domingo, 29 de marzo de 2026

CRÍTICA: "CASO 137" (Dominik Moll, 2025)

 

Violencia policial e impunidad

“CASO 137”  êêê

DIRECTOR: Dominik Moll.

INTÉRPRETES: Léa Drucker, Yoann Blanc, Antonia Buresi, Guslagie Malanda, Kevin Debonne, Etienne Guillou-Kervern, Laurent Bozzi.

GÉNERO: Thriller / DURACIÓN: 115 minutos / PAÍS: Francia / AÑO: 2025

"DOSSIER 137"

  El director francés Dominik Moll, que cuenta en su filmografía con títulos tan interesantes como Harry, un amigo que os quiere, Sólo las bestias y La noche del 12, nos presenta su última película que concursó por la Palma de Oro en la pasada edición del Festival de Cannes. Caso 137 es un retrato frío y en cierto modo estremecedor de la brutalidad policial inspirado en hechos reales y de la dificultad -o más bien el desinterés- porque se imparta justicia.

   Stephanie (Léa Drucker), inspectora de Asuntos Internos, es asignada a un caso donde un joven ha sido gravemente herido en la cabeza por una pelota de goma lanzada a propósito por un policía de la BRI (agentes antidisturbios) durante una tensa y caótica manifestación de los Chalecos Amarillos en París. En la búsqueda de pruebas para condenar a los policías que usaron una violencia ilegítima, el caso adquiere para ella un cariz personal al comprobar que la víctima es de su pueblo natal y transformará el Caso 137 en algo más que un simple número.

    Como se apunta en la sinopsis, la película parte de un caso concreto y documentado: un joven sufre una agresión por parte de unos agentes antidisturbios… pero el suceso es grabado por una trabajadora de la limpieza desde la habitación de un hotel. El chico ha quedado con secuelas físicas y psicológicas para toda su vida. Pese a la evidencia, los responsables no se enfrentan a prácticamente ninguna consecuencia, y Moll convierte esta impunidad en eje central de su narrativa.

    El peso de la narración recae en la inspectora Stephanie, a quien da oxígeno de forma superlativa Léa Drucker. Su personaje encarna la frustración de un sistema que, aunque pruebas palmarias, parece impotente ante la cohesión interna de los cuerpos policiales. Drucker ofrece una actuación contenida pero intensa, que transmite tanto la ética profesional como la impotencia ante la lógica corporativista que protege a los agresores. La película sigue su meticuloso trabajo, mostrando la farragosa burocracia, los informes técnicos y las entrevistas sin caer en dramatismos innecesarios, pero subrayando el desfase entre la ley y su aplicación real.

   Dominik Moll evita el artificio, la espectacularización de la violencia: el disparo con pelota de goma a la cabeza del joven que no estaba haciendo nada malo y la posterior agresión física cuando está tendido en el suelo se presenta con una crudeza medida, suficiente para irritar sin caer en el sensacionalismo. La cámara observa más que juzga, y así enfatiza la idea de que la verdadera violencia reside en las estructuras que permiten que estos casos queden impunes. La narrativa construye un sentimiento de inexorabilidad: la impunidad no es un accidente, sino una consecuencia lógica del sistema.

    Ambientada en el París de 2018 cuando el deterioro de los servicios públicos, los bajos salarios y la reforma de las pensiones, la película trasciende fronteras al plantear un problema universal: ¿puede una institución ejercer control sobre sí misma cuando la legitimidad depende en parte de proteger a sus propios miembros? La respuesta que ofrece Caso 137 es muy inquietante: la estructura corporativa y los mecanismos de protección interna pueden anular la justicia incluso ante pruebas o evidencias claras.

   En suma, la obra de Moll no pretende ofrecer soluciones ni un proceso catártico. Su fuera radica en confrontar al espectador con una realidad repugnante: la violencia institucional puede persistir, y la ética individual, por más firme que sea, a menudo choca con muros burocráticos, sindicatos policiales y jerarquías herméticas e infranqueables. Cuando una institución se investiga a sí misma, la verdad queda enterrada bajo un montón de mentiras, medias verdades y legajos. Los abusos de poder y la impunidad de la policía ya le fueron advertidos por la trabajadora de la limpieza a la inspectora. La película obliga a mirar más allá del terrible acto violento, fijando la mirada en la maquinaria que lo hace posible y que mueve los hilos para diluir las responsabilidades, dejando una devastadora sensación de impotencia que perdura mucho más allá de que se apague la pantalla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario