domingo, 20 de noviembre de 2022

CRÍTICA: "AS BESTAS" (Rodrigo Sorogoyen, 2022)

 

Cuando liberamos a las bestias

“AS BESTAS” êêêê

DIRECTOR: Rodrigo Sorogoyen.

INTÉRPRETES: Marina Foïs, Denis Ménochet, Luis Zahera, Diego Anido, Marie Colomb, Luisa Merelas, José Manuel Fernández y blanco, Xavier Estévez.

GÉNERO: Thriller rural / DURACIÓN: 137 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2022

    Vengo afirmando desde hace tiempo que Rodrígo Sorogoyen es, junto a Alberto Rodríguez, el director que más interés me suscita de la cinematografía patria. Casi toda su filmografía es impecable salvo la comedia 8 citas (codirigida a Peris Romano en 2008) y el aburrido drama sobre la maternidad Madre (2019). Si alguien me pusiera en la tesitura de tener que elegir una sola de sus obras, no tendría dudas en señalar la serie televisiva Antidisturbios (2020), pero me fastidiaría mucho dejar fuera Que Dios nos perdone (2016), El Reino (2018) y, por supuesto, As Bestas (2022).

     Ya habrán inferido que Sorogoyen no defrauda con su nueva propuesta. El director madrileño con As Bestas nos traslada a la Galicia rural para narrar la historia de Antoine y Olga (Denis Ménochet y Marina Foïs), una pareja francesa que se instaló hace tiempo en una aldea. Allí gozan de una vida tranquila cuidando y vendiendo los productos de su huerto ecológico y rehabilitando casas en ruina. Aunque su convivencia con los lugareños no es tan idílica y tienen muy pocos amigos en la zona. Todo se complica cuando sus vecinos, los hermanos Anta, Xan y Lorenzo (Luis Zahera y Diego Anido) hacen todo lo posible para echarlos del pueblo porque no se pliegan a sus intereses para que se instale en el lugar un parque eólico. Poco a poco la tensión se irá haciendo insoportable.

    Películas sobre conflictos vecinales en comunidades rurales que degeneran en acciones violentas nos ha dado el cine muchos ejemplos desde El 7º día (2004) de Carlos Saura, que también estaba basada en un caso real, hasta Deliverance (1972) de John Boorman. Inspirada en un suceso ocurrido en 2010 en la aldea Santoalla do Monte (Ourense) cuando una pelea vecinal derivó en el homicidio del holandés Martin Verfondeen, que se había instalado allí con su mujer para estar en contacto con la naturaleza, por parte de un discapacitado mental al que su familia había calentado la cabeza en lo que para todo el mundo fue un claro ejemplo de odio al extranjero. A pesar del trágico suceso, su mujer decidió quedarse en el lugar. Sorogoyen y su coguionista de cámara Isabel Peña toman como premisa aquel caso real para firmar un guión que se comenzó a gestar en el año 2015. Si hay algo que agradecemos de la función es la mirada equidistante, alejada de la condena moral y sin caer en la fácil complacencia como recurso narrativo indispensable para desarrollar el eje central de la disputa que ha carcomido las relaciones entre los hermanos Anta y la pareja francesa: la aceptación o el rechazo de la instalación de un  parque eólico en el paraje, pues tanto unos como otros exponen con sinceridad y visceralidad sus poderosas razones, pero será el matrimonio francés el que tendrá que soportar un acoso bestial e insufrible en la más estricta soledad. Xan y Lorenzo, éste último sufre una discapacidad desde que se cayó de un caballo y adopta una posición más pasiva y en segundo plano, ven en la venta de las tierras la oportunidad de escapar de una vida mísera que les consume, se pasan el día trabajando en la granja con su madre y el tiempo libre en un bar bebiendo y jugando al dominó. El resto de los vecinos no les hacen frente porque les temen y la Guardia Civil cumple su papel de funcionarios abandonados a la desidia. En el argumentario de las opuestas e inflexibles posiciones tiene la película uno de sus puntos fuertes, los diferentes intereses y necesidades hacen que el in crescendo de la tensión alcance límites espeluznantes: el coche de los hermanos parado en una estrecha carretera en plena noche, la invasión de la propiedad y el agua de riego envenenada, la presa humana acechada por las bestias igualmente humanas en mitad del bosque y esa fiera analogía de muerte con la tradicional fiesta "A Rapa das Bestas."  

    El toque mágico de este notable trabajo lo aportan la responsabilidad y entrega de todos los intérpretes sin que merezca la pena resaltar a uno por encima del otro, porque As Bestas es, ante todo, una película de personajes, presten atención al duelo interpretativo de Ménochet y Zahera en el bar cuando el bonachón profesor francés invita a los hermanos a una botella de vino y le explica al esquinado Xan las naturalistas y líricas motivaciones que le llevaron a instalarse allí. Xan, inteligente pero vacío de sentimientos, le responde relatando sus motivos, más crematísticos y sus cada vez más apagados estímulos ante un horizonte sin futuro. Así, el espectador se sumerge poco a poco en un microcosmos angustioso hasta la previsible tragedia, que, desde el comienzo, en un rincón oscuro del bar, está latente. Al buen dibujo del perfil de los personajes, el asfixiante arco dramático se ve amplificado por la turbadora música de Olivier Arson, siempre acompañando los rumores y el latido de la naturaleza, y cómo no, la iluminación, de un realismo tan bello como hiriente, cortesía de Álex de Pablo.

    As Bestas no es una película sobre la xenofobia, de hecho, podemos citar multitud de sucesos similares de la vida real con consecuencias iguales de dramáticas en los que todos los protagonistas eran lugareños tanto en el ámbito rural como en la ciudad. As Bestas es una película sobre el hastío y la amargura fermentada durante toda una vida, y sobre el odio, la inquina a todos los que llegan de fuera tratando de imponer unas ideas y creen tener los mismos derechos que los que viven en el lugar desde que nacieron. Y es una película sobre el amor profundo entre Antoine y Olga, y del amor de ambos sobre una forma de vida y a la tierra. Cuando irrumpe en escena la hija de ambos, Marie (Marie Colomb), y trata de convencer a la madre, que ya vive sola y están convencidas de que Antoine ha sido asesinado por los Anta, para que abandone el lugar y se vaya a vivir con ella, es Marie la que acaba reconociendo lo hermoso que es el amor entre sus padres, de estos hacia los demás y por la sagrada naturaleza, que provee a los seres humanos de todo lo necesario para la supervivencia. Tanto Olga como la madre de los Anta están solas, una vivirá con su tozudez, bondad, sacrificio y con su fe, la otra con la vergüenza, la aflicción y la resignación, las dos acabarán necesitándose. Los hermanos Anta, sin nada que perder, ingresarán en la cárcel, tal vez mueran allí, pero todos comprendemos que son arquetipos de esas bestias que todos mantenemos amarradas y ocultas. Sólo que ellos, por todos los sueños rotos, las liberaron de sus cadenas.

martes, 1 de noviembre de 2022

CRÍTICA: "BARBARIAN" (Zach Cregger, 2022)

 

Nueva muestra del Terror Social

“BARBARIAN” êêêê

DIRECTOR: Zach Cregger.

INTÉRPRETES: Georgina Campbell, Bill Skarsgard, Justin Long, Matthew Patrick Davis, Richard Brake, Kurt Braunohler, Jaymes Butler.

GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 102 minutos / PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2022

    El talento oculto del actor, guionista y director Zach Gregger no había dado ninguna señal de vida hasta ahora. Porque lo cierto es que si echamos un vistazo a su escueta filmografía nos daremos cuenta de que en el año 2007 aparecía como creador e intérprete de una serie titulada The Whitest kids U’Know una comedia de sketches para la televisión que nunca se ha llegado a estrenar por estos lares. Fue en el año 2009 cuando debuta en el largometraje con la insufrible comedia Miss Marzo, con el mismo director al frente del reparto. La última película codirigida por su inseparable Trevor Moore fue The Civil War on Drugs (2011), una parodia ambientada en la Guerra Civil Estadounidense.

     El caso es, insisto, que nada hacía presagiar que este cineasta nacido en 1981 en Arlington (Virginia), nos pudiera regalar esta pequeña joya del terror contemporáneo titulada Barbarian, una historia que sigue a Tess (Georgina Campbell), una joven que viaja a Detroit para una entrevista de trabajo y ha alquilado en la ciudad una casa para pernoctar. El problema es que cuando llega a altas horas de la noche, la casa ya está habitada por un joven, Keith (Bill Skarsgard) que también puede demostrar que la había reservado. En contra del sentido común, acepta la invitación de Keith para compartir la casa y pasar la noche allí. Sin embargo, pronto descubre que hay cosas peores a las que temer que el compañero con el que tiene que compartir la vivienda.

