martes, 15 de marzo de 2016

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “LUNAS DE HIEL” (1992)

   Bitter Moon (Roman Polanski, 1992)
  

    
     En el año 1992 el cineasta franco-polaco Roman Polanski nos sorprendió con una interesante película titulada Lunas de hiel, una cinta sobre la degradación del amor que supone una honesta y desasosegante disección quirúrgica sobre las relaciones de pareja y las sacrosantas convicciones amorosas. En un crucero de placer para celebrar su séptimo aniversario de boda, el aburrido matrimonio formado por Nigel y Fiona (Hugh Grant y Kristin Scott-Thomas), conocerán a Mimi (Emmanuelle Seigner), una pasajera a la que acompañarán a su camarote porque se encuentra indispuesta. Allí también conocerán a su marido, Oscar (Peter Coyote), que está inválido en una silla de ruedas. Nigel no tarda en sentirse atraído por Mimi, y Oscar lo percibe rápidamente y le propone seducirla, pero antes le cuenta cómo eran sus experiencias sexuales con ella antes de sufrir el fatal accidente que le dejó paralítico.

       
    Lo que más me atrae de Lunas de hiel es la forma impía, feroz, cruel, que el genial Polanski idea para bucear por la degeneración de la vida conyugal buscando la manera de quebrar la monotonía en el deseo y la práctica sexual a través de estímulos externos, alicientes e impulsos para no dejarlo morir del todo. En cierta forma, se trata de deshumanizar el acto sexual enfatizando la parte irreflexiva y automática del coito, que ya no les dice nada. Así, la relación que entablan Mimi y Oscar, repleta de momentos tórridos y de alto voltaje, desembocará en tragedia, como no podía ser de otro modo dentro del universo lúgubre del más inspirado Polanski.

     
    Me gusta especialmente la alucinante y sensual coreografía de esa danza de infarto que Mimi/Emmanuelle Seigner (a la sazón esposa del director), le dedica a Óscar a la luz de las velas, y sobre todo, esa escena en que la pareja se encuentra desayunando y Mimi con las tetas al descubierto derrama por ellas una especie de yogurt líquido, acariciándoselas mientras de fondo suena el famoso tema Faith de George Michael. Óscar, totalmente salido, saca a pasear su larga y húmeda lengua para lamer el lácteo derramado por la suave y sagrada piel de la musa francesa, que viciosa y solícita le acabará haciendo una espléndida felación. La lujuria, amigos, que nos convierte en esclavos, los placeres carnales que nos arrastran a la perdición y alegremente nos convierten en animales. Como diría un amigo mío mexicano: “somos lo que hay”.


lunes, 14 de marzo de 2016

CRÍTICA: LA SERIE DIVERGENTE: LEAL (1ª PARTE)

Un producto tan huero como plúmbeo
LA SERIE DIVERGENTE: LEAL (1ª PARTE) ê
DIRECTOR: ROBERT SCHWENTKE.
INTÉRPRETES: SHAILENE WOODLEY, THEO JAMES, JEFF DANIELS, NAOMI WATTS, MILES TELLER, ANSEL ELGORT.
GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN / EEUU / 2016  DURACIÓN: 121 MINUTOS.   
            

      Parece que estamos llegando al final de esta plomiza y olvidable saga con un capítulo final dividido en dos partes, ésta que se acaba de estrenar y la segunda parte que tiene previsto su estreno para 2017. Una jodienda para sus seguidores (entre los que ni mucho menos me encuentro) pues se guarda la escasa metralla para la próxima  entrega rompiendo así el clímax de este capítulo. La serie, mala que amarga, ha ido degenerando con cada entrega, sobre todo, desde que gran parte del público se dio cuenta de que estos artefactos en forma de aventuras juveniles sobre un futuro distópico se hacen como churros con el único objetivo de sacar tajada en la taquilla, un negocio que ya no da para más aunque las productoras hollywoodienses se empeñen en ordeñar las ubres hasta la última gota. De ahí el obsceno recurso de dividir el capítulo final de la adaptación del último libro de la trilogía escrita por la novelista Verónica Roth en dos partes. Decisión fallida viendo el resultado de esta torpe e insignificante La serie Divergente: Leal (1ª parte). Intenten pronunciar el título completo cuando compren la entrada en taquilla y les regalarán una sonrisa.
     
