jueves, 3 de marzo de 2016

Y EL OSCAR ES PARA... SPOTLIGHT

Lección moral que hará sonrojar a muchos periodistas
SPOTLIGHT êêê
(Thomas McCarthy, 2015)

     
       Este cronista sabía que si pensaba con la cabeza el Oscar a la mejor película podían rifárselo entre El renacido y Spotlight, porque si pensaba con el corazón deseaba que la preciada estatuilla se convirtiera en el mejor regalo para Mad Max: furia en la carretera, que considero la mejor película estrenada el pasado año y que finalmente se ha alzado con un puñado de Oscars de esos que llaman técnicos. Al parecer, que finalmente haya sido el film firmado por Thomas McCarthy el que se haya llevado el  pato al agua ha resultado una sorpresa para mucha gente, pero no para mí, que la considero bastante mejor película que la epopeya de supervivencia dirigida por Iñárritu. He de confesar que sigo la carrera de McCarthy desde que vi aquella maravillosa rareza titulada Vías cruzadas (2003) un ejemplo de cine indie de calidad. Volvió a dar la campanada (a nivel crítico, claro, porque el público de multisalas últimamente sólo  parece interesado en las payasadas) con The visitor (2007) un drama sobre la inmigración con un espléndido Richard Jenkins.


         Spotlight está a la altura de las citadas, pero en esta ocasión McCarthy ha tenido la posibilidad de reunir a un grupo de estrellas, obtener mayor difusión  y tocar un tema espinoso muy sensible para el gran público. Basada en hechos reales con un guión original del propio director y Josh Singer, la película nos presenta a un grupo de periodistas expertos en realizar reportajes en profundidad que conforman la sección “Spotlight” del periódico Boston Globe. Ante la llegada de un nuevo director, urge encontrar un caso y el diario pone a sus mejores hombres al frente. Es el año 2002, y el periódico aún funciona a la vieja usanza (sin la contaminación de las redes sociales) y lo que comienza como un pequeño artículo sobre varios curas acusados por sus víctimas de haber abusado de ellas durante su infancia, se convierte en una minuciosa investigación por parte de este equipo de periodistas. En su azaroso camino hacia la verdad, el grupo de reporteros encontrará un sendero plagado de obstáculos.

      
       En la senda de películas míticas como Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976) McCarthy realiza un espléndido y sobrio trabajo notarial sobre el sentido y la ética del periodismo serio en unos tiempos en donde la desidia y banalización de la profesión como consecuencia de las redes sociales y la sensación de que las toneladas de gilipolleces y basura vertidas en Twitter, Facebook y YouTube lo contagian todo. Y es que allá donde la sombra silente de la corrupción se desliza por las instituciones, debe existir un grupo de periodistas valientes que asuman el riesgo de investigar contra viento y marea para que la luz de la verdad brille de manera rigurosa, bien sea por algún soplo, denuncia o acreditados indicios. Así fue como Nixon fue obligado a dimitir saciando a su pueblo de vergüenza. Estamos, amigo lector, ante una lección magistral en sus más altas cotas morales de autenticidad, sin amarillismo, una guía perfecta sobre los métodos inquebrantables del periodista de raza y sus obligaciones, dentro de un relato que marca las pautas del proceso de investigación (entrevistas, contraste de información, verificaciones, consultas…) sin dejar ningún cabo suelto. Con un competente reparto en el que destacan Mark Ruffalo, Michael Keaton, Stanley Tucci y Rachel McAdams, Spotlight se aleja del morbo fácil para levantar acta sobre la corrupción de un sistema que prefirió proteger a los curas acusados de pederastia en la errática presunción de que eso era lo mejor para la sociedad. Pero serán las víctimas agredidas, humilladas y con sus vidas truncadas quienes les hagan ver que por su profunda y perpetua herida sangra la fe de Cristo que sirve de espejo a sus debilidades como rebaño.

miércoles, 2 de marzo de 2016

"TENEMOS QUE HABLAR"

Otra comedia para el olvido
TENEMOS QUE HABLAR ê 
(David Serrano, 2016)


      Si algo me molesta del cine español es su tradición de realizar comedias insustanciales como churros. Me molesta e incluso puede resultar contraproducente para los intereses de la industria, ya que además de no aportar nada a la historia de nuestra cinematografía (y menos que ninguna cosa, prestigio) es fácil adivinar que el botín en taquilla será exiguo. La película narra la historia de Nuria (Michelle Jenner) que lo tiene todo para ser feliz incluido un novio perfecto con el que se va a casar, pero le falta una cosa: los papeles del divorcio. En cambio, su marido, Jorge (Hugo Silva) no tiene donde caerse muerto y está sin pareja. Ella consiguió superar la situación, él sigue traumatizado porque durante la crisis convenció a los padres de Nuria (Verónica Forqué y Óscar Ladoire) para que invirtieran en preferentes, lo que les llevó a la ruina.  Nuria no quiere hundir más a Jorge, y le hace creer que ella también está mal, pero que sus padres están mejor que nunca. Se trata de verle fuerte para pedirle los papeles del divorcio.

                                                                       
     No sé qué se puede sustanciar de este plano vodevil que ni siquiera me ha hecho esbozar media sonrisa, y eso que el comienzo prometía con ese intento de ácida crítica sobre la corrupción sistemática en nuestro país y los mezquinos métodos de enriquecimiento utilizados por los chorizos de cuello blanco en los últimos tiempos, esos nuevos pícaros a los que la leyenda y el romancero patrio siempre ha tratado como una simpatía estúpida y David Serrano también dibuja con una amabilidad desconcertante. Así, todo empieza con una pequeña mentira que se va convirtiendo en una bola de nieve rodando por un despeñadero pero que no llega a aplastar a nadie porque finalmente el amor triunfa brindándonos una nueva victoria. Sólo Forqué y Ladoire  se elevan por encima de un reparto a la altura de la planicie del relato, que a ratos parece el episodio piloto de una serie televisiva, aunque Serrano con cuatro largometrajes estrenados debería saber que el cine y su público exigen otra cosa. A la función le falta frescura, espontaneidad para hacer creíble ese mensaje de las falsas apariencias que como un disfraz mucha gente ha utilizado para no hacer demasiado visible la vergüenza de su ruina. Tenemos que hablar es una fallida comedia de enredos, las caricaturas de personajes estereotipados de nuestro momento actual son reconocibles pero tan estériles como grotescas, y los ecos a Descalzos por el parque (Gene Saks, 1967) sólo una broma de mal gusto.


RECORDEMOS A MICHELLE JENNER EN 3 DE SUS MEJORES FOTOS

martes, 1 de marzo de 2016

JOYAS DEL CINE ERÓTICO: “HERIDA” (LOUIS MALLE, 1992)

    
     
    La penúltima película del maestro Louis Malle (la última fue Vania en la calle 42, de 1994, porque murió un año más tarde con sólo 63 años), un referente para la Nouvelle Vague a la que no perteneció debido a su condición de francotirador, es este drama pasional que narra la peligrosa aventura de amor, sexo y devastación en la que se embarca Stephen Fleming (Jeremy Irons) un maduro y reputado médico londinense que acaba de ser nombrado ministro. Su insustancial vida se asemeja mucho a la de otros hombres de su privilegiada posición, y cómo ellos, gira en torno a guardar las formas y las apariencias. Está casado con una rica heredera, Ingrid (Miranda Richardson), con la que ha tenido dos hijos. Un día, durante una fiesta, uno de ellos, Martyn (Rupert Graves) le presenta a su nueva pareja, Anna (Juliette Binoche), una joven bonita y sensual que representa todo lo que Stephen echa en falta en su vida. Entre ellos surge una pasión irrefrenable y Anna, que ya había pasado por una situación semejante, intenta evitar otra la posibilidad de pasar por otra experiencia semejante. Sin embargo, la fuerza de los sentimientos es más poderosa que la razón.


