jueves, 5 de diciembre de 2013

LA PELÍCULA RECOMENDADA: "VINCERE"

Así en el fascismo como en la vida       
VINCERE êêêêê
DIRECTOR: MARCO BELOCCHIO.
INTÉRPRETES: GIOVANNA MEZZOGIORNO, FILIPPO TIMI, CORRADO INVERNIZZI, FAUSTO RUSSO ALESI, MICHELA CESCON.
GÉNERO: DRAMA / ITALIA / 2009  DURACIÓN: 128 MINUTOS.     
    

       Hacía tiempo que no me sentía estimulado como para dedicar todo el espacio de mi sección en el "Semanario Vegas Altas y la Serena" a la crítica de una película. La oportunidad me ha llegó con la última obra estrenada en nuestro país con la firma del veterano director italiano Marco Belocchio (Piacenza, 1939), uno de los autores del compromiso del que, como de Bernardo Bertolucci o los hermanos Taviani, me separa un abismo ideológico y generacional, asunto que, como no podía ser de otro modo, nunca fue óbice para que mi independencia y capacidad crítica me impulsaran a admirar su talento. Ganadora de ocho premios David di Donatello, VINCERE nos narra una apasionante historia que el realizador descubrió tras ver el documental Il segreto de Mussolini, de Fabrizio Laurenti y Gianfranco Norelli.


      Ida Dalser (Giovanna Mezzogiorno) ocupa una de las páginas más oscuras en la biografía de Benito Mussolini (Filippo Timi). Cuando Ida conoce a Mussolini en Milán a finales de la primera década del pasado siglo, él es el director del periódico Avanti!, un ferviente socialista dispuesto a guiar a las masas a través de un futuro anticlerical, antimonárquico y socialmente emancipado. Anteriormente Ida ya había tenido un fugaz encuentro con él en Trento: un auténtico flechazo que convirtió al exaltado activista en su héroe. De la relación que inician Ida da a luz un hijo que Mussolini reconoce, pero Benito pronto cambia sus ideas políticas socialistas por las fascistas. Así, para financiar Il Popolo d´Italia, periódico que Mussolini funda en el seno de este incipiente partido, Ida vende su salón de belleza, su apartamento y todo lo que posee. No obstante, paralelamente a la fulgurante carrera política de Il Duce, éste comienza a despreciarla e Ida se entera de que se ha vuelto a casar e iniciado una campaña para negar su existencia, así su secreta historia de amor con el hombre más admirado de Italia acabará con sus huesos y los de su hijo en un hospital psiquiátrico.
      

      Puro nervio, sin perder el control y su sutileza, Belocchio logra con VINCERE una trepidante obra maestra cargada de simbolismo y profundidad, un relato musculoso y vibrante a modo de tragedia griega en dos actos (un primer bloque argumental que se abre con la apasionante relación que inicia el joven Mussolini con Ida Dalser, so pretexto para hilar con coherencia los comienzos políticos del futuro Duce y su paso del socialismo al fascismo; y un segundo que narra el martirio de esta desconocida heroína y su hijo, una penosa odisea que la convierte en proscrita, siendo recluida en un manicomio, perseguida y silenciada con los métodos mafiosos que más adelante utilizaría Mussolini con sus grupos paramilitares, las temibles scuadre d´Azione) y un lenguaje que hereda los patrones conceptuales del futurismo, recursos utilizados con vigor y virtuosismo para configurar una estética exuberante, plenamente cautivadora: secuencias de ficción que dan paso a imágenes documentales donde vemos al auténtico Mussolini, material de archivo cedido por la Filmoteca Italiana, intertítulos, iconografías, rituales e himnos de lucha que recorren con espanto la espina dorsal del país. 

