Un subidón proteico para la saga
“RESIDENT EVIL” êêê
DIRECTOR: Zach Cregger.
INTÉRPRETES: Austin Abrams,
Paul Walter Hauser, Kali Reis, Zach Cherry, Johnno Wilson, Devon Stewart.
GÉNERO: Terror / DURACIÓN: 95 minutos
/ PAÍS: EE.UU. / AÑO: 2026
Zach Cregger, el ingenioso director de Barbarian y Weapons, revitaliza la saga cinematográfica del videojuego de Capcom para situar su estimable apuesta por encima de las anteriores entregas. Lo hace contando la historia de Bryan (Austin Abrams) un joven repartidor de material médico que acepta, sólo porque le pagan el doble, realizar una entrega nocturna prioritaria en Raccoon City en plena tormenta de nieve. No sabe que el trayecto se convertirá en una caótica y sangrienta lucha por la supervivencia cuando se cruce un sinfín de extrañas y monstruosas criaturas mutantes infectadas por un virus que le pondrán muy difícil llegar a su destino.
Entendida como una historia que transcurre paralela a las situaciones de la segunda entrega de la saga de los videojuegos y con elementos de casi toda ellas, La principal virtud de Resident Evil reside en haber comprendido que adaptar un videojuego no consiste necesariamente en reproducir esquemáticamente su argumento, sino en trasladar al cine una experiencia. Cregger parece partir de esa premisa y construye un relato en el que el espacio (un paisaje nevado de las montañas), la luz (transcurre a lo largo de toda una noche) y la incertidumbre adquieren una importancia comparable a la acción propiamente dicha.
El director vuelve a demostrar su interés por los espacios cerrados, los exteriores amenazantes y la capacidad de la arquitectura para generar tensión, zonas aparentemente inocuas funcionan como territorios inquietantes, lugares que el espectador recorre mentalmente antes de conocer qué sorpresa deparan. Es una concepción del terror particularmente próxima a la lógica del videojuego: avanzar significa exponerse, pero también descubrir; cada nueva estancia o lugar puede convertirse en un alivio o en una trampa.
Cregger maneja con inteligencia la alternancia entre horror, humor, violencia y espectáculo del survival horror con horripilantes criaturas multiformes con un nudo de extremidades o que vomitan ácido o desarrollan viscosos tentáculos. No intenta dignificar artificialmente el material ni convertir Resident Evil en un ejercicio de terror prestigioso. Acepta la naturaleza híbrida y explota el material casi pulp de sus criaturas y las situaciones sin perder el sentido de la atmósfera creada por la excelente fotografía de Dariusz Wolski, tanto en el gélido paisaje, como en interiores con pasillos, ascensores y cloacas que esconden mil horrores. Y aunque se puede entender su ambigua crítica sobre la cultura estadounidense de las armas (el protagonista no sabe cómo manejarlas, pero le ayudan para avanzar), su denuncia sobre sobre los trabajos precarios y los peligros de los experimentos en bases científicas estatales, está más interesado en que la función no se convierta en una sucesión indiferenciada de efectos especiales, sino que las criaturas y situaciones pertenezcan a un mismo universo tonal.
Ahí está probablemente la diferencia con respecto a anteriores adaptaciones. La película no se avergüenza de proceder de un videojuego, pero tampoco se limita a ilustrarlo de manera canónica. El director transforma sus mecanismos en recursos cinematográficos: el suspense sustituye a la interactividad, el montaje ocupa el lugar de la exploración y la introducción del fuera de campo reproduce parcialmente aquella incertidumbre que en el videojuego dependía de nuestra propia decisión de avanzar.
Por eso puede considerarse, la adaptación
que mejor ha entendido Resident Evil. No necesariamente porque
sea la más fiel al videojuego, sino porque ha comprendido algo más difícil: por
qué nos gustaba jugarlo. No estamos ante una reproducción servil ni Cregger traslada
una partida a la pantalla, traslada al cine la experiencia de sentirse dentro
de ella. Resident Evil nos regala un desenlace tan magnífico como
natural: el antídoto se pierde y el Mal se extiende hasta el infinito.

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