   
    Veamos: Tras las revelaciones trascendentales de “Insurgente”, Tris (Shailene Woodley) debe escapar con Cuatro (Theo James) e ir más allá del muro que rodea Chicago. Por primera vez dejarán la única ciudad y familia que conocen. Una vez fuera, todo aquello que presumían como cierto, pierde cualquier sentido tras la revelación de las nuevas verdades: Tris y Cuatro deben decidir rápidamente en quien confiar mientras se inicia una guerra despiadada que amenaza a la humanidad. Para sobrevivir, Tris se verá forzada a tomar decisiones imposibles sobre el coraje, la lealtad, el sacrificio y el amor.

     
    Entender el sentido grosero de esta saga como vehículo para hacer caja a través de una serie de películas de ciencia ficción zarrapastrosa (ni he leído ni pienso leer las novelas que adapta) es entender la maquinaria utilitarista de Hollywood como una fábrica que poco a poco va olvidándose de la creatividad y las esencias artísticas para convertirse en una empresa de consumo fácil, rápido y rentable. Leal (abreviemos nosotros) parte de un guión horrible, un batiburrillo que resulta ridículo tanto en su huera pretenciosidad como en su nula originalidad, un plagio descarado que copia sin rubor la premisa de otras sagas como Los juegos del hambre y El corredor del laberinto, y que al igual que la primera sitúa al frente de la aventura a una heroína que nunca quiso serlo. Así, el invento no pasa de ser un lujoso telefilm, un espectáculo menor para un público adolescente que ve cómo está cerca el final de la serie y su corajuda heroína ha evolucionado poco, enredada en sus romanticones devaneos con Cuatro en una relación que no proyecta química alguna.  Leal no puede servir de espejo ni al más bobo adolescente que intente ver en el film reflejadas sus ansias de rebeldía y transgresión contra el establishment, pues todo resulta estéril  o alucinado en esta tópica historia de diseño que se atreve a apuntar interesantes –aunque manidas- reflexiones que nunca desarrolla.

     
     La narración abre todo un abanico de dilemas sobre la mutación del genoma humano y sus consecuencias (nueva vuelta de tuerca a la eugenesia nazi)  y nos muestra una simplona metáfora sobre la terrible situación de los refugiados que se vive en la actualidad, reflejados en esos divergentes de la ciudad de Chicago cercada por las facciones del poder. El problema es que estas cuestiones apenas están esbozadas y Robert Schwentke todo lo fía  a una aburrida persecución por un paisaje devastado y postapocalíptico con resonancias a Mad Max en donde nadie escapa al ojo del gran hermano y sus múltiples artilugios de vigilancia y persecución: naves, vehículos high-tech y recursos visuales que sin saber de dónde salen te trasladan de escenario en un instante. Pues así de caprichoso es este pastiche enmarañado sin lógica interna. En su fuga, Tris, Cuatro y compañía se darán de bruces con La Agencia, una organización al frente de la cual está David (Jeff Daniels desubicado) que tiene como objetivo conseguir la pureza genética. Vamos, fascismo puro y duro que divide a los “puros” y a los “defectuosos”. Y uno se pregunta qué hace Naomi Watts en esta indigesta menestra como lideresa de los rebeldes ¿tan mal está la faena en Hollywood para las actrices maduritas? En fin, un artefacto cocido por completo en pantalla verde (o croma) que deja entrever casi todos los artificiosos efectos CGI. Una tontería, una pérdida de tiempo.

domingo, 13 de marzo de 2016

"EL PORTERO DE NOCHE" (1974): ESCENA ESENCIAL


     Tras su estreno en 1974, El portero de noche resultó todo un escándalo que no dejó a nadie indiferente, provocando estúpidas protestas por su irritante ambigüedad, el sensacionalismo mórbido y la explicitud de sus secuencias sensuales. El film, dirigido por la directora italiana Liliana Caviani, nos traslada a la Viena de 1957. Allí, La esposa judía de un director de orquesta norteamericano, Lucía (Charlotte Rampling) que durante la Segunda Guerra Mundial y siendo apenas una adolescente estuvo encerrada en un campo de concentración, se reencuentra trece años después con el oficial nazi, Max (Dirk Bogarde) que solía abusar sexualmente de ella cuando estaba cautiva. Ambos coinciden en un lujoso hotel donde él trabaja como portero nocturno. Una historia sórdida y de ambientación decadente donde el recelo mutuo, el odio y el deseo se entremezclan, y donde la humillación, el poder y el desprecio se cubren con la manta de la pasión más extrema. Así, el trasfondo político del nazi que ayudado por antiguos camaradas encuentra un sitio en la sociedad, carece de fuerza frente al drama personal de los protagonistas y su irresistible atracción. La culpa como instrumento de poder, de nuevo la sombra de la voluntad autodestructiva de la víctima vuelve a erigirse surgida de sus deseos masoquistas.