      Retazos consumados de la historia que activan la memoria de un pueblo ante la imposibilidad de justificar su desvarío y servidumbre. El punzante montaje incide en ese punto para remarcar el desencanto, la confusión, el terrible desorden social del que surge ese ególatra violento autoproclamado “El Salvador de Italia”, un tirano sin escrúpulos, un fantoche ridículo, histriónico, teatral y delirante, un personaje siniestro que merma los signos identitarios, culturales, políticos y racionales de una geografía vetusta, expansiva y floreciente, y que así en el fascismo como en su vida íntima todo lo pudre y envenena.
     


      Pero aquel caudillo populista de mandíbula desafiante, filósofo exaltado de la violencia y la acción irreflexiva, figura sacralizada de líder carismático y revolucionario magníficamente encarnado por un Filippo Timi excesivamente atractivo al que Belocchio intenta acercarse emocionalmente, y que desaparece como ente de ficción para convertirse en una figura histórica plasmada en representaciones artísticas y documentales a mitad del metraje, fue capaz de reunir a 40.000 camisas negras para marchar sobre Roma y romper el corazón  de Ida Dalser, a quien da oxígeno una arrolladora e impresionante Giovanna Mezzogiorno, personaje femenino que, con su arrebatadora presencia, sirve de soporte al director para construir una atalaya desde la que configurar la historia intimista de un amor loco, jirones de sufrimiento y renuncias que quedan magistralmente plasmados en la intensa, desoladora, lacerante mirada que la protagonista sostiene a la cámara al final del film. 

      En una secuencia impactante revisitada posteriormente, Mussolini concede a Dios cinco minutos para fulminarle, lo que podía ser entendido como un efugio esperpéntico más del personaje, deviene en perfecto simbolismo sobre el dios que a los ojos de Dalser encarna el Duce y su imposible comunión. Algunos toscos saltos de eje, el recurso enfático de los primeros planos en aras del ímpetu dramático, el error de utilizar también a Timi para encarnar al hijo de Dalser, no pueden empañar el resultado final de una obra sublime y de cierto tono operístico, que nos deja un sabor amargo y que lejos de coartadas morales indaga en las entrañas de un ser tan complejo como repugnante. ¡Qué grande es el cine!  

martes, 3 de diciembre de 2013

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "DARK CITY"

DARK CITY
Ciencia-Ficción - USA, 1998 - 115 Minutos - Color.
DIRECTOR: ALEX PROYAS.
INTÉRPRETES: RUFUS SEWELL, KIEFER SUTHERLAND, JENNIFER CONNELLY, WILLIAM HURT.

    Nacido en Egipto, Alex Proyas estudió en la Australian Film Television School, en esos años realiza Groping, un corto que es aplaudido y premiado y que le da pie a debutar con el largometraje Spirits of the air, gremlins of the clouds, película exhibida en Sitges de la que nadie se acuerda. Es con su siguiente película, El Cuervo (1993), con la que obtiene un notable éxito internacional, impacto comercial que no estuvo acompañado por el prestigio siempre necesario, ya que la crítica, prácticamente en general, destrozó la película.
   

     Sinopsis: John Murdoch (Rufus Sewell) al despertarse un día es acusado de cometer una serie de asesinatos de los que nada recuerda. La realidad y la ficción se confunden y se mezclan en su mente, algo de lo que se ha encargado Mr. Book (Ian Richardson) el líder de una especie de secta denominada “los extraños”, fantasmales habitantes de la oscuridad capaces de manipular el tiempo y la mente. El inspector Bumstead (William Hurt) es el encargado de atrapar al feroz asesino.
   

   Nadie podía imaginar que el firmante de El Cuervo, un producto tan vacío como olvidable, nos pudiera sorprender desde las sombras, creando -apoyándose en un majestuoso diseño de producción- un universo magnético abundante en referencias visuales y literarias, perspectivas iconográficas estimulantes y revestido de un carácter onírico especialmente delirante. Dark City es una alegoría futurista que define una pesadilla kafkiana, un mundo de penumbras, gris, herrumbroso, donde late el temor, que como siempre proviene de quien posee los mecanismos para dominar el mundo.



