde su vertiginoso comienzo: “Detrás de mi placa hay un corazón como el tuyo. Sangro, pienso y amo como lo haces tú”. 

      Unos pluscuamperfectos Jake Gyllenhaal y Michael Peña te hacen sentir esa humanidad en su vigilancia por un barrio donde las drogas, el alto índice de analfabetismo derivado de la desestructuración familiar, el desempleo, la miseria y la marginalidad lo han convertido en una zona de guerra permanente, un pudridero humano donde los dos bandos (policías y criminales) tienen los rasgos distintivos bien definidos. Por un lado, los posos nauseabundos que va dejando una sociedad cruel e injusta (esa escena de los espaldas mojadas hacinados como bestias); y por otra parte, los encargados de recoger la basura y solucionar los problemas en un territorio tan fiero como inabarcable (los policías salvando a unos niños encerrados en un armario por una pareja de drogadictos y poniendo en serio peligro sus vidas para salvar a otros niños de una casa en llamas).


      Pero lo que logra mi comunión definitiva con esta magistral apuesta es que, en el núcleo de esa espiral de conflictos existenciales y acontecimientos subyugantes, de violencia brutal y sorpresiva (la búsqueda de una anciana desaparecida te puede llevar a descubrir un importante alijo de drogas y un montón de cadáveres a medio enterrar) es el fluir de una lírica del sacrificio como base para la aceptación de una misión y un destino, no hablo de resignación, es el valor, la generosidad en la entrega y la satisfacción por el deber cumplido. Aunque pocos te lo reconozcan, aunque la vida se te escape a borbotones.

jueves, 6 de diciembre de 2012

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: "EL CABO DEL MIEDO"


      
      EL CABO DEL MIEDO, remake que Martin Scorsese realizó en 1991 del original de 1962 El cabo del terror de J. Lee Thompson y que tenía a Gregory Peck y a Robert Mitchum de protagonistas, no pasará a la historia como una de las más brillantes piezas de su extensa filmografía. Tampoco se encuentra entre mis películas favoritas de Scorsese aun reconociendo que raya a una altura superior a la media coetánea, es decir, con un nuevo visionado el film del director italoamericano me sigue pareciendo muy irregular, ligero, por fases entretenido y con súbitas caídas en el histrionismo y lo absurdo. 

      Puede servir como un alimenticio ejercicio de estilo, pero su calidad está muy alejada de otras obras de este peculiar cineasta como Taxi Driver, Toro Salvaje, Uno de los nuestros o Casino, por poner unos ejemplos. El argumento de la cinta es muy conocido: Max Cady (Robert De Niro), es un ex convicto que tras pasar catorce años entre rejas sale en libertad con la idea fija de vengarse de su abogado, Sam Bowden (Nick Nolte), al que acusa de no haber querido defenderle bien durante su juicio por la violación de una adolescente. La presión que ejercerá sobre él y su familia irá in crescendo de forma terrorífica.

      Es curioso que la escena que más me gusta de este psicothriller se rodara de forma improvisada entre sus dos protagonistas, Robert De Niro y Juliette Lewis, quedando plasmada para la posteridad en su primer intento. Juliette Lewis, que en la película da vida a Danielle, la hija del matrimonio formado por Sam (Nolte) y Leigh (Jessica Lange), y que se nos muestra con un aspecto de lolita entre lo inocente y lo vicioso, recibe una llamada de su nuevo profesor de arte dramático citándola para una clase que tendrá lugar en el teatro del instituto. Cuando la adolescente llega al escenario de la cita a quien se encuentra es a un tipo melenudo e inquietante al que no conoce de nada que se está fumando un porro, y que tras  mostrar sus dotes de seducción en una charla rebosante de filosofía barata, le dice: “Anoche estuviste pensando en mí ¿verdad? Sí… es verdad. Lo sabía, creo que he encontrado una compañera, una compañera para el largo viaje hacia la luz ¿Puedo ponerte el brazo en el hombro? No importa” es entonces cuando Robert De Niro se le acerca y le mete el dedo pulgar en la boca que ella chupa con fruición y ojos chispeantes, para posteriormente besar los carnosos labios de la entregada ninfa. Una escena cargada de erotismo y sensualidad que creó un icono indeleble en la memoria colectiva.

martes, 4 de diciembre de 2012

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "HABLANDO CON LA MUERTE"

HABLANDO CON LA MUERTE (TALK RADIO) êêêê
DIRECTOR: OLIVER STONE.
INTÉRPRETES: ERIC BOGOSIAN, ALEC BALDWIN, ELLEN GREENE, LESLIE HOPE
GÉNERO: DRAMA / EE. UU. / 1988  DURACIÓN: 107 MINUTOS.    
   
