El siempre interesante Jeff
Nichols, firmante de dos de los films más fascinantes de los últimos años; Talke
Shelter (2011), película que ha influido en la reciente Calle
Cloverfield 10 y que recogió merecidamente algunos premios en diversos
festivales; y Mud (2012) cinta que merecía mayor difusión y en la que Matthew
McConauguey realiza una interpretación memorable, nos presenta este año MidnightSpecial,
uno de los estrenos más esperados del año. El film cuenta la historia de un
padre, Roy (Michael Shanon, un actor fetiche del director) y su hijo de 8 años,
Alton (Jaeden Lieberher) que son perseguidos por el gobierno cuando el
niño desarrolla poderes especiales.
TRÁILER 1
TRÁILER 2
Las críticas de la prensa especializada están siendo están siendo positivas para una
película que parece rendir homenaje a los maestros Carpenter y Spielberg,
tributo que suele ser muy recurrente en los últimos tiempos en directores
jóvenes a los que dejó marcados de manera indeleble toda aquella generación de
cineastas. Por ejemplo, el crítico David Rooney de The Hollywood Reporter
opina: “Un thriller sobrenatural lleno de
suspense y excelentes interpretaciones. La película es, a todos los niveles, un
regreso fuera de lo común a la fascinante ciencia ficción para adultos”. Y el
crítico español de la revista Fotogramas, Sergi Sánchez, escribe: “Insólita
película. El modo en que Nichols dosifica la información te mantiene en vilo
hasta que la dimensión más emocional de la historia gana terreno. Es un film
que salta al vacío sin red, asumiendo sin miedo alguno las consecuencias”. Midnight
Special tiene previsto su estreno en nuestro país el 20 de mayo de 2016 y los tráilers
harán babear a más de un aficionados.
Krzysztof Kieslowski (Varsovia, 1941-Varsovia, 1996) se licenció en la
escuela de cine de Lódz, cuando termina sus estudios es contratado para la
televisión, un medio para el que realiza documentales y series de contenido
dramático. Tras realizar una veintena de cortometrajes en 1976 rueda el
largometraje La cicatriz, un film por el que empieza a ser reconocido en
el extranjero y que junto con El aficionado (1979) le concede una cierta
reputación. Su consagración internacional le llega con el díptico compuesto por
No matarás(1987) yNo amarás (1988) unas obras de naturaleza
claramente católica. EnLa doble vida de Verónica (1991) película
protagonizada por Iréne Jacob, nos narra la historia de dos mujeres idénticas
que nacen el mismo día y en diferente lugar. La trilogía Tres colores: Azul(1993), Blanco (1993) y Rojo (1994), una coproducción entre
Francia, Polonia y Suiza que simboliza los colores de la bandera francesa con
el lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, pone un broche de oro en la
personal filmografía de este autor, muerto desgraciadamente demasiado joven.
Sinopsis: Valentine (Iréne Jacob) es una
hermosa modelo que un día atropella accidentalmente a una perra, ésta pertenece
a un juez retirado, excéntrico y solitario (Jean-Louis Tringtinant) que se pasa
la vida escuchando de forma ilegal las conversaciones telefónicas de sus
vecinos. Este pasatiempo delictivo y tan poco ético hace que Valentine se
sienta indignada, pero a la vez experimenta una atracción morbosa hacia el
juez. Una de las personas espiadas resulta ser Auguste (Jean-Pierre Lorit) que
vive cerca de Valentine y que pronto la conocerá en un viaje a Inglaterra que
va a cambiar sus vidas.
Tercer capítulo del tríptico Tres
Colores firmado por el director católico Kieslowski y que representa la
fraternidad. Rojo es la mejor de las tres partes formadas como he
apuntado anteriormente porAzul(la libertad) y Blanco (la
igualdad), un lema que se puede leer en la fachada del palacio de justicia de
París. Un lazo de terciopelo rojo para cerrar con evidente talento un paquete
que guarda una de las mejores y más arriesgadas apuestas del cine de la última
década, un proyecto a contracorriente de las tendencias de la época y que lejos
de lo que algunos quisieron ver, frívolamente, como un fallido y pretencioso
intento de volver al cine de "qualité" de los setenta, plasma con
emoción todo un universo fílmico, el de un cineasta original, fiel a unos
principios, en cuya esencia no caben fundamentos pueriles, intereses
comerciales ni otras cuestiones baladíes.
EnRojo, el teléfono se impone
desde el principio como un elemento insustituible para combatir la soledad,
sólo que ese artilugio tan necesario en los nuevos tiempos puede, en demasiadas
ocasiones, aumentar la angustia y profundizar en la herida que abre la
distancia, la melancolía y el aislamiento: "todo lo que quiero es
paz", dice la protagonista a su novio por teléfono. Valentine llega
a la casa del dueño de la perra para entregársela tras haber leído su dirección
en el collar del animal, inmediatamente se da cuenta de lo que ocurre, ya que
éste se encuentra espiando las conversaciones de sus vecinos, ella le dice que
lo que hace es asqueroso, a lo que él responde que lo ha hecho durante toda la
vida, Valentine le pregunta:
-¿Qué era usted, un poli?