      Todo el film está salpicado de un barniz existencialista, donde los elementos que le dan forma se ajustan a la perfección, desde el soberbio guión cofirmado por Lem Doobs -que ¿casualidad?, ya colaboró en el Kafka de Steve Soderbergh- , pasando por la espectral fotografía de Dariuz Wollski, hasta la dulzura y candidez gestual de Jennifer Connelly. Si bien, como anteriormente he señalado, es un relato perfecto para jugar a encontrar apuntes referenciales, que nos remite en lo visual desde Metropolis hasta la siempre socorrida Blade Runner, en lo literario de Kafka a Dashiell Hammett. También es verdad que Proyas toma esos apoyos para diseñar con destreza una atmósfera encantada, sombría, cautivadora, generadora de sensaciones fascinantes y unos personajes que naufragan en un cosmos lacerante y tenebroso. Entre quien se busca a sí mismo y quienes buscan a otros, la opresión es igual de acuciante.

domingo, 1 de diciembre de 2013

CRÍTICA DE "EL CONSEJERO"

La codicia en un vertedero
EL CONSEJERO êêêê
DIRECTOR: RIDLEY SCOTT.
INTÉRPRETES: MICHAEL FASSBENDER, JAVIER BARDEM, CAMERON DÍAZ, PENÉLOPE CRUZ, BRAD PITT, RUBEN BLADES.
GÉNERO: THRILLER / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 117 MINUTOS.   


      Este cronista andaba muy mosqueado con las críticas negativas que había recibido la última película de Ridley Scott, EL CONSEJERO,  al otro lado del Atlántico. Como saben mis lectores más cinéfilos, Scott cuenta en su filmografía con tres obras maestras indiscutibles: Los Duelistas (1977), Alien, el octavo pasajero (1979) y Blade Runner (1982). Pero en su ya extenso currículum como director podemos encontrar muchas obras que aun situadas algún peldaño por debajo de los tres films citados tienen mucha más calidad que filmografías completas de infinidad de directores: La sombra del testigo (1987), Thlema & Louise (1991), Gladiator (2000), American Gangster (2007), Red de mentiras (2008).


      Claro que, todos nos preguntamos cómo el firmante de semejante historial artístico, que le ha hecho acreedor de un lugar destacado en la historia del cine, ha podido pergeñar bodrios como La teniente O´Neil (1997), Los Impostores (2003) o Un buen año (2006), por citar unos ejemplos. A pesar de lo que dijera Baudelaire, la respuesta es simple: no se puede ser sublime sin interrupción. No obstante, había en su nuevo proyecto un par de aspectos que me hacían estar impaciente: un elenco espectacular y, sobre todo, que el film se erigía sobre un guión original (es decir, sin basarse en ninguna novela suya) de Cormac McCarthy, el autor de las magníficas Meridiano de sangre, No es país para viejos y La Carretera. Una vez cocinado, horneado y servido el pastel no puedo sino confirmar la miopía, sordera y atrofiado paladar de todos esos críticos y concluir que estamos ante otra gran obra de un gran gourmet.     


      La película nos presenta a un abogado del que nunca se cita el nombre (Michael Fassbender) que a pesar de vivir de manera muy solvente no parece estar contento con lo que tiene, y cree que su preciosa novia y futura esposa, Laura (Penélope Cruz), de la que está enamorado hasta las cachas, se merece más. Para solventar la cuestión, decide introducirse en el peligroso mundo del tráfico de cocaína. Así, se traslada a la frontera de Estados Unidos con México, donde se alía con un poderoso traficante llamado Reiner (Javier Bardem) para vender un cargamento valorado en 20 millones de dólares. Por allí aparece también un extraño personaje (Brad Pitt) que participa en la arriesgada operación. Por otra parte, una atractiva mujer argentina, Malkina (Cameron Díaz), que posee cierta conexión con Reiner, entrará en escena siendo una pieza esencial. Sin embargo, nada saldrá como estaba planeado, por lo que el heterogéneo grupo tendrá que hacer frente a situaciones de extrema violencia, pues sus respectivas ambiciones serán su perdición.