     Nacido en la ciudad de Nueva York, Oliver Stone (1947) dejó la universidad de Yale para marchar a Vietnam, en donde trabajó en la enseñanza, país al que regresó dos años más tarde, esta vez como soldado en primera línea de fuego. A su vuelta desempeña diversos oficios, entre ellos el de marino mercante, todo esto antes de matricularse en la escuela de cine de su ciudad, estudios que terminó en 1971. Debuta en el largometraje con Seizure (1974) que resulta un auténtico fracaso, pifia que repetiría años más tarde con La mano (1981), una ridícula historia de terror a la que no salva ni la presencia como protagonista de Michael Caine. Paralelamente alcanza gran prestigio como guionista firmando los libretos de El expreso de medianoche, Conan “El Bárbaro”, El precio del poder y Manhattan Sur. Con Salvador (1985), una historia sobre la convulsa y trágica historia centroamericana que aún hoy se cuenta como una de sus mejores películas, le llega por fin el reconocimiento

      Platoon (1986), con cuatro Oscar de Hollywood, es la primera entrega de la trilogía sobre la Guerra del Vietnam, compuesta además por Nacido el 4 de julio (1989) y El cielo y la tierra (1993). Otras películas de este autor son: Wall Street (1987), con la que Michael Douglas gana el Oscar. The Doors (1990), biopic sobre la legendaria banda liderada por Jim Morrison. J.F.K. Caso abierto (1991), que basada en el informe de fiscal Jim Garrison analiza las claves del magnicidio de John Fitgerald Kennedy, el primer presidente católico de los Estados Unidos. Asesinos Natos (1994), polémico y anfetamínico film sobre una pareja de asesinos. Nixon (1995), relato sobre el político más decisivo de la reciente historia de Norteamérica. Giro al infierno (1997), producción polvorienta y manierista que acoge muy pocas virtudes de su autor y casi todos sus defectos. Un domingo cualquiera (1999), film sobre el mundo del fútbol americano. Comandante (2002), pestilente documental hagiográfico sobre la vomitiva figura de Fidel Castro, “el carnicero de La Habana”. Oliver Stone está casado, tiene tres hijos y actualmente vive en Los Ángeles. De su última película, Salvajes (2012), podéis encontrar la crítica en las páginas de este blog.  

       Sinopsis: Dallas, un programa local de radio, “Charlas en la noche”, se ha convertido en el refugio de toda una variopinta fauna de insomnes y noctámbulos. El espacio radiofónico está conducido por Barry Champlain (Eric Bogosian), un cínico y algo cruel animador que ha conseguido situar en programa en unos altos índices de audiencia, tanto que una compañía está dispuesta a comprarlo para ser emitido a nivel nacional. Barry es una persona voluble, en ocasiones simpático y agradable, pero en otras insultante y odioso, una actitud personal que le está generando gran cantidad de enemigos. Tras recibir múltiples amenazas de organizaciones extremistas y neonazis, los responsables, de la emisora le piden, por su seguridad, que modere el tono de sus manifestaciones, auténticos alegatos antifascistas. Barry, que es de origen judío, no sólo no hace caso, por el contrario, eleva el tono de sus denuncias.
      
      Oliver Stone logra la que es para mí su película más conseguida y la que mejor ha resistido el paso del tiempo, con una reflexión tan trágica como mordaz sobre los peligros que lleva aparejados la libertad de expresión –siempre amenazada- y el carácter poco tolerante del ser humano en general y de algunas organizaciones radicales en particular. Stone, bautizado, no sé si despectivamente, “la conciencia de América, declaró: “fui a Vietnam de derechas y volví de izquierdas”. En realidad, lo que trata de demostrar en este film denunciatorio, es que en su país, camuflado bajo la bandera estrellada de la libertad y la democracia, a poco que levantes la tela aparece una sociedad intransigente, reaccionaria, revestida de salvajismo, brutalidad y racismo sistemático. Barry Champlain llegó a la radio por casualidad, vendía trajes en una tienda cuando un día conoce en ella a un locutor que le propone ser el invitado de uno de sus programas, sus intervenciones en el mismo son inteligentes y llenas de de un corrosivo cinismo, lo que hace que la dirección de la cadena se fije en él y le ofrezca un programa de radio que rápidamente alcanza los primeros puestos del ranking de audiencia. Al personaje, el director neoyorquino no lo retrata de forma angelical, es más, le confiere un matiz ambiguo cercano a la doble moral: lleva una vida caótica, engaña a su mujer más por hacerla daño que porque realmente lo necesite, sale con una chica a la que casi dobla la edad y a la que tampoco ama, y su relación con los demás compañeros de trabajo, lejos de ser afable, es autoritaria e inflexible.

