lunes, 16 de marzo de 2015

BRET EASTON ELLIS EN EL CINE: DROGAS, SEXO, NIHILISMO Y AUTODESTRUCCIÓN.

       Bret Easton Ellis (Los Ángeles, California, 07 de marzo de 1964) es uno de los más famosos novelistas norteamericanos de las últimas décadas y máximo representante de la llamada Generación X literaria. Un escritor controvertido que por su temática cruda y descarnada narrativa ha dejado a pocos lectores indiferentes. De Easton Ellis se puede decir que cuenta con el mismo número de defensores (entre los que me incluyo) que de detractores, por lo que hemos de reconocer que algo tienen sus novelas que causan tanta controversia, tal vez el sentido lo encontremos en la frialdad y escabrosidad de su prosa. Hagamos un recorrido por las películas que han adaptado a la pantalla grande su obra.


     
       La adaptación cinematográfica de la primera novela de Bret Easton Ellis, Menos que cero (1985), que escribió siendo aún un estudiante de 21 años y que le sirvió para aumentar su cuenta corriente (que estaba “menos que cero”), se estrenó en España con el absurdo título de Golpe al sueño americano (1987), un film dirigido de forma mediocre por Marek Kanievska que nunca cogió el tono literario del material que adaptaba y que nos presenta a Julian (Robert Downey Jr.) un joven pijo de Beverly Hills que, aparentemente, lo tiene todo: atractivo físico, un padre rico, inteligencia y simpatía. El gran problema es su adicción a las drogas. Su mejor amigo (Andrew McCarthy) y la novia de éste (Jami Gertz) intentan ayudarlo, pero el mundo de Julian se derrumba y amenaza con arrastrarlos también a ellos.
      
     
        En la cinta, aparece por primera vez lo que será el corpus temático de toda la obra de Easton Ellis a partir de entonces: la influencia de las drogas como motor de la juventud de la clase alta estadounidense en los años 80. Un film castigado por su mensaje moralista y muy superficial en la disección del vacío existencial de aquellos pijos con sangre en la nariz. Jóvenes poderosos rodeados de lujo y que no han pegado un palo al agua en su vida. ¿Por qué? Ellos saben que el lujo es sólo un cómodo estatus para hacer menos penoso su decadente tránsito hacia la muerte.


           
         La película de Mary Harron transcurre a lo largo de 1987, en los meses anteriores al crack de la bolsa neoyorquina. American Psycho (2000) está basada en la famosa novela homónima de Bret Easton Ellis y nos cuenta la historia de un yuppie de 27 años (Christian Bale) que trabaja en Wall Street, no es un paria ni un rebelde, sino un ciudadano que acepta las leyes de su país y disfruta de todo lo que su enorme estatus social le ofrece. Patrick se mueve por las calles de Nueva York como cualquier joven de éxito, y sin embargo, es un tipo capaz de violar, torturar y matar sin cambiar por ello de actitud ante su entorno. Christian Bale traza un dibujo perfecto con su interpretación del joven rico, sofisticado y psicópata que a través de un espejo deformante nos descubre los detalles más nimios, sórdidos y escalofriantes de nuestra cotidianidad… o de aquella Generación X, máximo exponente referencial de la década de los 80 y estereotipo supremo de una generación para la que el poder de los objetos (la gomina, el agua Evian, los trajes de Hugo Boss o Cerruti, la coca) se imponía sobre todas las cosas


      
      Con el mismo refinamiento que almuerza en los restaurantes más raros y exquisitos, asesina a mendigos, prostitutas y colegas como desahogo de toda su podredumbre existencial. El crimen es sólo una diversión, y la condena, el seguir viviendo. Una escena: aquella en la que persiguiendo con una sierra mecánica a una prostituta, Patrick deja caer por el hueco de la escalera el terrible instrumento, que impacta de lleno en el cuerpo de la indefensa víctima.
         
