Un corazón en invierno
“SIEMPRE ES INVIERNO” êêê
DIRECTOR: David Trueba.
INTÉRPRETES: David Verdaguer, Isabelle Renauld, Amaia
Salamanca, Jon Arias, Vito Sanz, Carla Nieto, Violeta Rodríguez.
GÉNERO: Drama / DURACIÓN: 117 minutos / PAÍS: España / AÑO: 2025
Con la adaptación de su novela Blitz, en su última película David Trueba confirma su interés por los personajes a la deriva, emocionalmente desubicados, pero tratados con una mezcla de ironía y ternura que alejan la función del excesivo dramatismo. La trama sigue a Miguel (David Verdaguer) un arquitecto paisajista que viaja a Bélgica acompañado de su novia Marta (Amaia Salamanca), para participar en un congreso. Allí tiene lugar la ruptura de su relación tras cinco años, y mientras ella viaja a Madrid para volver junto a un antiguo amor, él decide quedarse unos días para tratar de recomponer su situación y su futuro. Roto y fuera de lugar, Miguel conoce a Olga (Isabelle Renauld), una mujer ya en el otoño de su existencia que trabaja de voluntaria en el congreso de arquitectura. A su lado comenzará a reconstruirse y a entender en que consiste su nuevo proyecto de vida.
Trueba construye un relato pausado, donde lo que importa no es tanto lo que ocurre como el modo en el que el protagonista hace frente a su propia inercia. El invierno del título funciona como una evidente pero eficaz metáfora: el frío no es sólo climático, sino interior. Hay una sensación constante de estancamiento, de vida en pausa, que se transmite tanto en la narrativa como en la puesta en escena, sobria y sin estridencias.
Miguel no es un personaje especialmente carismático ni atractivo, pero sí reconocible en su fragilidad y en su incapacidad para reconstruirse rápidamente, como dictan los relatos más convencionales. Sin embargo, esta misma fidelidad a lo cotidiano juega en contra de la película: en algunos tramos, la historia parece avanzar con demasiada timidez, sin llegar a profundizar del todo en sus conflictos.
Atravesado por un duelo sentimental, Miguel se verá realmente transformado tras su encuentro con Olga, a quien da vida la veterana Isabelle Renauld con la que inicia una relación atípica. Ella, mucho mayor que él, no funciona como un simple interés romántico, es más bien una figura desestabilizadora que cuestiona su manera de entender el afecto, el compromiso y, sobre todo, su propia pasividad emocional. Olga no “rescata” a Miguel de su crisis; por el contrario, lo empuja a enfrentarse a sus contradicciones. Esa tensión -entre la atracción y la incapacidad de entregarse del todo- es lo que otorga profundidad a la película. Miguel, retraído, parece avanzar siempre un paso por detrás respecto a sus propias decisiones. Frente a él, Olga es más directa, más lúcida, incluso más consciente del carácter provisional de la relación. Este contraste genera los momentos más vivos del film, donde el diálogo adquiere un peso decisivo.
Sin embargo, también aquí aparece una de las debilidades de Siempre es invierno: la relación, aunque sugerente, se queda a veces en un terreno etéreo. Falta quizá un mayor desarrollo o conflicto que permita que su evolución resulte plenamente satisfactoria. Aun así, es precisamente este vínculo imperfecto, lleno de vacilaciones y matices el que convierte a la película en algo más que un retrato de la soledad y se impone como una reflexión sobre la dificultad de conectar de verdad con otro ser humano.
Es cierto que la relación de Miguel con
Olga introduce un leve cambio de tono, aportando cierta luz sin romper la
coherencia emocional del conjunto. Estamos, al fin, ante una obra discreta, que apuesta
por la introspección y la melancolía, una película que deja un poso íntimo y
temas para la reflexión sobre las heridas que provocan las rupturas sentimentales,
la sensación de desamparo, la gelidez emocional que añora la posibilidad de una
cálida isla para comenzar el deshielo.






.jpg)




No hay comentarios:
Publicar un comentario