lunes, 15 de febrero de 2016

"SUBURRA", EL MEJOR FILM QUE HE VISTO EN LO QUE VA DE AÑO

Política y crimen, simbiosis perfecta
SUBURRA êêêê
DIRECTOR: STEFANO SOLLIMA.
INTÉRPRETES: PERFRANCESCO FAVINO, CLAUDIO AMENDOLA, ELIO GERMANO, ALESSANDRO BORGHI, GRETA SCARANO, ADAMO DIONISI, GIULIA ELETTRA GORIETTI.
GÉNERO: THRILLER / ITALIA / 2015  DURACIÓN: 134 MINUTOS. 


      
     He de reconocer mi debilidad por el director italiano Stefano Sollima desde que vi su magistral serie televisiva Roma criminal (2008), adaptación de la popular novela “Romanzo criminale” de Giancarlo De Cataldo, que ya tuvo una potente versión cinematográfica en 2005 dirigida por Michelle Placido. A partir de entonces me propuse estar muy atento de todo lo que pergeñara este cineasta nacido en Roma en 1966. Sollima dirigió en 2012 su primera película para la pantalla grande, A.C.A.B.: All Cops Are Bastards, un artefacto resultón que tiene como protagonistas a tres polis antidisturbios cuyo trabajo les obliga a lidiar constantemente contra la violencia en las calles. Pero el medio televisivo es un formato en el que el realizador romano se mueve como pez en el agua, así en 2014 dirige la serie Gomorra, basada en el exitoso best seller de Roberto Saviano que también goza de una excelente adaptación cinematográfica y en la que Sollima demuestra una vez más ser un maestro en el control del tiempo en la ficción televisiva.


      Su segundo largometraje, Suburra (2015),  me dice que mi olfato no estaba equivocado y que el director puede convertirse en un nombre esencial en el cine europeo de los próximos años. La acción nos sitúa en noviembre de 2011, una semana antes de la caída del gobierno italiano (de Berlusconi) con el país sumido en una crisis institucional, económica y social que se presume preapocalíptica. En una Roma caótica, nocturna y lluviosa, la cámara nos introduce en mundos distintos aparentemente desconectados como el de la política, cuya figura central es el diputado Malgradi (Pierfrancesco Favini) preso de sus inconfesables vicios y peligrosos pactos; de las fiestas VIP nocturnas, con Sebastiano (Elio Germano), dueño de una lujosa villa, cobarde, pelota y arribista; el de la mafia del litoral romano con Número 8 (Alessandro Borghi) heredero machito del imperio de una familia cuyo territorio él administra. También está Samurái (Claudio Amendola) miembro de la familia mafiosa della Magliana, que mueve los hilos que conectan varias esferas; Manfredi (Adamo Dionisi) patriarca de una familia usurera de gitanos; Viola (Greta Scarano) la novia drogadicta de Número 8; y Sabrina (Giulia Elettra Gorietti), una prostituta que se verá envuelta en lío gordo con una menor de edad. Los intereses de todos ellos acabarán convergiendo en el proyecto de una enorme especulación inmobiliaria que pretende transformar Ostia en una especie de Las Vegas.
     

      
    En la Antigua Roma, Suburra era el barrio de tabernas y prostíbulos donde los nobles senadores se reunían en secreto con criminales para hacer negocios y amasar fortunas. Desde entonces, nada ha cambiado. En Italia, la gangrena del poder y sus múltiples formas de corrupción ya ha sido narrada con incomparables metáforas literarias por verdaderos maestros como Leonardo Sciascia en su magistral obra “Todo modo” apuntando a la podredumbre estructural, intrínseca de partidos como la Democracia Cristiana, un país en donde la metástasis corrosiva del sistema mostró un superlativo ejemplo en la figura representativa y grotesca del turbio Silvio Berlusconi, un sucio capo que ha emponzoñado la vida pública de su país llenando de vergüenza la conciencia colectiva de sus ciudadanos y riéndose de todos con total impunidad. Suburra es ante todo un film realista a pesar de la incontinente y visceral violencia que está en consonancia con la ilimitada cadena de favores e intereses espurios que se mueven en torno a la especulación inmobiliaria y que derivan en chantajes, fúnebres sentencias y brutales crímenes.


