miércoles, 29 de febrero de 2012

REVISTA DE HISTORIA DE LAS VEGAS ALTAS



La publicación Revista de Historia de las Vegas Altas es un proyecto del Grupo de Estudios de las Vegas Altas (GEVA) para difundir el conocimiento científico e histórico sobre la comarca extremeña de las Vegas Altas del Guadiana.
Constituye un foro abierto a la publicación de artículos que versen sobre la economía, sociedad, cultura, demografía, etcétera, de esta comarca, escritos en castellano. No obstante, la publicación también está abierta a trabajos de Historia Local e Historia Regional que, sin tener una vinculación directa con esta comarca, tienen un interés científico notorio, cuentan con una metodología útil y novedosa o ponen en valor nuevas fuentes para el estudio de la historia local.
Se invita a todos los interesados a presentar propuestas de artículos al Número 2 de la Revista de Historia de las Vegas Altas, revista de la Asociación “Torre Isunza” editada por el Grupo de Estudios de las Vegas Altas.
La Revista de Historia de las Vegas Altas es una publicación de ámbito regional que incluye trabajos de investigación sobre historia y cultura local, preferentemente relativos a Don Benito y la comarca de las Vegas Altas del Guadiana. En general, se aceptan artículos que, siendo inéditos, traten sobre cualquiera de las cuestiones propias de la Historia Local, siendo bien recibidas versiones preliminares de artículos que posteriormente vayan a enviarse a alguna revista de mayor notoriedad, estados de la cuestión, textos para el debate, crítica de fuentes y series estadísticas.
Las propuestas de artículos, que deben ajustarse en lo posible a las normas de edición publicadas en la web http://revistadehistoriadelasvegasaltas.wordpress.com/, deberán enviarse antes del 30 de Marzo de 2012 a la dirección de correo electrónico abajo indicada.
Los artículos sufrirán un proceso de evaluación, recogido en la web arriba indicada, por parte de los miembros del consejo asesor de la Revista, y su publicación estará condicionada a la aceptación del mismo por parte del consejo de redacción de la misma. En caso de aceptación, se supedita su publicación al posterior número de la Revista en que tenga cabida.
Las propuestas de artículos deben enviarse por vía electrónica a:
Grupo de Estudios de las Vegas Altas: geva.rhvvaa@gmail.com

lunes, 27 de febrero de 2012

EL SUICIDIO DEL CINE ESPAÑOL


     De pequeño aprendí que no se debe morder la mano que te da de comer. Es uno de esos sabios y sencillos adagios populares que hasta el ser más inconsciente o ignorante debería tener en cuenta. Esencialmente son tres los argumentos que se esgrimen para explicar el anunciado suicidio del cine español: el exceso y la baja calidad de las producciones, las descargas ilegales y la manida crisis económica, que lo mismo vale para un roto que para un descosido. No dudo de que algunos de estos factores tengan algo que ver con la inmolación, sin embargo, de manera sibilina e interesada se trata de ocultar la que para el abajo firmante es una de las causas principales de esa dramática diáspora: la desafección de un importante sector de la sociedad que se niega a pagar por ver unas películas financiadas en menor o mayor medida por el erario público (si les pagamos las subvenciones ¿para qué les vamos a pagar otra vez en taquilla?, se preguntan) y cuyos responsables (cómicos, faranduleros y demás hierbas) han insultado sistemáticamente a la mitad de España por el simple hecho de ser votantes de una opción política legítima y democrática distinta a la de ellos. Valgan estos ejemplos: Pedro Almodóvar: “El PP está preparando un golpe de estado”. José Luis Cuerda: “Que no vuelva esa turba mentirosa y humillante que piensa, desde su imbecilidad, que todos somos más imbéciles que ellos”. Federico Luppi: “Hay que ponerle un cordón sanitario a esa derecha cerril y gótica”. Sin olvidar a Almudena Grandes o Maruja Torres, la cual se despachó con la siguiente lindeza: “Los votantes del PP son unos hijos de puta”. Brutal, ¿Verdad? Pero ya saben que todos estos infames comentarios sólo se pueden explicar desde la insultante superioridad moral de la izquierda y su impoluto pedigrí demócrata.
      
      El cine español ha recibido en 2010 la cantidad de 93 millones de euros en subvenciones y ha recaudado tan sólo 70 millones en taquilla. La pérdida de casi 7 millones de espectadores poco tiene que ver con la crisis económica porque mientras en 2009 se recaudó 556´6 millones de euros, en 2010 subió hasta 575´1 millones, por lo que la responsabilidad de que nuestras salas hayan dejado de ganar 20 millones recae exclusivamente en el escaso éxito del cine español. Como el primer socio-económico de nuestro cine es el Ministerio de Cultura, tan nefasta cuenta de resultados sólo se puede admitir con la dimisión automática de la exigua ministra González Sinde. Con sus leyes censoras, la peor ministra de cultura de la historia, está ahora empeñada en luchar contra la piratería porque en su inopia cree que las descargas ilegales tienen una incidencia cardinal en esos resultados negativos, cuando todos sabemos que las películas españolas tardan siglos en aparecer colgadas y representan un porcentaje ínfimo de las descargas.
      