        Como queda apuntado, el mayor atractivo para un fan de la literatura Cormac McCarthy es hacer identificables sus diálogos y personajes, y a fe que en EL CONSEJERO esto es lo más significativo hasta el punto de que es más reconocible su particular universo temático que el pulso y la mirada original de Scott. McCarthy apenas concede entrevistas y la primera vez que apareció en televisión fue en 2007, pero es fácil adivinar que tiene debilidad por el cine, prueba de ello es este guión de hierro y su aparición, junto con su hija, el año de aquella edición de los Oscar de No es país para viejos. El escritor norteamericano, como gran explorador de las raíces del mal y la violencia salvaje, siempre dota a sus personajes de una rica e inteligente verborrea, esto se nota en los excelentes diálogos del film que están siempre salpicados por una afilada inquietud. En la función vemos desfilar una galería de personajes corroídos por la codicia y enredados en el siempre sórdido y amenazante mundo del narcotráfico, la ilusión en la búsqueda de un dinero fácil que ponga definitivamente fin a sus preocupaciones y de estabilidad a sus relaciones sentimentales. Para ello tienen que correr riesgos inasumibles, un precio muy elevado, pero las tentaciones son tan humanas.


        A pesar de la curiosa escena sexual de Cameron Díaz con un Ferrari California amarillo, de momentos de ultraviolencia pulp dentro de una sucia atmósfera Tex-Mex e inspiración tarantiniana, el verbo se impone siempre a las imágenes para razonar sobre lo humano y lo divino, el capitalismo salvaje y los ritos de la sociedad actual, el perdón, la culpa y las encrucijadas del destino. En EL CONSEJERO encontramos todas las constantes obsesivas de la literatura de McCarthy: el deseo y el amor que arrastra a los hombres débiles a la perdición, el mal en su representación más gráfica y cruel, el poder como arma de control… y el espectador avispado sabrá sacar  partido de esa primera hora de diálogos en distintos escenarios y que comienza con un explosivo cunnilingus con el que nuestra Pe se muestra agradecida. Diálogos trascendentales que se suceden para cimentar un pacto con el diablo y la gran tragedia, que lleva a nuestro protagonista (un consejero que acepta consejos) a recorrer los sinuosos caminos que le conducen hasta la puerta misma del infierno con un pase vip. Un arco dramático en fatal in crescendo que pone énfasis a la visión descorazonadora de su autor.




        Sabemos que Ridley Scott es un director bastante onanista y de gran sofisticación visual, de lo que estamos también seguros es de que pocas veces ha sido tan fiel a la idea de un libreto como en este relato fronterizo que basa su peculiaridad en el modo discursivo de plantear los dilemas morales, una fábula rebosante de sentencias y condicionamientos semánticos, en la que igual se cita a Machado que se divaga sobre la mujer y la moral o sobre una compleja y letal arma que rebana a la víctima el cuello. Fassbender luce en los momentos más dolorosos, y aunque Javier Bardem y Penélope Cruz cumplen sin demasiadas alharacas, es Cameron Díaz quien trasciende el vulgar bosquejo de Femme Fatale para convertirse en una letal y sibilina serpiente. A diferencia de todos esos críticos desconcertados ante la abstracta caligrafía de la cinta, ocurre que a mí todas esas personalidades –de algún modo escindidas- me resultan magnéticas y vigorosas, me gusta cómo se mueven, cómo visten, cómo hablan y finalmente como arden en la hoguera de las vanidades a la que se han visto arrastrados por su gran avaricia: anhelos que se despeñan por un vertedero como manjar para las aves carroñeras. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

CRÍTICA DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS

Unos juegos aburridos
LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS êê
DIRECTOR: FRANCIS LAWRENCE.
INTÉRPRETES: JENNIFER LAWRENCE, JOSH HUTCHERSON, LIAM HENSWORTH, PHILIP SEYMOUR HOFFMAN, WOODY HARRELSON, STANLEY TUCCI, DONALD SUTHERLAND.
GÉNERO: CIENCIA-FICCIÓN / EE. UU. / 2013  DURACIÓN: 146 MINUTOS.   