   
        Roger Avary (el coguionista de Pulp Fiction y amigo de Tarantino que trabajó con él en un videoclub) es un cineasta de exigua y errática carrera que debutó con el olvidado e hiperviolento thriller Killing Zoe (1994) y que actualmente anda desaparecido en combate intentando sacar adelante algunos proyectos, pero que dirigió en 2002 la segunda novela de Easton Ellis Las leyes de la atracción, estrenada en nuestro país con el trillado título Las reglas del juego. Protagonizada por el desconocido James Van Der Beek y Jessica Biel, la función se convierte en una nueva y demoledora crónica sobre los excesos de la juventud adinerada estadounidense. El retrato de un grupo de estudiantes de arte que se dedican a acudir a fiestas desmadradas donde las drogas, el alcohol y el sexo son los máximos alicientes.



     De nuevo el nihilismo descorazonador lo empapa todo. Avary firma una cinta nada despreciable sobre un grupo de universitarios que queman sus vacuas vidas en fiestas interminables rebosantes de drogas y sexo sin fijarse nunca metas realistas y abocados a un futuro de autodestrucción. Una escalofriante disección de una generación a la que sólo le importa el placer instantáneo y que encontrará en el olvido su mayor castigo. No hay esperanza para esas vidas devastadas víctimas del capitalismo salvaje y una sociedad hedonista y enferma.


        
     Adaptar las novelas del autor-emblema (junto a Douglas Coupland) de la Generación X, Bret Easton Ellis, no es nada fácil, su universo narrativo suele ser demasiado decadente, sórdido, provocativo, transgresor, historias complejas llenas de aristas por las que pululan multitud de personajes superficiales, atormentados, sin alma, en pleno proceso de desintegración derivado de una vida de excesos y un insondable vacío existencial. Relatos que siempre nos abocan a un final nada complaciente o convencional. 


      
      Sexo, drogas y rock and roll son tres elementos sustanciales en la por ahora última adaptación a la pantalla grande de una novela suya, Los Confidentes  (The Informers, 2009), en la cual el director australiano Gregor Jordan pone todo su empeño en dotar de un cierto sentido la visión corrosiva de Ellis sobre esa clase alta norteamericana, barnizada por un estilizado post-modernismo con sus ingredientes tradicionales: futilidad, lujo, moda, ambigüedad sexual, excesos y tecnología. Así nos encontramos en Los Ángeles de 1983 con un joven pijo bisexual (Jon Foster), adicto a las drogas y a las orgías que comparte con su novia (Amber Heard). Están también sus padres (Billy Bob Thornton y Kim Basinger), que intentan recuperar su matrimonio después de que él haya tenido una aventura con una locutora de televisión. Por otro lado, nos encontramos con un cantante de rock siempre colgado (Mel Raido), a quien su mujer ha abandonado y pasa la depresión tirándose a adolescentes de ambos sexos.

     

        Por último, un conserje de un hotel (Brad Renfro, que murió de sobredosis al terminar el rodaje y a quien está dedicada la película), amenazado por su tío (Mickey Rourke) para que esconda en su casa a un niño secuestrado. Vidas cruzadas para dar forma a film nada despreciable y en donde se refleja en gran medida el abismo y el contraste profundo entre la decadencia moral y espiritual y la riqueza material de la clase alta norteamericana. 


viernes, 13 de marzo de 2015

CRÍTICA: "CHAPPIE"

Una película palomitera sin demasiado recorrido
CHAPPIE êêê
DIRECTOR: NEILL BLOMKAMP.
INTÉRPRETES: HUGH JACKMAN, DEV PATEL, YO-LANDI VISSER, NINJA, SIGOURNEY WEAVER.
GÉNERO: CIENCIA-FICCIÓN / EE. UU. / 2015  DURACIÓN: 120 MINUTOS.   
        

    
      El director sudafricano Neill Blomkamp logró uno de los mejores debut que recuerdo con District 9 (2009) un film sobre millones de alienígenas malviviendo en barracones insalubres a modos de campos de concentración y que de vez en cuando son raptados para ser víctimas de crueles experimentos. La película, ambientada en un Johannesburgo distópico e  hiperviolento, se convertía en una severa denuncia sobre el apartheid y la segregación racial, la discriminación, los problemas de la inmigración, el tráfico de armas y los genocidios. Al espectador no le quedó más remedio que empatizar con las extrañas criaturas debido a la terrible visión que reflejaba el espejo de nuestra historia. Con Elysium (2013) cinta incomprensiblemente infravalorada, la denuncia exploraba las cada vez más grandes diferencias entre ricos (instalados cómodamente en la estación espacial Elysium) y los pobres que malviven como pueden en una Tierra devastada y superpoblada. En el film, Matt Damon da vida a un obrero que, tras recibir una dosis mortal de radiación, hará lo posible por colarse en ese paraíso espacial para servirse de las estaciones médicas de alta tecnología que usan sus habitantes para mantenerse sanos y jóvenes.
     