     A partir de la novela de Josephine Hart, Malle construye uno de los mejores y más recordados films eróticos de los 90, no sólo por las volcánicas y magistrales secuencias de erotismo que rayan el sado, una coreografía de la carne protagonizada por un creíble y decidido Jeremy Irons y una inconmensurable Juliette Binoche, también por las lacerantes aristas de un drama donde la angustiosa culpa de una relación tortuosa se convierte en la peor de las cárceles. Malle sigue la narración de una manera glacial, distante, con la profesionalidad de un psicólogo, sin dotar de excesivo énfasis a las emociones, pero sin neutralizar la chispa de una relación abrasadora más cercana al fuego del averno que a cualquier cálido oasis terrenal. Con una Miranda Richardson excepcional en un papel intensísimo de atormentada esposa, Herida se eleva como una de las más crudas radiografías sobre las perversiones de las relaciones de pareja y la infidelidad como espita que puede hacer estallar el desastre si uno se lanza frenéticamente a los placeres sensoriales de la lujuria.



    Sin efectismos, con una excelente puesta en escena y gran dirección de actores, el director galo huye de la fábula moral para lanzar una fría e implacable mirada sobre la mutación que sufren las vidas de los miembros de una familia rica e influyente cuando comienza un incendio que no puede ser controlado, porque si existe algo que es imposible de dominar es la pasión desatada, una de las variables que puede cambiar el destino del ser más reservado y comedido para hacerlo transitar por el sendero de la perdición. Juliette Binoche (que en aquella época tenía 28 años) ofrece bien el perfil de joven hermosa, sensual, carismática, melancólica, ardiente, dueña de una hipnótica languidez que aporta un plus de magnetismo a su inmanente atractivo, pero que deja atisbar, desde la primera mirada que cruza con Stephen, un lado oscuro como consecuencia de un pasado tormentoso que ha dejado en ella una herida indeleble. 


     Ella busca en el hijo de Stephen la estabilidad emocional, económica y social, pero la tentación de la pasión prohibida es tan primaria, salvaje y extrema que sucumbe su estímulo  para ofrecer el veneno del éxtasis a Stephens, que liberado de sus cadenas y alejado de la asepsia de su relación conyugal, inicia el camino de la autodestrucción. Así, a su alrededor, florece el odio, la culpa, el desgarro, la amenaza, la condena, la decepción y la fatalidad. Con la precisión de un cirujano, Malle abre en canal todo un mundo de máscaras y engaños, convirtiendo la función en un oscuro paseo por los desfiladeros del amor y la muerte a los que conduce la pasión sin límites. 


lunes, 29 de febrero de 2016

SOLUCIÓN A LA ADIVINANZA CINÉFILA

Sauve qui peut (la vie) (Jean-Luc Godard, 1980)
Salve quien pueda (la vida)


    Sauve qui peut (la vie) es un film rodado por Jean-Luc Godard en 1979 pero estrenado en 1980 que proyecta una reflexión sobre las relaciones sexuales a través de tres personajes. Denise Rimbaud (Nathelie Baye) que encarna a una editora descontenta con su trabajo que un día decide abandonar a su amante Paul Godard (Jacques Dutronc) e irse a vivir al campo. Paul no quiere abandonar la ciudad, pero no puede vivir sin Denise. El tercer personaje es Isabelle (Isabelle Huppert) una prostituta que lucha por sobrevivir en la ciudad.


     El film es por momentos una aguda y deprimente radiografía sobre el deseo cautivo y las cadenas que impone la vida. Ni mucho menos estamos ante un relato agradable, como corresponde a la personalidad de su autor, el sexo está mostrado de forma sórdida, sin tapujos, dando rienda suelta a una serie de perversiones masculinas (practicadas siempre por ejecutivos) que huyen de esa manera de la frustración cotidiana y el vacío existencial. Sin rastro de romanticismo, los amantes siempre aparecen sometidos, una muestra más de la creatividad perturbadora de Godard. Por cierto, El film estuvo nominado al César a la mejor película y la actriz que aparece en la imagen como pista para la Adivinanza Cinéfila es Catherine Freiburghaus.


    Como nadie ha descubierto el enigma, probaremos con otra imagen de otra película dentro de unos días.

viernes, 26 de febrero de 2016

13 OBRAS MAESTRAS DEL POLAR FRANCÉS

1-LA EVASIÓN 
(LE TROU)
(JACQUES BECKER, 1960)
    

     
    La evasión es para quien esto firma la mejor película europea de la historia. Dirigida por Jacques Becker en 1960 (que murió sin poder asistir al estreno) nos narra la entrada en prisión de un hombre inocente acusado de intentar matar a su mujer. Un film que está basado en las vivencias reales del escritor y guionista José Giovanni, y se eleva como una lección magistral de la pureza del cine: actores semiprofesionales, un guión compacto pero sencillo, iluminación y escenarios naturales, modestos pero eficaces efectos de sonido… Todo rodado con una óptica de ingeniero y una intensidad angustiosa, con una lucidez que raya lo pristino. Una obra magistral que pone en valor la solidaridad, la organización colectiva, la ética libertaria y condena la traición como un recurso dramático demasiado humano.

