martes, 11 de agosto de 2020

CRÍTICA: "THE RENTAL" (Dave Franco, 2020)


Y de repente… la oscuridad
“THE RENTAL” êêê
DIRECTOR: Dave Franco.
INTÉRPRETES: Dan Stevens, Allison Brie, Jeremy Allison White, Sheila Vand, Toby Huss.
GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 88 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2020.

    
    Interesante debut del actor Dave Franco (hermano de James Franco) en la dirección que nos narra la historia de dos parejas, Charlie y Michelle, Josh y Mina (Dan Stevens, Allison Brie, Jeremy Allen White y Sheila Vand) que alquilan una fastuosa casa en la costa para disfrutar de un fin de semana juntos. Sin embargo, lo que tendría que ser un tranquilo weekend entre amigos (los dos hombres son además hermanos) se va tornando cada vez más siniestro cuando los secretos entre ellos salgan a la luz, complicando la convivencia y empezando a creer que no están solos y que el dueño de la casa los espía.

   
   Con ecos referenciales a otros clásicos del género, tras ver The Rental los aficionados vamos a estar muy pendientes del próximo trabajo de Dave Franco. Pero no nos engañemos, aunque esta ópera prima resulta satisfactoria como trabajo de aprendizaje, su premisa no es nada original e incluso podemos adivinar lo que ocurrirá en muchas escenas. Aun así, nada cuesta reconocer que la película está filmada con buen pulso, sobriedad y una tensión que va in crescendo de manera contenida, gracias al buen trabajo detrás de la cámara, el compromiso interpretativo del elenco, una banda sonora incisiva, una lánguida fotografía y una atmósfera absorbente.


  Con un ajustado metraje, Franco construye con pericia el arco dramático de los personajes y sus relaciones interpersonales dibujando con sorprendente virtuosismo sus perfiles psicológicos. Introspección que se eleva como lo más fructífero de la función y que logra mantener la atención por la trama hasta el explosivo clímax final, enmarcado dentro del slasher más puro. La tensión sexual y violenta entre los miembros de las dos parejas va aumentando más allá del descubrimiento fatal de que están siendo espiados, punto de inflexión para que el relato se bifurque por los senderos trillados del subgénero home invasion.


    Sabemos ya que todo se complicará para estos jóvenes guapos y triunfadores (alguien les observa desde lejos) que acabarán desnudando sus miserias, sus traiciones y egoísmo, mentiras y oscuros secretos que definen personalidades muy alejadas de la imagen cosmopolita y tolerante que proyectan. La intriga aumenta en dosis medidas, un recurso para configurar con exactitud a unos personajes con muchas debilidades y fácilmente manipulables. Triste metáfora de estos lúgubres tiempos que nos ha tocado vivir, cuando por fin has alcanzado el éxito, llega la oscuridad.  


miércoles, 5 de agosto de 2020

CRÍTICA: "OPEN 24 HOURS" (Pedraig Reynolds, 2018)


Lluvia y sangre
“OPEN 24 HOURS” êêê
DIRECTOR: Pedraig Reynolds
INTÉRPRETES: Vanessa Grasse, Emily Tennant, Brendan Fletcher, Cole Vigue, Selina Giles, Tomi May.
GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 97 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2018.


   El director encasillado en el género de terror Pedraig Reynolds debutó en el año 2011 con la irregular cinta Rites of Spring, film inédito por estos lares con un flojo guión del propio director que a pesar de que no inventa la pólvora contiene algunos hallazgos interesantes y resulta superior a su siguiente criatura Worry Dolls (2016), un fallido relato que trata sobre un asesino en serie que es abatido por la policía pero cuando en un tranquilo pueblo se suceden una serie de crímenes se darán cuenta de que su legado sigue vivo.


   Su penúltima película, Open 24 hours es su mejor creación hasta la fecha, una película que relata el drama de Mary (Vanessa Grasse) una joven que, tras una temporada en la cárcel, acaba de salir de un hospital psiquiátrico tras prender fuego a su novio, un asesino serial psicópata que sigue en prisión y que la obligaba a mirar cuando asesinaba a sus víctimas. La misma noche que comienza a trabajar en una aislada gasolinera, comienzan a aparecer los cadáveres. Mary está siendo tratada porque sufre alucinaciones debido al trauma sufrido, la pregunta es ¿es su novio el responsable de los nuevos crímenes o sigue en la cárcel y todo es una consecuencia de las paranoias de la protagonista?


   Entre la paranoia y la realidad, sin estridencias, ni pretensiones ni moderneces, Pedraig Reynolds utiliza todos los códigos del género para armar un artefacto entretenido que juega con la posibilidad de que todos los macabros sucesos sólo estén ocurriendo en la mente de la protagonista… o no. Poco importa porque sin salirse de los tradicionales senderos de la intriga y el terror con buenas dosis de gore, Open 24 hours consigue mantener la atención del espectador durante toda la función gracias a unas aceptables interpretaciones, una fotografía de colores ocres cortesía de David Matthews y crear así una atmósfera inquietante en la gasolinera abierta las 24 horas y situada en medio de la nada. 


   Único escenario en donde cada pequeño ruido es una señal de alarma para Mary, que recorrerá aterrorizada todos los pasillos, lavabos y almacenes, con alguna escapada fuera tratando de huir de la amenaza de un killer de imponente estética (como mandan los cánones) que utiliza para sus crímenes herramientas muy contundentes. Es el conocido asesino en serie “El Destripador de la lluvia”, que aparece en las noches de lluvia y que será de nuevo la peor pesadilla de una Mary con la mente erosionada que tendrá que hacer frente a sus demonios si quiere encontrar una paz que tal vez sólo con su muerte será definitiva. Buena peli.


martes, 28 de julio de 2020

CRÍTICA: “TAKE ME SOMEWHERE NICE” (Ena Sendijarevic, 2019)


El viaje interior
“TAKE ME SOMEWHERE NICE” êêê
DIRECTOR: Ena Sendijarevic.
INTÉRPRETE: Sara Luna Zoric, Lazar Dragojevic, Ernad Prnjavorac, Sanja Vuric, Jasna Djurisic, Mario Knezovic.
GÉNERO: Drama / DURACIÓN: 91 minutos / PAÍS: Países Bajos-Bosnia / AÑO: 2019.


   Debut cinematográfico de la directora Ena Sendijarevic que obtuvo con esta película el Premio Especial del Jurado en el Festival de Rotterdam y el Premio a la Mejor Película en el Festival de Sarajevo. Take Me Somewhere Nice sigue a Alma (Sara Luna Zoric) una adolescente nacida y criada en Holanda después de que sus padres huyeran de la Guerra de los Balcanes. Tras la contienda, su padre sintió nostalgia y regresó a Bosnia, dejando abandonada a su familia en Holanda. Alma es una chica decidida, con carácter, que se embarca en un viaje solitario por Bosnia para conocer y despedirse de su padre, ingresado en un hospital con un cáncer terminal. En Bosnia sólo conoce a su primo Emir (Ernad Prnjavorac) y mantendrá una relación con el amigo de éste, Denis (Lazar Dragojevic). Juntos se aventurarán en un viaje hasta el hospital donde está ingresado el padre de Alma.


   Con un guión irregular de la propia directora, Take Me Somewhere Nice nos sumerge en la rebeldía de una juventud confundida y sin horizontes al mismo tiempo que nos hace transitar par la deprimente realidad de la actual Europa. Las sensaciones y contradicciones de una joven que descubre el sexo y tal vez lo efímero del amor tomando como escenario Bosnia, que como todos los países balcánicos tiene su propio ritmo, remarcando las diferencias entre la Europa occidental y la del este, que jamás debe impedir la coexistencia.


    Pero la ópera prima de Ena Sendijarevic es ante todo (siguiendo así el canon de toda road movie) el atractivo retrato de una joven que derrocha sensualidad en un viaje de descubrimiento interior. Dando oxígeno a la protagonista está una magnífica Sara Luna Zoric, ella es la luz de ese trío que se cruzarán con personajes pintorescos y vivirán situaciones tan surrealistas como la de la policía y el ataúd, o alguna explosión de violencia como la que se produce en la playa con la excusa de las tumbonas. Con colores jabonosos, la excelente fotografía de Emo Weemhoff atrapa el misterio inconsciente de la juventud de los protagonistas mientras ilumina un trayecto rebosante de lugares decadentes. Take Me Somewhere Nice se impone como una fábula sobre la incertidumbre de la existencia en los oscuros tiempos que nos ha tocado vivir.


viernes, 24 de julio de 2020

CRÍTICA: "BECKY" (Jonathan Milott y Cary Murnion, 2020)


La ira de Becky
“BECKY” êêê
DIRECTORES: Jonathan Milott y Cary Murnion.
INTÉRPRETE: Lulu Wilson, Kevin James, Joel McHale, Amanda Brugel, Robert Maillet, Ryan McDonald.
GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 100 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2020.

  
   Jonathan Milott y Cary Murnion debutaron en el año 2014 dirigiendo la simpática comedia de terror Dulces criaturas, film que versa sobre un misterioso virus que se extiende por un colegio y transforma a los alumnos preadolescentes en una cuadrilla salvaje de zombis. Tres años mas tarde, presentaron en el Festival de Sitges Bushwick (2017) irregular cinta que está protagonizada por el actor y exluchador profesional de artes marciales mixtas Dave Bautista y que narra la odisea de una chica que al salir del metro de Buswick se encuentra con un grupo de hombres armados que no dudan en disparar a matar.

  
    Becky (Lulu Wilson) es una adolescente que pasa el fin de semana en una cabaña en el bosque junto a su padre viudo y la que pretende ser su madrastra y su hermanastro. Pero todo toma un giro inesperado cuando un grupo de convictos que se han fugado durante un traslado aparecen de repente invadiendo su hogar y sus vidas.