    Uno de los mayores aciertos de Barbarian es que Cregger arrastra al espectador por derroteros que nadie espera, no sólo en cuanto a los giros y retruécanos de la narración, sino a la brusca irrupción de personajes con subtramas que aportan nuevos y emocionantes estímulos. El comienzo de la película es muy prometedor con Tess aparcando su automóvil frente a la casa que ha alquilado en medio de una tormenta y se da cuenta de que se encuentra en una de las zonas más degradadas de la ciudad, el barrio de Brigtmoor, rebosante de casas abandonadas y herrumbrosas, basura y matorrales. Como veremos en un flash back, antaño fue un próspero barrio de clase media, pero el éxodo y la decadencia de la industria automovilística de Detroit transformaron esos suburbios en distritos marginales.

    Para colmo, en la vivienda se encuentra viviendo otro tipo que alquiló la misma casa desde otra página web y es imposible encontrar una habitación en un hotel porque en la ciudad se está celebrando una convención médica. Tras ocupar la habitación que amablemente le ha cedido Keith para dormir, Tess está convencida de que la casa esconde un secreto en el tenebroso sótano. Barbarian luce un magnífico diseño de producción a pesar de su limitado presupuesto, consiguiendo amplificar las atmósferas malsanas tanto en los planos nocturnos del exterior como en las escenas que suceden en el siniestro sótano. Al mismo tiempo va dejando pildoritas que nos invitan a reflexionar sobre el deterioro de las zonas periféricas de las grandes urbes que nunca formaron parte de un proceso urbanístico de rehabilitación, así como de asuntos como los abusos sexuales en el mundillo del cine y los prejuicios sociales. No obstante, lo mejor lo encontramos en la originalidad del libreto y lo imprevisible de la acción, en la sorpresa de no saber por qué parajes transitará apartando al espectador de los lugares más comunes.

    Con la introducción del personaje de AJ, a quien da oxígeno Justin Long, se produce la mayor fractura de la función y el factor principal que nos llevará a adentrarnos las tinieblas del sótano. Una incursión tan delirante como escalofriante por el subsuelo de la vivienda en la que Tess descubrió un habitáculo con una cama, una cámara y un balde a modo de cámara de tortura. Esos pasadizos secretos del sótano ni siquiera los conocía AJ, el propietario de la vivienda que, tras perder su trabajo como actor por una acusación de abusos sexuales, intenta sacar el mayor partido a la venta de la casa a raíz del hallazgo. Sin profundizar en ninguna de las manidas temáticas que conforman la actualidad, Barbarian se une a la corriente de terror social en donde las víctimas pueden convertirse en verdugos debido a distintas cuestiones nada aleatorias, que aquí remonta su origen en una subtrama que se desarrolla en plena era Reagan y que tiene que ver con violaciones, incestos y una criatura atormentada y deforme debido a la endogamia. Desde el inquietante inicio hasta el trepidante clímax final, Cregger traza un ingenioso y espeluznante camino que no dejará a ningún espectador indiferente.


domingo, 23 de octubre de 2022

CRÍTICA: "CERDITA" (Carlota Pereda, 2022)

 

Terrores cotidianos

“CERDITA” êêê

DIRECTORA: Carlota Pereda.

INTÉRPRETES: Laura Galán, Carmen Machi, Richard Holmes, Claudio Salas, Camille Agilar, Pilar Castro, José Pastor, Chema del Barco, Julián Valcárcel, Irene Ferreiro.

GÉNERO: Drama-terror / DURACIÓN: 99 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2022

    Con incursiones en el campo de la televisión dirigiendo episodios de series como Lex, El secreto de Puente Viejo y Alba, la cineasta madrileña Carlota Pereda dirigió un par de cortometrajes bastante aseados, Rubias (2016), con Maggie Civantos al frente del reparto, y Cerdita (2018), que debido a la buena aceptación crítica, al Goya y el Premio Forqué al Mejor Cortometraje de Ficción, le ha servido de inspiración para el debut de su primer largometraje en solitario, ya que anteriormente había debutado en la antología episódica argentina La cola del diablo (2021).

     En el tórrido verano de un pueblo extremeño, Sara (Laura Galán) es una adolescente con problemas de obesidad que vive atemorizada por el acoso de unas chicas de su edad que se burlan de su aspecto físico. Nadie, ni siquiera Claudia (Irene Ferreiro), una amiga de la infancia, la defiende. Sin embargo, este verano las cosas van a cambiar. Un misterioso desconocido con el que se encontró en la piscina, ha llegado al pueblo con ansias de impartir justicia. Las acosadoras de Sara desaparecen sin que nadie sepa qué ha sido de ellas. Bueno, nadie salvo Sara, a la que esas chicas robaron la ropa mientras se bañaba en la piscina y tuvo que pasar la vergüenza de volver a casa en bikini.