      Personalmente, mientras que la película sea buena no me importa el género ni la temática, y me es fácil demostrar que en un plano comercial la calidad de la película no suele tener una trascendencia relevante sobre su rentabilidad en las salas, ahí tenemos el caso de la infumable saga Torrente o el ejemplo de ese truño titulado 3 metros sobre el cielo, convertido en el film más taquillero del año con 10 millones recaudados. Aun así, sigue existiendo un número elevado de producciones con más caspa que la bufanda de Massiel, y el espectador español está harto de comedias bufas cargadas de tacos gruesos y sexo sin control, de historias guerracivilistas narradas siempre desde la misma óptica maniquea y sectaria, de dramas que nos presentan a una mujer alcohólica medio desnuda en la cocina de su casa mientras su hijo drogadicto le hace una felación a un travesti en el portal. El cine no es una ONG, es arte, pero también una industria necesitada de buenos gestores y artistas que sepan aunar con acierto la calidad de una obra con su buen rendimiento económico. Si los responsables del pesebre siguen con su taimada ideologización esto no será nunca posible.

jueves, 9 de febrero de 2012

POEMA


                                    AMOR EN MAL ESTADO
                                                                         
                                           I
                            Y Pensaste que podías cambiarme,
                                         y trataste de ahuyentar las sombras,
                                         y dormías como la gata en la chimenea
                                         soñando con sendas pintadas de negro
                                         y desiertas como hojas de olvido.



                         



                                                        II
                                         Y  te masturbabas con plumas de pavo real
                                        bajo la mortecina luz
                                        de un quinqué oscilante,
                                        creyéndote diva frustrada,
                                        adornando tus pechos con cristal barato,
                                        mordiendo manzanas,
                                        esbozando una sonrisa esponjosa
                                        que no me creía.



                                      III
                                          Estaba predestinado
                                          y secabas con tu pelo mis lágrimas.
                                          Cayó el sufrimiento en forma de cruz,
                                          emergieron los terrores
                                         de un lago de sectas
                                         primitivas y delirantes.



                                        IV
                                        Hay tinieblas que me persiguen a cuatro patas,
                                        a lomos de una yegua vieja y lastimera.
                                       Pudridero fétido  de los recuerdos,
                                       roto mi corazón,                              
                                       tengo que digerir tanta nostalgia
                                       que puede que la amargura
                                       sea sólo cansancio.





                                          V
                                            Ah, esplendor del olvido,
                                            allí quedó definitiva la alcoba
                                            como paso sigiloso de besos
                                            que volaron para siempre…
                                            Y yo escribo el poema
                                            como el viejo escupe
                                             su último diente.
                                            

miércoles, 8 de febrero de 2012

LA PIEL QUE HABITO


Un truño con ínfulas de auteur

LA PIEL QUE HABITO ê
DIRECTOR: PEDRO ALMODÓVAR.
INTÉRPRETES: ANTONIO BANDERAS, ELENA ANAYA, MARISA PAREDES, BLANCA SUÁREZ, FERNANDO CAYO, JEAN CORNET.
GÉNERO: DRAMA / ESPAÑA / 2011  DURACIÓN: 117 MINUTOS.    
            
      Definitivamente, la deriva de Almodóvar no parece tener fin. Tras su último fiasco, Los abrazos rotos (2009), irrumpe furtivo por varios géneros en un patético ejercicio de cinefilia ante el que es imposible contener la risa y el sonrojo, un grotesco híbrido que pretende navegar por el melodrama, el terror a lo giallo y las pautas del suspense hitchcockiano. El cineasta manchego se inspira tibiamente en la novela “Tarantula” de Tierry Jonquet para romper –cosa que no logra- su monotonía folletinesca acoplando la premisa del texto a su universo y estilo. Tal vez ese presunto cambio de registro le haya supuesto una liberación, una experiencia innovadora, un bautismo de fuego que le aleja del encasillamiento, pero para este cronista sólo es otra historia aburrida, enfática en sus ínfulas de auteur, mediocremente interpretada e inane y dispersa en sus reflexiones sobre la pérdida, el dolor, la identidad y la venganza.