       La corrupción no cree en purezas ideológicas y ve en el adversario a alguien que cualquier día puede ser un aliado, de ahí que los negocios criminales de las mafias estén necesitados de cómplices políticos que lo revistan todo de legalidad, como el diputado Malgradi (un convincente Pierfrancesco Malgradi), que cumple con su parte y el proyecto acaba siendo aprobado aunque la dimisión del presidente lo deje todo en el limbo. Ante su temor, una llamada al temible y letal conseguidor Samurai (eminente Claudio Amendola) le tranquiliza: “tú has cumplido con tu parte, nos la apañaremos para tocar a otro del nuevo gobierno”. Suburra es un excelente film que tomando como premisa la muerte por sobredosis de una prostituta menor de edad en una noche loca de sexo y droga del político Malgradi, conecta los tentáculos del crimen en sus distintas capas sociales durante la crisis económica (también clerical, con la renuncia del Papa Benedicto XVI) que ha golpeado con dureza a Europa y específicamente a Italia, abonando el terreno para criminales y carroñeros.


    Con portentosas interpretaciones, una fotografía imponente de Paolo Carnera, una temática que la emparenta con Gomorra y una excelente banda sonora a cargo de M83, Suburra es un western metropolitano rebosante de pistoleros mafiosos y momentos de gran brillantez plástica. Stefano Sollima denuncia con crudeza la putrefacción de un sistema y la laxitud de una sociedad con enormes tragaderas, el vientre podrido de una Roma convertida en nido de asesinos, amenazante, húmeda, oscura, condenada, una ciudad sin dignidad secuestrada por clanes criminales que sólo entienden de intereses lucrativos y en donde todo tiene un precio. Mientras la única preocupación  del corrupto Malgradi es que se apruebe en sede parlamentaria la recalificación de unos terrenos con la guillotina pendiendo de su cuello, el pueblo se hunde cada vez más en la miseria. Mientras el crimen lo anega todo, él lleva una doble vida: la pública, de político respetado y responsable padre de familia; y la privada, montando farras desfasadas de sexo y drogas con prostitutas en la habitación de un lujoso hotel. Pero llega un momento en que la mierda se desborda hasta el punto de ver como su propia familia es seriamente amenazada, lo que le hace tomar conciencia de lo que es: una simple marioneta en un teatro macabro que tiene como trama un cúmulo de intereses bastardos. La asociación política-mafia-iglesia no deja a salvo a nadie, y el saldo de la barbarie es un incontenible reguero de cadáveres. Al fin, el anunciado Apocalipsis es sólo una caterva de criminales que utilizan la extorsión y la violencia movidos por la avaricia extrema y la ley de la selva. Nuevos tiempos, la misma vieja historia.

sábado, 13 de febrero de 2016

MIS PELÍCULAS FAVORITAS: "SIN PERDÓN" (1992)

La más grande obra maestra de Eastwood
SIN PERDÓN
(UNFORGIVEN)
Western - USA, 1992 - 132 Minutos.
DIRECTOR: CLINT EASTWOOD.
INTÉRPRETES: CLINT EASTWOOD, GENE HACKMAN, MORGAN FREEMAN, RICHARD HARRIS, JAMES WOOLVETT.
       

     El actor, director y productor Clint Eastwood (San Francisco, 1930) hace sus primeras incursiones en el cine en papeles muy secundarios a mediados de los cincuenta. En 1956 protagoniza la serie de televisión Rawhide, cuyo éxito le lleva a mantenerse en la pequeña pantalla durante siete años. En 1964 es llamado por el italiano Sergio Leone, para quien protagoniza su trilogía de spaghettis-western -Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio, El bueno, el feo y el malo-, éstas películas son la plataforma definitiva para su estrellato, y una vez en Estados Unidos crea su propia productora, desde la que produce y protagoniza infinidad de películas, entre las que destacan los violentos policíacos del personaje Harry, el sucio, dirigidos por Don Siegel, James Fargo, John Sturges o por el mismo Eastwood. En 1971 debuta tras las cámaras con Escalofrío en la noche, policíaco donde se nota demasiado la mano de Siegel. Actor y director prolífico, sobresale entre las películas que ha protagonizado y dirigido: Ruta suicida (1977), El jinete pálido (1985), Bird (1988), Cazador blanco, corazón negro (1989), Un mundo perfecto (1993), Los puentes de Madison (1995), Poder absoluto (1997), Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997), Ejecución inminente (1999). En Deuda de sangre (2002) sigue  la senda de En la línea de fuego (1993), el magnífico film que protagonizó a las órdenes de Wolfgang Petersen. Con la excelente Mystic River (2003) causó una honda impresión en Cannes, y con su último film, la magistral Million Dollar Baby (2004) consiguió otros cuatro Oscars de Hollywood, incluido el de Mejor Película
     
