viernes, 11 de septiembre de 2026

"DEMRING", TAL VEZ LA MEJOR PELÍCULA DE TERROR DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

 

Y de repente… la oscuridad

“DEMRING”  êêêê

(DAWNING)

DIRECTOR: Patrik Syversen.

INTÉRPRETES: Kathrine Thorborg Johansen, Silje Storstein, Marte Magnusdotter Solem, Sigurd Myhre, Thorbjorn Harr, Steinar Klouman Hallet.

GÉNERO: Drama-terror / DURACIÓN: 100 minutos / PAÍS: Noruega / AÑO: 2025

  Del director noruego Patrik Syversen, especialista en el género de terror que nos presentó hace ya tiempo un par de películas tan mediocres como convencionales que pasaron por los diferentes circuitos sin pena ni gloria, El placer de la caza (2008) y Almas oscuras (2010), logra su canto del cisne con Demring o Dawning (en español: Amanecer), un ejercicio de cine independiente ahora sí con personalidad y firma de autor, que pasa por ser una de las mejores películas de terror de los últimos años. Cima a la que inesperadamente ha llegado con el apoyo de la productora de Elijah Wood tras dirigir aquella bobada titulada Dragon Heart 4: Corazón de fuego (2017).

    Exhibida en el pasado Festival de Sitges, el guionista y director narra la historia de tres hermanas, Kristine (Kathrine Thorborg Johansen), Cecilie (Silje Storstein) y Esther (Marte Magnusdotter Solem) que pasan unos días en la casa familiar en un paraje de la Noruega rural tras el segundo intento de suicidio de Kristine. Discuten entre sí por nimiedades, mientras el marido de Esther, Even (Sigurd Myhre), hace lo posible por mantener la paz.

   La situación se enrarece cuando les llega la noticia de la muerte de su madre (con la que no tenían relación porque las manipulaba y maltrataba) y no saben si contárselo o no a Kristine. Y se complica todavía más cuando, tras marchar Even y quedarse las tres solas, un misterioso desconocido (Thorbjorn Harr) aparece por el patio de la casa alegando una avería en su camioneta. Las hermanas, aunque recelosas, deciden finalmente acompañarlo hasta el lugar donde está situada la camioneta. Una decisión fatal en donde se verán sumergidas en una espiral de horror luchando por sus vidas.  

  Demring es una película de terror existencial que comienza como un drama familiar sobre el dolor, los recuerdos lacerantes, la culpa y la fragilidad psicológica para terminar internándose en un territorio mucho más sombrío: el del slasher desprovisto de cualquier estilización complaciente. Syversen construye una película compleja sobre una concepción del terror de un existencialismo esencialmente pesimista. Antes de que aparezca una amenaza física, ya existe otra íntima verdaderamente alarmante: la imposibilidad de afrontar el pasado y decir aquello que resulta insoportable.

    Las interacciones entre las hermanas no es un simple recurso argumental para rellenar metraje hacia el escalofriante desenlace; constituye el núcleo moral del relato. Quieren proteger y cuidar de la hermana menor, Kristine, pero también están intentando protegerse a ellas mismas de unos dolorosos recuerdos de infancia y una verdad que las desborda. La escalada tiene una doble lectura dolorosa, afilada y penetrante desde lo psicológico hasta lo físico.

   La estructura temporal encuentra una traducción visual particularmente eficaz con la utilización del blanco y negro para las escenas del presente y del color para los episodios del pasado. No estamos ante un adorno formal: el pasado aparece paradójicamente más vivo, con más luz y calidez, mientras que el presente, despojado de color parece atrapado en una realidad emocionalmente muerta que sirve como anuncio de un destino fúnebre. La memoria conserva una intensidad vivaz que el presente ha perdido. 

  En la función encontramos ecos referenciales de Bergman, Bresson y Haneke. Del primero procede esa atención a la angustia, la amargura y las relaciones familiares como territorio metafísico; del segundo, la austeridad de una puesta en escena, el ascetismo visual y el sonido parco casi ambiental; del tercero, una mirada fría sobre la violencia irracional y la inescrutable conducta humana. Syversen utiliza estas referencias sin convertirlas en exhibición cinéfila.

  Lo más sorprendente es la deriva hacia un slasher extraordinariamente realista. La película no necesita convertir la violencia en espectáculo (atención a esa escena del primer ataque del asesino junto a la camioneta vista de tres perspectivas distintas): precisamente su carácter físico, seco y desprovisto de glamour la hace más sucia y perturbadora. El terror deja de ser una abstracción psicológica para adquirir una dimensión tangible y corporal.

  Demring es, en última instancia, una película desesperanzadora. No ofrece la confortable y sólida desconfianza que aparentemente existe entre víctimas y psicópatas. La amenaza exterior termina revelando algo siniestro que ya estaba desde el principio en la atmósfera: la vulnerabilidad absoluta del individuo ante el dolor, la violencia y la imposibilidad de comprender todo lo que sucede. Aquí, la mayor virtud consiste precisamente en no conceder demasiadas certezas. Cuando termina, lo que deja es un estado de ánimo: una inquietud fría y persistente, profundamente turbadora. Una sensación de un terror primitivo que nos deja sin refugio.   


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario