La inútil obsesión por las formas impide la
implicación emocional
“EL SER QUERIDO” êê
DIRECTOR: Rodrigo Sorogoyen.
INTÉRPRETES: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo,
Marina Foïs, Raúl Prieto, Pepa Gracia, Melina Matthews, Nuria Prims.
GÉNERO: Drama / DURACIÓN: 135 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2026
He de confesar que, por su temática, me daba bastante pereza enfrentarme al visionado de El ser querido, pero me quedan ya muy pocos estrenos interesantes por ver y he de reconocer que salí del cine con una fría indiferencia, insatisfecho y desconcertado, con esa incómoda sensación de haber asistido al visionado de una película que me prometía entregar algo más de lo que finalmente me entregó y con cara de empate a cero. Su premisa y planteamiento de cine dentro del cine remite inevitablemente a Valor sentimental, aunque Rodrigo Sorogoyen desarrolla una historia distinta y persigue otros dilemas existenciales. Sin embargo, donde aquella encontraba una poderosa vibración emocional, El ser querido parece quedarse en una superficie plana y calculada.
La película cuenta la historia de Esteban Martínez (Javier Bardem), un prestigioso director de cine cuyo enorme talento convive con un pasado marcado por la violencia y los excesos. Cuando desde Nueva York regresa a España, decide contratar para su nueva película a su propia hija, Emilia (Victoria Luengo), una actriz que atraviesa dificultades profesionales, ambos vuelven a encontrarse después de varios años de distanciamiento. Y lo que en principio podría convertirse en una oportunidad para reconstruir su relación pronto hace aflorar todos los conflictos que habían permanecido enterrados durante ese tiempo.
Estamos ante una película ambiciosa, consciente de la complejidad de los temas que aborda y formalmente muy elaborada, pero esa voluntad de construcción cinematográfica termina imponiéndose con demasiada frecuencia a la emoción que debería sostener el relato. La utilización del cine dentro del cine y los entresijos del rodaje de una película ofrece, en principio, numerosas posibilidades para explorar la relación entre representación y verdad, entre aquello que se interpreta ante una cámara y aquello que permanece reprimido en la intimidad.
No obstante, Sorogoyen parece confiar excesivamente en los mecanismos de esa propuesta. El juego entre el blanco y negro y el color, así como la utilización de diferentes formatos fílmicos, introduce una complejidad visual que no siempre parece responder a una verdadera necesidad narrativa. Son decisiones gratuitas que llaman constantemente la atención sobre sí mismas y que, lejos de profundizar necesariamente en el sentido de la historia, acaban transmitiendo una cierta sensación de artificio.
Pero el problema esencial de El ser querido no está tanto en su forma como en su incapacidad para convertir el eje narrativo en una experiencia auténticamente conmovedora. El abandono, la culpa, la dificultad de reparar aquello que se ha roto y las heridas familiares constituyen un material de un potencial enorme, pero la película contempla estas disyuntivas desde una distancia insalvable. Se habla de dolor, de amarguras, de heridas del pasado, de responsabilidades y de afectos deteriorados, aunque pocas veces llega a sentirse realmente la devastación emocional que esas cuestiones deben despertar.
Resulta especialmente llamativa esa flacidez en un director como Rodrigo Sorogoyen, habitualmente tan eficaz a la hora de crear tensión y llevar los conflictos hasta situaciones límite. Aquí, por el contrario, todo parece permanecer contenido (salvo esa escena cruda sobre el rodaje de la comida), suspendido en una especie de indecisión emocional. La película avanza sin que termine de producirse ese momento de revelación, ruptura o catarsis que permita comprender plenamente lo que está en juego.
Con personajes secundarios apenas esbozados, Javier Bardem y Victoria Luengo sostienen la película con dos interpretaciones sólidas y entregadas, aunque tampoco ellos consiguen compensar el tono de frialdad emocional del relato. Bardem aporta a su personaje una mezcla de vulnerabilidad, orgullo y opacidad que resulta convincente, evitando en buena medida los excesos que podría propiciar un papel tan marcado por la culpa y los remordimientos. Victoria Luengo se luce en los momentos de mayor confrontación emocional con su padre y la memoria candente. Ambos intérpretes construyen personajes complejos y en cierto modo creíbles, pero el guión y la distancia con que Sorogoyen aborda sus íntimos conflictos impiden que sus interpretaciones alcancen toda la efervescencia estremecedora que prometían.
El desenlace termina acentuando esa
impresión anticlimática. Más que un final, parece una interrupción: una
conclusión débil y poco satisfactoria que deja la sensación de que la función
no ha encontrado una verdadera culminación. El ser querido posee ambición,
indiscutibles talentos y una evidente voluntad de trascender su propia
historia, pero termina siendo una de esas películas con poca sustancia, que se
admiran más de lo que realmente se sienten porque no consiguen una implicación
profunda del espectador.






.jpg)









Veo el trailer y no me dice nada, no me invita a ver la película. Quizás a otras personas sí, pero no a mí. Menos aún después de leer tu crítica.
ResponderEliminarGracias.
Saludos,
J.
Bueno, el cine siempre se ve con una mirada subjetiva. Igual a ti te gusta, J. Lo mejor que me ha entregado Sorogoyen hasta ahora es la serie Antidisturbios y las películas El Reino y As Bestas. Sigue teniendo mi confianza, pero de momento cuento dos decepciones seguidas: la serie Los años nuevos y la película que nos ocupa.
ResponderEliminarSaludos.
A mí tampoco me convenció "Los años nuevos". Esta película me ha gustado más. Y es cierto que los cambios de formato o el paso al blanco y negro pueden parecer un tanto arbitrarios, pero, a mi modo de ver, no perjudican demasiado la emoción inherente a la historia, sin duda sostenida por las excelentes interpretaciones.
ResponderEliminarEn cualquier caso, si comparamos la película de Sorogoyen con el último artefacto de Almodóvar, también metalingüístico y con rodaje en tierras canarias, "El ser querido" gana por goleada.
Un abrazo.
Bueno, es que una sesión doble compuesta por "Los amantes pasajeros" y "Amarga navidad" debe de ser más horrible que una noche en una celda de Guantánamo. "El ser querido" es una película regulera, sin alma ni emoción y que sólo se sostiene por el trabajo de todo el elenco. A Sorogoyen le ha entrado un ataque de director y nos envuelve la función con una serie de filigranas absolutamente innecesarias.
EliminarUna abraçada.
Pues en lo que a mí respecta, he de confesar que me impactó, tal vez porque la actuación de la pareja protagonista, dos grandes de la interpretación como son Victoria Luengo y Javier Bardem, resulta impecable. No sé: pero hacía tiempo que una película no me interpelaba de esta manera.
ResponderEliminarSaludos.
Una película muy alejada de la calidad de Antidisturbios o El Reino. Es un relato sin alma, sin garra, sin emoción. A Sorogoyen la da un ataque de director y experimenta con recursos absolutamente innecesarios. Sólo salvo una escena y la labor de la pareja protagonista, que también nos ha regalado actuaciones más lucidas.
EliminarSaludos.