Concepción religiosa del superhéroe
EL HOMBRE DE ACERO êêê
DIRECTOR: ZACK
SNYDER.
INTÉRPRETES: HENRY CAVILL, AMY ADAMS, RUSSELL CROWE,
MICHAEL SHANON, KEVIN COSTNER, DIANE LANE.
GÉNERO:
FANTÁSTICO / EE. UU. / 2013 DURACIÓN: 143 MINUTOS.
Aunque es un
personaje respetado por todos, considerado por muchos el padre de todos los
superhéroes y la raíz de todo lo que ha dado de sí el género, este cronista no
siente por el Superman cinematográfico la misma debilidad que por otros
personajes como Batman o Spiderman. Puede ser que todo
provenga de la decepción que, ante las enormes expectativas creadas, me llevé
en mi adolescencia con Superman, El Film (Richard Donner,
1978), una película con unos decorados horrorosos, unos efectos mediocres, unas
interpretaciones irrisorias y un último tramo totalmente insoportable. Si esa
fue mi impresión, imagínense mi espanto ante sus lamentables secuelas, de entre
las que ni siquiera salvo la dirigida por Bryan Singers en 2006, Superman
Returns, con un superhéroe más cercano y una visión más espiritualista
pero carente de emoción e ironía.
El mayor acierto
de los productores ha sido elegir a un enamorado de los cómics como Zack Snyder (300, Watchmen) para dar un
nuevo impulso a esta alicaída saga que cuenta con un guión de David S. Goyer y
Christopher Nolan, que reza también en labores de producción: Clark Kent/Kal-El (Henry Cavill) es un
joven que se siente perturbado por unos poderes que van más allá de la
imaginación. Enviado a la Tierra hace años por sus padres biológicos, Jor-El (Russell Crowe) y Lara Lor-Van (Ayelet Zurer), ante la
inminente destrucción de su planeta, Kripton (un avanzado planeta alienígena),
Clark se hace una última pregunta: ¿por qué estoy aquí?
Criado en los
valores de sus padres adoptivos, Martha
(Diane Lane) y Jonathan (Kevin
Kostner), Clark descubre que sus infinitos poderes le obligan a tomar
decisiones difíciles. En su camino se cruza Lois Lane (Amy Adams) una periodista de investigación por la que se
siente atraído. Pero en un momento en que el mundo necesita más estabilidad que
nunca, reciben un ataque de un grupo de kriptonianos comandados por el general Zod (Michael Shanon), que obligarán a
Superman a convertirse en la última esperanza del mundo que conocemos y así
proteger a las personas que ama.
Había mucho
miedo por parte de los fans de que a su adorado superhéroe le convirtieran en
un personaje oscuro a la manera de lo que Christopher Nolan pergeñó con Batman
en su espléndida trilogía. No ha sido así, EL HOMBRE DE ACERO nos presenta a un
Superman más realista y de carne y hueso aunque muy alejado del nihilismo
existencial del Hombre Murciélago. Estamos, eso sí, ante una aventura más épica
e intensa donde nuestro héroe parece estar tocado por una aureola divina (las
milagrosas sanaciones) y que, como siempre, tiene encomendada la mesiánica
misión de salvar a la humanidad.
El británico Henry Cavill dota al
personaje de una mayor introspección y distancia, algo que sienta bien a un
superhéroe más maduro y sumido en sus propios dilemas morales, tan humanos y a
la vez tan complejos. El espectáculo está servido, Snyder rueda con dinamismo
unas fastuosas secuencias de acción y destrucción amplificadas por el formato
estereoscópico, que sumerge al espectador en el epicentro del caos,
apoderándose de la platea una vibrante y angustiosa sensación apocalíptica con
la devastación de una Metrópolis que se desvanece entre los escombros, el polvo
y el humo. Símbolo de una civilización al borde del exterminio.
Una vez más queda
claro que sagas como las de Jason Bourne y el Batman de Nolan han tenido una
influencia decisiva en el cine de acción y superhéroes contemporáneo, la
elección de un esteta con Snyder no ha podido ser más acertada, un cineasta capaz de prefigurar los
componentes dramáticos y románticos e insertarlos en una acción preñada de su
característico estilo: una cámara musculosa y nerviosa que husmea en la
hiriente fisicidad de la tragedia, la integridad y la ética de los héroes más
allá del resultado final de la lucha y un universo visual de una textura
onírica y pleno de hallazgos.
Comentaba
anteriormente las dudas existenciales de Superman de si mostrar o no sus
poderes a la ciudadanía (algo que no impide su modestia sino la atinada
impresión de que se convertirá en una obligación para toda su vida), un síntoma
palpable en el nuevo brío de la deconstrucción de una saga que busca nuevos
alicientes y con un inconfundible toque autoral. No me molesta el carácter
dogmático y/o moralista de una función que tiene como piedra angular la
responsabilidad en el ejercicio del poder, algo que ni siquiera se plantea su
antagonista, el villano general Zod, un personaje irreflexivo y capaz de poner
en marcha su letal maquinaria de aniquilación con la excusa de salvar su
planeta: “En mundo de dioses la vida humana es discriminable”.
EL HOMBRE DE ACERO
cuenta tal vez con excesivos subrayados, los momentos de intensidad dramática
no llegan nunca a emocionar y algunos personajes como el de Lois Lane quedan
bastante desdibujados sin que se encuentre nunca el punto de ignición con
Clark. Elementos que castigan la función pero que no pueden camuflar la
configuración religiosa de un arcaico superhéroe cuya invulnerabilidad le lleva
a formar parte del martirologio de donde sólo resucitan los dioses.


















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