   
    Sinopsis: William Munny (Clint Eastwood) es un ex-pistolero envejecido y retirado desde hace años a causa de la muerte de su esposa. Ahora se dispone a salir de su retiro para realizar su último trabajo: vengar la agresión sufrida por una prostituta a la que unos vaqueros han acuchillado. Para ello Munny forma equipo con su anterior socio, Ned Logan (Morgan Freeman) y el inexperto cazador de recompensas Shefield Kid (James Woolvett). La prostituta agredida ofrece una golosa recompensa en unión de sus compañeras, pero lo que no saben Munny y sus socios es que para realizar la acción tendrán que enfrentarse a Little Big Dagget (Gene Hackman) un ex-pistolero curtido y cruel convertido en sheriff de Big Whiskey, lugar donde se esconden los agresores.



    Dedicada a sus maestros, el italiano Sergio Leone y el norteamericano Don Siegel, Sin perdón es el último gran western del siglo y con diferencia la mejor película de su autor hasta esa fecha. Fábula moral y formal revisión del género, el film armoniza con especial acierto las características más positivas y eficaces del cineasta con el tradicionalismo más sobrio. Salvando algunos pequeños defectos, David Webb Peoples escribe un vigoroso y original guión en el que la presencia femenina es importante y dibuja un personaje memorable para lucimiento de su protagonista: un hombre endurecido lastrado por el peso de la memoria, castigado por la ausencia y con dificultades para sacar a sus hijos adelante. Aunque ésta sea una de las razones de peso por la que William Munny se decide a abandonar su exilio autoimpuesto, la otra es probarse así mismo; tras una vida de violencia y odio que acaba siempre ahogando en alcohol, el viejo pistolero vuelve a la acción por una buena causa, como lo es vengar a una mujer que ha sido maltratada. 


     Acompañado de su antiguo colega -perfecto Morgan Freeman-  un hombre cabal e ingenioso al que no le gusta matar, partirán en busca de la dosis de emoción que echan en falta. El director de Bird demuestra como nunca el grado de maestría alcanzado al controlar escenas complicadas con un gran dominio técnico y una gran dirección de actores -el ejemplo es Gene Hackman, uno de esos actores que siempre parece que tienen la misma cara-, en un relato por el que pululan cantidad de personajes. Todo un mundo polvoriento y anárquico que Eastwood conoce bien: el Oeste americano, campo de acción para cuatreros, predicadores, cazarrecompensas, salteadores y sheriffs de pueblos de mala muerte como Big Whiskey, donde la ley y la justicia se imponen a lo largo de un callejón.
   
 
    William Munny filosofa: “cuando matas a un hombre no sólo le quitas lo que tiene, también todo lo que hubiera podido tener”. Gran producción con ecos crepusculares que cuenta con la presencia estimulante del recientemente fallecido Richard Harris, para un film que consiguió cuatro Oscars de Hollywood: Mejor Película, Director, Actor secundario (Gene Hackman) y Montaje.

jueves, 11 de febrero de 2016

¿CUÁNTO ME AMAS?: MUCHO, MONICA, MUCHO...


