domingo, 22 de abril de 2012

BATTLESHIP


Patriotera, belicista, superficial: ideal para un público adocenado
BATTLESHIP
DIRECTOR: PETER BERG.
INTÉRPRETES: TAYLOR KITSCH, LIAM NEESON, ALEXANDER SKARSGARD, BROOKLYN DECKER, RIHANNA.
GÉNERO: FANTÁSTICO / EE. UU. / 2012  DURACIÓN: 131 MINUTOS.   

     Que la imaginación escasea en Hollywood es algo que sabemos desde hace décadas, y aunque una película se puede inspirar en cualquier cosa (Transformers en unos juguetes, Piratas del Caribe en una atracción), tomar como base el popular juego de mesa de Hasbro “Hundir la flota” dice mucho de la parquedad de ideas en que está inmersa la meca del cine, siempre a la búsqueda de una saga que como ¿Crepúsculo? ¿Harry Potter?, se convierta en una fuente inagotable de beneficios. Superando los 200 millones de presupuesto, BATTLESHIP, aun con el gancho de la intervención de la famosa diva pop Rihanna, tendrá muy difícil cumplir ese objetivo.  
      
      Estrenada en España antes que en Estados Unidos (en donde tiene previsto su estreno el mes de mayo), el film nos sitúa en Hawai, donde la flota naval norteamericana dispone de sus más avanzados buques de guerra. Es allí donde se plantea una épica aventura que podría terminar con la destrucción de la humanidad. El enemigo es una extraña y poderosa raza de extraterrestres que se instaló en la Tierra para hacer del planeta su esclavo, como proveedor de energía a través del agua. La encarnizada guerra está diseñada como si fuera un juego de mesa mostrando las decisiones y acciones de los combatientes, así, personajes como el teniente Alex Hopper (Taylor Kitsch), oficial de la marina del John Paul Jones; el comandante Stone Hopper (Alexander Skarsgard), hermano mayor de Alex al cargo del Samson; la suboficial Raikes (Rihanna), especialista en armas del John Paul Jones, y el almirante Shane (Liam Neeson) oficial superior de Hopper y Stone y padre de Sam Shane (Brooklyn Decker), fisioterapeuta de la marina y novia de Alex, intentarán evitar por todos los medios que la temible raza de alienígenas se haga con los mandos de nuestro planeta y acabe con la vida tal y como la conocemos. 

      No me parece a mí que la variante de los marcianos haga más atractivo este juguete al frente del cual está el actor y director Peter Berg (Hancock, La sombra del reino), de hecho si el enemigo fuera saudí o norcoreano tal vez tuviera más sentido lo que no es más que un artefacto propagandístico de exaltación patriótica y militar. Como era de esperar por el material en el que se inspira, el guión es simplón y con más agujeros que un queso de Gruyère (absurda toda la planificación de la estrategia bélica), lo que no puede esconder unos impresionantes efectos digitales que se convierten en el único atractivo de la función. BATTLESHIP es cine palomitero absolutamente olvidable a modo de largo spot para el reclutamiento, una proclama belicista en donde los vacuos esfuerzos de sus entusiastas protagonistas (con sus gestos adustos, pecho inflamado y alta moral), los convierten en meras marionetas al servicio ideológico del Tío Sam. El diseño y las acciones digitales corren a cargo de los creadores de Transformers, especialistas en blockbusters y productos fast-food que nos presentan detalles nada originales de esos acorazados de mecánica muy avanzada. La película, vista como una explosión de fastuosos fuegos artificiales desde una montaña rusa, no sorprende ni en el diseño de los marcianos, que parecen clones sacados del popular videojuego Halo.  

      Y en ese maremágnum de estallidos, fogonazos y efectos visuales podemos encontrar contadas escenas bien planificadas en su dimensión mastodóntica y espectacular, pero como parece que ni sus responsables se toman en serio el invento, olvidamos pronto las razones de la invasión alienígena para centrarnos en la acción  de floreros como la cantante Rihanna, cuya presencia, sin ser testimonial, carece de enjundia, demostrando que está en buena forma física aunque sus cualidades interpretativas estén muy limitadas. Todo esto ya lo ha hecho anteriormente Michael Bay con igual (o superior) soltura, cine que aúna visión del espectáculo con dogmatismo patriótico, para rememorar dos trágicos acontecimientos grabados a sangre y fuego en el imaginario norteamericano: Pearl Harbor y el 11-S, y en donde ambos enemigos están representados alegóricamente por criaturas extraterrestres. En fin, publirreportaje rebosante de estereotipos (el afán de superación del chico guapo y problemático que se enamora de la rubia despampanante que además es la hija de su superior), que consigue alojar su mensaje y que nos recuerda la guerra es un estado viscoso adherido a nuestra cultura y economía.   ¡¡¡¡ Izad las banderas!!!!

