lunes, 13 de julio de 2015

MITOS ERÓTICOS DE LOS 80´s: KIM BASINGER


      Muchos aficionados  jóvenes desconocen que Kim Basinger (Athens, Georgia, 8 de diciembre de 1953) logró un Oscar como mejor actriz de reparto y el Globo de Oro en la misma categoría por su papel en L. A. Confidential (Curtis Hanson, 1997). Porque Kim Basinger, además de ser uno de los más grandes mitos eróticos surgidos de la pantalla grande, ha demostrado en contadas ocasiones ser también una actriz competente. Yo la conocí allá por 1983 como chica Bond en aquella nueva versión de Operación Trueno (1965) titulada Nunca digas nunca jamás (Irvin Kershner), un film que marcó el regreso de Sean Connery a la saga después de que en 1971 afirmara que nunca más volvería a interpretar a James Bond.


       Kim también estuvo nominada al Globo de Oro como mejor actriz de reparto por su participación junto a Robert Redford en El Mejor (Barry Levinson, 1984), una película de temática deportiva. Pero fue su papel protagonista en 9 semanas y media (Adrian Lyne, 1986) dando oxígeno a la a la galerista divorciada Elizabeth, el que consiguió elevar a la actriz a un lugar preferente en el Olimpo de las más deseadas sex symbol de Hollywood, consagrándola como un mito erótico imperecedero, una bomba sexual, una hermosa rubia de 1´69 cm de estatura que regaló para la posteridad uno de los más celebrados stripteases  de la historia del cine. El film, ya saben, cuenta la relación sexual que vive una pareja formada por Elizabeth y un bróker de Wall Street al que da vida Mickey Rourke. Una relación apasionada, vertiginosa, tórrida y hasta cierto punto peligrosa. Basinger nos ha brindado otras escenas ardientes en films como The Getaway (Roger Donaldson, 1994), 8 Millas (Curtis Hansen, 2002) y en Una mujer difícil (Tod Williams, 2004), pero siempre será recordada por su exuberante papel en el mítico film ochentero de Adrian Lyne cuando al ritmo candente de “You Can Leave Your Hat On” con la desgarrada voz de Joe Cocker se quedó sólo con el sombrero puesto.


     Una película, de un erotismo calculado, de diseño, pero de indudable atractivo para una década realmente fascinante, alimentó las fantasías sexuales de muchas parejas que salpimentaron sus devaneos eróticos con los más deliciosos postres de nata, mermelada y frambuesa. Kim Basinger fue elegida Miss Georgia a la edad de 16 años y se empezó a ganar muy bien la vida como modelo fotográfica y de alta costura. Como actriz debutó en la televisión y su debut en el cine llegó de la mano de David Greene en el film Hard Country (1981), lo demás es historia. Ha estado casada en dos ocasiones; la primera en 1980 con el maquillador Ron Britton, del que se separó en 1988; la segunda con el actor Alec Baldwin, padre de su hija Ireland y del que se separó en 2001.  Kim es vegana y activista por los derechos de los animales. En 1993 protagonizó el spot navideño del cava Freixenet, felicitando las fiestas a todos los españoles. Su último film estrenado hasta la fecha es el fallido drama I Am Here (Anders Morgenthaler, 2014).




domingo, 12 de julio de 2015

CRÍTICA: "TERMINATOR GÉNESIS"

Cómemela, capullo
TERMINATOR GÉNESIS êê
DIRECTOR: ALAN TAYLOR.
INTÉRPRETES: EMILIA CLARKE, JASON CLARKE, ARNOLD SCHWARZENEGGER, JAI COURTNEY, J.K. SIMMONS, DAYO OKENIYI.
GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN / EE.UU / 2015  DURACIÓN: 126 MINUTOS.   
           
      
      Sigo sin encontrar mucho sentido a este tipo de secuelas (remakes, precuelas, reebots) más allá de los réditos en taquilla -que cada vez serán menos debido al cansancio del respetable- y lo que suponen como evidencia de la falta de ideas de Hollywood. Terminator Génesis puede ser entendida como un sentimental homenaje a las primeras entregas de la saga porque intenta captar la atmósfera y esencia del film seminal y al mismo tiempo está aderezada con el chute de acción que nos propuso la segunda entrega. El problema es que queda muy lejos de una y otra debido a un guión incongruente atiborrado de diálogos tontos, espectaculares escenas de persecución y superficiales secuencias de acción. El tono de serie B de la película original se perdió en las múltiples secuelas de la franquicia, y sólo queda el artificio de un invento inane para ese público de multisalas tan adicto a los afectos especiales.