2-EL SILENCIO DE UN HOMBRE 
(LE SAMURAÏ)
(JEAN-PIERRE MELVILLE, 1967)


      Una de las cumbres del maestro Jean-Pierre Melville. Un estilo descriptivo y minucioso al que la perfecta fotografía en eastmancolor de Henri Decae hace brillar, consiguiendo planos inolvidables que han pasado a formar parte de nuestra insustituible memoria cinematográfica. De una historia con apariencia de thriller rutinario, el director de El confidente consigue una obra maestra, objetivo al que ayuda el excelente dibujo de killer silencioso que con tanta sobriedad recrea Alain Delon, a quien afectó tanto el papel que acabó encasillándose en personajes semejantes. 
     El silencio de Jef Costello nace del dolor íntimo del samurai, todas las acciones, hasta las más insignificantes, las desarrolla siguiendo las reglas de un meticuloso ritual, su descanso lo emplea para meditar sobre la trascendencia de una muerte que se avecina, tan cercana como su soledad, tan profunda como el suicidio. El hombre recluido, algo tan oriental -de ahí su título original- viviendo con la única compañía de un canario que le aporta calma con su monótono piar, lo que le sirve a Melville para mostrar/simbolizar la poca confianza que tenemos en nuestra especie y la inabarcable soledad que rodea al ser humano.

3-EL CONFIDENTE 
(LE DOULOS)
(JEAN-PIERRE MELVILLE, 1962)
     

     La primera obra maestra que Melville aportó al género y uno de los primeros trabajos de Jean-Paul Belmondo. Con un guión que adapta la novela de Pierre Lesou, es la historia de un confidente cuya amistad se reparte entre un policía y un delincuente. Melville coloca a los personajes en un conflicto moral en donde no siempre la opción elegida es la mejor, desplegando un suspense  tan físico y cercano que implica al espectador, al que manipula y engaña, igual que a su protagonista. Los dilemas de los personajes se debaten entre la lealtad, el honor y la traición a pesar de la atmósfera glacial propia del género.

4-LA NOVIA VESTÍA DE NEGRO 
(LA MARIEE ÉTAIT EN NOIR)
(FRANÇOIS TRUFFAUT, 1968)

     
     Al abandonar la iglesia tras su boda, Julie Kohler, la gran Jeanne Moreau, presencia cómo su marido es abatido a tiros por un francotirador. Decidida a vengar su muerte, emprende la búsqueda de los responsables y los va matando uno tras otro. A alguien le suena esta premisa ¿a Kill Bill, tal vez? Nada extraño viniendo de Tarantino. Sí, fue una de sus influencias para la película protagonizada por Uma Thurman. Con música de Bernard Hermann, el sexto largometraje de François Truffaut está dividido en cinco partes que se corresponden con el número de individuos que han colaborado en el asesinato del marido de Julie. Un film de tono hitchcockiano y con el protagonismo de una magnífica Moreau dando oxígeno a una heroína enigmática, distante y fría que ya sólo tiene un objetivo en la vida: la venganza. Resultan muy atractivos los cambios de escenarios naturales y los ajustados flash backs que explican las claves del pasado. Un film de atmósfera densa y sombría. Un film cojonudo.

5-ÚLTIMO DOMICILIO CONOCIDO 
(DERNIER DOMICILE CONNU)
(JOSÉ GIVANNI, 1970)

   
   Uno de los grandes títulos del ex convicto, escritor, guionista y director José Giovanni, figura esencial del polar francés que en esta ocasión adapta una novela del especialista norteamericano Joseph Harrington trasladando la acción de Nueva York a París. Con el protagonismo de Lino Ventura en uno de sus mejores papeles (otra figura cardinal del policíaco francés) en la piel de un rudo y competente policía que arresta fortuitamente al hijo de un influyente abogado, que promete vengarse. El film es ante todo una crítica al sistema legal y al cuerpo policial, poniendo en evidencia sus fríos mecanismos humanos.