    Rodada en Villanueva de la Vera (Cáceres), el primer tramo de Cerdita, que es como llaman de manera insultante las otras chicas a la protagonista debido a su sobrepeso, transcurre en la abrasadora y costumbrista monotonía de cualquier pueblo de la península en época veraniega, una rutina sólo rota por lo que representa el eje que equilibra la función: el bullying que sufre Sara y que le impide salir de casa por el temor a encontrarse con las agresivas adolescentes que la insultan y denigran, e incluso cuando va a darse un chapuzón a la piscina, elige la hora en que las instalaciones están vacías de gente. Pero es allí donde sufrirá un suceso casi criminal por parte de las jóvenes acosadoras que es observado por el único bañista que se encuentra en la piscina junto a Sara.

 

   Acoso, maltrato, gordofobia, pánico… son cuestiones y temáticas que harán reflexionar al espectador no sólo por la repugnancia hacia quien se ha visto involucrado en algún hecho similar como actor, también si lo ha hecho de una forma vergonzosamente cobarde y pasiva. Pero héroes quedan pocos. Laura Galán da vida de forma convincente a la torturada Sara como doble víctima del acoso de las demás adolescentes y de la incomprensión de su madre (una brusca Carmen Machi) que se muestra tan obtusa como chabacana ante la angustia que padece su hija. En ese tenebroso microuniverso rural, se mueve Sara, y con su mirada y sus gestos nos transmite su impotencia, su hastío, su carácter vulnerable y el pánico que la atenaza. En el segundo tramo de esta cruel fábula, el espectador es interpelado sobre las consecuencias de la venganza, partiendo de una génesis narrativa que puede justificarla, aunque la violencia sólo genere más violencia. Cuando todo estalla, Sara opta por no contar lo que sabe.

    En la mejor tradición del gótico ibérico, el relato deriva en un espectáculo slasher que oscila entre la denuncia social sobre el sadismo de ciertos comportamientos que generan soledad, terror y un dolor insufrible en las inocentes víctimas que padecen acoso en todos los ámbitos de la vida (siendo este apartado lo más interesante de la película), y la tradición del sangriento cine de justicieros, que por definición implica una violencia desmedida, y que en Cerdita erige en héroe no al perpetrador, sino a la sufrida víctima convertida en heroína, que tras los abusos padecidos y sentimientos encontrados hacia el psicópata que es el único hombre que la ama y protege, deja claro que ella no es como las acosadoras, pues su enorme humanidad se rige por códigos morales y éticos más elevados, alumbrando así la pureza de su alma y el descubrimiento de un coraje y una fuerza desconocida. Tan necesarios en el cruel hábitat en el que vivimos. De Cerdita recordaremos los variados miedos que nos asolan, el mal oculto en las más lozanas bellezas, la tremenda estupidez de estigmatizar a un género asociándolo con la exclusividad de la violencia y el odio en el altar de los más poderosos sentimientos ganando la partida al amor… porque el Mal siempre se retroalimenta y nunca descansa.  


jueves, 13 de octubre de 2022

LAS MEJORES PELÍCULAS DE CULTO: "ADIÓS PELELE" (Claude Berri, 1983)

 

“ADIÓS PELELE” êêêêê

(TCHAO PANTIN)

DIRECTOR: Claude Berri.

INTÉRPRETES: Coluche, Richard Anconina, Agnès Soral, Philippe Léotard, Albert Dray, Ben Smail, Mahmoud Zemmouri.

GÉNERO: Drama-noir / DURACIÓN: 93 minutos / PAÍS: Francia / AÑO: 1983

    El director francés Claude Berri, que presentó en el año de su fallecimiento, 2009, su última película titulada Un regalo para ella, cuenta con una filmografía en la que sobresalen títulos como El viejo y el niño (1967), La venganza de Manon (1986), El manantial de las colinas (1986) y Germinal (1993), nos regaló en el año 1983 la que para mí es su mejor película y una de las más preciadas películas europeas de culto del pasado siglo, Tchao pantin, que en español fue traducida como Adiós pelele, aunque también Pantin es un distrito de la ciudad de París, por lo que ni siquiera en Francia, creo yo, saben a qué se refiere el título. Una película que nunca se estrenó en salas en España y que pude visionar en una mala copia allá por mediados de los 80 en VHS, debido a lo cual se impone dar las gracias a Pathé por la perfecta restauración que ha logrado con esta joya .