       Vayamos con el argumento: LA PIEL QUE HABITO nos narra la historia del  cirujano plástico Robert Ledgard (Antonio Banderas), obsesionado con crear una nueva piel que haga sentir al ser humano la sensibilidad de las caricias y al mismo tiempo sea una fuerte coraza que le defienda de las agresiones internas y externas. Su enfermiza fijación se debe a que su mujer murió a causa de las graves quemaduras que sufrió en un fatal accidente de coche. Para lograrlo hace uso de las ilimitadas posibilidades que le ofrece la terapia celular, la transgénesis, con la que lleva  experimentando muchos años en su laboratorio y que está absolutamente prohibida por la ley. En realidad, Robert sólo necesitaba una cobaya, un cómplice  y ningún escrúpulo. Los escrúpulos nunca fueron un problema para el galeno, como cómplice tiene a Marilia (Marisa Paredes), la mujer que se ocupó de él desde que nació, y en cuanto a la cobaya humana, son muchas las jóvenes que desaparecen de sus casas, en algunos casos por voluntad propia. Una de estas jóvenes, Vera (Elena Anaya), acabará atrapada en El Cigarral, la espléndida mansión que comparten Robert y Marilia. 
      
      Sinceramente, este Almodóvar es un fenómeno. El tipo tuvo el arrojo de confesar en Cannes que la mayor influencia de LA PIEL QUE HABITO fue la atmósfera sombría y asfixiante de aquella obra maestra firmada por Georges Franju en 1960 titulada Los ojos sin rostro. Y se quedó como es, más ancho que largo. Ole tus cojones, Pedro. El autor altivo y adorado, contento con su carácter subversivo, sigue sin darse cuenta de que citar a Franju, Fritz Lang, Douglas Sirk o Mary Shelley sólo le hace parecer más insignificante y ridículo. La nueva cagada de nuestro director más internacional es una de las películas menos originales, más huecas y pretenciosas de su irregular carrera: nos presenta una historia en formato de thriller, pero no encuentro clave alguna de este género por ninguna parte (malditismo, acción, misterio, suspense, amour fou); quiere adoptar caracteres, signos, recursos propios del giallo, pero no hay nada perturbador, gótico, salvaje ni amarillista en la forzada teatralidad de su propuesta; pretende que su principal protagonista, Antonio Banderas, adopte el hieratismo típico de los personajes del polar francés, y tan imposible sobriedad le hace parecer un muñeco de cera. Así, las secuencias que se suponen trágicas resultan irrisorias y el espanto gélido deviene en comedia bufa donde nada resulta creíble, salvo la inmarcesible belleza de Elena Anaya.     

      Es curioso que Banderas sea requerido por el director después de tantos años para encarnar un papel con ciertas conexiones con el de Átame, que a la vez estaba inspirado por el protagonista de la novela de John Fowles  y la película homónima de William Wiyler El Coleccionista (1965), al igual que el novelista Tierry Jonquet se vio influenciado por la novela de Jean Redon que dio pie a la magistral Los ojos sin rostro, una obra de culto del terror poético y surrealista. Laberinto referencial que ha llevado a nuestro oscarizado realizador a rehacer mil veces un guión mediocre, con aroma a déjà vu que deja en casi nada su fantasmal cambio de registro. La película número 18 de su filmografía no produce el vértigo ni la alarmante visión del abismo prometida por la maquinaria publicitaria del cineasta y sus críticos de cámara, sólo logra mantener una mínima expectación en el primer tramo, en esa presentación del “mad doctor” con sus tubos de ensayo y que mantiene cautivo al monstruo que está creando. Todo se viene abajo cuando la pesada narrativa (taimadas reflexiones sobre la identidad, las máscaras, el dominio), que nos trata de explicar el incendio emocional que ha incitado al elegante y severo doctor a llevar a cabo tan despiadada venganza contra quien causó su miseria familiar, moral y emocional. Con una atmósfera tan aséptica como bizarra, enjundiosos diálogos, dilatados flash-backs que revelan secretos familiares terribles y una estructura que juega con el espacio y el tiempo, se desarrolla este impostado engendro que nadie puede tomarse en serio, su compleja y trágica comicidad es una de las mayores tomaduras de pelo que este crítico ha sufrido en una sala de cine.  

martes, 7 de febrero de 2012


HOMENAJE A BERLANGA: INFINITAS GRACIAS, VIEJO VERDE.
     