viernes, 13 de abril de 2012

GRUPO 7


Sevilla, ciudad violenta
GRUPO 7
DIRECTOR: ALBERTO RODRÍGUEZ.
INTÉRPRETES: MARIO CASAS, ANTONIO DE LA TORRE, JOAQUÍN NÚÑEZ, JOSÉ MANUEL POGA, INMA CUESTA.
GÉNERO: THRILLER / ESPAÑA / 2011  DURACIÓN: 95 MINUTOS.   
    
      Sorprenden los cambios de registros temáticos en la filmografía del competente director sevillano Alberto Rodríguez, que debutó en el cine codirigiendo junto a Santi Amodeo la comedia El factor Pilgrim (2000), para después incidir en este género con la problemática de la inmigración como fondo en El traje (2002), surcar el territorio del drama suburbial con la exitosa 7 vírgenes (2005), y a continuación firmar aquel amargo drama generacional titulado After (2009). Ahora bucea de lleno en el thriller para presentarnos la que para este crítico es su mejor película hasta la fecha, GRUPO 7, film con tintes de crónica social en el que asistimos a la tremenda rutina laboral del así denominado grupo especial de la policía de Sevilla para limpiar de delincuencia el centro de la ciudad ante la inminente inauguración de la Expo-92. La brigada policial está compuesta por Ángel (Mario Casas), un joven aspirante a inspector, inteligente y compasivo, Rafael (Antonio de la Torre), un policía expeditivo, contundente y arrogante, Miguel (José Manuel Poga) y Mateo (Joaquín Núñez), que hacen gala de una socarronería nunca reñida con unos métodos poco ortodoxos.
      
      Ángel transita cada vez con más soltura por el camino de la ambición y los excesos policiales descuidando la relación con su esposa, Elena (Inma Cuesta), mientras Rafael, soltero y solitario, encuentra el amor inesperado en la enigmática Lucía (Lucía Guerrero), a la que acogerá tras ver como su novio la ha dejado tirada en la calle. El juego de traiciones, lealtades y sentimientos encontrados se complicara a medida que el grupo acumula éxitos y condecoraciones a la vez que denuncias por sus métodos al margen de la ley. Traspasan una y otra vez la línea que separa lo ético de lo abiertamente inmoral. Actúan con violencia, se sirven de mentiras y medias verdades, para el grupo todo vale.

      Inspirada en hechos reales y resonancias al cinéma vérité (en la onda de la crónica policial francesa, materia en la que son unos maestros, recordemos la magistral Ley 627 o la reciente Polisse), estamos ante un magnífico trabajo de campo que nos acerca a aquella realidad histórica que llevó a finales de los 80, en los preparativos de la Expo-92, a limpiar de yonkis, traficantes y rateros las calles del centro de Sevilla con el objetivo de ocultar una dramática realidad y ofrecer una imagen impoluta de la ciudad, trazando un camino aseado para la inauguración por parte del Rey de la muestra universal. GRUPO 7 es una película muy entretenida, con un ritmo vertiginoso e impactantes secuencias de acción que no desprecia en ningún momento la denuncia social, incitando a la reflexión sincera sobre unos personajes tensionados al límite, que tienen que hacer uso de toda clase de recursos y estratagemas sin importarles si el fin justifica los medios.

      Una de las grandes singularidades de la vida es que la mierda tiene el color del chocolate, y a uno no le queda más remedio que preguntarse, si en verdad está demostrado que existen cualificados directores españoles para realizar buen cine de género (en el policíaco las excelsas La caja 507, Celda 211, No habrá paz para los malvados) ¿por qué coño se enredan en paridas y bazofias tan indigestas? Será que creen que la mierda también sabe a chocolate. GRUPO 7 es la primera muestra de cine brillante patrio en lo que va de año, con un elenco que raya a gran altura incluso a nivel de secundarios (eso sí, Mario Casas sigue teniendo problemas de vocalización) y un Alberto Rodríguez que demuestra una vez más que es un gran director de actores, un film explosivo en su efecto tonal como radiografía del submundo del lumpen, y de una gran intensidad emocional para dotar de atractivo el perfil de esos dos policías tan antitéticos en su invertido tránsito de la luz a la oscuridad. Son polis porque así lo dicen sus placas, pero bien podrían estar al otro lado de la ley.

