¿Es realmente SHOWGIRLS una película tan mala?
Rotundamente sí. Elegida en los Premios Razzie como la peor película de la
década de los 90, el film lo podemos considerar una paja mental del director
holandés Paul Verhoeven (que venía
de rodar dos torpedos para la taquilla como Robocop e Instinto
Básico),
para mostrar de manera burda una variante más del manido “sueño americano”.
Veamos: una joven atractiva y ambiciosa, Nomi
Malone (Elizabeth Berkley), viaja desde su pueblo a Las Vegas con el
objetivo de abrirse camino en el mundo del espectáculo. Tiene un rostro exótico
y una espléndida y estilizada figura, atributos que le abren las puertas de un
local de striptease, aunque pronto acaba obteniendo una audición para formar
parte del coro del Casino Stardust, donde trabaja la starlette Cristal (Gina Gershon). Sin embargo, no
tarda en darse cuenta de que el mundo del espectáculo dista mucho de ser lo que
ella soñaba.
Verhoeven tuvo
los enormes huevos de ir a la ceremonia para recoger los Razzies (Anti-Oscar)
con los que fue premiada su película (consiguió 7, incluido peor película,
director y actriz). Reconociendo que Showgirls no es peor película que otros
truños como Striptease, Jade, Acoso o El
color de la noche, tampoco es
cuestión de afirmar, como hacen otros, que la película ha ganado con el tiempo.
El guión, absolutamente lamentable, reincide en la trillada premisa de la chica
que abandona su deprimente pueblo convencida de triunfar y decidida a comerse
el mundo, cuando lo que finalmente acaba comiéndose son varios rabos.
Eso sí, este cronista quedó hipnotizado con el cuerpazo y las tórridas contorsiones de Elizabeth Berkley (atención a la manera en que se pellizca los pezones), recién salida de la exitosa serie teen televisiva “Salvados por la campana”, y recordaré siempre con un cosquilleo esa
abrasadora escena en que, completamente desnuda, se folla por encima de la ropa
al bobo del Kyle MacLachlan sentado en
un sillón, mientras la Gershon en plan voyeur se va poniendo cada vez más verrionda. Una escena que inundó los cines con salvas espermáticas de
adolescentes con acné sacándole punta al lápiz y viejos onanistas. Berkley (que se hizo con este papel
al que también optaba como aspirante Charlize Theron) no se convirtió en la
estrella que prometía y su estela se perdió en la noche de los tiempos, lo
último que recuerdo de ella es su participación en la serie CSI: Miami.
Todo es vulgar en esta
psicotrónica película, y eso puede tener su morbo; vulgar la dirección
artística, vulgar y mediocre todo el elenco, vulgar el look visual de luces
chillonas y neones, vulgares el vestuario y las coreografías de los números musicales y
vulgar y hortera el paisaje de Las Vegas. Todo un monumento al cutrerío y el
mal gusto que pondera a la mujer objeto y que sólo resulta recomendable para
anoréxicos cerebrales, gafapastas casposos con ínfulas cultistas o enfermos sin
esperanza como este cronista.
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