Por otra parte, su fiero verbalismo, sus ácidas soflamas radiofónicas se van haciendo cada vez más flamígeras y provocadoras, esa doble moral, esa hipocresía queda reconocida por Barry en su última alocución de resonancias catárticas antes de ser asesinado. Un monólogo duro e implacable y sobre todo sincero: “Deberían colgarme, soy un hipócrita. Pido sinceridad y miento, denuncio un sistema que abrazo, quiero poder, dinero, prestigio, quiero índice de audiencia y éxito, y usted y el mundo me  importan un carajo. Esa es la verdad, podría decir lo siento, pero no quiero ¿por qué debería hacerlo? ¿Quién diablos es usted, ustedes, el público? Sólo sé que me atacan cada noche como una manada de lobos porque no pueden soportar lo que son ni lo que han hecho. Me dan pena, desprecio a todos y cada uno de ustedes, no tienen nada, absolutamente nada, ni cerebro ni poder ni futuro ni esperanza ni Dios. Ustedes sólo creen en mi ¿Qué sería de ustedes si no me tuvieran? Yo no tengo miedo, estoy aquí todas las noches, argumento mis puntos, sostengo aquello en lo que creo. Voy a decirles lo que son, tengo que hacerlo, no tengo alternativa… ustedes me asustan, estoy aquí todas las noches, me meto en sus vidas, les degrado, les insulto, y ustedes siguen volviendo para recibir más. Doy margaritas a los cerdos”.

      Palabras que serán leyenda cuando Barry, que se sabe amenazado, salga del estudio para respirar el aire purificador de la noche, y alguien de entre esa jauría desafíe la libertad ejecutando un plan perfecto para silenciarle. Desde una lógica terrorista se puede llegar a pensar que Barry Champlain muere víctima del mundo que él mismo ha creado, pero no nos engañemos, en la tejana y ultraconservadora Dallas, ciudad donde se desarrolla la acción del film, el presidente Kennedy fue asesinado, otro hombre que, reconociendo sus muchos errores, odiaba las mordazas, elegir dicha urbe no es para Stone, una cuestión aleatoria. HABLANDO CON LA MUERTE es un film en el que Eric Bogosian es el único y absoluto protagonista, con un guión escrito también por él, la cinta tiene ritmo, suspense, una cierta pátina de cine negro y se aprecia en ella el apasionamiento crítico de su autor, alejado del caótico montaje de otras obras suyas consigue una mayor sobriedad artística. TALK RADIO es una modestísima producción que sin las pretensiones de otras películas de su realizador, alcanza objetivos más nobles. Oso de Plata en el Festival de Berlín al Mejor Actor y al Mejor Guión para un film que nos ayuda a reflexionar sobre el tremendo fracaso de una sociedad que desprecia los más elementales valores de convivencia: la tolerancia y el humanismo. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

CRÍTICA DE "INVASOR"

Los demonios de la guerra
INVASOR êê
DIRECTOR: DANIEL CALPARSORO.
INTÉRPRETES: ALBERTO AMMANN, ANTONIO DE LA TORRE, KARRA ELEJALDE, INMA CUESTA, LUIS ZAHERA.
GÉNERO: THRILLER / ESPAÑA / 2012  DURACIÓN: 99 MINUTOS.   
        
     Lejano ya el debut de Daniel Calparsoro con la magnífica Salto al vacío (1995), para este cronista su mejor película hasta la fecha, una crónica sucia, cruda y decadente que en forma de drama social urbano nos narra la supervivencia de unos jóvenes desarraigados en el País Vasco de la época, con la que entonces era su mujer, Najwa Nimri, de absoluta protagonista dando vida a una traficante de armas que vive en una encrucijada, el cine posterior de Calparsoro no ha logrado nunca convencerme. Ni Pasajes, A ciegas, Asfalto, Guerreros o Ausentes, lograron prolongar la excitante carrera que su ópera prima prometía. Dedicado en los últimos años al medio televisivo, INVASOR (este director siente inclinación por los títulos compuestos por una sola palabra) supone su regreso a la pantalla grande después de siete años, un thriller que toma como base literaria la novela homónima de Fernando Marías y que tiene como trasfondo la Guerra de Irak.
     