-Peor, juez.
A partir de ese momento empatizo de por
vida con ese personaje decadente en el ocaso de toda existencia, él reniega de
su profesión, le horroriza, al igual que a mí, que alguien de este mundo,
situándose más allá del bien y del mal, pueda tener capacidad para decidir el
destino de sus semejantes: <<a cuantas personas hubiese podido
absolver, culpables o no. El simple hecho de poder decidir lo que es verdad o
no, me parece una falta de modestia, un acto de vanidad>>.
Kieslowski, en esta espléndida película, lleva hasta el límite su obsesión por
el azar, las casualidades y las coincidencias; el libro que al caer al suelo
queda abierto por una página que resulta crucial para Auguste, el disco que
quiere comprar Valentine con tan mala suerte que el último ejemplar lo acaban
de adquirir Auguste y su novia, con los cuales coincidieron en la bolera la
misma noche... fascinación sobre los secretos que encierra la vida y que el
director polaco utiliza como una introspección de los enigmas inexplicables del
destino.
Es el juez quien se denuncia a sí mismo a la policía, en un acto que
más que honrarle le acerca a la joven modelo y hace que se intensifique su
interés por él y su simpatía. Valentine, antes de partir hacia Inglaterra,
ayuda con un gesto fraternal a la anciana a introducir una botella en el
contenedor, los personajes de las otras dos partes de la trilogía sólo se la
quedarán mirando. Puede que el final de la película, y consecuentemente de la
trilogía, pueda resultar excesivamente sutil y condensado, mas yo lo juzgo
totalmente acertado y original. Los protagonistas principales de los tres films
han sufrido experiencias poco satisfactorias, cuando no amargas, contrarias al
lema que sustenta la obra completa, ahora se abre una puerta con nuevas
perspectivas para todos ellos.
The Ardennes (Les Ardennes) supone la ópera primo del director belga Robin Pront con sólo 29 años. Un drama
criminal que si bien parte de una premisa poco novedosa, puede presumir de unos
personajes muy bien dibujados. Veamos: Cuando en un infructuoso asalto a una
casa, Dave (Jeroen Perceval) se ve obligado a huir dejando tras de sí a su
hermano Kenneth (Kevin Janssens) quien por no delatar a
su hermano debe pasar cuatro años en la cárcel. Pasado ese tiempo, Kenneth
desea que las cosas sigan como estaban, pero todo ha cambiado: Sylvie (Veerle Baetens) su novia, ya no quiere saber nada de él y Dave es
abstemio y ha iniciado con ella una relación. Ambos sueñan con una vida banal,
honesta y aburrida que en la que puedan disfrutar de su futura familia.
Queda apuntado, la historia no resulta demasiado original,
pero está contada de una forma que atrapa al espectador gracias al espléndido
trabajo de sus tres protagonistas y a una fotografía atmosférica que logra que los
escenarios luzcan como unos personajes más de la película. Cuando los dos
hermanos coinciden en la pantalla, la tensión ambiental se dispara como si
fuera el final de la cuenta atrás de una bomba de relojería. De lo que
hablamos, amigo lector, es de una trama densa y relaciones imposibles en la que
se masca el suspense y se adivina pronto que todo terminará en una explosión de
violencia visceral y un giro final inesperado. Dave no sabe cómo contarle lo de
su relación con Sylvie, de la que su hermano Kenneth, un tipo violento y de
reacciones imprevisibles, sigue
enamorado, y todo se precipitará de la forma más trágica y terrible.
Tal vez el guión esté necesitado de mayor
solidez y diálogos más pulidos, pero Pront se inclina por la contención de los
sentimientos y las emociones de los personajes (la asfixia de sus secretos, sus
estúpidas reacciones) en favor de un suspense físico que se desarrolla en
escenarios oscuros e inquietantes (tanto en el medio urbano como en los gélidos
bosques de las Ardenas), dotando de un sugerente aspecto visual a un relato en
donde los sentimientos apenas pueden aflorar porque la vida de los tres
personajes protagonistas están marcadas con los dados del fatal destino. Un debut interesante.
El director francés Julien Seri, que debutó en 2004 con la
olvidable El retorno de los Yamakasi, los hijos del viento (2004) y en el
año 2007 firmó el film de artes marciales Scorpion, que no he tenido la oportunidad
de ver, nos sorprende ahora con un terrorífico thriller que narra la historia
de dos jóvenes, Chris y Luc (Jonathan Howard y Jonathan
Demurger) que tras salir de una fiesta regresan en taxi a la banlieu. Pasando
de todo, bajan del coche sin pagar la carrera y salen huyendo. Pero la
jugarreta les saldrá cara: el taxista empezará a perseguirlos, haciendo de la
noche una pesadilla.