     
       En una Sudáfrica hiperviolenta, el gobierno se ve obligado a tomar cartas en el asunto y encarga a una empresa robótica una auténtica legión de centinelas para  mantener el orden y la paz. Bajo la administración de la mano de hierro de Michelle Bradley (Sigourney Weaver) y el diseño del brillante ingeniero Devon (Dev Patel) se consigue crear una patrulla de entes cibernéticos que ayudan a la policía sudafricana a pacificar las calles. Por otro lado está Vincent Moore (Hugh Jackman) un ingeniero rival contrario a la inteligencia artificial y que tiene El Alce, un gigantesco robot  que debe ser manejado a distancia por un ser humano, el proyecto rival de los robots de Devon. Éste quiere dar un paso más y crear un robot plenamente consciente de su propia existencia. Para ello roba material de la compañía y programa una nueva inteligencia artificial para un robot caído en combate. Pero en ese momento es secuestrado por dos delincuentes Yolandi y Ninja (Yolandi Visser y Ninja), y el robot Chappie (voz de Charlto Copley) cae así en las peores manos posibles. Chappie, apenas un niño, aprenderá lo que significa ser humano mientras todo el mundo le persigue por ser diferente.


                              
        Alguien podría argumentar que Blomkamp se muestra reiterativo en la temática de sus películas (la obsesión por la tecnología, la ultraviolencia, la inmersión en los guetos y bajos fondos y el abismo que separa a los ricos y los pobres) y que sus tres últimos trabajos se pueden visionar en un continuo movimiento radial. Pero, sin afirmar que eso sea así, ese bucle o movimiento circular nos ofrece todo un universo rebosante de alicientes y jugosos detalles. Con ecos referenciales de Cortocircuito (John Badham, 1986) que hoy muchos reivindican pero que no pasa de ser una de las típicas y simples comedias palomiteras de los años ochenta, y RoboCop (Paul Verhoeven, 1987), el mayor problema de Chappie es la molesta sensación déjà vu y la poco lograda mixtura entre el drama y la comedia, una delicada mezcla para la que siempre se ha de saber elegir muy bien las situaciones  y los tiempos, sobre todo cuando la historia se me antoja poco original y las subtramas que se derivan de ella resultan en exceso rocambolescas; al fin en Chappie lo que importa es el despertar de la consciencia y el proceso de aprendizaje de un robot de titanio humanoide dotado de inteligencia artificial  (tan inocente como un niño recién nacido) que será maltratado en un mundo extraño donde sólo importan los intereses espurios. Con un guión sencillo que el director firma junto a su esposa y en donde la diferencia de clase está otra vez presente en un Johannesburgo de tono ciberpunk y zonas radicalmente separadas, Chappie cumple con su misión de entretener si pasamos por alto su deslavazada estructura narrativa, dejando una vez más constancia de la pericia del cineasta para realizar imponentes efectos visuales y diseños robóticos, a través de una denuncia de carácter local pero que expande sus tentáculos de forma globalizadora.
     


         Espectáculo con conciencia social llamaríamos a eso de no ser por las constantes desordenadas de su mensaje. Blomkamp aporta de nuevo dosis alteradas de acción, compromiso social, dramatismo y ternura, dotando al incomprendido robot de una pureza infantil que anhela nuestra atención por esa búsqueda incesante  de nuestro lugar en el mundo, el carácter depredador y autodestructivo inherente en el ser humano y que pone énfasis en el inquietante interrogante de hacia dónde vamos. Aunque los apuntes filosóficos sobre la violenta naturaleza humana, el significado de la consciencia y las ventajas y peligros de la inteligencia artificial pueden quedar cosidos a las costuras de la trama de manera poco consistente, lo mejor que puede hacer el espectador es sumergirse en la pantalla  y disfrutar de la función en su aspecto más lúdico y gamberro, con la oportunidad de disfrutar de la música de Yo-Landi y Ninja (Die Antwoord) que lo empapa todo, padres malvados adoptivos de Chappie al que utilizarán para sus negocios criminales y que no desentonan en un film carente de buenas interpretaciones de actores de carne y hueso, olvidemos por completo la anecdótica intervención de Sigourney Weaver y el mediocre trabajo de Hugh Jackman. Porque lo mejor está en el trabajo de Charlto Copley otorgando movimientos y voz al sufrido robot protagonista. Chappie es una buena idea en parte desaprovechada que luce más por su puesta en escena que por su torpe desarrollo narrativo. 