    
Escena esencial     

   He visto decenas de veces esta película y, muchas más, la secuencia del largo flash back que nos presenta a Lucia (Charlotte Rampling) bailando semidesnuda un tema de Marlene Dietrich delante de varios oficiales nazis en un improvisado cabaret. El premio para ella será la cabeza de uno de los Kapos que la molestaban, un trofeo que será entregado por Max mirándola fijamente y esperando su complicidad. Una escena que está inspirada en la historia bíblica de Salomé y que refuerza el poder de Lucía para doblegar con su misterioso embrujo el poder del hombre convirtiéndose en figura de la mujer castradora freudiana. El tema "Wenn inch mir was wünschen dürfte" es del compositor inglés de origen judío Friedrich Hollaender.


   El éxito de la cinta fue extraordinario, en España fue prohibida durante dos años, y cuando finalmente se estrenó en 1976 se proyectó sin cortes, aunque muchos espectadores intrépidos ya la conocían por sus viajes a Biarritz y Perpiñán. Caviani, que ya había denunciado los totalitarismos en sus documentales, salió al paso de los que criticaban la excesiva humanización del personaje nazi con estas palabras: “Todos somos víctimas o verdugos”.  Este film mítico sobre los abusos sexuales de una joven en un campo de concentración y transformado en una ardiente historia de amor y dependencia, de la que ninguno de los dos podrá liberarse abocados ya a un siniestro callejón sin salida, no hubiera sido posible sin la elegancia y refinamiento de Dirk Bogarde y la belleza turbia de Charlotte Rampling, en unas interpretaciones memorables que han quedado como muescas grabadas en mi memoria cinéfila.




viernes, 11 de marzo de 2016

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “MALIZIA” (1973)

Malizia (Salvatore Samperi, 1973)
En memoria de Laura Antonelli
(Pola, 1941- Ladispoli, 2015)
     
     
    Laura Antonelli murió el pasado 22 de junio de 2015 de un infarto. La actriz, que comenzó realizando anuncios italianos de Coca-Cola, hizo su primera aparición en la pantalla grande en un papelito sin acreditar en Le sedicenni, un film romántico de 1965 dirigido por Luigi Petrini, pero fue su papel de Ángela en Malizia (Salvatore Samperi, 1973) el que marcó un punto de inflexión en su carrera, un título clave que convirtió a la exuberante diva de rostro angelical y cuerpo moldeado para el pecado en uno de los principales iconos sexuales del cine europeo de la década de los 70. Encasillamiento que no impidió  que demostrara sus dotes interpretativas en películas como El inocente (Luchino Visconti, 1976), un magnífico drama de época en el que compartió protagonismo con Giancarlo Giannini.


      Malizia nos narra cómo después de la muerte de su esposa, Ignacio La Brocca (Turi Ferro) cuenta con una nueva y hermosa empleada de hogar llamada Ángela (Laura Antonelli) quien atraerá sexualmente tanto a Ignacio como a sus hijos mayores, sobre todo a Nino (Alessandro Momo). El film, de exquisita fotografía a cargo del maestro Vitorio Storaro, fue presentado en la sección oficial de largometrajes del Festival de Berlín. 


    Con un guión muy simple y fusionando géneros como la comedia, el drama y el erotismo, Malizia supuso un auténtico boom cuando se estrenó en la plomiza y retrógrada España de los años 70. No era para menos, al igual que otros títulos clásicos del erotismo como Emmanuelle, Historia de O y El portero de noche (El último tango en París está a otro nivel), la película ayudó a desencorsetar la rancia y castrante doctrina en materia de educación sexual de nuestro país y rompió las cancelas de tantos traumas y tabúes que actuaban de rémora para una conciencia colectiva corroída por la culpa. Aun así, la historia de la lozana y carnal criada a la que da vida Antonelli poniendo verriondos a todos los miembros de la familia y a la que un muchacho acosa hasta que consigue llevársela al huerto, se estrenó censurada el 18 de junio de 1974. Pero dio igual, porque la tremenda sensualidad de la musa italiana, resultó más eficaz por lo que dejaba intuir que por lo que mostraba, algo consustancial al cine erótico.