      Irak, 2004. En una salida rutinaria, un capitán médico del ejército español, Pablo (Alberto Ammann), en misión humanitaria en Irak, y su compañero Diego (Antonio de la Torre), sufren un atentado cuando circulan por el desierto. Sin heridas de consideración, abandonan el lugar y se refugian en una casa perdida, en donde tiene lugar un enfrentamiento inesperado y salvaje con civiles iraquíes. Pablo mata a dos hombres, pero cae gravemente herido y se ve afectado por una profunda amnesia. Durante la convalecencia en su casa, junto a su mujer, Ángela (Inma Cuesta) y su hija, Pilar (Sofía Oria) va  recuperando la memoria sobre lo ocurrido. Pablo sospecha que le están ocultando información sobre las circunstancias del atentado, y a pesar de la presión que ejercen sus altos mandos, se niega a secundar la versión oficial, algo que agota la paciencia de Jesús (Karra Elejalde), un funcionario que el Ministerio de Interior ha en enviado para presionarle, poniendo en peligro con ello su seguridad y la de su familia.
     
      Se adivina en Calparsoro su debilidad por el cine de género, y si algo queda demostrado en INVASOR es su habilidad para rodar escenas de acción con firmeza  y dinamismo (las escenas bélicas en el comienzo de la película, la persecución de coches por las carreteras del centro de La Coruña). Suele, además, rodearse de actores competentes (nadie en el reparto desentona y todos rayan a un nivel aceptable), a los que en demasiadas ocasiones se les obliga a estar por encima de guiones endebles, es lo que ocurre en su nueva apuesta aunque el director se esfuerza en dotar a la función de una factura pulcra y un esmerado acabado formal. 

      La película tiene un aspecto visual imponente y una maravillosa luz atmosférica que confiere un tono especial a las maravillosas localizaciones. También será fácil observar que el cineasta no se siente tan cómodo a la hora de rodar las escenas más íntimas, aunque su defensa admite lo lamentable de un libreto que escupe diálogos planos dentro de un fatigoso esquematismo en donde forman pareja de baile el tópico y el absurdo, y que tiene como mayor dislate el elemento conspiranóico. Hay voluntad y hay medios (3 millones de euros no son moco de pavo en el cine español), el comienzo es prometedor, con unos elaborados flhasbacks que sirven para perfilar a los personajes y situar al espectador en las entrañas del conflicto durante todo el metraje, lo mejor de un relato que en determinado momento pierde la brújula.
     
      No necesito conocer personalmente a Daniel Calparsoro para saber que es un cineasta que adora su oficio, una labor en la que influyen múltiples factores y para la que se necesita asumir riesgos importantes y en la que todo resulta más fácil si cuentas con un guión sólido. No es el caso, y aún así el mensaje del film nos llega nítido, aunque también quede claro que el director barcelonés no busca sesudas reflexiones sociopolíticas sobre el sinsentido de las guerras, las víctimas inocentes, los daños colaterales y sus pavorosas secuelas, pero como la mayor víctima de la guerra es la verdad, opta por centrarse en el tormento del protagonista que arriesga su vida por intentar acercarse a ésta, siempre envuelta en un magma de intereses bastardos que convierten las vidas de unos hombres íntegros en marionetas. 

      He escrito repetidamente sobre la influencia cardinal de la saga Bourne en el thriller de acción moderno, el director de Ausentes se hace eco de esta zumbona resonancia para diseñar la adrenalínica set piece de la persecución de coches con una inusitada tensión y energía, una escena tan contundente como la pelea cuerpo a cuerpo en la orilla del mar, lástima que en favor del ritmo y la acción quede opacado un realismo más tangible, las esencias de la dramaturgia. Porque si el espectador empatiza con el protagonista en su esfuerzo por descubrir la verdad en una peligrosa misión que le enfrenta a los poderes en la sombra (en donde advertimos una notable influencia del thriller político setentero al estilo de Alan J. Pakula) y sus siniestros esbirros (un grotesco Karra Elejalde), también al espectador le cuesta asumir la credibilidad de una función a la que penaliza la brusquedad y falta de rigor de su tramo final, una resolución muy disparatada y peliculera.