      Año 2032. En plena guerra del futuro, un grupo de humanos tienen al sistema de inteligencia artificial Skynet contra las cuerdas. Jason Connor (Jason Clarke) es el líder de la resistencia, y Kyle Reese (Jai Courtney) es su fiel soldado, criado entre las ruinas de una postapocalíptica California. Para salvaguardar el futuro, Connor envía a Reese a 1984 para salvar a su madre, Sarah (Emilia Clarke) de un Terminator programado para matarla con el fin de que no llegue a dar a luz a John, aunque a su lado tiene a un T-800 (Arnold Schwarzenegger) cuidando de ella. Pero lo que Reese encuentra al otro lado no es como él esperaba.
     

      Apuntaba que el tono pulp del film original se ha demostrado difícil de mantener a pesar de los continuos guiños a la misma. Sin embargo, era fácil de adivinar que la lucha entre humano y Skynet cada vez más intrincada se vería enfangada por una trama con muchas lagunas, farragosa e inverosímil, un galimatías argumental que penaliza la función hasta el punto de tener la sensación de que muchas cosas suceden porque sí, sin más explicaciones, o cuando éstas se producen resultan a todas luces incomprensibles. Si a esto le sumamos el débil perfil de los personajes (la participación de Schwarzenegger resulta grotesca, sobre todo cuando hace uso de esos gags tontos) y la alternancia de líneas temporales acaban por agotar al espectador que asiste al espectáculo con la distancia que produciría la visión de un vulgar parque temático. Todo para que en los sueños premonitorios de Reese aparezca una innovadora app informática llamada Génesis que le otorga el poder total a Skynet pensando en la aniquilación y el éxtasis de otro Día del Juicio Final. El director Alan Taylor denota un cierto respeto por la saga, pero no ha sabido demostrar esa emotividad con su desprecio por la magia y el carácter de culto de la premisa original inclinándose por un absurdo juego de pirotecnia.


      No toda la culpa es suya, el enrevesado libreto no ayuda en modo alguno, tampoco los repetidos momentos de una inútil e indigesta verborrea científica y/o tecnológica, y por supuesto, hubiera sido de agradecer una mayor interacción emocional entre los personajes, entregados a sus roles mecánicos de héroes salvapatrias en su misión, trillada, cansina, vomitiva, de evitar un nuevo apocalipsis, como si de se tratara de pasar las fases de un vulgar videojuego. Terminator Génesis tiene ese aire de popurrí, de menestra en la que puedes apartar con el tenedor los tropezones de las hortalizas que no te gustan, y tal vez se pueda disfrutar de unos prodigiosos efectos digitales, de algunas escenas frenéticas (el autobús y el Golden Gate), de un montaje acelerado y unos geniales efectos de sonido… Y nos olvidemos de la velada denuncia sobre el actual uso excesivo, adictivo de la tecnología y la esclavitud del consumismo desaforado. La escueta escena incrustada entre los créditos finales abre la puerta a una nueva entrega, pero más de lo mismo siempre es menos, y una sensación general de decepción se apodera de uno cuando una bonita idea original va degenerando con el tiempo sin necesidad, de manera incoherente. Más allá del esmerado aspecto técnico/visual, ningún logro hará que esta película perdure en el tiempo, y será recordada como un simple ejercicio de auto-reciclaje que constata que en Hollywood las ideas siguen estancadas. 

jueves, 9 de julio de 2015

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “EMMANUELLE” (1974)


    Inspirándose en la novela autobiográfica de Emmanuelle Arsan publicada en 1959, el astuto Just Jaeckin no sólo firmó en 1974 una de las más legendarias películas del cine erótico, sino que creó un fenómeno sociológico que estuvo prohibido en Francia durante seis meses y cuando se estrenó obtuvo un éxito sin precedentes en ese país, manteniéndose durante una década en cartelera. La película lanzó a la fama a la modelo holandesa Sylvia Kristel convirtiéndola en un mito erótico tan inmarcesible como los sueños húmedos que suscitaba, en un reconocible icono pop que reproducía su imagen juvenil, su pelo corto, su torso desnudo adornado con un collar de perlas y sentada, libertina y desafiante, en una espléndida butaca de mimbre. Aunque el personaje había aparecido por primera vez interpretado por Erika Blanc en el film de Cesare Canevari Un hombre para Emmanuelle (Io, Emmanuelle, 1969), pero no fue hasta la desvergonzada versión pseudoporno y clasificada X de Jaeckin que el personaje tomó altura formando parte del imaginario colectivo de una generación que convirtió la función en un apoteósico éxito internacional arrastrándo a las salas a millones de espectadores, y que en nuestro país provocó peregrinaciones a Francia para dejarse envolver por esa transgresión tan humana de los placeres carnales en una explícita representación nunca vista en una pantalla de cine.