    Malizia es, además, una aproximación bastante realista a las costumbres de la clase media alta italiana de la época, y el dibujo entrañable de una serie de personajes cuyas correrías surcarían hoy los mares de lo políticamente incorrecto. Sobre todo por cómo el dichoso y procaz muchacho (un Alessandro Momo con 17 años que coincidiría de nuevo con Antonelli en otra película de Samperi titulada Me gusta mi cuñada, de 1974, muriendo poco después en un accidente de motocicleta) trata a la empleada, a la que somete a sus caprichosos e hirientes juegos tras haber hecho bueno el refrán “quien la sigue la consigue”. Estamos, amigo lector, ante un título mítico que marcó a toda una generación, una comedia pícara y picante de nostálgico recuerdo que concluye con una antológica secuencia final de una persecución con una linterna que sigue siendo evocada por muchos aficionados.


     Laura Antonelli murió sola, abandonada y al borde de la indigencia cobrando una pensión mensual de 510 euros. Amada y atormentada, su vida comenzó a torcerse tras el fracaso de la secuela de Malizia 2000 (S. Samperi, 1991), pues habiéndose sometido a una operación de cirugía que le deformó el rostro, cayó en una profunda depresión y hasta pasó una temporada en un centro psiquiátrico. En ese mismo año fue acusada de tráfico de estupefacientes y absuelta por un tribunal de apelación nueve años después. Sólo el actor Lino Banfi estuvo con ella hasta el final intentando rescatar su sonrisa y el aura mágica de su eterno recuerdo. Ella lo agradeció, pero se negó a surgir de la sombra. Nada terrenal le interesaba ya. Pedía al mundo que la borrara de su mente y la olvidara. Un deseo imposible de cumplir para mí, que la recordaré siempre.



jueves, 10 de marzo de 2016

3 BELLAS ACTRICES PARISINAS 3

Joséphine de la Baume
 
    La actriz, cantante y modelo Joséphine de la Baume nació en París el 8 de octubre de 1984. Casada con el músico inglés Mark Ronson desde 2011. Es la cantante principal y compositora, junto con su hermano, de la banda francesa Singtank, cuyo álbum debut “In Wonder” fue recibido con un aceptable éxito crítico. Joséphine también es una reconocida modelo de lencería para la firma Agent Provocateur, para la que realiza unas infartantes sesiones fotográficas. Su primera actuación fue en la comedia dramática Boogie Woogie (Duncan Ward, 2009), y junto a su marido forma una pareja icono de la cultura pop contemporánea. El haberse criado en el seno de una familia burguesa de París ha dejado en ella huella, de ahí si estilo chic afrancesado, su eclecticismo. En fin, una bomba sexual coronada por una hermosa cabellera pelirroja.


FILMOGRAFÍA SELECTA

-Notre jour viendra (Romain Gavras, 2010)
-Kiss of the Damned (Xan Cassavetes, 2012)
-Rush (Ron Howard, 2013)
-Arrête ou je continue (Sophie Fillières, 2014)
-Listen up Philip (Alex Ross Perry, 2014)
-Road Games (Abner Pastoll, 2015)
    

Léa Seydoux

     La actriz francesa Léa Seydoux nació en París el 1 de julio de 1985. Creció a caballo entre París y Dakar, lugar de residencia de su madre actualmente. Superando su innata timidez realizó un curso de teatro para después unirse al grupo teatral dirigido por Corine Blue. Su debut en el cine fue en la comedia de baile Mes Copines (Sylvie Ayme, 2006), y al año siguiente intervino en el drama de época Une Vieille Maîtresse (Catherine Breillat, 2007) y en el film de Jean-Pierre Mocky 13 French Street (2007). Pero sería su papel en el drama romántico La Belle Personne (Christophe Honore, 2008) el trampolín que le lanzaría definitivamente a la fama, obteniendo por su interpretación el premio Chopard a la mejor actriz revelación, siendo igualmente nominada al César a la actriz más prometedora.