     Con la muerte el pasado día 13 de Luis García Berlanga se va uno de los más grandes monstruos sagrados del cine español, genio universal por su inteligencia y sentido del humor. Nacido en Valencia en 1921, poeta, pintor y crítico de cine, se inició dos años después de graduarse en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas codirigiendo junto a Juan Antonio Bardem la comedia Esa pareja feliz (1951), y sólo un año después firma su primera obra maestra, ¡Bienvenido Mr. Marshall!, película sobre nuestra posguerra que representa una ácida crítica al plan de ayuda norteamericano. Su cine, deudor del neorrealismo italiano, está marcado, no obstante, por un genuino acento sarcástico español, que irá aumentando con el paso del tiempo. Calabuch (1956) y Los Jueves milagro (1957) cierran una etapa que dará paso a otra que va a quedar determinada por su colaboración con el guionista Rafael Azcona, la influencia de este original guionista –el mejor, sin duda, de la historia del cine patrio- dotará a los próximos films de Berlanga de un sentido del humor más negro y su crítica político-social se hará si cabe más amarga: Plácido (1961) película magistral de tono costumbrista y rebosante de veneno crítico, El Verdugo (1961) y La Boutique (1967), son buenos ejemplos de ello. En 1973 rueda la coproducción francesa Tamaño Natural, fallida cinta que tiene como protagonista al actor francés Michel Piccoli. Con la llegada de la democracia compone la corrosiva trilogía Nacional compuesta por La escopeta nacional (1977), Patrimonio nacional (1980) y Nacional III (1982), que narran las desventuras de una familia burguesa española desde la transición hasta la llegada del socialismo al poder. Sus últimas obras: La Vaquilla (1985), Moros y cristianos (1987), Todos a la cárcel (1993) y París-Tombuctú (1999), película protagonizada por Concha Velasco que cierra su carrera cinematográfica, sin dejar de ser interesantes están muy alejadas del nivel alcanzado con sus primeras obras.

       Hasta siempre Mr. Berlanga, nadie como tú para arrancar una sonrisa de las situaciones más sórdidas con esa mezcla de sarcasmo, ternura y crueldad (ya lo decía mamá: “comer no comeremos, pero lo que reímos”). Así, hace tiempo que acepté utilizar el adjetivo “berlanguiano” para definir las historias más absurdas que nacidas de la miseria moral y material que derivan en la carcajada sangrienta. Puede, amigo, que contra Franco no viviéramos mejor, pero lo seguro es que contra Franco hacíamos mejor cine. 

NOTAS SOBRE “EL VERDUGO”  (Luis García Berlanga, 1963)
          
El Verdugo nos presenta la historia de José Luis (Nino Manfredi), empleado de una funeraria que sueña con irse a Alemania para trabajar de mecánico. Mantiene una relación sentimental con Carmen (Emma Penella), hija de Don Amadeo (José Isbert) de profesión: verdugo. José Luis se ve forzado a casarse con Carmen y tener un hijo, algo que no deseaba, y lo que es peor, a heredar el oficio de su suegro, pues de esta manera puede acceder a un piso de protección oficial.
     
     En clave de comedia negra, esta magistral pieza del disparate consigue dos objetivos primordiales: en primer lugar convertir en proscrito a su autor situándole en el punto de mira del régimen imperante, cuyo entonces embajador en Italia, Alfredo Sánchez Bella, hace lo posible por evitar su estreno en el Festival de Venecia, claro está, sin conseguirlo. También, tras su exhibición, que se produjo con la cinta bastante mutilada, se adjudica a Franco la siguiente frase: “Berlanga no es un comunista, es algo peor, es un mal español”; en segundo lugar, El Verdugo se presenta como uno de los más terribles manifiestos contra la pena de muerte, donde la mirada cáustica y flamígera de sus creadores más que atenuar acentúa el tono de denuncia, logrando que muchas escenas de un tono agridulce se puedan ver como un retrato peripatético y oscurantista de la época.

      En España, coincidiendo con su estreno en Venecia, eran los días en que se iba a ejecutar al comunista Julián Grimau, la película estuvo sólo dos semanas en cartelera, el exhibidor, ante las presiones que venía sufriendo, decidió, en último término, retirarla. Rodada con largos planos-secuencia, desarrolla los asuntos que al director más le interesan: hombres encerrados entre horizontes muy estrechos de los que son incapaces de salir, el reflejo del miedo y la ignorancia humana que lleva al individuo a no rebelarse, el retrato –siempre con un matiz satírico- de la realidad que rodea a éste y las vanas ilusiones por las que suspira. Con un libreto en el que además del director y de Azcona también interviene el escritor italiano Ennio Flaianno, una fenomenal interpretación del inconmensurable Pepe Isbert y una estupenda fotografía de Tonino Delli Colli, el film contiene secuencias geniales que son un canto a la imaginación y un modelo de estructura narrativa: como aquella que, preparados para la ejecución del reo, se ve al condenado agarrado por varias personas que le conducen al patíbulo, y otro grupo más numeroso al anterior arrastrando al abatido verdugo. Obra maestra de la cinematografía mundial.