¿CUÁNTO ME AMAS? (Combien tu m´aimes, Bertrand Blier, 2005)     


      La penúltima película hasta la fecha del veterano director francés Bertrand Blier, firmante la exitosa Los rompepelotas (1974), Buffet Froid (1979) y Habitaciones separadas (1984) resultó ser un pestiño bastante indigesto, una infumable comedia romántica en donde lo único salvable es la presencia inmarcesible de la hermosísima actriz italiana Monica Bellucci. El film sigue a François (Bernard Campan) un gris y solitario oficinista enfermo del corazón al que le toca la lotería. Llega entonces a un extraño acuerdo con una hermosa prostituta italiana, Daniela (Monica Bellucci) de la que está enamorado: le promete 100.000 euros al mes si vive con él hasta que se acabe el dinero. Cuando ella acepta, comienza una tortuosa historia de amor no exenta de romanticismo, pasión y sexo. Pero, al final, no le será tan fácil prescindir de Charly (Gerard Depardieu) un gangster protector, y del mundo de la noche.

   
    Al igual que este post, la película es sólo una excusa para mostrar la belleza y los enormes atributos de una de las actrices italianas más atractivas que nos ha regalado el cine en las últimas décadas. Estamos, amigo lector, ante una función de ritmo pausado y cierto tono depresivo que de vez en cuando suelta algún eructo en forma de chiste burdo. Monica Bellucci se sumergió en el rodaje de esta película cuando habían transcurridos cinco meses desde que dio a luz su segunda hija, sabiendo que el invento no tenía más sentido que su magnética presencia y que poco le iba a importar a nadie la trama porque los espectadores no dedicarían la atención a ningún otro aspecto de la historia que no fuera ella. De ahí su divismo, de ahí su inmanente presencia, de ahí su poder. ¿Cuánto me amas? no Funciona ni como comedia melancólica ni como drama romántico, y por la pantalla vemos desfilar una serie de buenos actores enfundados en personajes ridículos, pues del competente elenco sólo es posible salvar el trabajo de algún secundario como Jean-Pierre Darroussin y a la joven Sara Forestier.

     
   Rebosante de diálogos previsibles, la película surca de manera inconsistente varios géneros para derivar en una penosa parodia del cuento de La Cenicienta en donde infructuosamente se intenta explorar las complejidades humanas con momentos de intimidad sonrojantes por lo mal filmados que están, lo gratuito de muchas situaciones, la risible solemnidad y la vacua pretenciosidad que Blier le pone al asunto. Porque no hay nada profundo en esta nada original película sobre las aristas del amor, la fidelidad y las relaciones de pareja. Todo deriva en un zafio vodevil, en una patética parodia con ínfulas costumbristas que tiene como único aliciente el volcán de seducción que representa su estrella femenina, a quien no le importa quedar reducida a objeto sexual dentro un artificioso desbarajuste donde sólo reina ella. 
    

martes, 9 de febrero de 2016

CRÍTICA: "EL RENACIDO" (Alejandro G. Iñárritu, 2015)

La venganza como aliento
EL RENACIDO êêê
DIRECTOR: ALEJANDRO G. IÑÁRRITU.
INTÉRPRETES: LEONARDO DICAPRIO, TOM HARDY, DOMHNALL GLEESON, WILL POULTER.
GÉNERO: WESTERN / EE.UU. / 2015  DURACIÓN: 156 MINUTOS.   
         
                                                             
      Como millones de aficionados, me considero un fan declarado del cine de Alejandro González Iñárritu, y me parece espectacular lo que él y otros directores mexicanos como Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro están aportando a este arte para el que tienen abiertas las puertas de Hollywood. De Iñárritu, sigue siendo Amores perros (2000) mi película favorita, un film brutal a modo de collage sobre tres historias cruzadas que retratan la sociedad mexicana en el cambio de milenio, y Biutiful (2010) su obra más desafortunada a pesar del notable esfuerzo de Javier Bardem. El realizador cuenta en su filmografía con películas que han dejado en mí un gran poso, es el caso de 21 gramos (2003) un sugerente puzzle narrativo que nos presenta a un inmenso Benicio Del Toro dando vida a un ex convicto alcoholizado y fuertes creencias religiosas que desata una tragedia al colisionar su coche con otro en el que viajan una madre y sus dos hijas. Me encantó Babel (2006) una obra perfecta de ingeniería narrativa en la que bastaba sacar a dos turistas occidentales y económicamente solventes de su ambiente urbano natural y colocarlos en el llamado Tercer Mundo, para que todos sus sueños solidarios, su romanticismo de diseño, su ingenua e ilusa moral, sus moderneces y afanes aventureros saltasen en pedazos. Notable fue también la oscarizada Birdman (2014) que resulta igual de magnífica y mágica en sus momentos de alocado vodevil como en la íntima devastación de su feroz mirada al abismo.