   Quentin Tarantino reclamó su presencia para participar en su film bélico Malditos bastardos (2009), y también Ridley Scott se fijó en ella, otorgándole el papel de Aquitania en su versión de Robin Hood (2010). Los más cinéfilos también recordarán su participación en la reciente comedia romántica de Woody Allen Medianoche en París (2011), y ha dejado un guiño para los aficionados más palomiteros metiéndose en la piel de una letal asesina en Misión Imposible: Protocolo Fantasma (Brad Bird, 2011). De cualquier modo, el destino de Léa estaba marcado, pues es nieta de Jerome Seydoux, fundador de Pathé Distribution, y sobrina nieta de Nicolas Seydoux, jefe ejecutivo de la potente productora francesa Gaumont. Sus últimos films más celebrados han sido la magnífica comedia coral El hotel Budapest, el drama distópico Langosta, y la última entrega de la saga Bond Spectre.



FILMOGRAFÍA SELECTA

-La belle personne (Christophe Honore, 2008)
-Plein Sud (Sebastian Lifshitz, 2009)
-Lourdes (Jessica Hausner, 2009)
-Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009)
-Roses a Credit (Amos Gitai, 2010)
-Belle Épine (Rebecca Zslotowski, 2010)
-Treceless (Grégoire Vigneron, 2010)
-Le roman de ma femme (Jamshed Usmonov, 2011)
-Misión Imposible: Protocolo Fantasma (Brad Bird, 2011)
-Adiós a la reina (Benoî`Jacquot, 2012)
-Grand Central (Rebecca Zlotowski, 2013)
-La vida de Adèle (Abdellatif Keniche, 2013)
-La bella y la bestia (Christophe Gans, 2014)
-El gran hotel Budapest (Wes Anderson, 2014)
-Spectre (Sam Mendes, 2015)
-Langosta (Yorgos Lanthinos, 2015)
   

Mélanie Laurent

    Mélanie Laurent (París, 21 de febrero de 1983) es hija de un actor de doblaje francés y de una profesora de baile. Sin ser su mayor propósito, se convirtió en actriz cuando en 1998 al mito de la interpretación Gerard Depardieu, quien la invitó a participar en el film Un puente entre dos ríos (Frédéric Auburtin, 1999), una cinta que puso la primera piedra a su carrera como actriz y redefinió su futuro. Fue en 2005 cuando este cronista se fijó en ella en el excelente film de Jacques Audiard De latir mi corazón se ha parado, que junto a Romain Duris le sirvió de trampolín para su ascendente carrera. En 2006 llegaría su confirmación con la película Je vais bien, ne t´en fais pas (Philippe Lioret, 2006), alzándose con el Premio César a la mejor actriz por su papel de Elisa “Lili” Fellie. En 2007 ganó varios premios más como El Lumiere, el Romy Schneider Prix y el Etoile D´Or a la mejor actriz revelación.


     
    Sin embargo, el punto de inflexión en la carrera de Mélanie Laurent se produjo con su interpretación en la película de Tarantino Malditos bastardos (2009) que lanza a la actriz a la fama internacional. La actriz también ha hecho sus pinitos como directora rodando algunos cortos y el drama Les Adoptés. Del mismo modo, ha incursionado en el mundo de la música como cantante, grabando su primer álbum en 2011 junto al cantante irlandés Damien Rice, de quien fue pareja. Mélanie es judía y nació en el seno de una familia comunista de los barrios populares de París. De joven asistió a varias manifestaciones contra el Frente Nacional y a favor del movimiento homosexual.



FILMOGRAFÍA SELECTA

-El último día (Radolphe Marconi, 2004)
-De latir mi corazón se ha parado (Jacques Audiard, 2005)
-Je vais ne t´en fais pas (Philippe Lioret, 2006)
-Melody´s Smile (Alfred Lot, 2007)
-Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009)
-La redada (Rose Bosch, 2010)
-Beginners (Mike Mills, 2010)
-Les adoptés (Mélanie Laurent, 2011)
-Tren de noche a Lisboa (Bille August, 2013)
-Enemy (Denis Villeneuve, 2013)
-Ahora me ves (Louis Leterrier, 2013)
-No llores, vuela (Claudia Llosa, 2014)
-Frente al mar (Angelina Jolie, 2015)