      Algunos personajes, como el de Inma Cuesta, quedan algo desdibujados y la vida interior de la pareja de policías protagonistas conforma un estereotipo muy acuñado, pero donde el film alcanza su plenitud es en su espléndida ambientación, en su buceo por las ciénagas pestilentes de la marginalidad y la miseria, las tripas, el submundo de una ciudad donde el trapicheo, la venta ilegal y las drogas no sólo conforman la punta del iceberg de una economía sumergida, también la constante de supervivencia de unos perdedores con graves problemas estructurales y cuyo nivel intelectual roza en demasiadas ocasiones la idiocia. Ser poli tiene sus riesgos y limpiar de basura las calles no es tarea fácil, lo que te obliga a comerte más de un marrón y a estar siempre alerta (observen los cuatro policías humillados tras ser desarmados y desnudados por unos traficantes en el popular barrio de la Candelaria), lo adivinas desde esa musculosa persecución inicial por los tejados del centro de Sevilla, que a lo largo del metraje nos llevará a la oscura  indefinición de fronteras entre el bien y el mal. Además del terrorismo, uno de los más trágicos problemas que sufrió la sociedad española en los 80 y 90 fue el masivo consumo de drogas duras que mermó a toda una generación, el recuerdo de aquellos fastos todavía me hace sentir su poso de perdición y muerte.

sábado, 31 de marzo de 2012

CRÍTICA DE "REDENCIÓN"


Del pecado, la salvación, el amor y otras angustias
REDENCIÓN
DIRECTOR: PADDY CONSIDINE.
INTÉRPRETES: PETER MULLAN, OLIVIA COLMAN, EDDIE MARSAN, NED DENNEHY, SALLY CARMAN.
GÉNERO: DRAMA / GRAN BRETAÑA / 2011  DURACIÓN: 91 MINUTOS.  
    
      Me ha convencido la ópera prima del conocido actor Paddy Considine, no sólo a mí, la película se ha alzado merecidamente con un puñado de premios en los más conocidos festivales de cine independiente. Considine, al que hemos visto en multitud de cintas como un actor secundario muy competente (El ultimátum de Bourne), nos sorprende gratamente con este virulento drama que nos presenta a un viudo alcohólico dominado por la rabia y la violencia, Joseph (Peter Mullan), que encuentra el consuelo y la posible redención en Hannah (Olivia Colman), una trabajadora de la caridad cristiana. Inicialmente Joseph, se burla de su fe y lo que cree una idílica existencia, pero pronto descubrirá que la vida de Hannah no tiene nada de envidiable, sometida por un marido que la maltrata y agrede sexualmente. A pesar del dolor, la soledad  y el caos que invade la vida de ambos, según avanza su relación, se darán cuenta de que la amistad y el amor pueden surgir hasta en los lugares más sombríos.

      
      REDENCIÓN es una película notable aunque difícil de digerir por el tremendismo y crudeza de algunas de sus más impactantes escenas, como esa inicial en la que el personaje de Joseph –interpretado de manera sobria por Mullan- sale de un pub borracho y maldiciendo descarga toda su ira contra su perro, al que adora, hasta matarlo a patadas. El carácter violento y autodestructivo de ese viejo tiranosaurio (título original mucho más eficaz y menos explícito que el elegido para su estreno en España), es la consecuencia de una mente atormentada por la culpa, el aislamiento y la melancolía que no encuentra el camino hacia la expiación por los excesos y pecados cometidos. En la línea del tradicional y descarnado drama social británico, Considine logra algo inaudito cuando tras la presentación de nuestro antihéroe a través de una concatenación de impulsos brutales, hace gala de una pericia extraordinaria para revertir el asco y la repulsión que siente el espectador en un sentimiento de empatía que se irá forjando durante su lacerante camino a la redención, inmerso siempre en una debacle de desesperación y desamparo. En ese tortuoso viaje iniciático tendrá una importancia vital Hannah, devota creyente maltratada física y emocionalmente por un marido agresivo y celoso (un magistral y siniestro Eddie Marsan en esa bestial escena en que llega borracho y orina encima de su mujer mientras duerme), que pasa las horas en un establecimiento de ropa para los más desfavorecidos.


      Dos almas perdidas, dos corazones en llamas, cuyo encuentro fortuito en ese singular espacio abrirá una puerta a la esperanza, la amistad sincera y el amor. Una excelente Olivia Colman calma el dolor y el desagravio con su  mirada piadosa y dulce verbo, ella se convertirá en el bálsamo que atenúe la rabia del irascible cascarrabias arrastrando sus propias miserias y mostrándole sin reservas su apoyo moral.