     El renacido, film favorito en las quinielas para el Oscar del presente año con 12 nominaciones, nos sitúa en el año 1823. En el territorio de la América salvaje de Las Rocosas, el explorador Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) participa junto a su hijo Hawk (Forrest Goodluck) en una expedición de tramperos que recolectan pieles. Gravemente herido por el ataque de una osa grizzly, Glass es abandonado a su suerte por un avaricioso y traicionero miembro de su equipo, John Fitgerald (Tom Hardy) que ha asesinado cobardemente a su hijo. Con la fuerza de voluntad como su única arma, Glass deberá enfrentarse a un territorio hostil, a un invierno brutal y a la guerra constante entre tribus de nativos americanos, en una búsqueda implacable por conseguir la venganza.


      Basándose en la novela de Michael Punke sobre la leyenda apócrifa del explorador Hugh Glass, Iñárritu busca con su nueva obra acercarse a la pureza del cine con una historia extrema de supervivencia y sed de venganza. Visualmente la función resulta deslumbrante, una sucesión de fastuosas postales como consecuencia de la belleza agreste y virginal del paisaje y la prodigiosa iluminación de Emmanuel Lubezki, que acompañado de todo el equipo técnico y artístico, logran sacar adelante un film rodado en condiciones climáticas excepcionalmente adversas. El renacido, hay que advertirlo, es un film muy violento que contiene escenas impactantes y especialmente crudas sobre el tormento y las penurias que tiene que soportar el protagonista, un comprometido Leonardo DiCaprio en su terrible odisea. De lo que hablamos, vaya, es de un western salvaje filmado con enorme inclemencia y un atroz naturalismo. Y no es que DiCaprio desarrolle una línea de diálogos formidable, más bien al contrario, pues se pasa casi todo el metraje en un estado agónico gruñendo y gimiendo con su cuerpo horriblemente lacerado tras haber sido atacado brutalmente por una osa, una secuencia rodada con un magistral y enfático plano secuencia que se impone como uno de los momentos más escalofriantes vistos en una pantalla de cine en los últimos años. Glass a duras penas se sobrepone al temible ambiente glacial mantenido por la única llama de dar caza al desalmado que asesinó a su hijo. El renacido es una buena película más por el goce de su impecable factura que por lo emotivo de una descarnada epopeya que se me antoja poco verosímil, y unas actuaciones que, siendo sincero, requieren más del esfuerzo y la resistencia física que de la excelencia interpretativa.

       
     De hecho (y algo tendrá que ver mi debilidad por este actor), resulta más lucida y llena de matices la interpretación del villano Tom Hardy (nominado al Oscar al mejor actor de reparto) dando oxígeno al despiadado trampero John Fitgerald, que la del mismísimo DiCaprio (nominado al mejor actor principal) ese renacido convertido en un despojo humano al quedar moribundo tras el terrorífico ataque de una osa, que se alimenta de hierbas y carne cruda de bisonte, es arrastrado por la corriente de un río  hacia unas cataratas y cae con su caballo por un precipicio, pero que se las apaña para sobrevivir haciendo uso de recursos básicos e imaginativos; como ese en el que tras eviscerar el cadáver de un caballo utiliza su carcasa a modo de saco de dormir para no morir congelado. No estamos ante un personaje memorable ni mucho menos complejo, pero me da que esta vez el Oscar no se le escapa. El espectador, por supuesto, está más pendiente del incomparable marco que sirve de escenario natural a la acción que a un arco dramático con evidentes carencias emocionales y torpes recursos oníricos. Es como si Iñárritu hubiera querido recrear la belleza inmanente del cine de Terrence Malick vaciándola del espíritu y la lírica que te zarandea el corazón, extasiado por el entorno y el carácter físico de la función. Insisto, la hipnótica poesía visual lo inunda todo sin apenas hueco para el volcán de los sentimientos. 


domingo, 7 de febrero de 2016

“DOBLE CUERPO”, NOSTALGIA CORROSIVA


DOBLE CUERPO (Body Double, Brian De Palma, 1984)