6-CÍRCULO ROJO 
(LE CERCLE ROUGE)
(JEAN-PIERRE MELVILLE, 1970)


   Penúltima película de Jean-Pierre Melville y una de sus obras más celebradas, un trabajo para el que cuenta de nuevo, y no sería la última vez, con el mítico Alain Delon. El film sigue a Corey (Alain Delon), que sale de prisión tras cumplir condena en una cárcel francesa. Vogel (Gian-Maria Volonte) un criminal custodiado por el temible comisario Mattei (André Bourvil) escapa del tren en el que viajan. Después de robar a un antiguo socio, Corey se encuentra con Vogel y le propone formar un equipo para realizar un meticuloso robo de joyas. Nueva crónica de un fracaso, otra tragedia griega que se eleva una sentida oda al honor y la amistad. Todo el film está barnizado por un agudo pesimismo, por la profunda dignidad del héroe consciente de su fatal destino. Magnífica toda la secuencia del atraco a la joyería y la lógica interna de un relato en donde la lealtad es estilo de vida y la genuina misantropía del director resulta evidente. Obra maestra redonda, total y absoluta.

7-A TODO RIESGO 
(CLASSE TOUS RISQUES)
(CLAUDE SAUTET, 1960)
   

    
     Segundo film de Claude Sautet basado de nuevo en una novela del omnipresente José Giovanni y con la presencia de la que iba a ser otra de las figuras ubicuas del género, Lino Ventura. El film nos presenta a Abel Davos (Jean-Paul Belmondo) un conocido criminal italiano que huye a Francia para evitar su arresto y una condena a muerte. Davos va acompañado por su fiel amigo, Raymond Naldi (Lino Ventura) otro criminal perseguido por la justicia. Algo emborronada por su apresurado desenlace, estamos ante un film excelente en donde las tremendas interpretaciones superan esta vez a un libreto que se queda algo corto y una trama en la que, de nuevo, la traición y la venganza moldean su arco dramático.

8-ASCENSOR PARA EL CADALSO 
(ASCENSEUR POUR L´ÉCHAFAUD)
(LOUIS MALLE, 1957)


      Ópera prima en solitario de Louis Malle ¡y qué debut! Mesías de la Nouvelle Vague, el realizador francés convierte una novela de Nöel Calef en un superlativo ejercicio hitchcockiano que narra la historia de Julien Tavernier (Maurice Ronet) un héroe de la guerra de indochina que trabaja para un industrial y es el amante de su esposa, Florence (Jeanne Moreau). Para poder vivir juntos, los amantes deciden matar al marido de modo que parezca un suicidio, pero ocurre algo que no estaba previsto. Derrochando toneladas de amor al género y una cámara impenitente que retrata a Ronet y Moreau en todo su esplendor, Malle construye una intriga cargada de ironía y romanticismo. Una ciudad para los amantes, París, enredada en las cuestiones sociopolíticas de la época y maravillosamente iluminada.

9-RIFIFÍ 
(DU RIFIFI CHEZ LES HOMMES)
(JULES DASSIN, 1955)

     
     Entre las 100 mejores películas de todos los tiempos, el director norteamericano Jules Dassin, fugado a Francia por estar su nombre en la Lista Negra, empeña toda su sabiduría para construir una obra maestra de dimensiones estratosféricas ateniéndose a la tradición y constantes del cine galo. Tras cumplir una condena, Tony Stephanois (Jean Servais) quiere cambiar de vida pero se encuentra con que su amante está con un gángster. Sin recursos económicos, no le queda más remedio que volver a las andadas. Durante semanas prepara junto a sus compinches el golpe perfecto a una inaccesible joyería de París. Componiendo algunas de las secuencias más imitadas del género, Dassin crea la que es sin duda la obra magna del golpe perfecto dotando a la función del fatalismo propio del género y anudando la historia con la huella inalterable de la amistad y el sacrificio.