miércoles, 11 de marzo de 2015

YO-LANDI VI$$ER, LA MUSA RAPERA WHITE TRASH DEBUTA EN EL CINE.

   
     La cantante sudafricana Yolandi Visser (o Yo-Landi Vi$$er) nació el 3 de marzo de 1984 en Anri Du Toit. Covocalista junto a Ninja del grupo de rap-rave Die Antwoord, formó parte de potentes bandas como Max Normal TV y The Constructus Corporation. Es, al igual que Ninja, vegetariana, y tiene una hija llamada Sixteen Jones y otro hijo adoptado llamado Tokkie con su pareja musical, que también fue, hasta su separación, pareja sentimental. En el año 2008, se unió al colectivo sudafricano de hip-hop, en donde realizó un papel de asistenta personal de su líder, Max Normal, otro de los pseudónimos de Watkin Tudor Jones aka Ninja, apareciendo en varios vídeos musicales.


       Fue en 2009 cuando formó junto a Watkin el grupo de rap experimental llamado Die Antwoord. Una banda que se califica a sí misma como una mezcla de diversas culturas, bautizando su estilo como música “Zef”, un término afrikáans que se traduce como la cultura de los blancos sudafricanos de clase trabajadora, con especial referencia a aquellos que residen en Ciudad del Cabo. Las letras del grupo son creadas tanto en afrikáans como en inglés.



       En el caso de Die Antwoord, el perfil de Vi$$er es el de una cantante rapera sex-pot, algo así como una mujer sensual que incita a los hombres haciéndoles creer que tienen alguna oportunidad con ella. Hasta ahora el mejor trabajo del grupo es Ten$ion (2012), y acaba de debutar en la pantalla grande de la mano de un compatriota suyo, el director de cine sudafricano Neill Blomkamp, en el film de ciencia-ficción Chappie, que se estrena en nuestro país el próximo día 13 de marzo de 2015. Hemos tenido a bien de elegir a YoLandi Vi$$er como nuestra musa rapera de los guetos y los bajos fondos, una de esas raras y hermosas flores que germinan de vez en cuando en cualquier estercolero white trash. Las fotos ilustran su carácter impúdico y su rebeldía. ¡¡¡Aplaudimos!!!

sábado, 7 de marzo de 2015

CRÍTICA: "SELMA"

Episodio sobre el pasado vergonzoso de una nación
SELMA êêêê
DIRECTOR: AVA DUVERNAY.
INTÉRPRETES: DAVID OYELOWO, TOM WILKINSON, TIM ROTH, GIOVANNI RIBISI, CARMEN EYOGO, CUBA GOODING JR.
GÉNERO: DRAMA HISTÓRICO / EE. UU. / 2015  DURACIÓN: 123 MINUTOS.   
        

    
       La carrera como directora cinematográfica de Ava DuVernay comenzó en el año 2008 con el documental sobre el movimiento artístico LA Good Life Café titulado This  is the Life. Una cinta que desconozco, lo mismo que el drama I Will Follow (2011) un film independiente inédito en España que narra la etapa depresiva de una mujer y los doce visitantes que acuden para ayudarla. Sí tuve la oportunidad de ver su siguiente trabajo, Middle of Nowhere (2012) un poderoso drama  sobre la supervivencia de una mujer afroamericana que se esfuerza por mantener su matrimonio y su identidad cuando su marido es condenado a 8 años de prisión. Un film en el que ya contó con el concurso de David Oyelowo. La directora afroamericana nacida en Los Ángeles, siempre preocupada por los dramas íntimos, la alienación, la soledad de la mujer y las tensiones sociales, levanta acta sobre uno de los acontecimientos más señalados de la historia de Norteamérica y por los activistas de los derechos civiles y la comunidad afroamericana: la marcha liderada por Martin Luther King Jr., desde Selma a Montgomery (Alabama) por la igualdad del derecho al voto de todos los estadounidenses sin importar la raza.
     