      Tomando como escenario los suburbios marginales de Leeds vemos entrar y salir de pantalla una galería de personajes atravesados por la tragedia y la angustia, nadie se salva, y en ese friso descorazonador de vidas ruinosas surcadas por una tremenda intensidad dramática, emerge el refugio espiritual para dar sentido a unos seres necesitados de aliento y afecto verdadero. Muéstrense, mis queridos lectores, absolutamente incapacitados para abordar esta película, pues no hay mecanismos de defensa ante la verdad desnuda, ante el sucio realismo policromático de su cercana fisicidad, el latido perturbador del sufrimiento y la férrea voluntad de cambiar el aciago destino. Con un intencionado estilo feista, REDENCIÓN nace de un corto del propio director del que se sirve como piloto para pergeñar un guión prodigioso vertebrado por transiciones perfectas y en donde todo el elenco trabaja sin redes de seguridad, y la historia, narrada en carne viva de manera visceral, deja a la imaginación trazos de un pasado oscuro como germen del irracional comportamiento de algunos personajes, su estremecedor proceder, el sustrato en donde fermentan sus traumas y desventuras. Como perros apaleados, nuestra pareja protagonista encontrará un resquicio para la esperanza, de ahí su simbólico y atípico final. La mirada de Joseph se ha dulcificado, no hay moraleja, sólo las huellas de lo vivido, en un sórdido marco social donde ya es hora de que los perdedores reivindiquen su épica y un aura que brilla con una luz especial.

viernes, 23 de marzo de 2012

FOTOGRAMAS EN LA RETINA: LOS RENEGADOS DEL DIABLO


     
       Me gusta el cine que hace el rockero Rob Zombie, con una filmografía compuesta hasta la fecha por cuatro títulos: el díptico La Casa de los 1000 Cadáveres (2003) y Los Renegados del Diablo (2005), y las dos entregas de la saga iniciada originalmente por Jonh Carpenter, el remake Haloween (2007) y su continuación H2: Halloween (2009), tanto en su música como en sus films se nota su pasión por la contracultura, la serie B y Z, el rock clásico, los cómics y el gran guiñol, pero es que además el fundador y frontman de la banda de metal industrial White Zombie, nos ha regalado uno de los mejores finales de película que este crítico recuerda en la última década. Fue precisamente en Los Renegados del Diablo tomando como fondo musical el magistral tema “Free Bird” de Lynird Skynyrd, cinta en la que, por supuesto, participaba su preciosa esposa, Sheri Moon Zombie, que posee un rotundo culo sureño. 


     
     Más cercana al western y la road-movie que al puro terror, en Los Renegados del Diablo, secuela de su ópera prima La Casa de los 1000 Cadáveres, nos volvemos a encontrar con la familia de asesinos sociópatas Firefly, rodeados en su casa por los hombres del terrible Sheriff Wydell (William Forsythe), armados hasta los dientes. Sólo Otis (Bill Moseley) y su hermana Baby (Sheri Moon Zombie), logran escapar indemnes de la tremenda balasera, para poco después reunirse con su esperpéntico padre, el Capitan Spaulding (Sid Haig). Juntos vivirán a salto de mata eliminando a cualquiera que se interponga en su camino. No obstante, la implacable caza emprendida por el Sheriff Wydell, que busca su venganza personal, nos abocará a un enfrentamiento brutal: el grupo de asesinos lanzándose como kamikazes contra una compacta barrera policial que corta la carretera y que les dispara sin compasión mientras la cámara congela cada uno de los disparos letales que van recibiendo. Un western salvaje, sórdido, sucio y polvoriento acorde con la tenebrosa personalidad de Zombie, uno de los pocos tipos con los que compartiría una botella de Jack Daniel’s.


lunes, 19 de marzo de 2012

CRÍTICA DE "EL PROFESOR" (DETACHMENT)

Magistral film de culto que envía un mensaje demoledor
DETACHMENT
DIRECTOR: TONY KAYE.
INTÉRPRETES: ADRIEN BRODY, CHRISTINA HENDRICKS, SAMI GAYL, MARCIA GAY HARDEN, JAMES CAAN, LUCY LIU.
GÉNERO: DRAMA / EE. UU. / 2011  DURACIÓN: 97 MINUTOS.   