         El argumento es muy simple: una joven recién casada viaja a Bangkok para reunirse con su marido, un diplomático francés. Allí es iniciada en el sexo por una hermosa adolescente y guiada por un hombre maduro en los placeres y debilidades de la carne. Materializando así sus más inconfesables fantasías sexuales animada por su esposo.    


        Hoy el film provoca menos picores a una libido muy traqueteada y alguien puede pensar que no era para tanto, pero en 1974 las escenas de sexo, violación, masturbación, lesbianismo, tríos, bailes eróticos, exhibicionismo, promiscuidad y sobre todo esa secuencia en el “Mile High Club” en la que una bailarina se inserta un cigarrillo en la vagina levantaron ampollas y era más de lo que podían aceptar las clases más reaccionarias y bien pensantes. Con un presupuesto de sólo medio millón de dólares, la cinta recaudó más de 100, y en septiembre de 2006 se publicó en Francia la autobiografía de Sylvia Kristel, un texto donde relata los abusos que sufrió siendo una niña de nueve años, así como su turbulenta vida marcada por las drogas, el alcohol y la búsqueda del padre, que abandonó el hogar familiar por otra mujer.


        Kristel comenzó su carrera como  modelo y vivió tortuosas relaciones con hombres mucho mayores que ella. Debido a su adicción a la cocaína malvendió su porcentaje de participación en Emmanuelle por 150.000 dólares. Fumadora empedernida de cigarrillos sin filtro desde los once años, le diagnosticaron un cáncer de garganta en 2001 que, tras varias sesiones de quimioterapia, superó. Pero años después el cáncer apareció en sus pulmones. En los últimos años se dedicó a la pintura, y durante una exposición de sus obras en Amsterdam sufrió un derrame cerebral que la mantuvo hospitalizada hasta su último aliento. Murió el 18 de octubre de 2012 a los 60 años de edad con la metástasis devorando un cuerpo por el que varias décadas atrás habían  suspirado millones de espectadores. En fin, Emmanuelle es un clásico del tan popular como vilipendiado género erótico, un film mediocre en cuanto a los estrictos valores cinematográficos, pero chispeante en cuanto a su objetivo de liberar la encorsetada mentalidad de la época. Me gusta especialmente la secuencia en el porche entre la adolescente y la protagonista envueltas por un tono de mórbida decadencia, y lo seguro es que jamás una butaca de mimbre lució con tanta belleza.



miércoles, 8 de julio de 2015

20 AÑOS DEL ESTRENO DE "PULP FICTION"

  

                EL MEJOR FILM DE TARANTINO
   

    Quentin Tarantino, enfant terrible del cine norteamericano, brillante guionista y magnífico realizador, saltó a la fama cuando con veintiocho años rodó Reservoir Dogs (1992) su primera película. Dos años más tarde conseguiría con Pulp Fiction la Palma de Oro en el Festival de Cannes y el Oscar al Mejor Guión Original compartido con Roger Avary. Las películas de Tarantino están elaboradas con una estructura muy parecida: punzantes, arrolladores e imaginativos diálogos, gags humorísticos muy particulares y una violencia convulsiva e histriónica. Todo ello fabricado con una mecánica en clave de comedia negra tensa y enfatizada por momentos o situaciones especialmente grotescas y angustiosas. 


      Rodada en formato panorámico, Pulp Fiction se sostiene sobre una complicada aunque sólida arquitectura narrativa, su argumento nos narra las historias entrecruzadas de varios delincuentes: unos intentan robar en un café (Tim Roth y Amanda Plummer); otros (John Travolta y Samuel L. Jackson) trabajan para un mafioso que les encarga recuperar un maletín, y al primero, que vigile también a su esposa cocainómana (Uma Thurman); por último, la historia de un boxeador (Bruce Willis) al que el mafioso ha pagado para que pierda el combate, aunque éste tiene otros planes.


