En el pasado Festival de Cannes el director Andrey Zvyagintsev presentó Minotauro, la última versión o reinterpretación de la magnífica película de Claude Chabrol Una mujer infiel (1969), estaremos atentos a su estreno en enero del próximo año ya que me han llegado buenas recomendaciones de gente en la que confío. Pero fue en 2002 cuando Adrian Lyne realizó un muy aseado remake de la recordada intriga chabroliana titulado Infiel, que nos presenta a un matrimonio estable formado por Edward (Richard Gere) y Connie (Diane Lane) que gozan de una vida acomodada: tienen un hijo, dinero y una hermosa casa en las afueras de Nueva York. Pero un día, en Manhattan, Connie conoce a Paul (Olivier Martínez), un joven y seductor coleccionista de libros francés con el que Connie comienza una apasionada relación extramatrimonial.
Tras cinco años del estreno de Lolita, Lyne regresa al territorio que mejor conoce: el deseo como fuerza para desestabilizar una existencia aparentemente ordenada donde entran en juego los celos y la infidelidad. El director británico podría haberse limitado a actualizar un sofisticado drama burgués, pero Lyne convierte el adulterio en una experiencia física cargada de sensualidad, culpa y peligro.
La gran virtud de este remake con sello propio reside en que no culpa a Connie ni convierte su infidelidad en una simple aventura romántica. Diane Lane interpreta magistralmente el desconcierto de una mujer que descubre, quizá demasiado tarde, una dimensión desconocida de sí misma. Su relación con Edward, su marido, está construida sobre una intimidad cotidiana que hace aún más perturbadora la aparición de Paul, ese amante impulsivo y magnético que irrumpe espontáneamente como una anomalía en su vida.
Lyne filma el deseo con una intensidad que
evita tanto la vulgaridad como el simple sentimentalismo. Los cuerpos, los
espacios y hasta los desplazamientos por Nueva York adquieren una sensualidad
inquietante. Pero Infiel termina siendo algo más que una
película de suspense sobre una infidelidad: es sobre todo un relato sobre las consecuencias
imprevisibles de quebrar el equilibrio doméstico. Así, cuando el deseo se
transforma en culpa, Lyne demuestra que el verdadero suspense no estaba en el
adulterio, sino en aquello que podía desencadenar. A destacar la natural sensualidad
de Diane Lane, una de mis musas inmortales del cine, masturbándose a la vez de
forma pícara y tímida.










En la estéril carrera de remakes americanizados de películas francesas, en esta ocasión le tocó el turno a la chabroliana LA MUJER INFIEL. Teniendo en cuenta los contaminantes aires de puritanismo hipocritón y conservadurismo a ultranza que ya empezaban a soplar entonces, era previsible el resultado. Lo que en el soberbio film de Claude Chabrol venía a ser una autopsia de un matrimonio burgués instalado en el vacío, el aburrimiento y la moral muerta de su clase social, aquí, Adrian Lyne y sus secuaces, transcurrido el primer tercio de su película (en el que encontramos algunos aciertos) le dan la vuelta al asunto convirtiendo aquello en una –no por esteticista, menos amenazante– “advertencia” de los peligros que conllevan las “salidas de tiesto” de la célula familiar y las buenas costumbres. Un mensaje parecido al que ya nos lanzara desde su nefasta ATRACCIÓN FATAL.
ResponderEliminarUn saludo.
Claro. Clint Eastwood afirmó que Estados Unidos tiene pocas formas de arte verdaderamente originales y que la mayoría derivan de Europa, exceptuando únicamente tres excepciones genuinas: el wéstern, el jazz y el blues. Pero he de recordar que muchos de esos remakes hollywoodienses están dirigidos por europeos. Como es el caso.
EliminarNo concuerdo con tu opinión sobre Atracción fatal, y en el caso de la película que nos ocupa contiene una gran actuación principal: Diane Lane transmite de forma muy real y dolorosa el remordimiento y la confusión. Resulta muy sugerente el duelo interpretativo: Richard Gere muestra de manera brillante el paso del amor a la rabia contenida. Lyne sabe mantener la intriga sin caer en el morbo fácil. Además, Peter Biziou consigue una magnífica fotografía que eleva la belleza de los escenarios.
Saludos.
Un digno remake, a mi modo de ver, sobre todo por la gran actuación de Diane Lane; pero no va más allá del difícilmente superable film de Chabrol.
ResponderEliminarUn abrazo.
Ya me declaré siendo apenas un adolescente fan irreductible de Chabrol. Pero la espera de ver lo que ha hecho Andrey Zvyagintsev con esa versión libre titulada Minotauro, Infiel cuenta con muchos alicientes para disfrutar. Lane es uno de ellos, también la espléndida iluminación de Peter Biziou.
EliminarUna abraçada.