    Señalaba en un comentario reciente al amigo Ricard, del blog Clàssics de Cinema, que en la novela de Bret Easton Ellis “American Psycho”, el protagonista de la misma, Patrick Bateman, tiene entre sus películas favoritas Doble cuerpo (Brian De Palma, 1984). La elección de este detalle por parte del representante máximo de la llamada Generación X no es baladí, ya que la acción del texto transcurre en los años 80 y el film de Brian De Palma además de contar con una fabulosa legión de seguidores en aquella época, contenía los suficientes elementos estéticos y morbosos como para captar la atención  de Bateman, un asesino yuppie sádico y amante del lujo.


       De Palma tenía ya una larga carrera como cineasta (debutó en el año 1968 con la prácticamente inédita Murder á la Mod) y pasará a la historia como el verdadero descubridor de Robert De Niro. Por aquel entonces ya se le había asignado la coletilla de imitador de Hitchcock por películas en las que la temática voyeurista y la influencia del mago del suspense resulta sustancial como es el caso de Fascinación, Vestida para matar o Impacto. Como un plagio nada soterrado de La ventana indiscreta puede ser entendida esta Body Double, un film que narra cómo Jake Scully (Craig Wasson) un actor de películas de terror de serie B, descubre a su mujer con su amante. Tras abandonarla se instala en un lujoso apartamento con preciosas vistas que le ha dejado un tipo al que acaba de conocer en una audición. Desde allí, a través de un potente telescopio, ve como cada noche una mujer desconocida monta un pequeño y morboso espectáculo.

   
      He de reconocer que me gusta mucho esta gran broma pergeñada por el maestro De Palma, y es que yo soy de la teoría apuntada por Michael Powell en El fotógrafo del pánico (1960) de que todo cinéfilo es un voyeur irreductible. Doble cuerpo además de ser un ejercicio metacinematográfico (el cine dentro del cine) y desarrollar todos los constantes que hicieron del director italoamericano un virtuoso de la cámara con un estilo personalísimo basado en parcos diálogos y bellísimos y dilatados planos secuencia, es también un artefacto muy entretenido que logra su objetivo de mantener el interés por la intriga del espectador y conseguir despistarlo.


     Como está muy trillada la máxima de que De Palma es un simple plagiador de Hitchcock (me gustaría escuchar lo mismo y con tanta insistencia de Tarantino) yo he preferido siempre inclinarme por considerarlo un fan rendido del realizador británico al que ha dedicado entusiastas homenajes que en algunos obras se hacen muy reconocibles, como el film que nos ocupa y La ventana indiscreta (1954) e incluso Vértigo (1958): la primera queda claramente asociada por el voyeurismo representado por ese vicioso mirón al que da vida el mediocre Craig Wasson, que no se pierde ni uno solo de los mórbidos espectáculos que monta su vecinita hasta que es testigo ocular de su asesinato; de la segunda extrae ese beso giratorio entre Jake y Gloria junto al subterráneo de la playa, en una excesiva y finalmente grotesca imitación del que protagonizaron James Stewart y Kim Novak en un travelling de 360º.

      Pero De palma no estaba para demasiadas sutilezas en aquella época. Una prueba de ello es ese brusco corte en la función para meter con calzador el improvisado vídeo-clip protagonizado por Frankie Goes To Hollywood y su famoso y homoerótico tema “Relax”. Si el vértigo era el talón de Aquiles en La ventana indiscreta, aquí es la claustrofobia que sufre el protagonista lo que le impide llegar hasta el final en su misión de perseguir al asesino de Gloria y convertirse en uno más de esos héroes anónimos o por accidente. En cualquier caso, nada de esto importa en este extraño y paranoico film rebosante de atractivas actrices como Deborah Shelton, Barbara Crampton y Melanie Griffith en el papel más agradecido de la función dando vida a una actriz porno que cae tarde en la cuenta de que ha sido contratada como coartada para encubrir un asesinato. La melosa melodía creada por Pino Donaggio pone el broche de oro a esas secuencias tórridas en las que De Palma se recrea como uno más de los mirones pajilleros. Joder ¡Qué nostalgia!