     Adiós pelele ganó varios premios César incluido el de Mejor Actor para el célebre humorista Coluche en su primer y único papel dramático, Mejor Actor Secundario para un Richard Anconina que entonces no era muy conocido y Mejor Fotografía por la fantástica iluminación del genial operador Bruno Nuytten. La cinta está basada en la exitosa y melancólica novela de Alain Page y narra la historia de Lambert (Coluche) un expolicía que ahora trabaja en el turno de noche de una pequeña gasolinera. Abatido por una tragedia que le consume, la muerte de su hijo a causa de las drogas, no se relaciona con nadie y ahoga sus penas en alcohol.

   Una noche lluviosa, un joven traficante de poca monta, Bensoussan (Richard Anconina) entra en la tienda de la gasolinera para comprar una bujía para su ciclomotor, aunque en realidad ha entrado allí para refugiarse de la policía que le sigue. Lambert conecta con el chico rápidamente y surge una genuina amistad. Bensoussan trapichea para el dueño de un bar llamado Rachid (Mahmoud Zemmouri), al que coge sin permiso su potente motocicleta Honda para presumir delante de la chica que le gusta, Lola (Agnés Soral) una joven punk que conoció en la calle. Bensoussan ve como un día le roban el dinero que había conseguido con el menudeo de la droga, por lo que es perseguido por los sicarios de Rachid y muere en los brazos de Lambert. Lambert sólo vive ya para vengar su muerte con la ayuda de Lola, a quien cuenta su drama personal, de la que acabará enamorándose y comienza a ilusionarse con una nueva vida. Pero el reguero de sangre dejado por Lambert no le saldrá gratis.

 

    Varios de los protagonistas de Adiós pelele estaban atravesando un periodo muy complicado de sus vidas cuando surgió un proyecto que ni a Claude Berri le apetecía dirigir ni a Coluche protagonizar, asfixiado por las deudas, rehén de sus adicciones, abandonado por su mujer e hijos y con el reciente suicidio de uno de sus mejores amigos, la situación personal era muy angustiosa para el cómico. Coluche murió joven tres años después de trabajar en esta película a causa un brutal accidente de moto cuando un camión se atravesó en la carretera por donde circulaba. Tenía 41 años. Aquí borda el papel de un ex comisario de policía asqueado y sin ilusión por nada que intenta redimirse por la muerte de su hijo drogadicto al que no supo o no pudo proteger volcando todo su esfuerzo e interés en vengar la muerte del joven traficante de mala muerte al que identifica con su hijo. Este intenso y sórdido drama noir tiene como escenario los paisajes urbanos  más inmundos y marginales del París de los 80 (Barbés, République, Bastille) a los que el decorador húngaro Alexandre Trauner y el director de fotografía Bruno Nuytten subliman creando una atmósfera de alienación deprimente en consonancia con lo narrado, un microcosmos plomizo, desangelado y lluvioso al que sólo parece aportar luz Lola, esa joven y hermosa punk perdida en la noche parisina en la que recaen todas las miradas como lo harían con una rosa en un estercolero. 

    Adiós pelele aleja su deriva artística de la rutinaria película de venganza y justicieros aunque contenga todos los ingredientes recurrentes de este subgénero (la amistad, el amor imposible, la pérdida, la violencia, la redención), pero es la figura desastrada y casi fantasmal del triste perdedor alcoholizado de mediana edad al que da oxígeno de manera virtuosa y desapasionada Coluche, con sus heridas íntimas carcomiéndole el alma, lo que otorga una emoción visceral que equilibra la presumible matanza. En ese París alejado de la imagen de postal con edificios herrumbrosos y cuchitriles infectos y en un sistema que se adivina podrido para una sociedad sin esperanza, el itinerario vengativo de Lambert servirá de poco como confirma el aserto del comisario Bauer encarnado por Philippe Léotard, porque al igual que detrás de un muro siempre hay otro muro, detrás de cada traficante siempre hay otro traficante, y Bensoussan (magnífico Richard Anconina) sólo era un insignificante peón, un paria mitad árabe, mitad judío, que nunca encontró su lugar en el mundo y que trapicheaba peligrosamente por las calles oscuras y húmedas de una ciudad que vive de espaldas a las pequeñas tragedias. Su amistad con Lambert alumbra la función de manera lúcida y conmovedora porque no apela a otro interés que los valores profundamente humanos, que sirven de bálsamo para los tormentos de una lacerante existencia. Adiós pelele es una película sencilla y honesta en donde todo parece empapado por una corrosiva melancolía, y es, ante todo, un estado emocional rebosante de amargura por la amistad perdida, los amores truncados y los errores del pasado que te recuerdan que puedes escapar de todo menos de ti mismo. Una película excelente.