  
    Partiendo de la base de que la premisa no tiene nada de original y que el subgénero “home invasion” está ya muy trillado, Becky se impone como un film aseado en el que asistimos a la explosión de ira de una adolescente que ha tenido que pasar por acontecimientos tan dramáticos como la muerte por enfermedad de su madre además de haber sufrido el acoso escolar en el colegio por parte de sus compañeros. La repentina aparición de un grupo de convictos supremacistas de la Hermandad Aria que buscan una llave escondida en la casa (lo que se llama un aunténtico MacGuffin), será el detonante para liberar toda la ira, el dolor, la tensión y la frustración acumulada.

   
    Becky es un relato sobre un alma herida en donde se despliega una violencia visceral y los aspersores de hemoglobina salpican la pantalla con momentos gores que pueden resultar muy desagradables para los estómagos delicados. Podemos aceptar que algunas escenas están filmadas de forma efectista pero el buen pulso de Milott y Murnion hace que la tensión atrape al espectador durante todo el metraje. Con una rápida y eficaz presentación de unos personajes apenas dibujados, un comienzo en donde brilla el montaje paralelo y momentos que trazan el arco dramático (la trágica muerte del padre) y otros diseñados con una sencilla y calculada planificación (el diálogo a través del walkie-talkie entre Becky y el líder de los villanos), que inciden en el mensaje de hasta dónde puede llegar una persona que está dolida y se siente traicionada, amenazada y herida.  

domingo, 12 de julio de 2020

CRÍTICA: "ACOLYTES" (Jon Hewitt, 2008)


En lugar de Australia…
“ACOLYTES” êêê
DIRECTOR: Jon Hewitt.
INTÉRPRETE: Joel Edgerton, Michael Dorman, Sebastian Gregory, Hanna Mangan Lawrence, Joshua Payne.
GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 81 minutos / PAÍS: Australia / AÑO: 2008.

   Ópera prima del director australiano Jon Hewitt que sólo ha realizado dos largometrajes más hasta la fecha, el thriller Una noche de venganza (2011) sobre dos mujeres cuyos destinos se cruzan en la oscura zona del sexo de la ciudad durante una noche que cambiará el resto de sus vidas; y la película de acción Turkey Shoot (2014) que no he visto al permanecer inédito su estreno en España en cualquier formato.


     Acolytes sitúa la acción en un solitario suburbio residencial y comienza con la desaparición de una chica llamada Tanya (Holly Baldwin). La tranquilidad del lugar es muy engañosa, además de la joven desaparecida, dos adolescentes, Mark y James (Sebastian Gregory y Joshua Payne) planean el asesinato del matón del barrio que les hace la vida imposible. Sin embargo, mientras buscan la forma de acabar con su maltratador, encuentran el cadáver de una turista canadiense asesinada en el bosque, y así, los dos chicos y la novia de Mark, Chasely (Hanna Megan Lawrence) se verán involucrados en una terrorífica situación que no habían previsto.

   
   Antes de bifurcarse por siniestros senderos, Acolytes comienza relatando la tediosa vida de tres adolescentes en una anodina zona residencial de algún lugar perdido de Australia, el aburrimiento que preside sus vidas se verá alterado por ciertos acontecimientos y una atmósfera enrarecida que se va tornando más peligrosa a medida que avanzan sus pesquisas tratando de seguir el rastro del autor del asesinato de una turista y al mismo tiempo ideando cómo deshacerse del macarra que abusó de ellos cuando eran niños. Acolytes, que obtuvo los premios a la Mejor Película, Fotografía y Actor (Joel Edgerton) en el Festival de Melbourne, se impone como un film multirreferencial y estiloso que sirve a Jon Hewitt para armar un perverso universo con una intrincada arquitectura narrativa y un atractivo look visual. Algo a lo que contribuye el paisaje sombrío y desértico tanto urbano como campestre, pues oscilando entre el siempre amenazante bosque y el barrio residencial se crea una perfecta ambientación para una exhibición de atrocidades. Hewitt logra mantener la tensión saltando de diferentes escenarios para desarrollar la acción que alterna con sórdidos flash backs sobre el brutal suceso que traumatizó a los dos amigos cuando eran niños y por el que ansían vengarse.


   Al espectador se le hace difícil empatizar con ningún personaje, pues al descerebrado trío de adolescentes protagonistas se le une un depredador psicópata sexual y un asesino en serie convencional al que da vida de forma eficaz Joel Edgerton. Es cierto que no parece probable que en una localidad con tan poca densidad de población puedan existir tantos criminales perturbados, pero recordemos que Australia es un inmenso continente rebosante de misterios y leyendas. 


   Con vistosos recursos técnicos, Hewitt  mantiene un potente equilibrio entre las formas clásicas y la innovación, sin abusa de los efectos de sonido y da valor a  una luminosa fotografía de David Franzke en la que domina el blanco y los tonos azulados para fusionar el elemento bucólico con la desolación del entorno, y unos cielos rebosantes de nubes que amenazan tormenta. El largo clímax final confiere luz a los retruécanos de un misterio que comienza con una chica magullada que es perseguida por el interior del bosque. Como siempre, la verdad es dolorosa y nadie es inocente.