      El guión es perfecto, los diálogos apabullantes e ingeniosos y la música -que todo lo inunda- está espléndidamente elegida, todo bien alineado con una violencia de diseño que proyecta en su conjunto un auténtico fresco tarantiniano. Director cinéfilo y cinéfago, Quentin llena por sí solo todo un grueso volumen de la historia del cine actual. Se le acusa siempre de una falsa moral maniquea, de hacer películas extremadamente violentas, pero el cineasta comprendió hace tiempo que a la gente la guste el crimen porque tiene algo de puesta en escena, una especie de artificio que atrae en su fórmula teatral. También el director tiene que hacer frente a quienes continuamente le tachan, para desprestigiarle, de ser un plagiador nato, culpándole de copiar escenas enteras de ésta o aquella película. Pero él se defiende contestando: <<Yo suelo tomar detalles prestados de toda clase de películas, de todas las películas que se han hecho, si mis películas tienen algo conste que es porque he tomado detalles de aquí y de allá y me limito a ensamblarlos. Si a la gente no le gusta esta manera de trabajar, la solución es simple: que no vaya a ver mi cine>>.


     Lejos de análisis simplistas, lo que resulta evidente es que este director explosivo se convirtió -con una cortísima filmografía- en todo un fenómeno social, una figura de culto por encima de ídolos del rock y del deporte, y el último y más claro exponente del sueño americano (antes de rodar Reservoir Dogs trabajaba en un vídeo-club, la mejor escuela de cine, donde además en sus ratos libres escribía guiones) pues de la noche a la mañana, con su primer film, se convirtió en un icono referencial para millones de cinéfilos, siendo portada de revistas e invitado estrella en todos los medios y galas. Es quizás, su transgresión moral lo que sus detractores no pueden soportar, y es esa misma perspectiva la que le hace ganar día a día más adeptos. 


      Pulp Fiction es su mejor film hasta la fecha y una de las películas más importantes de la década de los noventa, un film ambicioso, con estilo propio, el de su creador, que ha creado escuela y generado una corriente (tarantinismo) de manifiesta influencia en el thriller contemporáneo, hasta el punto de llegar a preguntarnos si después de Tarantino hay algo más. La gran revelación del film fue el regreso de John Travolta dando vida al asesino a sueldo Vincent Vega, recreación para la que fue rescatado del olvido, ocupando un lugar estelar entre los actores más taquilleros del actual panorama cinematográfico.

domingo, 5 de julio de 2015

ME GUSTA "WATCHMEN"

Una joya, una obra de culto instantánea
WATCHMEN êêêêê
DIRECTOR: ZACK SNYDER.
INTÉRPRETES: BILLY CRUDUP, JACKY EARLE HALEY, MALIN ACKERMAN, JEFREY DEAN MORGAN, PATRICK WILSON, MATHEW GOODE.
GÉNERO: DRAMA / EE.UU./ 2009  DURACIÓN: 160 MINUTOS.        


       Parecía imposible, de hecho durante mucho tiempo así ha sido, pero si había alguien con la visión y el talento necesario para trasladar a la pantalla grande la obra magna del genial Alan Moore y el dibujante David Gibbons, una compleja novela gráfica publicada por entregas allá por la mitad de la década de los ochenta, el elegido era, sin duda, Zack Snyder, que ya nos dejó con la boca abierta que con su celebrada adaptación de la obra maestra de Frank Miller 300. Superando todas las expectativas, WATCHMEN no defraudará a los fans del cómic ni en el aspecto visual ni en las profundidades laberínticas, intelectuales, filosóficas y psicológicas de su línea narrativa, cuidando hasta el mínimo detalle y con un respeto absoluto hacia el material que le sirve de fuente. Se nota que Snyder no sólo es, junto con Christopher Nolan, el mejor adaptador de historietas al medio visual de la historia, pues se erige también en uno de los máximos defensores del 9º Arte como la expresión artística más cercana a la ciencia cinemática.
             
     
         La acción nos sitúa en Nueva York en el pasado cercano de 1985. Estados Unidos ha ganado la guerra de Vietnam, Richard Nixon ocupa la Casa Blanca en su tercer mandato y el mundo está al borde de una guerra nuclear. En este convulso escenario asistimos al relato que tiene como protagonistas a unos superhéroes del pasado y del presente ya jubilados por una ley gubernamental y que se sienten preocupados por el asesinato de uno de ellos, un héroe de los cuarenta apodado El Comediante (Jeffrey Dean Morgan). Uno de sus proscritos compañeros, el vigilante enmascarado conocido por Rorschach (Jackie Earle Haley), quien acompañado de Buho Nocturno (Patrick Wilson) y Espectro de Seda II (Malin Ackerman) se encarga de investigar su muerte y descubre un complot para matar y desacreditar a todos lo superhéroes. Pero Rorschach no recibe mucha ayuda del Dr. Manhattan (Billy Crudup), el único de ellos que tiene superpoderes y gracias al cual Estados Unidos ganó la guerra de Vietnam, un elemento clave en la alianza porque a medida que avanza en su investigación, recogida en forma de diario, se dará cuenta de que se enfrentan a un enemigo muy poderoso cuyas acciones tendrán graves consecuencias para el futuro.
  