10-FLIC STORY (HISTORIA DE UN POLICÍA)
(COP STORY)
(JACQUES DERAY, 1975)

    
    Me gusta mucho esta película de Jacques Deray a pesar de que el grueso de su filmografía, excesivamente comercial, nunca me ha entusiasmado a excepción de la mítica Borsalino. Con sabor a polar, Flic Story sigue a Roger Borniche (Alain Delon) un policía distinto a los demás: no lleva armas e incluso los gángsters le escriben para agradecerle su humanidad. Sin embargo, Emile Buisson (JeanLouis Trintignant) es un criminal que no duda en matar a sus propios cómplices. Los dos acabarán enfrentándose en un fantástico duelo. Adaptando uno de los populares libros autobiográficos de Roger Borniche al que da vida Delon, Deray crea un polar clásico manejando con soltura los códigos del género, correctamente ambientado y magníficamente interpretado. Vamos, lo que se llama oficio de artesano, oficio para recrear la acción y estilo y para dotar de gelidez, laconismo y carisma a sus protagonistas.

11-EL CLAN DE LOS SICILIANOS 
(LE CLAN DES SICILIENS)
(HENRI VERNEUIL, 1969)

      
      Henri Verneuil logra uno de los mayores éxitos del policíaco francés al reunir a tres de las grandes estrellas del cine francés; Alain Delon, Jean Gabin y Lino Ventura. El film sigue a George Santet (Alain Delon) que ha sido encarcelado por asesinato, pero el clan siciliano dirigido por Vittorio Manalese (Jean Gabin) lo libera. La banda tiene como objetivo apoderarse de unas joyas de una exposición que tiene lugar en Roma. A través de un amigo americano, llegan a la conclusión de que la mejor forma de hacerse con el botín es asaltar el avión que las transporta desde Nueva York. Pero el tenaz inspector Le Goff (Lino Ventura) intentará desbaratar sus planes. Basada en la novela de August Le Breton, Verneuil construye el cóctel perfecto con una mezcla en buenas dosis de acción, drama mafioso y romance. La trama no da un momento de respiro y los cambios de escenario (París, Roma, Nueva York) resultan muy sugerentes. Tan atractivos como Delon, de nuevo en el rol que mejor le sienta de tipo soltero, reservado, hierático, lacónico y distante.

12- POLICÍA PYTHON 357 
(POLICE PYTHON 357)
(ALAIN CORNEAU, 1976)

    
 
     Primera entrega de la Trilogía Negra de Alain Corneau compuesta además por Serie Negra y Les choix des armes. El film nos presenta al comisario de Orleans Marc Ferrot (Yves Montand) que debe su privilegiada posición social a su rica e influyente esposa, Therese Gànay (Simone Signoret) que lleva años postrada en una silla de ruedas. El comisario, con el conocimiento de su esposa, tiene una joven amante con antecedentes penales. Un film espléndido construido con indisimulada influencia de Melville y un excelente retrato por parte de Yves Montand del estereotipo de policía galo duro pero humano siempre pegado a su Colt mágnum 357. La muerte de la amante mutará el carácter de los personajes, sobre todo de un desolado Montand bajo el signo premonitorio de la derrota y la tragedia. Espléndida música de Georges Delerue.

13-A PLENO SOL 
(PLEIN SOLEIL)
(RENÉ CLÉMENT, 1960)


  La primera y mejor versión cinematográfica de "El talento de Ripley" de Patricia Highsmith mostrándonos a un Alain Delon bello, inaccesible y dando el do de pecho como Tom Ripley, un cazafortunas enviado a Europa por un multimillonario para encontrar a su hijo Philip Grenleaf (Maurice Ronet) un playboy mimado, y llevarlo de vuelta a Estados Unidos. A cambio recibirá 500.000 dólares. Pero Philip engaña a Tom haciéndole ver que está dispuesto a volver, sin embargo, no tiene ninguna intención de dejar a su prometida y volver con su padre. Mítica resulta ya la interpretación de Delon dando vida al amoral Ripley, capaz de cualquier cosa con tal de saciar sus ambiciones. Una obra maestra rodada por Clément con oficio, sin efectismo y con la insuperable aportación de la música de Nino Rota y la luz de Henri Decae. Un film que asume con desesperanza y frialdad las debilidades de la condición humana