      A nivel comercial la saga Crepúsculo representó un filón que parecía inagotable para Summit Entertainment y un enorme respiro para las taquillas en unos tiempos en donde la hemorragia de espectadores sitúa a las salas de exhibición y a la industria del cine al filo de la navaja. Cuando por fin la franquicia puso el punto y final, todos los estudios intentaron imitar la misma fórmula comprando los derechos de nuevas sagas literarias juveniles para su adaptación cinematográfica en la búsqueda de la gallina de los huevos de oro. Así, hemos asistido al estreno de multitud de artefactos que pretendían apostar por el mismo caballo ganador: las dos entregas de Percy Jackson, The Host (La Huésped), Cazadores de Sombras: Ciudad de Huesos… Pero ni éstas ni otras lograron captar el interés del público al que estaban dirigidas. Sí lo logró Los Juegos del Hambre (Gary Ross, 2012), primera de la serie de novelas de Suzanne Collins que llegó a recaudar casi 700 millones de dólares en todo el mundo partiendo de un presupuesto de apenas 80. Utilizando la misma maniobra que la citada Crepúsculo, la última entrega, Los Juegos del Hambre: Sinsajo, estará dividida en dos partes que verán su estreno en 2014 y 2015 respectivamente.


      Esta segunda entrega titulada LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS comienza donde lo dejó la primera: Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) vuelve sana y salva a su casa tras ganar los 74º Juegos del Hambre anuales, junto a su compañero Peeta Mellark (Josh Hutcherson). No obstante, ganar significa tener que hacer el Tour de la Victoria por todos los distritos dejando atrás familia y amigos. A lo largo de su camino, Katniss se da cuenta de que se está gestando una rebelión en la que está implicado su amigo Gale Hawthorne (Liam Hensworth), pero en el Capitolio todo sigue bajo control, y el presidente Snow (Donald Sutherland), organiza una nueva edición de Los Juegos del Hambre llamada “El Vasallaje”, que ocurre cada 25 años y que cambiará Panem para siempre. Determinado a exterminar el rayo de esperanza que suponen Katniss y Peeta, el político quiere enfrentarlos a ganadores de anteriores ediciones de los Juegos con la intención de que no sobrevivan.


        Había oído comentarios que aseguraban que esta segunda película era mucho mejor que la primera en todas los aspectos (técnicos, artísticos y narrativos), sinceramente, no me lo ha parecido. Francis Lawrence ha intentado dotar de una mayor profundidad a una fábula de premisa distópica para subrayar su carácter de denuncia política, así como los dilemas morales que sitúan en una encrucijada a sus protagonistas, sobre los que Gary Ross realizó un apañado esbozo en la anterior película. El problema es que la función resulta en exceso discursiva y le falta acción, pues hasta pasada la hora y media de metraje no hay nada en ese aspecto que resulte reseñable y, cuando lo hay, no es como para tirar cohetes.


        Como citaba en mi crítica de la primera película, la premisa argumental no es nada original, surgida bajo la influencia de aquella película de culto titulada Battle Royale (Kinji Fukasuku, 2000), de clásicos de la literatura de anticipación como 1984, de George Orwell, o el más reciente The Running Man, novela de Stephen King llevada al cine con el título de Perseguido (Paul Michael Glazer, 1987) y que estaba protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Con fidelidad al texto de Suzanne Collins, LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS denota un celo exquisito por la puesta en escena y en que cada personaje, con más o menos protagonismo, contenga unas constantes sólidas que le definan, pero aunque encontramos momentos muy conseguidos (el ataque de la niebla venenosa y de los monos), los dos primeros tramos de metraje se nos muestran muy plúmbeos, lentos y sin fuerza dramática.