TRÁILER 1
TRÁILER 2
Entendida como una versión de extrarradio de El
diablo sobre ruedas (Steven Spielberg, 1971) la tensión va in crescendo
hasta hacerse insoportable. Tal vez NightFare no sea un modelo de
originalidad, pero parte de una premisa atractiva y por qué no, realista: un
taxista muy duro que se toma tan en serio su trabajo que se cabrea muchísimo
cuando un par de imberbes no le pagan el servicio que les acaba de prestar. A cualquiera
de nosotros nos cabrearía… no sé si tanto como para convertir la causa en la
tabla de carnicero que el film nos propone en un cuarto de hora de violencia
extrema, un festival gore delirante y frenético.
Excelente fotografía de Jacques Ballard y buen trabajo de Jess Liaudin
en el papel de taxista con una interpretación imponente, muy física y
acojonante. Una muestra más del buen hacer del cine francés en el género de
terror que parece querer reverdecer los laureles de hace una década, misión
para la cual esta excitante Night Fare
pone la primera piedra. Un título que deberías subrayar en tu agenda cinéfila y
pillar en dónde puedas, ya que ni siquiera tiene fecha de estreno en España
aunque está prevista su proyección hoy en el “Fanter Film Festival” de Cáceres.
Estás avisado.
El director checo Zdenek
Viktora (aka Zdenka Viktory) escribe y dirige esta historia que nos presenta a un ex policía, Filip Marold (Ene Dolanský) al que no le gusta que le recuerden algunas cosas de
su pasado. Pero algunos lo hacen… trabaja como detective, se acuesta con su
secretaria y espía a la gente por dinero. En un bar se encuentra con la
exuberante Raluca (Malvìna Pachlová) y es entonces cuando
su vida da un giro y las cosas se empiezan a complicar para él. No sabe si es
el destino, una coincidencia o si alguien le ha puesto una trampa. El caso es
que ni en sus sueños más salvajes podía imaginar las cosas que están a punto de
suceder en una espiral que incluye sexo, asesinatos, revelaciones y un duro
recordatorio sobre su maldito pasado.
Raro es que
podamos degustar alguna muestra de cine noir
de una cinematografía tan poco profusa y desconocida como la checa. Por supuesto,
Raluca
no inventa la pólvora, su trama se nos antoja bastante predecible y desarrolla
arquetipos muy trillados dentro del género: ex poli metido a detective que tuvo
que abandonar deshonrosamente su profesión, traiciones y mafias con tentáculos
en la policía, hermosa mujer fatal que nubla la razón… pero lo cierto es que la
cinta está muy bien rodada, los intérpretes resultan convincentes y tenemos la
oportunidad de descubrir a la bellísima actriz rumana Malvína Pachlová, una
femme fatale magnética, una mantis embriagadora al acecho de su víctima. La apuesta
resulta interesante a medida que avanza y vamos conociendo algunos datos y
pistas del oscuro pasado de Filip, un feo y sucio asunto de lío de faldas con
un asesinato horrible de por medio y un suicidio con sobredosis. Viktora utiliza el recurso de la voz en off
en la tradición retrospectiva del noir,
y la función, con clara resonancia a Instinto
Básico, puede ser entendida como un homenaje al escritor especialista Raymond
Chandler y su héroe literario Philip
Marlowe, de ahí el parecido con el nombre del personaje protagonista, Filip
Marold.
Filip mantiene
una relación con su secretaria, Marketa
(Helena Dvoràkovà) que a la vez es la mujer de su mejor amigo, Bruno (David Dvotný) un policía al que
pide informaciones, con el que juega a bádminton, comparte confesiones pero que esconde un secreto letal para Filip. El sexo con Marketa es monótono, una parte
más de su trabajo. Sin embargo, con la explosiva Raluca es distinto y conlleva
la erótica del peligro por su relación con la mafia rumana; la conoció en un
bar bailando salsa, quedó prendado de las curvas que se ajustaban a la
perfección al vestido rojo carmesí y no supo ver que su destino estaba marcado
en el abismo de su vertiginoso escote. Así, Filip cae rendido ante la escultural Raluca y mantiene con ella una
tórrida relación sin llegar a imaginar el peligro que se cierne sobre él como
un fantasma de su oscuro pasado. La atmósfera del film está muy conseguida
gracias a la fotografía de Alex Hartl, los escenarios resultan muy atractivos y
las escenas de violencia están rodadas con eficacia. La tragedia y el fatalismo
envuelven el clímax final de un thriller erótico y placeres voyeuristas en
donde Viktora demuestra un buen dominio del oficio y gusto por la estética. Raluca es una película digna de
ajustadísimo metraje (80 minutos) que si bien no resalta por su originalidad
nos hace pasar un rato entretenido.