                     
       
      Selma es la crónica sobre la lucha del político y activista Martin Luther King Jr. (David Oyelowo) en defensa de los derechos civiles y narra la mítica marcha que llevó  al presidente Lyndon B. Johnson (Tom Wilkinson) a aprobar la ley sobre el derecho al voto de los ciudadanos de color en los estados sureños donde en la década de los sesenta todavía estaba vigente la segregación racial. En realidad, se realizaron tres marchas: las dos primeras hasta el puente de Edmund Pettus de Selma en donde tuvo lugar la brutal represión conocida como Domingo Sangriento el 7 de marzo de 1965; y la última, que comenzó el 21 del mismo mes y que terminó en Montgomery el día 24.


      
        Tras disfrutar de esta estupenda película me gustaría reseñar en primer lugar que hasta la fecha nadie en la historia del cine y la televisión ha logrado encarnar con tanta empatía, dignidad, realismo, humanidad, majestuosidad y cercanía como David Oyelowo al reverendo Luther King, captando con prodigioso mimetismo su espíritu humanista, inconformista y luchador y sus geniales dotes de estratega y orador (atención a su discurso en el funeral del joven activista asesinado por la policía). Un retrato conmovedor de uno de los hombres más importantes de la historia de la humanidad por su oposición a la guerra, su lucha contra la pobreza, la no discriminación y los derechos civiles básicos de la comunidad negra de los Estados Unidos. Quiero recalcar esto porque se me antoja el mayor aliciente como síntesis pedagógica sobre la figura de un hombre que con sus pensamientos, sus palabras y marchas pacíficas consiguió aunar los anhelos y voluntades de la América negra por salir del gueto y formar parte activa y representativa de una nación que tras abolir la esclavitud les enfrentó con su condición de ciudadanos de segunda negándoles los más fundamentales derechos en estados como Alabama. Ava DuVernay recrea con exquisita pulcritud y rigurosidad aquellos convulsos días de marzo de 1965  en un contexto de cambios profundos de la sociedad y en donde la figura colosal de King se agiganta alumbrando su faceta espiritual y de activista, su vida familiar, sus dilemas morales y existenciales y su dimensión histórica. Una visión didáctica aunque nada academicista que fusiona el conflicto íntimo con el pálpito de la calle, y que en su meta triunfal encendió la llama de la esperanza.



      
        Selma es un film que, despojado de todo lo que no es esencial, se eleva como un hermoso homenaje a todas las personas que han dado su vida luchando por un mundo más justo, un canto a la esperanza a favor de la dignidad de todos los seres humanos sin distinción de clase o raza poniendo el énfasis  en el valor de la solidaridad. Sólo alguien con un nivel de estupidez rayano en la inconsciencia puede negar el legado  imperecedero dejado por el doctor Martin Luther King Jr., y a pesar de que estamos ante un relato episódico sobre las movilizaciones sociales que tuvieron lugar en aquellos días de mediados de la década de los sesenta (y no ante un biopic) en la población de Selma, la figura de King (que ya había sido galardonado con el Premio Nobel en 1964) se impone como eje central y guía cuyas decisiones nunca son irreflexivas, consciente de que de ellas dependían en parte suma los avances en derechos humanos que marcaron un punto de inflexión en la historia. 


     Con una potentísima fotografía a cargo de Bradford Young y espléndidas actuaciones de secundarios como Tom Wilkinson dando oxígeno a un cobarde Lyndon B. Johnson, Tim Roth encarnando al fanático racista gobernador demócrata George Wallace, Carmen Ejogo como la esposa de King y Giovanni Ribisi como asesor en derechos civiles del presidente Johnson, el film contiene momentos de gran emotividad (la bomba que estalla segando la vida de las cuatro niñas en la iglesia, la carga bestial de la policía en el puente Pettus contra una marcha pacífica y unas personas vulnerables) así como las trascendentes palabras de King como eco del pensamiento hondo de aquel gran orador y luchador irreductible. Mi severa conclusión es que detrás del biombo de la alta política, las injusticias sociales sólo les interesan a quienes las sufren. De nuestra lucha depende cambiar el rumbo de la historia.