        Supongo que a los fans de la obra de Collins, la adaptación cinematográfica les hará visualizar los inquietantes escenarios a modo de aventura épica del Imperio Romano, una sociedad cruel gobernada con mano de hierro en aras del sometimiento brutal y perpetuo de los pueblos (gran eufemismo que las terroríficas fuerzas del orden se llamen “Agentes de la Paz”). Pan y circo, el gran espectáculo televisado en donde los contendientes a modo de gladiadores se les invita morir con honor en la arena de los letales Juegos del Hambre. Al vencedor, claro, se le dotará de provisiones y confort. Pero eso es sólo un espejismo, sobre todo si alguno de ellos representa una esperanza para el pueblo oprimido. Es ahí donde entra esa líder mesiánica llamada Katniss Everdeen, una Jennifer Lawrence como lo mejor de la función, la gran heroína capaz de sacrificar su vida por la libertad. Nada me interesa, por otra parte, el triángulo amoroso de los tres destacados protagonistas, que me hace recordar aquel tan fastidioso de la infumable Crepúsculo.



       No hace falta insistir sobre la crítica implícita a esa sociedad clasista donde los privilegiados viven en el Capitolio y el pueblo llano en la miseria, es por eso que se está gestando una revolución que tiene como misión acabar con la injusticias y abusos del poder. Normal, un pueblo con miedo es un pueblo esclavo, pero esa idea ya se desarrolló mucho mejor en la magnífica V de Vendetta. 

jueves, 21 de noviembre de 2013

LOS MEJORES CARTELES DE CINE: VÉRTIGO

En la sección dedicada a los mejores carteles de cine no podía faltar el gran Saul Bass (1920-1996), no sólo por la esencial aportación del neoyorquino en el terreno del diseño gráfico cinematográfico, pues al diseñador se le atribuye la dignificación y la evolución de los títulos de crédito como un arte, un elemento estimulante más de la película que nos introduce en la trama del film a través de un estilo abstracto de tipografías manuscritas con una marca personal e intransferible. Bass, tras trabajar en diversas agencias de diseño de nueva York y de forma independiente como artista comercial, decidió mudarse a Los Ángeles en 1946, abriendo su propio estudio en 1950. En esa tierra de promisión repleta de rutilantes estrellas del celuloide abandonadas al lujo y el glamour, fue Otto Preminger quien le invitó a diseñar el póster para “Carmen Jones”, obteniendo un éxito impresionante. Enseguida fue reclamado tanto para realizar los carteles de las películas como para diseñar los títulos de crédito de las mismas. El estilo de Bass (animación de recortes, ejemplar uso del color y del movimiento) es grafismo perdurable, distinción económica y alta relevancia, atreviéndose a lanzar propuestas francamente originales entre las que destacan “Éxodo”, “Anatomía de un asesinato” y “El hombre del brazo de oro”.



      De Saul Bass se dice que fue él quien ideó el story board de la clásica y escalofriante escena de la ducha de “Psicosis”, aunque Hitchcock jamás lo reconoció. De entre todos sus trabajos mi  preferido es su original creación para el afiche de la que es mi película favorita del mago del suspense, VERTIGO (De entre los muertos), en la que Hitchcock, contando de nuevo con su actor fetiche, James Stewart, realiza algo prodigioso y a contracorriente de los tradicionales films de misterio, como es revelar el enigma a poco más de la mitad del metraje, lo que no impidió que el interés siga in crescendo, fundamentalmente por la sensual química de la pareja Stewart/Novak, el extraño laberinto cerebral del antiguo inspector Scotie y el hábil empleo del zoom, esas imágenes en espiral que usó el genial director para poner en imágenes las agobiantes efectos del vértigo que sufre el protagonista. Un film inquietante y atormentado cuya última dimensión está aún por descubrir.