El elemento del crimen (1984) es una película que parece estar alojada en el fondo de una pesadilla, todavía húmeda y contaminada por los residuos tóxicos de un mundo enfermo. La ópera prima de Lars von Trier en el largometraje ya contiene buena parte de las obsesiones que atravesarán su cine posteriormente: la culpa, la decadencia moral, la manipulación psicológica y la imposibilidad de escapar de aquello que nos obsesiona.
En una Europa onírica, devastada y distópica, el detective Fisher (Michael Elphick) persigue a un asesino siguiendo las huellas del criminal mediante un método aprendido de su antiguo mentor. El relato se narra mediante la hipnosis desde El Cairo, pero los escenarios europeos son un entorno ficticio y abstracto. A pesar de su estado de confusión, su objetivo es intentar reconstruir, con la ayuda de un psicoterapeuta egipcio, el crimen a partir de los datos que ha ido recopilando. Pero investigar significa aquí contaminarse: cuanto más se acerca el detective al asesino, más profundamente penetra en su lógica. La experiencia policial se transforma así en una experiencia hipnótica de pérdida de identidad.
Von Trier construye un microcosmos visual especialmente opresivo, dominado por un color sepia enfermizo, una lluvia perpetua, espacios industriales y una fotografía que convierte cada escenario en una pesadilla crepuscular. La narración importa menos que esa atmósfera de fatalidad.
Más que un
thriller formulario, El elemento del crimen es una experiencia sensorial
y mental. Con
una clara influencia estética y atmosférica de Stalker (Andrei Tarkovsky, 1984),
estamos ante una obra hermética, fascinante y deliberadamente turbadora, cuyo radical
formalismo anunciaba ya en 1984 la llegada de uno de los cineastas más peculiares
y subversivos del cine europeo.












Recuerdo haberla visto hace cuarenta años en el desaparecido cine Alexandra de Madrid y volví a pillarla en una cadena de televisión por los años de la pandemia.
ResponderEliminarExtraño thriller de un pedante virtuosismo formal buscando a ultranza una "suciedad visual" (en línea con el ambiente callejero de BLADE RUNNER) y unos diálogos que me parecieron ampulosos. Algunos detalles de su puesta en escena pueden interesar, sí, pero el aburrimiento, el mío de entonces, acabó por invadirme. En el futuro su autor, tras este novato ejercicio de estilo, haría cosas mucho más interesantes.
Un saludo.
Es curioso porque yo vi siendo un jovencito imberbe vi muchas películas en el cine Alexandra... pero el que estaba situado en la Rambla Catalunya de Barcelona y que según me dijo el dueño en aquellos lejanos años había sido inaugurado a finales de los años 40.
EliminarSí, en el texto comento que la narrativa importa menos que la atmósfera de fatalidad. Es un thriller sobre un alucinado viaje por una Europa degradada y sepultada bajo una ambientación onírica y tono amarillento. Una estética influenciada por Tarkovsky y una trama que utiliza la hipnosis como instrumento para revivir la investigación sobre un asesino serial.
Saludos.
Von Trier experimentando desde su primera película.
ResponderEliminarUn abrazo.
Película de aprendizaje en la que el director danés ya dio pistas de algunas de sus obsesiones posteriores.
ResponderEliminarUna abraçada.