     El excéntrico y mesiánico Alan Moore nada ha querido saber de la adaptación fílmica de una novela gráfica que la revista “Times” incluye entre las mejores escritas en lengua inglesa desde 1923 hasta nuestros días (“Nunca veré esa jodida cosa”, ha afirmado). Moore siempre ha renegado de las adaptaciones fílmicas de sus obras alegando que lo que funciona en un medio pierde su pureza en su adaptación a otro y no funciona tan bien. Respeto las opiniones de Moore aunque me importan un carajo –soy un enamorado de su obra, no colaboro en sus pajas mentales-, Snyder ha realizado una adaptación tan escrupulosa y literal del relato gráfico que de no haber sido así (arriesgándose a la maldición eterna de la cofradía de fans) el resultado no sería tan brillante ni tan magnético. En WATCHMEN se aprecia la seriedad, el esfuerzo, el riesgo asumido por su director y el equipo de producción para no defraudar a la inmensa legión de incondicionales fundamentalistas y presentarles la película con la que siempre habían soñado, pues a pesar de su extenso metraje el film nunca pierde fuelle y se nos salen los ojos de sus órbitas ante el virtuosismo escenográfico y el portentoso despliegue visual, con esa pirueta secuencial de créditos al son de “Times are Changing” de Bob Dylan, que en pocos minutos concentra de forma esclarecedora la progresión del grupo de superhéroes a través de acontecimientos históricos –conocidos en su primera generación en los años 40 como “Los Minutemen”- hasta que en los años setenta una ley obliga a retirarse a una segunda generación de éstos. Snyder sintetiza en poco más de diez minutos los tiempos de ese  mundo alternativo desarrollado en la novela gráfica con un toque personal que denota su alto registro como de autor y que nos brinda un comienzo dinámico, estimulante y nada encorsetado.
     

      Tan alentador que en WATCHMEN se disfruta cada plano, el carácter puntilloso y detallista del cineasta nacido en Wisconsin –ya demostrado en 300- lo observamos no sólo en la construcción mimética de personajes tan poliédricos (miserias, secretos oscuros, dilemas éticos y debilidades humanas de los vigilantes), también en su habilidad para visualizar un diseño de producción que ambienta de forma esmerada la City, una Nueva York reconocible, desastrada, sórdida y decadente que nos devuelve a las atmósfera sucia y alienante de las malas calles de Taxi Driver. De entre todos los personajes es Rorschach (prodigiosa interpretación de Jackie Earle Haley) quien tensiona la contenida plasticidad del film, vigilante atormentado, misterioso y sanguinario de unas calles asquerosas, siempre mojadas y rebosantes de putas, chaperos y maleantes, por las que camina como una sombra sin activar sus brutales instintos. Su máscara es su cara y se erige en protagonista en la escena más bestial y climática de la función: tras ser psicoanalizado es recluido en una celda del pabellón de los presos comunes que en su mayoría fueron encerrados por su culpa y que le tienen muchas ganas.

      
      Pero el menudo y pulcro Rorschach no es un tipo que se amilane fácilmente, pronto encontrará la salida a través de una masacre balsámica. Asimismo, resulta sorprendente el clasicismo de una puesta en escena que alimenta un universo distópico y autodestructivo a cinco minutos del holocausto nuclear, la llegada del Apocalipsis redentor que destruirá un mundo corrupto donde ni siquiera los héroes enmascarados quedan a salvo de la imperante puerca moral. WATCHMEN recrea un fantástico fresco no apto para un público púber –más por su complejidad que por su violencia o áspera sensualidad- que retrata con pesimismo y desazón los males endémicos de la sociedad de finales y principios del siglo XX (esa tétrica escena del entierro de El Comediante con las Torres Gemelas como telón de fondo) que nos induce a pensar en la transversalidad ideológica del relato como panel retrospectivo de nuestra poco edificante historia. Una joya, una obra de culto instantánea.