     La problemática en las aulas ha sido siempre un tema recurrente en el que el cine ha buceado desde los clásicos Semillas de maldad (Richard Brooks, 1957) o Rebelión en las aulas (James Clavell, 1967), hasta las muy mediocres Curso 1984, El Rector, Mentes peligrosas, la resultona Precious (Lee Daniels, 2009) y la excelente Elephant (Gust Van Sant, 2003). Partiendo de esta preocupación temática, el sorprendente Tony Kaye lo ha vuelto a conseguir como ya lo hizo en su ópera prima American History X (1998), presentándonos la mejor película focalizada en ese convulso contexto. La triste y corrosiva DETACHMENT (Indiferencia) es tan buena que hace daño, remitiendo un mensaje absolutamente devastador sobre la conciencia humana y el declive de este destartalado estado del bienestar.
      
      Con un sólido libreto firmado por Carl Lund, el film (todavía sin fecha de estreno en nuestro país), centra su objetivo en la rutina del profesor sustituto Henry Barthes (un Adrien Brody pluscuamperfecto), brillante docente con la habilidad de conectar con los alumnos, aunque procura no pasar mucho tiempo en cada instituto para limitar el tiempo que convive con los alumnos evitando así cualquier conexión. Esas pocas semanas que pasa en cada colegio hace que su profesión sea perfecta para no sentirse obligado a desnudar su alma, pero cuando el nuevo trabajo le asigna un centro que está a punto de ser clausurado, el distante mundo de Henry se ve alterado por tres mujeres: una profesora, una alumna y una joven prostituta.

      Este cronista ha llorado pocas pero señaladas veces en el cine; siempre lo hago compulsivamente durante el desgarrador monólogo de Marlon Brando ante el cadáver suicida de su mujer en El último tango en París; aflicción que de forma irreprimible también me asalta durante la secuencia del metro parisino cuando Juliette Binoche se ve acosada por un grupo de magrebíes y sólo un anciano sale en su defensa en la magnífica Codígo desconocido de Michael Haneke, o en la escena final de La lista de Schindler cuando un magnético Liam Neeson se despide de sus tan agradecidos como asustados protegidos. Tal vez DETACHMENT resulte demasiado expansiva y ambiciosa en sus aspiraciones, pero una vez más una película ha logrado conmoverme hasta la congoja y el llanto en un ejercicio sublime de cómo una escena puede ser tan incisiva y demoledora en su planificación como en su reflexión intrínseca: presten atención a la imagen de Adrien Brody llorando abatido por su enorme carga existencial en un autobús en el que viajan dos pasajeros más, esto es una joven prostituta, Erica  (una espléndida y preciosa Sami Gayl a la que el profesor tratará de salvar), ocupada haciéndole una felación a un viejo vagabundo que finalmente la paga con una bofetada. Esa secuencia esencial resume la complejidad de una cinta que conecta al espectador con la atmósfera de un mundo que hace pagar un peaje muy alto a los seres sensibles tomando como columna vertebral el sistema educativo y buscando siempre la implicación emocional del espectador.

      Tony Kaye utiliza un estilo cercano al documental para a través de la mirada de nuestro afectado protagonista (lastrado por la trágica muerte de su madre durante su infancia y con su abuelo –al que adora- recluido en un geriátrico), dibujar un tenebroso lienzo en donde estudiantes carentes de estímulos muestran un total desinterés por la educación, la cultura y la sociedad en la que viven, la misma indiferencia que muestran sus padres por su educación y porvenir, y unos profesores a los que se les hace difícil enseñar a unos alumnos que tal vez piensen que su futuro sólo les deparará un trabajo aburrido por el que tampoco mostrarán ningún interés. Adrien Brody, que busca refugio en las cosas sencillas y bellas, en la literatura, es el hilo conductor que le sirve al director para indagar en la desolación de una sociedad decadente donde reina la apatía, desafecto que carcome las relaciones interpersonales y todos marcan distancias en su lucha por sobrevivir. Haciendo uso a veces de un tono experimental (esas transiciones a modo de animaciones en la pizarra), la sordidez y la brutalidad son chispazos que alertan sobre nuestra responsabilidad: ese niño matando a golpes a un gato atrapado en un saco, una fotografía de una vagina infectada como símbolo de una sexualidad alocada, o el suicidio público de una talentosa y solitaria alumna que pudo haberse evitado con un poco de ánimo y comprensión. Estamos ante la mejor película de lo que va de 2012, un relato que cubre de negrura un escenario desolador e invita a la serena introspección. Para el recuerdo quedará esa memorable escena que cierra la cinta: Brody sentado sobre su mesa de profesor leyendo pasajes de “La caída de la casa Usher”, de Poe, en el fondo de un aula vacía y ruinosa. El verbo floreciendo en medio del caos.